KERANOS

El trabajo requería que me fuera a la ciudad donde se encontraban las oficinas centrales, con un horario más estricto, teniendo que asistir a reuniones y conferencias del estilo a las que habíamos ido esas semanas con más asiduidad. Me dijeron que me daban unos días para prepararme, que lo tenía más que merecido por lo bien que lo había hecho. Lo primero que pensé en cuanto acabó la conversación fue en Elena por obvias razones. Estaba en un aprieto porque directamente me dijeron que me daban unos días para prepararme, sin ni siquiera preguntarme qué pensaba yo, aunque yo tampoco dije nada porque estaba un poco en shock. Me empecé a agobiar porque para mí lo primero era ella, pero era una oportunidad tan buena que me sentía también mal por rechazarla, por lo que me puse a pensar tratando de encontrar algo entre medias, llegando a la conclusión de que sólo podía ser si Elena se venía conmigo a vivir. Aun así, no la veía para nada una buena opción por lo que me dijo de que su madre se volvería loca. A eso se sumaba lo de dejar a todas nuestras amistades atrás, pensando sobre todo en Irene y Mario, quienes se convirtieron en personas muy importantes para nosotros, como nosotros para ellos. También se alejaría de su familia, de su hermana, de su madre y de su abuela. Otra pega era el horario, que tenía pinta de ser muy ajustado, quizás impidiéndonos pasar menos tiempo juntos, con menos libertad para hacer algún plan improvisado como los que habíamos hecho varias veces. Y también el tema de conferencias en otros lugares. No podía estar constantemente pidiéndole que se viniera conmigo porque ella tendría que hacer sus cosas también, quizás encontraba trabajo y no podría venirse conmigo siempre y demás.

Mientras pensaba todo esto, más o menos a la hora de aquella llamada me llamó Mario diciéndome de ir a comer juntos junto a Irene. Quedamos en un bar cercano, por lo que, pasado un rato, me presenté allí. A los pocos minutos se presentaron ambos cogidos de la mano.

I: ¿Qué tal, Javi?
J: Mejor. Ya se le ha pasado bastante.
M: Bueno, ha sido un susto.
J: Sí.
I: Me ha estado contando esta mañana.
J: ¿Sí?
I: ¿Te molesta?
J: Para nada. Sois amigas muy íntimas y me parece genial que tenga a alguien más con quien hablar de esto. Para nosotros también sois muy importantes.
I: Gracias. Pues me ha estado contando un poco y bueno, imagino que te has dado cuenta, ¿no?
J: Sí.
M: ¿Qué es lo que pasa exactamente?
I: Elena es una chica muy sensible. Parece que desarrolla una especie de dependencia cuando se apega bastante a alguien.
M: Vaya…
J: Sí, eso parece.
I: ¿Te molestó que no te lo dijera antes?
J: Bueno, no me he parado a pensar eso, pero sí le dije que debería habérmelo dicho antes de irme. Ella me dijo que no quería que me perdiera eso por una tontería.
I: ¿Una tontería?
J: Eso le dije yo. Que para mí no lo era y que de haberlo sabido me hubiera dado igual el trabajo. No iba a dejar que estuviera así.
M: Sí, está claro que una tontería no es por como estuvo durante esas semanas y más viendo lo del sábado.
J: Eso es.
I: Pero bueno, ya está todo bien, ¿no?
J: Sí, sí. Ya está todo hablado y solucionado.
I: Entonces, ¿por qué estás así de cabizbajo?
J: Joder, ¿tanto se me nota?
M: ¿Qué pasa?
J: Me han llamado del trabajo. Me van a ascender.
I: ¡Qué bien!
M: Enhorabuena, tío.
J: Es una putada más que algo bueno.
I: ¿Por qué?

Entonces le empecé a contar a ambos lo que me dijeron exactamente en la llamada.

