ALMUTAMID

Tras la cena de la primera noche pregunté a Víctor por Miriam y me dijo que todo bien sin dar detalles. Que ya me contaría. Lo curioso es que su actitud volvía a ser la misma que cuando salía con Lourdes. Cenábamos juntos, charlábamos de cosas triviales pero no aparecía el trato de dos buenos amigos. No le di importancia. Ya me contaría ella cuando la viera.

Como el miércoles tenía el primer examen mi vida consistió básicamente en comer, dormir y estudiar durante dos días principalmente solo, aunque a ratos lo hice con Víctor. La cercanía del pueblo de Marcos hizo que al tener a la novia allí hubiera decidido venir el día antes de cada examen y volverse esa misma tarde. De modo que me regaló el dormitorio para poder estudiar tranquilamente.

Aunque estaba agobiándome. Quizá había sido demasiado optimista al matricularme de cursos distintos y ahora no tenía los exámenes escalonados. La presión a la que no estaba acostumbrado empezó a darme cierto vértigo, especialmente el miércoles por la noche cuando comprobé que sólo tenía dos días para el siguiente examen. Empecé a sentir cierta ansiedad y decidí salir a correr antes de la cena para rebajar la tensión que acumulaba y sólo llevaba un examen.

Cuando llevaba media hora corriendo noté que la presión a la ingle me volvía y que el testículo golpeado me dolía de nuevo. Regresé andando a la residencia. Al ducharme comprobé que el color negro de los primeros días ahora se iba difuminando del morado en el centro del hematoma al verdoso de los extremos. Síntoma de curación que contrastaba de nuevo con el dolor agudo que sentía en la zona inguinal. Ya no sabía si era el huevo u otra cosa.

Pensé que se me pasaría durante la cena. Así no iba a poder estudiar. ¡Qué mala suerte! ¿Mis planes se iban a venir abajo por un dolor de testículos? No, podía ser. Durante la cena Ángela y Sol me preguntaron qué me pasaba pero yo decía que estaba agobiado por los exámenes. Pero cuando subíamos la escalera de regreso a las habitaciones el dolor ya era un pinchazo. ¡En mala hora se me ocurrió salir a correr!

No podía más y lo único que se me ocurrió fue pedirle a Sol que me acompañara a la habitación. Ángela miró extrañada pero se fue a su dormitorio sin preguntar siquiera. Al entrar cerramos la puerta y le dije a mi amiga futura enfermera:

-Necesito que me ayudes.
-Claro, ¿qué te pasa?
-Joder, me duele un huevo.
-Algo te duele mucho. Te habrás dado un golpe.

Yo negué con la cabeza mientras decía:

-Que no. Que me duele un huevo. Mucho.

Sol me miró extrañada y le hice un gesto para que esperara. Me metí la mano en el calzoncillo para taparme la churra y con la otra tiré del elástico de bóxer y calzonas hasta dejar mi amoratado testículo a la vista. No estaba tan inflamado pero sin embargo dolía de nuevo. La cara de asombro de Sol es difícil de describir y más cuando dijo:

-Pero ¿cómo te has hecho eso?
-El día de la cabalgata me dieron un pelotazo muy fuerte desde abajo que me hizo ver las estrellas y hasta me mareé. Pero es que por la tarde me llevé otro golpe fortuito y me remató.
-Pero Luis. ¿No has ido al médico?
Negué con la cabeza.

-He tomado analgésicos y antiinflamatorios. Y ya se me había pasado- expliqué- pero hoy he salido a correr porque necesitaba relajarme de tanto estudio y me empezado a doler de nuevo.
-Esto tendría que verlo un médico.
-No. No pienso perder toda la noche en urgencias con lo que tengo que estudiar- negué tozudamente.
-Vale. Puff. No sé. Espera. Ahora vengo.

Temí que volviera con Ángela pero apareció sola a los 5 minutos con el botiquín y un libro de texto que ponía “Manual de curas y exploraciones”.

-¿Qué vas a hacer?- le pregunté inseguro.
-Pues ver que tienes ahí ¿no? Venga, ponte de pie y quítate la ropa.

