KERANOS

-Tengo novia. (dije apartándome de ella rápidamente)
-Bueno, no se va a enterar… (dijo mientras apretaba mi paquete)

Me quedé callado mientras ella me miraba fijamente a los ojos, acercando más su cuerpo, pegando sus pechos al mío desnudo. Después me empezó a besar el cuello y me cogió una mano para que le cogiera una teta. Intentó bajarme los pantalones, pero me aparté.

-No, no puedo. Lo siento.
-Vaya, que pena, parece que calzas bien. (dijo acercando su cara bastante a la mía para después restregar su carnoso culo contra mi paquete mientras se volvía para coger su abrigo, ponérselo e irse)

Me quedé conforme me había quedado, de pie, en shock, con la polla durísima y la respiración muy acelerada. Me senté en la cama intentando calmarme, pero no podía, por lo que llamé a Irene.

I: Hola, Javi. ¿Qué pasa?
J: Estoy un poco en shock.
I: ¿Por qué?
J: Me acaba de pasar una cosa que joder… Casi se lía.
I: Espera, que está aquí Mario. Lo pongo en manos libres y hablamos los tres.
M: ¿Qué pasa, Javi?
J: Joder, que casi me follo a una…
I: ¿Qué dices?
J: Joder… Ha estado muy cerca.
M: Javi, ¿en serio?
J: Pfff…
I: Pero, ¿qué ha pasado?

Le empecé a contar que en mi grupo había una chica, describiéndola, contando que salimos a ver la ciudad juntos, pero sin nada raro y que esa noche salimos para tomar algo y lo que pasó cuando entró.

I: Bueno, no es para tanto, que exagerado…
J: Una polla. Lo normal hubiera sido que hubiera cortado en cuanto se ha quitado el abrigo.
M: No es para tanto, Javi.
J: Joder… Yo si lo veo para tanto.
I: Es normal. Llevas varios días sin hacer nada con nadie y estás acostumbrado a follar mucho. Por lo que dices la chica es muy atractiva, es normal que hayas reaccionado así.
M: ¿Por qué no has dicho nada de que esa chica está en tu grupo?
J: No le di importancia y viendo como Elena ha estado esta semana de ánimos, pues no quería que se imaginara cosas que no son.
I: ¿Por qué se iba a imaginar algo?
J: Por lo que pasó con Ángela. No quiero que pase algo así otra vez.
I: Cierto. Bueno, en serio Javi, no es para tanto. No te comas la cabeza. A cualquiera le hubiera pasado lo mismo.
J: Joder, es que aún la tengo dura.
M: Es normal, Javi.
J: No sé. Estoy un poco rayado.
I: Nada, nada. No pienses en eso.
J: Joder, joder, joder. Se lo cuento a Elena, ¿no?
I: No sé si deberías…
M: Es que Elena no es como nosotros. No creo que pase nada, pero no sé por dónde puede salir.
J: Pero no quiero que haya mentiras ni nada de eso en nuestra relación.
I: Cuéntaselo, pero no ahora. Cuando vengas.
J: Sí, sí. Eso había pensado.
I: Tranquilízate, anda.
J: Sí, voy a darme una ducha fría, a ver si se me baja esto.

Colgué y me tumbé después de darme una ducha. Seguía nervioso por toda la situación y estuve cerca de llamar a Elena, pero no lo hice. Me intenté relajar viendo una película, pero me costó bastante. El domingo prácticamente no salí de mi habitación, ni tampoco hablé con Elena, pero si con Irene y Mario, preguntándome si ya se me había pasado eso. Dije que ya estaba mejor, pero que aún le daba alguna vuelta. Ellos insistieron en que no me preocupara y que no le diera más importancia de la que tenía.