I: Vaya…
M: ¿Qué vas a hacer?
J: No veo nada en claro para poder aceptar y que Elena esté bien al mismo tiempo, por lo que ya tengo bastante claro lo que hacer.
M: ¿Vas a rechazarlo?
J: Sí.
I: Javi, eso dice mucho de ti.
J: Bueno, Elena es lo más importante para mí. Prefiero apostar por ella que por un trabajo.
M: ¿Se lo vas a contar?
J: No lo sé. ¿Debería?
I: ¿Qué piensas tú?
J: Ya sabes que no quiero ocultarle nada, pero me da miedo que se lo diga y se sienta mal porque vea que me pierdo eso por su culpa.
I: Ya, te entiendo.
M: ¿Le has contado lo de la chica esa?
J: No. Y me siento mal por ello.
I: Javi, te calientas demasiado la cabeza.
J: ¿Tú crees?
I: Sí, le das demasiadas vueltas a todo.

Me quedé en silencio, mirando al vaso.

I: ¿Pasa algo más?
J: ¿Eh? No, no. Supongo que llevas razón. Es mi primera relación y quiero que salga todo bien. Le quiero mucho.
M: Oye, ¿y por qué no te llevas a Elena contigo?
J: Aún no le ha dicho a su madre que tiene pareja.
M: Es verdad, Irene me contó algo de eso.
I: Bueno, no te preocupes, ya lo hará.
J: No, si eso no me molesta para nada. Ya le dije que lo hiciera cuando ella creyera oportuno.
I: Elena es una chica muy especial.

Seguimos hablando de varias cosas más hasta que terminamos de comer y se tenían que ir a trabajar, por lo que regresé a mi casa. Mi madre me notó con mala cara, por lo que me pidió explicaciones. Yo le comenté toda la situación de Elena y lo que me habían dicho esa mañana mis jefes.

-Hijo, ya sabes que tomes la decisión que tomes, yo voy a estar contenta. Lo primero es que estés tú bien y estés a gusto con la decisión que tomes.
-Gracias, mamá. ¿Qué crees tú que debería haber?
-Ya te lo he dicho, haz lo que mejor te parezca, pero creo que ya lo sabes de sobra, ¿verdad?
-Qué bien me conoces.
-Pues claro hijo.

Después de trabajar durante toda la tarde, cené y me eché en la cama para descansar, hablando con Elena para ver como estaba y contarnos como nos había ido el día. Intenté que no me notara raro al hablar, siendo más fácil de lo que esperaba, ya que el haber tomado la decisión me tranquilizó bastante. Al día siguiente le envié un correo a mis jefes explicando que estaba encantado por la oferta y la oportunidad que me habían dado de crecer profesionalmente, pero que lamentaba tener que declinar por una situación personal un poco delicada, explicando que no podía moverme a otra ciudad y que no podía estar sujeto a un horario tan estricto, con salidas a otros países y demás. También expliqué que esperaba que no fuera un inconveniente, ya que me encontraba bastante a gusto con el puesto que tenía. A los pocos minutos me respondieron que lamentaban que no pudiera ser y que no me preocupara, que mantendría mi puesto de trabajo, ya que estaban muy contentos conmigo. También me daban ánimos para esa cuestión personal. Inmediatamente respondí agradeciendo la compresión y la confianza con la que se dirigían a mí, dando también las gracias por permitirme mantener mi situación.

A las pocas horas me llamó Sofía. No esperaba que me llamara, por lo que estaba extrañado.

-¡Javi!
-¿Qué pasa, Sofía?
-¡Me han ascendido!
-¡Enhorabuena!
-Muchas gracias. Me han dicho que les ha gustado mucho como lo he hecho estas semanas y que me ven preparada para dar el paso.
-Me alegro mucho de oír eso.
-Oye, ahora voy a ser tu jefa… jejeje.
-Uy… No me irás a putear… jajaja.
-Nooooo… jajaja. Si ya sabes que me caes muy bien.
-Sí, lo sé, lo sé.
-Jajaja. Bueno, algún día tal vez me pase por tu ciudad para supervisar tu trabajo…
-Huy… Mientras no vengas vistiendo sólo un abrigo, me parece bien. Jajajaja.
-Jajajajaja, que cabrón.
-Es broma, mujer, no te enfades, jajaja.
-Lo sé, lo sé, por eso me caes tan bien.
-Oye, que me alegro un montón, de verdad.
-Muchas gracias Javi. No sabes lo contenta que estoy. Seguimos teniendo pendiente un café, que no se te olvide.
-Claro, cuando quieras.
-Pues a ver si coincidimos.

