KERANOS

Ese viernes me levanté sobre las 12, necesitaba descansar bastante. Me puse a preparar la ropa y demás para esos días y fui a por Elena, quedamos con Irene y Mario para comer en un bar, con el plan de salir después. Cada pareja fuimos con nuestros coches, llegando al cabo de unas cuantas horas, sobre el atardecer. Una vez llegamos fuimos al apartamento, dejando las cosas. Dimos un paseo por la playa, haciendo hora para cenar, yendo a un bar cercano mientras Irene nos explicaba que llevaba yendo a ese sitio desde que era pequeña, pero que no iba desde que se vino a vivir con Mario. Después regresamos al apartamento e Irene sacó una jarra con algo que trajo preparado de casa, era vino con fresas cortadas en pequeños dados y azúcar. Nos sirvió un vaso a casa uno y nos lo tomamos. A mí de nunca me había gustado el alcohol, pero con eso debí coger una buena, porque no recuerdo qué pasó esa noche. Sólo recuerdo que estaba muy dulce y qué bebí varios vasos. Al día siguiente me desperté desnudo en una cama sólo. Me vestí y salí buscando a los demás. Mario se estaba duchando y las chicas estaban en el balcón tomándose un café.

I: Qué poco aguante tienes, jajajaja.
J: Lo tengo para otras cosas…
E: Jajaja, es que él no bebe mucho.
I: Ya, ya lo sé.
J: Joder, no me acuerdo de nada…
I: Yo si me acuerdo de los gritos de Elena… jajajaja.
E: Calla… jajaja.
J: Me cago en la puta… Es que eso estaba muy dulce y parecía que no, pero pillé una buena.
E: Vaya noche me diste.
J: ¿Qué pasó?
E: Te pusiste muy tontorrón y me diste, pero bien, muy bruto, jajajaja.
J: Vaya…
I: Mario y yo echamos uno antes, pero os oímos y tuvimos que echar otro. Me puse muy cachonda.
E: Luego caíste redondo, encima de mí.
J: Vaya panorama…
E: No pasa nada, estabas gracioso.
M: ¿Cómo está el borracho? jajajaja.
J: Joder tío, ya no bebo más mierdas de la que hagáis, que luego no me acuerdo de como reviento a la nena, jajajaja.
I: Qué bruto, jajaja.
J: Todavía estoy borracho, voy a ducharme a ver si me espabilo.
E: Espera, que voy contigo.
I: Ésta sigue con ganas. (dijo dándole un azote cuando se iba).
E: Joder, Irene, como te coja… (dijo entrando)
I: ¿Qué me vas a hacer? A ver… (dijo desafiante)

Elena se quedó cortada y más cuando Irene se levantó y la arrinconó contra la pared. Me miró y le hice señas con la cara para que se la devolviera, pero estaba bastante cortada, con las mejillas encendidas, entonces reaccioné, cogiendo a Irene del cuello con fuerza, empujándola contra la pared, acercando mi cara mucho a la suya.

J: Lo mismo te lo hago yo, a ver si se te quitan las ganas de meterte con mi niña…

Irene me miraba con unos ojos brillantes, con una cara de estar muy cachonda, empezando a respirar más rápido. Le sonreí y le solté, retirándome de ella. Mario estaba en la puerta del balcón, con la polla empalmada bajo sus pantalones. Me reí y cogí a Elena en brazos para ir a la ducha.

I: Cabrón… (dijo susurrando)

Me paré mientras estaba andando hacia el baño. Elena la podía ver por como la tenía sujeta.

E: Ve a por ella y explícaselo. (dijo susurrando)

Solté a Elena, dándole un beso y fui de nuevo hacia Irene, rápidamente, con la cara muy sería y la volví a coger del cuello.

J: ¿Qué has dicho, putita?

Irene se quedó callada, mirándome como lo hacía antes.

