ECONOMISTA

23

Se levantó sobre las nueve y lo primero que hizo fue llamar a Coral a ver qué tal se encontraba, de momento parecía que su hija no quería nacer todavía, luego se bajó a la cafetería del hotel y desayunó en la terracita. Víctor había estado haciendo números y el apartamento que le había enseñado Luz le gustaba mucho. Estaba decidido a comprarlo.

Cogió el teléfono y marcó el número de Luz mientras se tomaba el café.

―Está bien, me quedo con la casa, pero me interesaría entrar a vivir cuanto antes… solo tengo reservado en el hotel hasta hoy, aunque hablaré con Fermín para quedarme un par de días más…
―Ahora llamo a la inmobiliaria, tienen que hablar con los dueños y en cuanto se pueda preparamos los papeles para que firmes cuanto antes…
―¿Y no habría posibilidad de ir viviendo en el apartamento, aunque no haya firmado?
―Uffff, difícil, las llaves se entregan cuando se firma, de todas formas, a ver qué se puede hacer, sé de tu situación e intentaré ayudarte todo lo que pueda… voy a llamar a la inmobiliaria, se lo comento y luego te digo algo.
―Vale, Luz, muchas gracias.

Un rato más tarde, mientras se daba una vuelta caminando por la isla, le llamó Luz.

―He estado hablando con todas las partes y parece ser que los dueños no tienen inconveniente en que entres ya a vivir, eso sí, tendrías que darnos una señal, los de la inmobiliaria no quieren riesgos, aunque sepan que eres de fiar, ya han tenido alguna mala experiencia con casos similares, y aun así no es un favor que se haga a todo el mundo…
―Pues no sabes lo que te lo agradezco, Luz.
―Tienes que adelantar diez mil euros, haz una transferencia al número de cuenta que te voy a mandar al móvil, en cuanto reciban el dinero quedamos y te hago entrega de las llaves…
―Ahora mismo hago el envío del dinero… espero que llegue hoy, no creo que haya problemas, es muy pronto todavía. En eso quedamos, cuando llegue el dinero llámame y ya quedamos allí para que me des las llaves.
―Perfecto.

Víctor entró en una cafetería y mientras se tomaba un café hizo tranquilamente la transferencia, no tardó en recibir otra llamada de Luz.

―Me dicen que ya ha llegado la señal, me voy a pasar por la inmobiliaria y cuando quieras te doy las llaves, ya estamos preparando todo para poder firmar cuanto antes…
―Perfecto, Luz, no sabes lo que te agradezco esto que estás haciendo por mí…
―Lo estoy haciendo por Coral, ya lo sabes…
―De todas formas, muchísimas gracias.

Le costó despedirse de Fermín y Marisa, eran muchos años los que llevaba alojándose en su hotel, y se dio un abrazo con él y dos besos con ella.

―No penséis que me vais a perder de vista, pienso venir a comer y a cenar todas las veces que pueda…
―Aquí sabes que serás bienvenido, Víctor.
―Lo sé, pero me da mucha pena irme…
―Ahora ya eres un menorquín más, no te olvides de nosotros eh… y mándanos una foto de tu hija cuando nazca…
―En cuanto sepa algo os digo, estaréis informados, un placer haber estado tantos años aquí…

Sobre la hora de la comida Víctor pasó a recoger a Coral y llegó a su nueva casa, ya les estaba esperando allí Luz con las llaves en la mano. Llevaba una camisa blanca metida por dentro de los pantalones de vestir azul marino y unos zapatos elegantes con poco tacón. Estiró el brazo enseñando las llaves a Víctor.

―Enhorabuena.
―Muchas gracias.
―¡Uffff, qué casa más bonita! ―dijo Coral con las manos en su barriga.
―Yo creo que a María también le gustara cuando venga aquí ―dijo Víctor emocionado al pensar en su futura hija correteando por allí.

Estuvieron dando una vuelta por el apartamento, ya que Coral era la primera vez que lo veía, Luz era la maestra de ceremonias y Víctor iba con ellas disfrutando del tour. Todavía le gustó más que la primera vez que estuvo.