Era evidente que la ascendieron al rechazar yo lo que me propusieron, pero me alegré mucho por ella, ya que me caía bastante bien a pesar de lo ocurrido esa noche donde casi meto la pata, pero bien. Que se disculpara inmediatamente por eso, hablando con naturalidad y quitándole hierro me gustó, por lo que no quería chafarle el momento diciéndole que me lo habían propuesto a mí antes.

Los próximos días transcurrieron con normalidad, hablando con Elena, quien estaba muy centrada en su trabajo, porque ya estábamos a mediados de mayo y en menos de un mes tendría que presentarlo. El viernes de esa semana me volvió a contactar Sofía para decirme que tenía que ir a una ciudad bastante próxima a la mía, que, ya que estaba por ahí, podíamos aprovechar para vernos y tomarnos un café. Yo acepté, aunque me seguía causando un poco de incomodidad, por lo que le dije a Irene y a Mario que vinieran conmigo para evitar estar los dos solos. Entre esos días y el viernes, solo pude ver a Elena un día y fue algo rápido porque tenía que estar pendiente de su abuela, por lo que de algunos besos en el coche no pasamos, aunque fueron unos besos con mucho cariño, notaba a Elena más sensible, como más vulnerable. Yo seguía dándole ánimos, ofreciéndome para ayudar en lo que pudiera. Eso le levantó el ánimo, porque estaba un poco estresada por lo del trabajo y su situación familiar.

El viernes por la tarde fui a una cafetería con Irene y Mario, hablando un poco mientras llegaba Sofía.

I: ¿Crees que busca algo?
J: No creo, me dejó bastante claro que no iba a buscar nada ni provocarme.
M: Bueno, puede ser, pero luego ya sabes.
J: Por eso estáis aquí. Para que se corte y no intente nada.
I: Chico listo. Aunque puede que le importe una mierda que estemos aquí.
J: Espero que no.
M: ¿Está buena?
J: Ahora la veréis, pero sí, está muy buena y además es guapa.
I: Madre mía… (dijo mirando a la puerta)

Entonces nos giramos y ahí estaba, en la puerta. Todos la reconocimos enseguida porque ya la había descrito para que Irene y Mario tuvieran una idea de ella. Estaba espectacular, con una camiseta de tirantes blanca, con escote, sobre la que llevaba una chaqueta, unos vaqueros ajustados que dejaban sus tobillos descubiertos y unos zapatos de tacón negros. En cuanto me vio, se acercó rápidamente, dándome un abrazo, notando como sus tetas se estrujaban contra mí. Luego me dio dos besos mientras me cogía del cuello y se apartó para presentarse.

S: Hola, soy Sofía. Javi, ¿ésta es tu chica? Es muy guapa.
I: No, no. Soy una amiga suya. Me llamo Irene, encantada.
M: Yo soy Mario, encantado.
J: Había quedado con ellos, espero que no te importe.
S: No, para nada.

Nos pusimos a hablar un rato, explicándome como llevaba el cambio en el trabajo y demás. Durante la charla me fijé en como Irene la miraba, era evidente que le atraía bastante.

S: Javi, ¿y tu chica? ¿No está por aquí?
J: No, ella es de un pueblo de aquí al lado y está bastante liada.
S: Vaya, me hubiera gustado conocerla…
J: Pues tendrá que ser en otra ocasión.
S: Vale. Bueno, me tengo que ir ya. Me ha gustado mucho verte y conocer a tus amigos, a ver si podemos coincidir otro día.
J: Claro.

Sofía se despidió de Irene y Mario con dos besos y de mí con un fuerte abrazo, como el que me dio cuando entró, dándome dos besos de la misma manera también. Una vez se fue, seguimos hablando.