J: Te he hecho una pregunta. (dije apretando un poco más su cuello)
I: Nada…
J: Encima mentirosa…

Le di la vuelta, empujándola, apoyando su cara contra la pared de lado y apretando, dándole algunos azotes con fuerza mientras ella lanzaba gemidos. Después apreté su cuerpo con el mío contra la pared, mi polla tocaba su culo a través de mis boxers y pantalones y su pantaloncito corto de pijama.

J: Conmigo no se jode, ¿vale putita?
I: Sí… (dijo susurrando)

Me retiré de ella, dándole otro azote, cogiendo de nuevo a Elena, quien estaba sonriendo, para ir a la ducha. Entramos al baño, desnudándonos mientras Elena se reía. Una vez nos metimos en la ducha, oíamos como Irene gemía bastante alto.

-Como la has puesto… jajaja.
-Y como le gusta.
-A los dos les gusta, ¿has visto a Mario?
-Sí, y también te he visto a ti. ¿Por qué no has reaccionado?
-Me ha cortado mucho, no me lo esperaba.
-Échale cara, y si ella sigue, pues más. Como el sábado pasado en su casa.
-Ya, pero no es lo mismo, ese día estaba planeado, esto me ha pillado un poco desprevenida.
-Ay…
-Jo… No seas malo…
-No… Tienes que ser tú la mala, jajaja.
-¿Sí? (dijo dándome un azote)
-Ahí, ahí.

Nos duchamos entre besos, secándonos y vistiéndonos cuando acabamos. Salimos y vimos a Irene tumbada sobre el sofá, despatarrada. Se levantó y fue al baño sin decir nada, con una sonrisa en la boca. Una vez estuvimos todos listos nos fuimos a la playa a pasar un rato antes de comer. Las chicas estaban impresionantes luciendo su cuerpo, con Irene con un bikini azul celeste, contrastando con el color de su piel y Elena con un bikini con la parte de arriba rosa y la de abajo negra, poniéndose una cinta en el pelo como cuando estuvimos en la playa unas semanas antes, con dos pequeñas trenzas, una a cada lado de su nuca. Estuvimos muy a gusto porque en esos días aún no había mucha gente. Irene nos explicó que en verano aquello se ponía abarrotado, llegando a ser agobiante.

Después de comer nos metimos en el agua los cuatro. Irene nos guio hasta un sitio donde había más intimidad, rodeando unas rocas. Una vez allí Irene se puso a besar a Mario intensamente, separándose de sus labios para decirnos lo cachonda que le había puesto lo que pasó por la mañana. Entonces se puso de espaldas a Mario, haciendo movimientos con sus manos bajo el agua. Intuí que se había bajado el bañador, comprobándolo cuando Mario se acercó a ella, poniendo Irene cara de placer. Mario empezó a embestir a Irene, quien jadeaba, abriendo sus ojos para mirarnos. Se me empezó a poner dura por la situación, entonces Elena me empezó a tocar por encima, dándose cuenta, bajándome el bañador para empezar a pajearme. Irene se empezó a acercar a nosotros, tirando de Mario para que siguiera follándola, poniéndose al lado de Elena. Le empezó a acariciar la cara mientras ella me seguía pajeando, entonces Irene deslizó su mano desde su cara hasta abajo, pero Elena le paró cuando tenía la mano bastante por abajo.

I: Un poquito sólo.

Entonces pude ver como Irene coló su mano por dentro del bañador de Elena, poniendo ella cara de placer mientras apoyaba su cara en mi pecho. A los pocos segundos Elena quitó la mano de Irene de su bañador para subirse encima de mí.

E: Métemela despacito, como la otra vez.

