KERANOS

J: ¿Te vas a portar bien?
I: Sí… (dijo muy bajito con ojos de niña buena).
J: Como la enfades ya sabes lo que va a pasar…

Irene asintió ligeramente y yo me pasé un dedo por sus labios, lamiéndolo ella un poco mientras me miraba la polla. Me agaché para desatarle los tobillos, porque necesitaba una cuerda. Después de desatarla, fui hacia Elena, quien estaba sentaba en la cama, con el cuerpo hacia atrás, apoyándose en sus manos, con una pierna sobre la otra. Le tendí la mano para que la cogiera, haciéndolo así ella. Tiré de ella para levantarla y besarla, poniéndola después contra el cabecero, atándole yo las manos a él. Tenía su cuerpo encorvado, con el culo en pompa, por lo que empecé a azotarla ligeramente, aunque de forma firme para que se fuera acostumbrando mientras sujetaba la fusta con mis dientes. Después cogí la fusta y le empecé a azotar con ella, dando ella pequeños respingos, hasta que empecé a hacerlo con más fuerza, pudiendo oírse grandes chasquidos, acompañados de altos gemidos y jadeos. Elena daba un gran respingo con cada azote que le daba con la fusta, empezando a temblar mientras su culo estaba totalmente rojo. Acabé de azotarla dándole un último que fue el más fuerte de todos, lanzando ella un grito de dolor, notando como se oscurecía la zona en el que se lo había dado. La desaté y la puse frente a mí para quedar cara a cara. Esta vez no tenía lágrimas en su cara por el dolor, pero sí que notaba un gesto de dolor. Le di un suave beso para tranquilizarla.

Después la llevé a donde estaba Irene, poniéndola boca arriba encima de ella, dándole la fusta. Fue fácil que estuviera bien encima de ella, ya que Irene tenía las piernas desatadas y las pudo acomodar bien para que Elena se encajara entre ellas. Le empecé a acariciar su raja con mi polla, notando lo mojada que volvía a estar y la empecé a follar, levantando sus piernas para ponerlas sobre mis hombros. La follaba a buen ritmo, pudiendo ver la cara de Elena de estar muy cachonda y justo encima de la suya, la de Irene, quien estaba aún más cachonda, en silencio, a pesar de tener quitada la mordaza. A medida que aumentaba el ritmo, Elena gemía más, haciendo que Irene empezara a resoplar. Elena la miró como pudo y llevó una de sus manos hasta su boca para tapársela. Para ahogar sus gemidos, Elena agarraba la fusta con sus dientes, apretándola con fuerza. A los pocos minutos, me incorporé, porque la postura en la que estaba era bastante incómoda, saliendo del coño de Elena. Ella se levantó, poniéndose de espaldas a mí, mientras yo recuperaba la respiración. Se puso en pompa, apoyando sus manos sobre los muslos de Irene, aún con la fusta en su boca. Después la cogió y le acarició la cara a Irene con ella.

E: Sigues sin portarte bien, putita… (dijo mientras le daba un golpe en el pezón con la fusta).

Irene pegó un respingo, apretando sus ojos con fuerza mientras lanzaba un gemido que intentaba reprimir.

E: Tienes que aprender mucho de Mario. (dijo acariciando el pecho de Mario con la fusta, bajando hasta su polla, subiendo y bajando la fusta por ella).

Una vez Elena se incorporó y se apartó de ellos, estando aún de espaldas a mí, le di la vuelta, quitándole la fusta y tirándola al suelo. Pegué su cuerpo al mío y la tumbé en la cama, acercando a Irene y Mario más a la cama para que nos vieran mejor. Empecé a follar a Elena haciendo el misionero a buen ritmo, apretándole el cuello con fuerza, poniéndola después a 4, con ambos jadeando mientras tiraba fuertemente de su pelo. Después la puse haciendo la cucharita, levantando su pierna para ambos vieran bien como le metía la polla y pellizcando sus pezones con fuerza. Me encantaba ver como ambos nos miraban, me excitaba mucho ver la cara de deseo Irene y Mario, de querer hincarnos el diente. Realmente me lo estaba pasando muy bien aquella noche. Durante esa follada, aumentaba y reduciría el ritmo para que Elena no se corriera, hasta que la puse encima de mí para que me empezara a cabalgar estando ella en cuclillas, apoyando sus manos en mi pecho. Después de unos minutos, puse sus piernas para que quedara de rodillas y empezara a moverse hacia delante y atrás. Pasados unos segundos tiré de ella para pegar su cabeza a la mía, para decirle al oído sin que nos oyera la pareja:

J: Quiero que hagas lo que sabes que me encanta cuando me corra dentro de ti.

