KERANOS

Entonces, Sofía me mandó unas fotos. En una salía enseñando sus tetas, con una camisa blanca desabrochada, con el sujetador subido por hasta la barbilla, también se veía que llevaba una chaqueta de traje. Se le podían ver los pezones duros e hinchados, pellizcándose uno y tirando de él. En otra foto salía con la falda remangada, con las braguitas echadas a un lado, separándose los labios del coño con los dedos. En otra ya se metía los dedos, muy profundamente, pero pudiéndose ver bien el coño. Y en la última salía media cara de ella, viéndose como se chupaba los dedos con una sonrisa.

-Sofía…
-Es tu culpa. Estoy necesitada y me hablas así…
-Joder…
-Lo siento si te ha incomodado.
-No es eso, pero es que… No sé por qué te he hablado así, no debería…
-No te preocupes hombre. A nadie le amarga un dulce, no le estás engañando ni nada.
-Ya, pero no me siento bien con esto…
-Vale, no volverá a pasar.
-Tengo una idea.
-¿Sí?
-Sí, pero necesito saber qué te va.
-Pues me gustan que me follen duro, que me azoten fuerte…
-No, no me refiero a eso… Jajajaja.
-Ah… Jajajaja. ¿Entonces?
-Pues si te gustan también las chicas.
-Pues… he tenido mis experiencias, pero no me han terminado de gustar.
-Pero, ¿en plan a solas o cómo?
-En algún trío.
-Vale, perfecto.
-¿Cómo? No me digas que tú y tu chica…
-No, no. No somos nosotros. Pero si te puedo decir que tienen mucha experiencia, sobre todo la chica.
-Pero, ¿cómo voy a hacer con algo así con gente que ni conozco…?
-De hecho, sí que los conoces.
-¿Tus amigos que estaban en la cafetería?
-Sí.
-Hombre, pues el chaval era bien guapo y rubito con los ojos azules…
-¿Y qué me dices de la chica?
-Es guapa y tal, pero es que no me fijo.
-Desnuda está muy muy bien.
-¿La has visto desnuda?
-Sí y a él también.
-¿Habéis hecho un trío?
-No exactamente.
-¿Entonces?
-Bueno, eso da igual. Lo que sí te puedo decir es que la chica está tremenda y el chaval pues tiene sus músculos marcados, con sus abdominales y tal.
-¿Y la polla?
-Jajajaja.
-Va, dímelo…
-A ver, no la tiene tan grande como yo…
-Vaya…
-Pero sí que la tiene más gorda, sorprende un poco de hecho.
-Ufff… Me vale.
-¿Quieres que les pase tu número y que te hablen?
-Venga, va.
-No te vas a arrepentir.
-A ver, prefiero con otro chico, ya sabes… Pero bueno, ese chico también me gusta.
-Vale, ahora se lo comento.
-Enséñales las fotos que te he pasado.
-¿Segura?
-Sí, me da morbo, a ver como me hablan después de verlas.
-Jajajaja, vale.

En cuanto dejé de hablar con Sofía, le mandé un mensaje a Irene, ya que sabía que por la mañana no trabaja y estaría libre, diciéndole que quería comentarles una cosa, diciéndole de quedar para comer los tres juntos. Me preguntó que de qué se trataba, pero le dije que sería mejor hablarlo en persona, que era importante. Me dijo que no había problema, así que a la hora de comer fuimos a un bar, encontrándomelos en la terraza, sentándome con ellos.

I: ¿Qué pasa? ¿Qué es eso tan importante que nos tienes que contar?
M: Eso, que la has acojonado.
J: Chicos, Elena y yo hemos roto. (dije con la cara muy seria)

Mario se quedó callado, mientas que Irene abrió mucho los ojos, quedándose también unos segundos en silencio.