Qué distinto es escuchar eso en situaciones diferentes. Si me lo dice en otras circunstancias salto como un resorte y la obedezco pero en estas circunstancias me levanté con timidez sin atreverme a bajarme los calzoncillos. Finalmente me tapé la churra con una mano y con la otra bajé poco a poco calzonas y bóxer con cuidado de que el elástico no me pillara la zona dolorida. Sol leía en el libro con atención buscando seguramente una guía de exploración testicular sin prestar atención a mis movimientos.

-Vale- dijo al fin- Abre las piernas para que cuelgue. Pero tienes que quitarte la mano.
-Tú me quieres ver la churra.

Su cara de impaciencia fue suficiente para que yo con bastante vergüenza dejara que mi nabo reducido y asustadizo se apoyara sobre mis pelotas.

-Primero- leyó- exploración visual.

Se sentó en la silla poniéndose frente a mí y observando a unos pocos centímetros.

-Parece todo normal salvo el hematoma. Pero ya está drenando. Tampoco tengo claro como lo tenías antes no lo vi así.
-¿Cómo que lo viste?
-Joder Luis, el día que te hice la cura con la toallita puesta al limpiarte la herida de la rodilla se te veía todo, jajajaja.
-Y tú dándote el lote- protesté.
-No daba para tanto, jajajaja. Si estaba más cortada yo que tú. Intentas no mirar y ya está. Nosotras no somos como vosotros que veis un poco de carne y ya os ponéis burros y os creéis que queremos tema.
-Eso no es así. Yo te vi las tetas en la novatada y no me fui babeando detrás de ti.
-Y por eso me caíste bien y me di cuenta de que merecías la pena. Bueno, a lo que estamos. Yo no veo nada raro así que hay que hacer una exploración táctil.

Se giró para abrir el botiquín y cogió unos guantes para hacer la exploración de forma muy profesional.

-Que me he duchado- protesté.
-De cortadito por enseñar el mandado parece que estás deseando que te toquen. Que soy tu enfermera no tu churri.
-No es eso. Vale.

Sol leyó algo del libro y se levantó poniéndose detrás de mí en cuclillas.

-Mira que culillo, jajajajaja- dijo con guasa haciéndome poner colorado aunque ella no me veñia la cara.

Entonces sentí su mano palpar con cuidado el escroto. Sentí una punzada de dolor.

-Vale, te duele. Espera.- con dos dedos buscó el testículo derecho.- ¿Ahora?
-No.

Fue a por el izquierdo y me quejé. Después sopesó con la palma de la mano como cogiéndolos al peso.

-Vale, creo que ya sé que es pero tengo que hacer una última comprobación.

Se sentó de nuevo en la silla acercándose mucho y de manera imprevista por mí con su mano enguantada agarró mi polla con dos dedos levantándola para ver mi escroto.

-Me estás agarrando la churra.-le dije.
-La estoy apartando. Pero vamos si quieres te dejo tranquilo con tu dolorcito. No creas que me gusta ir por ahí agarrando pingajos- respondió secamente.
-Vale, perdona…

Repitió el proceso de contornear con sus dedos ambos testículos y después, sin soltar mi nabo, presionó mi ingle izquierda provocándome una agudización del dolor. El problema es que la cercanía de su cara y sus dedos sujetando mi churra empezaron a despertarla. No sabía donde meterme cuando empezó a ponerse morcillona. Debía estar colorado. Ella o no se dio cuenta o disimuló, pues la soltó y me dijo:

-Ya lo tengo claro y no es grave.
-¿Puedo vestirme ya?-pregunté.
-Espera porque creo que podemos arreglarlo.
-Pero ¿qué tengo?
-Pues se te ha subido un huevo.
-¿Y eso es grave?
-Si se te queda pillado sí.
-Ay, joder, joder…
-No seas quejica. Vamos a ver si lo bajamos, sólo está encajado.
-¿Qué hago?
-Túmbate en la cama. Si te duele mucho me avisas ¿vale?

Asentí con la cabeza mientras andando como el pingüino con las calzonas y los boxers en los tobillos alcancé la cama tumbándome boca arriba. Mi churra sin estar erecta seguía gordita con el glande asomando ligeramente por el prepucio. Sentía vergüenza y pudor pero si Sol me arreglaba el problema merecía la pena. Mientras mi enfermera consultaba el libro haciendo el gesto con la mano.

-Vamos allá- dijo soltando el libro.

