LILIANA FLORES

Me encanta cuando en un momento de la tarde mientras estoy escribiendo un capítulo de mi novela, te acercas a mi, te quitas la camiseta, me miras y haces ése delicioso mohín mordiendo tus labios… sé bien que es una provocación para que deje de hacer lo que estoy haciendo y te haga mío. Te ignoro… entonces introduces uno de tus dedos en tu boca, lo succionas y lo ensalivas, has captado mi atención… dejo de tipear y te contemplo de reojo  anticipando el goce que me prometes… recorres con ése dedo mojado tu mentón sombreado con tu barba crecida de un par de días, lo deslizas lentamente por tu cuello, llegas hasta tu pecho y frotas uno de tus pezones que responde de inmediato al estímulo… ah, mis dedos dudando entre el teclado y tu perfecta anatomía… bien, ganaste… guardo el archivo.

Lo dejo todo, me pongo de pie y me acerco a ti… con un par de empujones te indico que te sientes en el sofá, apoyo una rodilla sobre tu pierna, pongo mis manos sobre tus hombros y te amonesto por haberme interrumpido… en respuesta a mis regaños me ofreces tu boca y hago míos tus labios mordiéndolos suavemente, introduzco mi lengua buscando con ansias las delicias de tu paladar… ah, ése delicioso sabor a té, miel y naranja al que me has hecho adicta. Y quiero hacer mía tu boca… mi dedo reemplaza a mi lengua en la exploración, lo succionas y lo muerdes suavemente. Entonces deseo hacer mía otra cavidad de tu cuerpo, aquella en donde me recibes sumisamente sabiendo que tu docilidad se verá recompensada con espasmos de un placer indescriptible… ah, pero es muy pronto… recién empezamos con nuestros escarceos amorosos.

Mis manos acarician tus brazos y tu pecho, retuerzo tus pezones y repites ése delicioso mohín mordiendo tus labios, sabes que con ése gesto me enloqueces… prosigo acariciando tu vientre y me encuentro con tu pantalón que estorban mis deseos de seguir explorándote. Te ordeno que te pongas de pie y termines de desnudarte, obedeces de inmediato… ahora soy yo quien se muerde los labios al contemplar tu hombría enhiesta, me acomodo en el sofá y te ordeno que te toques… tus manos juegan con tu sexo… una tibia humedad escurre entre mis piernas en réplica al lascivo espectáculo. Con un gesto te indico lo que debes de hacer aunque ya lo sabes… te arrodillas, tus manos se pierden bajo mi vestido corto de gasa floreado y me despojas de mis bragas… mojas tus dedos con mi humedad, los llevas a tu boca y los lames con delectación… luego tu boca busca entre mis piernas la copa rebosante de ésa miel que tanto te gusta, tu lengua explora mi sexo, tus labios presionan mi clítoris… acomodo mis piernas sobre tus hombros, mis pies acarician tu espalda… cierro los ojos y me dejo arrastrar por las sensaciones que tu boca sabe darme.

Una marejada de dulce placer hace que mis piernas tiemblen, chispas azules y de plata que estallan… acaricias mis muslos mientras me recupero… abro los ojos y te contemplo, me sonríes satisfecho de haberme hecho llegar al clímax como sólo tú sabes hacerlo, tus labios están húmedos de mis fluidos… el amor y la entrega iluminando tus ojos azules… deseo besarte… ah, pero me olvido que te mereces un castigo por haberme interrumpido, me pongo de pie y te ordeno que sigas de rodillas y te apoyes sobre el sofá… te contemplo pensando en el castigo que he de darte… enciendo un cirio, mis manos te recorren mientras espero que se derrita la cera… acaricio tu nuca, bajo dibujando con mis labios el tatuaje que recorre tu columna vertebral y palmoteo tu trasero… sabes lo que te espera y frotas tu miembro viril contra el sofá… tomo el cirio y vierto la cera caliente gota a gota sobre tus hombros y tu espalda, te estremeces y me pides más.

