ECONOMISTA

16

Después de salir del hospital se pasó por casa para coger el equipaje. Iba al aeropuerto con destino a Menorca. Estaba nervioso como nunca, Víctor iba a ser padre y eso le asustaba más que cualquier situación que hubiera pasado en su vida.

Había reservado habitación siete días en el hotel donde se hospedaba habitualmente, el de Fermín y Marisa, aunque no sabía el tiempo que se iba a quedar en la isla. No quería perderse ni un segundo de las primeras semanas de vida de su hija y había cogido una excedencia de tres meses en el trabajo.

En cuanto llegó al hotel salió a recibirle Fermín, el hotelito estaba tranquilo y casi vacío, no tenía nada que ver con la época de verano en la que era muy difícil reservar alguna habitación.

―¡Víctor, qué sorpresa tenerte aquí! ―le dijo Fermín.

Luego estuvieron hablando, Víctor le confesó el motivo de su viaje y Fermín le estuvo enseñando fotos de su nieto, el hijo de Arancha.

―Pues ahora sí que vas a tener raíces menorquinas… enhorabuena… espero que todo te vaya muy bien… ¡¡hay que ver qué mujeriego eres, jajajaja!! ―le dijo en bromas el dueño del hotel.

“Ni te lo imaginas”, pensó Víctor, seguramente a aquel buen hombre lo último que se le podía ocurrir es que ese huésped de confianza se había estado follando a su hija varios veranos y que en su última visita, Arancha había bajado, ya muy embarazada, y totalmente cachonda a su habitación.

―¿Y se puede saber quién es la chica?, por si la conozco, si no me lo quieres decir no pasa nada…
―Estuve cenando con ella aquí la última vez que vine, una morena así con el pelo cortito…
―¿Coral, la profesora?…
―Sí, esa…
―Anda, ¡qué sorpresa!, precisamente me la encontré por el pueblo hace un mes o así y sí, es verdad, estaba embarazada, pero, ¿cómo me iba a imaginar que tú eras el padre?, jajaja, ¡qué pequeño es el mundo!
―Ni qué lo digas, ¿y qué tal está Arancha?
―Pues fenomenal, se recuperó muy bien del parto, y está encantada con el nene, ya le diré que has venido… ahora que vas a estar una buena temporada…
―Sí, no sé el tiempo que me voy a quedar en la isla, mi intención es buscarme algo para vivir, aquí estoy fenomenal en el hotel, ya lo sabes, pero me gustaría tener un apartamento o algo a partir de ahora… que voy a tener que venir más a menudo.
―Es completamente normal, aunque me da pena, voy a perder a un buen cliente como tú…
―Bueno, me seguiré pasando por el hotel, por supuesto, no creo que haya una cocinera mejor que Marisa en toda la isla… vendré a cenar o a comer muy a menudo…
―Muchas gracias, bueno anda, te voy a dejar, que querrás ir a la habitación y darte una ducha…
―Sí, por la tarde he quedado con Coral, tenemos muchas cosas de las que hablar…
―Por supuesto…

Le daba pena despedirse así de Fermín, llevaba muchos años alojándose en ese hotel y si podían hasta le guardaban la misma habitación. Se dio una ducha y se puso un pantalón vaquero y una camisa limpia. Llevaba barba de tres días y se peinó su frondoso pelo que cada vez estaba más canoso, lo que todavía le daba un aire más atractivo. Cogió su coche de alquiler y quedó con Coral en una terracita preciosa con vistas al mar. Víctor llegó primero y pidió un cóctel Margarite sunrise, no tardó en aparecer Coral, lucía una barriga tremenda, se había puesto unos pantalones sueltos negros muy hippies y una camiseta blanca de tirantes, aunque seguía llevando el pelo corto, se lo había dejado crecer un poco por atrás y la zona de las orejas para que se la formaran unos caracolillos que le daban un aire muy interesante.

Víctor se puso de pie para darle dos besos y lo primero que hizo fue acariciarle la barriga.

