DERIVIA

El lunes discutí con mi mujer, tampoco fue una discusión demasiado intensa, pero un pequeño enfado, pero a mí me hizo estar con el resquemor durante toda la semana. Todo vino, porque cuando llegué de trabajar sobre las 22:30, después de todo el día de reuniones, yo tenía ganas de follar, al llegar a casa, abracé a mi mujer por detrás y ella que me conoce y sabía lo que yo buscaba, se separó de mi visiblemente molesta.

-¿Que te has pensado que soy tu puta?

Sus palabras me sorprendieron, no suele negarse a tener sexo y cuando por algún motivo lo hace no reacciona así.

-¿Por qué me dices eso?- le pregunté sorprendido.

-Llevas todo el día fuera, me dijiste ayer que hoy vendrías y comeriamos juntos…- me reprochó, extrañamente enfadada.

-Cari, sabes que estoy trabajando, te dije que intentaría, sabes que estoy intentando cerrar este proyecto…

-Siempre estás intentando cerrar un proyecto y me parece bien, pero luego no vengas a restregarte, como si yo fuera tu puta… estoy cansada y ni me has preguntado cómo estaba

-¡Joder Ana! Parece que quieres discutir, luego bien te gusta tener dinero.

-Ya estamos, recuerda que yo tengo mi carrera y que si deje de trabajar fue para poder vernos más y cuidar de las niñas, así que no vayas por ahí…

Al final nos acostamos enfadados el uno con el otro, pero a la mañana siguiente ya se nos había pasado, pero a mí durante la semana me venía el recuerdo a la cabeza, me molestó más de lo que pensé que me dijese que la trataba como si fuera una puta.

Ana tiene 41 y yo 40, nos conocimos en la universidad, ella estudiaba psicología y yo arquitectura. Tenemos dos peques y ella dejó de trabajar cuando nació la segunda niña que ahora tiene 8 años, estábamos bastante bien económicamente, en su trabajo no la trataban como merecía y pensamos que sería buen momento para plantear otro estilo de vida.

Ana es delgada, alta, lleva el pelo teñido de rubio, liso y con una larga melena que casi siempre la lleva agarrada en una coleta. Suele hacer ejercicio, ya sea en el gimnasio, cuando sale a correr o queda con alguna amiga para jugar al pádel. Es guapa, claro que los 41 no son los 19 que tenía cuando la conocí (yo tampoco estoy igual), alguna arruguita de expresión ya tiene, y su pecho no tiene la firmeza que tenía cuando tenía menos edad, pero muchas de 20 las quisieran tener como ella, igual que su culo con la edad se le a puesto más gordito, aunque eso no hace que jóvenes como mayores quisieran pasar las noches con ella.

Durante la semana no pude evitar estar sorprendido porque Ana se enfadara, no creo que viniera a cuento y mucho menos me gustó que me hablaste de esa manera que si era mi puta o que insinuar cosa que yo nunca la he echado en cara.

Pasó la semana y llegó el viernes. Día que no suelo trabajar después de comer y como había estado bastante ocupado durante la semana decidí salir un poco antes, irme con Ana a comer, descansar, llevar a las peques donde mis suegros y prepararnos tranquilamente para la obra de teatro que íbamos a ir a ver. Pero antes fui a un centro comercial para comprar algún regalito para mí mujer.

Cuando pase por la puerta de una conocida tienda de lencería, vi un conjunto que me recordó la discusión del lunes, sus palabras «no soy tu puta». Las braguitas, eran cuatro tiras de tela roja a modo de arnés, no tapaban absolutamente nada y un sujetador del mismo estilo, con un aro dorado en la zona de los pezones que quedarían completamente al aire. Mientras iba por el centro comercial me imaginaba a Ana con el conjunto puesto, así sí que sería como una puta. Después de comprarla unos bonitos pendientes fui a la tienda de lencería y terminé comprando el conjunto.

Cuando llegué a casa, Ana me dio un beso y sonriente me preguntó por esa bolsa de Bulgari sabía que era para ella, la otra bolsa la del picardías, la deje en el coche, esa se la daría más adelante. Cuando vio los pendientes le encantaron. Me dijo que estaba deseando que llegase la noche para ponérselos e ir al teatro con ellos.