Le corrí el bañador hacia un lado, empezando a meterle la polla despacio, estando así durante unos minutos. Después Irene tiró de Elena para que apoyara su cabeza sobre su hombro mientras yo la seguía follando. Irene le subió la parte de arriba a Elena, dejando sus tetas al descubierto y jugando con ellas mientras Mario empezaba a embestir con más fuerza. Irene tenía una cara de estar a mil, por lo que bajó su mano por el pecho de Elena, llegando hasta su coño para acariciarle el clítoris, dando Elena un respingo. Lo hacía de manera rápida, cosa que me envalentonó para follarla más rápido, haciendo Mario lo propio con Irene. Elena no tardó nada en correrse, con varios espasmos mientras ahogaba sus gemidos con su mano, provocando que me corriera yo dentro de ella mientras jadeaba. Cuando ambos acabamos de corrernos, la cogí en brazos para que se recuperara, viendo como Mario seguía follándose a Irene, quien le pedía que lo hiciera más fuerte. No tardaron mucho más en correrse los dos casi a la vez, primero Irene y luego Mario, entre jadeos, para no hacer mucho ruido. Ambos se pusieron bien los bañadores mientras Elena se seguía recuperando. Irene me hizo una seña para decirme que se iban, para dejarnos intimidad. Elena estaba abrazada a mí, con su cabeza sobre mi hombro, terminando de recuperarse, moviendo su cabeza para mirarme y darme un beso.

-¿Qué tal?
-Muy bien.
-¿Te ha gustado lo que ha pasado?
-Sí. Es una cabrona, porque sabe como soy, pero me busca siempre y lo consigue.
-Me ha puesto mucho como te tocaba mientras te follaba.
-Sí, ha sido muy morboso.

Al poco salimos del agua, con Elena en mi espalda, viendo como sonreía mirando a la pareja al darle yo un beso en la mejilla. Echamos el resto del día en la playa, cenando de nuevo fuera, para volver ya por la noche al apartamento, duchándonos en parejas por turnos. Irene y Mario entraron primero y luego Elena y yo. Cuando salimos, fuimos al balcón, viendo que ellos estaban allí, sentados en unas sillas con bebidas sobre una mesa pequeña. Yo dije que pasaba de beber, para que no me pasara lo mismo que la noche anterior. Estuvimos ahí un buen rato hablando, pasándolo bien, hasta que Irene le empezó a sobar el paquete a Mario, bajándole después el pantalón para empezar a comérsela.

E: Estáis locos… Aquí en el balcón… Os pueden ver… (dijo riéndose)
I: Es divertido, la tensión de que te puedan ver hace que sea más morboso. (decía mientras le comía la polla a Mario)
J: Sí, como si te importase mucho que te vieran…

Irene se empezó a reír mientras le seguía comiendo la polla a Mario. Entonces Elena me empezó a tocar a mí por encima de la ropa.

J: No, hoy te toca a ti.

Cogí a Elena y la senté encima de mí, empujando desde su vientre para que se echara sobre mí. Le moví a un lado la parte del pantaloncito de su pijama que daba a su entrepierna, junto a sus braguitas. Por la luz que había no se debía ver mucho, aunque Irene se animó más, comiéndose la polla con más ganas, apretando para metérsela más mientras Mario miraba fijamente el coño de Elena resoplando. Le llevé los dedos a Elena a la boca, diciéndole que los mojara para después llevarlos a su coño y empezar a tocarle, echando ella su cabeza hacia atrás para besarme el cuello. Le estuve acariciando el coño, empezando a meterle los dedos después durante un rato, empezando ella a gemir ligeramente para que no se oyera, por si pasaba alguien cerca. Irene paró de comérsela a Mario, incorporándose mientras le pajeaba, mordiéndose el labio mientras nos veía.

I: Mario, vamos dentro.
M: ¿Ya?
I: Sí, que me estoy calentando mucho y me voy a querer tirar encima de ellos…
E: Qué poco aguante tienes… (dijo riéndose)
I: No juegues con fuego… (dijo acercándose a ella para tocarle el coño)

Elena dio un respingo y yo cogí a Irene de la barbilla para que me mirara, agarrándole después el cuello.

