KERANOS

Regresé a mi casa para comer y reposar toda la tarde en mi cuarto viendo alguna película. Entonces empecé a recibir mensajes de Irene.

-Tío, Sofía es una pasada.
-¿Sí?
-Uff… Si vieras como se la comía a Mario… ¡Qué que se la metía entera en la boca!
-¿En serio?
-Que sí, tío. Nunca había visto a ninguna chica comérsela así, ni yo que estoy acostumbrada a su polla se la como así…
-¿Y qué decía Mario?
-Nada, estaba flipando, estaba a mil, casi ni me hacía caso mientras ella se la comía. Le dio hasta un poco de rabia…
-Joder…
-Y luego como lo montaba… joder… Lo hacía muy bien.
-¿Mejor que tú también?
-No sé, habría que preguntarle a Mario. Pero joder…
-Huy, parece que estás un poco molesta.
-Bueno, después la cogí y la tumbé y se lo empecé a comer mientras Mario me reventaba a 4. Le metí dos dedos por el culo y todo.
-Tampoco hace falta que me cuentes todo.
-Sí, porque verás. Se corrió muy alto y eso hizo que yo me corriera y después Mario se apartó de mí y la cogió a ella y se la folló a 4 también, dándole más fuerte que a mí. Se volvió a correr en nada. Esperamos un poco y Mario se puso boca arriba, follándome a mí mientras se lo comía a Sofía. Me volví a correr, aunque era yo la que se movía. Después cambiamos, estábamos de la misma manera, pero ahora se follaba a Sofía y a mí me lo comía. Me lo hizo muy bien y ella se movía muy rápido, gimiendo bastante y entonces Mario empezó a mover su cuerpo, corriéndose Sofía otra vez muy alto, bajándose y comiéndosela hasta que Mario se corrió.
-Bueno, está muy bien, ¿no?
-Sí, sí. Entonces fue cuando Elena me envió eso. Se le cambió la cara a Sofía.
-¿Cómo?
-Pues eso, se le puso una sonrisa, sobre todo cuando te escuchó cuando hablamos.
-Ya…
-Que es verdad, y ya cuando vio la segunda foto ni te cuento. Que cara de vicio se le puso, mordiéndose el labio y todo…
-Bueno, nada nuevo.
-En cuanto colgué, se puso a preguntarme qué hacíamos.
-¿Se lo has contado?
-Un poco por encima, pero a ella lo que le interesaba era que le contara como la tenías y como follabas.
-Y se lo dijiste, ¿no?
-Me miraba con una cara que se me iba la lengua… Si vieras como se puso… Nos empezamos a comer la boca como locas.
-Joder, sí que tenía ganas…
-Ya ves… Me puso boca arriba y me lo empezó a comer. Si no era la primera vez que lo hacía, era la segunda, pero joder… Me puso mucho verla así y le fui indicando. Entonces llegó Mario y al vernos así, conmigo boca arriba y Sofía a 4 comiéndomelo, se puso detrás de ella y la empezó a follar de nuevo.
-Vamos, que cayó otro polvazo.
-Espérate. Se la folló así un poco y ella me lo seguía comiendo, cada vez mejor. Mario se puso muy cachondo, reventándola mientras nos mirábamos y entonces paró. Salió de ella y se acercó a donde estaba yo.
-¿Y qué te hizo?
-Nada.
-¿Nada?
-Cogió el lubricante de la mesita de noche y se echó en la polla y se la empezó a follar por el culo.
-No jodas…
-Sí. Al principio lento, pero luego la reventaba de una manera… Ella gritaba, dejando de comerme el coño. No duraron mucho, ambos se corrieron gritando muchísimo.
-¿Y qué pasó entonces?
-Ambos se tumbaron, quedando Sofía entre los dos y en nada, Mario apagó la luz y se durmieron.
-¿Y tú?
-Yo estaba flipando, me puse de lado dándoles la espalda, pero no me podía dormir.
-Vaya, te quedaste con las ganas.
-Un poco… Ya me dormí al rato y esta mañana me desperté sola, oyendo a los dos follando en la ducha.
-Joder…
-En fin…
-¿Quieres que nos tomemos un café yo hablamos mejor?
-Vale, pero no quiero que esté Mario.
-Vale, como quieras.
-Está viendo el fútbol. Le digo que voy a echar un café con una amiga.