―Esta tarde tengo que ir de compras… necesito ropa de cama y una almohada para pasar la noche…
―Yo te acompaño si quieres ―le dijo Coral.
―Bueno, chicos, pues yo os voy a dejar, Víctor, mañana a primera hora me paso por aquí para traerte el documento del recibí de la reserva y el contrato de entrega de llaves, previo a la firma de compra-venta, esto no suele ir tan rápido, pero como eras conocido les he pedido el favor…
―Muchas gracias, Luz, no sé cómo voy a poder agradecerte esto…
―No hay de qué, es mi trabajo y bueno, si puedo ayudaros en algo ―dijo acariciando la barriguita de su amiga y después despidiéndose de ellos.

Cuando se quedaron solos, Víctor y Coral se sentaron en una de las terrazas, el médico se sentía extraño en esa casa vacía que ahora era suya.

―Todavía no me creo que la haya comprado…
―Es una buena zona, yo creo que es perfecta para ti.
―Luz se ha portado genial, me gustaría agradecérselo de alguna manera, ¿te importa si le hago algún regalo?
―No, por supuesto que no…
―¿Y qué crees que le podría gustar?
―No sé, un detalle, a Luz le gustan mucho las pulseras, los colgantes y todo ese tipo de cosas, ya habrás visto que tiene para elegir…
―Pues es muy buena idea, ¿me ayudarías?
―Sí, claro, luego miramos…
―Me gustaría invitarte a tomar algo, pero no tengo nada…
―Deberías hacer una lista de la compra con todo lo que necesitas.
―¡Otra buena idea!, ¿te gustaría acompañarme a comprar?, necesito mil cosas, ropa de cama, comida, productos de limpieza, de higiene, toallas… ehhhh…
―Una tele.
―Pues sí, una tele, no lo había pensado.
―Bueno, poco a poco, tampoco vas a comprarlo todo en una tarde.
―De momento, lo que más me urge es la almohada, sábanas, una manta y una colcha para pasar la noche… y comprar productos de limpieza para pegarle una buena pasada.
―Parece que está bastante limpio…
―Sí, me dijo Luz que la inmobiliaria tiene contratada una empresa y lo dejan perfecto una vez a la semana, pero aún así quiero hacer una limpieza en profundidad, y ahora que está vacío es buen momento…

Durante la tarde estuvieron juntos, Coral le llevó a un par de sitios para que Víctor se hiciera con una almohada, ropa de cama, mantas, una colcha y productos de limpieza. Tampoco pudieron estar mucho tiempo por el estado en el que se encontraba Coral, luego pillaron algo de comida para llevar y volvieron al piso de Víctor para cenar en la terraza.

―Mañana tengo que comprar cubiertos sin falta ―dijo mientras cenaban con los tenedores y cuchillos de plástico que les habían dado en el restaurante.

Parecían dos enamorados teniendo una velada romántica, luego Coral le ayudó a hacer la cama y dejaron una colcha blanca por encima con un pequeño cojín de adorno. Aquello le daba algo de vida a la vacía habitación.

Antes de que Víctor llevara a Coral a su casa se dieron otra vuelta por el apartamento de Víctor, comentando las posibilidades que tenía.

―Luz va a hacer maravillas con esta casa… pero prepárate a gastar dinero, tiene buen gusto, y lo que le gusta no es barato, jajajaja…
―Contaba con ello, aunque no tengo prisa…

Llegaron a la habitación que estaba vacía, y que se suponía que en un futuro iba a ser para María.

―De momento quiero hacer una sala de juegos para la niña, en poquito tiempo seguro que ya la está disfrutando.
―Muchas gracias por todo lo que estás haciendo, Víctor, parece una tontería, pero ahora no me siento tan sola sabiendo que puedo contar contigo, no es fácil ser madre primeriza, los niños vienen sin libro de instrucciones.
―Lo vas a hacer genial ―dijo Víctor abrazándola por detrás.

Coral giró el cuello y se encontró con la boca de Víctor, comenzaron a besarse despacio, tiernamente y Coral se dio la vuelta para entrelazar sus dedos en el pelo de Víctor y tirar con fuerza de su cabeza para meterle la lengua bien dentro. Bajó la mano para acariciar la polla del médico por encima del pantalón.

