ALMUTAMID

Cuando llegué a la residencia mis amigos ya iban por los postres así que me dirigí directamente al comedor y ya me ducharía después. Al sentarme con mi bandeja en la mesa empezaron a aplaudir con mucha sorna. Pero el aplauso y el cachondeo se extendieron por toda la sala a otras mesas que me miraban. Me senté extrañado y avergonzado. ¿Qué pasaba? Sol, tan atenta como siempre fue la que me explicó el jolgorio:

-Luis, vaya espectáculo habéis dado. Se os escuchaba por todo el pasillo.
-¿Cómo?-pregunté sorprendido.
-Menuda tarde te has pegado, chaval…-soltó Víctor dándome un manotazo en el hombro.
-Ay, sí, sí, Luis, eres una máquina…-imitaba Ángela supuestamente a Mamen con voz aguda.
-Joder…
-Eso, joder y joder, jajajajaja- rio Víctor- ¿de dónde te has sacado a esa fiera?
-No le quites importancia- replicó Ángela- algo bueno estaría haciendo el niño…
-Qué vergüenza…dije echándome las manos a la cara.
-Di que no, Luis- contestó Ángela- envidia que te tienen.
-Pero no me imaginaba que se oiría todo…-me expliqué.
-Claro, tú estabas a lo que estabas, jajajajaja- rio Víctor.
-Anda, dejadlo que cene tranquilo- los interrumpió Sol.

Tras la cena tuve que explicarle a Víctor quien era Mamen, como nos habíamos conocido y como sólo era una amiga. Me duché pues aparte del sudor y del esfuerzo mi cuerpo tenía restos de mi propio semen y mi polla olía a una mezcla de esperma y babas. A pesar del bochorno durante la cena el sexo me había dejado como nuevo, y la actitud de Ángela también me había tranquilizado, así que fui capaz de dormir más de diez horas seguidas aprovechando la mañana para estudiar.

Al mediodía había quedado en recoger a Miriam de un examen pues íbamos a estar esa tarde juntos para que yo, que ya llevaba varios días preparando el último examen le explicara como organizarse. No era un examen complicado, pero me apetecía estudiar acompañado. Pasaba demasiadas horas solo. Durante la comida tuve que aguantar también su guasa, pues Víctor le había contado todo, y un exhaustivo interrogatorio sobre Mamen muy a su estilo de cotilla del que me escapé como pude.

Por fin llegamos a la residencia. Recogimos a Víctor en su dormitorio y nos metimos los tres en el mío. Me sorprendió que Víctor se viniera con nosotros pero evidentemente su interés no era nuestro estudio.

Estuvimos organizando sus apuntes y yo le expliqué las pautas que yo estaba siguiendo mientras Víctor aparentemente estudiaba en la mesa de Marcos. Como yo ya llevaba varios días con esa asignatura los dejé un rato en el dormitorio y me fui a que me diera el aire y buscar una botella de agua en la máquina. No debí tardar ni media hora, pero cuando regresé al dormitorio me llevé la sorpresa de encontrarme un calcetín en la puerta Fui a abrir la puerta mosqueado pero los leves gemiditos que se oía eran evidentemente de sexo.

No iba a montar un espectáculo después de lo que me había pasado el domingo con Mamen así que bastante cabreado pero resignado me fui al dormitorio de las chicas. Llamé a la puerta y me dejaron pasar.

-¿Os lo podéis creer?- entré diciendo indignado.

Las chicas me moraban con curiosidad y cierta extrañeza y yo seguí:

-Me pide estudiar conmigo, la traigo a la residencia para que vea a Víctor. Salgo un momento de la habitación y cuando vuelvo calcetín en la puerta. Joder. Sin pedir permiso ni nada.
-Están empezando y se tienen ganas, es norma…-dijo Ángela quitándole importancia al suceso.
-¿Y qué trabajo les costaba decirme algo?
-Luis déjame tu cuarto para follar, no sé. Suena frío.- explicó Ángela.
-Víctor tiene confianza de sobra conmigo para eso y más.
-Pues habrá sido un apretón, yo que sé. Anda siéntate aquí y espera un rato. O una tarde, como tú el domingo, jajajajajaja- soltó Ángela jocosa.
-Ya me estoy cansando de la guasita…