Quedamos para ir a una cafetería al rato, encontrándomela allí cuando llegué. Imaginaba que esos gestos le habían sentado mal, pero se volvió muy claro en cuanto la vi. La vi decaída, muy diferente de la Irene que yo conocía, siempre sonriente, con su bonita sonrisa y sus ojos ligeramente achinados cuando lo hacía. Era una cafetería muy bonita, con mesas rectangulares con un sofá a cada lado, estando ella en uno de ellos. Fui hacia ella, pero no se daba cuenta porque estaba mirando la taza de café mientras la agarraba con sus manos. Me senté frente a ella, en el otro sofá.

-Vaya, había notado que te habían molestado ciertas cosas, pero no pensaba que tanto como para ponerte así.
-¿Eh? (dijo levantando su mirada, lanzando una pequeña sonrisa)
-¿Estás bien?
-Sí… (dijo encogiéndose de hombros)
-Nunca te había visto así, Irene.
-Bueno, seguro que se me pasa rápido.
-No tienes porqué ponerte así.
-¿Tú crees?
-Mira, Sofía es una chica espectacular, que bueno, tú también lo eres. Hay que ser tonto para no darse cuenta. Pero entiende que ella es algo nuevo para Mario, es normal que le preste más atención, es algo mayor, con experiencia, también cuenta con las ganas que tenía ella, como seduce, porque ya te digo que sabe hacerlo muy bien…
-Ya, si lo sé, pero…
-Pero, ¿qué?
-Pues que no puedo evitar ponerme así al ver que ella le ha dado cosas que yo no puedo darle. (dijo mirándome fijamente a los ojos)
-Te voy a decir exactamente lo mismo que tú me dijiste cuando me pasó eso con Ángela el viernes. Piensa en qué siente Mario por ti, todo lo que haces por él, todo lo que le das… ¿Crees que Sofía va a despertar algo remotamente parecido en él?

Irene se encogió de hombros, mirando su taza mientras dibujaba una ligera sonrisa en su boca. Entonces me cambié de sofá, poniéndome a su lado, acercándome a ella y susurrándole cerca de su oído.

-Pues ya te lo digo yo, no. Eres una chica fantástica que no tiene que temer por algo así. Mario tiene mucha suerte de estar contigo.

Irene al fin levantó la cabeza, sonriendo como siempre lo hacía, poniéndose después sería, mirándome fijamente a los ojos, pasando su mirada después a mis labios. Entonces me dio un beso, siendo breve, aunque colando su lengua en mi boca, entrelazándola con la mía. Se separó enseguida, mirándonos de nuevo a los ojos con cierto nerviosismo, más por mi parte que por la suya.

-Irene…
-Shhh. No ha pasado nada. He hecho eso porque estoy un poco de bajón y me has animado mucho. Eres uno de mis mejores amigos y te quiero. No hay nada más.
-Pfff…
-Javi, no te pongas de ninguna manera, por favor.
-Joder, es que en dos días me han besado dos chicas que no son mi novia. Y besos con lengua, no un piquito ni nada así.
-Nada, no pasa nada. Esas dos chicas son las que te han buscado besarte, no tú a ellas, y no has podido ni reaccionar porque ha sido muy rápido. ¿Ves? No pasa nada, no es tu culpa.
-Eso es cierto.
-Claro. Mira Javi, eres el primer chico, sin contar a Mario, con el que hablo así de esta manera tan abierta sobre mí. No solo para folleteo.
-¿En serio?
-Sí, por eso he reaccionado así. Me he cruzado a pocos chicos a los que le intereso para más que para, ya sabes…
-Bueno, vosotros sois geniales con nosotros, que menos que hacer lo mismo por vosotros. Además, os he cogido más cariño del que os tenía.
-Para mí ahora mismo sois de lo más importante que tengo en mi vida.
-Joder, Irene…
-Es verdad, pero ya está, que estoy muy tontorrona.

Seguimos hablando de otras cosas, estando un buen rato en la cafetería, con algún detalle de lo que habían hecho con Sofía. Luego nos fuimos cada uno a su casa, estando Irene muy animada, le había venido bien la charla para desahogarse.