J: ¿No te ha quedado claro lo de esta mañana?

Irene se quedó callada, mirándome como cuando le cogí del cuello esa mañana, como expectante de que hiciera algo más. Entonces le solté el cuello, poniendo mi pulgar en sus labios, metiéndolo en su boca para que lo chupara. Irene lo empezó a chupar poniéndome ojitos, jugando con su lengua.

J: Anda, ve y que te folle bien. (dije soltándola)

Irene cogió de la mano a Mario, tirando de él con fuerza, yendo rápidamente a la habitación y cerrando la puerta. Elena y yo nos quedamos callados mientras le seguía acariciando el coño.

E: Uff… Que calentón me ha dado eso…
J: ¿Sí?
E: Sí, me has puesto muy cachonda…
J: Me ha gustado lo que le has dicho, picándola.
E: Lo he hecho por lo de esta mañana, le he echado cara, pero cuando me ha tocado…
J: Poco a poco.

Elena se incorporó para ponerse de rodillas y sacarme la polla, que estaba bastante dura. Empezó a chuparla suavemente mientras me miraba a los ojos fijamente. Yo le empecé a acariciar la cara y luego el pelo mientras ella subía un poco el ritmo de la mamada. Estuvimos así durante unos minutos, empezando a oír a Irene gemir fuertemente. Eso envalentonó a Elena, quien empezó a chupármela con más ansia. Entonces Irene paro de gemir y a los pocos segundos Elena miró hacia la puerta del balcón mientras seguía la mamada. Miré, pero no vi nada, regresando mi mirada a Elena, quien a los pocos segundos miró de nuevo hacia la puerta, entonces yo volví a mirar y vi a Irene con cara de placer mientras Mario la embestida desde atrás. Irene se agarraba al marco de la puerta mientras nos miraba con cara de vicio. Podía ver como su pelo y pecho se movían al ritmo de las embestidas de Mario, quien jadeaba desde el interior de la casa. Elena se empezó a meter la polla entera en su boca, con Irene lanzando algún gemido más alto de la cuenta, por lo que se tapó la boca con su mano. Al cabo de unos minutos Elena me dijo:

E: Dame tu leche, mi amor.

Le pasé el pelo por detrás de la oreja y le empecé a empujar su cabeza para acelerar la mamada, corriéndome en su boca a los pocos minutos entre jadeos mientras echaba mi cabeza hacia atrás. Irene al vernos se empezó a correr con agudos gemidos que ahogaba con su mano. Después Elena se tragó mi corrida, metiéndose mi polla en su boca después para exprimir lo que podía y volver a tragar. Irene y Mario se fueron a su habitación para seguir follando. Elena me cogió de la mano para llevarme a nuestra habitación, empezando a besarme una vez nos tumbamos. Empezamos con besos suaves para pasar luego a ser con mucha lengua, nos besábamos con mucha ansia, empezando a meternos mano y quitándonos la ropa. Le empecé a comer el coño, mirándola fijamente a los ojos, con Irene y Mario gimiendo de fondo. Pasé a comérselo más rápido mientras le metía los dedos. Elena gemía bajito, acariciándome la cabeza, aumentándolos conforme yo subía el ritmo, pasando a tirarme del pelo hasta que llegó un punto en el que empezó a temblar, moviéndose mucho, cerrando sus piernas, apretándome la cabeza con ellas. Me tiraba del pelo con fuerza, intentando que me apartara, pero no lo hice. Seguí hasta que empezó a chorrear, gritando a pleno pulmón, llenándome la boca de su corrida. Una vez acabó, me aparté, poniéndome de rodillas sobre la cama, viendo como temblaba y le daban espasmos, con su cara muy apretada y agarrándose a las sábanas.

