ECONOMISTA

19

Por la noche había dejado preparada mi nueva réflex Nikon D5600. Me la acababa de comprar, era el paso que me faltaba para avanzar un poco más de nivel. Cada vez me estaba aficionando más a la fotografía y ya dominaba un par de programas de edición y retoque. Había estado haciendo pruebas con ella el día anterior, haciendo fotos en el jardín a Claudia y a las niñas.

El domingo por la mañana me levanté sobre las nueve, Claudia ya estaba despierta, pero seguía en la cama esperando a que se levantaran las peques.

―Anda, que ya te vale, mira que madrugar un domingo para lo de las fotos…
―Tampoco es madrugar, son las nueve… y bueno me lo pidió la mujer de tu hermano, ¿qué querías que dijera?
―Nada, qué vas a decir, ahora como es famosa pues…
―No seas como tu hermana… me ofrecí yo también, entiende que sale en la tele y tiene que cuidar una imagen, publicar fotos en las redes sociales, es normal…
―Bueno, anda, hemos quedado luego en casa de Pablo para comer, no lleguéis muy tarde, vienen mis padres también y Carlota, no sé si vendrá con su nuevo novio, no nos lo ha querido decir…
―¡Qué bien, comida familiar!, con lo que a mí me gustan…
―No empieces tú ahora, David, ¿y a qué hora has quedado con Marina?
―Sobre las diez por la zona del molino, así no habrá mucha gente para que no nos molesten… bueno yo me voy a levantar que al final se me hace tarde…

Desayuné solo tranquilamente y luego estuve comprobando que las baterías de la cámara estaban perfectamente cargadas, no quería el más mínimo fallo. Como le dije a Claudia habíamos quedado por una zona que es una especie de merendero, le llaman el Molino, porque hay uno antiguo que está restaurado y lo han dejado muy bien, cerca está el río, con un par de puentes muy chulos para hacer fotos. La idea era irnos cambiando de localización para tener fotos en varios paisajes, según me había dicho Marina ella también iba a traer distintos modelitos para irse cambiando de ropa.

Cuando llegué pude ver su Golf blanco ya aparcado y allí estaba mi cuñada sola, esperándome sentada en una de las mesas del merendero.

―¡Buenos días!, perdona por la tardanza…
―No, si has llegado puntual, como siempre, yo acabo de llegar también ―me dijo ella.

Había salido un día primaveral y soleado, pero a esa hora todavía hacía fresquito, sobre quince grados o así. Marina iba vestida con un vaquero largo y unas botas cowboy de color marrón, un suéter blanco de lana y un fular en el cuello. Estaba muy guapa con sus gafas de sol y el pelo suelto.

―Pues si quieres vamos al molino y empezamos allí ―dije sacando mi cámara semiprofesional y colgándomela en el cuello.
―¡¡Guau, vaya cámara te has comprado, cuñado!!
―Un capricho que me he dado, cada vez me estoy tomando más en serio esto de la fotografía y ahora que trabajo con presentadoras famosas… jajaja.
―Sí, muy famosa, jajaja.

Llegamos andando a la zona del molino y cogí la cámara para empezar el reportaje. Marina se quedó de frente y la capturé en varias posiciones, ella iba posando, mirándome a mí, al horizonte, de espaldas, sentada, se quitó las gafas de sol y se las puso unas cuantas veces. Me encantaba como se movía Marina, las poses que iba adoptando y sobre todo cuando miraba fijamente a la cámara mordiendo la patilla de las gafas de sol. Aquello me volvía loco. Estuve casi diez minutos tirando fotos en distintos ángulos para jugar con la luz del sol.

―Pues creo que ya está, en este sitio hemos hecho muchas fotos ―dije yo.
―¿Dónde vamos ahora?
―Podemos acercarnos a la zona del río, están los puentes y podemos bajar hasta el agua… ahora todavía no hay gente…
―Me parece buena idea… aunque antes voy a cambiarme de vestuario.

Volvimos hasta los coches y Marina se metió en el suyo, tenía las lunas tintadas en la parte de atrás y no se veía nada, pero a mí me daba mucho morbo pensar que dentro estaba mi cuñada en ropa interior. Unos veinte minutos más tarde salió, tengo que decir que me decepcionó bastante su look pues se había puesto unos vaqueros un poco holgados, arremangados en la parte de abajo y una sudadera deportiva de color rosa, junto con unas zapatillas blancas. Lo que más me gustaba era una pulserita de plata que llevaba en el tobillo.

No entendía mucho ese look, no me parecía muy llamativo para hacer fotos y no le pegaba para nada al estilo de Marina.

