KERANOS

Era un video de unos cuantos minutos en el que se veía como un chico se la follaba, era bastante explícito. Se veía como se la chupaba de manera muy salvaje mientras miraba a la cámara, metiéndosela entera en la boca, como se la follaban boca arriba y a 4 muy fuerte, con bastantes gemidos y gritos.

-Esto es lo que te pierdes, pedazo de gilipollas.

Estuve muy tentado de responderle, pero decidí no hacerlo, porque lo hubiera hecho de malas maneras y quería hacerlo bien. Estaba muy contento porque ahora contaba con una prueba mucho mejor que la que tenía. Me puse a comparar entre el video y la grabación que hice y vi que coincidían. Rápidamente guardé la conversación para tenerlo todo por si borraba ella los mensajes. Me dormí rápidamente pensando en que el problema con Noelia estaba resuelto y en lo que haría con Elena el sábado junto a Irene y Mario.

El viernes me desperté con el mismo humor que con el que me acosté. Me pegué una ducha, desayuné y me puse a trabajar, pensando en como hablar con Noelia, lo cual me llevó poco tiempo. Después de comer llamé a Elena para hablar con ella. Hablamos de varias cosas, como lo bien que lo pasamos en la playa, queriendo repetir el plan, las ganas que tenía de verme al día siguiente para jugar con Irene y Mario, y más cosas, notando lo animada y contenta que estaba, sin parar de reír. También me dijo que la tarde la pasaría en casa de su abuela, siguiendo con su trabajo de la universidad, cosa que me pareció perfecto para lo que tenía en mente. Sobre las 4 salí de casa para ir a casa de Elena. Cuando llegué, aparqué en una calle paralela a la de Elena, yendo andando hacia su puerta, abriendo Noelia, quien puso cara de sorpresa al verme.

-¿Qué haces aquí? Mi hermana no está (dijo saliendo y entornando la puerta, casi cerrándola).
-Ya lo sé, he venido a verte a ti (dije con una sonrisa de complicidad).
-¿Cómo? (dijo abriendo mucho los ojos, poniendo aún más cara de sorpresa).
-Pues eso.
-Es que no estoy sola, está aquí María.
-Pues invéntate algo y que se vaya.
-¿En serio? (dijo con un brillo inmenso en los ojos).
-Claro. Me doy una vuelta mientras se lo dices, ahora me avisas cuando se vaya y vengo.

Noelia se quedó sin habla, entrando rápidamente. Me fui andando, pero casi ni me dio tiempo a cambiar de calle, avisándome ella enseguida. Volví hasta su puerta, estando ella esperándome. En cuanto me vio, me cogió la mano, tirando fuertemente para hacerme entrar, cerró la puerta y siguió tirando de mi mano para llevarme a su habitación, empujándome hacia dentro, cerrando ella la puerta echando su cuerpo contra ella mientras me miraba con la respiración muy agitada. Se acercó rápidamente a mí para intentar besarme, pero la paré poniéndole mis manos en sus hombros.

-Shhh, tranquila. Déjame disfrutar del momento.
-Joder, no me esperaba esto… (dijo con una voz muy nerviosa mientras movía sus manos, casi temblando).
-¿No?
-No. Te mandé eso por lo que dijo mi hermana y por rabia, pero no me imaginaba que fuera a funcionar.
-Sí, me vale.
-Uff…

La notaba muy nerviosa, me miraba a los ojos y a los labios sin parar, de manera muy rápida.

-Ese video es justo lo que necesitaba.
-¿Sí? (se le iba la voz de lo nerviosa que estaba).
-Sí, porque por fin vamos a poder zanjar esto…
-Qué ganas tengo…
-No creo que tantas como yo…
-Javi, no puedo esperar más…
-Vale, déjame explicarte.
-¿Explicarme? ¿El qué? (dijo cambiando la cara de nerviosismo por una de no entender).
-Pues que sé lo que te traes con María.
-¿Cómo lo sabes?
-Lo noté. Salta a la vista que le gustas mucho y le pregunté y me contó lo que pasa. Y me parece genial.
-¿Y qué tiene que ver eso con nosotros?
-Pues mucho. Verás, estos días estaba de muy mala ostia por nuestra situación, porque notaba como una niñata de 17 años me tenía cogido por los huevos, por lo que pensé en algo para que la situación fuera al revés y la he encontrado. Así que, o paras de dar por culo, o le cuento a María que no paras de provocarme y de follarte a otros aun habiendo quedado con ella en que no harías nada con nadie más.
-¿Qué? (dijo mientras se le cambiaba la cara, poniéndose muy seria).
-Lo que oyes. Ese video es perfecto para que me crea.

