KERANOS

Me dio un fuerte escalofrío, haciendo que me diera rápidamente la vuelta para mirarla. Ella estaba seria, mirándome fijamente a los ojos. Entonces se sentó en su silla, acercándola a la mía y cogiéndome las manos para acariciarlas. Me empecé a poner nervioso, aumentando los latidos de mi corazón.

-¿Qué pasa, Elena?
-Yo… Verás. El día que me emborraché y te llamé y te dije esas cosas tan feas recuerdo haberme encontrado con Alejandro.

Me mantuve en silencio, escuchándola atentamente.

-No recuerdo muy bien lo que pasó, fue antes de que te llamara. Sólo recuerdo que nos besamos.

De nuevo me quedé unos segundos en silencio, intentando asimilar lo que me acababa de decir.

-Vale, no pasa nada. Estabas borracha y bastante de bajón.
-No me acuerdo de si hablamos o qué, pero del beso si me acuerdo.
-¿Pasó algo más?
-No, solo nos dimos un beso.
-Vale, ya está. No pasa nada.
-Siento no habértelo dicho antes, pero es que no te quiero perder, Javi. Tenía mucho miedo y luego con lo que hice…
-No te preocupes, no me vas a perder.
-Me muero si te pierdo.
-No pienses en eso.
-Te has puesto a contarme estas cosas que te han pasado, siendo siempre tan sincero y yo ocultándote algo así… Pues no he podido aguantar más.
-Ya está Elena, no le des más vueltas.
-Vale, ya está.

Volvimos a ponernos a hacer nuestras cosas, con Elena poniendo su mano sobre la mía, sonriéndome, devolviéndole yo la sonrisa, dándonos también alguna caricia y beso. Al rato Elena empezó a hablar de nuevo.

-¿Y qué quería tu jefa?
-Pues no sé, pero imagino qué puede ser.
-¿El qué?
-Pues verás, el viernes estaba por aquí cerca y me dijo de quedar a tomar un café, pero yo no me fiaba mucho por lo que pasó allí, entonces le dije a Irene y a Mario que vinieran para no estar solo con ella.
-Vale, entonces ya la conocen, ¿no?
-Sí.
-¿Y qué pasó?
-Nada, fue todo bien. Irene ya la conoces, deseando hincarle el diente.
-¿Le gustó?
-Sí, bastante. El caso es que el lunes me volvió a escribir esta chica, que tenía un rato libre, que estaba estresada, que allí eran todos viejos y aburridos, y me escribió. Y se puso a tontear, que me llegó a mandar fotos de ella desnuda.
-Pero bueno…
-Bueno, también es un poco culpa mía por no pararla cuando debí hacerlo y seguirle un poco el juego.
-Vaaaaaaaya…
-Va, no te enfades. Cogimos confianza, allí eran todos de 50 para arriba, solo estábamos nosotros como gente joven.
-Ya, pero…
-Pero ya está. Está solucionado.
-A ver, ¿cómo?
-Mira, Irene y Mario se la querían follar, por lo que cuando me empezó a hablar así le seguí el rollo, aunque no quería que llegara a eso. Pero lo hice para que me dijera si le gustaban también las tías. Total, que al final parece que van a quedar los tres.
-Vamos, que has usado a Irene y a Mario para deshacerte de ella.
-Básicamente. Ellos se la querían follar y yo que me dejara, todos ganamos.

En ese momento llamó mi madre a la puerta, diciéndonos que nos dejaban solos hasta la noche.

-A ver, es normal…
-¿El qué?
-Que se fijara en ti… (dijo levantándose, poniéndose detrás de mí, abrazándome y metiendo su mano por el cuello de la camiseta para acariciar mi pecho)
-¿Sí?
-Sí, estás muy bueno…
-Eso eres tú, que me ves con buenos ojos.

Entonces se puso a besarme el cuello desde atrás. Enseguida se me puso la piel de gallina, empezando a retorcerme. A los pocos segundos tiró de mí para levantarme y empujarme hacia la cama. Era una de esas situaciones en la que Elena se encendía mucho.

