ALMUTAMID

Ángela parecía impacientarse. Sus caderas buscaban el contacto con las mías. Ya no había marcha atrás. La empujé ligeramente hacia abajo tomándola por la cintura. Nuestras bocas se separaron quedando su cabeza entre mi hombro y mi pecho. Con la mano dirigí mi nabo a su raja. Ella me ayudó. Nuestras manos se encontraron en su entrepierna buscando la forma de llevar mi polla a su coño. Al fin mi glande sintió su humedad y su calor. Ángela suspiró. Ya estaba colocado. Ahora había que entrar.

Con delicadeza sosteniéndome sobre las rodillas presioné ligeramente. Mi glande entró pero a pesar de estar mojada el chocho de Ángela estaba bastante cerrado. Bajé la cabeza para mirarla. Tenía los ojos cerrados y la boca abierta lanzando un “argh” leve. Un pequeño mete y saca.

-Arghhh

Otro pequeño empujoncito más.

-Arghhh

Ya está la mitad. Poco a poco con leves movimientos de cadera dejando que su humedad y el empuje de mi misil se abrieran paso.

-Arghhhh

En el intervalo entre mis ligeros golpes de cadera buscando profundizar la penetración Ángela jadeaba con la boca muy abierta. Eso me animaba. Un poco más.

-Arghhhh

Ya casi.

-Arghhhhh

Y al fin sentí como mi churra entraba completa en el coñito estrecho de Ángela chocando nuestras caderas.

-Arghhhhhhhhhhhhhhh

Mi amiga respiraba agitada. Rodeó mi cintura con sus piernas y se aferró con sus brazos a mi torso pegando su cara a mi hombro. Me quedé quieto dentro de ella dejando que se acostumbrara a mi invasión de sus entrañas. ¿Sollozaba?

Estiré los brazos para poder bajar la cabeza y mirarla. Una lágrima corría por su mejilla. Preocupado pregunté:

-¿Te he hecho daño?

Ángela negó con la cabeza y con una triste sonrisa me preguntó:

-¿Ves qué fácil era hacerme feliz?

Me conmovió su entrega y la besé en la frente. Extraña muestra de cariño cuando la tenía empalada, pero era la única parte de su rostro al que me llegaba el giro de cabeza. Me dejé caer sobre ella de nuevo dejando que se abrazara de nuevo a mi torso. Sentí sus besos entonces en mi hombro y mi pecho. A la vez sentí relajarse las paredes de su vagina que presionaban menos mi glande.

Empecé a mover de nuevo las caderas pero tenía dificultad con la postura de modo que estiré los brazos separando mi torso del suyo. Busqué sus ojos. Seguían húmedos pero su mirada ahora era más apasionada. La hice bajar sus piernas de mi espalda y empecé a bombear. De nuevo su boca abierta y su “arghhhh” cada vez que la penetraba de nuevo.

-¿Me sientes?-pregunté.

Ángela asintió sin cerrar la boca, Ahora sus manos dejaban mi espalda y acariciaban mi pecho como sosteniéndome mientras mi abdomen se contraía para penetrarla. Su respiración era profunda rota por sus gemidos y suspiros.

-Oh, Luis…me encanta sentirte…no te salgas nunca de mí…

Sus palabras hicieron que envistiera con más fuerza. Sus “arghhh” ahora eran “ayyyyyy” y “mmmmmm”. No fue un polvo muy largo. En apenas diez minutos Ángela clavó sus dedos en mi pecho y mordió mi hombro entre contracciones sosprendentemente silenciosas después del concierto de “arghs”, “ayes” y “mmmmms” que me había dado. Al sentirlo se la clavé hasta el fondo para que me sintiera bien durante el tiempo relativamente largo que duró su orgasmo. Cuando se relajó me salí de ella tumbándome a su lado abrazándola.