Ahora sí que se había dado cuenta del cambio de tamaño y posición pues noté que se quedaba cortada. Pero usando de nuevo dos dedos apartó mi polla hacia mi ingle derecha apoyando sus dedos índice y corazón de la mano izquierda en la otra ingle mientras colaba su otra mano por debajo de mis pelotas. Presionó con los dedos mi zona inguinal haciéndome ver las estrellas dirigiéndolos hacia mi pubis.

-Ay, ay, ay….-me quejaba mientras ella respondía:
-Ya está, ya está…

Noté un dolor muy agudo en la zona inguinal casi como un pinchazo que desapareció de golpe convirtiéndose en un simple dolor testicular menos intenso que los sufridos hasta el momento.

-Jajajajaja. Ya está. Lo arreglé- decía contenta mientras sostenía mis dos pelotas con los dedos de su mano derecha.
-¿Ya?
-Míralo, jajajaja, un huevo y otro huevo en su saquito. Te he curado. Pero ¿cómo no te habías dado cuenta de que era eso?
-Yo que sé.
-¿No te has tocado?
-¿Con lo que me dolía? Ni loco.
-Pues ya está, jajajaja- estaba feliz con mis pelotas en la mano.
-¿Puedo vestirme ya?
-Claro. Tómate un ibuprofeno y ya verás que se te pasa.
-¿Puedes soltarme?
-Perdón, jiji. Estaba tan emocionada con haberlo solucionado que ni me acordaba que te tenía cogido por los huevos.
-Eso resérvatelo para tu novio cuando tengas.- dije levantándome para cubrirme con velocidad pues el engorde de mi polla ya rozaba la erección. De hecho con la excusa de comprobar donde estaban mis pelotas me recoloqué el mandado en el calzoncillo para disimular el bulto.

Sol se quitó los guantes y recogió el botiquín y su manual dejándome un par de píldoras de ibuprofeno por si me dolía. Al ponerme de pie pude comprobar que el dolor había descendido mucho y sólo estaba en el genital. Era soportable para poder estudiar.

-Gracias, muchas gracias- le dije emocionado palpándome la ingle.- me duele mucho menos- ¿Puedo pedirte otro favor?
-Claro.
-No se lo cuentes a nadie. Me muero de la vergüenza.
-Jajajaja. Tranquilo. Con tu fama tampoco quiero dar explicaciones sobre lo que he visto y he tocado.

Me hizo reír por primera vez en todo el día y le di un abrazo agradecido antes de que me dejara solo en el dormitorio para ponerme a estudiar.

La cura de Sol fue efectiva y gracias a los analgésicos pude estudiar toda la noche hasta que el cansancio limitó mi rendimiento. De paso evité el desayuno pues no so podáis imaginar la vergüenza que sentía por haberme medio empalmado mientras mi amiga me exploraba. Tan fue así que el viernes por la mañana en que sí coincidimos en el desayuno porque yo tenía examen se me acercó prudentemente y me preguntó:

-¿Cómo estás?
-Mucho mejor gracias.
-Tengo la sensación de que ¿me estabas evitando?- me preguntó.
-No, no- contesté cortado.
-Jajajaja, Luis eres una caja de sorpresa. Tu fama te hace un flaco favor. Te venden como un rompecorazones que va picando de flor en flor pero en realidad tienes tu vergüenza, y tu pudor. El día que te pillé, te pido perdón otra vez, con aquella niña en tu dormitorio, pensé que era verdad lo que se decía de ti. Pero ahora que te he conocido en distintas situaciones veo que lo otro es más una pose. Vas de algo que no eres.
-Yo no voy de nada. Es una etiqueta que me han colgado. Júzgame por tu experiencia conmigo, no por lo que te hayan dicho.
-Y eso hago. Pero no hagas tú lo mismo.

Me extrañó su respuesta y reaccionó ante mi gesto respondiendo:

-Luis, no lo veas como algo vergonzoso. Te ayudé en algo que requería que te viera eso. Me voy a dedicar a esto el resto de mi vida. Voy a ver seguramente cuerpos de todo tipo, culos menos aparentes que el tuyo, seguramente más gordos o más pestosos, seguro que menos agradables. Pero que no tengas en cuenta que te haya visto así. Que sólo ha sido una cura como las muchas que haré.
-En realidad me alegro de que me ayudaras. Y sé como eres. Pero no puedo evitar que me vieras en las circunstancias que me viste y ahora esté cohibido.
-Tú me viste las tetas y no te he evitado.
-Lo sé, lo sé. Ya se me pasará.-respondí.
-Sólo quiero que no me evites. Y menos por eso.