―¡Madre mía, Coral!, estás guapísima, te ha sentado fenomenal el embarazo…
―Gracias, Víctor, tú también estás muy bien.
―Pero, siéntate, por favor, ¿qué quieres tomar?
―Eso que estás tomando tú tiene muy buena pinta, pero si lleva…
―No, no lleva alcohol, limón, lima, naranja, piña…
―Pues fenomenal…

Estuvieron hablando un buen rato, era una situación cuanto menos extraña para los dos, iban a ser padres juntos y apenas se conocían. Solo se habían visto un par de veces.

―Te agradezco mucho que estés aquí, para mí es muy importante…
―Es lo menos que podía hacer… ¿y qué tal te encuentras?
―Muy bien, ya deseando dar a luz a María…

Entonces Coral se puso un poco más seria, tenía muchas cosas pendientes con Víctor.

―Me gustaría que en cuanto pudieras te hicieras las pruebas de paternidad…
―No te lo he pedido, no hace falta, si tú me aseguras que esa niña es mía, no voy a desconfiar de tu palabra…
―Mira, Víctor, apenas nos conocemos de nada, y sé que en un futuro te entraran dudas, así que no quiero que tengas ninguna, así estarás seguro que María es hija tuya.
―Si lo tienes tan decidido me haré la prueba, pero ya te digo que no hace falta…
―¿Y cuáles son tus planes después?
―Pues no lo sé, Coral, te voy a ser sincero, de momento me he pedido una excedencia en el hospital de tres meses, me gustaría estar aquí los primeros meses de vida de mi hija, no me quiero perder nada, y mi intención es buscarme un apartamento o algo en Menorca para poder venir varias veces al año.
―¿Custodia?
―Como quieras tú, me gustaría que la tuvieras tú, siempre y cuando me dejes ver a la niña cuando quiera, tampoco te pido más… podríamos llegar a un acuerdo económicamente hablando…
―No quiero tu dinero, Víctor, no lo necesito… no te llamé para eso…
―No, perdona, no quería decirlo así, pero me parece justo que si te vas a hacer cargo de la niña yo colabore, intentaré ayudarte todo lo que pueda, pero la mayor parte del tiempo voy a estar en Madrid. Es una situación complicada para los dos, lo mejor es que nos llevemos bien, dentro de lo que cabe, por la niña y llevarlo lo más natural posible… ahora cuando nazca me gustaría estar con vosotras el máximo tiempo posible, no me quiero perder nada, será un poco raro, pero…

Llevaban más de dos horas hablando de todo ese tipo de cosas y Coral miró el reloj.

―¿Te tienes que ir?
―Sí, había quedado con Luz y su marido para cenar algo en plan picoteo, no sé si te acuerdas de ella…
―Claro que me acuerdo, por supuesto, ella fue la que nos presentó…
―Sí, pero si quieres la llamo, cancelo la cita y seguimos hablando, tenemos muchas cosas pendientes…
―No, por favor, no cambies tus planes por mí… ya habrá tiempo de hablar…
―Si te quieres venir a la cena conmigo… tranquilo eh… que no te estoy pidiendo una cita ni nada de eso, ni es una cena de parejitas, vamos a tomar unas raciones por ahí, así en plan informal…
―Pues suena muy bien, venga me apunto.

Víctor se levantó rápido de la silla para ayudar a incorporarse a Coral. Se fueron andando unos cinco minutos hasta una pequeña placita que les quedaba muy cerca y cuando llegaron ya estaban esperándoles Luz y su marido, que se sorprendieron bastante al ver a Coral acompañada de Víctor.

―Hola, chicos, perdón por la tardanza, bueno Luz y su marido Marc ―dijo Coral haciendo las presentaciones.
―Encantado ―dijo Víctor dando dos besos a la amiga de Coral y estrechando la mano de él.