Las peques, tenían fiesta de pijamas en la casa de unas amigas de la Urbanización, al volver a casa, Ana estaba en la ducha, sobre la cama, el vestido que se iba a poner por la noche, los pendientes en la mesilla y los zapatos al lado de la cama. Deje sobre el vestido el conjunto de lencería, que había comprado para ella. Esperé en el dormitorio a que saliera de la ducha.

Entró en la habitación, con su albornoz blanco, cuando vio la lencería que había preparado, me miró con cara de alucinas…

-No pensarás que voy a ir con eso.- me dijo cogiendo la poca tela que tenían las braguitas.- ¡¡¡si esto es como si no llevará nada!!!-

-Sí, quiero que te lo pongas, esta noche, si vas a ser mi puta.- saque la cartera y la puse sobre la cama 300€ -¿Es suficiente?- en ese momento no sabía cuál sería su reacción y sentí que me había pasado pero…

-¿Te gustaría que fuera tu puta?.- según lo dijo, dejó caer el albornoz al suelo y se quitó la toalla que cubría su pelo. Quedó completamente desnuda delante de mí. Observé su cuerpo que no me cansaba nunca de apreciar y me detuve en su preciosa mata de pelo triangular que cubría su pubis y una nueva idea se me ocurrió.

Ana cogió el dinero que yo dejé sobre la cama, mientras la miraba sin decir nada, sentado en la otomana del dormitorio. Una vez que tenía el dinero en la mano, se fue al armario donde tenía los bolsos y lo guardó.

-¿Qué quieres?- me pregunto cuando se giró.

No sabia que decir, o qué hacer, no esperaba la reacción de Ana, aunque era lo que quería no había pensado más que darle el dinero y el conjunto. Estaba excitado pero no sabía bien cómo actuar en este juego que yo había propiciado y del que Ana parecía estar decidida a jugar.

-ponte sobre la cama a cuatro.- fue lo primero se me ocurrió, mientras un deseo tremendo de usarla como un objeto para mí placer comenzó a recorrer mi mente.

Ella obedeció, como una felina se posicionó en la cama mirándome fijamente a los ojos, con una pícara sonrisa

-Date la vuelta.- Le dije, para que me mostrará su culo y su vajina.

Lo hizo, delante de mí a cuatro patas sobre la cama Ana se giró y dejó ver su culo y su vajina desde atrás. Inclinó su pecho sobre la cama y separó sus piernas, esperando que llegase a su altura, pero no lo hice. Desabroché mi pantalón y comencé a masturbarme mientras ella esperaba sobre la cama mirándome, con cara de deseo y excitación. Tenía ganas de penetrarla, de levantarme y poseerla, pero no lo iba a hacer, ella iba a ser un objeto de mí placer, ¿Acaso no era eso a lo que se refirió cuando me dijo que sí pensaba que era mi puta? Tenía que conocer la diferencia.

Me levanté, acaricie su precioso culo y pude ver su sexo brillando por qué estaba húmedo. No pare de masturbarme, ella me miraba, se fue a girar pero le dije que no lo hiciera y ella obediente se quedó en esa posición. Estaba apunto de correrme y era así como quería hacerlo y así lo hice, acerque mi miembro a sus nalgas y sobre su piel comencé a derramar mi semen.

Me separé de su cuerpo que estaba manchado de mi semen, y antes de que pudiera incorporarse, acaricie su cara y puse mi polla cerca de su boca, esto solo acababa de empezar, vi sus ojos brillar, sonrió y sobraron las palabras.

Con su boca limpio los restos de semen que quedaban en mi capullo. Realmente me sorprendió no me lo esperaba, no la gusta el semen, nunca le ha gustado, pocas veces me he corrido en su boca y las veces que ha pasado corriendo lo ha escupido, también es verdad que prácticamente podríamos decir que lo que quedaba era como líquido preseminal.

-¿Te ha gustado?- me preguntó sonriente, sabedora de que me había sorprendido.

Un beso en sus labios fue mi respuesta, me había gustado y a ella también, lo noté en su mirada y en su voz, aunque nuestro sexo se hubiera vuelto bastante tradicional durante los últimos años, no siempre había sido así.

Ella se incorporó sabiendo que esto no había terminado y mientras yo salía de la habitación para ducharme, le dije.

-¿Te ha gustado?- me preguntó sonriente, sabedora de que me había sorprendido.