Me quité la sudadera y me tiré en la cama de debajo de la litera comentando:

-La verdad es que veo que os ha hecho mucha gracia el asunto.
-Bueno es que es un poco fuerte, jijiji…-rio Sol.
-No lo hice queriendo- me justifiqué.
-Viendo lo colorado que te pusiste en la cena ya sé que no- me respondió la enfermera.
-Pero a ver que yo me entere- terció Ángela- ¿estás saliendo con esa chica o no?
-Que va…si es la misma con la que Sol me pilló hace tiempo…

La enfermera se puso colorada recordando el momento y se disculpó:

-Yo no quería, de verdad. Que corte con vosotros. Y además que no sabía. Es que ya llevo unos cuantos cortes contigo, Luis…
-¿Unos cuantos?- preguntó Ángela.
-Cuando me curó las heridas que me hice jugando al fútbol- expliqué rápidamente para no tener que contar mi huevo negro y el mal rato de la chica cuando se encontró con mi churra tiesa frente a su cara.
-Pero si no salís, ¿por qué…?-no terminó Sol la pregunta.
-Pues porque quedan para follar, reina- explicó Ángela.
-Yo es que eso es algo que sólo concibo con alguien que me guste mucho, por quien sienta algo.-se explicó.
-Pero a Luis le gusta darle marcha a la churra, jajajajaja- soltó Ángela mientras con sus dedos atrapaba mi nabo por encima de las calzonas haciéndome dar un respingo.
-!Tía, córtate¡- respondí apartándome mientras mi amiga se reía ante el asombro de Sol.
-Pero, ¿cómo se queda con alguien para eso?- preguntó Sol obviando el gesto inapropiado de Ángela.
-Hay apps de contactos y tú dices qué buscas, amistad, relación, polvo…-explicó la lesbiana.
-Yo no conocí a Mamen así.
-¿Entonces?
-Pues fue de casualidad- empecé a narrar volviendo a tumbarme en la cama- El verano pasado terminé los exámenes muy tarde. Ya os habíais ido todos y apenas quedábamos unos pocos en la residencia.
-Bueno, yo ni había llegado…-comentó Sol.
-Después del último examen salí de marcha a celebrarlo con dos compañeros del equipo. Éstos son de los que van a saco y le entraron a unas chicas que celebraban un cumpleaños. Yo me puse a charlar con la que me parecía más mona y resultó ser Mamen.
-¿Y os enrollasteis?- preguntó Ángela interesada.
-Que va, jajaja. Yo teóricamente estaba con Marta. Además apenas unos días antes me había reencontrado con Claudia y tenía esperanzas de volver con ella. La chica se me insinuó, pero yo la rechacé de buenas maneras y no pasó nada más que una charla agradable.
-¿Y entonces?
-Hace unos meses nos volvimos a encontrar casualmente en el mismo sitio. Yo ya sabía que no tenía nada que hacer con Claudia y con Marta ya había ocurrido todo el show del verano. Así que charlando con ella me dio a entender que le seguía gustando.
-Qué directa, ¿no?-preguntó Sol.
-Ella es así. No quiere relaciones serias. Me contó alguna mala experiencia y entre su familia y su trabajo y tal dice que sale poco y cuando tiene tiempo libre prefiere divertirse. Y el sexo para ella forma parte de esa diversión. Tiene follamigos temporales.

Sol alucinaba pero ahora era Ángela la que mostraba más interés en la historia añadiendo:

-Y como tú estabas libre os enrollasteis…
-Exacto.