I: ¿Qué?
J: Pues eso, hemos roto. Ella cree que no estoy el suficiente tiempo con ella y yo estoy un poco agobiado y más con sus celos y lo que pasó en el viaje de trabajo.
M: ¿Qué dices, tío?
I: Javi, por favor…
J: Nah, es coña.
I: ¡¿Pero tú eres gilipollas?!
J: Jajajajaja.
M: Tío, que cabrón eres…
J: Joder, qué cara habéis puesto… Jajajaja.
I: Eres un capullo, Javi.
J: Venga, coño, un poco de sentido del humor.
I: ¿Para eso hemos quedado?
J: No, es para otra cosa.
M: ¿El qué?
J: Traigo buenas noticias.
I: Espérate, que todavía se casan.
J: ¿Dónde vas? Anda, cállate…
I: Vaaaaaya, ¿ahora dónde está el sentido del humor?
J: Joder, que rencorosa eres…
I: Mmm…
J: Pues a ti seguro que era a la más ilusión te haría esto…
I: A ver, ¿qué es?
J: No sé si decirlo ahora…
M: Venga, Javi, no te hagas de rogar.
I: Estás muy capullo hoy, ¿eh?
J: Vale, vale. He estado hablando con Sofía y no sé como una cosa ha llegado a la otra y nos hemos puesto a hablar de sexo.
I: Huy… Seguro que ella tampoco lo sabe… Jajajaja.
J: Bueno, sí, lo de la otra vez, que le están saliendo telarañas ahí y necesita un polvo.
I: Pues eso, lo está buscando.
J: Pero que me ha pasado fotos de ella desnuda y todo…
M: Joder con la chica esta.
J: La he parado porque vaya tela, pero le he dicho que tenía una idea.
I: ¿No me digas que…?
J: Le he preguntado que si le van las chicas también y me ha dicho que ha probado en tríos pero que no le ha convencido mucho y yo le he dicho que tenía unos amigos que eran especialistas.
I: Que tonto eres, de verdad, jajajaja.
M: Joder de verdad, ni que nos dedicáramos a esto…
J: En resumen, que sí, que quiere hacer un trío con vosotros.
I: ¡Ay!
M: Buah, de puta madre.
J: Le he dicho que tú estás muy bien y también le he dicho como la tiene Mario.
I: ¿Muy bien solo?
J: Vale, muy muy bien.
I: Eso está mejor.
J: Así que ya tenéis plan, me ha dicho que os pase su número y que habléis con ella.
M: Genial.
I: Uff, que ganas. (decía frotándose las manos)

Empezamos a comer, con Irene con las mejillas ligeramente encendidas, claramente estaba excitada y Mario también, porque de vez en cuando le echaba mano al paquete. Cuando estábamos terminando, saqué de nuevo el tema.

J: Por cierto, casi se me olvida…
I: ¿El qué?
J: Me ha dicho que le daba morbo, así que mirad.

Entonces saqué el móvil y les puse las fotos de Sofía para que las vieran. La cara de Mario era de estar muy cachondo, relamiéndose, pero la de Irene ya era puro vicio, con los ojos muy abiertos.

M: Como está la cabrona…
I: Joder… Que ganas tengo de comérselo todo…
M: Con la edad que tiene, tiene que tener experiencia, que ganas, coño…
I: Huy, ¿y esto?

Me acojoné un poco por el tono con el que había preguntado eso. ¿Qué estaba viendo?

Entonces me devolvió el móvil, con una foto de Elena desnuda.

J: ¿Pues qué va a ser? (dije aliviado)

Por un momento creí que era un nude de Noelia, cosa que me hubiera metido en un lío si llega a ser así, porque a pesar de tener muchísima confianza con ellos, no les había dicho absolutamente nada de ese tema. Lo que pasaba entre Noelia y yo solo lo sabía María. Me planteé contarles todo, pero veía muchas lagunas, siendo la principal que se escapara algo delante de Elena.

I: Ayyyyy, ese chochito, que rico está. Quiero volver a comérselo.
J: Por mí no hay problema, ya lo sabes.
M: Quien pudiera…
J: Eso ya es más complicado. Elena es muy suya para eso…
M: Sí, el problema es Elena solo…
J: Bueno, ¿no te acuerdas cuando le cogí la mano para que te agarrara la polla?
M: Ya, eso sí.
J: Además, no os quejéis, que os vais a follar a ese pibón.
I: Vale, vale, tranqui. Venga, vámonos ya, que quiero hablar con ella.
J: Vaya, ahora prisas… jajajaja.
I: Me he puesto muy cachonda sabiendo que vamos a poder estar con ella y más viéndola desnuda. Necesito echar un polvo y ya mismo tenemos que ir a trabajar.
J: Jajajaja, pues venga, que os cunda.

Pagamos y nos fuimos del bar, diciéndoles yo que me contaran como iba la cosa con ella.

El cuanto llegué a casa me puse a trabajar, borrando antes la conversación con Sofía, porque si Elena la veía, podría malinterpretar todo y más viendo como se puso con Ángela y todo lo que pasó con ella. Sobre las 6 de la tarde me llamó Elena.

-¿Qué pasa mi vida?
-…
-¿Elena?
-Javi… (dijo con tono tristón)
-Huy, ¿todo bien?
-No…

Me alarmé al verla así, no sabía por dónde me podía salir.

