MOISÉS ESTÉVEZ

Transcurridos ya casi cuatro meses, la investigación entró en un callejón
sin salida. Apenas si vio a Bryan en un par de ocasiones y había perdido la
esperanza de encontrar al asesino de Javier.
Tomaba café en una tranquila y acogedora cafetería de Tribeca cuando
su iPhone comenzó a vibrar.

  • Dígame –
  • ¡Detective! cómo lo llevas –
  • Hola Bryan. Lo llevo. ¿Y tú? –
  • Hasta arriba de trabajo –
  • Hacía tiempo que no sabía nada de ti. A qué debo tu llamada. ¿Tienes
    algo sobre el caso? –
  • Por eso te llamo –
    El capitán Gregson estaba a punto de darle carpetazo, pero los
    acontecimientos se precipitaron en las últimas horas.
    El asesino, a pesar de que cometió el error de la sangre que les permitió
    localizar el escenario principal del crimen y rastrear sus últimos pasos, había
    desaparecido, se había esfumado. Era como si no existiera, de ahí lo de
    archivar la historia, pero esa mañana apareció un cadáver en el Bronx que
    presentaba el mismo modus operandi…

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