Comenzaba una nueva semana, yendo hacia la primera reunión, bastante nervioso por encontrarme de nuevo con Sofía, quien actuaba como si no hubiera pasado nada una vez coincidimos. Cuando acabó la reunión me dijo de ir a comer juntos, pero yo intentaba escabullirme. Ella insistió para hablar de lo que pasó, quería disculparse en condiciones. Con mucha naturalidad me dijo que le había atraído en cuanto me vio y que se lo quería pasar bien y que al beber un poco de más pues hizo eso, aunque le dio vergüenza una vez se le pasó. Se disculpó por si me había podido incomodar, quitándole importancia, diciendo que había sido una tontería. Cuando volví a mi habitación llamé a Irene y a Mario, contándoles que había hablado con ella y que se había disculpado y demás. La verdad es que me vino bien hablarlo con ella, porque entre la disculpa y la naturalidad con la que me hablaba, me hizo calmarme y ver que no había sido para tanto.

Los siguientes días fueron mejor, como si no hubiera pasado nada, hablando con Elena cuando regresaba, aunque la notaba bastante apagada. Yo la animaba diciéndole que cada vez quedaba menos para vernos. Ella hacía el esfuerzo para que la viera de mejor humor, pero se le notaba el bajón. Le dije a Irene que se llevaran por ahí a Elena para que se distrajera y la animaran, pero me dijo que había quedado con sus amigas del pueblo para el sábado.

-Oye Javi, ¿quieres darle una sorpresa a Elena?
-Claro.
-Dile que te quedas dos semanas más, que se ha alargado la cosa y te plantas en su casa el lunes.
-Ostia, no es mala.
-Se va a volver loca.
-Pero es que la veo muy de bajón, a ver si se va a poner peor.
-No creo que sea tan blandita.
-Buah, la tentación es muy grande, pero no sé…
-Va, hazlo.
-Venga, voy a llamarla.

Conforme colgué a Irene, llamé a Elena.

-Hola mi amor.
-¿Qué pasa reina?
-Pues nada, aquí liada con el trabajo.
-Bueno, ya queda poco, ¿no?
-Sí, ya mismo se acaba.
-¿Esta semana vas a salir?
-Sí, he quedado con mis amigas de aquí, que hace bastante que no salgo con ellas.-Genial.
-Qué ganas tengo de verte…
-Sí, sobre eso…
-¿Qué pasa?
-Pues que la cosa se ha alargado y voy a estar dos semanas más aquí.

Elena se quedó en silencio, soltando un suspiro a los pocos segundos.

-Vale, no pasa nada.
-Ya verás como se pasan en nada. Estas tres semanas se han pasado rápido.
-Bueno…
-Venga, sé fuerte, que cuando llegue vamos a estar todo el día juntos.
-Vale. (dijo con un tono tristón)
-Venga, pásatelo bien con tus amigas. Te quiero.
-Y yo…

Me arrepentí un poco porque la vi regular, pero me moría de ganas por ver su cara cuando apareciera por sorpresa. Llegó el sábado, estaba sólo en mi habitación y Sofía me dijo de ir a tomarnos algo, prometiéndome que no pasaría nada y que no intentaría nada. Salimos un rato a un bar a tomar algo, echando un buen rato hasta que se empezó a armar jaleo porque había un partido de fútbol y empezó a entrar mucha gente. Yo estaba entretenido viendo el partido, pero me dio pena por Sofía, que parece aburrida, por lo que le dije de ir a otro sitio, ya que allí no podíamos hablar casi del ruido que había. Fuimos a otro bar más tranquilo y nos empezamos a contar cosas sobre nosotros. Entre una cosa y otra nos dieron casi las 12, por lo que volvimos al hotel, porque al día siguiente teníamos una comida con todo nuestro grupo para despedirnos y celebrar el éxito del proyecto.

Cuando regresé a mi habitación miré el móvil y vi que tenía una llamada perdida de Elena. Vi que me la hizo cuando estábamos en el bar donde había mucha gente, por eso no escuché como me llamaba. La llamé, pero no me lo cogía. Le escribí un mensaje, pero no lo abría. Me empecé a impacientar, pero poco podía hacer porque no conocía a ninguna de sus amigas con las que había salido. Me quedé tumbado por si me llamaba o algo, pero no lo hacía. Sobre las 2 por fin me volvió a llamar.