-Pero, ¿qué pasa?
-Ya está.
-¿El qué?
-Ya se ha vendido mi casa.

Respiré aliviado al ver que no era algo más grave.

-Bueno, sabíamos que esto iba a pasar tarde o temprano.
-Ya, pero…
-Venga, que voy a por ti y pasamos la tarde juntos.
-Tengo que llevar lo que me queda aquí a casa de mi abuela.
-Pues te ayudo, así es más fácil.
-Vale…

Fui a casa de Elena, pensando lo sensible que era en realidad, ya que cuando la conocí no la veía así para nada, siempre me había parecido una chica muy dura, y más cuando la vi discutir con su novio cuando después fuimos al parque. Incluso cuando nos empezamos a ver después de que rompiera con él, en nuestros encuentros la veía diferente a como la veía ahora. Cuando llegué a su casa me la encontré sentada en el escalón de su puerta, apoyando su cara en sus manos. En cuanto aparqué y me bajé del coche, vino hacia a mí, abrazándome fuertemente. Estaba bastante triste, pero no llegaba a llorar. Entramos a su casa, empezando a recoger todo lo que había que llevarse, en silencio. Una vez acabamos, Elena se quedó con los brazos en jarra, mirando la casa por dentro, parándose de nuevo en la puerta antes de salir, haciendo lo mismo. Cuando salimos de la casa, se quedó frente a la puerta unos segundos, mirándola en silencio. Después nos montamos en el coche, quedándonos en silencio, con ella mirando por la ventana. Fuimos a casa de su abuela y ella dejó sus cosas, saliendo a los pocos minutos para montarse de nuevo en el coche. La llevé a mi ciudad, dejando el coche en mi casa y yéndonos a dar un paseo.

Estuvimos andando por mi ciudad hasta que anocheció, hablando con ella para intentar animarla. Después fuimos a cenar a un restaurante, volviendo hacia mi casa para llevarla a la suya. Aún la veía de bajón, por lo que intenté pensar algo y de casualidad estábamos cerca del parque donde tuvimos nuestro primer «encuentro». Tiré de su mano para ir hacia allí, entrando al parque, que ya de noche estaba muy bonito, con las luces y más en primavera, con todo florecido. Le pasé el brazo por los hombros y fuimos dirección a nuestro rincón. Una vez llegamos ella se abrazó a mí, tapando su cara al echarla contra mi pecho en el abrazo. A los pocos segundos despegó su cara de mí, mirando hacia arriba para mirarme con una gran sonrisa. Prácticamente era la primera vez que la veía sonreír en todo el día. Nos sentamos en el mismo lugar, con ella encima de mí. Nos mirábamos a los ojos, dándonos varios besos. Entonces, como la otra vez, le puse la mano en el muslo, subiendo por él y empezando a tocarle por encima, metiendo la mano después, jugando con su vello mientras ella empezaba a ronronear y me miraba con unos ojitos brillantes que me aceleraba el corazón. Le empecé a acariciar la raja suavemente, para luego hacerlo más rápido, empezando a humedecerse. Después pasé a estimularle el clítoris haciendo movimientos circulares, mientras ella jadeaba y me besaba, entonces le empecé a meter los dedos, empezando a gemir. Empecé metiéndole uno, para a los pocos segundos meter otro más, acelerando el ritmo conforme pasaban los minutos. Se empezaba a estremecer, poniendo mi mano e mi paquete, ahogando sus gemidos al besar mi cuello. Entonces me paró, agarrando mi mano con fuerza.

-¿Qué pasa?
-Esta vez quiero que haya algo más.
-¿Segura?
-Sí.

Entonces se levantó para asomarse y comprobar que no había nadie, volviendo y poniéndose de rodillas, cogiendo mi cara y besándome con intensidad.

-Quiero que me folles aquí. Este sitio es muy especial para nosotros.

Me dio otro beso y se puso a 4 sobre el césped, apoyándose en sus manos y rodillas. Se bajó los leggings y las braguitas hasta medio muslo. Se echó saliva en los dedos, para llevarlos a su coño y mojarlo. Me bajé los pantalones y los boxers y se la empecé a meter directamente, soltando ella un gemido y encogiendo su cuerpo. Empecé a follarla despacio, agarrándola de las caderas, aumentando el ritmo poco a poco. Llegó un momento en el que la follada era rápida, con Elena tapándose la boca con la mano para no hacer ruido. Entonces me cogió una de las manos para decirme:

-Más fuerte (con voz entrecortada)

Le empecé a follar más fuerte, haciendo bastante ruido mientras ella agachaba la cabeza y seguía ahogando sus gemidos con su mano. Entre la follada que le estaba dando y lo cachondo que estaba por el morbo de hacerlo ahí, sentía que me iba a correr rápido.

