ANTONIO LÓPEZ VALLEJO

Cada mañana me preparo para verla pasar. Tomo mi café parapetado tras mi ventana, esperando ese momento, anhelando verla un día más. Aparece siempre con el sueño en los ojos y la prisa en los pies de quien el día se le hace corto. La veo pasar con la frente arrugada, las manos en los bolsillos y los hombros encogidos. Apenas tarda unos segundos en perderse tras la esquina de la calle, por donde mi vista no puede ya seguirla. Entonces, el breve momento en que su persona desfila frente a mi, da paso al recuerdo de todos los momentos no vividos en su compañía: me acuerdo de los paseos sin prisa que nunca dimos, bajo las tupidas copas de los árboles de las avenidas de esta ciudad, con las manos entrelazadas y la vida por delante; me acuerdo de las botellas de vino que nunca compartimos, acercando miradas, compartiendo sueños, tendiendo puentes y estrechando distancias; me acuerdo de las noches que nunca fueron nuestras, del amor que nunca nos tuvimos y del celo que jamás nos poseyó; me acuerdo de todo eso y de muchos otros momentos que nunca han existido, y me aferro a ellos como un náufrago a su tabla, como un loco a su locura, sufriendo mi incapacidad para creer ciertos estos momentos que nunca han existido.

https://antoniolopezvallejo.wordpress.com/

2 comentarios sobre “Nientitud

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