Tampoco iba a explicarles que me había comido la polla en un callejón. Además para dar a entender que no había sido tan así continué:

-Ahí fue cuando la invité a venir a la residencia pero fue un intento algo accidentado. No salió muy bien.
-Ay, Luis. De verdad cuanto lo siento…-se disculpó Sol por enésima vez.
-Tranquila, que eso es muy antiguo ya.
-Pobrecita, jajajaja- rio Ángela- se quedó impresionada pillando a la invitada comiendo salchicha…
-¿Diste detalles?
-Con pelos y señales, jajajaja….
-Eso es mentira.-se quejó Sol-Sólo le conté que estaba la chica agachada entre tus piernas. Lo demás lo habrá deducido ella.
-Pues de rodilla y entre las piernas. Blanco y en botella, jajajaja- seguía Ángela con el mismo tono jocoso haciendo el gesto con su mano de meterse un puño en la boca mientras con su lengua presionaba los mofletes imitando una mamada.
-Ay como estás, de verdad- se quejó la enfermera.
-Pero bueno, si la cosa salió mal ¿cómo es que volvisteis a quedar?- quiso saber Ángela.
-Pues hace unos días la llamé para decirle que me iba y si nos veíamos para despedirme. Ella me propuso ir al cine a ver una película, la verdad, un poco peñazo, pero tras el cine la invité a venir y aceptó. Y lo demás pues parece ser que lo sabe toda la residencia y vosotros además aireándolo.-rematé incómodo.
-No fue así, Luis- se justificó Sol- al empezar la cena vino gente a contarnos lo que se oía por el pasillo y que era en tu habitación. Que además te habían visto salir con la chica y, bueno, Ángela te había visto también llegar con ella. A mí no me gusta meterme en la vida privada de nadie.
-Lo sé. Eres un sol…-respondí parafraseando su nombre.
-Tonterías. Sólo pasamos un buen rato a tu costa.

Me despedí de las chicas y fui a mi habitación pues Víctor me había mandado un mensaje diciéndome que se iba a acompañar a Miriam a su casa. “Ya se podrían haber ido antes” pensé “ Y haber echado un polvo allí y no en mi cama”. Ya se lo afearía en la cena. Me fui a correr y cuando regresé a la residencia me encontré un mensaje de Mamen en el móvil. No me lo esperaba:

-Hola Luis. Ya sé que nos habíamos despedido ayer pero llevo todo el día escocida y acordándome de ti.

El mensaje era de unos pocos minutos antes y respondí:

-Vaya. Lo siento.
-Para nada. Fue increíble. Cada vez que me acuerdo de lo de ayer me mojo otra vez. No he podido evitar contárselo a mis compañeras.
-Si está todo bien me alegro mucho. Pensaba que te había hecho daño.
-Mejor estar escocida de gusto que baldada de trabajar.

Entonces como venía de la ducha me solté la toalla me sobé un poco y me hice una foto de la polla mandándosela a la cajera. Le puse como mensaje de acompañamiento:

-Alguien también tiene muy buen recuerdo…
-Eres un cabrón, me provocas, jajajaja. Llevo todo el día mojada por tu culpa.- respondió junto a un emoticono de una carita con corazones en los ojos y otro de una cascada.
-Me parto contigo. Eres increíble. Una pena separarnos.
-Cuídate mucho Luis.
-Igualmente.

Las disculpas que ni Víctor me había dado en la cena por apropiarse de mi dormitorio sin avisar para echar un quiqui con su novia me las dio Miriam comiendo al mediodía siguiente. Sus explicaciones fueron poco convincentes. Que si había surgido, que había sido un calentón, que ella no era así…Evidentemente habían quedado para hacerlo en la residencia y el único espacio libre era mi dormitorio. Pero, para tres días que me quedaban en el convento no iba a montar una película. Leve reprimenda y un consejillo: si te quieres tirar a tu novio en mi dormitorio sólo tienes que pedirme permiso.

En la cena de aquella noche le pregunté a Ángela si era conveniente despedirme de Marta antes de irme pero me lo desaconsejó totalmente. Marta me odiaba. En realidad la propia Ángela sabía que no tenía motivos pues había sido menos sincera que yo. Pero hay muchas formas diferentes de asumir el fracaso: yo era consciente de haber fracasado con Claudia por i culpa, pero Marta, a pesar de sus engaños y manipulaciones, seguía pensando que habíamos fracasado también por mi culpa. Me daba pena pues habíamos vivido muchos momentos juntos como amigos y como pareja, pero, también yo tenía muy claro que ella era uno de los motivos que me habían empujado a diseñar mi plan. Puerta cerrada.

