ALMUTAMID

La forma jocosa en que terminó nuestra charla devolvió aparentemente la normalidad entre Sol y yo como pude comprobar en los desayunos y cenas siguientes y en las visitas mutuas que nos hacíamos a los dormitorios en los descansos de estudio.

El viernes hice mi 4º examen en dos semanas, penúltimo ya. Ni yo mismo tenía claro como había sido capaz de resistir. Ahora tenía 10 días por delante hasta mi último examen, caprichos del calendario y sobre todo de la extraña mezcla de asignaturas que yo había hecho en el curso como parte de mi plan.

Dudé si irme a casa, pero allí, pensé, tendría más alicientes para no estudiar mientras que en la residencia el ambiente de estudio era indudable con todo el mundo inmerso en sus exámenes. Además una llamada de Mamen terminó de convencerme.

-Qué sorpresa ¿cómo que me llamas?- respondí al descolgar.
-Se me ha ocurrido un plan para el domingo y prefería consultártelo directamente.
-Dime, estoy abierto a todo.
-Jajajaja. Nada raro, prenda. Se estrena el viernes una peli y saqué dos entradas para el domingo. Después me acordé de que iba a quedar contigo y se me ocurrió proponerte que fuéramos al cine.

Ni pregunté por la película, acepté sin más. Café o cine ¿qué más daba si al final me daba el lote con ella que era lo que realmente me apetecía. El agobio de los primeros exámenes ya se había pasado, sólo me quedaba uno y era con mi clase. De hecho Miriam y yo decidimos estudiar juntos. Aunque en realidad más tarde advertí que su intención era otra.

El viernes salí con las chicas, pues Víctor y Miriam salían solos aunque me habían dicho que sí se apuntaban a la despedida que me iban a hacer cuando terminara el último examen. Pero sin mucha fiesta pues ellos no habrían terminado aún.

Lo pasé bien. Todo normal con Sol, afortunadamente, y Ángela se mostró muy divertida esa noche con muchas ganas de reír y de divertirse. En el fondo estaba jodida porque un examen no le había salido muy bien y quería matar las penas. Estábamos tan lanzados que incluso hablamos de pasarnos toda la noche de marcha en pubs y discotecas y regresar ya de mañana a la residencia, pero al final Sol tuvo remordimientos porque tenía que estudiar por lo que nos fuimos a un chino y compramos bebidas y algo de picar para seguir la fiesta en la habitación.

Al llegar a la residencia me fui a mi dormitorio a cambiarme y a buscar una baraja de cartas. Me puse cómodo con unas calzonas y una camiseta, y una sudadera para atravesar el gélido pasillo. Llegué a la habitación y llamé por si se estaban cambiando todavía pero ya estaban visibles, Sol con el mismo pijama de la última vez y Ángela con sus típicas camisetas. Ésta última sacó unos vasos que tenía guardados en su armario y empezó a llenarlos de hielo y ron, añadiendo posteriormente cola. Sol y yo ya nos habíamos sentado en el suelo cuando Ángela nos trajo las bebidas y se sentó junto a nosotros cerrando el círculo. Con la postura nos enseñaba sus bragas rojas pegadas a su raja. No parecía darse cuenta que se le marcaba o quizá no le importaba.

-¿A qué jugamos?-preguntó.
-Yo sé pocos juegos- dijo Sol.
-Pues al streap poker ¿no?-dije tan tranquilo.
-Mira que vivo.-respondió Ángela- si ya me has visto las tetas.
-Pero no el chochete, jajaja.