-Es normal que todas las zorritas se fijen en ti. Es que mírate… Imagínate si te vieran la polla además… Es que tendría que estar quitándotelas de encima todo el día…
-Uff…
-Pero tú eres solo mío.
-Sí, de nadie más…

Elena me empezó a desnudar, haciéndolo ella también, para sentarme en la cama y arrodillarse ella, empezando a comerme la polla con ansia. Le puse la mano en la cabeza, pero ella me la quitó de un manotazo. Después me empujó para tumbarme y montarse en mi polla, notando su coño mojadísimo. Me empezó a cabalgar muy rápidamente, poniendo sus manos en mi pecho, haciendo que su culo botara, al igual que sus tetas mientras gemía muy alto. Cerré mis ojos mientras agarraba sus muslos, entonces me soltó un guantazo.

-Mírame como te follo.

Estaba un poco aturdido porque no me lo esperaba para nada, pero también me puso muy cachondo, notando como se me encendían las mejillas. Ella también estaba con chapetas por su movimiento y la excitación que tenía, que era muy apreciable. Seguía cabalgándome rápidamente mientras me arañaba el pecho y me soltaba alguna guantada más.

-¿Te gusta cómo te follo?
-Me encanta.
-¿Alguna zorrita de la que te has tirado te ha follando así de bien?
-No, nadie me folla como tú lo haces.
-Dilo otra vez.
-Nadie me folla como tú.
-Así me gusta.
-Joder…
-Lo que pasa es que te has portado mal, provocando un poco la zorra de tu jefa y te voy a tener que castigar…
-Sí, hazlo.
-Cierra los ojos.

Cerré los ojos y note como Elena paró de follarme, haciendo un movimiento, pero sin que mi polla saliera de sus entrañas. Entonces me empezó a follar de nuevo, diciéndome que siguiera con los ojos cerrados.

-Eres un poco cabrón.
-¿Por qué?
-Porque le das esperanzas a todas esas zorritas.
-No…
-¡No me contradigas! (dijo dándome un latigazo en el pecho)

De nuevo me pilló desprevenido, por lo que abrí los ojos, viendo a Elena moviéndose rápidamente encima mía, con las mejillas muy rojas y con mi cinturón en sus manos. Entonces me dio otro latigazo, sonando un fuerte chasquido, como en el que me acaba de dar.

-No te he dicho que abras los ojos.
-Perdón.
-Espabila.
-Elena…
-Hoy no soy tu Elena, soy tu ama.

Volví a abrir los ojos para mirarla, dándome ella otro latigazo, más fuerte aún y también un guantazo más fuerte que los anteriores.

-¿Te he dicho que abras los ojos?
-No. Perdona, ama.
-Te estás portando muy mal… (dijo dándome un fuerte latigazo en el pecho y otro guantazo después)
-Perdona, ama…

Entonces paró de nuevo, haciendo un movimiento similar al de antes, notando como se ponía recta después. Vi un destello y luego oí como dejaba algo en la mesita. Después volvió a follarme a la misma velocidad, estando así durante varios minutos, con gemidos muy altos. Yo gemía también, pero ella me daba guantazos para que no lo hiciera, agarrándome del cuello con fuerza de vez en cuando. De pronto paró, diciéndome que abriera los ojos. Me miró muy fijamente a los ojos, quedándonos en silencio. Estaba preciosa, con el pelo bastante alborotado, las mejillas muy rojas, respirando muy agitadamente, con muchas gotitas de sudor por todo su cuerpo y sus pezones duros. Nos quedamos así durante algunos minutos, cogiendo aire ambos mientras le acariciaba los muslos suavemente. Entonces me soltó otro guantazo, bajándose de mí y tumbando se boca arriba.

-Ahora me vas a follar tú a mí.

Me puse encima de ella y la empecé a follar, empujando ella con su mano para que me pusiera de rodillas y recto.