Ella gimió con tono de aprobación, empezando una rápida follada, igual que lo hacía segundos antes pero mucho más rápido. Le encendió mucho que le dijera eso. A los pocos minutos me empecé a correr dentro de ella, entre altos jadeos, levantando mis caderas hacia arriba mientras ella gemía fuertemente, provocando que se empezara a correr también ella, paralizando su respiración durante unos segundos, para volver a respirar muy fuerte, mientras temblaba, encogía su cuerpo y temblaba, arañándome el pecho con sus uñas. Una vez vacíe mis huevos en su coño, ella se quedó quieta, por lo que le di un pellizco en el muslo para que reaccionara. Inmediatamente abrió sus ojos y se levantó, para ponerse sobre mi pecho, con su cuerpo echado hacia atrás para que mi corrida cayera desde el interior de su coño a mi pecho. Ella hizo fuerza para que fuera más rápido, poniéndose de rodillas una vez salió entera. Se puso de manera que Elena miraba a la pareja, para que pudieran ver lo que iba a hacer, encorvó su espalda de manera sexy y empezó a lamer mi corrida sobre mi pecho mientras movía su culo de un lado a otro. Yo alternaba mis ojos, mirando a Elena, quien hacía eso con los ojos cerrados, mirando después a Irene y Mario que estaban con cara de sorpresa. Parecía que no se esperaban que Elena fuera a hacer eso. Una vez Elena recogió toda mi corrida, me miró, mirando después a la pareja, volviendo sus ojos de nuevo a mí y se lo tragó, echándose encima mía para besarme. Yo la recibí bien, dándonos un buen morreo mientras le agarraba su culo. Cuando ambos recuperamos la respiración, me senté en la cama y puse a Elena de cara a la pareja, atándole una pierna al cabecero y la otra a los pies de la cama. Elena empezaba a respirar más fuerte de nuevo, oliéndose lo que iba a pasar.

Me puse sentado en el borde de la cama, con Elena encima de mí y le empecé a tocar el coño. Lo hacía suave mientras le besaba y mordisqueaba la oreja. Le acariciaba la raja suavemente con los dedos mientras miraba a Irene y Mario, quienes miraban la situación con cara de vicio. Mientras le tocaba el coño a Elena, se lo abría con los dedos para ambos lo vieran. Ellos no podían dejar de mirarlo, clavando sus ojos en él. Al poco le empecé a meter los dedos, entrando muy fácil, ya que estaba muy mojada. Con la otra mano jugaba con sus tetas mientras ella me acariciaba las manos. Le daba algún pellizco, soltando ella un gemidito de dolor, pero eso también hacía que empezara a respirar más fuerte. Empecé a jugar con su clítoris para luego volver a meterle los dedos de nuevo, sacándoselos para llevarlos hasta su boca. Ella los recibía con ganas, chupándolos con ansia mientras cerraba los ojos. Repetí el proceso varias veces, parando de tocarle cuando notaba que se retorcía, haciendo ella gemidos de pena porque no quería que parara. La estaba calentando para que cuando se corriera, lo hiciera de forma explosiva, ya que quería que los bañara. Cuando creí oportuno, me preparé, acomodándome, pasando mi cabeza por debajo de su brazo, pasándolo ella por mi cuello. Le empecé a meter los dedos lentamente mientras con el pulgar le acariciaba el clítoris. Pasados unos pocos minutos le empecé a estimular el punto G, dejando mis dedos metidos dentro, sin llegar a hacer penetración, pero moviéndolos para estimularle. Lo hacía de manera suave, empezando a oírse como se estaba mojando, con sonidos de pequeños chapoteos. Elena empezaba a gemir mientras me miraba con unos ojitos de que no la hiciera sufrir más, se quería correr ya.

J: ¿Mi putita se quiere correr ya?
E: Sí, amo. (decía con la voz entrecortada).