Aclarado el tema.

El examen me salió razonablemente bien pese a mis temores. Era con mi grupo habitual, con el que había empezado mis estudios y allí coincidí con María, Teresa y Chusa, con Marta y Carlota, y por supuesto con Miriam. Hicimos el examen juntos y después nos fuimos a comer. No la veía desde antes de Navidad. Como terminé de los últimos no llegué a cruzarme con ninguna de las demás aunque las había visto allí sentada en la arcaica grada de madera crujiente del aula.

Miriam estaba radiante. Se notaba que le iba bien con Víctor pero aun así pregunté mientras cmíamos:

-¿Qué tal las vacaciones con Víctor?
-Muy bien- respondió con una sonrisa.
-Pero os habéis visto ¿no?
-Claro.
-Me da que me tienes que contar algo que no sé.- quise saber pareciéndome a ella.
-Jajajaja, que te lo cuente tu amigo.
-Es ingeniero, ya solo vive para el estudio.
-Verdad, apenas lo he visto aquí, pero esta noche hemos quedado.- me explicó.
-Bueno ¿y aquel problemita?
-¿Qué problemita? Jajajaja.
-Ya veo que ninguno…
-Que te cuente tu amigo, jajajaja…pero si te lo cuenta le dices de mi parte que muy bien y que estoy deseando repetir, jajajaja…

Bueno, no había duda de que habían solucionado sus problemas sexuales. Por lo demás quedamos en estudiar juntos para el siguiente examen común una semana más tarde. Pensé que me invitaría a su casa pero se autoinvitó a la residencia. Parecía que estaba deseando estar allí y tener una excusa para ver a Víctor a través de mí.

Pero yo no tenía descanso y mi maratón de exámenes continuaba. El martes tenía otro. Así que lo mío no era más que estudiar aunque me moría de ganas por salir a correr, pero tras la última experiencia me contuve dejando que pasaran uno días no se me fuera a subir otra vez el huevo. Me relajaba de vez en cuando haciendo flexiones y abdominales para dejar escapar esa tensión.

El viernes ya de madrugada estaba yo estudiando sentado en el escritorio sudado y sin camiseta porque un rato antes había hecho ejercicio. Debía ser a la hora del cierre de puertas de la residencia porque llegaron Ángela y Sol a mi dormitorio y venían vestidas de calle. No tenían exámenes hasta la semana siguiente habían salido a tomar unas cervezas. Venían chisposas.

-¿Cómo vas?- preguntó Ángela sentándose en mi cama.
-A ver si paso este tirón porque voy a reventar.-contesté.
-¿Estás sudando?- preguntó Sol tras cerrar la puerta.
-Como no estoy saliendo a correr para relajarme hago ejercicio en los descansos.
-Estás fatal, Luis. No entiendo la bulla que te ha dado con sacar asignaturas de 4º.-insistió Sol.
-Bueno el Erasmus como que me ha desarmado todo el planteamiento y no quiero que me retrase el final de carrera.-expliqué.
-Eso no es- dijo Ángela.

Sol y yo nos volvimos a ella.

-Luis se va- dijo dando a entender algo obvio.
-Ya, a Lieja, y después vuelve para acabar aquí el último curso del grado.- explicó la enfermera.
-No. Ya no vuelve.

Sol se volvió extrañada hacia mí preguntándome:

-¿Es eso verdad?
-Es mi intención, sí.-reconocí.
-¿Y eso?
-Ya no nos quiere- comentó Ángela.
-No es así. Pero mis circunstancias personales y académicas han cambiado- expliqué- y ya pocas cosas me retienen aquí. Las asignaturas que me quedan puedo estudiarlas en mi ciudad, y aprovechar con la convalidación para sacarme el doble grado con filología.
-¿Y no hay nada personal?- quiso saber mi enfermera.
-Con vosotras, no. Pero es cierto que me he quedado muy solo en la facultad. Mal con Marta. Miriam ahora vive para Víctor y él para ella. Sólo os tengo a vosotras- comenté quedando bien.
-¿Y no hay nadie esperándote en tu ciudad?-preguntó Ángela malintencionadamente.
-Esperándome muchos. Mis amigos. Pero nada más.
-Bueno, Claudia está en tu ciudad.
-Pero desgraciadamente no me espera…-respondí con cierta nostalgia.