Un beso en sus labios fue mi respuesta, me había gustado y a ella también, lo noté en su mirada y en su voz, aunque nuestro sexo se hubiera vuelto bastante tradicional durante los últimos años, no siempre había sido así.

Ella se incorporó sabiendo que esto no había terminado y mientras yo salía de la habitación para ducharme, le dije.

-acompañame al baño, quiero arreglarte.

Una vez estábamos los dos en el baño abrí el grifo del agua caliente y cuando vio que cogía, el jabón de afeitar, la cuchilla y la brocha me dijo.

-No, no me quites el pelo, que así lo tengo más protegido.

-Ven.- la dije cuando me senté al borde de la bañera.

-¿Que vas a hacer?

-Tranquila, no te lo voy a quitar todo.

Su mirada me decía, no te pases…

Sentado, puso su pubis frente a mi a unos pocos centímetros, desee lamer y comer su sexo, pero me contuve, por el contrario pase el jabón por su pubis. Ella, al notar el contacto volvió a avisarme.

Enjabone todo su pubis pasando la brocha comenzó a aparecer espuma en todo su monte de venus, el momento me resultó tremendamente excitante, observaba con detenimiento su entrepierna, mire la preciosa vulva de mi mujer y como sobresalían ligeramente los labios menores, cosa que me resultaba realmente estimulante. Con la cuchilla y con cuidado comencé a afeitar el rizado y negro vello púbico. Cuando terminé, un rectángulo de unos tres dedos de grosor era lo que le quedaba de pelo.


-Girate.- le dije.- que te voy a quitar tres o cuatro pelitos que tienes en el agujerito.

La realidad era otra, quería deleitarme con el estrecho orificio que nunca había conseguido penetrar al completo y que hacía tantos años que no me arrimaba a él. Ya ni tan siquiera me dejaba acariciarlo con la yema de los dedos y ahora, con tanta facilidad había conseguido que se girase y me lo entregase separando sus nalgas para retirar unos pelitos que ni existían. Cuando lo vi delante me contuve, no era el momento, así que sutilmente con la mano que no sujetaba la cuchilla, abrí un poco más su culo y deslice la cuchilla con suavidad. Al hacerlo pude notar una leve palpitación en su pequeño agujerito. Me quedé con ganas de meterle un dedito, no lo hice pero no pude evitar empalmarme. Al terminar, la di un cariñoso azote es su maravilloso culo, ella al sentirlo supo que el trabajo ya estaba terminado, así que tras darme un beso y una leve caricia en mi pene salió del baño, «guarda fuerzas» me dijo al salir del baño.

Al salir de la ducha, Ana ya estaba vestida. El vestido le quedaba tremendamente bien. Se lo dije y me sonrió. Entonces vi las bragas y el sujetador que le había regalado sobre la cama. «Te falta algo» la dije

-¿En serio?

Entonces me puse a levantar su vestido para ponerle las bragas yo.

-vale, vale, me las pongo, pero es como si no llevase nada y seguro se marcan.

-pontelas.

Las braguitas, no se le marcaban pero cuando se puso el sujetador, al no quedar tapados sus pezones, se le marcaban sutilmente en la fina tela del vestido. Ambos lo sabíamos, pero aquella noche no nos importó.

Cuando salimos del parking en el que dejamos el coche, caminamos por las calles en dirección al teatro, Ana me decía que se sentía observada, como si todo el mundo la mirara y supiera la ropa interior que llevaba, y se agarró a mi brazo para sentirse protegida. Sentí, que aquella situación la causaba excitación al igual que a mí. En la calle antes del teatro vimos un bar al que solíamos ir de jóvenes, ella me lo recordó y me propuso que a la salida del teatro, nos podíamos tomar algo allí antes de ir a casa. Así lo hicimos, cuando salimos de la obra de teatro, entramos al bar.


-está igual, no como nosotros.- recordó Ana.

-tu también estás igual cariño.- Me sonrió y me dio un pico en los labios al oír mi respuesta.


En aquel sitio, nos pasábamos las tardes de los viernes cuando estábamos estudiando, siempre quedamos allí ella y yo antes de ir a ver a nuestro grupo de amigos.