Rápidamente me devolvió el abrazo. Estaba empapada en sudor. Se quedó pegada a mí unos instantes en silencio mientras notaba como tragaba mucha saliva y acomodaba su respiración. Yo acaricié su espalda con cariño y le pregunté:

-¿Bien? ¿Te ha gustado?
-Mucho.
-Entonces ya sabes que eres ¿bisexual?
-O lesbiana luisiana, jajajaja.
-Cuando pruebes con otros chicos lo sabrás.
-No creo que quiera. Esto es contigo. Quería salir de dudas y ya sé que es maravilloso hacerlo contigo. Me lo imaginaba más busco no sé, mas agitado. Distinto.
-A ver- expliqué- he sido suave contigo. No te he dado caña.
-Me ha gustado mucho así. Eres muy cariñoso y considerado.
-No estaba follando para satisfacer los instintos. Estaba cumpliendo tus deseos.

Conmovida Ángela me abrazó de nuevo con fuerza. Al hacerlo su rodilla se dio con mi nabo tieso.

-Es difícil no enamorarse de ti…
-¿Sabiendo lo que sabes de mí?
-Nadie es perfecto. Yo también tengo mis cosas. Me alegro tanto de no quedarme con esta espina clavada. Pero, oye, tú no te has corrido.
-No pasa nada.
-¿Cómo que no? No soy tan egoísta como para usarte y ya. Quiero verte disfrutar.

Según lo decía agarró mi polla y empezó a pajearme con delicadeza como yo le había enseñado un rato antes.

-Así podemos estar toda la tarde…-confesé.

Aparté mi mano y empecé a pajearme con fuerza mientras Ángela observaba.

-Déjame a mí.-me pidió.

Sustituyó a mi mano y se echó en el mi pecho pajeándome con velocidad y fuerza.

-¿Así?
-Sí. Muy bien.-respondí con la respiración agitada por su masturbación.

Estuvo varios minutos así pero se le cansaba la mano. Estuve a punto de decirle: “Si me la comes acabo antes” pero no me atreví. Pero Ángela insistía. Incluso mientras me pajeaba empezó a besarme el pecho y lamerme los pezones, seguramente pensando que son tan sensibles como los de las chicas. Y algo sí que consiguió. De hecho la mano que tenía por detrás de su espalda la bajé a su culo unos momentos y la otra la llevé a sus tetitas.

-¿Qué tal lo hago?-preguntó.
-Ya falta poco…

Coló su mano libre bajo mi culo agarrando mi nalga e incluso rozando mi perineo con su dedo pero al llegar a mis pelotas se detuvo.

-Agárralas, eso ayuda…-le dije- pero sin apretar.

Ángela obedeció intensificando su paja.

-Ya viene…-la avisé cuando el cosquilleo de las pelotas indicaba la inminencia del orgasmo.

Efectivamente mi glande se oscureció y sentí palpitaciones en el instante en que un primer lefazo cayó sobre mi barriga. A Ángela le entró la risita tonta que ya había comprobado que le entraba a otras chicas cuando veían a un chico correrse mientras no dejaba de meneármela haciendo que mis siguientes chorros saliera cayendo sobre mi barriga, su mano y mi polla.

-Uffff, sigue, ay, un poco más….-le rogaba con voz lastimera a mi amiga mientras se afanaba por sacarme todo el contenido de mis testículos.

Cuando ya terminé de vaciarme estaba tan sensible que casi me hacía daño y le rogué que parara mientras recobraba el ritmo de la respiración con mi vientre muy agitado. Ángela seguía sobre mi pecho. Acercó su mano manchada de semen a su cara y lo olió para después jugar a repartirlo por mi abdomen como una crema. Después me abrazó echándose sobre mi hombro.

-Estoy muy contenta de haber compartido esta experiencia contigo…

Nos quedamos un buen rato ambos desnudos tirados en la cama. Pero sorprendentemente estuvimos recordando anécdotas de nuestro año y medio juntos en la residencia. Ángela no dejaba de acariciarme en todo el tiempo ni pareció incomodarle los resto de mi semen con los que jugó todo el tiempo repartiéndomelo por el cuerpo a modo de crema.