Mereces que te complazca y busco algo con que satisfacer tu demanda… en la mesa hay una botella de cerveza a la mitad, volteas y me ves con la botella en la mano…  en tus ojos la duda si me atreveré a hacerlo o no pero sumisamente asientes y afianzas tus rodillas en la alfombra… te llevas una sorpresa cuando agito la botella y vierto el contenido lentamente desde tu nuca, la cerveza se escurre deslizándose por tu espalda hasta tus nalgas… te ríes y pagas esas carcajadas recibiendo unas palmadas en tu trasero… y vuelves a reírte porque mis palmadas sólo te producen cosquillas… bien, es hora de buscar algo más contundente y me fijo en la correa de mi bolso, la desengancho, la doblo y descargo varios golpes sobre tus nalgas y tus muslos hasta que veo unas líneas rojizas sobre tu carne… jadeas y frotas tu virilidad contra el sofá… tu piel está caliente por el vapuleo, me detengo porque no quiero lastimarte pero tú me pides más.

Sé lo que deseas, quieres que te haga mío… busco en mi bolso la crema lubricante, no es la adecuada pero es mejor a nada, unto mis dedos y lentamente te penetro… te quejas, sé que esa crema te escuece y que mis uñas te lastiman pero pronto tu cuerpo se acostumbra a mi intromisión… gimes cuando estimulo ése punto dentro de tu cuerpo… me muerdo los labios disfrutando de tu entrega… ah, mi dulce y sumiso esclavo que sabe entregarse como debe de ser a su dueña… no, me equivoco… tú eres mi amo porque con tu pasiva sumisión me has puesto de rodillas completamente enamorada a tus pies.

Por tus gemidos y estremecimientos sé que es el momento preciso de darte placer de otra manera… retiro mis dedos de tu cuerpo… refunfuñas, reclamas y me suplicas que vuelva a poseerte, hasta me ruegas que le de uso a la botella de cerveza que se quedó tirada sobre la alfombra… pero de inmediato te digo que te sientes en el sofá… y allí me tienes, arrodillada ante ti… deslizas los tirantes de mi vestido y desatas el lazo de raso de mi escote, dejas mis pechos al desnudo y los tomas entre tus manos, pellizcas y retuerces mis pezones… ah, pero aunque yo esté de rodillas sigo llevando la batuta en ésta sinfonía de placeres y te doy una bofetada por tu osadía.

Mis manos estimulan su miembro erecto, suben y bajan por tu carne turgente… recojo el lazo de raso de mi vestido que desataste y lo ato en la base de tu miembro viril, ése es tu castigo por haber hecho algo sin mi permiso… aplico mi boca a tu hombría y te permito que acaricies mi cabello mientras te devoro con ansias… siento que tu carne palpita en la prisión de mi boca y tus piernas tiemblan pero el lazo evita que tu deseo se libere… muerdes tus labios, jadeas y te desesperas por tener que contenerte… sé que juego con fuego pero me encanta hacerte arañar las paredes… ¿cuánto tiempo soportarás la tortura que te ocasionan mi lengua y mis dientes?

Entonces el felino salvaje que duerme en tu interior se despierta y reclama a su presa… me levantas de un tirón, me tomas de la cintura, me echas sobre el sofá y me penetras… ya no puedo controlarte, es inútil luchar contigo cuando entras en ése frenesí indómito… me doblego y dejo que me hagas tuya… tus manos estrujan mis pechos, besas mi cuello y muerdes mis hombros… abrazo tus caderas con mis piernas mientras me embistes apasionadamente… cierro los ojos, el tiempo y la realidad dejan de existir entre tus brazos… un espasmo eléctrico estremece mi cuerpo y grito tu nombre.

Me quedo jadeando entre tus brazos… tu hombría ardiente sigue palpitando prisionera en mis entrañas, me suplicas con la mirada, deslizo mi mano entre tus piernas y desato el lazo que te atormenta… finalmente puedes liberar tu deseo, me llenas con un rugido… y nos quedamos así abrazados, nuestros pechos unidos experimentando un orgasmo no carnal, el clímax de nuestras almas fundidas en una.

Finalmente me levanto y me acomodo el vestido, tú te quedas en el sofá descansando boca abajo… reviso como quedaron tus nalgas y muslos después de los latigazos, sólo unas líneas rojizas que no necesitan de cuidado, se te pasarán en un rato… voy al baño a refrescarme, cuando regreso ya estás dormido… bien, ahora me dejarás escribir tranquila… vuelvo a mi silla frente a la laptop… intento retomar el hilo de lo que estaba escribiendo, es inútil… sólo quiero recostarme a tu lado… ah, debo de dejar de castigarte de ésta manera cuando me interrumpes… a éste paso nunca acabaré de escribir mi novela.

http://lilinaceleste.blogspot.com

https://lilianafloresvega.wordpress.com

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