-Más fuerte, cabrón. (dijo dándome otro latigazo en el pecho)

La empecé a follar muy fuerte, dando ella gritos. Después pasó a gemir al ritmo de mis embestidas cuando bajaba el ritmo para descansar un poco. Ella me ponía los pies en la cara, haciendo fuerza con uno para meter los dedos en mi boca. Yo abrí la boca, empezando a chupar los dedos, lanzando ella gemidos de aprobación. Elena cerraba los ojos, pellizcándose los pezones, diciéndome que parara después y que saliera de ella. Me quedé de rodillas conforme estaba, con ella mirándome mientras su pecho subía y bajaba muy rápido. De nuevo me ponía sus pies por mí cara, cogiéndolos yo para chupárselos lentamente, con gemidos de ella mientras se acariciaba el clítoris suavemente. Después se incorporó, poniéndose de rodillas para besarme, comiéndome la boca mientras me cogía de la cara y del pelo. Entonces se puso de espaldas a mí, aún de rodillas.

-Quiero que me revientes. Haz que me corra. ¿Crees que podrás, o te tengo que pegar más?

Asentí con la cabeza, inclinándose ella para apoyarse en sus manos. Pasó su mano por debajo de su cuerpo, cogiendo mi polla y metiéndosela del tirón, lanzando un buen gemido. La empecé a follar muy fuerte, bastando unos pocos minutos para que pasara de gemir a gritar.

-Dame tu leche, cabrón. La quiero dentro de mí. (dijo gritando)

A los pocos segundos se empezó a retorcer, corriéndonos los dos casi a la vez, ella empezaba a temblar mientras gritaba y yo notaba fuertes escalofríos, dando embestidas muy fuertes a medida que saltaba chorros dentro de ella. Elena cayó derrumbada sobre la cama, siguiéndola yo sin sacar mi polla de ella. Cogí papel y se lo puse en el coño, cerrando sus piernas para que no se derramara la corrida. Estaba ida, dándole fuertes espasmos, con sus ojos cerrados, apretando su cara de vez en cuando. Yo me tumbé boca arriba, esperando a que se recuperara. Se echó sobre mi pecho, abrazándose a mí, notando como aún vibraba. A los pocos minutos se recuperó, abriendo los ojos para mirarme.

-Estoy muerta…
-Elena, me vuelves loco cuando te pones así…
-Mmm…
-Joder como me has puesto el pecho…
-Ostia, te he hecho marcas y todo…
-Da igual, me ha encantado. No me esperaba que te pusieras así.

Nos quedamos en silencio durante un rato hasta que Elena volvió a hablar.

-Oye, ¿cómo coincidiste con Ángela?
-Por Irene.
-Ah, es verdad. Seguro que se la folló.
-¿Eso crees?
-Sí, seguro que por la noche en su casa.
-Bueno, no pienses en eso.
-No, si me da igual. No es que sean como nuestra pareja ni nada así, jajajaja.
-Bueno, la otra vez te molestó…
-Pero no fue por eso, fue por dejarnos tirados. Habíamos salido los cuatro y nos hacen eso, pues me enfadé.
-Es verdad.
-Y tu jefa, ¿cómo es?
-Da igual, déjalo.
-Va, quiero verla…
-Eleeeeeena… ¿no te acuerdas de lo que pasó cuando conocimos a Ángela?
-Que ya no va a pasar más eso, Javi. Que ya sé que tú solo me quieres a mí y que te gusto como soy.
-Espero no arrepentirme de esto…
-Que noooooooo.

Cogí el móvil y le enseñé el perfil de Sofía en una red social.

-Joder, que pedazo de mujer. ¿Cuántos años tiene?
-Treinta y pocos, no recuerdo.
-Es muy atractiva.
-Irene se puso que no veas cuando la vio.
-Normal.
-Va, vamos a la ducha.

Fuimos a la ducha, para volver después a mí habitación para seguir trabajando un poco. Ambos estábamos más relajados, con un ambiente que no tenía nada que ver con el que había cuando llegamos. Ya anocheciendo, llamaron a Elena preguntando donde estaba, diciendo ella que ya iba para allá. Llevé a Elena a casa, con varias risas por el camino de ella, como si estuviera tramando algo. Cuando llegamos le pregunté que a qué venían esas risitas.

-Pues que se me ha ocurrido algo…
-¿El qué?
-Nada, por si Irene se pone como se puso cuando fuimos a la playa, ¿te acuerdas?
-¿Lo de que te arrinconó y eso?
-Sí.
-¿Qué es?
-Ya lo verás. Pero lo mismo fuerzo un poco la situación para que pase.
-Ufff. Me encanta cuando maquinas.
-Jijiji… Oye, gracias por venir a por mí y hablar las cosas.