Pero llamaron a la puerta. Ángela se puso un poco tensa. Pensó quizá que era Sol. No lo sé. Pregunté.

-¿Quién va? Que estoy en bolas…
-Soy yo Víctor. ¿No sales hoy a correr?

Ángela me susurró:

-¿Te apetece?
-Me vendría bien.
-Pues díselo…
-Sí- dije en voz alta- dame 5 minutos que me vista y te recojo en tu habitación.
-Vale…

Cuando Víctor se fue de la puerta me levanté de la cama. Estaba pringado en semen. Cogí una toallita y más o menos me quité lo más gordo. Ángela se puso sus braguitas agachándose dándome una perspectiva espectacular de su culo. Ahora me arrepentía de no haberle dado más caña. Una vez que me vestí y ella se hubo puesto su camiseta asomé la cabeza al pasillo. No había moros en la costa. La avisé tras volver a cerrar la puerta. Ángela me regaló un beso en la boca y tras darme un cachete en el culo se fue despidiéndose hasta la cena. Esperé unos instantes y salí detrás a buscar a Víctor.

Pensé que quería contarme algo pero en todo la carrera no me dijo nada especial, ni siquiera cuando estuvimos haciendo ejercicios en el parque. Ya entrando en la residencia camino de los dormitorios para ir a las duchas me preguntó:

-¿Cuándo te vas?
-El lunes hago el examen. Por la tarde recojo y el martes temprano me voy a casa. Cambio de equipaje y a Lieja.
-Vale. Nos veremos antes.
-Claro- respondí- voy a estar estudiando hasta el lunes en mi cuarto.
-Vale.

Me sorprendió su brevedad y concisión. No sé si tramaba algo. En las duchas no comentó nada más. En la cena todo fue normal salvo la euforia de Ángela. Tenía una sonrisa que le llenaba la cara y que contrastaba mucho con el estado que tenía al mediodía cuando volvió del examen. Tan así que subiendo las escaleras Sol me comentó:

-A ésta no hay quien la entienda. Al mediodía estaba insoportable con los nervios porque va a suspender todo, se ha equivocado de carrera y tal, y ahora más feliz que una perdiz. Me matan esos cambios de humor.
-La prefiero así mejor que amargada- respondí.
-Eso es verdad…al menos me va a dejar estudiar.

Evidentemente no le conté la causa del cambio de humor de Ángela.

Todo volvió a la tranquilidad. Aunque me habían invitado a salir aquella noche rehusé. Preferí quedarme tranquilo en la residencia. Pero el sábado a media mañana llamaron a mi puerta.

-¿Sí?
-Soy Sol, necesito hablar contigo.
-Espera que estoy en calzoncillos.

Mientras terminaba de ponerme unas calzonas Sol entró.

-¡Te has follado a Ángela¡ ¿Pero en qué estabas pensando?
-¿Quién te ha dicho eso?
-¡Ángela! Y no creo que se lo haya inventado.
-Pero, pensé que era algo entre nosotros.-respondí confundido.
-Joder, me lo soltó ayer después de cenar.
-¿Ella te lo contó?
-Eso te estoy diciendo. Estaba tirada en la cama y me suelta. “Estoy feliz”. No le eché mucha cuenta después de que al mediodía hubiese venido diciendo que era una desgraciada. Y como yo no decía nada me dice: “Me he acostado con Luis”. Y yo le pregunto: “¿Habéis estado charlando en la cama?” y me contesta incorporándose: “Que no. Que lo hemos hecho. Luis me ha hecho el amor.”