Ángela negaba mientras Sol añadía:

-Pero no hay misterio, ya te hemos visto la churra las dos…

Me quedé cortado. ¿Le había contado a Ángela “sus curas” a mis pelotas? Debió darse cuenta de mi desorientación pues continuó:

-El día que te curé la herida se te veía bajo la toalla. Se lo dije a Ángela que me respondió que a ti te daba igual.
-Oyeee que tampoco soy un exhibicionista.-respondí.
-Vale, descartado el poker.-dijo Ángela.
-Pero no me fastidiéis. Es el sueño de cualquier tío, jugar al streap poker con dos bombones como vosotras….
-¿Y dónde está la gracia? Si nos montáramos un trío todavía…-añadió Ángela con picardía.
-Eso sería ya la repera- contesté.
-¿Estáis en serio?- preguntó alarmada Sol.
-No, jajajaja- respondimos Ángela y yo a duo.
-Pero sí vamos a usar las cartas- dijo Ángela tomando aire misterioso- voy a echároslas para ver vuestro futuro.
-¿Sabes?- preguntó la enfermera.
-E mi familia somos todas medio brujas…
-De medio nada, jajaja- respondí.
-Por capullo empiezo contigo- contestó pasándome las cartas- Tienes que barajarlas diciéndome sobre qué quieres que leamos tu fututo. ¿Trabajo, amor?
-Amor no tengo, así que mira a ver cómo me va a ir el Erasmus.

Dejé las cartas en el suelo y Ángela me indicó que cortara. De las cartas que quedaron abajo sacó las 7 primeras poniéndolas boca arriba.

-Interesante- dijo.
-¿Qué ves?
-Veo dos sotas. Son dos chicas que están por ti.
-A ver si hay suerte y están cerca que no mojo desde uhhhh…-dije de coña.
-Esto es serio- me reprendió Ángela- A ver. La de bastos es alguien que te hará o te ha hecho daño.
-Será Claudia- comentó Sol entusiasmada.
-La otra es la de oros. Es alguien muy valioso para ti.
-Ni idea- dije encogiéndome de hombros.

Pero la idea de que Claudia aun siguiera queriéndome me aceleró el pulso y aumentó mi curiosidad.

-¿Y qué más dicen las cartas?
-Te va a ir bien. ¿Ves el 7 de oros? Es símbolo de éxito. Los estudios y tu estancia allí vas a ser buenos. Pero, mira. Vas a tener algún contratiempo contra el que luchar muy pronto. El caballo de espadas se cruza en tu camino. Eso es señal de lucha. Vas a tener momentos de diversión, tienes varias cartas de copas, pero ese caballo me intriga. No sé como relacionarlo, si con tus estudios o esas chicas. Además tantos oros y copas significan que eres atractivo a que hay más gente que te desea aunque no de la forma en que lo hacen las dos sotas.
-¿No puedes explicarme algo más?- quise saber.
-Sólo son cartas, Luis. Dicen lo que te vas a encontrar pero nada más. Yo esto lo aprendí en casa pero no soy una experta.
-¿Puedes echármelas ahora a mí?- rogó Sol intrigada.

Ángela recogió las cartas y se las dio a la enfermera para que las barajara mezclando bien y las dejara en el suelo cortando la baraja después.

-¿En qué pensabas mientras barajabas?
-Amor, jeje.
-Vamos a ver- dijo nuestra cartomante levantando los primeros naipes- Vaya. Es raro. Mira, la sota de espadas es que hay alguien que te puede hacer daño que está pillado por ti. El as de bastos puede significar que te vas a llevar un palo en la vida…
-O que ha visto algo grande y gordo hace poco, jajajajajaja- dije sin pinser.

Sol me dio un tortazo fuerte en el hombro diciendo “Calla, idiota, que está interesante” mientras Ángela no entendía mi comentario.

-Sigue, porfa…
-Tienes oros, es señal de éxito, pero tienes bastos y espadas. Significa que no va a ser algo fácil. Además el rey espadas es desconcertante. No veo que en un futuro próximo tengas éxito en el amor.
-No tengo prisa. ¿Pero más adelante?
-Veo éxito. Pero no será fácil.
-Una pregunta- tercié yo- si ahora me echas las cartas va a salir algo diferente. Esto ses una engañifa.
-Prueba- me retó la pitonisa.
Cogí la baraja mezclando las cartas con esmero y las deposité en el suelo pero no corté, posé el dedo en el envés de la primera carta y dije “Ya”.