Le cogí de la nuca y le di un buen beso, quedándose ella con los ojos cerrados, saboreando sus labios con su lengua.

-Ay, Javi…
-Venga, bájate antes de que me arrepienta y tire otra vez para mi casa.
-Jo… Ya no podemos dormir juntos…
-No vayas por ahí que ya sabemos como va a acabar esto…
-Jo… (dijo haciendo pucheros)
-¿Qué quieres, que entre a escondidas para dormir contigo…?
-Pues no estaría mal…
-Elena, piensa.
-Vaaaaale, es una locura. Pero es que quiero estar más contigo.
-Ya pensaremos algo.

Nos despedimos con un beso, viendo como me decía adiós con la mano, poniendo una carilla de pena que me derretía. Me daba pena y en realidad llevaba razón, ahora no podríamos estar tanto tiempo juntos. Tenía ganas de volver a mi casa con ella, pero tenía otro plan para entonces, por lo que empecé a conducir para ir a otro sitio que estaba ahí cerca. Cuando llegué al sitio, llamé a la puerta. Me abrió Alejandro, poniendo cara un poco de susto e intentando cerrar la puerta.

-Solo quiero hablar.
-No me fío. (dijo asomándose por una pequeña rendija de la puerta)
-Si quisiera hacer algo te hubiera partido la puta cabeza en cuanto me hubieras abierto.
-No estoy solo.
-¿Vas a poner muchas excusas más, o vas a dar la cara?
-¿De qué quieres hablar?
-¿Tú qué crees?
-Joder. Es que no me fío.
-Va a ser rápido.

Me hizo pasar, llevándome al salón. Después me dijo que esperara, que le iba a decir a la chica con la que estaba que se fuera. Al rato regresó.