Le gustaba mucho lo fácil que se le ponía dura.

Cuando le quiso desabrochar el pantalón Víctor se lo impidió.

―Lo siento, no deberíamos hacer esto…
―Perdona ―dijo Coral limpiándose la boca―. Ha sido un error, debería irme a casa, ¿te importa llevarme?
―No, claro que no… y no tienes que pedir perdón, es también culpa mía, pero esto al final solo hace que confundirnos… no debemos repetir lo que pasó el otro día…
―Tienes razón, perdona, yo no quería…
―¡No te disculpes más, Coral!

Víctor la llevó a casa en su coche, el viaje de vuelta fue un tanto extraño después de que acabaran de besarse, él no quería que Coral se hiciera ilusiones con una posible relación entre ellos, pero también es verdad que se encontraba muy a gusto cuando estaban juntos, lo que le tenía ciertamente confundido.

Luego regresó solo a su nuevo apartamento y se sentó un rato en la terraza, tampoco tenía mucho más que hacer. Estuvo preparando una lista de cosas que necesitaba según se le iban ocurriendo y se metió en la cama donde estuvo leyendo un libro en su tablet.

Cuando llevaba unos minutos recostado abrió el bloc de notas del móvil. “También necesito un colchón nuevo”.

24

El alcalde de Villazarcete había insistido en que fueran pronto, así que Claudia tenía ocupado el día completo, primero visita al ayuntamiento, comida, luego iban a dar una vuelta por el colegio, después un paseo por las calles del pueblo y por último una suculenta cena en el mejor restaurante de la zona.

Sobre las doce de la mañana pasó a recogerles Modou por la Consejería y una hora más tarde ya estaban en el Ayuntamiento de Villazarcete. El alcalde, todo un personaje, llamado Ambrosio salió a recibirlos junto con varios concejales. Se dio un abrazo con Basilio, al que conocía desde las juventudes en el partido político, tendría sobre cincuenta años, estaba gordito, tenía el pelo muy rizado y su principal característica era un enorme bigote de color canoso. Olía a tabaco que tiraba para atrás y Claudia no pudo reprimir un gesto de desagrado cuando el alcalde le dio dos besos y un abrazo.

―Y tú debes de ser Claudia, ni te imaginas lo famosa que te estás haciendo en el partido…

Les dio una vuelta por el Ayuntamiento, después de más de veinte años siendo alcalde, era como su segunda casa. Basilio le cedía el paso cortésmente a Claudia y cada vez que entraban en una estancia nueva ponía una mano en su cintura para acompañarla unos metros. Ese gesto no pasó desapercibido para Ambrosio, que sonrió al darse cuenta de cómo Basilio tocaba a Claudia. Una vez en su despacho les estuvo explicando los presupuestos y las obras que estaban haciendo en el pueblo. Después les invitó a comer.

Cuando terminaron, y en el mismo restaurante, Ambrosio se encendió un buen puro y estuvo charlando con Basilio, recordando sus años jóvenes. Claudia asistía a la escena sin decir nada mientras degustaba un café.

―Así que tú eres la sobrina de Goyito, hace mucho tiempo que no le veo ―dijo Ambrosio.
―Sí, Gregorio es mi tío, el hermano de mi padre…
―Muy buena gente, dale recuerdos de mi parte, con que le digas Ambrosio él ya va a saber quién soy. ¿Y qué tal con éste? ―preguntó, refiriéndose a Basilio―. Ten cuidado que tiene mucho peligro, jejejeje, aunque es un fenómeno… políticamente es una bestia.
―Estoy aprendiendo todo lo que puedo de él ―respondió Claudia.
―Joder, tío, a ver si te dan ya la Consejería, te lo mereces hace tiempo y no te olvides de Claudia, hoy en día tienes que estar rodeado de mujeres…
―Claudia va a ser mi mano derecha todo el tiempo que ella quiera ―dijo Basilio.
―Si estuviera conmigo iba a ser la derecha y la izquierda, jejejejeje.

