ALMUTAMID

Parecía que mis últimos días serían relajados. El universo femenino es tan complejo que ningún hombre está capacitado para entenderlo, sobre todo en su contradicción permanente entre lo que se dice y lo que realmente se quiere, convirtiéndonos en una suerte de pitonisas o adivinadores de un oráculo de difícil descifrado en el que si te equivocas sufrirás graves consecuencias.

Como colofón al numerito primero de decepciones de Sol y después de malentendidos sensibles de Ángela decidimos que como era sábado lo mejor era tomarnos una cerveza en la calle después de cenar y que nos diera el aire. Invitamos a Víctor y Miriam, pero con la excusa de que no sabían que íbamos a salir se fueron por su parte. Ni quizá mi última salida en la ciudad rompía sus planes. Demostraba el grado de importancia que yo tenía en sus vidas. Me dolía pero no lo suficiente como para dañarme.

El domingo lo pasé estudiando para el examen del día siguiente, sólo interrumpiendo el estudio para salir a comer con las chicas. Víctor debía haber dormido con Miriam pues no estaba en su habitación. Por la tarde salí a correr y ni fui a buscarlo. Me daba lástima terminar así con él, como si no pasara nada.

El lunes me levanté temprano para acudir al examen. Era mi último examen en aquella antigua facultad en el centro de la ciudad y todo me empezó a dar nostalgia. Y más cuando vi las personas que allí estaban sentadas en la misma aula pero separadas de mí. María, Teresa y Chusa, Marta, Miriam…no sé lo que yo significaría para ella, pero ellas en realidad eran pasado para mí y así lo sentía. Incluso lo sentía con Víctor, Sol y Ángela a pesar de vivir con ellos.

Pero tenía cuestiones más importantes. Había que aprobar ese examen. De hecho de los 5 ya hechos, había aprobado ya dos y me faltaba saber la nota de tres. Todo marchaba como debía. Salí del examen pronto. Lo hice de carrerilla, sobrado. Ojalá no demasiado y tuviera una sorpresa final. Me fui a la cafetería. Eran casi las 12 y no iba a aguantar sin comer hasta el mediodía. La casualidad hizo que me encontrara de frente con Dani. Estaba esperando que Martina saliera de un examen. Tomamos café juntos. Evidentemente nos pasamos recordando batallitas de partidos y por supuesto él fanfarroneó con nuestros “triunfos” sexuales juntos, aunque afortunadamente no hizo mención ninguna de la mamada que me había hecho.

Mientras nos tomábamos una tostada entera con aceite, tomate triturado y jamón cada uno y un café llegaron Martina y Ana. Estaba muy cortada de tenerme delante. Pero aun así estuvo amable. Me desearon mucha suerte cuando nos despedimos. Ana me abrazó. Le deseé mucha suerte también a ella.

Miriam salió del examen y me buscó en la cafetería. Desde allí salimos a la calle. La casualidad parecía aliarse conmigo. En el vestíbulo de la facultad me crucé con Blanca. Me saludó cariñosa. Le conté que me iba de Erasmus pero no que no iba a volver. Me deseó suerte. Ni le pregunté si salía con alguien. La casualidad parecía aliarse con mi despedida y en recordarme mis aciertos y mis errores en aquellos dos año y medio. Si todo salía bien sólo volvería a principio de verano a trasladar mi expediente.

Por supuesto después tuve que aguantar el interrogatorio de Miriam sobre Blanca. Tuve que admitirle que me había liado con ella para que me dejara tranquilo con tantas preguntas. Comí con ella y me fui a la residencia. Por la tarde habíamos quedado en tomar algo para despedirnos.

Tenía que recoger muchas cosas. Todos los apuntes, libros y parte de la ropa que no iba a usar en Bélgica lo iba a enviar por mensajería y me llevaría en el tren sólo lo más necesario. Me eché una breve siesta pero no conseguí dormir. Así que me puse a empaquetar. A eso de las 6 ya iba de camino a la oficina de correos con un carrillo que me habían prestado los conserjes de la residencia. Regresé a la residencia y aun me faltaba tiempo para la hora a la que había quedado para despedirme. Dudé si salir a correr pero ya había empaquetado los botines y la ropa de deporte. Pero tampoco quise quedarme en la habitación casi vacía pues sólo la mesa de Marcos parecía usada. Demasiada nostalgia. Demasiados recuerdos.