-Elena, no voy a aguantar mucho más…
-Espera un poquito, que ya casi estoy (dijo con la voz entrecortada)

Seguí hasta que ella empezó a temblar, retorciéndose. Ya no pude más y saqué mi polla de ella, corriéndome fuera, en el suelo, ya que no podría limpiarse si acaba dentro y no me daba tiempo a incorporarla para hacerlo en su boca. En cuanto acabé, me puse bien la ropa y también se la puse a Elena, cogiéndola en brazos y sentándola encima de mí. Ella se abrazó a mí con fuerza, notando como seguía temblando con algún fuerte espasmo. Cuando se terminó de recuperar nos fuimos paseando hasta mi casa, para después llevarla a su casa. Cuando llegamos aparqué cerca de casa de su abuela. Apagué el motor y me quedé mirándola.

-¿Qué pasa?
-Nada, que me he puesto a pensar.
-¿En qué?
-Pues que no sabía que eras tan sensible. Siempre te he recordado como una chica más pasota.
-Ah, ¿sí? Jajajaja.
-A ver, te veía como una chica que no le afectaban tanto las cosas, no recuerdo verte así nunca cuando nos conocimos, ni cuando discutiste con Alejandro, te enfadaste mucho, pero no te pusiste así.
-Es que no me gusta mostrarme así delante de todo el mundo. Solo me ven así las personas que me importan de verdad.
-¿Has hablado con tu madre lo de la casa?
-Sí.
-¿Y qué te ha dicho?
-Que sabe que estoy triste por eso, pero es que no tenemos otra opción.
-Bueno, piensa que ahora vais a estar más en familia, tu abuela ya no estará sola.
-Sí, eso sí. Está encantada y yo también por estar con ella.
-Pues quédate con eso. Yo sé que es duro, pero es que no se puede hacer nada. Siento no poder ayudar.
-¿Estás de coña? Javi, esta tarde la has pasado entera conmigo, intentado animarme, me has llevado a cenar por ahí y luego lo del parque. Ha sido especial. Gracias.
-Sabes que no me gusta verte así.
-Lo sé. Oye, ¿ahora cómo vamos a hacer para vernos?
-Pues tenemos mi casa, aunque no tengamos tanta intimidad.
-Bueno, en la mía tampoco es que tuviéramos mucho con mi hermana, jajaja.
-No te preocupes, ya verás como encontramos una manera.

Elena se abrazó a mí con fuerza, dándome las gracias de nuevo por alegrarle el día. Nos despedimos quedando en que hablaríamos por teléfono.

Regresé a mi casa, hablando con mi madre sobre lo que había pasado, diciéndole que me gustaría llevarla allí más, ya que ahora no teníamos ningún sitio en el que estar a solas. Ella me dijo que sin problema, que le hacía ilusión que estuviéramos más allí, así nos vería más, sin llegar a entender lo que le quería decir en realidad, por lo que fui más específico. Una vez lo entendió, entre risas tontas, me dijo que no había problema, que le avisara y que se irían por ahí o algo. Después me fui a mi habitación, echándome en la cama, pensando en lo de la casa de Elena. Me dio bastante pena por ella, porque le importaba mucho, pero a mí me venía perfecto porque así no tendría a penas contacto con Noelia, ya que todo pasaba allí, ahora lo tendría muy complicado para forzar esas situaciones, aunque también parecía que con su tema con María estaba más calmada en ese aspecto. Dándole vueltas al tema se me vinieron las palabras de Irene y Mario de que me independizara, para tener un lugar en el que estar ambos tranquilos. Pensé en dejar ver como iba en mi casa y si no me convencía, pues ya buscaría algo para estar ambos solos. Al pensar en las palabras de Irene y Mario, me acordé también de lo que se traían con Sofía, por lo que le mandé un mensaje a Irene preguntándole, pero no me respondía. Al rato me quedé dormido.

Al día siguiente me desperté para empezar otro día de trabajo. Tenía mensajes de Elena, dándome las gracias de nuevo por animarla el día anterior y por todo lo que hacía por ella. También tenía un mensaje de Noelia.