Irene entró a la habitación, mirando mi fuerte erección y como la corrida de Elena me goteaba desde la cara. Se acercó poco a poco, mirando también a Elena, hasta que se puso a mi lado. Le veía en la cara que se moría de ganas por tocarnos y hacer algo más, pero solo se limitó a acercarse a mi cara, mirándome a los labios para empezar a lamerme la cara, la comisura de los labios y la barbilla, para saborear la corrida de Elena. Yo estaba con los ojos cerrados, notando como me cogía la polla, dando un respingo y apartándome de ella, pero cuando abrí los ojos vi que era Elena quien me la cogía. Irene miró a Elena, acariciándole la cara mientras sonreía, dejándonos solos. Elena me miraba fijamente, empezando a sonreír, tirando de mis manos para que me pusiera encima de ella, empezando a besarme de nuevo lentamente.

E: Hazme el amor.

Cuando oí eso me dio un fuerte escalofrío, esas palabras, la forma de decirlo, como lo dijo mientras me besaba y abrazaba. Me quedé mirándola a los ojos fijamente, serio. Entonces dirigí mi polla hasta su coño, metiéndola, entrando muy fácil por lo mojada que estaba. Empecé un ligero movimiento para metérsela, solo apretando mis nalgas, con Elena cerrando los ojos mientras suspiraba, echando su cabeza hacia atrás y abrazándome. Aumenté tan sólo un poco el ritmo, moviendo ligeramente mis caderas mientras no parábamos de mirarnos, besarnos en los labios y en el cuello. Estuvimos así durante bastante tiempo, sin cambiar de postura, a un ritmo muy lento. Estábamos en silencio, sin oír a la otra pareja, solo oíamos nuestra respiración algo agitada por la excitación.

-Mi vida, me…
-Shhh. (dijo abrazándome fuertemente)

Me empecé a correr dentro de ella entre fuertes escalofríos, corriéndose también ella al notar mi orgasmo. Lo hacía con gemidos muy suaves y dulces mientras temblaba, abrazándome fuertemente con sus brazos y piernas, pegando mi cuerpo al suyo y cortando su respiración. A los pocos segundos soltó todo el aire de sus pulmones, liberándome de su abrazo, dejando caer sus brazos y piernas en la cama, dejándolas extendidas. Me quedé quieto dentro de ella, esperando que se recuperara, notando como temblaba cada vez menos, con algún ligero espasmo. Cuando salí de ella me di cuenta de que se había quedado dormida, por lo que le limpié mi corrida con papel y la arropé, ya que por la noche refrescaba. Me puse los boxers y salí de la habitación, yendo hacia el baño para tirar el papel, encontrándome a Irene dentro, lavándose los dientes.

-¿Todavía seguís?
-Acabamos de terminar.
-Qué raro, no os he oído desde que he salido…
-Es que, bueno…
-¿Qué pasa?
-Ha sido especial.
-¿A qué te refieres?
-Me ha dicho que le haga el amor.
-Oh…
-Es muy intenso cuando lo hacemos así.
-Elena es una chica muy intensa.
-Sí.
-Javi, cuídala. Me dolería mucho si os pasa algo…
-Joder, no digas eso, que se me pone mal cuerpo.
-Jajaja, ya, es que me pongo muy sensible cuando me cojo tanto cariño a las personas.
-Ya te veo.
-Jajajaja, pero lo digo en serio, os quiero mucho. (dijo poniendo una mano en mi espalda mientras se iba)

Esa conversación me dejó bastante pensativo. Agradecía sus palabras, pero no podía evitar pensar en qué pasaría si Elena y yo pudiéramos llegar a romper. Para mí eso era algo inconcebible, por lo que no sabía como me podía sentir, ni tampoco lo quería saber. Me lavé la cara y me acosté junto a Elena, abrazándola por detrás.

Al día siguiente me desperté sobre las 12, con Elena a mi lado, mirándome. Nos quedamos en silencio, mirándonos, para después besarnos suavemente. Entonces Irene llamó a la puerta, entrando.