-¿Qué pasa?
-Dímelo tú. ¿Qué pasó hace dos sábados?
-Eh… Nada.
-Joder. Podemos hacerlo rápido o podemos estar aquí horas. Tú decides.
-Me la encontré mientras estaba con un par de amigos y pues hablamos un poco y nos comimos la boca.
-¿Qué hablasteis?
-No me acuerdo mucho, iba bebido… Pero lo típico, que la echo de menos y esas cosas.
-¿Quién dio el beso a quién?
-Yo a ella. Pero ella no se quitó.
-Ya, iba borracha.
-Sí.
-¿Por qué lo hiciste?
-Porque a veces la veo y joder… Me da mucha cosa. He estado con ella durante 5 años, no se olvida una cosa así tan fácil.
-Ahora sí que te fijas en ella, ¿no?
-Bueno, eso es otra historia.
-Me gustaría que me explicaras porqué la engañabas.
-Bueno, estábamos bien aquí, pero al entrar a la universidad…
-¿4 años poniéndole los cuernos? ¿En serio?
-Ya sabes como es la universidad. Mucho descontrol y no vivíamos juntos a pesar de estar en la misma ciudad.
-Sí, vivíais en la otra punta, ¿no?
-¿Te lo ha contado?
-Claro, hablamos de muchas cosas. Somos una pareja.
-Pues sí, lo normal.
-¿Cómo podías hacer algo así?
-Pues todo empezó a las pocas semanas de llegar. Mis compañeros de piso empezaban a traer a chicas y yo aguantaba y aguantaba hasta que ya no pude más. Montaron una fiesta y empezamos a beber y pues me lie con una. Luego me desperté con ella en mi cama y joder… Que mal lo pasé.
-¿En serio?
-Sí.
-Te sentiste tan mal que seguiste haciéndolo, ¿no?
-¿Qué pasa? Que tú no has hecho nada mientras que estabas en la universidad, ¿no?
-Pues claro que he hecho, pero no estando con alguien.
-Pues me sentía mal, pero me acabó gustando y siempre que se me presentaba la ocasión, pues la aprovechaba. Tampoco es que fuera yo buscándolo.
-Te excusas demasiado intentando ocultar lo cabrón que eres.
-Joder, ni que hubiera matado a alguien.
-No, pero es de ser un cabrón hacer eso, la verdad. ¿Por qué no cortaste con ella en cuanto te follaste a la primera?
-Porque Elena es muy sensible y sabía que le iba a hacer mucho daño.
-Y hacer lo que le hiciste no, ¿verdad?
-Yo que sé… No sabía como afrontar eso.
-Ella me dijo que se portaba bien contigo.
-Claro, ella es una chica muy buena. En eso no le puedo echar nada en cara.
-Entonces, ¿por qué te apartabas de ella cuando estaba mal? Me dijo que cuando se encontraba mal por alguna cosa o por estar agobiada por los exámenes, que tú te apartabas y que cuando se le pasaba pues ya ibas con ella.
-Bueno, eso…
-Es que no sé para qué coño quieres estar con alguien si no te preocupas por ella. Sería por follártela, pero es que según lo que le dijiste cuando rompió contigo, tampoco era por eso.
-A ver… Me apartaba porque yo me agobiaba porque cada vez eran más frecuentes sus bajones y llegó un punto en el que me sentía sin espacio.
-¿Te has parado a pensar que sentía que no te tenía para ella y que por eso buscaba apoyo en ti a todas horas?
-Esa es otra. Era celosa. Si se acercaba una chica y hablaba conmigo durante un rato, venía corriendo.
-Quizá ya se olía lo que había y por eso se ponía así.
-No sé… Y lo del sexo, pues fue una calentada por el momento, se lo dije porque me puse nervioso. Pero es verdad que era paradita y estaba con cada chica que…
-¿Paradita?
-Pues sí. Ambos fuimos nuestras primeras parejas y al principio iba todo muy bien, pero al estar con otras chicas pues como que la cosa se quedaba estancada. La diferencia entre ella y las demás chicas era muy grande. ¿Contigo no es paradita?
-Mira, he estado con varias chicas y te puedo decir que no he estado con nadie como ella.
-¿En serio?
-Te sorprenderías.
-Ya…
-¿Sabes? A las pocas semanas de estar juntos me dijo que había sentido más conmigo que en 5 años contigo. Eso dice mucho de como te has involucrado tú en la relación que tuvisteis.
-Bueno, suficiente. Ya hemos hablado demasiado.
-Está bien. Me voy. Pero solo te voy a pedir una cosa. (dije levantándome y yendo hacia la puerta para irme)
-¿El qué?
-Sí de verdad alguna vez te ha importado, no te acerques a ella más. Ella está bien conmigo y no quiero que sufra.
-Vale, no me acerco a ella más.
-Alejandro, va en serio. Como le hagas algo te arranco la cabeza.

En ese momento oí un ruido, como si alguien se estuviera yendo desde cerca de donde estábamos a otro sitio. Después nos despedimos con un simple adiós, montando en el coche para irme a casa. Cuando llegué a casa me puse a pensar en lo que acababa de pasar. Me sorprendió que Alejandro hubiera permitido esa conversación. Saqué varias cosas en claro de aquella conversación. Alejandro era alguien egoísta, a pesar de que dijera que no le dijo nada ni cortó con ella por no hacerla sufrir, pero bien que aprovechaba para tirarse a todo lo que podía. También pensé que era un cobarde por no afrontar sus problemas en la relación, apartándose con el mínimo inconveniente que se le presentaba. La conversación me dejó un sabor un poco amargo por descubrir que lo que pensaba Elena de que le engañaba desde que entraron a la universidad era verdad. No quise darle más vueltas y me fui a dormir.

Al día siguiente me desperté para empezar a trabajar, sin ningún mensaje, ni llamada, ni nada raro. Ya por la tarde me escribió Irene.