-Parece que te vas a poder librar de mí…
-Eso parece.
-Voy a echar de menos verte, ahora a saber cuándo te veo… 
-No puedo decir lo mismo…
-Ya… ¿Y ahora cómo vais a hacer tú y mi hermana para veros?
-Pues en mi casa, no hay otra.
-Ah, pues luego me voy con vosotros para estudiar allí también.
-Sí, claro. ¿Algo más?
-Joder, Javi, que estoy de coña…
-Sí, claro…
-Que es verdad, joder… Encima que me preocupo por vosotros…
-Vale, ya está.
-Si yo estoy guay con María.
-Vale, vale.
-Es que no me gusta que estés tan a la defensiva conmigo…
-Noelia, ¿cómo quieres que esté después de todo lo que ha pasado?
-Vale, sí, llevas razón. He sido muy mala, una cabrona. Pero quiero que nos llevemos bien.
-Si me parece bien que pienses eso, pero también tienes que entender que no me fio todavía.
-Vale…

Parecía que no me iba a librar tan fácil de ella, después de todo quería que me llevara bien con ella, pero no paraba de vacilar. Ni de coña me fiaba de ella y dudaba que lo hiciera en algún momento.

Al medio día Irene me empezó a mandar mensajes.

-Javi, que anoche estuvimos ocupados y no te pude contestar.
-No pasa nada.
-Pues ayer no tenía mucho lío en el trabajo y hablé con ella y uff… Que morbo de tía. Se nota que le va mucho la fiesta.
-¿Sí?
-Joder… Me puse de cachonda que no veas…
-Guay entonces. ¿Para cuándo habéis quedado?
-Para este fin de semana.
-Tienes ganas, ¿no?
-Joder que si tengo ganas…
-Entonces anoche hubo fiesta con Mario, ¿no?
-Y antes…
-Ostia, ¿y eso?
-Pues al rato de hablar, ¿sabes quién entró en la tienda?
-¿Quién?

-Ángela.
-Huy…
-Entró para mirar ropa y le expliqué que trabajaba ahí y bueno, se empezó a probar ropa y como yo estaba muy cachonda. Como no había mucha gente por la calle, eché la llave para cerrarla y fui a los probadores y le empecé a comer la boca.
-¿Pero a ella le va eso?
-¿No decías que la conocías?
-Sí, la conozco desde hace bastante, pero no sabía que le iban también las tías.
-Pues sí, es bi. Y es tan guapa y está tan buena… con esas tetitas y ese culazo…
-Sí, eso sí.
-Y te mira con esos ojazos que uff… Pues no pude aguantar y le empecé a comer la boca y acabamos follando ahí.
-Joder…
-Fue algo rápido, pero lo bueno era que como fue ya casi cuando había que cerrar, pues le dije que se viniera a casa y volvimos a follar, pero con Mario también.
-Ah, genial.
-No te enfades…
-No, no. Si a mí me la pela lo que hagáis.
-Bueno…
-De verdad, no me importa. Pero prefiero que no digáis nada delante de Elena, ya sabes…
-Ya, eso sí.
-Es que le cae bastante mal.
-Ya. Por cierto, le gustaría hablar contigo, pero no se atreve.
-Huy… Yo paso de historias.
-Que no, Javi. Que se siente mal y más aún por lo de la última vez, que Elena estaba un poco picada y se quedó planchada.
-No sé…
-Mira, aún está aquí durmiendo, ¿quieres que quedemos para comer y habláis?
-¿Todavía está ahí?
-Sí, ha sido una noche muy larga… jajajaja.
-Madre mía…
-Mario el pobre se ha ido a trabajar casi sin dormir…
-Sí, pobrecito…
-Jajajaja. Joder, es que la estoy mirando como duerme y es tan mona… Tiene cara de niña sin maquillar, pero es que es guapísima la cabrona.
-Ya, lo sé.
-¿Quedamos entonces?
-Venga, va. Pero no quiero cosas raras.
-Joder, Javi… ¿Has tenido alguna queja conmigo?
-No.
-Pues entonces. Si sabes de sobra lo importante que sois Elena y tú para mí, ¿qué voy a hacer?
-Vale, vale.

Dejamos de hablar, quedando en un bar a la hora de comer. Me puse a pensar en lo que me dijo Irene. Me sorprendió lo de que Ángela fuera bisexual, en todo el tiempo que estuve con ella, que no fue poco, no había visto el mínimo indicio de que le pudieran gustar también las chicas. Parecía que a pesar de ser amigos y haber estado casi todo el tiempo de universidad en contacto con ella, no la conocía tanto como yo creía, con esto y con lo de que sentía algo por mí sin yo darme tampoco cuenta. Llegó la hora de la quedada, por lo que fui al bar. Ambas ya estaban sentadas en la terraza, uniéndome yo y saludando.