-Parejita, vamos que se nos hace tarde y hoy es el último día…

Nos levantamos, desayunando algo para ir a la playa. Irene iba muy llamativa, como siempre, con un bikini amarillo muy chillón y Elena iba con un bikini blanco con estampados en morado, muy bonito. Nos tomábamos en las toallas para tomar el sol y poco antes de irnos a comer me llamaron. Cogí el teléfono y era del trabajo, por lo que me aparté para hablar, ya que ese día había un poco más de jaleo y teníamos a gente cerca.

Al rato volví a donde estaban los demás y me preguntaron. Les expliqué que me habían llamado porque me habían asignado una cosa y que tenía que ver con que hubiera estado tan ocupado esa semana. El trabajo se trataba de ir a una serie de conferencias junto a los altos cargos de la directiva del periódico para hacer de traductor, ya que estaban contentos con mi trabajo. Me dijeron que contaban conmigo y que confiaban en que todo fuera bien, incluyendo un aumento de sueldo, además, pagando ese trabajo como algo a parte. Todos me dieron la enhorabuena, con Elena dándome un fuerte abrazo, diciéndome lo orgullosa que estaba de mí. Yo agradecí los elogios, pero seguí explicando, cambiándoseles un poco la cara, sobre todo a Elena, ya que me tenía que ir a otro país y el trabajo duraba tres semanas.

I: Bueno, eso se pasa en nada, ya veréis.
M: Claro, tres semanas no es nada.
I: ¿Cuándo te vas?
J: Mañana.
M: ¿Así tan repentino?
J: Por lo visto el que me tenía que llamar no lo hizo. Me tenían que haber avisado el viernes y lo han hecho ahora de milagro. Mañana a primera hora sale el vuelo.
I: Joder, que poco profesionales…
J: Pues sí la verdad, me parto el lomo y saco bien mi trabajo para que me avisen de algo así con tan poco tiempo.
I: Venga, Elena, anima esa cara, que son sólo tres semanas. Ya verás como se pasan en nada, además, es algo muy importante, tu chico es un hombre importante. (dijo abrazándola, intentando animarla)

Elena se abrazó a mí fuertemente sin decir nada.

J: Va, Elena, no te pongas así…
E: Ya, ya. Si solo son tres semanas y algunas veces hemos estado varios días sin vernos, pero no puedo evitar venirme un poquito abajo…
J: Bueno, ya verás como se pasa en nada.
I: Venga, vamos a comer, anda.
J: Sí, que debería irme ya, tengo que preparar la maleta y demás…

Fuimos a comer a un bar cercano, hablando de varias cosas, pero con Elena más callada. Cuando acabamos de comer regresamos al apartamento, cogí mis cosas mientras Elena me miraba, diciendo de ir conmigo para volver a casa, pero le dije que no, que disfrutara del rato que quedaba antes de volver. Pensé en eso para que no fuera más doloroso para ella, porque entre el camino de vuelta y la despedida en su casa, podría ser algo duro. La despedida ya fue dura de por sí, con Elena saltándoseles las lágrimas y con Irene también un poco igual al ver así a Elena.

J: Venga coño, que parece que me voy a la guerra…
M: Venga va, de verdad, lo que os gusta hacer drama, jajaja.
I: Ay, los marchitos… (dijo quitándose las lágrimas).

Cogí a Elena en brazos para darle un beso y abrazarla con fuerza.

J: Venga, ¿eh? No te quiero ver triste.
E: Vale.

Bajé a Elena al suelo y la miré a los ojos, me miraba con unos ojitos que me partían por dentro. Le limpié las lágrimas y ella me cogió la cara con sus dos manos para besarme. No quise alargar más la cosa para que no fuera a peor, dándole un abrazo a Mario y otro a Irene, diciéndoles que me la cuidaran. Después le di otro beso a Elena y me fui, montándome en el coche para ir a casa. Cuando llegué le conté a mis padres lo del trabajo, alegrándose mucho por mí, yendo después a preparar la maleta. Mi madre me ayudó y me notó algo serio.