-Javi, he hablado con Ángela.
-¿Y bien?
-Pues estaba bastante molesta.
-Ya, se fue un poco cabreada.
-Hemos estado hablando un poco para que me contara y bueno, ya está más calmada.
-¿Sí?
-Sí. Pero me ha dicho que quiere hablar contigo para comentarte una cosa y de paso pedirte perdón por ponerse así.
-Vale, sin problema.
-Pero los dos a solas.
-Vale. No creo que intente nada.
-Yo tampoco lo creo.
-Al final Elena se enteró de que me vi con Ángela.
-¿Se ha chivado su hermana?
-No, se enteró de casualidad cuando su hermana y una amiga suya que iba con ella lo hablaron.
-¿Y qué tal?
-Pues ya sabes, fue un poco… Pero bueno, lo hablamos y no pasó nada. Le expliqué lo que pasó y ya está.
-¿Le has dicho que pasó la noche conmigo?
-No, pero ella no es tonta, jajajaja.
-Espero que no le molestara.
-No, no pasa nada.
-Vale.
-También le comenté lo de Sofía.
-¿El qué?
-Pues todo lo que pasó.
-Uff… ¿Y qué tal?
-Bien, no se lo tomó tan mal y entendió por qué no se lo conté antes.
-Genial entonces, ya no hay secretos entre vosotros.
-Sí, también me contó lo que le pasó a ella.
-¿También?
-Sí.
-Yo no quise decirte nada porque no me quería meter… La cosa estaba muy delicada como para meter más leña al fuego. Me dijo que no te lo quería decir porque tenía miedo a que la dejaras. Estaba muy asustada y arrepentida.
-No te preocupes, no pasa nada. Es necesario que ambos tengamos en quien apoyarnos cuando pasa esto. Yo con lo de Sofía me apoyé en vosotros y me ayudasteis y tal.
-Claro.
-Hablando de Sofía, ayer me llamó, pero le dije que no podía hablar.
-Será para decirte como ha ido la cosa con nosotros. Nos escribimos de vez en cuando, nos calentamos bastante.
-Este sábado entonces vais a estar que no veas… Luego me cuentas qué tal.
-Pues claro. Luego me cuentas tú como va la cosa con Ángela.
-Vale.
-Te dejo, que entro a trabajar.
-Vale, luego te cuento.

En cuanto dejé de hablar con Irene, le escribí a Ángela para preguntarle como estaba y para ver cuando quería quedar. Me dijo que estaba bien y que quedaríamos el siguiente día por la tarde en un parque para hablar tranquilamente. Después me puse a trabajar, pero me llamó de nuevo Sofía, como hizo el día anterior. Solo me dijo que era para decirme como iba la cosa con Irene y Mario, diciendo que estaba con muchas ganas y que ambos eran muy buenos con ella. Yo le comenté que estaba con mi pareja y que le comenté lo que pasó entre ella y yo, con lo de las fotos y demás. Ella se sorprendió bastante por contarle algo así y se alegró de que no pasara nada. El resto del día transcurrió con normalidad, hablando con Elena por la noche. Estaba de buen humor, aunque seguía diciendo que le gustaría pasar más tiempo conmigo. Le dije que el sábado dijera en casa que dormiría con una amiga para así poder pasar la noche juntos. Le hizo mucha ilusión y se animó bastante más. Se me olvidó comentarle lo de que al siguiente día quedaría con Ángela para hablar con ella, por lo que pensé en ir a verla al siguiente día antes de ver a Ángela.

El día siguiente fue con normalidad, yendo a casa de Elena. Aparqué cerca y le dije por mensaje que saliera a su puerta. Sin contestar salió rápidamente, mirando hacia los lados, viniendo corriendo al coche en cuanto lo vio. Se montó y agarró de la cara para darme un beso con muchas ganas.

-Joder, que ganas tenías de verme…
-Siiiii…
-¿Tienes ganas de que llegue mañana?
-Ni te imaginas…
-Voy a ver si puedo convencer a mis padres para que se vayan todo el fin de semana por ahí. Luego te aviso para que digas en casa que te vas todo el finde con unos amigos o algo.
-Uff, que bien. Ojalá pueda ser.
-A las malas, si veo que no puede ser, vamos a un hotel.
-No hace falta, con estar contigo me vale.
-Bueno, ya veremos.
-¿Y qué haces aquí?
-Pues que me apetecía verte.
-Mmm…
-Y de paso para decirte una cosa que se me olvidó ayer.
-¿El qué?
-Que Irene ha hablado ya con Ángela.
-Ah, ¿y qué tal?
-Pues parece que está más tranquila, pero que por lo visto quiere hablar conmigo a solas.
-Ah, vale. Se querrá disculpar.
-Eso creo yo.
-¿Y cuándo habéis quedado?
-Pues en un rato.
-Pues venga, ve y habla con ella.
-Luego te llamo cuando acabe.
-Vale, suerte.