-Javi…
-Elena, ¿qué pasa?
-Eres un cabrón…
-Pero, ¿por qué? (pregunté alarmado)
-Te vas y me dejas aquí sola… (dijo empezando a llorar)
-Pero Elena…
-Yo te quiero, no quiero estar sin ti. (dijo aumentando el llanto)
-¿Dónde estás?

Colgó mientras oía como lloraba. Noté que la voz se le iba cuando hablaba, como si hubiera bebido bastante. Me puse bastante nervioso, lo único que se me ocurrió fue llamar a Noelia, quien después de un rato sonando me lo cogió.

-¿Qué quieres? ¿Has visto qué hora es?
-Noelia, tu hermana está mal.
-¿Qué le pasa?
-Está borracha y está llorando. Sé que está en tu pueblo, pero no sé dónde.
-Pues ya se le pasará la borrachera.
-Noelia, no me jodas.
-¿Qué quieres que haga?
-Ve a buscarla.
-Búscala tú.
-No puedo, estoy fuera.
-Pues no haberte ido.

Colgó el móvil. Volví a llamarla, pero lo había apagado. Llamé a Irene desesperado.

-¿Qué pasa, Javi?
-Irene, Elena está mal.
-¿Qué le pasa?
-Me ha llamado borracha y llorando. Me ha dicho que soy un cabrón por haberme ido y dejarla sola.
-¿Dónde está?
-En su pueblo, pero no sé dónde.
-Vamos a buscarla, tranquilo. Con lo que sea te llamamos.

Me puse a hacer la maleta rápidamente mientras me llamaban. Ya no quería estar allí más. Me puso muy mal cuerpo todo eso y me quería ir cuanto antes. Lo dejé todo preparado para irme, pero mi vuelo salía el lunes. Como quería irme de allí me puse a mirar vuelos, pero el próximo no salía hasta las 8 de la mañana. Sin pensar compré el billete y me empecé a vestir. Estaba muy nervioso, entonces me llamó Mario.

-Javi, ya la tenemos.
-¿Sí?
-Sí, la hemos traído a casa. Parece que ha bebido bastante, así que Irene le ha metido los dedos para que lo echara. Nos la hemos encontrado sola en un banco.
-Quiero hablar con ella.
-Irene la está tranquilizando y van a dormir. Mañana más tranquilamente hablas con ella.
-No, si mañana estoy allí.
-¿Ya vienes?
-Tenía el billete para el lunes, pero acabo de comprar otro para mañana, salgo a las 8.
-Vale, estaremos con ella hasta que vengas, pásate por mí casa.
-Vale.
-Y tranquilo, que ya está bien y no le pasa nada.
-Pfff… Lo he pasado mal.
-No te preocupes, mañana lo habláis tranquilamente.
-Vale, mañana nos vemos. Muchas gracias.

Seguía todavía nervioso, dando vueltas por la habitación, entonces me llamó Irene a los pocos minutos.

-¿Cómo estás?
-Todavía estoy nervioso.
-Vale, tranquilo, está bien. Está durmiendo, está Mario echándole un ojo mientras hablamos.
-¿Te ha dicho algo?
-No, cuando la hemos encontrado estaba llorando y la hemos metido en el coche, no se le entendía nada cuando hablaba. Después he intentado hablar con ella, pero nada. La he tranquilizado y se ha quedado dormida.
-Joder, no sé qué ha podido pasar. Le he dicho que tardaría dos semanas más, pero no parecía que se lo hubiera tomado tan mal.
-No sé, a ver qué dice mañana. Me ha dicho Mario que vienes mañana.
-Sí, sale a las 8 el avión, estoy ya vestido y todo.
-Javi, tranquilo. Descansa un poco, que ya ha pasado. Mañana se aclara todo.
-Irene, gracias por todo.
-No te preocupes Javi, ya os dijimos que sois muy importantes para nosotros.