También dudé si decirle a más gente que mi marcha era definitiva. Sin tener seguro el aprobado en los exámenes que estaba haciendo era muy arriesgado. Y es que pensando fríamente mis recuerdos en los últimos tiempos en la residencia no eran para tener dudas. Marcos no llegaba ni a compañero de cuarto, Víctor iba siempre a su bola y se mojaba menos que un gato, con Dani siempre acababa metido en un lío…Y por el lado femenino sumaba errores uno tras otros. La mayoría eran culpa mía, lo admito. Pero no todos. María quedaba muy lejos, Marta para qué…, Ángela, seguía ahí pero su personalidad era inestable. Pasaba de una aparente lealtad a usarte para echarte la culpa a ti. De lesbiana militante había pasado a supuesta bisexual porque decía que yo la atraía. Como no le daba bola se alía con Marta para joderme y después reaparece como amiga pero con una actitud que no encaja con los sentimientos que decía tener. Demasiado difícil para mí. Todas las mujeres son difíciles, pero ésta se llevaba la palma.

Desde luego no iba a contar con ninguna de mis aventuras sexuales. Blanca, de mosquita muerta a trepa, utilizaba a los tíos para sus intereses personales a cambio de sexo. Mejor lejos. De la histérica de Ana ni hablamos. Lo mejor que me había pasado a la vuelta de Navidad había sido no saber nada de ella. Mamen era la excepción. Era la única que tenía claro lo que quería. Pero en el fondo éramos muy diferentes. Yo ya sabía distinguir muy claramente la diferencia entre amor y deseo. A Mamen la deseaba. Estaba buena y follaba bien. Pero no me iba a enamorar de ella por muy bien que la chupara. Y dudo que ella de mí tampoco a pesar de las palabras que me dedicó como elogio en su despedida. Eso sí, por su mensaje de la noche anterior estaba claro que yo despertaba en ella una atracción sexual inusitada y no podía evitar enorgullecerme de ello.

Sospechaba que cuando pasaran los años y el paso del tiempo fuera cubriendo los recuerdos hasta dejar algunos ocultos sólo habría dos personas de la residencia que seguirían en mi memoria. La abnegada enfermera Sol y mi Claudia. Tan distintas y tan parecidas. Ideas claras, principios firmes. Ellas nunca me utilizarían como Marta o Ángela. ¿Qué habría pasado de habernos conocido en otras circunstancias? Seguramente lo mismo. Amistad fiel. Yo no era persona para ella. De hecho, esa era parte de mi plan. Nunca más iba a volver a ser el Luis pardillo del instituto. Pero convertirme en el follador de la pradera no me había servido para ser mejor persona. Tenía que ser yo. Tenía que ser una persona que si conocía al amor de su vida no lo tiraba todo por tierra por meterla en caliente.

Algunos os preguntaréis ¿y entonces a qué jugaba con Mamen? Todo cambio conlleva un proceso. El mío pasaba por salir de la residencia e irme a Lieja. En ninguno de esos lugares podía solucionar el detalle de que estaba decidido a compartir mi vida de manera fiel y estable con una persona. Podríamos considerar que estaba dando mi gira de despedida. Era una hipótesis. En ese momento me sentía muy lejos de la persona querida y veía mi éxito muy comprometido. Encerrarme como un monje no iba a solucionarlo. Por tanto el momento llegaría cuando la parte académica de mi plan quedara cerrada. Y no contaba con alguna sorpresa.

El viernes por la tarde Ángela volvió de hacer un examen. No estaba muy contenta. Era algo habitual en ella. La faltaba confianza en ella misma y lo trasladaba a su falta de seguridad. Iba aprobando regularmente pero eso no la sosegaba demasiado. Su nerviosismo se transmitía a quien estuviera con ella por lo que Sol directamente la echó de la habitación para poder estudiar y que le fuera con la monserga de su seguro suspenso, que después no se cumplía, a otro. Otro, que evidentemente fui yo.