Le empecé a estimular con más fuerza, provocando que a los pocos segundos se empezara a retorcer. Empezó a correrse, mojando mi mano directamente mientras temblaba e intentaba mover sus piernas. Rápidamente saqué mis dedos, estimulando su clítoris, haciendo que les salpicara a Irene y Mario. Fue una corrida bastante grande, saltándole bastante a ambos mientras Elena gritaba mi nombre. Cuando paró de chorrear, paré de tocarle mientras ella seguía temblando y gimiendo. Irene nos miraba con las cejas caídas mientras se mordía el labio. Mario, sin embargo, nos miraba con los ojos muy abiertos, embobado, para luego soltar mucho aire y mirar a Irene, quien no quitaba los ojos de Elena. Una vez Elena dejó de temblar, cogí su brazo, para ponerlo sobre su pecho, le giré la cara para besarla, con ella aún ausente por su orgasmo. Le comí la boca durante unos segundos, cogiendo después sus muñecas con una mano con fuerza y le empecé a tocar el coño de nuevo.

E: No, no, no, no, por favor… (dijo dando un respingo al notar como se lo tocaba otra vez)
J: Shhh… Quiero que mi putita se corra otra vez.

Elena empezó a respirar muy fuerte, como si estuviera asustada, pero aun así yo seguí tocándole. Le volví a meter los dedos suavemente, gimiendo ella como con molestia. No me quise demorar para no hacerla más sufrir y le empecé a estimular de la misma manera que antes, haciéndolo más fuerte cuando se empezó a correr, temblando bastante. Seguí hasta que volvió a chorrear de manera más abundante que antes, esta vez con espasmos.

E: ¡¡Javi, por dios, para, no puedo más… me vas a matar!! (dijo gritando justo antes de empezar a chorrear)
J: Abre los ojos y mírales (dije mientras chorreaba).

Elena los empapó con su corrida mientras se retorcía con espasmos y los miraba a duras penas, gritando y respirando muy fuerte. Una vez acabó, dejé de estimularla, tapándole el coño con la mano y presionando. Era increíble como vibraba mientras seguía con sus espasmos.

J: Buena chica.

Le desaté las piernas, soltando sus muñecas y la puse boca arriba sobre la cama, quedando ella con sus brazos extendidos sobre la cama. Veía como su pecho subía y bajaba por la respiración tan fuerte que aún tenía mientras yo estaba sentado en una esquina de la cama, con las piernas cruzadas.

M: Que pasada…
I: Pfff…
J: Aún no hemos acabado.
M: ¿Qué?
J: Ahora le voy a follar el culito.

Ambos me miraron con los ojos muy abiertos.

J: ¿Tenéis lubricante por ahí?
E: En mi bolso… (dijo con la voz un poco ida)

Cuando oí a Elena decir eso, le cogí una pierna y se la empecé a besar, desde su rodilla hasta el pie. Después fui a por el lubricante, rebuscando en su bolso. Cuando me di la vuelta, vi que Elena estaba de pie, cogiendo las cuerdas con las que le había atado las piernas para atarle los tobillos a Irene de nuevo, poniéndole la mordaza otra vez también. Esta vez no le dijo nada ni le pegó, simplemente le acarició la cara suavemente. Cuando Elena me miró, vino hacia mí y me empezó a besar, yo la cogí en brazos para llevarla de nuevo a la cama mientras nos besábamos. Se acabó la dominación, pasamos a darnos besos de forma cariñosa y bastantes caricias. La puse boca abajo en la cama y me puse sobre ella, dándole besos en la mejilla, después por su cuello, pasando a sus hombros, bajando por su espalda, hasta su culo. Le empecé a dar bastantes besitos y mordisquitos. Después de unos segundos así, le abrí los cachetes del culo para empezar a lamerle el ano. Lo hacía de manera suave, rodeándolo con mi lengua, mientras Elena gemía muy ligeramente y se reía de manera tonta. Poco a poco lo hacía con más intensidad, empezando a dar lametones más grandes mientras sus gemidos empezaban a ser más altos. Al poco le empecé a clavar la lengua, metiéndosela lo más profundo que podía, dándole de nuevo la risa tonta a ella. La risa le duró poco, pues empezó a gemir rápidamente de manera muy melosa. Al verla gemir así, pase mis manos por debajo de su cuerpo para tocarle las tetas, jugado con sus pezones, pero sin darle pellizcos. Después de unos minutos estando comiéndole el culo, empecé a acariciárselo con el dedo, metiéndolo poco a poco. Dio un respingo, acompañado de un gemido, pero después se empezó a reír otra vez. Mientras seguía jugando con mi dedo dentro de su culo, me incorporé, poniéndome sobre ella, acercándome a su oído para susurrarle:

J: ¿Qué te pasa, mi vida?
E: Nada, que me da un poquito de vergüenza… (dijo riéndose, con una voz aguda, muy encantadora)

Me reí y volví a bajar, besándole el culo mientras seguía jugando con mi dedo en su interior. Después eché saliva para meterle otro dedo, soltando ella otro gemido. Se los empecé a meter y a sacar despacio, subiendo el ritmo poco a poco. Le saqué los dedos para echar lubricante en su culo y en mis dedos, para volver a metérselos, de manera más rápida, entrando y saliendo sin problema. Lo tenía bastante dilatado, por lo que me eché bastante lubricante por la polla mientras le seguía metiendo los dedos, esparciéndolo bien a lo largo de mi polla, que estaba muy dura desde hacía tiempo. Después le eché un poco más en el culo, ya con intenciones de meterle mi polla.

J: ¿Lista?
E: Sí, mi amor.

Le empecé a acariciar el ano con mi polla, soltando ella un suspiro. Entonces empecé a ejercer presión con mi glande para empezar a meterla, soltando ella un gritito cuando entró, seguido de unas respiraciones rápidas y muy seguidas.

J: ¿Te duele?
E: No, no. No pasa nada.

Le empecé a meter y sacar el glande para que se acostumbrara, relajándose ella mientras gemía de manera melosa. Una vez entraba y salía con facilidad, empecé a meterle más la polla, muy poco a poco hasta meterle la mitad. Elena suspiraba, así que se la empecé a sacar poco a poco, sin llegar a sacar el glande. Después se la empecé a meter otra vez mientras ella gemía, con un tono de un poco de dolor, dejé que se fuera acostumbrando, echando un poco más de lubricante cuando la sacaba. Una vez se acostumbró, entrando y saliendo más fácilmente, empecé a meterla más muy poco a poco hasta que la llegué a meter entera. Me quedé dentro de ella quieto, notando como apretaba ligeramente mientras gemía. Le empecé a acariciar los cachetes del culo, haciendo más presión para que notará que ya estaba entera dentro de ella. Elena vació sus pulmones, empezando a incorporarse, apoyándose sobre sus manos, para ponerse a 4. Empecé un ligero mete-saca, hasta que mi polla entraba y salía de su culo con más soltura, acelerando el ritmo poco a poco, provocando que empezara a gemir de placer. Estaba tan concentrado en hacérselo bien que se me había olvidado que Mario e Irene estaban ahí, por lo que no llegué a ver sus expresiones al empezar a follármela. Cuando miré hacia ellos vi que Mario estaba muy sorprendido e Irene estaba echada hacia delante, apretando sus puños, moviéndolos, pero sin poder hacer nada por las cuerdas. Seguí la follada, aumentando el ritmo poco a poco hasta que me dejé de aumentarlo, follándomela de manera firme mientras Elena gemía y jadeaba.

E: Mas fuerte, mi amor.

Le empecé a dar más fuerte, haciendo ruido al chocar mi cuerpo con el suyo mientras ella gemía al ritmo de mis embestidas. Tras unos segundos así, le saqué la polla y la puse boca arriba, cogiendo sus piernas y pegándolas a su pecho. Ella se sujetó una, por lo que aproveché para acariciarle con mi polla y volver a metérsela, entrando bastante fácil. Una vez la metí, me eché sobre ella, apoyándome en mis codos mientras le apartaba el pelo con mis manos y le cogía la cara para besarle en los labios lentamente, empezando a follarla de manera sensual, moviendo mis caderas suavemente, aumentando poco a poco el ritmo. Estaba bastante excitado, pero al gemir ella en mi boca mientras la besaba me encendió más aún, por lo que aceleré la penetración. Después le empecé a besar el cuello mientras ella me acariciaba la espalda y el pelo.