A: Javi, ¿qué haces aquí? (dijo con cara de sorpresa, casi de susto)
J: Me ha dicho Irene de quedar para comer y que…
I: Sí, es que quedamos ayer, ¿verdad Javi? (dijo mirándome para que le siguiera la corriente)
J: Eh… Sí, sí.
A: Bueno, me voy entonces, no quiero molestar.
I: ¿Qué vas a molestar, niña? (dijo cogiendo su brazo para que se sentara de nuevo)
J: Joder, ¿qué te pasa, Ángela?
A: Nada, nada.

Irene se puso a sacar tema de conversación para romper el hielo y que Ángela se relajara. En un momento dado le pregunté si Mario no venía y me dijo que lo iba a llamar, levantándose de la mesa, dejándonos a Ángela y a mí solos, haciéndose un poco incómodo, con ella mirando abajo y de vez en cuando a mí de reojo. A los pocos minutos vino Irene diciendo que Mario había tenido un problema y que tenía que ir a llevarle una cosa. Nos dio dos besos a cada uno y se fue. Ángela se quedó callada, mirando al vaso hasta que por fin dijo algo.

-Bueno, me voy yo también.
-Ángela, ¿qué pasa?
-Nada.
-Sí, venga, que nos conocemos.
-Sí, por desgracia…
-¿Cómo?
-No, que sí, que me conoces bien.
-Estás rarísima.

En ese momento pasaron Noelia y María, saludando entre risas. Ahora el que estaba incómodo era yo, pero para mi alivio no se pararon y siguieron andando.

-¿Quiénes son?
-Mi cuñada y su amiga.
-Ostia, es verdad. La morena se parecía mucho a tu chica.
-Me vas a decir lo que pasa, ¿o qué?
-Ay… Que no pasa nada, de verdad, Javi…
-¿Me vas a hacer rogarte?
-Nada, que me siento mal por estos encontronazos. (dijo haciendo unas comillas con las manos al decir esa última palabra)
-Bueno, cosas que pasan.
-No sé como dije eso cuando estábamos los tres, no quería decir eso.
-No pasa nada, no le des más vueltas.
-Parece que sí pasa.
-Que nooooo.
-Entonces, ¿por qué tu chica se puso así cuando coincidimos la siguiente vez?
-Bueno, eso es otra historia.
-¿Ves cómo sí pasa algo?
-Da igual, déjalo.
-Es que no quiero. Se ha llevado una mala impresión de mí y sabes que no soy así.
-Ya, lo sé.
-Pues claro. Pero no quiero que se quede la cosa así.
-Mira, Ángela, te entiendo, pero Elena no quiere saber nada de ti y se puso mal y no quiero que vuelva a pasar lo mismo.
-Joder, no sabía que hubiera sido para tanto. Me siento mal por ella.
-No te preocupes.
-Sí que me preocupo, porque me hizo mucha ilusión verte, creyendo que nos veríamos más, como antes y ahora me tengo que aguantar con esto.
-Joder, Ángela, no sabía que te sentías así.
-Pues sí, Javi, joder, has sido alguien importante para mí durante varios años.
-No me había parado a pensarlo así…
-Pues deberías pensar también en las demás personas, que el mundo no se acaba en ti y tu pareja.

Entonces cogió su bolso y se fue, sin decirme adiós. Yo me quedé un poco sin saber qué hacer o decir. Simplemente me quedé viendo como se alejaba. Pagué y me fui a casa con un mal sabor de boca, realmente me habían hecho daño sus palabras y no sabía que se pudiera sentir así. Llegué a casa y me dio un poco el bajón, porque además de estar pensando bastante en Ángela, con todo lo que vivimos cuando estábamos en la universidad, pensé también en todos los que me rodeaban recordando esas palabras de Ángela. Sobre todo, pensaba en Noelia, intentando ponerme en su lugar para entender por qué se comportaba así conmigo, pero no veía nada que no hubiera pensado ya. Y esa era otra, Noelia nos había visto juntos y solos, si le daba por soltárselo a Elena, me la podía liar bastante. Me estaba calentando bastante la cabeza, por lo que decidí tomarme la tarde libre jugando y viendo alguna serie. Por la noche me llamó Elena, hablando con ella con normalidad, contándonos nuestro día, sin comentarle nada de lo que pasó mientras comía, dándonos las buenas noches. Después me escribió Irene.