Decidí salir a pasear por la ciudad y de paso comprar en un supermercado recambios de cuchillas de afeitar pues no sabía con cuanto tiempo iba a contar en mi ciudad donde sólo pararía una tarde. Prefería dedicarla a ver a mis amigos.

Deambulé por el centro. Me vinieron muchos recuerdos. Sobre todo de Marta, con quien más había paseado por aquella zona, pero también con Claudia en algún bar. De hecho, me sorprendí parado frente al pub donde la había besado por primera vez en Carnaval. Ya entonces hice las cosas mal. Enfadado por que aquel beso aparentemente no había significado nada para ella acabé borracho durmiendo en casa de María. Desde luego mi paso por la residencia daba para escribir un libro…

Ya de regreso pensé en darme una ducha antes de salir, por si me acostaba tarde. Aunque daba por hecho que no sería así teniendo en cuenta que a mis amigos aún les quedaba algún examen suelto. Entré en un supermercado de una cadena local y al pasar junto a la caja para penetrar en el establecimiento oí que me llamaban.

-Luiiiiiiis…

Me giré. Era Mamen. De casualidad había entrado en el supermercado donde trabajaba.

-¿Qué haces por aquí?
-Tenía que comprar unas cosas antes de irme mañana.

La cajera llamó a gritos a varias compañeras.

-Niñas, este es Luis. El que os conté…

Las compañeras, una jovencita de unos 19 o 20 años como Mamen, pero las otras dos eran maduras, me observaban con interés y una sonrisilla maliciosa, especialmente la mayores. Me quedé muy cortado. ¿Qué sabrían de mí?

Mamen pidió a una compañera que la sustituyera mientras tomándome de la mano me llevó hacia una salita que había junto a la línea de cajas.

-¿Qué le has contado de mí a tus compañeras?-pregunté curioso.
-Jajajaja, todo. No pude evitarlo. Nunca pensé que te fueran a conocer. ¡Tenía que presumir de polvazo¡ Jajajajajaja…

Ahora entendía las miraditas.

-Pero no te ibas ya…-me comentó cerrando la puerta de una sala con una mesa en medio con varias sillas y una mesa baja con una cafetera.

-Hoy he terminado el último examen y ya mañana me voy.
-Me alegro mucho de verte antes. ¿Quieres un café?
-No gracias.
-Pufff, no te lo vas a creer. Pero ha sido verte y he mojado las bragas.

No me esperaba esa confesión tan directa. Así que medio en broma le respondí:

-Qué exagerada, jajajaja.
-Que sí, ¿no te lo crees?

Sin darme tiempo a pensar me cogió de la mano y me introdujo en una sala que había al lado. Era una especie de baño-vestuario para las trabajadoras con varias taquillas, un lavabo y hasta una ducha. Mamen se abrió el pantalón y con naturalidad introdujo mi mano en sus bragas de algodón, mucho más sencillas que las que le había visto hasta ahora. De golpe mi dedo sintió su humedad y como la chica se estremecía. Dudé si sacar la mano o acariciarla, pero en ese momento mi churra reaccionó inflándose repentinamente y mi gesto natural fue acariciar su raja ganándome un gemido de aprobación.

-Ufff, ¿ves Luis? Es que te veo y me pongo cachondísima. Cada vez que me acuerdo de la última vez que quedamos me mojo y ya me he hecho más de un dedo pensando en ti…

Su confesión me turbaba. No estaba acostumbrado a que una chica me reconociera tan abiertamente su deseo. Pero también me encendió. La besé sin sacar mi mano de su entrepierna y con uno de mis dedos ya perdiéndose en su coño.

Mientras nos besábamos Mamen abrió mi abrigo y desabrochó mi camisa. En cuanto tuvo mi pecho a su disposición empezó a besármelo entre gemidos. Pero sus manos siguieron abriendo mi pantalón y sacando abruptamente mi polla del calzoncillo pajeándola con fuerza.

-Me encanta tu polla…me vuelve loca…

Joder como me estaba poniendo. Vaya calentón. Pero ella estaba a lo suyo:

-Luis, métemela- dijo bajándose pantalón y bragas a medio muslo.
-No traigo condones…
-Mierda, yo tampoco. ¿Le pregunto a mis compañeras?
-Nooooo, qué vergüenza…
-Estoy cachóndísima…métemela a pelo….
-No puedo, he estado con otras chicas.-me justifiqué.
-Cabrón, estoy que ardo…-me dijo mientras mi dedo taladraba su coño.