Cuando dejamos de hablar me quité la ropa para intentar dormir un poco, pero no podía. Me puse a pensar en qué le podría haber pasado a Elena para ponerse así, pero tampoco sabía que le podía pasar. Entonces recordé las palabras que le dije a Elena el día que me dijo lo que sentía por mí. Eso de que yo siempre había ido a mi bola y que no quería echarme pareja para no tener que preocuparme de los problemas de otra persona. Esos problemas empezaron a aparecer con Elena, con el tema de su hermana, luego con lo de Ángela y ahora con esto. Me dio un poco el bajón al pensar en todo eso.

Las horas hasta coger el avión se me hicieron eternas, pero por fin me monté en él para regresar a casa. Antes de salir le puse un mensaje a Sofía para despedirme diciéndole que había tenido una urgencia familiar y que me tenía que ir cuanto antes. Cuando llegué pedí un taxi para ir a casa de Mario. Una vez llegué, llamé a la puerta, abriéndome Mario, diciéndome que pasara, que Elena se acaba de levantar. Fui hacia la cocina y ahí la vi, sentada con la cara descompuesta. Cuando me vio, saltó de la silla, viniendo corriendo hacia a mí para abrazarme, empezando a llorar.

Nos quedamos en silencio, sólo se oían los sollozos de Elena mientras me abrazaba con todas sus fuerzas. Irene salió de la cocina, poniéndome la mano en el hombro, dejándonos a Elena y a mí solos. Yo le abrazaba a Elena, acariciándole la espalda y la cabeza para intentar serenarla, pero su llanto era muy grande, incluso temblaba.

-Elena, tranquilízate, por favor. Ya estoy aquí, ya ha pasado todo.
-Javi, lo siento.
-No sabía que te fueras a poner así. ¿Por qué no me dijiste nada?
-No quiero hablar de eso…
-Bueno, ya está. No pasa nada.
-¿No te ibas a quedar dos semanas más?
-Era una sorpresa que te quería dar. El lunes venía y quería ir a tu casa para sorprenderte.
-Soy tonta.
-No digas eso. No lo sabías. No pasa nada. Ya ha pasado, no pienses más en eso.
-Vale…
-¿Quieres que vayamos a tu casa y estemos juntos?
-Sí, por favor.

Nos fuimos de allí, dándole las gracias a Irene y a Mario por todo lo que habían hecho. Fuimos hasta mi casa andando, pero Elena no quería entrar porque tenía muy mala cara y no quería que la vieran así. Avisé en casa de que ya había llegado, dejando también la maleta y cogí las llaves del coche para irnos a casa de Elena. Por el camino Elena fue callada todo el rato, mirando por la ventana. Yo le ponía la mano en la pierna y le acariciaba la cara para que se animara, lanzando ella pequeñas sonrisas cuando lo hacía. Una vez llegamos a su casa, entró ella primero para ver que no estuviera su madre. Me hizo pasar cuando vio que no estaba, yendo al salón, donde nos encontramos a Noelia.

E: Noelia, ¿nos puedes dejar solos?
N: Elena, estoy estudiando.
E: Pues te vas a casa de la abuela y estudias allí.
N: Es que tienen la televisión muy alta y no me concentro.
J: ¿No ves que tu hermana está mal y necesitamos estar solos?
N: Pues cuídala mejor y no estará así.
E: Noelia, cállate la puta boca y vete de una puta vez.

Noelia se quedó callada, un poco sorprendida por las palabras de su hermana, cogiendo sus cosas, guardándolas y yéndose de allí. Elena y yo nos sentamos en el sofá, recostándose ella sobre mí, cayendo dormida a los pocos minutos. Yo le seguí, ya que en toda la noche dormí nada y además estaba cansado por el viaje. Cuando me desperté me encontré a Elena mirándome, con el pelo mojado.