―Vamos a la zona del río ―me dijo.

Efectivamente, aparcamos los coches y no había nadie, cruzamos las pasarelas y bajamos al río. Y en cuanto llegamos me esperaba una agradable sorpresa. Marina se quitó la sudadera y me quedé perplejo cuando vi lo que llevaba debajo. Se había puesto una especie de bañador blanco a modo de ropa interior, los pantalones holgados le quedaban un poco caídos lo que hacía que se le viera la piel por la zona de las caderas.

Se notaba que debajo del bañador no llevaba ropa interior y lo mejor de todo es que se le veían un poco las tetas por los laterales.

Parecía una chica de 20 años con ese vestuario tan provocativo, y me apresuré a quitar la tapa del objetivo. Estaba dispuesto a fundir la batería de la cámara con ese bañador. Marina se quitó las zapatillas y se metió en la orilla del río en vaqueros.

―Uffff, ¡¡está muy fría el agua!!
―No te muevas, así eso es perfecto, date la vuelta, muy bien, mírame, date la vuelta, bien, bien, agáchate para tocar el agua con la mano, eso es, gírate un poco, ponte de lado, perfecto…

No sé cuántas fotos hice con ese vestuario, como ya he dicho no es que hiciera mucho calor y entre la brisa que corría y el agua tan fría del río me di cuenta que los pezones de mi cuñada se habían puesto duros. Me centré en fotografiar bien esas tetas tan perfectas, cogí unos buenos planos de sus pechos por el lateral, pero por desgracia para mí, se cubría esa parte con su gran melena.

Lo que también se había puesto muy dura era mi polla, no me imaginé que esa sesión de fotos con Marina iba a hacer que me empalmara de esa manera. Me daba vergüenza que ella lo pudiera notar, así que disimulé como pude, agachándome cuando ella comenzó a salir del agua.

―Espera, no te muevas, me encanta la pulserita que llevas ahí ―dije haciendo varias fotos a sus tobillos.

En cuanto salió del agua Marina volvió a ponerse la sudadera y cruzamos la pasarela para ir hacia los coches. Mientras pasábamos le pregunté si quería alguna foto allí arriba, desde donde se veía el río al fondo.

―Sí, estás vistas son muy buenas, me iba a cambiar de ropa para hacerme unas fotos aquí…
―Ya que estamos hacemos alguna ahora y luego te cambias…
―De acuerdo.

Marina miró hacia abajo y vio que no había nadie aparcado a nuestro lado, por lo que todavía no había gente por allí. Luego se quitó la sudadera a plena luz del día. Que mirara para comprobar si había alguien por la zona era un buen indicativo de que ella sabía que la ropa que había elegido era bastante provocativa.

Apoyó las manos en la barandilla abriendo los brazos e hice varias fotos de frente a ella, luego le pedí que se diera la vuelta para fotografiar su culo y su espalda y me fui moviendo para capturarla en varias posturas.

―Espera un momento ―dijo Marina recogiéndose el pelo en un moñete improvisado―. Así mejor para que no salgan todas las fotos iguales.

Lo que me faltaba. Ahora sí que se le veían las tetas perfectamente por los laterales. Me encantaba también ese trozo de piel al aire que se quedaba entre el bañador y el pantalón vaquero. Un look muy juvenil, al estilo Lola Indigo o Aitana.

Marina sonreía mientras le tiraba las fotos, luego se puso otra vez seria a la vez que se quitaba las gafas de sol. Se inclinaba sobre la barandilla sacando el culo y en un par de fotos señalaba con el dedo al infinito con la espalda recta. Tuve que ponerme a su lado para capturar sus tetas y ella se dio cuenta del detalle, entonces hizo un gesto que me volvió loco.

Con una mano se tapó la boca en un gesto de sorpresa y con la otra el pecho por el lateral, lo que me indicó que era plenamente consciente de que me estaba enseñando parte de sus tetas con ese vestuario.

Fue una tontería y apenas duró unos segundos, pero cuando cruzamos la pasarela en dirección a los coches, yo bajaba ya con un calentón importante. Tenía que controlarme y ser lo más profesional posible, pero cada vez me costaba más. Como siguiera así, Marina no iba a tardar en darse cuenta de la erección que llevaba bajo los pantalones.

Se metió en el coche y volvió a cambiarse de ropa, esta vez salió con una falda larga de color roja y una blusa blanca bien escotada. Era un vestuario más primaveral, y no tan provocativo, pero estaba igual o más guapa que antes. Se había vuelto a soltar el pelo y ahora su melena larga y rizada en las puntas brillaba increíble bajo el sol.