Yo estaba cortado. No sabía qué decir. Pero Sol continuó:

-Pero ¿en qué estabas pensando? ¿Sabes lo que siente por ti?
-Un momento, espera.-empecé a defenderme- Yo le dije que no. Que éramos amigos y que mi corazón estaba en otra parte. Pero ella me insistió dándome a entender que se tomaba como un desprecio que yo quedara con Mamen y la rechazaba a ella. Casi me rogó. Insistió que necesitaba saber qué se sentía. Yo, te juro que le dije que no lo veía bien, que me iba en pocos días. Pero insistió e insistió. Me hizo reconocerle lo bonita que era y se puso a recordarme historias juntos, y tal. Yo que sé. Llámame débil, pero sí. Me la follé.
-¿Te estás oyendo Luis? ¿Es que no se te ha ocurrido pensar en las consecuencias?
-Claro que sí, y se lo advertí.
-Se lo advertiste y acabaste metiéndole la polla. Buena advertencia.
-Pero ¿ a ti qué te pasa?- pregunté ya molesto.
-Pues creo que está muy claro. Luis, tú te vas en tres días. ¿Y quién se va a comer el marrón de Ángela?

Me quedé callado. No había pensado en eso.

-Supuse que ella misma.
-Supuse, claro…
-Luis. Parece mentira que yo que soy más pequeña que tú te diga esto. Pero deberías empezar a ser consciente de las consecuencias de tus actos.
-Te estás colando. Y me parece hasta egoísta tu actitud- le espeté.
-¿Egoísta yo? ¿O no serás tú que sólo piensas en meter la churra?
-Te estás colando. ¿Cuándo te he dado yo esa imagen? ¿Acaso he intentado alguna vez algo contigo? Se me puso dura cuando me curabas, vale. Pero ¿me insinué? ¿Te propuse algo? Estaba yo más avergonzado que tú. Creo que te equivocas al juzgarme. Con Mamen follo porque me gusta y lo paso bien con ella. Y con Ángela no tenía ninguna intención de hacerlo. Ha sido ella la que ha insistido, y me ha buscado y provocado hasta salirse con la suya. Si ella después no sabe gestionarlo pídele cuentas a ella. No a mí.

Sol se quedó muy cortada con mi respuesta y su cara estaba congestionada de pura indignación. Tanto que dijo:

-Eres imposible.

Y se fue dando un portazo.

A la hora de comer Sol no vino con Ángela, Víctor, Miriam y conmigo. Me parecía injusto su cabreo conmigo. Echando toda responsabilidad sobre mí cuando la actriz principal había sido Ángela. Después de comer me eché en la cama a dar una cabezada, pero a los 5 minutos de tumbarme llamaron a la puerta. Ahora era Ángela. Venía con su camiseta y sus chanclas.

-¿Me dejas dormir contigo?
-Pero solo dormir.
-Oyeeee, jajaja. Sólo dormir.

Evidentemente no se echó a mi lado sino que directamente buscó mi cuerpo echándose en mi hombro abrazándome. No pude evitar preguntarle:

-¿Por qué le has contado a Sol que nos habíamos acostado?
-Estaba tan contenta que necesitaba expresarlo. Y ella es la persona que me da más confianza.
-Pues no le ha sentado bien.
-Me tendrá envidia.
-Lo dudo. Y está enfadado conmigo.
-Es una histérica. Que se preocupe de su vida y no se meta en la de los demás.
-Me preocupa dejaros enfadadas.
-Ya se le pasará. Uins, tengo calor.- dijo incorporando para quitarse la camiseta y quedarse en braguitas.

De nuevo se acomodó en mi hombro acariciando mi pecho y siguió hablando:

-Lo que tiene que hacer es preocuparse menos de mí y más de ella. Yo he conseguido lo que quería y estoy feliz. A saber qué quiere ella. Tampoco creas que habla mucho. Nunca me ha hablado de sus historias ni si le gusta nadie.
-No seas tan injusta. En el fondo se preocupa por ti.
-Yo ahora estoy en la gloria. Ya me preocuparé cuando te vayas.-dijo con su mano paseándose ya a la altura de mi ombligo.
-Ángela…
-Dime.
-Hoy no vamos a follar.

-No seas creído, Luis. Sólo quiero cariñitos…-fue su excusa para no dar la idea de que me venía buscando para otro polvo. Así que estuvimos abrazados durante algo más de una hora hasta que le dije que tenía que ponerme a estudiar para el examen del lunes.

