ISA HDEZ

Paseaba tranquilo por la playa desierta acompañado del susurro de las olas al romper en la arena. Su mirada traspuesta se perdía en el horizonte arrebolado del atardecer que le transmitía una paz casi celestial. Eso era lo que necesitaba tras el día complicado que había tenido en el trabajo, donde debía encontrar una rápida solución al problema acontecido entre dos trabajadoras que competían por un puesto merecido por ambas, pero que, debían de cumplir unos parámetros objetivos y, en ello, destacaba más una que la otra. De todas formas, el conflicto estaba asegurado. Ello le llevó a desconectar para enfriar la mente y prepararse a tomar la decisión adecuada, cavilaba al inicio del paseo. Estaba tan abstraído que no percibió la imagen que tenía ante sus ojos verdes pálido, la figura era de tal belleza que tuvo que pararse frente a ella, como si un imán lo atrajera y le invitara a adentrarse en el mar. Irradiaba una luz plateada y le sonreía con la mirada azul cielo y los cabellos dorados como el sol desparramados cubriéndole el torso. Le abría los brazos en cruz como invitándole al abrazo y, la expresión de su boca color rubí pareciera enunciar un sinfín de palabras mudas, que le invitaban al viaje de la paz mental que tanto necesitaba. A medida que se adentraba en el agua la imagen se difuminaba y cuando casi la alcanzaba se le diluyó entre las manos. El objetivo se había cumplido, pero aún no sabe con certeza si fue su mente la que le brindó una dulce alucinación o si realmente era la sirena con la que siempre había soñado. ©

Un comentario sobre “La sirena de luz

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