Luz era tan guapa como la recordaba, sobre 35 años, 1,70, pelirroja, melena rizada, pechos perfectos, que por cierto, ya había visto desnudos y unas piernas largas que terminaban en un culo pequeño, con unas caderas anchas, que le daban un aire más atractivo. Llevaba una camiseta de tirantes de color negro con un buen escote y una mini falda blanca, de dibujos, bastante cortita que le resaltaba las piernas, las caderas y su culo.

El marido, unos diez años mayor que ella, tendría la edad de Víctor, pero aparentaba muchos más. Era alto y grande, con aspecto bohemio, gafas de pasta y una gorra tipo boina que cubría su pelo canoso y rizado. Era escritor y periodista y trabajaba en un periódico.

―¡Vaya sorpresa! ―dijo Luz ―. No sabíamos que venías tú también.
―He llegado hoy…
―Pues ya estamos todos ―dijo secamente Marc con una voz grave y potente.

Se sentaron en una terracita los cuatro y pidieron una cena en plan tapeo. El marido de Luz era el que llevaba la voz cantante en la conversación, se las daba de intelectual y a Víctor le pareció un fanfarrón desde el primer momento que le vio. Aunque parecía que el cariño que se tenían entre ellos era mutuo, a Marc tampoco le gustaba al atractivo médico con esas pintas de “qué bueno estoy y me follo a la que me da la gana”.

No parecía que al bohemio escritor le fuera a hacer mucha gracia si se enterara que el año pasado su mujer Luz había estado medio desnuda en una calita con Víctor y Coral. Y es que Víctor recordaba perfectamente aquel día. Posiblemente fue el que dejó embarazada a Coral, por la noche follaron salvajemente en su hotel, al que llegó muy cachondo después de haber pasado todo el día en la playa con aquellas dos chicas prácticamente desnudas.

Coral era muy guapa y natural, pero no se había olvidado de Luz, con ese biquini rojo, con sus pechos duros bañados por el agua salada del mediterráneo y su preciosa melena húmeda. Aquel día ya la había tanteado, e incluso recordaba como Luz se guardó una tarjeta con su número de teléfono personal. Y ahora allí estaba cenando con ella y su marido sin poder de dejar de mirarle su escote, imaginando sus fantásticas tetas desnudas bajo la camiseta.

A Víctor se le hacía extraño estar en esa terraza acompañado por Coral, Luz y su marido. Parecía una cena de parejitas, pero apenas conocía a Coral de dos noches y ya iba a ser padre con ella, además no soportaba a Marc, con esos aires de superioridad intelectual, incluso de vez en cuando soltaba algún chascarrillo que no tenían ninguna gracia.

Luz no tenía nada que ver con la chica que había conocido en esa misma terraza nueve meses atrás, se acordaba de cuando se sentó en su mesa, parecía una chica alegre, extrovertida y decidida y ella le presentó a su amiga Coral. Al día siguiente en la playa hizo topless delante de él sin ningún pudor, incluso Víctor llegó a tontear con ella invitándola a su habitación de hotel. Ahora estaba seria, cohibida y apenas sonreía.

―Vaya, vaya, así que tú eres el famoso Víctor ―dijo Marc en un tono faltón―. No os importa que fume aquí, ¿verdad? ―siguió hablando mientras sacaba una pipa.
―Pues sí, soy el famoso Víctor y por cierto, sí me importa que fumes aquí si me va a llegar algo de humo… no quiero oler a… lo que sea eso que te vayas fumar…

Marc tuvo que volver a guardar la pipa en una especie de bolsa que llevaba, y le echó una mirada asesina al médico, como si le empezara a molestar seriamente su presencia. Coral se dio cuenta que había cierta tensión entre los dos y quiso cambiar de tema.

―Víctor se va a quedar una temporada aquí, estaba pensando en comprarse alguna vivienda en propiedad, ¿tenéis algo interesante en la inmobiliaria, Luz?

Su amiga trabajaba como decoradora de interiores, pero también colaboraba con un par de inmobiliarias que vendían y alquilaban pisos y chalets por toda la isla.