Los primeros días de la siguiente semana fueron bastante vacíos, ya que Elena estaba centrada mucho en su trabajo, ultimándolo y yo también estaba bastante liado, ya que me mandaron bastantes documentos. Esa semana solo vi a Elena dos veces, pero de manera rápida, escapándome después de cenar para ir a su casa a verla, con unos encuentros muy breves, con muchos besos y metiéndonos mano, pero sin llegar a hacer nada más para que en su casa no se olieran nada. El segundo día que nos vimos me comía la boca con mucha ansia, deseando que llegara el fin de semana para estar solos, ya que mi casa se quedaba libre y ella dijo que había quedado con compañeras de clase para practicar y demás y coló. Quedamos en que iría a por ella el viernes por la tarde noche, ya que dijo que se iba el viernes para salir esa noche para distraerse y ya centrarse los dos días siguientes. La semana se pasó lenta hasta que por fin llegó el viernes por la tarde para ir a por ella. En toda la semana tuve ningún mensaje por parte de Noelia, María o Ángela, a quien sí que echaba en falta por la manera en la que nos despedimos. Con Irene y Mario sí que tuve contacto, saliendo a tomar algo entre semana como solíamos hacer en grupo, pero sin nada raro, ni siquiera por parte de Irene por su “crisis” por lo que pasó con Sofía el fin de semana anterior.

Sobre las 8 de la tarde llegué y aparqué retirado de su casa, bajando por la calle y le avisé, esperándola apoyado en el coche. Estaba en el final de la calle, la cual daba a una plaza y vi a Alejandro. Iba con alguien, pero no logré verla, lo que estaba seguro es que era una chica, bajita. Hice un esfuerzo para ver quién era la chica, pero entonces alguien se abalanzó sobre mí, casi tirándome porque no me lo esperaba. Era Elena, abrazándose fuertemente a mí y dándome besos. Una vez se despegó de mí, vi lo guapa que iba, con un vestido blanco con un estampado de flores. Era un vestido sin tirantes, estilo palabra de honor, ajustado por el pecho hasta la cintura, con una falda de vuelo que le llegaba a medio muslo. También llevaba unas zapatillas blancas, a juego con su vestido y sus uñas, pintadas también de blanco. Llevaba el pelo aliado y un maquillaje muy ligero. Se me quedó mirando con los brazos en jarra, sonriendo girando su cabeza, esperando que le dijera algo mientras yo la miraba sonriendo de manera tonta, viendo también que llevaba una mochila a la espalda.

-Estás para comerte.
-Yo sí que te voy a comer esta noche. (dijo acercándose a mí para darme un beso)
-Shhh, para que me voy a empalmar, anda entremos al coche.

Entramos al coche, dejando ella su mochila atrás para empezar a comernos la boca con ansia. Aún era de día y había gente en la calle, así que paramos y fuimos a mi ciudad, yendo a mi casa para ponerme yo algo más de salir y dar una vuelta cogidos de la mano, parándonos cada dos por tres para darnos un beso. Nos sentamos en la terraza de un bar para cenar algo, encontrándonos con Irene y Mario, quienes se sentaron con nosotros, echando un rato los cuatro juntos. Pasamos un buen rato cenando y una vez acabamos fue Mario quien dijo de ir con ellos a casa para tomarnos una copa. Miré a Irene quien no puso mala cara ni nada, de hecho, la veía bastante de acuerdo con él. A ambos nos pareció bien, ya que lo pasábamos bien con ellos y tendríamos todo el fin de semana para nosotros solos. Llegamos a su casa y nos sentamos en los sofás, charlando un poco. Irene dijo que iba a la cocina para preparar las copas y fui con ella para ayudar mientras Elena y Mario se quedaban hablando.

-¿Has hablado con Mario?
-No.
-¿Por?
-Porque es una tontería. Fue un pequeño bajón sin más.
-¿Eso crees?
-Sí.
-Bueno, seguro que sabes lo que haces. Yo lo hablaría.

Irene se quedó en silencio.