Noelia cogió su móvil rápidamente para borrar la conversación, con todo su contenido.

-A ver cómo te cree ahora…
-¿Te crees que no he descargado toda la conversación que hemos tenido y echado pantallazos y demás? (dije riéndome).
-No serás capaz…
-Ponme a prueba.
-Javi, María es muy importante para mí, no quiero hacerle daño ni que sufra, no se lo merece.
-Lo sé, pero tampoco me merezco yo lo que me estás haciendo y tú hermana muchísimo menos.

Noelia me soltó un guantazo que me cruzó la cara.

-Fuera de aquí (dijo señalando la puerta).

Sonreí y me fui de su casa. Casi me pongo a dar saltos de lo contento que estaba. Volví a mi casa para seguir trabajando, volviendo a hablar con Elena de noche. Me dijo que el plan para el sábado era cenar en un restaurante con Irene y Mario y luego ir a su casa para hacer lo que me dijo. Me pareció perfecto, por lo que nos dimos las buenas noches y nos fuimos a dormir.

El sábado por la tarde-noche fui a casa de Elena para recogerla después de pasar un día muy tranquilo y normal, sin rastro de Noelia en forma de mensaje, llamada ni nada, cosa que me puso muy contento. Me puse una camisa de un azul muy claro, unos pantalones de vestir bien azul marino, unos zapatos marrones y una americana marrón. Además, me arreglé la barba, viéndome realmente bien para esa noche. Así me lo hizo saber mi madre, que me miraba con unos ojos brillantes e incluso mi padre, que pasaba de esas cosas. Cuando llegué, avisé a Elena, quien salió enseguida. Me quedé fascinado por como iba. Llevaba un vestido ajustado de licra de color negro de manga corta con una franja blanca en la cintura como si fuera un cinturón y en los bordes de la falda, haciendo un pliegue sobre otro, desde su medio muslo hasta su cadera. Esta vez no llevaba medias, por lo que sus piernas acababan en unas sandalias blancas con tacón, muy parecidas a unas negras que se había puesto anteriormente en nuestras salidas. También llevaba un bolso más grande que los que solía llevar cuando salíamos de esa manera. Llevaba el pelo alisado, con un ligero maquillaje con la línea de los ojos, acabado en una fina raya y labios rojos, a juego con las uñas de sus manos y pies.

-Elena, cada vez te pones más guapa cuando salimos. Madre mía, estás increíble.

Elena se empezó a reír, poniéndose algo roja.

-¿Y tú? Estás para comerte… No sé si voy a aguantar…
-No me digas eso… A ver si no vamos a llegar al restaurante…
-Uff… Espero que estés descansadito, porque esta noche va a ser larga…
-Claro. ¿Y tú? ¿Crees que tu coñito aguantará? (dije acercándome a su oído).
-Sí. Y mi culito también (dijo guiñándome un ojo).
-Bueno, bueno, bueno, vámonos que madre mía…
-Ah, ¿no me das un beso? Vale, vale…
-Yo te doy lo que tú quieras mi vida.

La cogí en brazos para darle un buen beso mientras ella reía. Cuando nos separamos, ella me miró con esos ojos con una mirada brillante, sonriéndome como ella lo hacía, girando su cabeza. Nos quedamos unos momentos así mirándonos mientras la abrazaba por las caderas. A Elena le entró la risa tonta y dijo de irnos, que Irene y Mario seguro que nos estaban esperando. Fuimos al restaurante en el que quedamos y efectivamente Mario e Irene estaban allí ya, por lo que nos sentamos con ellos. Me hizo gracia porque era todo muy formal, ya que el lugar era muy bonito y sofisticado, y además todos íbamos muy bien vestidos, parecía una escena de película. Irene iba con un vestido espectacular de color amarillo, bastante llamativo, que contrastaba mucho con el color de su piel y de su pelo, acompañando con unos tacones negros bastante altos. Llevaba su peinado de siempre, con algo más de maquillaje del que solía llevar y las uñas de las manos y de los pies de negro, como siempre. Mario iba con unos pantalones como los míos, pero de color beige, una camisa amarilla, muy clara, un jersey azul y unos zapatos marrones.