-Estás reventado, ¿eh?
-Sí, anoche no dormí nada.
-Lo siento, de verdad.
-¿Quieres hablarlo?
-Pfff… (dijo encogiéndose de hombros)
-No pasa nada si no quieres.
-Javi, yo cuando le cojo cariño a las personas me cuesta mucho dejar de verlas al menos que pase algo gordo, como lo de Alejandro. Por eso reaccioné así cuando dijiste que te ibas fuera, aunque solo fueran tres semanas, porque sabía como me iba a poner. Me ha pasado varias veces, cuando me fui a la universidad, con mi familia y todos mis amigos de aquí, este año cuando he vuelto a vivir aquí también me ha pasado con todas mis amistades de allí… Javi, te quiero como no he querido a nadie en mi vida, y notaba que me faltaba el aire al no tenerte a mi lado. Sé que sólo han sido tres semanas, que hablábamos todos los días y que a veces por X motivo hemos estado casi una semana sin vernos y no ha pasado nada, pero sólo pensar que estabas tan lejos, que no te tenía aquí por si me encontraba mal o me pasaba algo me ponía muy triste.

Me quedé escuchándola atentamente, con un nudo en la garganta. La manera en la que me hablaba me recordó mucho al momento en el que me dijo que sentía algo por mí. Me hablaba nerviosa, pero con decisión y con unos ojos que transmitían más que sus palabras.

-¿Por qué no me habías dicho esto antes?
-¿Y dejarte sin esa experiencia?
-Lo podríamos haber arreglado para que vinieras conmigo.
-¿Y qué le digo a mi madre? Mira, mamá, que me voy tres semanas a otro país con un chico. Javi, si me la lía si meto aquí a un chico, imagínate si le digo eso…
-Me tendrías que haber dicho que tenías miedo de que te pasara eso.
-Javi, no iba a dejar que te perdieras esa oportunidad por una tontería.
-No es una tontería, Elena. Para mí eres lo más importante que tengo en mi vida, más que cualquier trabajo de mierda. Yo decidí apostar por esta relación y creo que sabes de sobra lo que siento por ti y lo importante que eres para mí. Yo quiero que seas feliz a mi lado y si hay cualquier cosa que impida eso y yo puedo solucionarlo o depende de mí, quiero que me lo digas.
-Pero es que entonces no hubieras ido de saber que me pasaría esto.
-Por supuesto que no hubiera ido. Es que vamos, le dan por culo a mis jefes, desde el primero al último.

Elena se abalanzó sobre mí, fundiéndonos en un beso muy lento, pasando una pierna por encima de mí, poniendo ambas a cada lado de mi cuerpo, agarrándome la cara con sus manos, haciendo que mirara había arriba por como estaba ella encima de mí, cayendo su pelo mojado sobre mi cara, mojándomela, con su olor, junto al del champú que usaba. Se separó de mí, mirándome con unos ojos vibrantes, empezando a aumentar el ritmo de su respiración. Después me volvió a besar, con mucha ansia y lengua, devorándome la boca, interrumpiéndolo sólo ese beso para quitarse la camiseta, dejándome sus pechos a mí disposición. Me quedé mirándolos, notándose aún una ligera marca del bikini por haber tomado el sol cuando estuvimos en la playa la última vez que nos vimos. Elena volvió a besarme con la misma intensidad, aprovechando yo mientras para tocarle las tetas y los pezones, notando que estaban durísimos, más que de costumbre. Empezó a gemir en mi boca mientras se los tocaba, acariciándolos con mis pulgares y pellizcándolos ligeramente. Mi erección fue instantánea, haciendo que los pantalones me apretaran mucho, al punto de llegar a dolerme. Me incorporé, echando mi cuerpo hacia delante para empezar a comerle las tetas a Elena, quien gemía más, echando su cabeza hacia atrás.

Me estaba encantado saborear sus tetas, pero no aguantaba más y la cogí en brazos para ir a su habitación, con ella abrazándome con fuerza. Cuando llegamos, la tumbé despacio en su cama, donde le seguí comiendo las tetas durante un rato, con ella lanzando gemidos mientras me acariciaba el pelo. Me levanté para empezar a desnudarme, haciéndolo ella también. Se sentó con las piernas cruzadas en la cama, agarrando mis muslos para llevarme hacia ella, cogiendo mi polla con fuerza para metérsela en la boca y empezar una mamada con mucha ansia, empujando mi culo hacia ella para tragar cada vez más, metiéndosela entera en la boca, soltando muchas babas y haciendo sonidos de atragantarse. Tuve que pararla porque notaba que me iba a correr, empujándola desde sus hombros. Ella me miró sin entender por qué la paraba con una mirada muy intensa que me hizo sentir un fuerte ardor por dentro de mi pecho. Me abalancé sobre ella, dándole varios besos, por su cara, sus labios, su cuello, bajando por su cuerpo hasta llegar a su coño. Aprecié que le había crecido el vello, formando de nuevo un triángulo invertido en su pubis. Se lo empecé a comer rápidamente, haciendo que se corriera en poco tiempo, entre fuertes temblores y gritos.