-Aunque bueno, ya sabes que yo me rayo con esas cosas.
-Sí. Bueno, ya veré lo que hago.
-¿Le has contado algo a Elena?
-No. Más que nada por no dar detalles de lo que pasó con Sofía, por si le molesta o algo.
-Ya. ¿Quieres que hable con Mario?
-No, no, no. Si alguien tiene que hablar con él soy yo.
-Me refiero a dejarle caer algo a ver si se suelta y me dice algo.
-Eh…

Entonces aparecieron Elena y Mario por la puerta para buscarnos. Regresamos los cuatro al salón, siguiendo con la charla, empezando a beber hasta que nos pusimos tontos y empezamos a besar cada uno a nuestra pareja, empezando también a meternos mano. Elena se subió encima de mí con una pierna a cada lado, como siempre mientras nos comíamos la boca. Le empecé a tocar el culo por debajo del vestido mientras ella gemía muy ligeramente. Al poco pasó a besarme el cuello susurrándome que estaba mojando mucho las bragas. A esas alturas estaba que no podía más, por lo que abrí los ojos, viendo que Mario le estaba comiendo las tetas a Irene y ella mirándome fijamente a mí. Ambos nos mirábamos a los ojos, hasta que Irene apartó a Mario de sus tetas, subiéndose la falda y apartándose las bragas para que le comiera el coño. Me calenté mucho más al ver eso y me desabroché el pantalón para sacarme la polla y metérsela a Elena, apartando sus bragas a un lado. Lo noté mojadísimo y muy caliente, entrando mi polla sin problema, con ella lanzando un gemido alto. Entonces empezó a cabalgarme a buen ritmo, jadeando mientras me comía la boca. De fondo oía a Irene gemir y entonces eché a Elena hacia atrás para bajarle el vestido, sacando sus tetas y comiéndoselas y mirando de reojo a la otra pareja. Elena no tardó mucho en correrse, temblando bastante, abrazándose con fuerza a mí, lanzando un gemido ahogado y jadeando en mi oreja a echar su cara sobre mi hombro. Elena se escurrió un poco, saliendo mi polla de su interior, aunque seguía temblando, echándose a un lado. Me guardé la polla y una vez lo hice Elena me cogió una mano, mirándome con una sonrisa muy grande, volviéndose a montar encima mía con risitas por parte de ambos, besándome en los labios con mucha ternura, apoyando después su cara en mi hombro, diciéndome que me quería.

Entonces vi como Irene se levantaba, cogiendo de la mano a Mario y a mí también una vez paso por nuestro lado, tirando de nosotros, con Elena encima de mí para ir a su habitación. Una vez llegamos, nos empujó para tumbarnos en la cama, empezando Elena y yo a besarnos de nuevo y tumbando a Mario a nuestro lado y poniéndose ella encima de él. Rápidamente nos quitamos la ropa, quedándonos desnudos, percatándome de que Irene llevaba el coño totalmente depilado, aunque ninguno dijo nada y entonces Irene puso a Elena boca arriba para empezar a comerle el coño. Elena no le hizo ascos, dejándose hacer, empujando su cabeza con su mano. Mientras tanto, Mario taladraba a Irene con fuertes embestidas y yo estaba de rodillas sobre la cama, junto a la cabeza de Elena, quien me la chupaba a buen ritmo. Después de un buen rato así, Elena se corrió de nuevo, cerrando sus piernas, sacando mi polla de su boca y apretándola con fuerza con su mano. Irene se tumbó al lado de Elena, con Mario detrás de ella, siguiendo con la follada, haciendo la cucharita, pero lentamente, mientras ella gemía ligeramente y él jadeaba. Mientras Elena se recuperaba, le daba varios besos por su cara y su cuerpo, hasta que reaccionó y me puse sobre ella, empezando a metérsela de nuevo, empezando ella a jadear enseguida. Estaba en un misionero, hasta que me puse de rodillas para mover mis caderas más rápidamente, con Elena cerrando sus ojos y empezando a gemir alto. Mario me imitó poniendo a Irene en la misma postura, estando en paralelo a nosotros.