I: Joder… Me la quiero follar… (dijo escurriéndose por la silla)
M: Está tremenda…
J: Ya os lo dije, la chica es sensualidad pura.
I: Javi, es normal que te pasara eso cuando se te acercó. Si no te pasa eso es que no te gustan las chicas.
M: Ya ves. Yo no hubiera aguantado.
J: Si así veis que está buena, desnuda… Ni os imagináis…
I: Joder, tío… ¿Crees que le irán las chicas?
J: No sé…
I: Has hecho bien en traernos.
J: ¿Sí?
I: Yo creo que sí. Sólo hay que ver como te ha saludado y se ha despedido de ti. Además, mientras hablabas no paraba de mirarte a los ojos y a los labios. Te tenía unas ganas…
J: ¿Tanto como las que le tenías tú?
I: Jajajaja, que cabrón eres…
J: Como se te salían los ojos…
M: Como para no… Bastante que ha aguantado sin lanzarle alguna…
I: Jajajaja, que bien me conoces, cariño.
J: ¿Crees que si hubiéramos estado solos hubiera intentado algo?
I: Puede. Está claro que le gustas mucho, pero me rechina un poco que haya mencionado tanto a Elena.
M: No le has dicho nada al final, ¿no?
J: Que va. Aún la noto sensible por lo que ha pasado y está un poco estresada y tal.
M: ¿Y si Sofía te dice de quedar y te pide que se la presentes?
J: Eso no va a pasar. Me jode mucho ocultarle a Elena lo que pasó, pero viendo como está, creo que le haría mal. Además, la situación es casi un calco a lo que pasó con Ángela y ya sabemos lo que pasó entonces.
I: Pues sí, yo haría lo mismo en tu lugar.
M: No te comas tanto la cabeza, Javi. No pasó nada, pudiste frenar la situación a tiempo.
J: Ya, ya. Si ya no me rayo por eso.
I: Tío, me ha puesto mucho esta chica.
J: Mira, vamos a hacer una cosa. Estoy muy seguro de que me va a hablar más pronto que tarde. Le voy a preguntar como le habéis caído y a ver si puedo apañar algo.
I: ¿Sí?
J: Claro, se ve a leguas que os la queréis tirar y si a ella le parece bien, pues, ¿por qué no?
I: Uff…
M: Eso sería la polla.
J: Eso sí. Yo me quedo fuera, paso de historias. Sólo estaréis vosotros tres, o depende de lo que le guste.
I: Vale, no hay problema.

Después de un rato hablando, regresé a casa, trabajando un poco hasta la noche, donde hablé con Elena un poco, quedando para vernos el siguiente día sobre la tarde-noche para pasar la noche juntos. El sábado fui a su casa un poco antes de lo acordado porque me moría de ganas por estar con ella. Llamé a la puerta y me abrió Noelia, quien no puso muy buena cara al verme. Sin decirnos nada, pasé yendo hacia la habitación de Elena. Por el camino pasé por el salón, donde estaba María, quien me saludó. Con ella sí que me paré para saludarla, preguntándole como le iba, teniendo una breve conversación mientras Noelia entraba en silencio, sentándose a su lado. Cuando acabamos de hablar fui a la habitación de Elena, que estaba cerrada. Abrí despacio, entrando con cuidado. Elena estaba en su escritorio, con los cascos puestos, con sus moñetes, muy centrada. La abracé por detrás, dando ella un respingo, acelerándose su respiración.

-Qué susto…
-Tranquila, que no te voy a comer… Todavía…
-Jajajaja, ¿qué haces aquí tan temprano?
-No podía aguantar más sin verte.
-Oh…
-Son muchos días… (dije mordisqueándole la oreja)
-Menos mal que me ibas a comer ahora… jajajaja.
-¿Te queda mucho?
-Un poquito. Además, están aquí estas dos y dudo que seamos silenciosos… jajajaja.
-Eso es verdad.

Me quedé tumbado en su cama mientras ella terminaba, mirando el móvil, hasta que empecé a oír a Noelia y a María hablando fuertemente, como si estuvieran discutiendo. Después oí un portazo y a los pocos segundos se abrió la puerta de la habitación de Elena, quien no podía oír nada porque seguía con los cascos escuchando música, ya que eso le ayudaba a estudiar. Se asomó Noelia, mirándome seriamente, pasándose el dedo por el cuello de un lado a otro, haciendo el gesto de cortarme el cuello y se retiró, cerrando la puerta con cuidado.

A la mierda mi plan. Parecía que María se había enterado de algo, por lo que le escribí rápidamente.