―Pues sí, algo tenemos, ¿de qué presupuesto estamos hablando? ―preguntó Luz.
―No sé, tendría que ver lo que me ofrecéis.
―Te puedo enseñar cosillas de uno y dos dormitorios que estén bien…
―Me parece estupendo, te lo agradezco mucho ―dijo Víctor―. Solo tengo alojamiento en el hotel esta semana, así que me urge bastante…
―Mañana llamo a las inmobiliarias y que me digan a ver lo que tenemos disponible, lo mismo la semana que viene ya te podría concertar varias citas para que vayas viendo cositas…
―Te lo agradezco un montón ―dijo Víctor.

Cuando terminaron de cenar Coral dijo que estaba muy cansada y Víctor se ofreció a llevarla a casa en su coche de alquiler una vez que se despidieron de la extraña pareja que formaban Luz y Marc.

―Gracias, Víctor, te lo agradezco… el martes salgo de cuentas y tengo monitores, no sé si te gustaría acompañarme…
―Por supuesto, dime a qué hora es y te paso a buscar…
―Vale, es a las 10:15, con que te pases por aquí a las 9:30 es suficiente…

Víctor se bajó del coche para ayudar a Coral a salir cuando llegaron a su casa.

―Ehhh, perdona, Coral, no sé si te gustaría quedar algún día, voy a estar aquí y si quieres podemos vernos, todavía tenemos muchas cosas pendientes de lo que hablar…
―¿Me estás pidiendo una cita?
―Ehhhh, no, no es eso, perdona, quería decir que…
―Tranquilo, jajajaja, que era broma, me parece muy bien, si quieres pásate algún día por mi casa, podemos comer o cenar, y no te agobies ni te montes historias raras en la cabeza, ya soy mayorcita y sé lo que hay, lo tengo muy claro…
―No, no me pienso cosas raras, eres una tía estupenda, Coral… solo que…
―Déjalo, Víctor, esto se te da fatal, jajajaja, me gustaba más el Víctor que conocí seguro de sí mismo, si quieres mañana quedamos para cenar en mi casa…
―Pues perfecto, hasta mañana…

En el coche iba pensando en lo que le había pasado durante la noche, la cena en parejitas, la conversación con Coral, todo parecía surrealista, nunca había tenido una relación tan rara con una mujer, no sabía cómo tratarla, no era su amiga, ni su novia, ni compañera, ni casi conocida. Solo era una tía con la que se había acostado un par de veces y a la que había dejado embarazada. Quería llevarse bien con la que iba a ser la madre de su hija, pero tampoco quería que ella pensara que tenía interés en tener una relación sentimental, tenía que medir muy bien sus palabras cuando hablara con ella.

No quería ningún malentendido en ese aspecto.

Y al llegar al hotel pensó en Luz. Aquella pelirroja ya le había dado un morbo especial el año pasado en la calita cuando se enteró que estaba casada. Y ahora además conocía a su marido, que le había parecido un completo imbécil. Recordaba cuando le dio la tarjeta con su número de teléfono y ella se la guardó en la bolsa de playa sin que se enterara Coral. Pero lo mejor es que iba a pasar tiempo con ella, o al menos tendrían un cierto contacto porque Luz le iba a ayudar a buscar una vivienda en la isla.

La aventura que iba a vivir en Menorca empezara a parecerle muy interes

17

El viernes por la mañana se levantó tranquila, durante la noche se había concienciado de que no iba a hacer nada con Lucas, era la mejor decisión que podía tomar, sin embargo, a medida que se iba acercando la hora de ir al club de pádel se fue poniendo bastante nerviosa.

La semana había sido muy pesada, con otros dos viajes de trabajo de pre-campaña electoral visitando pueblos con Basilio, aunque al menos, este había desistido en sus intentos de acercarse a ella, parecía que su jefe había captado el mensaje.