Subimos de nuevo a la pasarela y le hice unas cuantas fotos más, me fijé en que Marina no solo se cambiaba de ropa, sino que también se iba poniendo collares o pulseras y hasta pendientes distintos según el vestuario.

Llevábamos una hora de sesión cuando la batería de mi cámara dijo “hasta aquí”. Menos mal que había llevado otra de repuesto mientras ponía la primera a cargar.

―Todavía es pronto, ¿qué te parece si cambiamos de sitio?, he traído un par de cositas más ―dijo Marina.
―Claro, por supuesto…

Estuvimos valorando posibilidades, había un par de pueblos cerca que tenían cosas interesantes, unas ruinas, una pequeña cascada y otro con un castillo, todo en un radio de unos 50 kilómetros.

Decidimos ir primero a la cascada, me quedé en el coche esperando y tardamos un rato en movernos, seguramente Marina se estaría cambiando de ropa otra vez, luego salimos hacia el pueblo que tenía la cascada y aparcamos al lado. Esta vez ya no estábamos solos, había varios coches en la zona habilitada para ello.

Marina se había puesto unos shorts vaqueros muy cortos y una camiseta de tirantes como de punto de ganchillo con bastante escote. Me gustaba que llevara muchas pulseras y un par de colgantes, además de unos pendientes de anillas grandes, que le daban un aire muy hippie.

―¡Estás muy guapa!
―Gracias, hacía tiempo que la tenía ―dijo tocándose la camiseta―. Pero creo que es la segunda vez que me la pongo.
―Pues te queda fenomenal…

Se sentó en una piedra gigante y me miró de forma muy natural mientras le hacía fotos. No sé si era cosa mía, pero Marina estaba disfrutando con aquella sesión. Cada vez estaba más relajada y sensual. Le tiré muchas fotos, de pie, sentada, de espaldas, en todas las posiciones imaginables.

Y cuando terminé estaba de nuevo con la polla tiesa bajo los pantalones.

Además, empezaba a hacer calor y no ayudaba nada a tranquilizarme los modelitos que se iba poniendo mi cuñada, cada vez más escasos de ropa.

Por último, fuimos a otro pueblo que tenía un castillo, se podían hacer unas fotos muy buenas desde abajo con una panorámica general y también dentro. Ya que estábamos allí decidimos pagar la entrada para ver su interior.

Tardó en salir del coche, otra vez se estaba cambiando en la parte de atrás, ahora ya salía un poco acalorada, me supuse que para ella tampoco tenía que ser fácil desnudarse y vestirse dentro del coche. Eran las 12:45 de la mañana y el termómetro marcaba unos 23 grados. No estaba nada mal para una mañana de mediados de abril.

Se puso una minifalda bastante corta de color verde, unos zapatos tipo sandalia con cuña y una camiseta negra de Aerosmith, en un look muy sexy y casual. Marina se había ido soltando bastante durante la sesión, empezó un poco tímida en el molino, pero ahora se la notaba más desinhibida con poses cada vez más sugerentes.

Hice fotos de ella en todas las partes del castillo, con paisajes incluidos, fotos artísticas de sus pies, de sus brazos, del pelo. La mujer de Pablo no podía ser más atractiva a sus 42 años, cualquiera diría que había tenido cuatro hijos. La gente se nos quedaba mirando, seguramente pensando quién sería aquella morenaza a la que le estaban haciendo ese reportaje. Un par de señores mayores reconocieron a Marina del canal regional y me pidieron si les podía hacer una foto a los tres con su móvil.

―Lo haces genial, hija, te vemos todos los programas ―le dijeron a Marina.
―Ayy, muchas gracias.
―Eres más guapa que en la tele y más delgada…

Terminamos la sesión de fotos en unas escaleras del castillo aprovechando que no pasaba nadie. Marina se puso de medio lado y la falda, al ser tan corta, se le subió un poco enseñándome todo el muslo. Ella se dio cuenta y dobló más la pierna, desde mi posición casi se le veían las braguitas. Era una imagen ciertamente impactante.

Bajamos la escalera para llegar a un pequeño patio, sin que mi cuñada se diera cuenta intenté acomodarme la erección bajo los pantalones, pero cada vez me era más difícil disimular. Hice varias fotos allí y decidí dar por terminada la sesión.

Ya tenía mucho material para trabajar con él, ¡casi 800 fotos!, en casa tendría que ir revisando todas, editar las que mejor hubieran quedado y luego pasárselas a Marina. Iba a necesitar varias horas de trabajo. Estaba emocionado ante la posibilidad de pasar tanto tiempo delante del ordenador viendo cada detalle del cuerpo de Marina, sus labios, sus gestos, sus tetas, sus piernas, su culo, su pelo…

Cerré el objetivo de la cámara. No quería hacer ni una foto más. Además, necesitaba calmarme un poco para tratar que se me bajara la erección, entonces Marina se acercó a mí.