Debían ser las 4 de la tarde. Yo estaba tirado en la cama en calzoncillos intentando echar una siestecilla cuando Ángela llamó a mi puerta.

-¿Se puede?- dijo a la vez que llamaba abriendo la puerta sin esperar mi respuesta.
-Ya estás dentro- respondí con obviedad.
-Sol me ha echado porque dice que no la dejo estudiar.

Quise incorporarme para vestirme pero Ángela se sentó a mi lado en la cama diciéndome que no me levantara, que siguiera descansando. Venía con sus típicas camisetas negras y unas chanclas. Debía haber pasado frío en el pasillo. Al sentarse se le subió la camiseta viéndosele unas bragas negras de tipo deportivo. Ni se había vestido para venir. Debían haber discutido y había salido con lo puesto.

-¿Habéis peleado?
-No. Pero dice que soy una histérica y que no se puede concentrar conmigo.
-Y tiene razón.
-Es que no lo puedo evitar. Me pongo muy nerviosa.
-Ven anda…

Tiré de su brazo para que se recostara en mi hombro. Ángela subió las piernas acostándose a mi lado acomodándose como una niña pequeña.

-Hacía mucho que no estábamos así.-me dijo abrazándome a la altura del pecho.
-Porque tú no querías.
-Vale. Soy una histérica y la cagué contigo. ¿Cuántos palos más me váis a dar hoy?
-No es cuestión de palos. Los días de examen te pones insoportable. Ya te pasaba con Vanessa y ahora con Sol. Y todo es tuyo, cosa de esta cabecita- dije golpeando con mi dedo su sien- Después al final apruebas y se pasa el susto. Es un problema de inseguridad.
-Pero yo soy así. Mi vida es la inseguridad. Los estudios, los amigos…y de parejas ni te cuento. Con Karina vivía en un permanente ataque de cuernos.
-Lo sé. Y lo sufrí. Aunque con esa no te faltaba razón.
-Luis, dudo de todo. Y no me atrevo a nada.
-¿Me lo dices o me lo cuentas?- respondí sarcásticamente- Yo vivo igual que tú pero no lo pago con los demás como tú.
-Siento haberme portado mal contigo. En el fondo todo es fruto de mi inseguridad. Y tú eras la última persona con quien tendría que haberlo pagado. Y sí, te admito que Marta es sibilina. Aunque yo me dejé arrastrar. Quería que tú fueses el malo de la película.- confesó.
-Y lo era a mi manera. Pero no como ella lo cuenta. Ni para que te pusieras de su parte…
-Había otras cosas.
-Ya.-dije para intentar cortar ese tema ahora que parecíamos recobrar la confianza perdida justo antes de mi marcha.

Nos quedamos unos instantes en silencio con Ángela sobre mi hombro abrazados por la cintura. Entonces mi amiga habló de nuevo:

-¿Ya has identificado a las sotas de tu baraja?
-La verdad es que no creo mucho en las cartas ni en el destino. Mi destino era Claudia y la cagué yo. No unas cartas.
-En realidad tampoco creo mucho en eso. Aunque es una buene excusa para justificar nuestros propios errores.
-Empiezas a parecerte a mi amiga Ángela. El diablo que te había poseído se ha ido…jajajaja.

Me golpeó el pecho con la palma de la mano pero en vez de retirarla la dejó apoyada sobre mi piel.

-¿Alguna vez has pensado que tenías que atrapar tu destino y hacer algo para impedir que la vida te arrastrara?- me preguntó con la mirada perdida.
-Mi vida últimamente es una sucesión de errores en la que precisamente cuando llegaban esos momentos tomaba siempre el camino erróneo.
-¿Y sabías que te estabas equivocando?
-Lo sabía pero siempre buscaba una excusa.

Ahora su mano acariciaba mi pecho con cariño. Desde la vez que nos habíamos colado de noche en una piscina Ángela no me acariciaba así. Y había sido también el preludio de una despedida.

-Yo estoy en uno de esos momentos, Luis…

Guardé silencio esperando que continuara.