Ángela cogió las siete cartas de arriba y les fue dando la vuelta despacio. Evidentemente eran distintas, pero ella respondió:

-Aquí lo tienes. Las cartas insisten.
-No veo las sotas ni el caballo de antes.
-Fíjate bien que los palos se repiten confirmándose. El as de bastos insiste en que alguien que te quiere te hará o te ha hecho mucho daño. El as de oros nos recuerda que hay alguien muy valioso. Te mueves entre esas dos personas sin que las cartas aclaren con quien terminarás. Dudo que sea el bastos- explicó señalándola- pero ahí está. Mira. El as de espadas. Algo se interpondrá entre ti y la persona de estas dos con la que quieres estar.
-Pero, si ni yo sé con quien quiero estar- dije con suficiencia.
-Tú no. Tu destino sí. Aquí está. Pero no será fácil. Supongo que te irán pasando cosas que te aclaren el significado de estas cartas. Pero no engañan.
-Joder Ángela, me has dejado superintrigada, jajaja- añadió Sol- pero con algo de miedito.
-Tu destino sería el mismo con cartas o sin ellas. Pero, ojo, en ocasiones podemos darles la vuelta a las cartas y revolvernos contra el destino cambiándolo. Pero hay que ser muy valientes o muy locos y que las estrellas o los hados estén de nuestro lado.
-Yo creo que no me creo nada de esto- dije mostrándome escéptico.
-Recuerda lo que te he dicho y si se va cumpliendo pues ya saber a qué atenerte.-sentenció Ángela.

Dejamos el tema y acabamos hablando de películas sobre el viaje en el tiempo y cuestiones similares hasta que Sol nos pidió que nos retiráramos pues se quería acostar. Invité a Ángela a venirse a mi cuarto para seguir charlando pero dudó. De forma enigmática respondió:

-Mejor piensa en tu destino, porque no sé cómo encajo en él. Mejor me quedo a dormir que también tengo que estudiar y salir más contenta del próximo examen.

Nunca he creído en el destino y más en mis propias acciones. De hecho mis errores con Claudia son la única causa de nuestra ruptura y no otro tipo de circunstancias ajenas a la voluntad humana. Pero los designios de Ángela me habían dado que pensar. Una me daba un gran palo, otra era muy valorada por mí. ¿Claudia y Alba? Nadie me importaba más que ellas dos. Pero ¿qué papel se asignaba a cada una? ¿Y si sólo era casualidad y mi subconsciente era el que relacionaba la adivinación con la realidad?

Intenté no darle demasiadas vueltas, aunque las palabras de Ángela me inquietaron, especialmente las últimas. Yo era consciente de que yo sí representaba para ella en ese momento algo más importante que ella para mí. Vivía una fase de descubrimiento personal que ella interpretaba como cierto enamoramiento hacia mí. Pero yo había marcado distancias y ella no había insistido. Parecía que las cartas le habían confirmado esa idea y no lo había asumido bien. O al revés, lo asumía con tal claridad que prefería marcar distancias.

Fuese como fuese el sábado todos aparentamos simplemente que había sido un juego. No lo volvimos a comentar. Las chicas se pasaron el día estudiando pero yo me lo tomé con más calma, más bien organizando apuntes. Incluso salí a correr por la tarde. Por la noche quedé para salir con compañeros del equipo. A diferencia de otras ocasiones unas cuantas cervezas, unas risas recordando anécdotas y para la residencia.

Al llegar me pasé por el dormitorio de las chicas. Estaban atareadas estudiando y no quise entretenerlas demasiado aunque de broma comprobé sus hombros para ver si necesitaban un masaje, pero me echaron rápido. Se me notaba que había tomado varias rondas de cerveza.