Hacía tiempo que no nos reímos tanto juntos, el día a día, hizo que descuidasemos nuestra relación de pareja. La monotonía se había apoderado un poco de nosotros, ir a trabajar, cuidar de las niñas, gimnasio, compra sexo una o dos veces por semana, rápido y sin hacer ruido… pero aquella noche parecíamos dos chicos de veinte años en su primera cita, pero con la seguridad y confianza de conocernos de toda la vida. Ella me acariciaba la mano, me sonreía y me miraba con ojos de deseo al igual que hacía yo con ella.


-Estas muy loco, como se te ha ocurrido lo de las braguitas…

-Dijiste que me creía que eras mi puta ¿No?

-Cómo sabía que me lo ibas a recordar… y eso del dinero en la cama, que loco estás.

-Puede bien que lo has cogido.- entonces noté que su mano bajaba disimuladamente a mi entrepierna, agarrando mi miembro.

-Claro, una PU-Ta siempre cobra por sus servicios.- mordió su labio de una manera tremendamente sexy y las caricias que me propino con su mano hicieron que me pusiera duro.-mmm, parece que te gusta.

-Quien la sube la baja- le susurré al oído.

-Pues eso te va a costar más dinero, no pensaras que soy una puta barata
.

Bese sus labios y la propuse ir a casa, mientras yo pagaba la cuenta, ella fue al baño, no hubo un hombre o mujer que no la mirase al pasar por su lado. Estaba realmente espectacular. Al volver a mi lado, se lo dije, ella me dijo que se había dado cuenta que unos chicos jóvenes con poca vergüenza la habían preguntado si tenía frío entre risas. Y es que se me marcan un montón los pezones, me he mirado al espejo y me he dado cuenta. Sabía quienes eran, no tendrían más de 20 años los dos chicos que no habían dejado de mirarnos y que ahora continuaban haciéndolo.

-Seguro que te ha puesto que te lo dijeran.

-Sí.- respondió con una risa tonta.- pero no porque me lo digan ellos, es que no sé qué pasa, pero me está dando mucho morbo sentirme así, desnuda como si todos supieran que no llevo nada debajo del vestido… siento como mojo los muslos.- me dijo con una risa nerviosa.

Me acerqué a ella y con disimulo mientras la daba un beso y sin importarme mucho que alguien nos pudiera ver, metí mi mano entre su vestido, acaricie sus muslos, sentí el calor que salía de su entrepierna y note como estaba mojado su totito. Ella al notar mi mano, se sorprendió, sujetó mi muñeca para que no hiciera más presión. Su mirada se clavó en la mía.

-¿Te has vuelto loco?-

Me besó y saco mi mano de entre sus piernas.

Llegamos al parking para coger el coche, estaba oscuro y no había nadie. Íbamos abrazados y besándonos, metiéndonos mano como dos adolescentes. Fui hasta su puerta, ella sabía de mis intenciones, nunca la acompaño a su puerta. Me apreté a ella empotrándola contra el coche, ella se hacía la inocente. Entonces la gire, me apreté contra su culo y ella apretó su culo contra mi, mordí su cuello mientras desabrochaba mi bragueta, estaba duro, la penetre desde atrás, sentí como su vajina se abría mientras ella soltó un gemido mezcla de placer y alivio al sentir lo que llevaba toda la noche deseando, mi polla dentro de ella.

La penetré fuerte y ella gemía, mientras yo entraba y salía de su vajina. Saqué sus pechos del vestido y comencé a apretar con mis dedos sus duros pezones. Entonces un ruido nos alertó, ella se giró para mirar en la dirección en la que escuchamos el ruido.

-Quieto, viene alguien…no te muevas, no te muevas- me dijo con su boca pegada a la mía susurrando y pegando su cuerpo al mío, para evitar que vieran que tenía las tetas fuera del vestido.

-es un hombre…- me dijo

Entonces escuchamos el «pi-pi», que hizo el coche que estaba a nuestro lado, vi el reflejo de los warning en la pared, habían abierto el coche. Ana me sorprendió, cogió mi polla y se la metió.

Sentí como se estremecía, sus ojos abiertos me miraban fijamente, una pequeña mueca de alegría en su cara apareció, su boca mordía y absorbía mi barbilla. Escuché la puerta del otro coche que se abría a la vez que Ana empezó a tener un orgasmo.