Nos sentamos para cenar, hablando de varias cosas, pero sin llegar a sacar el tema de Ángela, cosa que agradecí porque sabía que no le caía bien a Elena y no quería que se perdiera el buen momento que estábamos teniendo los cuatro juntos. Durante la cena, Irene no paraba de lanzarnos miraditas, diciéndonos a cada rato lo guapos que estábamos.

I: Chicos, no sabéis las ganas que tenía de que llegara esta noche. Entre unas cosas y otras, Mario y yo no hemos follando en toda la semana y el jueves cuando nos dijisteis de quedar para hoy quedamos en no hacer nada, reservándonos para hoy.
J: Uff, a ver si hoy vais a durar poco… (dije aguantándome la risa mientras Elena sí que se reía).
M: Joder, ha sido duro… De tener todos los días a esta bomba a estar una semana sin tocarla…
J: Te habrás hecho alguna paja por lo menos, ¿no?
M: Ayer. Ya no aguantaba más…
I: Pero bueno…

Los cuatro empezamos a reír.

E: Pues nosotros…
I: Cuenta, cuenta.
E: Al rato de hablar con vosotros el jueves.
I: No me jodas… Me hubiera gustado verlo.
E: Fue rápido, en el coche. Aunque fue genial.
J: Joder que si fue genial… me puso los huevos y los muslos chorreando.
I: Tío…
M: Joder, callaos, que se me está poniendo dura…

Entonces miré a otra mesa, la que teníamos al lado en la que había una pareja bastante más mayor que nosotros, de unos 50 años, con la mujer mirándonos con ojos como platos y el marido riéndose. Yo me empecé a reír tapándome la boca, mirando los tres a la otra mesa. Mario se puso a reírse como yo, Elena muy roja, riéndose ligeramente con una risa tonta mientras apartaba la cara de la otra mesa e Irene se reía apretando los labios y los ojos. Me gustó la forma en la que se reía ella, aunque la salida que tuvo hizo que me riera más.

I: Señora, ¿quiere que le acerquemos una silla y le contamos mejor?

Nos empezamos a reír de nuevo, hasta la otra pareja lo hizo. La señora de disculpó y nos dijo que hacíamos bien, que éramos jóvenes. Durante el resto de la cena seguimos hablando de otras cosas. Elena me ponía la mano en el muslo de vez en cuando, aquella noche estaba muy caliente. Lo noté nada más verla y durante toda la cena. Parecía bastante emocionada por el plan que teníamos para cuando fuéramos a casa de Mario. Cuando acabamos, nos fuimos yendo cada pareja en su coche. Por el camino Elena me explicó lo que tenía en mente con más detalle, diciéndome que tenía pensado que yo la dominara a ella bien, que no me cortara. Y que ella lo haría con ellos, pero a su manera, dándome algún detalle más de lo que quería hacer.

Una vez llegamos a casa de Mario fuimos al salón, preguntándonos si queríamos algo de beber. Nos sirvieron unas copas y empezamos a beber, pasando a la habitación sin llegar a acabárnoslas. Dejamos las copas en la mesita de noche y nos quedamos los cuatro de pie, mirándonos.

E: Bueno, pues iros quitando la ropa. (dijo cogiendo su bolso y abriéndolo).
I: ¿Ya?
E: Irene… (dijo levantando su cabeza y mirándola seriamente)
I: ¿Qué pasa?
E: ¿Quién manda aquí? (dijo de manera seria, acercándose a ella y cogiéndola del cuello).

Irene se quedó pasmada, no se esperaba para nada que Elena le saliera así y yo tampoco, por lo que me puse muy cachondo, poniéndose mi polla morcillona al instante.

I: Tú, tú. O sea, vosotros.
E: Bien. Quitaos la ropa. Ya.

Ambos se empezaron a desnudar, quitándose toda la ropa. Irene no llevaba ropa interior debajo del vestido.