-…tengo que hacer algo para no lamentarme toda la vida. Y sé que es algo crucial. Porque he creído ser algo y ahora creo que soy diferente. Y si no lo hago ahora sé que nunca lo voy a saber. Si creyeras que necesitas saber algo, y que puede cambiar tu vida para siempre ¿darías ese paso?
-¿Qué te dicen las cartas?
-Pasa de cartas. Tú no crees en eso y yo aunque las eche tampoco.
-Si esa decisión te sirve para acabar con tus dudas deberías dar el paso.

Ángela se quedó pensativa unos instantes como sopesando qué hacer o decir y entonces en un movimiento rápido se sentó sobre mí pasando sus piernas a ambos lados de mis caderas. Me pilló tan pro sorpresa que cuando quise reaccionar ya estaba sentada sobre mi polla. Siento tan menuda y delgada yo podría quitármela de encima con facilidad pero esperé a ver que decía:

-Luis, tienes que hacerlo conmigo antes de irte…
-No creo que sea una buena idea.
-Necesito saber qué siento. Y te vas. Y no me voy a quedar toda la vida lamentándome por no haberlo hecho con el chico que me gustaba. Es lo mejor. Yo salgo de dudas y tu marcha evita líos…

No me esperaba esa reacción de Ángela. Tan directa. Era mi amiga pero es verdad que dos veces la había mirado como mujer: aquel día en la piscina, y en el baño del hostal de la playa.

-…claro que si te resulto repulsiva, o no te gusto como esa Mamen, ni siquiera para follar…-continuó mientras se quitaba la camiseta dejando sus pequeños pechos ante mis ojos.
-No es eso y lo sabes. Eres una niña preciosa. Y lo he pasado mal más de una vez por tus braguitas o viéndote las tetas. Pero es que me voy, Ángela…

Se dejó resbalar de nuevo a mi hombro echándose abrazada a mi lado sin ponerse la camiseta y se quedó callada. Yo la abracé para que sintiera mi afecto. Permanecimos ambos en silencio abrazados un buen rato. Ninguno se atrevía a decir nada ni a moverse.

-El día que quedaste con Karina para posar fue el que cambió todo- dijo Ángela rompiendo el silencio acariciando de nuevo mi pecho- Era un favor muy grande. Sabía que no te caía bien y aun así lo hiciste. Y cuando llegué te vi allí desnudito, vulnerable. Tan cortado. Te había pedido demasiado y tú allí estabas. Por mí. Ni mi novia haría eso. Te empecé a mirar con otros ojos. Me gustabas aunque tuvieras churra. Pero eso no podía ser. Estaba confundida por los acontecimientos y quizá era un inmenso cariño. Pero algo distinto estaba sintiendo…

Mientras me hablaba yo acariciaba su espalda escuchándola.

-…¿te acuerdas el día que nos colamos en la piscina aquella?

Asentí con la cabeza.

-Ese día estábamos como ahora. Tumbados en la hierba rozando nuestros cuerpos. Me moría por besarte. Pero tú estabas con Marta. Y yo se supone que era su amiga. Así que tuve que reprimirme. Bueno, también temía tu reacción. Pero estabas tan guapo mojadito, y me dabas tanta confianza…

Yo seguía callado escuchándola atentamente.

-…pero la cagué en la playa. Estaba superada por los acontecimientos. Tu historia con Claudia. La forma tan fea en que os tratasteis. Ella con el cachitas y tú deseando provocarla con la primera que pasara. Y yo ¿qué hice? Liarme con Chari que ni sabía ni me apetecía, negando lo que sentía por ti y dejándote solo. Tendría que haber ido de frente a por ti y no pasarme todo el resto del fin de semana avergonzada y jodida por mi malas decisiones y todo lo que estaba pasando.
-No siempre sabemos tomar las decisiones adecuadas y después nos arrepentimos. Nunca es fácil.
-Pero yo hago siempre lo contrario que tengo que hacer- se lamentó provocando que le besara la frente- Quiero decirte lo que siento y me voy con Chari. Qué desastre. Y después del verano avergonzada me dedico a culparte de todo y ponerme del lado de Marta cuando no había por donde cogerla. ¿Quién se va a fiar de alguien como yo?
-Tu problema siempre es de inseguridad. Sé que es difícil decirle a tu amigo que te cree lesbiana lo que sientes por él. Pero al final lo hiciste y aquí estamos. No he rechazado tu amistad aunque te aclaré que no podemos tener una relación. Te quiero mucho pero ya sabes que mi corazón está en otro sitio.
-Pero Luis. Eso lo sé. Y lo asumía. Pero me cuesta verte acostarte con esa Mamen y yo no poder saber que se siente entre tus brazos. Mis sentimientos son los que son. Hagamos lo que hagamos. Sólo te pido sentir tu cuerpo. Sentirme tuya solo un momento y salir de esta inmensa duda.
-¿Y no has pensado en otros tíos?
-Claro que lo pensé, pero no puedo. No quiero acostarme con un tío. Quiero sentirte a ti…