-¿Todo bien?
-Sí.
-Te noto serio.
-Es que no me ha hecho mucha gracia como se ha puesto Elena. Se ha alegrado como la que más, pero cuando he dicho que iba a estar fuera tres semanas se le ha cambiado la cara.
-Es normal hijo, os queréis mucho, salta a la vista. Y cualquier cosa así tan de sopetón, pues pesa…
-Ya.
-Sólo son tres semanas.
-Eso he pensado yo cuando me lo han dicho, por eso no he puesto ninguna pega. Además, hemos estado a veces casi una semana sin vernos y no ha pasado nada.
-Bueno hijo, no le des más vueltas. Es normal que se sienta así, ya verás como no es para tanto.

La conversación con mi madre me levantó el ánimo, aunque no se me terminó de ir la preocupación. Una vez acabé de prepararlo todo, me fui a dormir después de cenar, hablando antes con Elena por mensaje preguntándole como estaba. Me dijo que mejor, porque ya se hacía a la idea, que había reaccionado así porque no se lo esperaba, que había sido todo muy de sorpresa. También me dijo que no podía estar más orgullosa de mí y que hablaríamos todos los días para hacerlo más llevadero. Nos despedimos, quedando en que la llamaría cuando llegara. Esa conversación con Elena me tranquilizó, pero aun así me costó bastante dormirme.

A las pocas horas me levante para coger el vuelo y llegar al destino, durmiendo algo por el camino. En cuanto llegué llamé a Elena, quien me lo cogió adormilada, le dije que todo había ido bien y que iba a hablar con mis jefes, que luego la llamaría para contarle. Después llamé a casa contando lo mismo. La reunión fue más larga de lo que esperaba, por lo que empalmamos con la comida, siendo invitado por los jefes. Durante la reunión conocí a una chica, que se dedicaba a lo mismo que yo, pero con otros idiomas, por lo empezamos a hablar, ya que todos los demás eran de unos 50 años y ella unos 30 siendo yo el más joven de los que fuimos del periódico en el que trabajaba.

La chica se llamaba Sofía, muy guapa, de piel negra, pero no muy oscura, más bien tirando a clara. De ojos negros, cara fina, con una nariz achatada, aunque un poco respingona y unos labios bastante carnosos. Tenía una sonrisa muy bonita, con una dentadura perfecta y muy blanca, resaltando mucho por el contraste de su piel. Tenía el pelo muy rizado y castaño con un peinado en plan a lo afro, no muy largo, llegándole a la altura de los hombros. De cuerpo era muy atractiva, delgada y alta, con unas curvas muy sensuales, buenas tetas, unas caderas anchas y un culo de escándalo, grande y redondo.

A la reunión fue muy formal, como todos, llevando un traje gris, algo ajustado, marcando bastante sus curvas. Una falda gris que le quedaba un poco por encima de las rodillas, pero que le quedaba más altas de las caderas, una camisa blanca con los primeros botones desabrochados y una chaqueta gris a juego con la falda, bastante ajustada y un poco corta. Acababa su atuendo con unos grandes tacones negros, quedando cerca de mi altura con ellos. Yo fui con un traje azul marino, una camisa blanca y un corbatín negro. Me sentía un poco raro, porque yo casi nunca me ponía traje y todo ese ambiente tan profesional me tenía un poco acojonado, no pintaba nada conmigo, pero ya en la comida me relajé un poco, viendo que todas las personas de mi grupo eran bastante amables, sobre todo Sofía, quien me daba conversación a cada rato.