Tras unos minutos así me incorporé y la volví a poner a 4, cogiéndole de las caderas para empezar a follarla bastante rápido, con altos gemidos de ella y jadeos bastante grandes por mi parte. Noté como Elena se empezó a tocar el coño, apretando mi polla con su culo, por lo que empecé a notar escalofríos por la espalda y brazos, señal de que me iba a correr. Elena encorvó su espalda, apoyando su cara en la cama, mirando hacia Irene y Mario, tocándose rápidamente el coño, hasta que noté como empezaba a temblar. No pude más y me empecé a correr entre gritos, dando fuertes embestidas. Después de cortar su respiración durante un par de segundos, Elena inmediatamente empezó a gritar mi nombre mientras oía como chorreaba de nuevo, empezando a darle espasmos. La agarré fuertemente de las caderas para que mi polla no se saliera. Cuando paró de correrse se quiso desplomar sobre la cama, por lo que la acompañé quedando sobre ella sin sacar mi polla. Me puse a su lado, poniendo mi mano en su culo al sacar poco a poco mi polla para que no se le cayera mi corrida. Le di varios besos en los hombros y la espalda, acabado con uno en la cabeza.

Después miré a Mario, quien estaba con la cabeza hacia atrás, con los ojos cerrados e Irene, quien estaba vibrando con cara de emoción. Tras un par de minutos, con Irene y Mario más relajados y Elena ya bastante recuperada, le susurre de levantarnos para darnos una ducha. Con cuidado nos levantamos, yendo hacia la ducha, dejando a Elena dentro. Me lavé las manos y fui a la habitación y empecé a desatar a Mario, que seguía con la polla muy dura, como la tenía desde que vio a Elena desnuda. Notaba como a Irene se le aceleraba la respiración mientras lo hacía. Empecé quitándole la mordaza, dejándola en la mesita, después le desaté los tobillos, mirándola como ella me miraba a mí y a Mario, respirando muy fuertemente. Le desaté una muñeca y en cuanto lo hice, fui a desatarse la otra, intentando ella ayudarme con mucha ansía. Al ver que eso no ayudaba, me dejó hacerlo a mí mientras ella me acariciaba la cara. Una vez la terminé de desatar, pegó un salto de la silla, lanzándose encima de Mario para empezar a besarle con mucha ansia. Después empezó a chupársela con tanta ansia o incluso más que con la que le besaba.

Yo decidí dejarles solos, yendo con Elena, porque tenía ganas de estar con ella y abrazarla. Cuando llegué al baño me sorprendí, porque me encontré la bañera llena, con Elena dentro, esperándome. Elena me miraba con una sonrisa y con los brazos abiertos, por lo que me metí con ella inmediatamente, abrazándonos y quedándonos en silencio con muchas caricias y besos. Nuestro silencio sólo lo rompían los gemidos de Irene, con alguno de Mario entre ellos.

Me empecé a relajar viendo lo feliz que era, pues estaba en un momento en el que no podía estar mejor, con una pareja formal, mi primera novia, estando completamente enamorado de ella, aprendiendo muchas cosas de ella. Buena situación de trabajo, con un buen sueldo y una libertad bastante buena. Todo iba genial también con mi familia, nuestros «nuevos» amigos íntimos, con los que nos llevábamos más que bien y, por último, la situación con Noelia, teniéndolo por fin todo bajo control.

Pasados unos minutos, nos aclaramos y secamos. Durante todo el tiempo oíamos como la otra pareja estaban follando bastante duro por los gemidos, con Elena y yo mirándonos y riendo. Ya era bastante tarde por lo que decidimos quedarnos ahí a dormir, yendo a la habitación de invitados y tumbándonos en la cama. Nos tapamos y Elena se acurrucó a mí, apoyando su cabeza sobre mi pecho, acariciándome el vientre.

-Javi, ¿qué piensas? Estás muy callado.
-Lo feliz que soy.

Elena levantó su cara para mirarme, sonriéndole yo.