Me quedé pensativo mirando hacia arriba mientras Ángela dibujaba mi hombro y mi pectoral con su dedo. No era una decisión fácil. Siempre he estado muy a gusto con ella a pesar de sus líos y quizá tras mi marcha no volviera a vera jamás. Ese pensamiento me provocó cierta ternura. Trataba de imaginar sus sentimientos. ¿Y si yo fuera Claudia y ella Luis? Luis querría vivir sus últimos instantes con ella…

Giré la cabeza casualmente a la vez que ella. Se encontraron nuestras miradas. No sabía qué hacer ni qué decir. Ella tomó la iniciativa besando mis labios con dulzura y cerrando los ojos. Sus labios eran suaves y tibios. Los separó y se pasó la lengua por ellos como queriendo atrapar la sensación de haber rozado mis labios. Ante mi parálisis repitió el beso pero ahora atrapando mi labio inferior entre los suyos. Su mano se aferraba a mi pecho prolongando el contacto.

Se separó y abrió los ojos diciéndome:

-Tienes unos labios suaves aunque raspa un poco tu barba.
-Soy un tío y llevo tres días sin afeitarme- respondí.

Y Ángela tomando cierto impulso se pegó más a mí montando su torso sobre el mío para poder besarme con más fuerza esta vez entreabriendo las bocas y dejando que nuestras lenguas se encontraran. Sentía sus tetas pequeñas pero bastante firmes clavadas en mi piel y me sorprendí acariciando su espalda con deseos de tocarlas. Si daba ese paso ya no habría marcha atrás.

Ella ahora sujetaba mi cara con su mano mientras nuestras bocas seguían comiéndose. Evidentemente algo ya había despertado en mis calzoncillos demostrándome que estaba disfrutando con el cuerpo de Ángela. Para entonces mi mano izquierda se paseaba por el costado de mi amiga hasta que empezó a rozar el pequeño globo de su pecho. La mano con la que sostenía mi cara pegada a la suya atrapó entonces la mía. Pensé que no le había gustado sentirme tan cerca de su teta y que se estaba echando atrás. Pero todo lo contrario, llevó mi mano a su pecho para sentirla mientras me regalaba unos dulces gemiditos sin dejar de besarme y su pierna se montaba sobre la mía.

Mi mano era bastante grande para su pequeño seno pero mis dedos si encontraron su pezón. Ella acariciaba ahora también mi pecho jugando con mi pezón seguramente menos sensible que el suyo. Dejamos de besarnos. La intensidad de su mirada decía que no se conformaba con eso.

-Me gusta como besas.-me dijo y apretando otra vez mi mano contra su pecho continuó- ¿Ves que soy una mujer más?
-Eres mi amiga. Claro que se que eres una mujer, pero siempre te he mirado con otros ojos. Y ahora estar así me sorprende.
-Yo lo flipo en el mejor sentido de la palabra. Estoy soñando…-respondió poniéndose de costado en la cama para poder mirarme mejor.