Y nos despedimos con un beso, saliendo luego Elena del coche y entrando a su casa, diciéndome adiós con la mano mientras sonreía. Durante toda la conversación la noté de muy bien humor, sin torcer el gesto cuando saqué el tema de que había quedado para hablar con Ángela, todo lo contrario, lo veía bien, razonando por qué era y dándome suerte para que la charla saliera bien. Eso hizo que estuviera de muy buen humor y que fuera con confianza para hablar con Ángela. Fui de nuevo hasta mi ciudad, aparcando el coche en casa y yendo andando hasta el parque en el que habíamos quedado. Llegué al parque y la vi sentada en un banco, distraída mirando a unos niños jugar. Iba tan guapa como siempre, bien vestida, aunque sin ir muy arreglada, con una camiseta ajustada sobre la que llevaba una fina chaqueta que era un poco larga, unos vaqueros ajustados y unas converse. Llevaba un maquillaje muy ligero y unos moñetes como los que se hacía Elena. Me puse a su lado y en cuanto giró su cabeza, se levantó rápidamente para darme dos besos.

-¿Qué tal?
-Bien, bien. Es que quería hablar contigo, ya sabes.
-Sí, claro. ¿De qué se trata?
-Lo primero, pedirte perdón por ponerme así sin venir a cuento.
-Bueno, no es para tanto. Necesitabas soltarlo y te salió así, no le des importancia.
-¿Te molestó?
-Las formas no, entiendo que estuvieras enfadada. Pero esas palabras sí que me hicieron daño, no te voy a engañar.
-Lo siento.
-No, lo siento yo por no haberme dado cuenta y no pensar en ti.
-También me quería disculpar por lo que pasó con Elena en la cafetería cuando nos conocimos. Estuvo muy fuera de lugar eso que dije y no pretendía haceros daño ni que os sintierais incómodos.
-Bueno, no pasa nada.
-Es que soy idiota, de verdad. Me puse un poco celosa.
-¿En serio?
-Sí. Te vi ahí con tu chica, como os mirabais, con esa complicidad y todo y pues me puse celosa.
-Ángela, yo…
-Bueno, empezó en el pub, cuando nos encontramos por primera vez, ya vi entonces como la mirabas, como la abrazabas y besabas. No os podía quitar el ojo de encima…

Yo me mantenía en silencio mientras ella seguía:

-Mientras te miraba se me venían tantísimos recuerdos de cuando estábamos en la universidad, que bueno… Me dio hasta cosa y quería seguir viéndote, por eso te dije de quedar para tomarnos un café.
-¿Y lo de que fuera Elena?
-Pues porque si no iba sabía que me iba a echar encima de ti. Pensé que si ella estaba me podría contener, pero me empecé a poner celosa y se me fue la boca.
-Joder, Ángela. Me jode mucho que estés así porque yo te aprecio y quiero que sigamos siendo amigos.
-Ya…
-Lo digo en serio. Para mí, tú también has sido muy importante, solo que tienes que entender que yo estoy con alguien.
-Si lo entiendo, de verdad. Pero es que pues no sé…
-Elena también se siente mal, por cierto.
-¿Cómo?
-Pues que hemos hablado de lo que pasó el otro día y se sentía mal por lo que me dijiste. Ella te vio como un obstáculo y bueno, la cosa se puso tensa, con ella medio imitándote al vestir y maquillar y tal.
-Joder, lo siento.
-Da igual, ya pasó. Dice que cree que sigues colada por mí.
-Tu chica es muy lista, y no lo digo a malas, de verdad, jeje.
-¿Y qué tal con Irene?
-¿A qué te refieres?
-Me contó lo que pasó donde trabaja.
-Eh…
-Que no pasa nada, ¿eh? Solo que me pareció curioso, porque no sabía que también te iban las chicas.
-Bueno, ya viste que me fui con ellos una vez, ¿no?
-Sí, pero una cosa es un trío y otra cosa es eso.
-Pues sí, también me gustan las chicas, pero que no es de ahora. Desde que nos conocimos ya era así.
-Joder, si lo sé propongo un trío con otra chica, jajaja.
-Javi… Ya sabes lo que sentía por ti. Aceptaba que estuvieras con otras porque bueno, al fin y al cabo, no éramos pareja y era lo que había, pero otra cosa sería ver como te follabas a otra.
-Joder, ¿para tanto era?