El domingo pasé la mañana estudiando pues por la tarde había quedado con Mamen. Ya habían salido las notas del primer examen y la mía era positiva, así que me dio bastantes ánimos teniendo en cuenta que era en el que me había presentado con el dolor de huevos. Comí con las chicas y Víctor. No dejaba de sorprenderme la pachorra por no decir los huevos tan gordos de mi amigo. Vivía su vida preocupándose al mínimo por los demás sólo centrado en sus estudios y en tener la cama caliente para no dormir solo. Su simpleza, que en cierto sentido me recordaba a Marcos, me demostraba que quizá sólo las chicas me echarían de menos cuando me fuera. ¿Qué huella iba yo a dejar en la residencia?

La respuesta era poco halagüeña. En unos días pocos se acordarían de mí. Quizá mi paso por aquella universidad sólo sería memorable más por mi apelativo que por mi nombre: Luisinho. Pero poco más. Desde luego era un incentivo más para no desviarme de mi plan, a largo y a corto plazo. Pues el corto plazo era que había quedado con Mamen y no quería llegar tarde.

No habíamos hablado nada de tener sexo aunque nuestra relación aparentemente se basaba sólo en eso. Por si acaso yo me había duchado recortándome el vello púbico y me había echado una colonia ligera y masculina que junto con el desodorante hicieran mi cuerpo más agradable. Dudé si recortarme la barba de varios días o afeitarme, pero pensando en el roce en ciertas zonas sensibles preferí aparecer lo más suave posible. Si había sexo que fuese verdaderamente agradable a los dos. Que eso también era dejar huella.

La recogí en su casa. Estaba muy guapa. Se había recogido el pelo en una trenza gruesa despejando su carita ovalada y resaltaba sus ojos y sus labios con un ligero toque de maquillaje. No podía ver qué ropa llevaba pues aunque se veían sus medias oscuras y unas botitas bajas, el chaquetón que llevaba cubría su cuerpo hasta las rodillas y además con un gran foulard se tapaba el cuello y el hombro. Nos saludamos efusivamente con dos besos y salimos caminando hacia el cine, no muy lejos de allí poniéndonos al día de estudios, trabajos y mis preparativos para Bélgica.

El cine era un antiguo teatro reconvertido. Tenía un vestíbulo clásico con lámpara de araña donde estaban las taquillas y en la única sala un acomodador recogía las entradas indicando los asientos aun con las luces encendidas. Las butacas eran de las antiguas que se pliegan cuando te levantas con unos estrechos reposabrazos que se podían recoger. Al sentarnos Mamen dejó levantado el que nos separaba para que no hubiese distancia entre ambos. Pensaba que siendo un estreno de pocos días antes el cine estaría lleno pero al comprobar que la película que íbamos a ver era un drama romántico entendí que no era un plan típico de una ciudad universitaria un domingo por la tarde en plenos exámenes parciales.

Nos quitamos los abrigos y pude ver su vestido. Efectivamente muy en su estilo se había puesto un vestido de punto ajustado, pero en vez de esos de cuello vuelto como los que en alguna ocasión le había visto a Alba, Mamen lucía un generoso escote visible al quitarse el foulard en forma de pico por el que asomaba la jareta de encaje que adornaba una camiseta interior o su sujetador. Nos sentamos en el centro de la sala pero apenas habría 15 o 20 personas más viendo la película y al apagarse las luces quedábamos totalmente aislados. La película era un peñazo insoportable pero no me iba a quejar si después tenía premio así que aparenté interés. Cuando en una escena de la película la protagonista sufre un duro golpe moral sentí emoción en Mamen y me decidí a pasar el brazo por el hombro.

La chica quizá conmovida por la escena al sentir mi brazo se apoyó en mi hombro. Pasado un rato me di cuenta de que me incomodaba la postura del brazo. Pero si lo bajaba caería directamente sobre una teta de mi acompañante. Ella parecía relajada. Lentamente baje el brazo y la palma de mi mano rozó el volumen de su pecho. Mamen no dijo nada. Ni se inmutó. Dejé entonces caer el peso de modo que mi mano podía sostener la redondez de su seno. Mamen giró la cabeza para sonreírme y volver a la película, pero su mano desabrochó un botón de mi camisa acariciando directamente mi piel.