―Ehhh ehhhh, ¿qué haces?, ahora me toca… ―dijo haciéndome un gesto con la mano.
―¿Cómo que te toca?
―Sí, a mí, ahora voy a hacerte una foto…

Tragué saliva. Lo que me faltaba. Ahora sí que se iba a dar cuenta de la empalmada que lucía a través de mis finos pantalones primaverales.

―No, no da igual, casi no queda batería en la cámara…
―Venga, que algo quedará, déjame que te haga una foto ―dijo Marina acercándose para quitarme la cámara de fotos que tenía colgada al cuello―. Ponte ahí en el medio que se ve todo el patio.

Estaba de pie en el centro, no tenía con que taparme o como disimular y Marina empezó a hacerme fotos mirando la pantalla de la cámara.

―Muy bien, sonríe, cuñado, eso es… venga suéltate un poco, relájate, jajajajaja.

No sé si lo decía con doble sentido, pero yo estaba muerto de la vergüenza.

―Han quedado geniales.

Cuando me devolvió la cámara no quise ni ver las fotos que había hecho. Ya lo haría con detenimiento en casa. Casualmente bajó al patio también el matrimonio que antes había reconocido a Marina y esta les pidió si nos hacían una foto juntos.

―Así tenemos un recuerdo del día que hemos pasado ―dijo mi cuñada.

Marina me abrazó, pasando su brazo por la espalda y yo rodeé su cintura.

―Hacéis muy buena pareja ―nos dijo la señora.
―¿Verdad que sí?, nos lo dicen mucho ―contestó Marina en broma.
―Serás cabrita… ―le dije entre dientes mientras el señor nos hacía varias fotos.

Después nos bajamos al bar del pueblo y nos sentamos en una terracita a tomar una caña con limón para celebrar el trabajo bien hecho.

―Esto tenemos que repetirlo, al final voy a tener que pagarte, cada vez eres más profesional…
―Por 1000 eurillos la sesión lo hacemos, jajaja… ―dije mientras chocábamos con complicidad las cervezas.
―Deberíamos regresar a casa ya, no sea que lleguemos tarde a la comida, y hoy creo que tenemos invitado nuevo.
―¿Va a ir el novio de Carlota?
―Creo que sí, por lo que me ha dicho Pablo…
―Mmmmmmm, esto se pone interesante, por una vez tengo ganas de ir a una de las comidas de “Los Álvarez”.
―Yo también, jajajajaja.

Sobre las dos llegamos a casa de Pablo y Marina, ya estaban aparcados el coche de mi mujer, de mis suegros y el de Carlota. Habíamos llegado los últimos. El ambiente estaba un poco revolucionado y enseguida me di cuenta del motivo. Había novedades.

En la comida estaba el nuevo novio de Carlota. Me sorprendió nada más verle, estaba de pie en el jardín del chalet charlando con Pablo y Manuel. Fue el propio Pablo el que me lo presentó.

―Mira, David, este es Manu, es amigo de Carlota.

Me resultó gracioso que se llamara igual que mi suegro el tal Manu, pero lo más sorprendente era la apariencia del chico, efectivamente, como se rumoreaba, era mucho más joven que Carlota, rubio, peinado a raya, guapete, físicamente normal, aunque no parecía que hiciera deporte, con pinta de ser muy pijo, ojos azules, tendría sobre treinta años y había entrado recientemente como abogado del grupo Álvarez, lo que no sabíamos es si le habían contratado por ser el novio de Carlota o se habían conocido una vez que ya estaba trabajando en el grupo.

El caso es que aquel chico era el novio de Carlota, que charlaba unos metros detrás con Claudia, mi cuñada parecía una adolescente, había rejuvenecido diez años, ahora sonreía y todo, y se notaba que estaba muy ilusionada con su nueva relación.

Para ser la primera vez que estaba con nosotros Manu se movía como pez en el agua, participaba en todas las conversaciones y de vez en cuando los niños le iban a buscar para jugar con él. Hasta mi suegra le hablaba de manera especial, parecía que hasta se ruborizaba cuando lo hacía. Había entrado con buen pie en la familia, no cabía duda.

De primeras parecía majo, pero yo solía tener muy buena intuición con la gente, y aquel chico me daba mala espina. No sabía explicar el motivo, pero notaba algo raro.