E: Mario, ve a por un par de sillas del salón. Irene, eres muy puta, ¿verdad?
I: Verdad. (dijo de manera entusiasmada y nerviosa).
E: Sales de casa sin ropa interior. Eso es de muy puta.
I: Sí, sí. Soy muy puta.
E: ¿Te he dicho que hables? (dijo dándole un guantazo).
I: No, perdón. (dijo muy sorprendida por el guantazo).

En este punto yo ya la tenía dura por ver a Elena así. Nunca la había visto tan dominante. Mario volvió con las sillas y Elena las puso una junto a la otra, bien juntas y cerca de la cama.

E: Sentaos.

Ambos se sentaron, obedeciendo a Elena sin decir absolutamente nada.

E: Ahora os voy a atar, porque habéis sido muy malos por iros con esa zorra antes que con nosotros.

Elena empezó a atarles los tobillos y las muñecas a las patas y brazos de la silla mientras Irene y Mario se miraban con cara de sorpresa. Luego Irene me miró a mí con cara de entusiasmo. Yo le devolví la mirada sonriendo y ella se excitó, empezando a respirar de manera agitada. Una vez los ató, Elena se pasó por detrás de ellos, poniéndose detrás de Mario, cogiéndole de los hombros, acariciándoselos.

E: Mario, tu chica es una puta, ¿verdad?

Mario se quedó en silencio, mirando a Irene, quien estaba esperado la respuesta expectante.

E: Responde. (dijo apretándole los hombros, hincándole las uñas)
M: Sí.
E: Quiero que lo digas tú. Quiero que me digas lo puta que es, que sale de casa sin ropa interior.
M: Irene, eres muy puta, sales de casa sin ropa interior, eres una zorra.
E: Así, muy bien. (dijo acariciándole la cara)
I: Uff…
E: Como sabía que no ibas a parar de hablar, Irene… -dijo yendo hasta su bolso, sacando la mordaza- He traído esto para que te calles la puta boca.

Elena cogió a Irene del pelo, tirando fuertemente de él, haciendo que Irene lanzara un gemido de queja, para luego lanzar un murmuro de estar muy cachonda. Después le puso la mordaza muy ajustada. A Mario se le puso dura enseguida al ver como Elena les dominaba.

E: Así vas a estar calladita. ¿Verdad putita?

Irene asintió con ojos de niña buena, mirando después a Mario, viendo que estaba muy empalmado. Mario estaba todo el tiempo en silencio, observando atentamente.

E: Tienes que aprender de Mario, que es un niño bueno, ¿verdad? (dijo mirando a Mario).

Mario asintió de la misma forma que lo hizo Irene mientras Elena le acariciaba la cara. Después cogió con fuerza el cuello de Irene.

E: Ahora vais a ver como follamos. Pero sólo nos vais a ver, no vais a poder hacer nada más.

Irene la miró con ojos de lástima, girando su cabeza.

E: Te pasa por puta. (dijo dándole un guantazo)

Después, Elena se retiró de ellos viniendo hacia a mí, empezando a besarme muy lentamente, aunque con mucha lengua. Irene empezó a gemir al vernos, soltando Elena mis labios para mirarla seriamente. Irene la miraba con cara de miedo, parando de gemir. Elena volvió a besarme, para después quitarme la chaqueta. Me empezó a besar el cuello, cosa que aproveché para hablar con ella muy bajito sin que nos oyeran Irene y Mario.

J: ¿Estás nerviosa?
E: Un poquito.
J: Lo estás haciendo muy bien. No sabes como me has puesto.
E: Mmm…

Entonces, con ese gemido recordé que Elena me dijo que quería que la dominara y viendo como ella lo hizo con Irene y Mario, yo no me quise quedar atrás. Por lo que en cuanto se separó de mi tras besarme el cuello la cogí fuertemente del cuello.

J: Lo que pasa es que Irene no es la única puta aquí. -dije mirándolos, con ambos muy emocionados al verme como me puse- ¿Verdad Elena?
E: Sí, amo… (dijo poniendo ojitos mientras yo le metía el pulgar en la boca para que lo chupara).
J: ¿Le vas a enseñar a Irene como se porta una buena putita?
E: Sí, amo. (dijo cogiéndose sus manos, pasándolas por detrás de su espalda).