Mientras preparaba la bolsa para la clase de pádel se acordó de Lucas, ¿estaría esperándola a la salida como le había prometido? Quizás solo lo había dicho para provocarla. Fue un gran error subirse a su coche la otra vez y el chico terminó haciéndose una paja delante de ella. Varias veces al día se le venía a la cabeza la polla de su alumno escupiendo semen, mientras se corría en una impresionante lefada y eso le ponía todavía más cachonda de lo que ya iba habitualmente.

Claudia tenía clase de diez a once, llegó al club cinco minutos antes y enseguida reconoció el Renault Clio azul aparcado en la calle. Eso hizo que se pusiera muy nerviosa, pues significaba que Lucas estaba dentro del club. Al entrar vio que él estaba jugando en la pista de al lado en la que ella daba las clases.

Ya estaban calentando las otras tres mujeres que iban clase con Claudia y no tardó en aparecer la monitora, una impresionante rubia de casi 1,80 con cara aniñada, que era conocida como “la Sharapova”. Cada vez que cruzaba el pasillo del club, con el carrito de las bolas, era evidente cómo los jugadores de todas las pistas se quedaban mirando a su paso.

Incluso Claudia se quedó observándola, ya se estaba empezando a asustar, después de lo de Mariola, ahora también se sentía extrañamente atraída por esa chica de veinticuatro años. Tenía unas piernas kilométricas que lucía con faldas realmente cortas y un culo pequeño y respingón duro como una piedra.

Intentó no pensar en Lucas durante la hora de clase, esperaba que el chico se hubiera ido después de terminar su partido, pero al finalizar y mientras hacía ejercicios de estiramiento le vio merodeando por la cafetería.

―Muy buena la clase, chicas, os veo la semana que viene ―dijo María despidiéndose de ellas.

Claudia rápidamente cogió su paletero y se metió en el vestuario intentando no mirar hacia los lados. A esas horas casi no había gente en el club y en el vestuario solo estaba María, que después de dar varias horas de clases durante la tarde, se iba a pegar una ducha.

―Hola, Claudia… habéis estado muy bien hoy, me gusta la intensidad con la que entrenáis…
―Gracias, María, la verdad es que están genial los ejercicios que nos pones…
―Me alegro que te gusten ―dijo quitándose el top y mostrando a Claudia sus pequeños pechos.

Luego María se sentó en el banco sacándose la falda y rápidamente se puso una toalla cubriéndose antes de dirigirse a la zona de las duchas. Claudia se sintió un poco rara y sobre todo decepcionada al no haber visto más partes de su cuerpo. Le hubiera encantado ver el culo de María, lo que la confundió todavía un poco más. Ella no se había fijado nunca en otra mujer, al menos con una connotación sexual, y ahora se excitaba con el cuerpazo de su profesora de pádel.

También se cubrió con una toalla antes de ir a la zona de duchas y justo en el momento que llegó María se estaba metiendo en una de ellas, por lo que, ahora sí, pudo ver perfectamente su culo. Era tal y como se lo había imaginado. Blanco, pequeño y respingón.

“Joder, menudo culo tiene la niñata”, pensó Claudia.

Bajo el agua caliente se puso cachonda fantaseando con que María estaba justo a su lado, aunque no la podía ver, solo escuchaba cómo se duchaba y se imaginó a su monitora lavándose el pelo y enjabonándose su larguirucho cuerpo. Instintivamente bajó las manos para acariciarse el coño y se sintió muy a gusto bajo la reconfortante ducha de agua caliente. Pero Claudia no estaba así por esa chica, subconscientemente estaba pensando en Lucas y en su coche aparcado fuera.

Entonces una sensación extraña le atravesó el cuerpo, como si le alcanzara un rayo, una descarga eléctrica, no fue un orgasmo, pues apenas se había acariciado. Más bien fue un calor interno muy intenso.

No quería admitirlo, pero estaba cachonda. Se había puesto así desde que había visto el Clío azul nada más llegar.