-¿Cómo ha ido la cosa?
-Dime que no ha sido una encerrona.
-No, no. Lo de Mario era verdad. Cuando le he llevado eso le he comentado que estaba con vosotros y ya he ido a comer con él a otro sitio porque habíamos pensado que estaríais mejor solos para hablar.
-Vale.
-¿Por qué? ¿Qué ha pasado?
-Pues se ha enfadado bastante.
-¿Qué dices?

Entonces le expliqué lo que pasó desde que se fue.

-Yo le vi que algo le pasaba, pero tanto…
-Pues ya ves. Me ha puesto bastante mal cuerpo.
-Pues vaya…
-Pero es que ahí no acaba la cosa.
-¿Qué pasó?
-Pues que pasó por ahí la hermana de Elena y nos vio a los dos juntos y solos.
-Joder, que mala suerte, coño.
-Estoy un poco hasta la polla, la verdad.
-¿Y qué vas a hacer con Ángela?
-Pues ni idea.
-Mañana hablo con ella.
-No hace falta.
-Sí, estás en esto por mi culpa. Déjame a mí, ya sabes lo persuasiva que soy. Ya verás como le bajo el enfado.
-Vale, como tú veas.

Dejé el móvil en la mesita, para irme a dormir, pero veía como la pantalla se iluminaba. Me extrañó porque ya era tarde, por lo que lo cogí para ver qué pasaba, encontrándome mensajes de María.

-Javi, ha pasado una cosa. No ha sido culpa de Noelia, pero ha pasado y tienes que saberlo.
-¿Qué ha pasado?
-Pues que estaba esta tarde con Noelia, en casa de su abuela, que ahora vive ahí, imagino que ya lo sabes. Y estábamos hablando y salió lo de cuando te vimos hoy y justo pasó por ahí Elena y nos escuchó. Nos preguntó que quién era y la describimos un poco.
-Joder, ¿y qué ha pasado?
-Pues ha puesto mala cara, como de enfado y preocupación.
-¿Y ha dicho algo?
-No, se fue a su habitación sin decir nada.
-Joder…
-¿Quién era? ¿No la estarás engañando?
-No. Era una amiga de la universidad. Coincidimos y Elena y ella se conocieron y tuvieron un encontronazo y demás.
-Pues deberías hablar con tu chica, a ver si se va a pensar cosas que no son…
-Ya. Gracias por avisar.
-De nada, y perdona por meterte en este lío.
-No te preocupes, no ha sido queriendo.

Anda que había tardado en complicarse la cosa más todavía… Estuve a punto de llamar a Elena para explicarle que no había pasado nada, pero recordé que había hablado con ella no hacía tanto y que no había notado nada raro en su tono de voz ni en su comportamiento. Pensé en dejar que sacara ella el tema si lo creía conveniente, aunque no me gustó eso de que pusiera mala cara cuando se enteró. Pensé en ir al día siguiente a su casa diciéndole que se viniera conmigo para pasar la tarde juntos, aunque tuviera que trabajar, pero por lo menos pasaríamos más tiempo juntos. Pensé en eso porque si se lo preguntaba por mensaje, seguramente se me iba a escabullir, como ya pasó una vez. Dejé el móvil en la mesita, pero me costó mucho dormirme.

Al día siguiente me desperté sin ningún mensaje ni nada, por lo que me puse a trabajar hasta la hora de comer, después fui a casa de Elena sobre las 4 de la tarde, aparcando cerca de su puerta. Le dije me apetecía pasar la tarde con ella, pero como ya imaginaba, ella me rehuía poniéndome escusas como que estaba ocupada con el trabajo, que tenía que estar con su abuela y demás. Le pregunté si todo estaba bien y ella me dijo que sí, que no pasaba nada. Le volví a decir que se viniera conmigo, pero no la convencía, por lo que le solté que estaba ya en su puerta, quedándose sin escribir durante unos minutos, diciéndome que ya salía después. Nada más la vi salir de la puerta, le noté una cara regular. Se montó en el coche, saludando con el mismo tono de siempre. Le fui a dar un beso, pero apartó un poco la cara, dándoselo en la mejilla, y ella a mí otro. Esto sí que me mosqueó un poco, pero no le di importancia, conduciendo hacia mi casa. Cuando llegamos, saludó a mis padres como siempre y fuimos a mi habitación para ponernos a hacer cosas. Estábamos en silencio, cada uno a lo suyo, le ponía la mano en el muslo, con ella sonriendo ligeramente y acariciando mi mano, pero muy lejos de sus reacciones cuando hacía eso.

-Estás muy callada, ¿no?
-No… Estoy concentrada.
-¿Te pasa algo?
-No, no.