―¿Y qué tal esas fotos? ―me preguntó Claudia delante de su hermana Carlota.
―Fenomenal, estoy encantado con la cámara.
―Es que se ha comprado cámara nueva…
―No sabía yo que eras tan aficionado a la fotografía ―me dijo Carlota.
―Siempre me ha gustado, y bueno al final me he decidido.
―Le ha hecho un reportaje a Marina, que quiere actualizarse un poco en las redes sociales ―le explicó Claudia a su hermana.

Les estuve contando los lugares donde habíamos estado y justo apareció por detrás Manu para abrazar a Carlota y darle un pequeño beso en la mejilla. Mi cuñada se quedó sorprendida por ese gesto cariñoso delante de todos, pero se dejó hacer. Yo me alegré por ella, el necio de Gonzalo jamás había hecho nada parecido en todos sus años de matrimonio.

Carlota estaba guapa y radiante, llevaba un vestido azul veraniego largo de tirantes y se había desabrochado un botón, por lo que iba más despechugada que de costumbre. ¡Aquellas tetazas eras impresionantes! “Y yo las había tenido en mis manos”, pensé.

―Pues luego nos haces unas fotos a todos ―me pidió Carlota.
―Si queréis empiezo ahora con vosotros ―dije sacando la cámara de la funda―. No os mováis.

Y de repente toda la familia se quedó mirando el instante en el que inmortalizaba a la nueva parejita, cuando terminé de hacer la foto volvieron a darse un beso, esta vez un pequeño pico en los labios.

Por suerte llegó la comida, Pablo la había encargado para que nos la trajeran a casa y en el patio habían montado una mesa grande. Durante la misma, Marina y yo explicamos el motivo de la sesión de fotos, a mis suegros se les hacía muy raro que el marido de su hija y la mujer de su hijo hubieran quedado por la mañana para eso. Eran de mentalidad muy tradicional. Luego Marina estuvo contando que a mediados de junio iba a dar el salto a un canal privado nacional como presentadora sustituta para el magazine de las mañanas.

―Ahhh, ya decía yo que me sonabas, tú eres Marina claro, la del programa ese de los pueblos y que hacéis entrevistas y lleváis gente ―dijo Manu.
―Es la famosa de la familia ―ironizó la envidiosa de Carlota.
―Pues me gusta mucho el programa, no sé qué día es, pero si estoy zapeando y tal y lo encuentro siempre me quedo viéndolo hasta el final…

El muy cabrito tenía buenas palabras para todos, se notaba que era abogado y sabía lo que decir y cuándo decirlo. A mi suegra la tenía encandilada, soltándola de vez en cuando alguna tontería, se notaba que ya se conocían de antes, luego nos enteramos de que Carlota ya había estado otro día en casa de sus padres para presentárselo.

Después de comer estuvimos un poco de sobremesa y luego me pidieron que sacara la cámara para hacer alguna foto de familia. Me hubiera gustado tirar más fotos a Marina, que se había puesto unos shorts de vestir espectaculares, pero me dijo que no lo hiciera porque no quería que saliera en las redes sociales ninguna foto del jardín de su casa.

Por la tarde nos quedamos un rato a solas vigilando a los niños mientras jugaban por el jardín e inevitablemente salió el tema del nuevo novio de Carlota.

―¿Y qué te parece Manu? ―pregunté a Marina.
―No sé, parece majo, ¿no?

Nos quedamos mirando los dos con la misma cara, estábamos pensando igual y sonreímos.

―Vale, vale… ―no pregunto más.

Estaba deseando llegar a casa para echarle una ojeada rápida al reportaje de la mañana, ya se me había pasado un poco el calentón de la sesión de fotos, pero el estar allí con ella hizo que me volviera a excitar. Me gustaba todo de esa mujer, el pelo, como se movía, su voz, la tranquilidad, serenidad y seguridad que transmitía, la elegancia vistiendo, es que cualquier cosa que se ponía le quedaba de maravilla. Hasta su olor me gustaba. Era estar cerca de ella y ya me alteraba solo con su perfume.

A media tarde nos fuimos para casa, nos despedimos de los anfitriones, de mis suegros y de Carlota y su novio, que se montaron juntos en el coche de mi cuñada. Me pareció curioso que Manu se pusiera en el asiento del conductor a pesar de estar en el coche de ella.

Durante el camino a casa apenas hablé con Claudia sobre el novio de su hermana, a ella le había caído muy bien, así que tampoco quise ahondar en la cuestión de que a mí había algo que no me gustaba de él.