Ángela miró hacia el frente asintiendo.

-Pero…
-Estaba enamorada de ti.
-Joder… (susurré)
-Eso me lleva a decirte lo otro.
-¿El qué?
-Joder… Me prometí que no iba a llorar, pero uff… me está costando mucho… (dijo mirando hacia arriba con los ojos vidriosos)
-Ángela, me estás asustando…
-Es que creo que me está volviendo a pasar y no quiero porque sé que tú no quieres. Recordar todo eso… He pasado unas semanas un poco malas.
-Ángela, yo no sé qué decir…
-No tienes que decir nada. Solo que bueno, las cosas pasan, los sentimientos surgen y no se puede hacer nada.
-Pero…
-Y por eso te quería decir que me voy de aquí.
-¿Cómo que te vas?
-Me voy a vivir a otra ciudad.
-¿No crees que eso es un poco extremo?
-Puede, pero sé que estando aquí voy a buscarte y me voy a obsesionar.
-Pero, ¿a dónde vas a ir?
-Una amiga me ha dicho de un trabajo y voy a probar suerte.
-¿Dónde?
-Javi… (dijo negando con la cabeza)
-Ángela… Yo… Ojalá pudiera ser de otra manera. Yo no quiero que estés así y me gustaría que siguiéramos siendo amigos.
-Ojalá pudiera ser, pero es que sé que no. Y no quiero sufrir otra vez por lo mismo.

Me quedé en silencio, mirando al frente. Me daba mucha pena Ángela y me sentía realmente mal por ella. No tenía ni idea de que estuviera así, ni fui capaz de ver nada de eso en su día cuando íbamos a la universidad, ni entonces.

-Bueno, me voy ya. No te quiero robar más tiempo.
-Entonces, ¿ya no nos veremos más?

Ángela negó con la cabeza lentamente mientras de sus ojos caían unas lágrimas finas.

-Lo siento. (dije susurrando mientras la abrazaba)
-Va, ya está. Que no quiero llorar más.

Ambos empezamos a andar en sentidos opuestos, hasta que ella me llamó.

-Javi, espera.

Me di la vuelta y antes de que pudiera preguntar qué quería, agarró mi cara y tiró de ella hacia abajo para darme un beso. Tenía sus ojos cerrados y me besaba de una manera muy dulce, intentando meter su lengua tímidamente, nada que ver con los besos que me daba años atrás. Me dejé llevar y abrí mi boca para recibir su lengua, entrelazándolas en un largo beso, en el que podía saborearla, con un dulzor que no recordaba. Cuando nos separamos ella seguía con los ojos cerrados, saboreando el beso que nos acabábamos de dar, pasando su lengua por sus labios. Una vez los abrió, me miró sonriendo, acariciando mi cara.

-Me quería despedir bien.

Bajó sus manos desde mi cara hasta mi pecho, acariciándolo, para después darse la vuelta y empezar a andar, quedándome yo quieto donde me había dado el beso, viendo como se alejaba sin mirar atrás hasta que la perdí de vista. Me quedé ahí un buen rato intentando asimilar todo lo que acababa de pasar. Después de hacer de mimo un rato, regresé a mi casa. Cuando llegué me quedé sentado en mi escritorio, me puse a pensar en el beso. Yo tenía muy claro que quería estar con Elena y lo que sentía por ella, pero ese beso me hizo sentir algo, como si al abrirse Ángela así conmigo, ese beso hiciera de puente para verla de otra manera. Rápidamente deseché todos esos pensamientos de mi cabeza, ya que no le veía sentido porque no quería hacerle daño a Elena por obvias razones y Ángela se iba a otro lugar, dejando todo atrás para no sufrir más.

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