Claudia no quiso contestar a eso, a medida que Ambrosio iba tomando coñacs cada vez hacía comentarios más machistas, y tuvo que morderse la lengua varias veces. Total, solo tenía que pasar el día allí y no esperaba tener que volver a encontrarse nunca con ese personaje. Entonces pensó, si no iba a tener más relación con ese tío, ¿por qué iba a tener que callarse? Ya estaba harta de aguantar alcaldes y personajes de esa calaña.

―¿Y por qué tiene que rodearse de mujeres? ―le preguntó muy seria al alcalde.

Notó la cara de sorpresa, tanto de Basilio, como de Ambrosio, ninguno de los dos se esperaba que Claudia saliera respondona.

―No, lo decía porque bueno, ya sabes, hoy en día con esto de la igualdad… a mí me parece estupendo que las mujeres también desempeñen puestos importantes.
―Creo haber hecho muchos méritos para el puesto que desempeño, y no espero que me lo den por el hecho de ser mujer, sino por mis aptitudes hacia ese puesto.

Basilio, viendo que la conversación se podía poner peligrosa, intentó rebajar la tensión interviniendo rápidamente.

―Yo a Claudia la quiero tener siempre en mi equipo, es trabajadora, inteligente, sabe estar en su sitio…
―Y además es muy guapa, jejeje… ―dijo Ambrosio.

Claudia se puso roja de repente, parecía una olla a punto de estallar.

―Era broma, no te enfades, solo era un cumplido, jejejeje ―dijo Ambrosio dando unos toquecitos en la mano que Claudia tenía sobre la mesa.

Por suerte no duró mucho la sobremesa, porque Claudia no aguantaba más el olor a puro que llevaba incrustado en su pelo y en la ropa. Se pusieron de pie y Ambrosio se pegó un tirón subiéndose los pantalones antes de dar dos besos a Claudia.

―No te enfades y perdona si te he molestado, yo soy así… estoy chapado a la antigua… bueno, Basilio, pues luego nos vemos en el colegio, a las siete si os parece bien. Os dejo que vayáis a descansar o que deis una vuelta por el pueblo… no os molesto más…
―Luego nos vemos ―dijo Basilio estrechando su mano.

El alojamiento estaba en el mismo hostal donde habían comido, se subieron a la habitación y por el pasillo Basilio se disculpó con Claudia.

―Perdona lo de Ambrosio, ha hecho comentarios muy fuera de lugar…
―Tú no tienes la culpa, Basilio, me quedo esta noche a la cena por no hacerte un feo a ti, yo gustosamente me iría para casa en cuando hiciéramos la visita al colegio, pero a partir de ahora vamos a ceñirnos estrictamente al trabajo, así que sí que te pediría ir reduciendo este tipo de eventos, yo si hay que venir aquí y hacer un poco de campaña me parece bien, pero cenas y demás cosas entre amigos, pues… no.
―No te lo tomes así, Claudia, y perdona ―dijo Basilio que parecía molesto por la actitud que estaba tomando ella.
―Luego a las siete menos diez quedamos abajo y nos acercamos juntos al colegio ―dijo abriendo la puerta de su habitación y despidiéndose fríamente de Basilio.

Lo primero que hizo fue pegarse una ducha, quería quitarse ese olor a rancio que se le había quedado impregnado en la ropa, luego se puso unos vaqueros, un jersey y unas deportivas blancas y estuvo hablando un rato con su marido antes de salir a dar un paseo por el pueblo.

Se sentó en una terracita en la plaza degustando otro café, le estuvo echando una ojeada al móvil y de repente se acordó de Lucas. Era viernes. Esa había sido la principal razón de haber organizado este viaje. Evitar la tentación de volver a quedar con su antiguo alumno.

Y es que la relación con el chico tenía a Claudia muy confundida. Primero la pilló masturbándose en el instituto, luego ella había visto videos del chico follándose a su mejor amiga, se habían enrollado una noche de fiesta en el portal de Mariola y ahora estaban los encuentros en su coche.

Sabía que estaba muy mal lo que estaba haciendo, le había prometido a David que no volvería a tener ningún tipo de relación con él, pero no lo había cumplido. Ahora sí que le estaba poniendo los cuernos a su marido y se le escapó una pequeña sonrisa al pensar eso.