Con la misma sonrisa con la que había llegado se puso su camiseta y se fue. Sin embargo, a la hora de la cena me vi sólo con Víctor. Extrañado subí a buscarlas a las dos pero en el dormitorio sólo estaba Sol. Habían discutido y Ángela se había ido a dar una vuelta.

-Pero ¿qué os pasa? No os entiendo- repliqué- no habéis tenido problemas en meses y ahora os la pasáis peleando que si por los exámenes, que si una hace esto o aquello. No quiero irme dejándoos así.
-Hazte un nudo- respondió seca.
-No te reconozco, Sol. ¿Me puedes decir qué te pasa?

La enfermera se quedó callada negando con la cabeza. Viendo su actitud decidí irme, no sin antes decirle:

-Voy a estar en mi cuarto estudiando, si te apetece charla y desahogarte de no sé que te pase yo te escucharé encantado. Te has portado siempre muy bien conmigo desde que llegaste y te lo debo.

Me dolía la extraña actitud de Sol pero no iba a permitir que enturbiara mis últimas horas en la residencia. Así que intentando aislarme me senté a estudiar en mi dormitorio. A la media hora aproximadamente llamaron a la puerta. Era Sol.

-Perdona Luis. Estoy siendo demasiado dura contigo.
-No sé si estás siendo dura. Simplemente es que no sé qué te pasa. ¿Tanto te molesta lo que he hecho con Ángela?
-No es eso. No te lleves una impresión equivocada.-se justíficó dándome a entender que no sospechara de un ataque de celos.
-Sé que lo que he hecho no está del todo bien. Es dar falsas esperanzas a alguien pero me dio más miedo su actitud si no accedía.-me expliqué.
-Es que hay algo que no entiendo Luis. He luchado por no creerme tu mala fama y tú mismo me corroborabas que yo tenía razón con respecto a ti. Entiendo que tengas tu rollo con la chica esa del domingo. Pero Ángela es nuestra amiga. No es una chica cualquiera con la que te cruzas por la calle y te pone cachondo. No entiendo que no lo pensaras mejor. Y ahora empiezo a entender que tu reputación era real. Me siento algo defraudada.
-Te juro que no tenía intención de hacerlo. Pero Ángela me engatusó con sus palabras y provocaciones. Se me coló desnuda y fue muy persuasiva.
-Luis, joder. ¿No sabes decir que no? Yo misma he estado en esta habitación contigo en una situación digamos que complicada y no me he lanzado por ti. Te he visto desnudo y en una situación comprometida y no me he vuelto loca lanzándome a por ti.
-No era lo mismo. Yo no te busqué con intenciones. Además, a mí siempre me ha gustado Ángela físicamente. Nunca me he planteado una relación con ella por su condición sexual y por nuestra amistad, pero su excesiva cercanía conmigo en ocasiones me ha hecho pasar malos ratos y hasta tener alguna fantasía. No es algo tan raro lo ocurrido. Además la diferencia entre tú y yo es que yo a ti no te gusto pero ella a mí sí.
-Evidentemente que no me gustas.

Me dolió su dureza y debió darse cuenta por lo que matizó:

-Como novio. Hemos sido buenos compañeros de residencia y amigos pero Luis creo que somos muy diferentes.
-¿Y eso te enfada?
-No. Me enfada porque te creía distinto pero me equivoqué. Y me doy cuenta de que eres un amigo divertido, seguramente por tu éxito tengas un buen polvo, pero nada más.
-Por desgracia eso que me dices lo sé yo perfectamente. Esa es la causa de haber perdido a mi chica, mi primer amor.
-¿Y por qué no cambias?
-Estando en la residencia no sirve de nada que cambie. Pero cuando vuelva de Bélgica seré otro Luis y lo voy a demostrar.
-¿Ella vive en tu ciudad?
-Sí.
-¿Ese es el motivo por el que te vas para siempre?
-Uno de ellos.
-¿Hay más?
-Sí.
-¿Me lo cuentas?- insistió Sol.
-Siento que nada me retiene aquí. Me siente solo en la facultad, extraño aquí. En mi ciudad tengo a mi familia, mis amigos, mis tradiciones…necesito cambiar de aires. Me vendrá bien. Así saldré de este círculo vicioso.
-Te comprendo. Pero creo que el problema no es el lugar. Es la personalidad que tú te has creado aquí.-dijo Sol abriendo ya la puerta para irse, pero justo antes de irse me preguntó- ¿y haberte acostado con Ángela no significa nada para ti?
-No.