Que me acaricien el pecho es de las cosas que más me gustan pero en aquella ocasión además me estaba encendiendo. La chica acariciaba mi piel rozando su mano por mi pecho jugando con el escaso vello de mi esternón y rozando mis pezones. No parecía hacerlo con intención de calentarme, sino de forma cariñosa y mostrando que estaba a gusto y cómoda viendo la película. Pero a mí me estaba encendiendo, así que mi mano empezó a pasar el dedo índice por su escote, justo donde asomaba el encaje tan sugerente por debajo del punto del vestido. No me lo pensé más y la colé por dentro encontrándome con la piel suave y caliente de su teta que envolví con mi mano descubriendo su pezón duro.

Su respuesta fue lanzar un suspiro sin perder detalle de la pantalla y dirigir su mano a mi pezón imitándome. Jugar con su pezón pareció como un botón de encendido pero de un mando a distancia porque lo que entró de golpe en modo “on” fue mi polla que se endureció aprisionada en el pantalón hasta el punto de obligarme a acomodar la postura en el asiento.

Me gustaba mucho el tacto de la piel de su pecho. No me cansaba de sostenerlo, acariciarlo y rozar su pezón. Ambos parecíamos absortos en la película sin más comunicación que nuestras caricias. Pero su gesto me demostró que no era así, pues desabrochó otro botón de mi camisa. Yo supuse que para tener más maniobrabilidad y efectivamente su mano ya no sólo se movía por mi pecho sino también por mi vientre. Yo, menos creativo paseé la mía hasta donde llegaba por su barriguita pero prefería irme a por la otra teta que también me encontré caliente y suave y con el pezón durito.

Pero de forma inesperada y aprovechando mi delgadez su mano se coló por debajo del cinturón dentro de mi calzoncillo chocando su dedo contra mi glande hinchado. Mamen lanzó muy cerca de mi oído un gruñidito de aprobación o quizá sorpresa por encontrarse con mi erección presionando para colar su mano entera bajo el cinturón. Allí acariciaba mi churra y mis pelotas. Yo había dado un respingo al sentir como su mano se colaba pero después conseguí relajarme disfrutando de sus caricias.

Yo no conseguía llegar con mi mano más allá de su ombligo así que nos quedamos viendo el final de la película con su mano acariciándome dentro del pantalón sin llegar a masturbarme por lo apretado del continente y la mía jugando alternativamente con una de sus tetas. Sorprendentemente cuando llegaba el momento final del drama, en que el novio de la protagonista moría y ella recibía una última carta Mamen sollozó sacando la mano de mi calzoncillo y regresando a mi pecho abrazándome mientras yo soltaba su pecho para “consolarla”.

Tras el “The End” yo me abroché los dos botones sueltos mientras Mamen se acomodaba el vestido algo ladeado por los paseos de mi mano dentro de su escote. Al encenderse la luz el único rastro que quedaba de nuestros juegos era el bulto de mi pantalón difícil de bajar, pero conseguí disimuladamente colocar la polla desde el bolsillo de forma que se mantuviera vertical no marcándose tanto y así poder ocultarla con el chaquetón.

Salimos del cine comentando la película a la que yo había mostrado poca atención pero evidentemente me había parecido muy interesante, aunque creo que en algún momento me pareció decir estimulante. Sin embargo, me sentí algo mal cuando Mamen se alegraba de haber ido al cine conmigo, que era alguien sensible y capaz de entender una película así, cuando en realidad para mí lo mejor de toda la tarde hasta el momento había sido el reparto de caricias mutuas.