Al terminar el café necesitaba volver al hostal y pegarse otra ducha. Y quizás masturbarse pensando en Lucas. Al final se acarició bajo el agua, pero no llego a correrse, no quería hacerlo precipitadamente y lo dejó para cuando volviera, después de la cena. Se masturbaría tranquilamente desnuda y sin prisas encima de la cama, fantaseando con que Lucas estaba allí con ella.

Comenzó a vestirse delante del espejo, no le habían gustado nada los chascarrillos del alcalde y el sentirse ninguneada por los comentarios machistas que este había soltado. Estaba harta de aquellos politicuchos que se creían con derecho a todo solo por estar tantos años al frente del poder, empezando por su jefe, Basilio, que cada vez que tenía oportunidad le ponía una mano en la cintura como si fuera lo más normal del mundo.

Aquella noche tenía la necesidad de estar guapa, de sentirse poderosa, quería que aquellos dos babosos besaran el suelo por donde ella pisaba. Se puso un sujetador negro de encaje y encima una camisa blanca en el que se transparentaba claramente la ropa interior, debajo llevaba una falda de color morado, muy ajustada y larga, por encima de las rodillas, y en los pies unas botas negras altas, que sabía que le gustaban mucho a Basilio.

Se pintó los labios de rojo intenso, se sombreó los ojos, se peinó el flequillo a un lado, le gustaba como le quedaba el pelo, llevaba tiempo sin cortárselo y su media melena estaba creciendo cada vez más. Para finalizar se desabrochó un par de botones de la camisa. Estaba perfecta mostrando parte de sus pechos en un escote muy provocativo.

Salió de la habitación a la vez que Basilio. Se le imaginó vestido y sentado en la cama esperando a escuchar la puerta para bajar las escaleras con ella, a su jefe le encantó el vestuario que llevaba Claudia, aunque no hizo ningún comentario al respecto.

Puntuales llegaron al colegio, ya les estaba esperando la directora, Claudia se manejaba como pez en el agua en esos temas, estuvieron veinte minutos esperando al alcalde hasta que este le envió un mensaje a Basilio diciéndole que se iba a retrasar, que podían empezar la visita sin él.

La directora del colegio les estuvo enseñando las instalaciones, junto con el jefe de estudios, casi una hora más tarde apareció Ambrosio, ya se habían recorrido todo el colegio.

―Perdonad, chicos, me ha surgido algo en el Ayuntamiento y no he podido venir antes.

Se había cambiado de ropa y se notaba que había pasado por la ducha, seguramente, después de la comida, con los coñacs que llevaba encima se había quedado dormido en su casa. Luego Claudia estuvo un rato en el despacho de la directora preguntándole varias cosas mientras esperaban fuera Basilio, Ambrosio y el jefe de estudios, que charlaban amistosamente.

―¿Qué tal? ¿Todo perfecto? ―le preguntó el alcalde a Claudia cuando salió del despacho de la directora.
―Sí… aunque por lo que me comenta Miren deberíais hacer una buena ampliación del colegio, creo que os lo llevan reclamando varios años…
―Sí, sería una obra importante y lo llevábamos en el programa electoral, en unos meses saldrá…
―Programa que no habéis cumplido…
―Todavía no, pero ya va a salir a concurso la licitación de las obras… estamos estudiando que salga lo más pronto posible…
―Estaré muy pendiente de ese concurso. Y a mí no se me pasan estas cosas…
―No, no, os mantendremos informados.

Basilio asistía incrédulo como Claudia le sacaba los colores a Ambrosio que enseguida cambió de tema.

―Bueno, deberíamos ir yendo al restaurante, he organizado una buena cena, nos van a acompañar seis concejales más… venga, vamos andando que no tardamos nada.

Claudia se despidió de la directora y del jefe de estudios, con la promesa de que iba a estar muy pendiente de la ampliación del colegio que parecía que el alcalde no tenía mucha intención de hacer. Fueron andando hasta el restaurante y por el camino Basilio le recriminó a Claudia su comportamiento.