-Yo también soy muy feliz. No me puedo creer en dos meses haya vivido todo esto.
-No me esperaba para nada lo que has hecho hoy.
-¿Te ha gustado?
-¿Tú qué crees?
-Creo que sí.
-Ha sido la ostia. Me ha encantado.
-Javi, le he cogido la polla a Mario…
-Te veía con ganas, pero no te decidías, así que te he dado el empujoncito.
-¿Te molesta?
-No. Tú has permitido que tocara a Irene y que ella me tocara a mí.
-Me he sentido un poco rara.
-Poco a poco, mi vida.
-Sí.
-Has acojonado a Irene, ¿eh?
-No creo.
-Ya te digo que sí. Al principio se lo tomaba a coña, aunque la notaba muy excitada, pero luego te has puesto más seria y sí que estaba acojonada.
-¿Crees que me he pasado?
-No. Lo que más le ha jodido ha sido estar atada sin poder hacer nada.
-Ya, es lo que pretendía.
-Te molestó que se fuera con la otra, ¿eh?
-Pues sí. No me cae bien esa chica.
-Bueno, no pienses en eso.
-Me ha encantado como me has dominado. Aunque casi me da algo cuando has hecho que me corriera tan seguido…
-No he podido aguantarme, me encanta hacerte eso.

Seguimos hablando un poco más, comentando algo por encima hasta que Elena cayó dormida sobre mí, siguiéndola ya en nada. Me desperté por el ruido de la ducha, acordándome de lo que dijo Irene de que Mario era muy ruidoso, entonces justo entró ella, viéndome que estaba despierto. Me dijo que venía a dejarnos la ropa, disculpándome yo por estar ahí, pero ella me dijo que no nos preocupáramos, que era nuestra casa también. Se fue dejándonos solos después de acercarse para darme las gracias por lo que habíamos hecho, pareciéndole muy emocionante y excitante, acariciando la cara de Elena mientras me lo decía. En cuanto se fue me acomodé, volviéndome a dormir enseguida.

Al día siguiente me desperté con Elena chupándome la polla.

-Mi vida… (dije desperezándome)
-Buenos días. (dijo con mi polla en su boca, hablando con ella dentro).
-¿Sigues con ganas?
-Sí. -dijo sacando mi polla de su boca y meneándomela- Es que te he visto así con ésta despierta y he oído a éstos follando y me he puesto un poquito cachonda.
-Que traviesa…
-Sí… (dijo con voz melosa)

Elena empezó a trepar por mi cuerpo hasta sentarse sobre mi polla, apretándola contra mi cuerpo. Se quedó quieta, apoyando sus manos en mi pecho, mirándome fijamente. De fondo oía a Irene gemir bastante alto. Entonces Elena se metió mi polla babeada por su mamada en su coño, que estaba muy mojado y empezó a follarme al ritmo de los gemidos de Irene.

-¿Quieres que le enseñemos cómo se follar?
-Sí…
-Pues fóllame fuerte.

Elena empezó a aumentar el ritmo con el que me follaba, aumentando también sus gemidos. Pasó a ponerse en cuclillas, empezando a botar fuertemente sobre mí. Sus gemidos cada vez eran más altos. Después echó su cuerpo hacia atrás, apoyándose en mis rodillas mientras seguía al mismo ritmo. Me incorporé y la cogí en brazos, llevándola hasta la puerta, empotrándola contra ella. Empecé a embestir con ganas, haciendo que la puerta sonara mientras Elena seguía gimiendo. Estuvimos así durante unos minutos, apartándole yo a Elena el pelo, pasándolo por su oreja mientras nos mirábamos a los ojos, para comernos después la boca con mucha ansia. Después la llevé a la cama y la puse a 4, volviendo a follarla fuertemente mientras la cogía de las caderas y ella se apoyaba en sus manos. Entonces apareció Irene y se sentó en el suelo, al lado de la cama para vernos, completamente desnuda, con las piernas a un lado, apoyándose sobre una mano, mirando sonriente. Ni siquiera me había dado cuenta de que habían parado sus gemidos mientras estaba follando con Elena. Eso me dio mucho morbo y aumenté mis embestidas hasta que Elena se puso a temblar entre gritos, encogiendo su cuerpo. La saqué muy rápido porque estaba a punto de correrme, por lo que la puse boca arriba y me puse de rodillas junto a su cabeza.

Elena estaba ida, en otro mundo por su orgasmo, así que al ver que no reaccionaba, la cogí con fuerza del pelo por la parte de su nuca y le metí la polla en la boca, sacándola casi toda, dejando sólo el glande dentro para pajearme, acabando corriéndome en su boca. Cuando notó mi corrida, abrió los ojos y se la tragó mirándome mientras me sonreía, después volvió a cerrar sus ojos para descansar. Yo me apoyé en el cabecero de la cama, viendo que Mario estaba en la puerta. Irene se levantó poco a poco, quedándose de pie, con los brazos en jarra, mirando a Elena sonriendo y luego a mí. Después ambos se fueron, cerrando la puerta, dejándonos solos, recuperándonos al poco. Nos empezamos a vestir y nos echamos a reír al ver mi camisa, sin botones. Nos fuimos al salón, donde estaban Irene y Mario, también riéndose al ver mi camisa.