Pero yo había quedado con ella pensando en otra cosa. Quería decírselo pero tampoco quería parecer ansioso así que cuando llegamos al final de la calle donde estaba el cine le pregunté directamente qué camino tomar.

-¿Qué te apetece hacer?- me preguntó.

Mi respuesta sincera habría sido “echar un polvo” pero me limité a responder:

-Estoy abierto a todo…
-Jajajaja ¿ya se te ha bajado?
-No del todo-admití.
-Oye, que a mí también me has puesto caliente- añadió con picardía.
-Tengo una habitación libre para ti y para mí ¿qué me dices?
-Que me apetece mucho- y acercándoseme al oído me confesó- Me has mojado las bragas…
-Pues vamos a la residencia- sentencié cogiéndola de la mano.

Pero Mamen se quedó parada.

-¿Qué te pasa?- pregunté.
-Que tu residencia me da corte. Después de lo que nos pasó la última vez…
-Eso no va a volver a pasar. No se me va a olvidar poner el calcetín.
-Pero todo el mundo sabrá lo que vamos a hacer.-objetó.
-En un hostal pasaría lo mismo…
-Pero no nos conocen.
-A ti en mi residencia tampoco. Pero no voy a presionarte. Me apetecía pasar la tarde contigo antes de irme pero si no estás segura te comprendo.

Mamen dudaba pero se la veía con ganas de echar un buen rato también. Finalmente se agarró a mi cintura y me dijo:

-Si te vas no creo que vuelva a esa residencia…vamos.

Siempre hay alguna sorpresa. En este caso nada más entrar por la puerta de la residencia nos encontramos de frente a Ángela. No le debía ninguna explicación pero era consciente de sus sentimientos y temí una situación incómoda.

-Hola Luis.
-Ho…hola…
-¿No me presentas a tu amiga?-preguntó Ángela dándole un repaso a Mamen casi masculino.
-Hola, soy Mamen.-se adelantó la cajera.
-Yo Ángela. Luis no me había hablado de ti.
-Mamen está pensando matricularse el año que viene en la universidad y quería ver apuntes y tal- mentí mal.
-Ahn, muy bien- respondió Ángela- seguro que Luis te aclara cualquier duda.
-Gracias-respondió Mamen-hasta ahora y encantada.

Subimos por la escalera y ya en el pasillo de mi dormitorio me dijo:

-¿Es muy amiga tuya?
-De las que tengo más confianza aquí.-respondí.
-Lo digo por la excusa.
-No era por ella la excusa. Sabe a qué venimos, era por quien pudiera escucharnos.
-¿Le has dicho que ibas a venir cona alguien a…?
-No. Claro que no. Pero es muy lista y se lo habrá imaginado.
-A saber cuántas amigas tienes, jajajaja.
-Pues no te lo vas a creer, pero eres la única a la que he traído aquí.
-No me lo creo, jajajaja.
-Pues es la verdad…-dije entrando ya en el dormitorio.

El encuentro con Ángela lejos de achantarme me encendió más el deseo por pasar un buen rato con Mamen. Mi amiga debía entender que yo tenía mi propia vida. Nada más entrar en la habitación cogí un calcetín del armario y lo puse en el pomo de la puerta diciéndole:

-Si Ángela tenía alguna duda, ya está todo aclarado.

Y sin mediar más palabras cerré la puerta y me fui a por ella comiéndonos la boca con ganas mientras la agarraba por la cintura apretándola contra mí para que sintiera mi dureza. No me había mentido a la salida del cine y confirmaba sus ganas con un beso largo con mucha lengua y ganas de frotarse.

Tras unos minutos besándonos nos quedamos mirándonos con una sonrisa maliciosa. Pero en vez de iniciar un segundo asalto Mamen se dio la vuelta y se fue a mi mesa cogiendo los apuntes que había dejado sobre ella tras haber estudiado por la mañana. Mientras los ojeaba de espaldas a mí yo no perdí el tiempo y me desnudé con prisas quedándome en calzoncillos marcando sin dudas mi deseo en ellos. Mamen estaba leyendo un folio cuando me acerqué a ella por la espalda abrazándola por la cintura y plantándole mi paquete en el culo.