Volvimos a nuestras cosas, mirándola yo de reojo, viéndola muy seria. Ya no aguanté más y giré la silla para ponernos cara a cara.

-¿Qué te pasa?
-Que no me pasa nada, Javi.
-Venga, Elena.
-Joder, tío…
-Es por lo de Ángela, ¿no?
-¿Cómo lo sabes?
-Porque me avisaron tu hermana y su amiga.
-¿Hay algo entre vosotros?
-¿Qué dices?
-Os vieron solos y no me habías dicho nada…
-No hay nada.
-¿Entonces?

Le empecé a contar lo que pasó, contando también como se encontró con Irene, pero sin llegar a decirle lo que pasó entre ellas y luego por la noche en su casa.

-¿Por qué no me has dicho nada?
-Pues por esto precisamente. Porque sé como te pones cuando pasa algo con ella, ya sea hablar de ella o verla.
-Es que…
-No pasa nada, yo lo entiendo. No tienes que excusarte de nada ni nada.
-Jo…
-¿Qué pasa?
-Pues que ahora me siento yo mal por ella también.
-Bueno, me dijo Irene que iba a hablar por ella, a ver si la puede calmar un poco.
-Y tú, ¿cómo te sientes?
-Pues no te voy a engañar, me hizo daño. Fue un poco brusca al decírmelo, se levantó y se fue sin decir nada más.
-¿Sabes? Creo que sigue colada por ti.
-¿Tú crees?
-Sí.
-No sé, hubiera seguido hablando conmigo cuando acabamos la universidad, ¿no?
-Puede ser, pero ten en cuenta que, si le dejaste claro que no buscabas pareja, pues a lo mejor no sé atrevió a darte bola.
-Me parece una tontería, si te gusta alguien, ¿por qué no intentarlo?
-Tal vez por el miedo al rechazo. Por eso no te dije nada yo de primeras, un poco por eso.
-No había caído en eso.
-Pues puede ser.
-Pues lo hablaré con ella si se da la ocasión. Pero yo tengo claro lo que quiero y ella lo tiene que entender.

Elena se quedó callada, sonriendo.

-No sé por qué me pongo así de tonta cuando pasa algo, de verdad. Si es que eres un tesoro.
-Sí que lo sabes. Porque has tenido una relación muy larga que no fue muy bien. Y no pasa nada, entiendo que te pongas así.
-Jo…

Elena se puso de pie y me dio un beso, sentándose después, ya más animada para seguir cada uno con nuestras cosas. A los pocos minutos me llamó Sofía.

-Javi, ¿qué tal?
-Sofía, no puedo hablar ahora, estoy liado.
-Vale, luego hablamos.

Dejé el teléfono en la mesa, para seguir trabajando.

-¿Quién era?
-Mi jefa.
-Ah.

Pasaron unos minutos, no notaba nada en Elena, pero me entraron ganas de sinceramente, por lo que volví a girar la silla para estar cara a cara.

-¿Qué pasa?
-Es por esta chica.
-¿De qué se trata?

Le empecé a explicar que Sofía fue conmigo al trabajo en el que estuve fuera durante tres semanas, explicándole un poco la situación.

-Vale, cogisteis confianza.
-Sí, me insistió para salir y en el segundo fin de semana, pues se le fue la mano bebiendo. La dejé en su habitación y yo me fui a la mía.
-Vale, no pasó nada.
-Bueno, luego vino a mi habitación.
-Huy…
-No pasó nada, pero…
-Pero, ¿qué?
-Entró medio empujándome y se plantó en medio de la habitación. Iba con un abrigo y se lo quitó.
-¿Y?
-Pues que sólo llevaba el abrigo puesto.
-Joder…
-Pero no nos acostamos ni hicimos nada, de verdad.
-Vale, Javi. Tranquilo. Yo confío en ti, pero a veces me dan mis cosas.
-Lo pasé mal. Estaba como paralizado. Me empalmé y ella se acercó a mí y me empezó a besar el cuello y me cogió una mano para llevarla a su teta. Pero te juro que no pasó nada más.

Elena se levantó, poniéndose detrás de mí y abrazándome.

-No pasa nada. (dijo susurrando)
-No te quería contar nada de que había una chica conmigo porque te noté mal y no quería que te pusieras peor y más con lo que pasó de últimas.
-Lo sé (dijo de nuevo susurrando mientras me acariciaba el pecho)
-Te lo quería contar al venir, pero pasó eso y preferí omitirlo para que no hacerte daño.
-Javi…
-Dime.
-Yo también te tengo que contar algo.

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s