―¿Por qué no vamos a tu casa?, llevamos dos meses y todavía no sé dónde vives ―le preguntó Carlota.
―Tranquila, te he dicho que ahora lo tengo todo muy desordenado y con mis cosas metidas en cajas, me voy a mudar a otro apartamento…
―¿Ya lo tienes buscado o necesitas ayuda?
―No necesito ayuda, mamááááá, era broma, sí, tengo un par de cositas buscadas…
―Está bien, vamos a mi casa, ¿te apetece que salgamos luego a cenar?
―Pufff hoy no, casi prefiero otra cosa ―dijo Manu soltando un botón del vestido de Carlota.
―Oye, quita esa mano…
―Como quieras, pero no te vuelvas a abrochar ese botón hasta que lleguemos ―le ordenó Manu mirando fijamente su escote.

Entraron en el piso de Carlota y él la cogió de la mano para llevarla hasta el lujoso sofá blanco del salón. Se quedaron de pie y comenzaron a besarse mientras Manu iba desabrochando uno a uno todos los botones del vestido largo. Cuando lo hizo, se lo abrió un poco y suspiró al ver el cuerpo de Carlota, luego metió las manos por los laterales acariciando su cintura y las bajó para ponerlas sobre su gran trasero.

―Me tienes muy caliente todo el día con ese vestido ―dijo Manu dejándose caer en el sofá―. Quítate las bragas y siéntate encima de mí.

Carlota cerró las piernas y se giró para sentarse sobre él, pero eso no era lo que quería su nuevo novio.

―No, así no, primero quítate las bragas, abre las piernas y siéntate encima…

Carlota seguía de pie, delante de él, con lentitud se bajó las braguitas mostrándole el coño, no lo llevaba depilado del todo, se había dejado un pequeño triangulito de color rubio que le quedaba fenomenal. Luego abrió las piernas poniéndolas a los lados y fue bajando hasta plantar el culo sobre los muslos de Manu.

―Me gusta cómo lo llevas, pero a partir de hoy déjatelo crecer… me gustan los coños frondosos y peluditos…
―Pero a mí…
―Shhhhhhh, deja que crezca, quiero ver cómo te queda así todo salvaje, tiene que estar precioso, con ese rubio tan bonito que tienes… y ahora desabróchate el sujetador…

Carlota fue a quitarse el vestido, que lo tenía abierto por completo, pero él no la dejó.

―No, no, con el vestido puesto, por favor… me gusta cómo te queda…

Y ella se sacó como pudo el sujetador, quedándose casi desnuda delante de él. Manu apartó el vestido veraniego hacia los lados y se quedó mirando las enormes tetas de Carlota. Tenía unos pezones claros y muy grandes. Manu nunca había visto unos pezones de ese tamaño.

¡Realmente, nunca había visto unas tetas de ese tamaño!

―¡Joder, son impresionantes! ―dijo apretándolas con las dos manos.

Se las estrujaba con ganas, clavando los dedos en su piel, lo hacía con tanta fuerza que hasta dejaba las marcas en sus pechos. Carlota le acariciaba el pelo emitiendo pequeños gemiditos, disfrutando de la sensación de ser deseada. Le encantaba que le sobaran así las tetas, Gonzalo nunca la había tocado de esa manera.

Enseguida bajó la cabeza para enterrarla entre aquellas dos majestuosidades. Se lanzó a por la teta izquierda como si fuera un bebé en busca de alimento, se la agarraba con las dos manos, intentando exprimirla en su boca. Esta vez Carlota gimió más alto y se abrazó a su cabeza para pegarle contra su cuerpo.

Manu pasaba de una teta a otra a toda velocidad, se deleitaba haciendo eso. Podría pasarse horas y horas comiendo unas buenas tetas. Y nunca había probado unas tan grandes y deliciosas como las de Carlota.

¡Hasta sabían de maravilla!

No estuvo horas, pero se pegó casi cuarenta minutos de reloj, chupando y chupando las tetas de Carlota, metía la cara por la parte interna de sus pechos, notando el calor que emanaban, le gustaba sentir la sensación de tener aprisionada la cara entre aquellas dos tetazas tan pesadas.

Carlota no tenía ninguna prisa, le dejó hacer todo el tiempo que quiso. A medida que se iba excitando se le iban poniendo los pechos más y más sensibles. Los pezones ya los tenía muy duros y cuando se los rozaba con los dientes le daba un escalofrío que la recorría el cuerpo de arriba a abajo.

Le desabrochó el cinturón quitándoselo y luego le fue abriendo los botones de su pantalón vaquero. Ahora era ella la que había tomado la iniciativa. La polla de Manu salió disparada en cuanto Carlota bajó sus calzones y se la agarró con la mano para guiarle a la entrada de su coño. Otra vez quiso quitarse el vestido, para quedarse completamente desnuda, pero Manu se lo impidió.