Me aproveché de la situación y con mi mano hice una leve presión en su hombro. No tuve que insistir para que Mamen entendiera mis intenciones. Se puso en cuclillas y agarró mi polla con una mano mientras que la otra se perdía entre sus piernas. Me lanzó una mirada lasciva y se tragó mi polla entera gimiendo ronco. Con mamadas profundas y los labios muy apretados me iba a vaciar en pocas chupadas. Cómo la comía esta chica. Me sorprendí gimiendo cada vez que mi glande chocaba con su garganta y como ella estaba totalmente concentrada en tragarse mi trozo de carne.

Entre el calentón inesperado y lo inusual de la situación sentí que me iba a correr rápidamente. No me lo pensé, agarré la cabeza de la chica y empecé a follarle la boca mientras ella gemía cerrando fuerte los ojos. En dos minutos estaba llenándole la boca de semen sin que ella soltara su presa mientras gemía más agudo y más frecuente.

-Arghhhhh, arghhhh- salía de mi boca sin poder evitarlo y sin saber si alguien nos oía.
-Mmmmmm, mmmmm- escapaba guturalmente de la suya sin soltar mi polla mientras cerraba aun con más fuerza los ojos.

Entonces se apoyó en mi pierna abriendo la boca y soltando mi polla mientras bajaba la cabeza gimiendo profundamente. Se estaba corriendo también. Cuando terminó. Debió ser intenso pero breve pues se levantó besándome. Pude saborear mi propio semen aunque ella ya se lo había tragado. El beso fue bastante largo y no dudó en acariciarme el pecho mientras lo hacía.

Nos recompusimos mientras Mamen tenía esa risita tonta que les entra a las chicas cuando hacen algo travieso. Me recompuse la ropa mientras ella se subía bragas y pantalón.

-Eres un cabroncete…me vas a dar otro motivo para recordarte. ¿Quieres un caramelo?
-Sí, por favor…-me vendría bien para quitarme el sabor a corrida de mi boca.

Disimulando me acompañó a buscar las cuchillas de afeitar y ella misma me las cobró. Al verla de frente me di cuenta que tenía un goterón de semen junto al cuello de la camisa. No le dije nada aunque tuve cuidado al abrazarla cuando me despedí. Ya les contaría el motivo a sus compañeras si la avisaban…

Sorprendido por lo que me acababa de pasar me dirigí con prisa a la residencia para ducharme. Mamen era una bomba. Lástima haberla conocido tan tarde. Empezaba a pensar que haber tenido una relación con alguien como ella habría sido lo mejor que me habría podido pasar. Sexo del bueno y sin complicaciones sentimentales.

Visto desde ese punto de vista, si al Luis que había llegado a la residencia casi tres años antes le dicen que se iba a hartar de follar y hasta iba a rechazar a chicas como Ana o Ángela, no se lo cree. Aunque ese Luis tampoco se habría imaginado nunca enamorarse de alguien como Claudia y perderla por su propia culpa. Desde luego yo había cambiado mucho pero también el mundo que me rodeaba. El salto del instituto a la universidad no sólo me había afectado a mí. Mis amigos también habían cambiado. En el instituto el sexo era algo difícil de conseguir. Era algo que pocos alcanzaban y la mayoría intentábamos imaginarnos como sería. Además las chicas eran mucho más reacias. Tenías que salir con alguna para conseguir algo.

Pero el salto a la mayoría de edad en un ambiente de jóvenes resueltos que ya no viven con sus padres cambia mucho las cosas. El no tener que dar cuentas a nadie de con quien vas y qué haces provoca que todo el mundo se sienta más libre, más atrevido. Y en esa edad el sexo es un gran protagonista. El problema es que a mí me había cegado.

Yo había pasado por todas las modalidades de relación en ese tiempo. Un noviazgo tradicional con Viqui basado en el descubrimiento mutuo. El sexo como intercambio con Marina. El enamoramiento no correspondido con Claudia. Mi primera relación adulta con Marta. El desengaño con ella que me llevó a la gloria con Claudia. Y a partir de ahí toda la espiral de situaciones sorprendentes, novedosas y desenfrenadas que empezaron a sucederse en mi vida por puro ego. La mamada de Silvia y su show en casa de aquellos Erasmus. Ahí se inició mi torbellino de situaciones incontroladas que me llevaron al caos y a perder a mi chica: Nieves, Blanca, Espérame, Mónica, Ana…ni yo me creía la sucesión de errores.