-Ya que le has dicho eso a tu amiga tengo curiosidad por ver qué estudias…-respondió quitándose el abrigo y el foulard.

Pero en vez de volver a buscarme de frente volvió a ponerse de cara a la mesa releyendo otro folio ahora ya sí sólo con su vestido. Evidentemente estaba jugando y yo le seguí el juego. Volví a abrazarla por detrás apretando mi polla dura contra su culo y levanté su pelo para besarle la nuca. Le dio un escalofrío y empujó su culo hacia atrás para sentirme mejor pero siguió aparentando interés en mis apuntes. Incluso se puso a leerlos en voz alta.

Para entonces mis manos ya bajaban la cremallera que recorría toda la espalda del vestido. Al abrirlo pude comprobar que el encaje que asomaba por el escote no era del sujetador sino de una especia de camisetita toda de encaje anudada bajo el pecho y con unas tirantas anchas de ese material. Por delante debía llegarle aproximadamente al ombligo, pero por la espalda se abrochaba como un sujetador por debajo de sus omóplatos. Besé su hombro mientras intentaba sacarle el vestido. Ella colaboró quitándose las mangas. Cuando lo bajé por sus piernas me quedé asombrado con el tanga negro de encaje a juego con la camisetita que dejaba sus dos nalgas completamente a mi disposición y las medias a medio muslo que ya le había visto usar en la otra ocasión.

Tuve un impulso agachado sacándole el vestido por los pies y le di un ligero mordisquito en una nalga. Dio un respingo pero siguió leyendo mis apuntes disimulando aunque se le escapa alguna risilla. Me puse en pie de nuevo y me pegué de nuevo a su cuerpo acariciando su barriguita y sus tetas. Pero ella seguía aparentando que sólo le interesaban mis apuntes. Pero sus risitas y algún gemidito cuando mis labios besaban su espalda o mis manos pasaban demasiado cerca de su tanga evidenciaban que le estaba gustando el jueguecito. Más aun cuando a pesar de mi torpeza con los broches fui capaz de soltar su sujetador y liberar aquellas tetas con las que me había pasado jugando toda la película.

Me iba a tocar ordenar los apuntes después pero merecía la pena teniendo en cuenta lo cachondo que me estaba poniendo la cajera con su aparente indiferencia a mis “cuidados” mientras intentaba leer cada vez con más dificultad mis apuntes. Era increíble pegarle el paquete contra sus nalgas enmarcadas por el tanga mientras mis manos jugaban con sus tetas y su ombligo. Pero sabía que no se podría resistir cuando mi mano se colara en su tanga. Lo hice despacio esperando sus reacciones primero acariciando su pubis rasurado. Su respiración se entrecortaba dificultándole la lectura y su culo se apretaba más contra mi polla no dejaba de intentar seguir la lectura. Nunca imaginé que el protocolo internacional, que era la asignatura cuyos apuntes tenía en la mesa, pudiera ser tan excitante.

Cuando mi dedo se coló entré sus labios se topó con que estaba muy mojada disimulando su excitación o quizá era el juego de su indiferencia el que la ponía tan cachona. Pero cuando la falange de mi dedo se perdió en su chocho se le aflojaron las piernas perdiendo la capacidad de leer y regalándome un gemido largo culminado con un “ayyyyy, Luiiiisss…”. Por fin.

Pero ahora era yo el que estaba como una moto. Sentía alguna gota de líquido preseminal coronar mi nabo. Se me empezaba a olvidar lo caliente y húmedo que era un coño. Mamen arqueó su espalda mientras yo le comía el cuello apretando tanto su culo a mi churra durísima que casi me hacía daño. Evidentemente había soltado el folio entregándose por fin al placer que le daban mis manos en su coño y sus tetas. Estaba muy buena y yo estaba como una moto.