―Déjatelo puesto, ¡¡quiero follarte así!!
―¿No prefieres verme desnuda?, ¿es que no te gusta mi cuerpo?
―¡Cómo no me va gustar!, ¡joder, me vuelves loco, Carlota!
―Pero estoy muy gorda, tengo que adelgazar mucho…
―Ni se te ocurra perder un puto gramo… y te lo digo muy en serio, a mí me gustas así… ni un puto gramo…

Carlota se dejó caer sobre su polla metiéndosela dentro, movía despacio, pero con cierta fluidez su voluminoso cuerpo cabalgando sobre la polla de su novio, que pasó las manos hacia atrás poniéndolas en sus glúteos. También se los apretó con ganas y devoción, como había hecho antes con sus tetas, que se movían arriba y abajo ante la atenta mirada del chico.

―¡¡Eso es, fóllame, cariño!! ―gritó Carlota.

Manu clavaba sus dedos en el imponente trasero de Carlota y cada vez más cachondo rozó con el índice el ano de ella.

―¡Ahhhh!, ¿qué haces?
―Calla y sigue moviéndote, gordita mía… ―dijo empezando a meter un dedo en el culo de Carlota.
―¿Ah sí?, ¿soy tu gordita?
―Claro que sí, eres mi gorda… mmmmmm… y estás muy buena…

Con los movimientos delante y atrás de Carlota el dedo que tenía apoyado en su culo se le iba metiendo cada vez más profundo, hasta que lo tuvo insertado por completo en sus entrañas.

―Me has metido un dedo… ahhhhh…
―¡Cállate, gorda!, ¿no te gusta esto?

Carlota no contestó, pero incrementó el ritmo al que se movía y el volumen de sus gemidos, se puso erguida, mostrando orgullosa sus pechos, haciéndolos bambolear delante de la cara del chico. Estaba claro que le gustaba el dedo jugando en esa zona, a Gonzalo nunca le había dejado acercarse por allí, ni con su dedo ni mucho menos con la polla, era completamente virgen por detrás. El ritmo de la follada fue incrementando y a Manu le volvió loco el culo de Carlota golpeando contra sus muslos cada vez que se movía. Así se dejó llevar hasta que finalmente se corrió dentro de ella.

Fue un polvo tranquilo, pero muy excitante y Carlota se quedó todavía unos minutos más dentro de él mientras se comían la boca.

―Vamos a la cama, ¡¡quiero follarte otra vez!! ―dijo Manu.

Carlota se levantó y la corrida del chico le cayó sobre las piernas.

―Espera, no te muevas, quédate de pie ahí, quiero ver tu cuerpo, gordita, ahora sí, quítate el vestido.

Ella hizo lo que le pedía su novio y se quedó desnuda delante de él.

―Date la vuelta y vete muy despacio hasta la habitación, se me pone dura solo con ver como se te mueve el culo cuando andas…

Sin ropa y descalza Carlota se giró y echó a andar en dirección a la puerta. A Manu le gustaba ver aquel cuerpo carnoso y su voluminoso trasero en movimiento. Se ponía cachondísimo. Con tranquilidad, él también se quitó la ropa en el salón, desnudándose por completo.

Cuando llegó a la habitación Carlota ya le estaba esperando en la cama.

No quise esperar a que se acostara Claudia, mientras ella veía una serie en la tele me quedé sentado en la mesa del salón y fui pasando las fotos que había hecho por la mañana al ordenador.

―Deja eso, David y ven aquí…
―Es que quería al menos dejar las fotos ya copiadas, termino rápido ―dije cuando llevaba media hora viendo a Marina en el portátil.

Había sido un buen trabajo, mejor de lo que me esperaba, tenía un material de primerísima calidad, casi 800 fotos, en distintas localizaciones y con varios cambios de vestuario.

Entonces Claudia se levantó a coger un vaso de agua y yo estaba tan concentrado en la pantalla que no me di ni cuenta hasta que la tuve encima. Casualmente estaba viendo las fotos que le había hecho a Marina en el río. Ella estaba con el bañador blanco a modo de ropa interior por encima del pantalón vaquero. Mi mujer se quedó muy sorprendida al ver así vestida a la mujer de su hermano.

No se esperaba una foto tan erótica.