―Te has pasado un poco con Ambrosio, tienes que ser más comedida en tus palabras, al fin y al cabo estamos en su pueblo y no puedes quitarle así la autoridad ―le dijo Basilio.
―No le he quitado ninguna autoridad, pero es evidente que no ha cumplido su programa electoral y el tema de educación nos concierne a nosotros, no parece que el alcalde tenga mucha prisa en empezar las obras del colegio.
―Bueno, eso no lo sabemos, Claudia.
―Lo sabes tú tan bien como yo, Basilio.
―Solo te pido que seas un poco más comedida, por favor.
―Tranquilo, ya sabes que me sabré comportar con tus amigos… como siempre…

Antes de pasar a cenar estuvieron tomando algo en el restaurante, Claudia se puso a hablar con una chica que por lo visto era mujer de uno de los concejales de la oposición, no tuvo que tirarle mucho de la lengua para que ella le contara varios cotilleos y después uno de los camareros les invitó a pasar al salón. Eran más de veinte personas, entre concejales, parejas, y algunas personas del Ayuntamiento. Ambrosio dijo que se quería poner en medio de los dos invitados, así que Claudia estaba a su derecha y Basilio a su izquierda.

Eso sí se le daba bien, organizar buenas fiestas, parece ser que el alcalde llevaba viudo más de diez años y que era un conocido cliente de los burdeles de la zona. De todo eso se enteró Claudia por boca de la mujer del concejal, a la que se le soltó la lengua después del segundo vino.

Y en la cena corría la comida y la bebida sin parar, Ambrosio cada vez estaba más colorado y borracho y le hacía de vez en cuando algún cumplido a Claudia para intentar caerle mejor, pero no hacía más que empeorar la situación. Tampoco ayudaba mucho que se le fuera con cierta frecuencia la vista a las tetas de Claudia, que lucían poderosas y potentes con un par de botones de su camisa desabrochados.

Ella se dio cuenta de las continuas miradas del alcalde a su escote, y Basilio también. Toda la mesa en realidad estaba al corriente de como se perdían los ojos del alcalde en los pechos de la rubia. Claudia también bebió vino, lo que hizo que casi sin querer y poco a poco se fuera relajando, Ambrosio le llenaba la copa y prácticamente la obligaba a que bebiera.

―Oye, no me hagas el feo, tienes que probar el vino de la zona…
―¡Es que me sienta fatal!, ¿me quieres emborrachar o qué? ―le dijo Claudia intentando ser un poco más amable con Ambrosio para así contentar a su jefe.

Basilio estaba pendiente de lo que hablaban o lo que hacían el alcalde y Claudia, no quería que volvieran a discutir como había pasado en el colegio, ahora había mucha gente delante y podía ser una situación comprometida. Aunque Claudia parecía más relajada, no sabía si era por el vino, además Ambrosio se encargaba de que su copa siempre estuviera llena.

Y Claudia sentía la mirada de ese cerdo en su escote. Ambrosio no le quitaba ojo a sus tetas y a ella parecía no importarle. Es más, le estaba empezando a gustar que Ambrosio babeara cada vez más y sobre todo cuando se fijó en que Basilio no estaba todo lo cómodo que él solía estar en este tipo de cenas.

Había una fina línea entre ser amable o ser muy “simpática” y Basilio era como un niño pequeño, parecía que ahora tenía celos de que Claudia se lo estuviera pasando bien con Ambrosio. No había quién le entendiera.

Claudia sonrió, “no querías que fuera amable con el alcalde?, si ahora te molesta, pues te jodes”, pensó para sí misma, cuando le mostró el vaso vacío a Basilio.

―¿No me llenas la copa o qué…? ―le pidió al alcalde.
―Bueno, bueno, que se nos está animando la rubia ―dijo Ambrosio sirviendo vino en su copa.

Hicieron un brindis los dos y de un par de tragos dejaron otra vez el vaso vacío. Basilio le dedicó una mirada asesina a Claudia, parecía que a ella ya no le molestaban los comentarios de Ambrosio, es más, se notaba que empezaba a ir un poco “chispada” y hasta le reía las gracias.

Todo estaba transcurriendo muy deprisa, en apenas 45 minutos el cambio de Claudia había sido radical, incluso tenía unos pequeños coloretes en las mejillas. A pesar de ello, el comportamiento de Claudia seguía siendo intachable, se notaba que se le estaba subiendo el vino, pero como a la mitad de los comensales, y ella no tenía la culpa de que el alcalde le mirara las tetas descaradamente delante de todos.