Me abrí la camisa de un tirón, saltando los botones por los aires. Elena abrió mucho los ojos poniendo cara de «pero, ¿qué hace éste?». Mario e Irene dieron un respingo al ver eso. Tiré la camisa al suelo y fui hacia Elena, arrinconándola contra la pared. Le empecé a acariciar la cara con un dedo, pasándolo por su frente, nariz, labios y barbilla, levantándole la cara para que me mirara a los ojos. Me miraba con ojitos, cosa que me ponía a mil, por lo que la cogí en brazos, quedando ella con su cabeza por encima de la mía. Elena dio un gritito al cogerla de una manera tan brusca. La senté en la cama y le dije que me desnudara, quitándome el resto de ropa que me quedaba, saltando mi polla como un resorte cuando me bajó los boxers. Una vez me quitó toda la ropa, cogí la camisa y le anudé las manos a la espalda con una de las mangas y le dije que se pusiera de rodillas, quedando de perfil frente a Irene y Mario. Le acaricié la cara mientras me seguía mirando con ojitos y entonces llevé mi polla hasta ella para que me la empezara a chupar. Empezó lamiéndome el glande suavemente, esta vez cerrando ya los ojos. Poco a poco le fui empujando la cabeza para que se la fuera metiendo más en la boca, llegando a meterse la mitad. Cambié bruscamente el ritmo, cogiéndole del pelo con fuerza, haciéndole una coleta con mis manos para dirigir su cabeza, haciendo fuerza para que se comiera mi polla entera, emitiendo sonidos de atragantarse. Una vez la tenía entera en la boca le dije que sacara la lengua por debajo, ella hizo el esfuerzo y noté como la sacaba un poco, llegando a rozarme los huevos mientras apretaba los ojos del esfuerzo.

Empecé a follarle la boca rápidamente mientras ella hacía sonidos guturales. Después le saqué la polla de la boca, dando un fuerte tirón de su pelo y tirando hacia arriba para levantarla. Le di un beso con mucha lengua, recibiéndolo ella con mucha ansia.

J: Irene, ¿Ves cómo se chupa una polla? (dije cuando aparté a Elena de mi después de nuestro beso, tirando de su pelo).

Irene asintió mirándonos con ojitos, después miró a Mario y luego a su polla. Elena y yo vimos como le miraba y Elena me miró con cara de querer hacer algo, por lo que le solté el pelo y las manos y fue hacia ella.

E: Quieres comérsela a tu chico, ¿verdad?

Irene asintió poniendo ojitos.

E: Pues no lo vas a hacer, porque además de estar castigada, lo haces mal. Eres muy puta para unas cosas y poco para otras, que no eres capaz de comérsela entera. -dijo cogiéndola del cuello- ¿La zorra que trajisteis el otro día se la pudo meter entera en la boca?

Irene negó con la cabeza, poniendo la misma mirada. Mario respiraba de manera agitada, mirando a Elena con cara de vicio.

E: Ya lo sabía yo… ¿Sabes? Yo sí que se la podría comer en condiciones, ya ves como se la como a Javi y me la meto entera en la boca, seguro que también puedo con la de Mario. Pero os equivocasteis de chica…

Irene la miraba con cara de estar flipando y Mario con cara de no poder estar más cachondo, suspirando, haciendo un movimiento con su polla sin tocarla. Elena vino hacia a mí mirándome con unos ojos brillantes, muy abiertos. La empecé a besar con mucha lengua, bajándole la cremallera del vestido poco a poco, notando como se aceleraba su respiración. Sabía lo importante que era este momento para ella, porque era la primera vez que se iba a desnuda delante de otro chico estando conmigo, por lo que no pude evitar romper el juego para preguntarle con un tono muy bajo:

J: ¿Quieres que te desnude, o paro?

Ella, sin responder, cogió mi mano y me acompañó en el gesto de bajarle la cremallera. Una vez bajada, le quité el vestido de manera muy suave.

J: Es mi putita, pero también me gusta tratarla bien (dije en voz alta para me oyera la otra pareja).