Sin apenas dejar que se recuperara, me puse a su altura para empezar a besarle el cuello, metiéndole mi polla, entrando muy fácil por lo mojada que estaba y por las babas que tenía en mi polla aún por su mamada. Ella reaccionó con un gemido muy fuerte, pero se relajó una vez acabé de metérsela, quedándome quieto con toda mi polla en su interior. Notaba como le vibraba, estrujándome ligeramente. Empecé un ligero movimiento mientras me apoyaba en mis brazos y le besaba el cuello, aumentando el ritmo conforme pasaban los minutos, con gemidos por parte de ambos hasta que de repente me cogió con fuerza, moviendo su cuerpo para ponerse ella encima, empezando una cabalgada a buen ritmo mientras apoyaba sus manos en mi pecho. Ella jadeaba muy fuerte, con algunos gemidos de por medio. Entonces se inclinó sobre mí para empezar a besarme el cuello, notando casi instantáneamente escalofríos por toda la espalda, hombros, brazos y piernas mientras ella movía su cuerpo hacia delante y atrás con toda mi polla en su coño.

No hizo falta nada más para que a los pocos segundos me empezará a correr entre gritos, levantando mis caderas mientras cogía a Elena del culo. Ella al notar como me corría, cortó su respiración durante unos pocos segundos, empezando a temblar fuertemente y a lanzar alaridos mientras me arañaba el pecho con fuerza, empapándome por su corrida, dejándome las caderas, muslos y barriga chorreando. Se derrumbó sobre mí, con espasmos, quedándose dormida a los pocos minutos. Liberada la tensión, yo también me quedé dormido mientras aspiraba su olor y le abrazaba por la espalda. Al rato nos despertamos, quedándonos abrazados, con varios besos y caricias.

-Que no se te olvide nunca… (dije señalando a la pizarrita que tenía colgada en la puerta de su habitación, donde seguía el mensaje que le dejé)
-Nunca. (dijo abrazándose fuertemente a mí)
-Me has reventado el pecho… jajaja.
-Después de tres semanas… Se me hacía la cama muy grande sin ti.
-Yo también te he echado muchísimo de menos.

Estuvimos un buen rato con besos mientras nos abrazábamos, yendo después a ducharnos después de cambiar las sábanas, ya que estaban empapadas de nuestras corridas. Nos quedamos a comer en su casa, quedándonos después en el sofá sentados. Elena estaba más tranquila, pero se abrazaba a mí con fuerza. Estaba muy a gusto con ella, pero aún seguía cansado, por lo que me quedé dormido. Me desperté a las pocas horas oyendo a Elena hablar con alguien, puse el oído y oí que era Noelia.