―Oye, perdona por lo de antes ―dijo Ambrosio que era al que más se le notaba la borrachera―. Te prometo que este año empezará la ampliación del colegio.

Se le quedaron mirando sorprendidos el resto de concejales, incluso los de la oposición, pues ese tema había sido uno de los más debatidos en los plenos del Ayuntamiento y Ambrosio siempre había dado largas en el asunto.

―Y luego vamos a ir a tomarnos algo, ¡invito yo!, tenemos un par de bares en el pueblo que están fenomenal, tengo que hablar muchas cosas todavía con Basilio ―le dijo a Claudia dándole un pequeño codazo a su amigo.

Claudia miró el reloj, eran las 23:21. Y en ese momento no pudo evitar volver a pensar en Lucas, si no hubieran hecho ese viaje a Villazarcete ahora estaría montada en su coche en el callejón del polígono. Se quedó unos segundos con la mirada perdida, recordando la sensación de tener la joven y vigorosa polla del chico en su mano mientras le hacía una paja. Luego le pegó otro trago a su copa de vino y se encontró con la sucia mirada de Ambrosio otra vez entre sus tetas.

―¡Que no te moleste, eh!, pero estás muy guapa ―dijo Ambrosio viniéndose arriba e incluso atreviéndose a poner una mano sobre el muslo de Claudia.
―Muchas gracias ―le contestó ella dejando que aquel cerdo le tocara la pierna un par de segundos antes de retirarle la mano.

Los ojos de Basilio ahora echaban fuego, no le gustaba las confianzas que se estaba tomando su amigo, pero mucho menos que Claudia encima le siguiera el juego tonteando con él. Se había dado cuenta de cómo Ambrosio había tocado la pierna de Claudia y ella no solo no le había dicho nada, sino que encima le había sonreído antes de retirarle educadamente la mano.

Claudia estaba consiguiendo su objetivo de la noche, fastidiar a Basilio. El único problema del plan que había trazado es que el vino estaba haciendo mella en su cuerpo. No es que estuviera borracha, puede que un poco “contentilla” después de la cuarta copa, lo peor era que el vino se le estaba empezando a subir y se estaba poniendo cachonda.

“No tengo que pensar en Lucas”, se dijo intentando justificar el calentón que empezaba a llevar encima, sin embargo, lo que realmente la excitaba era la mirada lujuriosa del alcalde bigotudo en sus tetas, y cuando le puso una mano encima sintió un potente calor atravesando su cuerpo.

Tapó la copa con la mano cuando Ambrosio insistió en volver a llenársela.

―Tengo que parar un poco o no voy a llegar a las copas esas de después ―le dijo Claudia.
―Entonces si es así, vale, te sirvo agua, pero luego vamos a tomar esa copa, eh… ¿ves cómo al final no soy tan mal tío?, jejejeje… y ahora si me permitís voy al excusado.

Cuando Ambrosio se fue al baño Claudia y Basilio se miraron, ella podía ver la cara de enfado que tenía su jefe y sonrió. Le estaba fastidiando sobre manera lo que estaba haciendo así que se propuso seguir con su juego.

Sobre la una de la mañana terminó la cena y salieron del restaurante, entonces Ambrosio imitó el gesto que había visto varias veces en Basilio con Claudia, dejó que ella pasara primero por la puerta del restaurante y le puso una mano en la cintura acompañándola hacia fuera. Basilio no sabía ni dónde meterse. Solo le faltaba echar humo por la cabeza.

Prácticamente todos los que habían estado en la cena fueron a tomarse una copa, no querían hacerle un feo al alcalde después de que hubiera dicho varias veces en alto que invitaba él. Enseguida se hizo notar al entrar en el bar.

―Ehh, Merche, lo que pidan me lo cobras a mí…

Basilio se puso a hablar con un concejal sin perder de vista a Ambrosio y Claudia que se quedaron charlando solos cerca de la barra. Los vio brindar con sus copas y como el alcalde seguía haciendo sus gracietas de vez en cuando. Se escuchaba su molesta risa por encima de la música del bar y a Basilio le chirriaban los oídos cada vez que él se reía con su “jejeje” tan característico.