Entonces pasó algo que no esperaba, Mario alargó su mano hasta el coño de Elena, empezando a acariciarle el clítoris. Elena no se daba cuenta de que lo hacía él porque estaba con los ojos cerrados, echando su cabeza hacia atrás por la follada. Sin embargo, Irene sí que se dio cuenta, mirándome, aunque sin mal gesto, ni estar molesta. ¿Y yo? Pues para mi sorpresa no me molestó. Pensaba que sí que me iba a molestar, pero no fue así, de hecho, lo vi como algo natural que surgió en el momento y me dio hasta morbo. A los pocos segundos Mario apartó la mano y se centró en Irene. Yo me eché sobre Elena para besarla y ella me giró para ponerse encima de mí y empezar a cabalgarme muy rápido, empezando a gritar. Se apoyó sobre sus pies, echando su cuerpo hacia atrás y siguió cabalgándome mientras se tocaba el clítoris haciendo movimientos circulares hasta que no pudo más y se empezó a correr soltando chorros mientras gritaba como si la estuvieran matando, teniendo unos espasmos increíbles, sacando mi polla de sus entrañas, y echándose hacia atrás y tumbándose mientras respiraba con fuerza. Yo estaba boca arriba con la polla tiesa, con el pecho y un poco la cara mojados por la corrida de Elena.

Entonces Mario volvió a mirar a Elena, notándose como quería tocarla, reaccionando Irene entonces, girando la cara de Mario con su pie para que la mirara, echándose éste sobre ella para follarla más rápido. Mientras ambos tenían sus cuerpos pegados, Irene alargó su mano para cogerme la polla y empezar a pajearme con fuerza y rapidez, provocando que a los pocos segundos me empezara a correr, entre altos jadeos, levantando mis caderas de la cama, lanzando varios chorros que salían disparados hacia arriba, manchándome la barriga, el pecho y su mano. En cuanto Irene notó que me corría, estalló en un gran orgasmo, gritando mucho y notando como temblaba al agarrarme con fuerza la polla. Mario se corrió también entre gemidos roncos en cuanto sintió el orgasmo de Irene, quedándose después tumbado con la cara hacia otro lado, respirando muy fuerte, mientras Irene me miraba, respirando con mucha fuerza y las mejillas encendidas, llevándose su mano hasta su boca para lamer lo que había de mi corrida sobre ella, limpiándose su mano. Después pasó por encima de mí, tapándose el coño para que no saliera la corrida de Mario, para ir a por una toalla y limpiarme, tanto mi corrida como la de Elena. Mario ya se había quedado dormido y Elena se estaba recuperado aún, con algún espasmo. Yo cogí mi ropa y empecé a vestirme mientras estábamos en silencio, con Irene mirándome, tumbada de lado. Incorporé a Elena para que se levantara, estando un poco desorientada y se empezó a vestir. Irene se puso una bata y nos acompañó hasta la puerta, dándonos un buen abrazo a los dos y un beso en la mejilla a mí.

Elena y yo nos fuimos a mi casa, con varias risitas tontas de ella, como si aún le durara el orgasmo, entrando a mi casa y dándonos una ducha rápida para después tumbarnos en la cama, yo en boxers y ella en braguitas con una camiseta mía. Elena no tardó nada en quedarse dormida al relajarse tanto después de la ducha y después de tener varios orgasmos en un corto periodo de tiempo. Yo tardé más, pensando en varios detalles que tuvieron lugar desde que nos encontramos a Irene y Mario, cosa que tenía pensado hablar con Irene para aclarar algunas cosas. Finalmente caí dormido, abrazado a Elena.

Al día siguiente me desperté solo en la cama, viendo que Elena estaba sentada frente a mi escritorio, con las piernas cruzadas. Veía que seguía con mi camiseta, pudiéndose ver sus braguitas negras, yendo descalza y con sus moñetes. Parecía muy concentrada en sus cosas, por lo que no quise molestarla, limitándome a mirarla con una sonrisa en la boca. Al rato ella se giró para mirarme, sonriendo al verme despierto.

-¿Ya se ha despertado la bella durmiente? jajajaja.
-Madre mía, ya empezamos de buena mañana… (dije riéndome)
-Si es que te gusta más dormir…
-Elena, mi vida, es sábado, temprano, anoche nos acostamos tarde y me he pegado una semana de trabajo que para mí se quede.