La dejé en ropa interior, con un conjunto negro de encaje de sujetador y tanga muy sexy. La puse de espaldas a ellos, abrazándome Elena por las caderas y apoyando su cara en mi pecho. Le empecé a acariciar el culo, mirando a Irene, quien echaba su cabeza hacia atrás, mirando al techo. Parecía que se le estaba haciendo duro el no poder hacer nada. Luego miré a Mario, quien no podía quitar sus ojos de Elena, mirando su culo. Empecé a amasar el culo de Elena, abriéndoselo, aunque sin dejar que se viera nada aún. Mario se incorporaba deseando que la desnudara para poder ver más. Entonces subí mis manos por sus caderas hasta llegar a su sujetador, desabrochándolo. Se lo quité poco a poco mientras ella seguía de espalda a la pareja y se lo tiré a Mario, cayendo en su hombro, quedándose ahí colgado. Elena empezaba a respirar más fuerte, levantando su cabeza para mirarme, sonriendo mientras sus ojos brillaban.

Le di la vuelta a Elena poco a poco, tapándole las tetas con la mano y el antebrazo, notando como tenía los pezones duros. Elena respiró hondo, entendiendo yo que ya estaba preparada, por lo que fui retirando mi brazo de su cuerpo para descubrirle las tetas. Evidentemente me fijé en Mario, porque Irene ya se las tenía muy vistas. Mario apretó los brazos de la silla con sus manos mientras no quitaba ojo de las tetas de Elena, humedeciéndose los labios. Después de dejarlas unos segundos a su vista, las empecé a tocar, amasándolas y pellizcándole los pezones, con gemiditos de Elena. Tras unos segundos jugando con sus tetas le di la vuelta, dándole un beso muy lento, cogiéndole la cara con mis manos para después darle un fuerte azote, dando ella un saltito y un gritito. Me gustaba esa mezcla que estaba habiendo entre dominación y dulzura con Elena. Me pidió que la dominara, pero no pude evitar tener momentos de ternura, porque sabía que este momento era muy especial para ella y creí que necesitaba ese trato para relajarse, porque la notaba un poco rígida, a pesar de que me sonreía para que viera que todo estaba bien.

Una vez estando ambos cara a cara, empecé a jugar de nuevo con su culo, abrazándome ella como antes, apoyando su cara en mi pecho de la misma manera. Después de jugar un poco con su culo, con suaves azotes y demás le empecé a bajar ligeramente el tanga. Me separé de ella, poniéndome de rodillas para quitárselo suavemente. Me eché un poco al lado mientras lo hacía porque quería ver la cara de Mario, que seguía con el mismo gesto de estar muy cachondo. Cuando el tanga iba por las rodillas de Elena mire hacia ella, dándome cuenta de algo que no sabía. Elena se había recortado el vello, dejando solo una franja de pelo en el pubis, de unos dos dedos de grosor. Me sorprendió tanto como me gustó. Miré hacia arriba, buscando rápidamente sus ojos, mirándome ella con una sonrisa muy amplia. Le sonreí y le guiñé un ojo, dándole a entender que me había encantado esa sorpresa. Llegué hasta sus tobillos, levantando ella sus pies para terminar de quitárselo, pero le cogí de los tobillos para que no lo hiciera. Me puse de pie y levanté su cuerpo cogiéndola del culo, cayendo su tanga al suelo, apartándolo yo un poco con el pie, bajando después a Elena al suelo. Me agaché a coger el tanga y se lo tiré a Irene esta vez, quien agachó la cabeza. De la misma manera que antes, le di la vuelta poco a poco a Elena, tapándole el coño con mis manos. Aquí sí que la notaba más nerviosa, poniendo ella sus manos sobre las mías. Sentía su respiración más agitada mientras ella acariciaba mis manos, hasta que las quitó poco a poco, señal de que ya estaba preparada para dar el paso. Puse mi cabeza sobre su hombro, juntando nuestras caras y empecé a quitar mis manos de su coño para destaparlo. Quería ver la reacción de ambos al vérselo. Mario se puso como un toro, resoplando y moviendo su cuerpo ligeramente hacia delante y atrás, con su mirada clavada en el coño de Elena. Irene por otra parte estaba mirándoselo con los ojos muy abiertos, empezando a los pocos segundos a mover los brazos y las piernas, como si estuviera teniendo una pataleta. Me acerqué a ellos, empujando el cuerpo de Elena que estaba delante del mío. Ambos se incorporaron al ver que nos acercábamos.