Ángela se dio cuenta de que quizá no había estado afortunada y se levantó apoyándose en mis hombros.

-Oye, tienes las espalda muy cargada.
-Será de tanto estudiar y el ejercicio que he hecho.
-Del ejercicio no es. Tienes nudos.-explicó pasando su dedo por mi espalda. Espera…

Ángela empezó a masajearme los hombros y a buscar nudos con los dedos.

-Estás fatal. Anda túmbate en la cama a ver si te quitamos esos nudos.-insistió mi compañera de residencia.
-¿Pero sabes?
-No soy fisio pero algo te hará.
-Es que tengo que estudiar mucho.-me excusé.
-Sólo será un momento.

Me tumbé boca abajo en la cama con los brazos en paralelo a mis costados. Ángela se sentó a mi lado y empezó a masajear de nuevo mis hombros. No sé si lo hacía bien pero realmente me relava sentir sus manos en mi espalda aunque estuvieran frías y se lo hice saber:

-Vale…ufff, bien, aunque tienes las manos frías.

Se las frotó un poco antes de seguir dibujando ahora dos líneas en paralelo a mi espina dorsal deteniéndose en un par de nudos que tenía bajo sendos omóplatos.

-Vale- admití- mejor.

Mientras Ángela me masajeaba la espalda sorprendentemente bien desde los riñones hasta los hombros Sol nos contaba alguna cosilla y le explicaba a mi masajista por qué se formaban los nudos, en este caso generalmente por mantener una postura inadecuada demasiado tiempo. Yo apenas hablaba relajado ante el masaje de Ángela que por momentos parecía más caricias hasta que le preguntó como iba y me respondió que algo mejor rodeando con sus dedos los nudos algo más reducidos.

Estaba a gusto pero me pudo la responsabilidad y se lo hice saber a las chicas que no quisieron quitarme más tiempo de estudio. Se despidieron de mí con dos besos, pero en cuanto Ángela salió por la puerta Sol se detuvo un momento para preguntarme:

-Oye, ¿qué tal lo otro?
-Mucho mejor gracias. Me molestó un poco al día siguiente y poco más, aunque no he salido a correr todavía.
-Vale. ¿Quieres que le eche un vistazo?
-A ver, querer querer…
-Jajajaja. Que ya te entiendo, pero te digo si está bien por si puedes empezar ya a correr si quieres.
-Ojalá.
-Vale, voy a cambiarme y lavarme los dientes y tal y me paso ahora.
-Gracias- respondí poco convencido.

Seguí estudiando. Un buen rato más tarde llegó Sol con un pijama y una bata puesta. Me resultó gracioso verla aparecer así y se debió dar cuenta pues se explicó:

-Para que Ángela no preguntar pues he venido tal y como voy al baño…
-Normal.
-Bueno a ver eso…

Me levanté y sin pensármelo me bajé calzonas y calzoncillo haciendo que mi paquete saltara fuera hasta quedar colgando. Sol observó asintiendo.

-Esto tiene muy buena pinta…
-No sé como interpretarlo- respondí.
-Jajajaja. Que ya tiene buen color, tonto…
-Estaba bromeando.
-Ains…
-¿Qué pasa?-pregunté.
-Que no he traído guantes. ¿Voy a buscarlos o te importa que no tenga?
-A mí me da igual- respondí encogiéndome de hombros.
-Bueno, ahora me lavo las manos y ya está.

Sol acercó su mano al testículo dañado, pero mi churra le estorbaba. Así que con la otra mano la apartó sosteniéndola. Sentir sus dedos rodeando el contorno de mi huevo y a la vez su otra mano sujetando con dis dedos mi nabo fue demasiado y éste empezó a crecer mientras que yo tragaba saliva y rompía a sudar.

-Vale esto está bien ya- contestó Sol soltando el testículo y la polla que se quedó erecta frente a ella.

Yo no sabía que hacer ni donde meterme cuando a mi enfermera le dio una risita tonta agachada frente a mi churra que se mostraba en todo su esplendor a pocos centímetros de su cara.