Sólo dos personas había roto esa dinámica: Mamen y Alba. El ying y el yang. Una entregada al sexo como alternativa a las relaciones y la otra esperando al chico de su vida. Opuestas y sorprendentemente yo las veía complementarias. Una me había devuelto la fe en las relaciones, en encontrar una media naranja, un alter ego con quien compartir sueños, deseos y futuro. La otra me había enseñado que se puede disfrutar del sexo sin más intenciones. Las dos me habían dado estabilidad.

¿Y Ángela? Ella era la que había roto mis planes de salida plácida de la residencia. Ni la indiferencia de Víctor, ni la conveniencia de Miriam, ni la amistad abierta de Sol. Su declaración de como había sido su relación conmigo en todo ese tiempo me había desencajado. ¿Enamorada de mí? ¿Encaprichada? Desde luego ya no era sólo una amiga. Pero a pesar del polvo que habíamos echado no sentía que me fuese a doler dejar de verla. Era como si yo ya hubiera amortizado nuestra amistad tras su traición con Marta por sus celos y yo me limitaba a complacerla. ¿Disfrute el polvo con ella? No lo iba a negar. Me gustaba su cuerpo. Pero por más que buscaba algo más en el corazón no lo encontraba. Todo lo contrario. Sólo sentía nostalgia de aquella amiga que se había convertido en mi consejera y confidente. Pero ya no veía a esa amiga en ella. Quizá empezaba a arrepentirme de haber follado con ella. Después del numerito sentimental del día anterior no sabía que más buscaría. Intentaría evitar el enfrentamiento pero también caer en su provocación.

Me duché todavía pensando en lo que acababa de ocurrir con Mamen. A pesar de todo mi experiencia seguía sin entender como un canijo como yo podía provocar semejante deseo en una chica tan bonita como ella. Y además como lo expresó. Si unos años antes me dicen que una chica moja las bragas sólo de pensar en mí pregunto dónde está la cámara oculta. Pero ahora tenía claro que yo tenía un encanto que atraía a las mujeres y que había descubierto en ese tiempo. La cuestión ahora era encauzarlo hacia la mujer adecuada.

Me vestí con la misma ropa que pensaba ponerme para viajar al día siguiente economizando el equipaje ya cerrado a falta del neceser. Apenas me estaba subiendo la cremallera del pantalón cuando llamaron a la puerta. Sol y Ángela venían a recogerme.

Venían sonrientes. Casi sin tiempo para coger el abrigo me cogió cada una de un brazo y tiraron de mí hacia la calle. Me llevaron al bar donde solíamos desayunar los domingos cuando nos levantábamos tarde. Allí estaban Víctor y Miriam. Empezamos a tomar cervezas en un ambiente festivo. Aquello era una pequeña exaltación de la amistad de despedida aparentemente de un amigo que se iba. Pero hubo alguna sorpresa. La primera fue la aparición de Silvia. No sé como se habría enterado pero vino a despedirse. Tras su relación con Marcos había cambiado su actitud según me habían contado. Había salido con otro chaval pero no había cuajado la relación y según me contó ella misma la que ahora cambiaba de novio era Marta.

Con su verborrea habitual, no sé si para convencerme de que haber estado con Marta había sido un error, o por pura falta de escrúpulos o de consideración, me contó que había estado follando con al menos tres tíos distintos. Todos cortados por el mismo rasero, musculitos de gimnasio de picha corta.

-¿Y cómo sabes lo de la picha?- pregunté divertido.
-Están tan creídos que salen en bolas de la habitación. Y te digo que tú estás mejor dotado, prenda…-respondió con picardía guiñándome un ojo.

Anécdotas aparte. Realmente me importaba un rábano lo que Marta hiciera o dejara de hacer. Es sorprendente la huella que te deja cada persona, y la suya se había borrado.