-mmmmm, mmmmm, mmeee coorrooo Dios!!!- escuché que decía en un tono super bajo para que solo yo pudiera oírla a la vez que todo su cuerpo temblaba
.

Cuando el coche se marchó, aproveché para salir de ella, y un gemido de relajación salió de lo más dentro del alma de mi mujer, que aún con las tetas fuera, no podía parar de reír.

En el coche, de camino a casa, ella no podía parar de hablar de recordar lo que hacía escasos minutos acababa de pasar: «seguro nos ha visto» «habrá visto que tenía las tetas fuera» «habrá pensado que somos unos guarros»…

Me miraba aún excitada, sus ojos la delataban, su mano acariciaba la mía, recorría mi brazo, mi hombro, mi cuello, mi oreja. Yo la escuchaba y le respondía, estaba también excitado viéndola a ella, oyéndolo y pensando en lo que iba a hacerla.

Me acordé cuando éramos jóvenes, en el primer viaje que hicimos cuando mi padre me regaló el 206 de segunda mano. Y mientras conducía por la carretera de Andalucía me la chupo. ¿Por qué no? Pensé. Desabroché mi pantalón


-¿Qué quieres?- me preguntó más por oírme pedírselo que por qué no supiera lo que quería
.

Ella misma metió su mano en mi slip y saco mi polla que ya estaba dura, la agarró, la miro, me masturbo suave y lentamente, mirándome a mí y también a mi miembro, desabrocho su cinturón.


-Avísame si me ven.- me pidió, y retirando su melena para que no la molestase, se metió mi polla en la boca

El trayecto no era largo y la verdad no es buena chupandomela, se mete el capullo y me pajea, no es capaz de meterse mucho más, es verdad que mi polla es gorda, aunque no tan larga para que no la entre entera, 16cm no más, pero le falta ese interés que pone aquella mujer que disfruta comiéndose una polla, ella lo hace por complacer. Es por eso que me excita tanto ver que la tiene en su boca, por lo que al final siempre me esfuerzo por correrme por si hay suerte y me deja terminar en su boca, pero como la tengo que avisar, lo normal es que termine haciéndome una paja y me corra sobre su mano.


-¿Te vas a correr? avísame ¡eh!.- sus palabras siempre son las mismas
.

Después de decírmelo volvió a metérsela en la boca, pero así no podía correrme, así que se la saqué y comencé a pajearme como tantas veces. Un par o quizá algunas más de sacudidas fueron suficientes…

-chupamela, ¡vamos! puta chupamela me voy a correr…- entre orden y petición la apremie para que se diera prisa en meterse mi miembro en la boca y soltando mi polla cogí su cabeza y la lleve a mi miembro.

Cuando estuve dentro de su boca comencé a soltar mi semen. Ana intentó incorporarse, no la deje, sujeté su cabeza a la vez que pedí se lo tragase mientras soltaba las últimas gotas a ella le dieron un par de arcadas


-¡Eres idiota!- me reprochó dándome un manotazo cuando la liberé. Pero no sé la notaba enfadado, fue más por verse sorprendida, porque seguidamente pero esta vez entre risas volvió a la carga- Casi me ahogas… Te vas a enterar… la próxima vez te la muerdo.

Al bajar del coche, Ana se quitó sus zapatos de tacón y caminó por el césped del jardín con ellos en la mano. Me quedé retrasado mirándola disfrutando simplemente de verla.

-cómo me gusta sentir el césped en los pies.- se giró para decírmelo al ver que no la seguía.- ¿Vienes?.- extendió su mano llamándome a su lado sin parar de caminar.

Fui tras de ella, desde atrás bese su mejilla y ella acurrucó su cara contra la mía. Llegamos al porche, entre besos y caricias, más románticos que sexuales. Se sentó en el sofá, la vi mirando la piscina mientras la pregunte si quería tomar algo.

-Me apetece vino blanco.- me respondió.

Entre en la casa, busque en la vinoteca, cogí el de Enric Soler, Nun vinya Dels taus cogí dos copas y volví a salir al porche. Servi el vino, brindamos y le dimos un pequeño sorbo.

-Te acuerdas cuando bebíamos vino del chino.- sonrió recordando nuestra juventud.

-Si no llega a ser por ese vino…- la respondí.

Y con los recuerdos comenzamos a reír.