De golpe la chica acercaba su cara a mi churra venosa y la recibía con sus labios dejando que mi glande brillante y estirado penetrara en su boca rozándose con su lengua. Un gemido de placer y aceptación surgía de su garganta como el ronroneo de una gata…

Pero no era eso lo que ocurría. Mi imaginación me engañaba de nuevo pues Sol se levantó con la misma risita nerviosa negando con la cabeza diciendo:

-Esto sí que no me lo esperaba.
-Es que llevo mucho sin…y supongo que habrá sido al sentir su mano- intenté disculparme torpemente.

Yo totalmente avergonzado me subí rápidamente calzonas y calzoncillos con tan mala suerte que por las prisas se reliaron ralentizando la operación hasta que conseguí esconder mi erección bajo ambas telas sin poder ocultar el bulto.

-Bueno, yo ya me voy ¿vale?
-Sí, gracias…

Sol dudó un instante parada junto a la puerta hasta que la abrió de forma decidida saliendo del dormitorio. No estaba seguro de lo que había pasado pero en cuanto salió por la puerta me descubrí a mí mismo sobándome el paquete hasta que volví a sacar mi polla para masturbarme. Pese a la vergüenza y la incomodidad la situación me había dado mucho morbo. Mientras me la machacaba con fuerza llamaron a la puerta. Intenté cubrirme de nuevo mientras preguntaba sobresaltado:

-¿Sí?
-Soy yo otra vez- respondió Sol.

¿Qué quería? Me puse nervioso.

-Pasa- respondí.

Abrió la puerta temerosa, tan cortada como yo. Se detuvo sin cerrarla observándome, desnudo de cintura para arriba, acalorado y marcando mi erección en la única ropa que llevaba. Al verla allí detenida yo también pude observarla. En la fina tela de algodón de su pijama se marcaban sus pezones sobre la redondez de sus pechos. Esos pechos que yo había visto y sabía como eran. ¿Estaba empitonada porque estaba cachonda o por el frío del pasillo?

Nos quedamos unos segundos observándonos. Parecía que estábamos esperando la reacción del otro. Pero ella se adelantó:

-Me he dejado la bata.

Cogí la prenda tal y como estaba sobre la cama y se la acerqué. Ella la cogió con la mano respondiendo un lacónico “gracias”.

-A ti- respondí yo.

De nuevo mi enfermera parecía dudar, pero definitivamente con la bata en la mano dijo:

-Bueno, ya hablamos…
-Sí, eso. Gracias.

En cuanto se fue la paja cayó y no fue muy larga. Era la primera vez que me masturbaba desde mis tiempos de pardillo no pensando en algo ocurrido sino en algo que habría podido ocurrir. Una abundante corrida de semen espeso inundó mi mano obligándome a darme una ducha para poder seguir estudiando. Seguía sin estar seguro de qué había pasado.

El acostarme tarde estudiando me sirvió para evitar ver a Sol en el desayuno, pero no para comer al mediodía. No sé si Ángela se dio cuenta de que estábamos cortados y apenas nos atrevíamos a mirarnos a la cara cuando hablábamos al margen de estar poco habladores. Pero salvamos la situación más o menos. Tenía mucho que estudiar y no era el momento de intentar disculparme de nuevo por el hecho de que mi entrepierna tuviera vida propia.

La suerte es que ella también. Sólo coincidíamos a la hora de comer y evitábamos el tener que hablar a solas pues estaban delante Ángela, Marcos, que llegó el lunes, o Víctor. Ese lunes salí a correr comprobando que mi maltrecho huevo ya estaba totalmente recuperado.

El martes hice un examen coincidiendo con Dani. Nos tomamos unas cervezas y unas tapas después. Él seguía con Martina. Por su forma de hablar daba la sensación de que aquella relación había superado una fase puramente sexual. ¿Dani enamorado? Quién sabe… Le pregunté por Ana pero teniendo en cuenta su egocentrismo no tenía muchos datos que darme. Tampoco yo quería acercarme pues aunque nos habíamos felicitado las fiestas cordialmente no sabía realmente cual era su actitud hacia mí tras como me había despedido de ella en la estación.