―¿Qué lleva puesto?
―Anda, es un body de esos, ahora están muy de moda…
―Ya veo que es un body, ¿pero qué fotos habéis hecho vosotros?, ¡¡joder, si casi se le ven las tetas!!
―¡Que se le van a ver las tetas!, son fotos artísticas…
―¿Y va a subir eso al Instagram?, se van a pajear con ella… ¡vaya fotos!
―¡No exageres, Claudia!, deja de decir tonterías…

Mi mujer se había sentado frente al ordenador y ahora era ella la iba pasando las fotos de una en una. Se encontró con capturas muy cerca de la pulsera de su tobillo, un primer plano de sus pendientes, fotos artísticas, de espaldas a la cámara, un primer plano de su culo…

Yo asistía avergonzado a cómo Claudia iba descubriendo el trabajo que había hecho por la mañana. Y de repente me preguntó.

―¿Te pone Marina?
―¡¡¡¿Que si quééééé?!!!
―Ya me has oído, te estoy preguntando si te gusta la mujer de mi hermano…
―No, Claudia, ¿qué clase de pregunta es esa?
―¿No te gusta?, ¿no te parece guapa?
―Eso es evidente, ¡Marina es muy guapa!, pero no me gusta, ¿a qué viene esa pregunta?, entenderás que no esté nada cómodo hablando de esto…
―Yo tampoco estoy muy cómoda viendo estas fotos…

Es verdad que en algunas, las poses de Marina rozaban un poco la provocación y el morbo, e incluso el erotismo, pero la mayoría eran unas fotos artísticas que habían quedado muy bonitas.

―¿Alguna vez te has masturbado pensando en ella? ―me soltó de golpe.

Ahora sí que me puse rojo de la vergüenza. No me esperaba que Claudia me preguntara si alguna vez me había tocado viendo fotos de la mujer de su hermano.

―¡Noooooooo, pues claro que noooooo! ―intenté negar la evidencia―. Joder, Claudia vamos a dejar el tema, o al final me voy a enfadar de verdad…
―Pero si hasta te has puesto rojo de vergüenza, ¿qué pasa?, ¿te pone caliente Marina? ―preguntó poniéndose de pie.
―¡Cómo no me voy a poner rojo con esas preguntas!, de verdad, Claudia, me estás sorprendiendo…
―Yo sí que me he sorprendido viendo esto, ¿y Pablo que va a decir cuando vea estas fotos?
―Pues no lo sé, yo se las pasaré a Marina y que haga con ellas lo que quiera…
―No creo que le hagan mucha gracia a mi hermano…
―Si tiene tu misma mentalidad, seguro que no.

Fue a la cocina a por un vaso de agua y luego sin decirme nada se sentó en el sofá. Ya se había enfadado como una niña pequeña, me ponía de los nervios cuando Claudia hacía eso y dejaba de hablarme. Yo todavía sentía las gotas de sudor recorriendo mis axilas. Me acababa de hacer pasar un mal trago.

Le eché una ojeada rápida para comprobar que se habían pasado al ordenador todas las fotos desde la cámara e ineludiblemente me detuve en las últimas. En esas estaba yo solo en el patio interior del castillo y me daba un reflejo que hacía que se notara todavía más la erección que llevaba en ese momento. ¡Qué vergüenza me dio ver esa foto!

Luego pensé en Marina, ella es la que la había hecho. Tuvo que ver por narices como me encontraba. Y para terminar la sesión, estábamos juntos Marina y yo agarrándonos por la cintura mientras el matrimonio captaba la instantánea. Me puse las manos en la cara rojo de vergüenza.

¡Todavía se me notaba más la empalmada que llevaba!

Menos mal que Claudia no había visto esas fotos finales, sino habría tenido que dar muchas explicaciones. No podía dejar que nadie las viera, ¿cómo le iba a pasar eso a Marina? Ya pensaría en algo para disimular el bulto que lucía bajo los pantalones. Tendría que hacer milagros con la edición para poder disimular eso.

Cerré la tapa del ordenador portátil y me senté junto a Claudia.

―¡No te enfades!, ¿ahora te va a sentar mal que le haga unas fotos a Marina?
―No me he enfadado por eso, ya lo sabes, es por lo que has dicho… lo de la mentalidad, parece que estás esperando la mínima para atacar a mi familia…
―Pero, ¿cuándo he atacado yo a tu familia, Claudia?, joder, si no puedo estarles más agradecidos, a tus padres, a tu hermano… incluso Carlota, somos una familia unida y mira todo lo que tenemos, como vivimos… ni en mis mejores sueños hubiera imaginado tener todo esto…

Aquellas palabras parecieron ablandar a mi mujer que se hizo un pequeño ovillo acurrucándose entre mis brazos.

―¿Seguro que no te has tocado con Marina?
―¡Claudia!
―Era broma, jajaja… voy a tener que revisar ese portátil tuyo… a ver qué me encuentro…

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