Ana y yo nos conocimos en la universidad, pero no exactamente en el campus. Ella estaba en el chino de al lado del campus y yo acababa de entrar a por un brick de vino. Su amiga se quedó mirándome y le hizo un gesto a Ana, yo que me di cuenta, molesto las pregunté si las pasaba algo. Entonces Ana me respondió que no, un poco asustada por el tono que había usado y dándose cuenta que me había molestado el cuchicheo que habían tenido. Al rato, en un parque cercano, nos volvimos a ver, yo estaba con un par de amigos esperando a la que por aquel entonces era mi novia y ella con un grupo de más gente. Entonces se me acercó.

Oye quería pedirte perdón. No deberías haberlo escuchado.- estaba nerviosa y muerta de la vergüenza.- la verdad mi amiga no lo ha hecho con mala intención y la verdad, yo no creo que lo seas…

-Perdona, ¿qué estás diciendo?- la interrumpí.- que no debería de haber escuchado el que y no creas que seas el que…

-de verdad, perdona, solo quería pedirte perdón…-continuo Ana excusándose por algo que yo ni siquiera había oído, sabía que algo habían dicho de mi por el gesto que hizo su amiga, pero nada más. Recuerdo que cuando la vi delante de mí solo podía pensar en que era una niña pija.

-si, si pero que es eso, que no crees que sea.- yo sabía por dónde iba, mucha gente en la facultad pensaban que yo era marica.

Pero en aquel momento no se atrevió a decirlo, se quedó callada mirándome, muerta de la vergüenza. Llegó Álex, mi amigo, y me puso el brazo por los hombros.

-¿Quién es tu amiga?- preguntó mirando de arriba a abajo Ana.

-Esta chica que no es mi amiga, se llama…¿Por cierto cómo te llamas?

-Ana

-No se cree que sea… – espere que respondiese pero no lo hizo.- ¿marica?.- al decirlo los dos reímos y eso hizo que Ana se enfadara.

-Mirad, sed lo que queráis ser, no son mis asuntos, yo he venido a disculparme y no a que dos niñatos se rían de mí.- entonces se giró y se marchó.


-Vaya mosqueo te pillaste, ¿Te acuerdas?

-Es que siempre has sido un poco gilipollas.

-Eso lo dices porque no soportaba que te gustará…- le dije riendo.

-¿A mi?

Me acerqué a ella, acaricie su brazo, y bese su hombro, «sabes que después de ti no hay nada más» la dije

Ella me besó.

-¿Te atreves?

-¿A qué?.- me preguntó.

Comencé a quitarme la ropa y le dije que se bañara conmigo.

No dudo, se quitó el vestido lentamente cayó por sus pies, la vi con aquella lencería roja y me empalme, ella al ver cómo mi miembro creció en un segundo comenzó a reír.

-¿Qué te ha pasado?

-te queda increíble.

Entonces, la cogí de la mano y comencé a besarla, noté su lengua, sus labios, sus manos recorriendo mi cuerpo que me hacían estremecer. Pase mis dedos por su piel desnuda hasta llegar a sus pezones que llevaban toda la noche duros. Mientras nos besamos mantuve mis ojos abiertos para ver su cara.

Al morder su cuello sentí como su corazón se alteraba. Estaba tan excitado que no quería parar. Ella se recostó sobre el sofá y yo me coloque entre sus piernas que separó para facilitar que me tumbara encima de ella. Mientras la penetraba lentamente nos mirábamos a los ojos, nuestras manos se entrelazaron. Esta vez fui suave, entraba y salía lentamente, con delicadeza, para alargar el tiempo hasta llegar al orgasmo todo lo posible, mientras ella gemía y me besaba

¿Te gusta? – me preguntó.

-mucho y ¿a ti?

-También.

Sentía su cuerpo tensarse, su mandíbula temblaba y su espalda se arqueaba, me avisó que iba a llegar al orgasmo, me voy a correr… así que con mis dedos acaricie su clítoris y con mi boca apretaba sus pezones, lo que hizo que su orgasmo llegara. Una vez que se corrió, salí de ella.

-¿Te has corrido?- me pregunto cuando recuperó la compostura.

-No, así no podía.- la respondí

-Vamos a la cama.- me dijo.

Cuando llegamos a la habitación, me abrazó y me besó para luego separarse de mí. Con clase y sensualidad, desabrochó su sujetador, quedándose solo con las cuatro tiras que tenía por braguita.