I: Qué bruto eres, jajajaja.
J: Estaba yo como para ir botón por botón, ¿sabes?
I: Anda, espera que te traigo algo de Mario.
M: Vaya pasada lo de anoche…
J: ¿Os gustó?
M: Sí. Yo estoy más acostumbrado a estar así, pero a Irene se le hizo un poco duro. Hacía bastante que no se me tiraba, así como se me tiró encima cuando la desataste.
J: Fue idea de ella.
M: ¿Sí?
E: Sí, bueno, es que…
M: ¿Qué pasa?
E: Eh…
J: Le molestó un poco que os fuerais con Ángela.
M: Vaya, lo siento. Creía que lo decías en broma el otro día.
E: No me cae bien esa chica.
M: Entiendo. Bueno, da igual, no pienses en ella.
I: ¿De qué habláis? (dijo mientras venía con un jersey de Mario, dándomelo)
M: Nada.
E: De cuando os fuisteis con Ángela.
I: Ah…
M: Le molestó de verdad.
I: Lo siento, Elena.
E: No pasa nada.
I: Creía que lo decías en broma.
E: Ya, bueno… Es que no me cae bien, nada más.
J: No le deis más vueltas. Ya está todo hablado y aclarado.
E: Sí, no os preocupéis. Fue un pequeño bajón, sin más. Tampoco quiero que no la veáis si queréis verla, podéis hacer lo que queráis, no os tenemos atados ni nada. Solo fue el momento, porque estábamos los cuatro juntos y fue todo muy rápido. Nada más.
I: Vale. Te entiendo.
E: Entonces, ¿os gustó lo de anoche?
M: Me encantó.
J: Yo sigo sin palabras.
I: Elena…
E: Dime.
I: Eres muy especial. (dijo yendo hacia ella y dándole un abrazo por detrás)

Elena se sonrojó, poniendo una leve sonrisa en su boca.

I: Creo que todos somos conscientes de lo que estás haciendo por nosotros. Tú no eres así, tan liberal como nosotros y estás haciendo un esfuerzo para dejarte llevar y disfrutar como nosotros lo hacemos y lo valoramos.
E: Gracias. (dijo bajito)
I: Me flipó lo que hiciste ayer. No me lo esperaba para nada. Nunca te había visto así. Me moría por tocarte, besarte… Lo pasé un poco mal y eso me calentó más.
E: Yo sé que esperáis un poco más, pero es que…
I: No pasa absolutamente nada, Elena. Estás dando pasos agigantados, aunque no lo veas. ¿O no te acuerdas de la primera vez, donde te toqué aquí en el sofá…? Que casi te desmayas de lo roja que estabas, jajaja. Y mira ayer, que hasta le cogiste la polla a Mario y hace unos días eso parecía algo imposible.

Elena sonreía apartando la mirada.

J: Os dije que Elena era la ostia.
I: Y tanto que si lo es.
M: Me quedé flipando cuando ayer se desnudó por completo.
J: ¿Qué te parece?
M: Pues que está para comérsela. Disimula mucho por como suele ir vestida, pero cuando se pone ropa de salir y desnuda gana mucho más. Está muy rica.

Elena se puso roja a rabiar.

I: Parad, que le va a dar algo a nuestra niña, jajaja. (dijo dándole un beso en la mejilla).

Elena vino hacia a mí y se abrazó, pegando su cara a mi pecho para taparse.

I: Mírala, que tímida, después de lo que hizo anoche, jajaja.
M: Se va con su protector, jajajaja.
J: Me encanta cuando se pone así, lo sabe de sobra.

Elena se empezó a reír, despegando su cara de mí y pellizcándome la mejilla.