Entonces Sol miró hacia al pasillo y se quedó muy cortada. De inmediato apareció Ángela en la puerta y dijo:

-Gracias por no significar nada para ti…

Y sin más palabras se dio media vuelta.

-Corre Luis, habla con ella- me apremió Sol.

Salí corriendo por el pasillo. Ángela iba andando ligera hacia su dormitorio.

-Ángela espera.
-Déjame en paz Luis.
-Por favor- dije agarrándola por el brazo ya en el pasillo de las chicas- Déjame explicarme.
-Creo que estaba bastante claro. No ha significado nada.
-Noooo. Por favor, escucha- le pedí ya en la puerta de su dormitorio.

Entró pero yo sujeté la puerta para que no cerrara y me colé detrás.

-Ángela, claro que me importas y mucho. Y por eso me acosté contigo. Tendrías que haber oído la conversación completa. Has oído una frase fuera de contexto.

Mi amiga respiró hondo y se giró para mirarme. Yo entonces continué hablando:

-Le decía a Sol que nada va a impedir que me vaya de la residencia. Y ella me preguntó si haberme acostado contigo cambiaría eso. Y yo le dije que no.
-Dijiste que no significaba nada. Lo oí perfectamente.
-Pero con respecto a mi marcha. No a ti. Te aprecio mucho. Si no, no habría accedido a tu petición.
-Luis, es que no quiero que te vayas…-respondió sollozando mientras me abrazaba para llorarme en el pecho.
-Te dije que no era buena idea pero insististe tanto…
-No me arrepiento y repetiría. Te lo aseguro, Luis. Pero pensaba que había significado algo para ti. No quiero ser una muesca más en la culata de tu pistola.
-No seas tonta. Lo que tú y yo hemos compartido este tiempo es mucho más que eso. Esto sólo ha sido una experiencia más. Eres especial para mí. Pero eso no va a cambiar mis planes. Eres una niña preciosa y estoy convencido de que vas a encontrar a alguien que esté a tu altura. Que valgan más que yo.

En ese momento llegó Sol al dormitorio encontrándonos abrazados.

-¿Todo bien?

Ambos asentimos con la cabeza mientras Ángela soltaba mi cuerpo.

-Siento haber provocado esta situación…-se disculpó la enfermera.
-La culpa es mía- respondió Ángela- las cosas son como son y no como queremos que sean.
-He sido muy dura con Luis.-añadió Sol.
-Y yo en tensado demasiado la cuerda sin pensar en sus sentimientos.
-Bueno, que yo también tengo mi culpa.-tercié.
-Pues mira- dijo Ángela- por una vez no has metido la pata. Y lo digo delante de Sol. Yo soy la que he provocado esto y no quiero malos rollos. Sabía cual era el riesgo y lo asumí, las consecuencias son mías. Luis no es tan insensible como imaginas. Su problema es que le gusta tener esto contento- respondió agarrándome el paquete delante de Sol- pero tiene corazón. Por eso me gusta tanto.

Esta vez no di un respingo como otras veces y la chica cortada al darse cuenta de su gesto apartó la mano llevándola a mi pecho.

-Me alegro de que todo haya terminado bien- dijo Sol.
-Venid, anda. No quería irme disgustado con vosotras.

Ambas chicas me abrazaron con sentimiento y se me hizo un nudo en la garganta.

-Aunque sienta que tengo que irme os echaré de menos. De verdad…

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