Pero el calentón del viernes por la noche no se me iba de la cabeza y no culpaba a Sol. Más bien me dio por pensar que llevaba demasiado tiempo si darme un revolcón. La pobre chica se había llevado un susto ante mi reacción. Me tocaba hablar con ella y disculparme en serio. Pero también caí en la cuenta de que la solución podía ser también echar un ratito con Mamen.

El mismo martes tras llegar de estar con Dani me tumbé un rato en la cama antes de empezar con el siguiente examen. Me di cuenta de que me estaba sobando la polla y me decidí a escribirle a Mamen.

“Hola guapa. En un par de semanas me voy de Erasmus y me gustaría despedirme de ti. Ya me cuentas si te viene bien vernos. Besos.”

No me respondió en toda la tarde por lo que supuse que estaría trabajando. Pero como a las 6 de la tarde me contestó.

-Hola guapísimo. ¿Tan pronto? Pensé que estabas hasta el verano.
-No. Me voy y ya no vuelvo.
-Vaya, qué penita. A ver si nos vemos ¿no?
-Si quieres quedamos una tarde para tomar algo- propuse.
-Tiene que ser el domingo o un día que me toque descanso.
-El jueves tengo un examen y ya no tengo otro hasta 10 días después. Si quieres quedamos este domingo.-insistí.
-Pues, déjame que lo mire. Y ya te cuento. ¿Sobre qué hora sería?
-Pues si quieres quedamos para tomar café y ya después vemos…
-Lo de ir a tu residencia todavía me da palo, jajajaja.
-Tranquila. No volverá a suceder. Pero yo te invito siempre.
-Jajajajaja. Ya te escribo. Te dejo que tengo que seguir trabajando. Besos.
-Besos.

La conversación me animó y me di cuenta de que estaba siendo injusto con Sol. Me fui a buscarla a su habitación. Estaba sola pues Ángela estaba en un examen. Llamé a la puerta.

-¿Sí?
-Soy Luis…

Pareció dudar pero al fin dijo:

-Pasa.

Abrí la puerta y entré cerrándola. Ella estaba sentada en el escritorio y se giró para mirarme. Llevaba otro pijama parecido pero esta vez llevaba sujetador pues no se marcaban sus pezones.

-Venía a disculparme.-dije poniéndome frente a ella.
-No tienes por qué.
-Realmente no sé por qué quiero disculparme pues es algo que no pude controlar, pero he pasado mucha vergüenza y creo que estás molesta conmigo.
-No, no, Luis. Molesta no. Es que yo también me quedé muy cortada. Pero no te echo la culpa a ti. Fue culpa mía. No sé como se me ocurrió examinarte sin guantes y sujetándote. Me dio tanta vergüenza después. No sabía ni qué decirte. Y encima me dejo la bata…
-¿Vergüenza tú? Pero si estabas vestida al menos y sin…
-De verdad Luis, que corte contigo. Nunca había visto a un amigo así. Sólo a los chicos con los que he estado.
-Pero no hicimos nada malo. Yo soy un tío y tú una tía. Y bueno, llevo mucho tiempo sin na de na y, eso pues se vino arriba. Pero ya está. No quiero que nos apartemos por esto.
-Lo sé- admitió- pero me cuesta verte y no acordarme de eso.
-No soy una polla andante…
-Jajajajaja
-Sólo quiero que estemos normales. Eres la persona que me da más confianza aquí ahora mismo.- reconocí.
-Ya. Te entiendo. Lo intentaré.
-Una pregunta- añadí.
-Dime.
-¿Estabas empitonada por el frío o era que te gustaba lo que había?

Sol se puso coloradísima de golpe sin saber qué decir.

-Jajajaja. Ya estamos empatados.-respondí jocoso- Vamos a quitarle importancia y como si no hubiera pasado.
-Eres…eres…
-¿Soy?
-Un diablillo. Voy a echar de menos esa mezcla tuya de pudor y picardía.
-Te juro que no había picardía. Que fue sin querer.-insistí.
-Lo sé, Luis.
-Oye ¿qué estudias?- le pregunté acercándome a su mesa.

Entonces vi que tenía un libro abierto por una página con el dibujo de una disección de un pene y los testículos con todo el aparato reproductor masculino y sus diferentes órganos señalados y nombrados.

-Estás obsesionada, jajajaja.

Sol se quitó una zapatilla y me la lanzó a la cabeza mientras yo huía por la puerta entre risotadas.

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s