Cuando acabamos la comida, nos dirigimos al hotel, quedando para el siguiente día en otra reunión para planear la exposición del proyecto para la conferencia, ya que la reunión de esa mañana fue para presentárnoslo. Todos nos alojábamos en la misma planta, pero mi habitación quedaba más retirada, aunque estaba junto a la de Sofía. Nos despedimos con dos besos y entré en mi habitación. Me iba a tumbar en la cama, pero antes me eché una foto en el espejo para enseñarle a Elena como había ido, ya que nunca me había visto en traje. Después de echármela me quedé en boxers y me tumbé en la cama. Entre que esa noche había dormido mal, el viaje y la reunión estaba muerto. Aun así, no quise dormir porque sabía que me desvelaría de madrugada. Le mandé la foto a Elena, quien me respondió enseguida con emoticonos con corazones en los ojos, llamándome después.

-Javi, que bueno estás…
-¿Te ha gustado?
-Joder, me he puesto hasta cachonda, jajajaja.
-Jajaja, yo estoy muerto, reunión intensa y todo muy serio.
-Bueno, ya verás como no es para tanto.
-Es que no me pega todo esto, ya sabes como soy. Me noto raro aquí.
-Sí, lo sé. Pero también sé que puedes con eso y con más.
-Gracias, mi vida.
-Bueno, te dejo descansar, que te lo noto hasta en la voz.
-Vale, mañana hablamos.

Nos despedimos y me quedé descansando, yendo a cenar bastante temprano, para después subir a la habitación y dormir. Los siguientes días fueron de madrugar bastante, con reuniones y conferencias, donde regresaba bastante cansado, aunque mantenía todos los días el contacto con Elena por video llamada, contándonos como nos había ido el día. Hice buenas migas con Sofía, ya que comíamos juntos todos los días y solos, porque los demás, que tenían un papel más importante que nosotros, se quedaban ultimando cosas. El fin de semana lo teníamos libre, por lo que me animó a que saliéramos a ver la ciudad en la que estábamos, dando un paseo y comiendo fuera. La semana siguiente fue de la misma manera, aunque ya sí que notaba a Elena más decaída, por lo que a nuestras video llamadas se unieron Mario e Irene para animarla también. Durante nuestra charla dijeron que le animara a salir con ellos, que hablaban con ella todos los días, que en toda la semana había salido, ni para una cerveza con el grupo. Yo la animé, pero ella dijo que no le apetecía, que estaba liada con sus cosas. Hasta le preguntaron a Elena donde vivía para ir a por ella, pero ni aun así, se excusaba achacando a que no quería que su madre viera a Mario y malpensara. Tampoco quise ser pesado y entonces la otra pareja me preguntó si yo salía. Dije que sí, que salí un poco a ver la ciudad, pero sin mencionar que iba con Sofía, no quería que se pusieran pesados y más como veía a Elena.

El fin de semana de la segunda semana también salí un poco como el anterior, pero Sofía me convenció para salir el sábado por la noche para tomar algo. Se empeñó en invitarme a una copa, aun diciéndole que no me gustaba mucho el alcohol. Después de estar un buen rato por ahí, regresamos al hotel. Ella iba con alguna copa de más, tambaleándose un poco, por lo que la ayudé a entrar en su habitación. Ella se empezó a quitar la ropa y yo me fui a la mía. A los pocos minutos llamaron a mi habitación, era ella. Entró apartándome con la mano, sin decir nada. Llevaba un abrigo que le llegaba hasta las rodillas.

-¿Qué haces?
-No me apetece estar sola.
-No deberíamos…
-Va tío, llevo sin follar un mes, no me digas que no te pongo…

Entonces se quitó el abrigo mostrándome su cuerpo totalmente desnudo. Me quedé flipando. Sabía que estaba buena, pero desnuda es que era mejor aún. Tenía unas tetas grandes, con unos pezones oscuros y su coño totalmente depilado. Me quedé mirándola de arriba a abajo, mientras la polla se me ponía dura. Ella se dio cuenta, sonriendo mientras me miraba. Entonces se acercó lentamente a mí, cogiendo mi paquete.

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