La siguiente sorpresa llegó con Lourdes, que apareció cariñosa para despedirse de mí. De hecho al verla me puse hasta nervioso por la situación incómoda por la presencia de Miriam allí. No sé si ella sabía algo de la nueva relación de Víctor. No lo pregunté aunque sí comprobé que Víctor evitó a Miriam el rato que estuvo Lourdes despidiéndose de mí que fue breve. Se saludaron con cierta frialdad aunque tras despedirse de mí estuvieron unos instantes hablando fuera en la puerta. Observé como Miriam contemplaba inquieta la conversación desde dentro. Era normal que surgieran dudas en ella. Había pasado muy poco tiempo desde la ruptura de Lourdes y Víctor cuando Miriam se enrolló con él. Nunca ha sido cómoda una reunión entre dos ex delante de una nueva pareja. Pero que además se pongan a hablar aparte puede llegar a molestar. Y así fue pues vi alguna mala cara entre ambos cuando Lourdes definitivamente se fue y Miriam pareció recriminar algo a su novio.

Fue una celebración breve pues ellos aún tenían algún examen. Así que nos retiramos prudentemente. Víctor se fue a acompañar a Miriam mientras las chicas y yo nos volvíamos a la residencia cruzando la calle. Mi intención era levantarme temprano para desayunar y coger el primer tren de la mañana. Aunque era más lento me resultaba más cómodo. Por si no nos veíamos me despedí de las chicas. Primer de Sol, que me dio un fuerte abrazo:

-Luis, espero que te vaya muy bien. Y también espero volver a verte algún día. Ha sido un placer conocerte y compartir este tiempo juntos.
-Igualmente. Te estoy muy agradecido por todo. No me olvidaré de ti.

Después vino el turno de Ángela.

-Ya sabes que te voy a echar de menos más que nadie.
-Seguro que se te pasa pronto. Eso es ahora que me ves todos los días pero te acostumbrarás.
-No te quites importancia, Luis. Pese a tus errores eres una persona muy importante para otros. Te queremos por lo que nos aportas.
-Al final me lo voy a terminar creyendo.
-Idiota. Deja de valorarte menos con lo que haces con la churra y valórate más a ti mismo.- me recriminó.
-Siempre he seguido tus consejos…

Nos abrazamos y terminó regalándome un beso largo en la mejilla.

Temía que ocurriera y estaba pasando. Tenía un nudo en el estómago. No flaqueaba ni dudaba pero sí sentía. Se acababa una etapa muy importante de mi vida y aunque estaba deseando volver a casa tenía por delante el reto del Erasmus en Bélgica. No me achanté cuando vine a la residencia entendiéndolo como una oportunidad y no lo iba a hacer ahora.

Mientras me desnudaba llamaron a la puerta. Era Víctor.

-No sé si te veré mañana y has sido mi mejor amigo este tiempo. Sé que soy poco expresivo y que he vivid muy independiente a ti. Pero quería decirte que te voy a echar de menos.
-Lo sé.-respondí- Aunque no lo creas te conozco mejor de lo que piensas.
-Yo también lo sé. Oye, cuidado con las belgas, jajajaja…
-No hay peligro. Me estoy retirando…
-Jajajajaja
-¿Todo bien con Miriam?
-Sí, sí. Sólo celillos. Por haber visto a Lourdes.
-Seguiremos en contacto ¿no?-pregunté retóricamente.
-O voy yo o vienes tú.
-Hecho-respondí estrechándole la mano aunque Víctor tiró de mí para darme un sentido abrazo.

Para él también se acababa una etapa.

Terminé de desnudarme y me metí en calzoncillos en la cama. Al nudo en el estómago se le unió cierta presión en el estómago. Tanto que no conseguía dormirme. Mientras daba vueltas en la cama llamaron de nuevo a la puerta.

-¿Sí?- pregunté.
-Soy Ángela.-respondió abriendo la puerta.
-¿Qué te pasa?
-No puedo dormir.
-Yo tampoco.
-¿Puedo dormir contigo?
-Ven anda…

Pensé que se metería en la cama con su camiseta, pero se quitó la sudadera que traía y una camiseta metiéndose en bragas. Pero no intentó besarme. Se limitó a acurrucarse a mi lado hasta que fui yo quien le ofreció mi brazo para que me abrazara.

Nos quedamos en silencio escuchando nuestras respiraciones hasta que noté que se quedaba dormida. Yo sí tardé más. Agradecía tener su cuerpecillo tibio a mi lado pero en algún momento el cansancio me pudo.

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