-¿Todo bien?
-No.
-¿Qué ha pasado?
-No quiero hablar de eso, estoy muy enfadada.
-Vaya, siento ver que algo ha salido mal.
-Es que de verdad…
-Va, desahógate. ¿Qué ha pasado?
-Pues que se ha tirado a uno mientras habíamos quedado en que no haríamos nada.
-Vaya…
-Es que no se puede confiar en ella.
-Bueno, tranquila. Ya sabes como es.
-Ya, pero es que teníamos un trato.

Se ve que Noelia no era una persona de tratos, se los pasaba todos por ahí, literalmente.

-Mira, yo pienso como tú, pero ponte en su lugar. Tenéis una edad en la que las hormonas vuelan, todo el día pensado en lo mismo, habéis descubierto el sexo como quien dice. Es normal que haya hecho eso, además, no sois pareja, estáis viendo lo que pasa.
-Ya, pero me jode.
-Te entiendo, pero sé razonable. No puedes pretender que con todo eso que he dicho se esté quieta y más a Noelia, que ya sabes lo impulsiva y lo cabezona que es.
-Yo que sé…
-Ya verás como cuando se te pase el cabreo lo ves más claro. Ahora estás en caliente y enfadada.
-Aún no entiendo por qué haces esto, con lo que te ha puteado…
-Pues porque me conviene que esté contenta y a ti te considero una amiga y quiero ayudarte.
-Gracias.

En cuanto dejé de hablar con María, me levanté con cuidado para salir de la habitación y poder hablar con Noelia. Me la encontré en el salón, de pie mirando por la ventana. En cuanto me oyó acercarme se dio la vuelta, viniendo rápido hacia mí, empezando a darme puñetazos en el pecho.

-Eres un hijo de puta.
-¿Pero qué dices? (dije agarrándole las muñecas con fuerza)
-Le has dicho a María que me he follado a un tío.
-Yo no he sido.
-Una mierda. (dijo intentando zafarse y dándome un rodillazo en los huevos)

Me hizo daño de verdad, por lo que fui a sentarme en el sofá bastante dolorido, empezando a marearme.

-Eres un cabrón. Te vas a cargar por hacer esto.
-¡Que yo no he sido, coño!
-¿Entonces quién coño ha sido?
-No lo sé, pero yo no.
-No te creo.
-Pues mira. (dije enseñándole el móvil)

Noelia se puso a leer la conversación mientras yo me recuperaba del golpe, llegando incluso a tener náuseas.

-Vale, te creo.
-¿Ves?
-Sí, joder.
-Pues ya está. Espero que no me jodas ahora.
-¿Te he hecho daño?
-Mucho.
-Joder, que pálido te has puesto.
-Como para no…
-Joder, pues si no has sido tú, ha sido con el que me acosté.
-Seguramente.

En ese momento apareció Elena por la puerta.

E: ¿Qué pasa?
N: Nada, Javi se ha caído y se ha dado con el brazo del sofá en los huevos.
E: Javi, ¿estás bien? (dijo con preocupación, sentándose a mi lado)
J: Sí, ya se me pasa.
E: Joder, qué pálido estás. Si estás hasta sudando…
J: No te preocupes, se pasa enseguida.
E: ¿Y a ti que te pasa? Que te veo agitada…
N: Nada, que me he peleado un poco con María.
E: ¿Qué le has hecho?
N: Nada. Mira, me está llamando, voy a hablar con ella.

Noelia se fue a su habitación, dejándonos solos.

-Niño, ten cuidado…
-Sí, que mala pata…
-Ahora me voy a quedar sin jugar con mi amiguita, jajajaja.
-Sí, que te lo crees tú…
-Huy…

Nos quedamos un buen rato en el sofá, abrazados, con varios besos y gestos de cariño, hasta que salió Noelia, quien dijo que nos dejaba solos, que iba a casa de María. Noelia parecía contenta, ya que estaba sonriente y agradable, lejos de la actitud chulesca y agria que solía tener.