-¿Se te han quitado las ganas de leer?-pregunté.
-Ajá…-asintió la chica entre gemiditos.
-Yo creo que tienes ganas de otra cosa y te la voy a dar…
-¿Psí?
-Te voy a dar esta polla que me has puesto tan gorda hasta que te hartes…
-Ajá…-repitió.

Hundiendo mi dedo en su coño pregunté:

-¿Quieres polla?
-Sí, sí, síiiiii…..clávamela ya, mmmmm

De buen gusto se la habría clavado así directamente pero no tenía puesto el condón, así que para no soltarla le dije:

-Abre el cajón de la derecha que tengo ahí los condones.

La chica obedeció mientras yo no dejaba de acariciar su raja. Sacó la caja y de ella un envoltorio que abrió. Con el condón en la mano se dio la vuelta obligándome a soltar su cuerpo. Al verla supuse que quería ponérmelo ella y me bajé el calzoncillo dejando que mi churra poderosa e hinchada saltara fuera totalmente dura y con las venas marcadas.

-Mmmmm, Luis…-dijo Mamen admirada- cómo estás…

La agarró con su mano pajeándola suave y de golpe sin esperármelo se agachó y se la metió en la boca cerrando los ojos como si degustara una delicatessen. No me lo esperaba pillándome por sorpresa y a la vez provocándome un gran placer. Dejé que engullera mi polla mientras ella gemía disfrutándola. Pude comprobar que mientras se trabajaba mi nabo se acariciaba ella misma dándose el doble placer de tocarse el coño mientras se comía una polla. Y es que Mamen hacía honor a su nombre y no era de las chicas que disimulaban. Ya me había demostrado que le gustaba mamar y de nuevo lo hacía tragándose mi mástil casi entero entre gruñidos muy guturales de aprobación.

Estaba claro que el juego previo la había puesto muy caliente y estaba haciendo algo que le gustaba. Y a mí para qué contar. Verla disfrutar con mi churra en la boca me tenía a 100. Tanto que empecé a temer no controlar y correrme antes de tiempo. Así que empecé a pedirle a Mamen que parara. Pero estaba como ida. No dejaba de mamar y tocarse hasta que comprendí por qué. Empezó a gemir con los ojos muy apretados sin sacar su mano de su tanga. Estaba a punto de correrse con mi polla en la boca.

Y aunque dejó de tragar profundamente no soltaba su presa mientras su cara se contraía y su gemido se volvía más agudo y más largo. Estaba disfrutando un orgasmo. Y si no me soltaba yo le iba a regalar el mío. Tan así que cuando su cara empezó a relajarse y abrió la boca dejando libre mi polla sentí un latigazo en las pelotas que me avisaban de que ya no había marcha atrás. El primer lefazo le cayó en la cara junto a la boca. No sé si llegaría a tragar algo, pero se apartó hacia atrás con una sonrisa de incomodidad. Los siguientes chorros fueron a parar a su cuello y pecho. Aguantó hasta que terminé de descargar y se levantó con la misma sonrisa.

-Lo siento- me disculpé- es que no he podido aguantar más…no esperaba que me la chuparas así.
-No pasa nada. Ha estado muy bien. Sólo que no me lo esperaba.-dijo quitándose con el dedo un churretón de la mejilla.

Me subí los calzoncillos y busqué las toallitas húmedas que guardaba en la habitación y le ofrecí una mientras que yo con otra intentaba limpiar su pecho. Mamen seguía con una risita tonta, algo nerviosa. No sé si de golpe estaba incómoda o era su forma de encarar la situación.

Mientras tiraba las toallitas a la papelera noté que se me abrazaba por detrás pegándome las tetas a la espalda y agarrando mi pecho mientras me decía al oído:

-¿Se te ha acabado la pólvora o tienes más ganas?
-Aquí hay pólvora para rato- respondí llevando su mano a mi paquete tras girarme para besarla.

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s