Mientras lo hacía su mano recorría mi pecho y mi vientre. Era evidente que había constatado el bulto de mi calzoncillo pero parecía estudiar mi cuerpo, aprendérselo, reconocerlo. Incluso parecía inspirar fuerte para olerme mejor. Es algo que ya había visto en otras chicas pero que en Ángela se hacía muy evidente. Entonces de improviso su mano se coló en mi calzoncillo encontrándose el dorso de su mano con mi nabo tieso. Puso una cara de sorpresa muy graciosa y después admirándose dijo:

-Es calentita y suave…y está muy dura- decía pasando su dedo.- ¿Sabes Luis? Nunca he tocado una…la tuya va a ser la primera en todo…

Sus palabras me enardecieron y con vehemencia me bajé el calzoncillo haciendo que mi polla saltara fuera. Como ella había hecho antes tomé su mano y la llevé hasta mi churra para que la atrapara con su mano. La recorría al igual que con mi torso como si quisiera reconocerla, hacer un mapa de ella y de mis pelotas que acarició con delicadeza. Hice que la rodeara con su mano y le marqué como pajearme suavemente. Ángela seguía dócilmente mis instrucciones.

-¿Te gusta?

Asentí mientras ella observaba a su propia mano recorriendo el tronco de mi nabo de forma que se descubría el glande y se semicubría de nuevo. De nuevo se lanzó a besarme sin soltar mi polla. Ahora fui yo quien la obsequió con gemiditos de placer mientras nuestras lenguas entrechocaban.

Ma actitud pasiva había quedado atrás y decidí darle la vuelta a la tortilla. La rodeé con mis brazos e hice que quedara ella debajo. Al ser tan bajita mi polla se aplastó contra su muslo. La besaba con más intensidad y ella abrazaba mi espalda con fuerza. Sentí sus pezones clavados en mi piel y bajé mi cabeza encorvando mi espalda para que encontrarme frente a sus pechos. Atrapé uno de sus pezones con mis labios provocando que se estremeciera.

-Oh, Luis…son tuyos…

Me lancé a devorar sus pechitos mientras mi amiga agarraba con fuerza mi cabeza acelerando su respiración. Sus caderas se elevaban chocando su vientre con mi pecho y permitiéndome agarrar su culillo pequeño y duro. Estaba descubriendo que mi amiga era un saquillo nervioso de pulgas en la cama pues no paraba quieta. Sus manos en mi cabeza y espalda, sus gemiditos, su culillo subiendo y bajando y sus piernas agitándose cuando apoyaba la espalda en el colchón. Y además tenía unos pezones pequeñitos y sabrosos con los que me estaba deleitando.

Mientras seguía devorando sus tetitas empecé a quitarle las bragas. Se puso nerviosa pero no me detuvo. Me tuve que poner de rodillas en la cama para terminar de sacárselas por los pies. Y cuando terminé mi amiga de forma inesperada para mí se quedó tumbada observándome con las dos piernas flexionadas y abiertas ofreciéndome su raja entreabierta y brillante entre dos labios carnosos y un pubis con su triángulo de vello recortado. Alargué mi mano para acariciar su vello púbico y Ángela se estremeció regalándome una mirada lasciva. Mi dedo llegó hasta su raja rozándola para comprobar su humedad ganándome otro estremecimiento y un gemido más intenso.

-¿Estás preparada?-le pregunté.

Ella asintió con la cabeza con una fuerte afirmación.

Me levanté de la cama para terminar de sacarme los calzoncillos por los pies y coger un condón, pero cuando me di la vuelta me agarró por la mano:

-¿Dónde vas?
-A por un condón.
-No. Quiero sentirte. Seguro que sabes qué hacer para no dejarme embarazada.
-¿Estás segura?

Asintió de nuevo con la cabeza.

Me dirigí a la cama de nuevo colocándome entre sus piernas. Retomé los besos mientras ella se agarraba de nuevo a mi cuerpo intentando pegar nuestros pubis, pero al ser tan bajita y yo estar estirado su entrepierna se pegaba a mi vientre. Era el momento. Ángela estaba preparada para recibirme, pero de nuevo me asaltaron dudas. ¿Era correcto lo que estaba haciendo? ¿No le daría falsas esperanzas a Ángela? Me quedaban tres días exactos en la residencia. ¿Y si la estaba cagando en el último instante?

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