Dejó de prestar atención a lo que le decía el concejal cuando Ambrosio puso una mano en la cintura de Claudia y se pegó demasiado a ella, más de lo que decía el protocolo, y luego le dijo algo al oído.

Claudia no podía creerse que estuviera tonteando con aquel cretino solo por molestar a Basilio, incluso le había dejado que pusiera una mano en su cintura, cuando se acercó a ella le llegó ese olor a puro, pero se aguantó al ver de refilón como su jefe no les quitaba ojo de encima y la cara de niño pequeño que ponía. Solo le faltaba ponerse a llorar.

Cada vez se sentía más pequeña ante la cercanía de Ambrosio, que le tapaba del resto poniéndose delante de ella, estaba claro que mientras hablaban el alcalde no dejaba de mirar sus preciosas tetas y Claudia se iba excitando poco a poco mostrándose así delante de él. No se preocupaba en intentar taparse, más bien al contrario, hinchaba orgullosa su pecho delante de Ambrosio. Si hubiera podido se habría desabrochado otro botón.

―Me habían hablado muy bien de ti, pero no sabía que eras tan guapa, tiene mucha suerte Basilio de tenerte a su lado, siempre ha sabido elegir muy bien sus compañías…
―Eso me han dicho.
―¡Ten cuidado con él que es peligroso!
―Le tengo en su sitio, aunque me parece a mí que tú sí que eres peligroso…
―¿Yoooo?… pero si soy un buenazo ―dijo abriendo las palmas de los manos en son de paz―. No sé por qué dices eso ―y entonces bajó la mano rozando imperceptiblemente su culo sin que nadie más se diera cuenta.

Claudia no podía creérselo, ¿le había tocado el culo ese cerdo?, había parecido un movimiento espontáneo, casi fortuito, pero juraría que Ambrosio le había rozado con sus dedazos. Estaba intentando mantener la compostura, había mucha gente delante y sobre todo estaba Basilio, que no les quitaba ojo de encima. Ambrosio debía estar pensando lo mismo.

―Es una pena que haya tanta gente, tienes pinta de ser una mujer muy interesante…

Entonces, Claudia le siguió todavía más el juego que se estaba empezando a poner muy peligroso.

―¿Ah, sí?, lo mismo estaba pensando yo de ti…
―Mmmmm, vaya, vaya, aquí no podemos ir a otro sitio, me conocen en todo el pueblo como comprenderás.
―Sí, ya me había dado cuenta, no pasas desapercibido en ninguna parte…

Siguió flirteando con aquel individuo, todo en él era repulsivo, sus gestos, su olor, su educación, su machismo, hasta el bigote le parecía horrible y sin embargo, sentía la misma sensación que cuando se vio acorralada por su cuñado Gonzalo en la barra del bar, el día de la boda de su prima.

El vino había ayudado a que se le bajaran las defensas, pero el alcohol solo era una excusa para intentar justificar su estado. Estaba cachonda y punto. La noche había empezado odiando a aquel tipo y ahora tonteaba con él dejando que le pusiera una mano en la cintura. Y la cosa empeoró cuando Ambrosio volvió a bajar su mano acariciando de nuevo su culo.

Esta vez no fue tan delicado y sutil como la primera vez, aunque nadie del bar pareció darse cuenta. Excepto Basilio. Él sí lo había visto. Los dedos de Ambrosio apretaron las duras nalgas de Claudia comprobando su tacto y firmeza y ella se sobresaltó al notar como el alcalde sobaba su culo.

―Mi casa está a un par de minutos de aquí… ―dijo acercándose a su oído y subiendo la mano hasta su cintura.

Claudia intentó reaccionar en esos segundos de tregua que le dio Ambrosio, tenía que decir algo antes de que el alcalde, cada vez más lanzado, volviera a la carga. Demasiado tarde, otra vez bajó la mano y apretó todavía más fuerte el culo de Claudia. Ahora fue casi como un pellizco, seguro que le había dejado marcado los dedazos en su fina y blanca piel.

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