-Elena, necesito estudiar y allí no puedo, no me concentro.
-Te he dicho que nos dejaras solos.
-¿No habéis tenido tiempo de follar o qué?
-Pero, ¿tú eres gilipollas o qué te pasa?
-¿Por qué me hablas así?
-Porque me tienes harta.
-Muchas veces te he hablado así y no te has puesto como te estás poniendo ahora. Y está mañana también me has echado de malas maneras.
-¿Es que no ves como me hablas tú y lo que dices?
-Sí, pero ya me conoces y no te tendría que pillar de nuevas.
-Ya…
-Va, ¿qué te pasa?
-Nada.
-¿Qué te ha hecho?
-Cállate anda. No me ha hecho nada ni me pasa nada. Simplemente quiero estar con él. Hace tres semanas que no lo veo y necesito estar con él.
-A mí no me engañas, algo te pasa.
-Que no me pasa nada.
-Elena, soy tu hermana y te quiero. Si quieres hablarlo, ya sabes que me tienes aquí.
-Sí, lo sé, pero no hay nada de qué hablar. Ya está todo bien.
-¿Ves? Sabía que pasaba algo. ¿Qué ha hecho?
-Noelia, ¿puedes parar?
-Joder, sólo me preocupo por ti. Yo te he contado mis cosas y tú nunca me cuentas nada. Ya veo lo que confías en mi…
-No es eso.
-¿Entonces?
-Es algo muy personal, Noelia.
-Tú me has ayudado y yo quiero ayudarte, déjame por favor.
-Vale, luego te cuento. Anda, ve a tu habitación y estudia allí.

Cerré mis ojos para hacerme el dormido mientras pensaba lo falsa y manipuladora que Noelia. Me parecía raro que siendo hermanas fueran tan diferentes en todos los aspectos salvo en sus físicos, por evidentes razones. Elena se recostó de nuevo sobre mí, abrazándose. Se quedó dormida sobre mí regazo a los pocos minutos. Se notaba que ambos no habíamos dormido a penas la noche anterior, porque a cada rato caíamos rendidos. Aproveché el momento para escribirle a Noelia.

-Creía que estaba claro que no ibas a hacer NADA.
-¿Qué he hecho?
-Preguntarle qué le he hecho, intentar sonsacarle qué le pasa…
-¿No puedo preocuparme por mi hermana?
-Ahora sí te preocupas, ¿no? Anoche te daba bastante igual que estuviera tirada en la calle borracha y mal.
-¿Qué sabrás tú?
-Lo que sé es que eres muy falsa y una manipuladora.
-¿Te divierte hacer esto?
-¿Crees que soy como tú?
-No lo sé, por eso te lo pregunto.
-Pues no, no me divierte. Ojalá fueras la mitad de buena que Elena. Sería todo tan fácil…
-Ya, soy una hija de puta. Es lo que hay.
-Joder, ni con estas se te bajan los humos…
-Tal vez me tengas en una trampa, pero ni tú ni nadie me va a cambiar, aunque esté así. Eso tenlo claro.
-Pues más te vale que te relajes.

Noelia no me volvió a responder, por lo que dejé de hablar con ella. Después vi que tenía mensajes de Sofía, quien me decía que había sido una lástima que me hubiera tenido que ir sin poder despedirnos bien y que a ver si coincidíamos alguna vez para tomar un café. El resto de la tarde estuvimos juntos hasta que llegó la noche, cenando juntos, sin rastro de Noelia.

-¿Te quedas a dormir?
-No creo que sea buena idea. Ya sabes que con tu hermana aquí no me hace mucha gracia. Además, mañana tiene clase y si tu madre viene, no nos enteramos y nos ve, se lía.
-Vale… Llevas razón.
-¿Estás ya mejor?
-Sí.
-Genial. Mañana por la mañana hablamos. Y si te encuentras mal, quieres hablar o lo que sea, avísame, ¿vale?
-Vale. Te quiero.
-Y yo a ti, Elena. (dije abrazándola fuertemente)

Después de despedirnos, me fui a casa, yéndome directamente a dormir. Al día siguiente, ya habiendo descansado me levanté y hablé con Elena, estando ya más animada.

Sobre las 12 recibí una llamada de mis jefes, diciéndome que estaban muy contentos con mi trabajo durante la semana previa y las tres semanas que estuvimos fuera. Me dijeron que veían un gran potencial en mí, ya que era bastante joven y había sacado el trabajo como ellos esperaban, por lo que me propusieron un ascenso. Me explicaron de qué se trataba mi nuevo trabajo, siendo el jefe del departamento en el que yo trabajaba, con un notable aumento de sueldo. La verdad es que estaba bastante sorprendido, porque sonaba bastante bien, me lo vendían demasiado bien para que no tuviera ninguna pega. «Pegas» que vinieron después.

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