Nos puse a escasos centímetros de ellos, para que pudieran ver a Elena mejor, empezando a tocarle yo las tetas, con pellizcos en los pezones y después el coño, acariciando su raja, notando como ya lo tenía mojado. Le empecé a acariciar el clítoris, empezando ella a gemir y pasados unos segundos le metí un dedo, metiendo después otro, los cuales entraron con bastante facilidad. Sus gemidos fueron a más poco a poco llegando a ser bastante altos, poniéndome además los dedos empapados. Mario nos miraba atentamente en silencio, todo lo contrario que Irene, quien no paraba de moverse, intentando zafarse y lanzando gemidos de pena por no poder hacer nada. Elena le dio un guantazo, pellizcándole los pezones, buscando hacerle daño para que parara. Una vez Irene se serenó dentro de lo que pudo, Elena se sentó en su regazo para encorvarse y empezar a chupármela. Entonces dejé de dejarme llevar, volviendo a dominar. Le aparté las manos a Elena y le cogí de la cabeza para follarle la boca muy rápidamente, con sonidos guturales y de atragantamiento. Pasé de cogerle de la cabeza a cogerla del pelo. Después de un buen rato chupándomela así, con muchas babas, haciendo hilos de ellas, cayendo sobre el suelo, tiré de su pelo para levantarla. La cogí, poniéndola sobre mi hombro izquierdo, quedando ella colgada y fui hacia la cama, dándole un par de buenos azotes por el camino, con grititos de ella al dárselos.

La tumbé sobre la cama boca arriba y me puse sobre ella, apoyándome sobre mis brazos. Le empecé a comer la boca con mucha ansia, bajando por su cuello, pasando después a sus tetas, empezando a comérselas, succionando y mordiendo sus pezones, con gemidos y resoplidos por su parte. La miraba a los ojos, mirándome ella con ojitos, cerrándolos de vez en cuando mientras se mordía el labio. Después de unos minutos comiéndole las tetas, bajé por el resto de su cuerpo, dándole mordiscos mientras ella gemía, notando que estaba a mil. Llegué a su coño, mirándolo, viendo como estaba hinchado y brillante, después miré su pubis, viendo lo que se había hecho. Me encantó, lo tenía perfectamente arreglado. Sin tardar mucho, hundí mi cabeza en su entrepierna, empezando a comérselo directamente, sin lamérselo suavemente un poco antes ni nada para calentarla. Daba grandes lametones por todo su coño, empezando ella a gemir alto. Estuve unos minutos comiéndoselo así, hasta que pasé a su clítoris, dando también grandes lametones y succiones. Elena echaba su cabeza hacia atrás, gimiendo con más intensidad. Mientras tanto yo jugaba con sus tetas, pellizcando sus pezones. Notaba como se empezaba a retorcer, por lo que en cuanto le metí dos dedos mientras seguía lamiendo y succionando su clítoris, se empezó a correr entre gritos, empezando a temblar. Inmediatamente paré, para que no empezara a chorrear, subiendo hasta su cara para volver a besarla con mucha ansia, para que probara sus fluidos. Ella gimió al notar mis labios mientras aún seguía temblando. Abrió su boca para recibirme, besándome tímidamente, ausente aún por su orgasmo.

Me incorporé y le metí un guantazo para que despertara de su orgasmo. Ella abrió sus ojos, mirándome con ardor, por lo que la cogí en brazos, saliendo de la cama para ponernos de pie y la puse de rodillas para follarle la boca de nuevo, emitiendo ella los mismos sonidos que antes. Después de unos breves minutos, la cogí para acercarnos a Irene, apoyando Elena sus majos en los muslos de Irene mientras, poniéndose en pompa. Quería que la follara como ella me dijo, por lo que, sin dudarlo, le empecé a meter la polla directamente, notando lo caliente que tenía el coño y lo mojada que estaba. Lanzó un gemido alto al notar como entraba en ella, apretando los muslos de Irene. Empecé a follarla a buen ritmo mientras ella bajaba su cabeza, empezando a jadear. Irene me miraba con ojitos, con una expresión triste. Parecía sufrir, por lo que sonreí, ya que eso era lo que Elena buscaba. Mario, sin embargo, nos miraba con unos ojos de deseo que no se molestaba en ocultar, mirando como le embestía, sin quitar sus ojos del cuerpo de Elena. Seguí así durante unos minutos, con Elena jadeando sin parar, lanzando también gemidos. Levantó su cara para pegarla a la de Irene, chocando las caras de ambas al seguir yo con las embestidas. Elena empezó a hablar con la voz entrecortada por mi follada.