Elena estaba sentada en la silla, frente a mí, con sus codos apoyados en sus piernas cruzadas y su cara sobre sus manos mientras sonreía al escucharme. Cuando la miré y la vi así me empecé a poner rojo y me destapé.

-Anda, ven un poco aquí conmigo.
-No sé yo…

Le empecé a hacer pucheros y saltó de la silla para meterse en la cama conmigo, empezando a comernos la boca.

-No sé si he hecho bien en venirme contigo, a ver cuándo estudio…
-Vaaaaaya, que problemón. Pues nada, vamos a vestirnos y te llevo a tu casa.
-Sí hombre…

Entonces cogió mis muñecas y las aprisionó contra la almohada, poniéndose encima de mí, empezando a besarme el cuello. Lo hacía de una manera muy intensa, por lo que mi polla se puso tiesa en cuestión de segundos, lanzando ella risitas al notarlo.

-Eres muy cabrona…
-¿Por?
-Mira como me pones.
-Me encanta ponerte así.
-¿Sí?
-Sí, cuando estás así puedo hacer lo que quiera contigo.
-¿Eso crees?
-Sí…

Entonces hice fuerza con mis manos, tumbándola y poniéndome yo como estaba ella segundos antes sobre mí. Ella empezó a jadear, con cara de estar muy cachonda, mirándome con ojitos para susurrarme:

-Fóllame.

La desnudé rápidamente, casi arrancándole la camiseta y las bragas, quitándome yo también los boxers para empezar a acariciarle su raja, que ya estaba muy mojada de lo cachonda que estaba. Se la metí de golpe, aumentado ella sus jadeos, poniendo casi enseguida sus piernas sobre mi pecho, apoyando sus pies en mis hombros. Me eché hacia delante y empecé a embestir con fuerza, gimiendo ella al ritmo. A los pocos minutos la puse a 4 y empecé a embestir más fuerte mientras ella se apoyaba en sus manos. Al poco empecé a jugar con su culo, acariciándole con mis dedos, dando ella un respingo. Escupí en el para humedecerlo y empezar a meterle un dedo. Sus gemidos fueron a más y entonces metí otro dedo, jugando con ellos dentro de su culo mientras la seguía taladrando rápidamente. Elena empezó a gritar mientras se empezaba a retorcer, corriéndose en cuestión de segundos, poniendo antes su cara sobre la cama, sin apoyarse sobre sus manos ya. Era increíble como temblaba con muchos espasmos mientras jadeaba fuertemente y gemía con cada espasmo. Yo no me corrí, pero al verla ahí tumbada, como su cuerpo subía y bajaba por su respiración, sus moñetes desechos, volviendo a tener su pelo suelto por las embestidas y como se retorcía y temblaba con sus espasmos, me llevé la mano a la polla y en dos sacudidas empecé a lanzar chorros sobre su culo y su espalda, sin ella notarlo por lo ida que estaba por su orgasmo.

Le limpié con cuidado el culo y la espalda, viendo como se relajaba, calmando su respiración hasta quedarse dormida. Me tumbé a su lado y le pasé el pelo por detrás de la oreja para verle la cara y que no le molestara. Me quedé mirándola, siendo uno de esos momentos que se te quedan grabados en la retina, dándole después un beso en la mejilla y yéndome a hacer algo para desayunar. Volví a la habitación con unas tostadas y café, dejándolas sobre la mesita y acariciando a Elena, empezando a abrir los ojos con una sonrisita.

-Tío, me dejas hecha polvo…
-Cuando juegas con fuego…
-Pfffff…
-Anda, desayuna, que te pones a hacer cosas con el estómago vacío y eso lo es bueno.
-Hala…
-¿Qué pasa?
-Es la primera vez que me traen el desayuno a la cama.
-Pues come, que se enfría. (dije algo cortado)
-Jo…

Elena se puso a desayunar, sentada con sus piernas cruzadas, aún desnuda, sobre mi cama, acompañándola yo sentado en la silla. Después ella siguió con sus cosas mientras yo estaba con ella en la habitación. Llegó la hora de comer y nos preparamos algo, comiendo en el salón mientras veíamos la tele. Hablábamos de varias cosas, hasta que sin saber como, saqué el tema de Irene.

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