Una vez se fue Noelia, Elena y yo nos empezamos a besar, poniéndose ella encima de mí, como solía hacer, besándome lentamente mientras ponía sus manos a cada lado de mi cuello. Yo le acariciaba los muslos, el culo y la espalda. Pasados unos minutos así, la cosa cogió intensidad, con besos más intensos, pasando también de las caricias a los tocamientos por encima de la ropa. Elena se incorporó para quitarme la camiseta, pudiendo ver como se le marcaban los pezones, bastante duros ya, a través de su camiseta. Una vez me la quitó a mí, se la quité yo a ella, empezando a acariciarle las tetas, cogiéndolas bien con mis manos después, jugando con sus pezones también. Elena gemía de manera dulce, con las mejillas encendidas y ojos brillantes, clavando su mirada en mis ojos. Me sonrió ligeramente y se echó sobre mí, para abrazarme.

-¿Estás bien?
-Claro.
-Estás muy mimosa.
-Siiiii. (dijo con una voz muy dulce)

Tiré de sus hombros y la empujé hacia atrás, para cogerle del cuello como ella había hecho conmigo unos minutos antes, para besarla de la misma manera que lo llevábamos haciendo todo el tiempo. Después la cogí en brazos con mucha suavidad, poniéndome de pie mientras aún la besaba para ir a su habitación. Una vez llegamos nos desnudamos el uno al otro lentamente, disfrutando del momento. Después nos tumbamos en la cama, acariciándonos y besándonos por todo el cuerpo. Tras unos minutos jugando así, me puse encima de Elena y le empecé a besar el cuello, de forma bastante similar a como ella me lo hacía a mí, empezando ella a ronronear mientras me acariciaba la espalda.

Al poco tiempo se empezó a estremecer, cogiendo mi polla para llevarla hasta su coño, acariciándolo con ella, metiéndola a los pocos segundos, soltando un gemido bajito y largo, cerrando sus ojos. Empecé un ligero mete-saca mientras me apoyaba en mis manos, mirando a Elena a los ojos. Estaba preciosa, con sus moñetes, sus mejillas encendidas, poniendo cara de placer mientras jadeaba, mirándome con un brillo en los ojos, abriéndolos a veces mucho, entornándolos otras y cerrándolos por el placer. Estuvimos así durante bastante tiempo, con el mismo ritmo, notando como Elena temblaba a veces, estrujando mi polla con su coño, como si tuviera ligeros orgasmos, también apretaba su cara y lanzaba pequeños gemidos muy dulces y largos. Cuando empezaba a temblar, yo paraba, manteniéndome en su interior, haciendo presión para meterla lo más profundo que podía. Una vez abría sus ojos y relajaba su cuerpo, empezaba de nuevo a meterla y a sacarla al mismo ritmo, repitiendo el proceso varias veces, con esos miniorgasmos suyos, hasta que notaba que yo estaba cerca de correrme. En el último miniorgasmo suyo, acerqué mi cara a la suya, rozando mi nariz con la suya. Ella al notarlo me abrazó con fuerza, haciendo que apoyara mi cara en su hombro.

-Te quiero. (susurré)

Al decirle eso noté como se le puso la piel de gallina, dando un respingo, como si le hubiera dado un escalofrío. Me incorpore, apoyándome de nuevo sobre mis manos, empezando a follarla con rapidez mientras me miraba a los ojos muy intensamente, con cara de placer. Puso sus manos en mi cara, acariciándomela mientras yo embestía con fuerza. A los pocos segundos se empezó a correr entre gritos, abrazándome fuertemente con sus piernas, notando como se humedecida mucho mi polla y mis huevos. Yo también me empecé a correr casi simultáneamente entre jadeos entrecortados, soltándolo todo en su interior, dejándola dentro por completo, haciendo presión.

Elena relajó su cuerpo, quedándose dormida. Yo, sin salir de ella aún, cogí un paquete de pañuelos que tenía en su mesita y le puse uno en la entrepierna, cerrando sus piernas, para que absorbiera mi corrida. Me tumbé a su lado, tapándonos un poco porque ya se había hecho de noche y empezaba a refrescar a pesar de estar ya a esa altura del año. Le cogí una mano, entrelazando nuestros dedos y besándosela mientras veía lo guapa que era, con su cabeza dejada caer de lado hacia mí. Después de estar un rato mirándola, me levanté y fui a la cocina, preparándome un sandwich. Le hice otro a Elena y me fui al salón para comérmelo tranquilamente. Nada más empezar a comérmelo oí la puerta de la calle cerrarse.

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