E: ¿Te gusta lo que ves, putita?

Irene asintió.

E: ¿Te gustaría que Javi te follara así?

Irene volvió a asentir y luego miró a Mario.

E: ¿Te gustaría hacer un trío con los dos?

Irene volvió a asentir de nuevo, lanzando un pequeño gemido.

E: Claro que quieres hacerlo. Y que follemos los cuatro juntos.

Irene volvió a asentir, lanzando un gemido de pena.

Aumenté el ritmo, provocando que Elena empezará a gemir más alto. De vez en cuando miraba a Mario, dirigiendo su mirada a su polla al girar su cabeza. La notaba inquieta, moviendo su mano para acercarla al cuerpo de Mario, pero sin llegar a atreverse. Frené la follada y tiré de su pelo, levantando su cuerpo para quedarnos a la misma altura.

J: Se una buena putita y hazlo.

Cogí la mano de Elena y la llevé hasta la polla de Mario, haciendo que la agarrara. Después volví a follarla como lo hacía segundos antes, cogiendo Elena la polla de Mario con fuerza, empezando a masturbarla ligeramente. Mario resoplaba, mirando a Elena con el mismo deseo que antes o incluso más. Irene la pobre miraba con envidia, casi echándose a llorar por no poder participar. Empecé a follar a Elena muy duro, moviendo la silla en la que estaba Irene de la fuerza de las embestidas mientras Elena empezaba a gritar. A sus gritos se le unían unos sonidos de palmadas por el choque de nuestros cuerpos y también mis jadeos. De lo duro que la estaba follando, Elena soltó la polla de Mario y se agarró con fuera a Irene, empezando a temblar, fallándole las piernas. Irene intentaba mover sus manos, deseaba tocarla, pero no podía.

E: ¡Ahhh! Javi… ¡Siiiii! ¡¡Me corro!!

De nuevo, paré de inmediato para que no chorreara, tirando fuertemente de su pelo, poniéndola de rodillas frente a Mario e Irene.

J: Abre la boca, putita. (dije dándole un guantazo para que abriera los ojos).

Elena los abrió, mirándome con fuego en los ojos, abriendo su boca y sacando la lengua. Me empecé a correr en su boca entre altos gemidos y jadeos, cayendo todo ahí. Una vez acabé, le metí la polla en la boca para que me la chupara y sacara toda la leche de ella. Así lo hizo ella, succionando con mucha fuerza, sacándome todo. Después la levanté, tirando de su pelo, poniendo nuestra cara muy pegada para decirle:

J: Se buena y haz lo que tienes que hacer.

Mi intención no era que se lo tragara, quería que hiciera otra cosa, pero no estaba seguro de si me entendería. Entonces me sonrió, le solté el pelo y fue hasta Irene, quitándole la mordaza y apretándole la cara con las manos, haciendo que Irene abriera su boca. Entonces Elena se puso sobre ella con una pierna a cada lado para echarle mi corrida a Irene en su boca desde la suya. Una vez lo hizo, Irene se lo tragó con un gemido, cogiendo Elena después su cara con ambas manos para darle un buen beso.

E: ¿Te gusta lo puta que es tu novia, Mario?
M: Sí, me encanta. (dijo bajito mientras expulsaba mucho aire de sus pulmones)

Después se bajó de ella y vino hasta a mí para subirse encima mía, abrazándome fuertemente con sus piernas por las caderas y pasando sus brazos por mi cuello. Yo le cogí del culo, apretándoselo y nos empezamos a besar con mucha lengua.

A los pocos segundos, dejé a Elena en el suelo, junto a la cama y fui hasta su bolso, para sacar la fusta. Me acerqué a Irene y le acaricié la cara con ella.

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