-Soy tu puta, hazme lo que quieras.- al oírla, mi polla que había perdido su esplendor, volvió a resucitar.

-Date la vuelta.- le dije, quería intentarlo por el culo.

-Eso vale más.

Oírla me puso tremendamente cachondo no solo por lo que había dicho y como lo había dicho sino porque estaba dispuesta después de mucho tiempo a volver a intentarlo.

Tumbada boca arriba en la cama me recibió, tenía completamente empapado el coño, así que utilice su propio flujo para lubricar su ano con mis dedos mientras lamía y absorbía su clítoris. Poco a poco, metí la primera falange de mi dedo, observé sus gestos y sentí que estaba tensa…

-¿Te duele?

-No, pero no metas más.

Iba a ser complicado, así que saque el dedo y pase mi lengua, al hacerlo apretó sus muslos contra mi cabeza y me agarró del pelo.

Entonces volví a introducir mi dedo, esta vez fue más receptiva y sus gemidos aumentaron. Estuve un rato con mi dedo dentro haciendo pequeños circulos, mientras con mi lengua lamía su sexo, ella no paraba de gemir…

-¿Quieres que te la meta?- pregunté

-Si

Coloque una almohada debajo de su cintura, y acerque mi polla a su entrada.


-ten cuidado.- estaba nerviosa y excitada, no me lo dijo con palabras pero sus ojos también hablaban.

Intenté meterla, pero estaba complicado, no podía encontrar la entrada, así que la dije.

-abrete el culo con las manos.

Obediente lo hizo, separó sus nalgas entonces encontré fácil su entrada.

-Despacio, despacio…- me pidió cuando notó la presión en su puerta de atrás.

Cerró los ojos y echó la cabeza hacia detrás, al tiempo que apretó sus dientes.

Sentí como se abría lentamente, con una de sus manos, poniéndola sobre mi cadera, me pidió que parase. Lo hice pero no la saqué, no había entrado ni el capullo, estaba apunto de salirse, así que presione más.

-para para.- me dijo, cosa que hice.- está muy gorda.

La miré tumbada frente a mi, desnuda abierta de piernas recibiendo mi polla por el culo, cosa que me calentó más e hizo que miembro se hinchara aún más..

-no aprietes.


-joder, como me pone que dejes que te dé por el culo- su respiración se aceleró al oírme.- esto es de verdadera puta…


-a que siiii- me dijo.- es que soy muy puta a que si.

-lo eres.- respondí

Eso la puso muy cachonda, su culo comenzó a abrirse dejando paso a mi polla y sentí como si pasará por una especie de anillos que se contraían y dilataban absorbiendo mi rabo.

-Ohhh, diosss, mmmmm, siiii- Ana no paraba de gemir.

-¿te gusta que te dé por el culo?- le dije cuando mi polla ya entraba y salía sin ningún problema. Ella con sus manos, apretaba sus pezones, cosa que era muy poco habitual en ella.

-jodeeeer que polla tienes… ¡hijo de putaaaaa! Siiii

Acariciaba su clítoris a la vez que la daba por el culo metiendo mi polla lo más profundo que podía en su culo.

Me dijo que estaba apunto de correrse, no hubiera hecho falta,( lo sabía por cómo comenzó a abrirse su culo), me pidió que me corriera yo también. Aceleré mis movimientos y la fuerza con la que se la metia. Llene su culo de leche mientras entre gritos y sonidos inteligibles llegó su orgasmo

Al sacar mi polla medio blanda de su esfínter, mi leche salió cayendo sobre la colcha, Ana respiró aliviada al sentir que mi polla salía de su culo.

Me tumbé a su lado, girados mirándonos uno frente al otro, exhaustos.

-¿Te ha dolido?

– mucho.- me dijo haciendo una graciosa mueca de dolor.-¿te ha gustado?

-mucho. – respondí a su pregunta


Me sonrió y beso mis labios -me alegro.

-¿No te ha gustado? .- le pregunté.

-si, me ha gustado mucho.- me sonrió y volvió a besar mis labios.- pero creo que me has roto el culo.

Era la primera vez que conseguía llegar al final practicando sexo anal, las veces anteriores no había metido más que el capullo y se lo había tenido que sacar.

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