M: Me hace gracia, porque la conozco desde hace tiempo y no la creía tan tímida.
E: Pero vamos a ver, que estamos hablando de sexo, es algo muy íntimo, ¿cómo no me va a dar vergüenza? Jajajaja.
I: Oye, Elena, ¿cómo aguantas todo eso en tu culo?
E: Pfff… (dijo poniéndose roja de nuevo)
I: Jajajaja.
M: Es verdad. Se la metías muy fuerte y aguantaba bien.
I: Me dio mucha envidia, la verdad. Con Mario es imposible, es que me revienta.
M: Pues ya sabes…
I: No depende de mí.
E: ¡Eh! Cuidado… Que Javi solo se folla mi culito.
I: Sí, señora.
J: ¿Crees que aguantarías, Irene?
I: No sé…
E: Oye…
J: Tengo curiosidad…
I: No lo sé, la verdad. Lo tengo muy pequeñito, probamos con consoladores normalitos y bien, pero no es lo mismo que una de verdad. Pero viendo como se lo haces a Elena, puede ser. Eres muy cuidadoso con ella, te tomas tu tiempo. Lo haces muy bien.
M: ¿Te imaginas una doble?
I: Uff… Calla qué no veas…
E: ¿Una doble?
I: Doble penetración. Mario me folla el coño y Javi el culo a la vez.
E: ¿Qué dices?
I: Ayyyyy, que inocente eres… jajajaja.
E: Lo veo demasiado.
I: ¿Tú lo vas probado, Javi?
J: Sí.
E: ¿Cómo?
J: ¿No te acuerdas que te dije que hice un trío donde había otro chico?
E: Sí, pero eso no lo dijiste.
J: Pues sí. Fue la ostia.
I: ¿Cómo fue?
J: Pues genial, lo único malo era el otro tío, que era muy bestia. La chica estaba un poco mosqueada con él. Le dio un par de manotazos porque le hacía daño. Intentamos hacerlo de las dos maneras, pero la polla del otro era más grande que la mía y con lo bruto que era, pues le hacía mucho daño.
I: Acabaría contenta entonces.
J: En la doble penetración se corrió muy basto. Gritaba como si la estuvieran matando, pero que me asuste y todo, ¿sabes?
I: Jajajajaja.
J: Esa chica era muy activa.
E: Madre mía, me imagino tu polla y una más grande a la vez y me muero.
J: Elena, no sé lo que sentirá una chica, pero te digo que es una pasada. Lo notas muy apretado todo.
I: Deberíais probarlo, con un consolador.
E: Ya veremos.

Seguimos hablando un rato más de otras cosas y luego llevé a Elena a su casa. Nos despedimos como solíamos hacer, con un buen beso, ambos muy contentos por como iba la cosa. El resto del día me quedé descansando en casa tranquilamente después de la noche que pasamos. El lunes me levanté con varios correos del trabajo, avisándome que tenía que entregar para el viernes mucho material. Realmente fue una semana dura de trabajo, apenas tenía tiempo para nada más. No pude quedar con Elena en toda la semana, ni para tomarme una cerveza con los amigos, ni nada. Esos días era levantarme, ponerme a trabajar, descansar una hora para comer, y ponerme otra vez hasta la noche, donde hablaba con Elena, pero me quedaba dormido enseguida de lo reventado que estaba. Al menos me pagaron el extra muy bien, como si hubiera trabajado un mes en esa semana. El jueves por la noche lo dejé todo preparado para enviarlo el viernes por la mañana, ultimando detalles. Cuando acabé le envié un mensaje a Elena para avisarle de que por fin había acabado todo. Me respondió enseguida, a pesar de que era muy tarde cuando le escribí, llamándome.

-Ya está. (dije resoplando y aliviado)
-Enhorabuena, mi amor.
-Gracias, esto hay que celebrarlo, que me he pegado un palizón importante.
-Claro que lo vamos a celebrar. Tengo un plan.
-Ah, ¿sí?
-Sí. He estado hablando con Irene y se le ha ocurrido una cosa. Me ha dicho que vayamos este fin de semana a la playa con ellos, que sus padres tienen un apartamento en la playa, bastante grande. ¿Qué te parece?
-Me parece genial. Necesito salir para despejarme.
-Bien. Pues la idea es salir mañana después de comer y hacer allí noche.
-¿Pero Irene no trabaja por la tarde?
-Ha cambiado el turno para mañana y Mario ha pedido el día.
-De puta madre.

Después de ultimar detalles del plan nos despedimos y me fui a dormir, estaba reventado y necesitaba descansar para el fin de semana que se venía.

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s