Apoyó el culo en la pared y se dejó llevar un par de minutos sintiendo el agua caer en su cabeza e intentó relajarse. En ese momento le entraron todas las dudas del mundo, ya no estaba tan decidida como por la mañana. Una parte de ella intentaba resistirse a aquella tentación, “No lo hagas, Claudia, es un error grandísimo”, pero es que era pensar en estar dentro del coche de Lucas y el morbo la invadía por completo. Le costaba pensar con claridad.

Al salir de la ducha se encontró a María de pie y de espaldas a ella en medio del vestuario, solo llevaba puestas unas braguitas blancas y estaba desnuda de cintura para arriba. Aquello no iba a ayudar precisamente a calmar su excitación.

Claudia dejó la toalla, que enrollaba su cuerpo, en el banco, quedándose completamente desnuda delante de la chica. Quería mostrarle que ella también estaba muy buena, a pesar de ser quince años mayor. Fue como una especie de exhibicionismo con su monitora, que solo sonrió, un poco cortada, al ver a Claudia en ese estado.

―¿Te veo el viernes que viene? ―dijo María poniéndose un sujetador deportivo.
―Pues todavía no lo sé, depende del trabajo, en principio creo que sí.

Luego Claudia comenzó a vestirse mientras hablaba con María, se puso unas braguitas de color negro, unas mallas de atletismo Nike hasta los pies, también de color negro, camiseta blanca y una sudadera granate de la misma marca. Terminaron de vestirse casi a la vez y salieron juntas del vestuario. Apenas quedaba nadie en el club y Claudia deseó con todas sus fuerzas que Lucas se hubiera ido.

Pero en cuanto salió a la calle sus ilusiones se desvanecieron, Lucas estaba esperándola con el coche arrancado y las luces encendidas.

―Hasta luego, Claudia ―le dijo María.

Apenas le prestó atención a la despedida de su monitora, decidida echó a andar en dirección a su coche, metió el paletero en la parte de atrás y arrancó muy nerviosa. “No lo hagas, Claudia” se decía a sí misma una. Aquello no iba a ser como la anterior vez. Si iba con Lucas al callejón oscuro del polígono y se metía en su coche era toda una declaración de intenciones.

Ya no podría disimular, ni hacerse la dura. Y eso Claudia lo tenía muy claro. Si aceptaba el encuentro con su alumno era para tener sexo con él.

Miró la hora del móvil cuando arrancó el coche, se quedó unos segundos pensando con las manos en el volante, “me voy a casa”, se dijo para tranquilizarse y cuando iba a salir se le puso delante el coche azul de Lucas guiándole el camino. La primera calle era inevitable seguirle, no podía ir en otra dirección. La duda la tenía en el siguiente cruce, si giraba a la izquierda o la derecha.

Lucas puso el intermitente y giró a la izquierda, estaba claro donde iba, al callejón del polígono que no tenía salida. Claudia se paró en el cruce, el corazón bombeaba en su pecho con intensidad y se le había quedado la boca seca, hasta le costaba respirar. Estaba ansiosa, inquieta y muy excitada.

Giró el volante a la derecha unas décimas de segundo, “Joder” se dijo cuando cambió de dirección de forma brusca y torció a la izquierda siguiendo el coche de Lucas. Luego volvió a girar a la izquierda y llegaron al callejón solitario del polígono. Lucas aparcó el coche y Claudia pasó delante de él parándose unos veinte metros por delante.

Apagó el contacto y todavía se quedó unos segundos con las manos en el volante intentando evitar la tentación. Pero la suerte estaba echada, era superior a sus fuerzas, cuando estaba así de cachonda perdía completamente la fuerza de voluntad. Lucas le hizo una señal con las luces al ver que Claudia no se bajaba y entonces ella miró a los lados para comprobar que no había nadie y salió de su vehículo.

Decidida fue andando hasta el Clio azul y se metió en el asiento del copiloto.

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