ALMUTAMID

Los días siguientes los aproveché para estudiar a tope y hacer las últimas compras pendientes para Reyes. Hablé varias veces con Alba que iba mejorando y ya quería quedar para ver la cabalgata de Reyes con el grupo. Por mi parte el mismo día 5 de enero por la mañana volvimos a quedar los amigos para echar un partido. Todo iba bien hasta que en una jugada me llevé un balonazo tremendo que venia desde abajo en todos los huevos. El dolor intensísimo se me subió por las ingles hasta la espalda llegando a cortarme la respiración un instante con el diafragma totalmente contraído. Debí quedarme pálido por como se preocuparon mis compañeros. De hecho no pude seguir jugando pues el dolor no se me pasaba. Ya en casa al ducharme comprobé que tenía el escroto inusualmente inflamado por lo que me puse una bolsa de hielo que aliviaba en parte aunque no cortaba el dolor totalmente.

Jamás me había visto los testículos tan gordos. Con el hielo tenía las pelotas hinchadas y la churra totalmente encogida entre el frío y seguramente el susto. Aun así no quería quedarme en casa el día de la cabalgata. Íbamos a quedar el grupo de amigos para verla y después tomar algo antes de la noche de Reyes y no me lo quería perder. Pues probablemente sería la última vez que quedáramos antes de los exámenes.

Aunque me molestaba bastante pues notaba como los boxers me apretaban las pelotas salí a ver la cabalgata con todo el grupo en su recorrido por nuestro barrio. La cabalgata de la ciudad es un poco diferente a las que se estilan en otras partes de España. Menos espectacular en su estética es seguramente mas popular y participativa pues no está planteada para verse sino para que el público participe recogiendo caramelos y cantando con las bandas. Casi 30 carrozas de temática infantil aparte de la Estrella de la Ilusión, el Gran Visir, el Mago de la Fantasía, y por supuesto los Tres Reyes Magos recorren las calles de la ciudad escoltados por más de mil beduinos a caballo y a pie junto con mas de 10 bandas de música convirtiendo el cortejo en el más largo del país y en el que intervienen más personas.

Cada carroza lleva al menos una decena de niños que lanzan caramelos a los asistentes durante todo el recorrido. Miles de kilos de nazarenos que niños y mayores se agachan para recoger mientras llega la siguiente carroza con su nueva lluvia de golosinas y entre ellas las bandas que tocan melodías que todo el mundo puede cantar, aunque la más repetida es el villancico que dice: “Ya vienen los Reyes Magos…”. El momento de euforia colectiva que se repite cada año es calificado por los habitantes de la ciudad como la “noche más bonita del año”.

Os preguntaréis que por qué os cuento todo esto. Pues muy sencillo. Con el dolor de huevos que llevaba que se me seguía subiendo por el bajo vientre yo no podía agacharme a recoger caramelos cuando mis amigos andaban tirados por los suelos muertos de risa. Pablo sí sabía por qué no me agachaba pero le dije que no lo contara. No quería dar explicaciones. Pero las chicas se metían conmigo diciéndome soso y aburrido. Especialmente Alba, que ya recuperada de su enfriamiento disfrutaba como una niña cantando y cogiendo caramelos.

Todo iba más o menos bien hasta que ya pasando la carroza del rey Baltasar con su acostumbrada lluvia de caramelos Alba al levantarse entre risas tuvo el tino de acertar en el centro de la diana propinándome un señor codazo en la parte ya dolorida. Casi me caigo al suelo del dolor. Se me aflojaron las piernas y un latigazo recorrió mi cuerpo desde las ingles a los riñones sacudiéndome de tal manera que se me pusieron los ojos en blanco y de no agarrarme a Pablo que estaba a mi lado me habría caído desplomado.

Se me cortó el habla porque el diafragma me impedía respirar con normalidad contraído aún con más fuerza que durante la mañana. Pablo se asustó al ver mi palidez y Alba cuando se dio cuenta también. Mi amigo me ayudó a entrar al bar que teníamos detrás y me metí en el baño bajándome pantalones y calzoncillos. El panorama fue desolador. A la hinchazón de la mañana se le había sumado el oscurecimiento de un huevo. El escroto mostraba un hematoma seguramente provocado por el pelotazo de la mañana y agravado por el codazo de la tarde. El dolor era tan intenso que tenía la sensación de que los testículos estaban rebotando dentro de mi bajo abdomen chocando contra todo lo que había allí dentro.

En realidad estaba bastante asustado. ¿Me había roto un huevo? ¿Dejaría de funcionar? De golpe sonó la puerta.

-Luis, ¿cómo estás? Pablo me ha explicado lo que te ha pasado. Ains, como lo siento. ¿Puedo ayudarte?

La voz preocupada de Alba sonaba tras la puerta. Con la voz entrecortada respondí:

-Ya me voy mejorando.

Pero mi voz debió sonar muy mal porque Alba insistió:

-Déjame pasar y te ayudo. ¿Qué necesitas?
-En serio. Nada…-intenté quitármela de en medio- creo que no puedes ayudarme.
-Pero es que estás fatal. No hagas que me sienta peor.
-Te aseguro que no estoy visible.
-Déjame ayudarte y si hace falta te acompaño al médico.
-Noooo. Médico no. Ya se me pasará.
-Por favor, Luis. Que me siento fatal.

Suspiré dándome por vencido y subí el pestillo de la puerta. En cuanto Alba lo oyó la abrió. Yo por pudor me tapé la churra con la mano dejando a la vista mis malparados testículos mientras me apoyaba en el lavabo porque seguía con las piernas flojas. Cuando Alba vio el estado de mis pelotas se echó las manos a la boca tapándosela con cara de susto.

-¿Yo te he hecho eso?

Yo negué con la cabeza.

-Esta mañana me han dado un pelotazo. Tú me has golpeado sobre zona ya machacada.
-Ains cuanto lo siento. Tienes eso fatal. No te muevas. Voy por hielo.-se ofreció.

Se fue mientras yo mismo pensaba extrañado como era posible que le enseñara los huevos en esas condiciones a una niña que me gustaba antes que desnudarme ante un médico. Pero al momento llegó mi amiga con una pequeña bolsa de plástico con un par de cubitos de hielo. Hizo el gesto de aplicármela ella misma pero la detuve cuando ya se estaba agachando.

-No, por favor.- rogué.

Ella me dio la bolsa y yo con cuidado me la acerqué a la zona inflamada mientras con la otra mano seguía tapándome la churra.

-Ya sigo yo, en serio.-le dije buscando intimidad.
-¿Estás enfadado conmigo?
-No. No es culpa tuya.
-Como me quieres echar.
-Es que me da vergüenza estar así delante de ti.
-No seas tonto Luis. Después de lo nuestro en feria y lo de este verano ¿cómo te va a dar vergüenza?

“Lo nuestro”. Sonaba raro. Pero era verdad. Nos habíamos enrollado aunque yo ahora lo veía tan lejos. Ella insistió:

-Déjame ayudarte. Me siento culpable.
-En serio. No hace falta. Me siento más cómodo solo. No tienes que recordarme constantemente lo de este verano. Es un mal recuerdo.

Creo que esa frase sobraba. Su cara se volvió sombría un instante apartándose de mí. Pero antes de salir me dijo:

-Te esperamos fuera en el bar tomando algo. No te vamos a dejar solo como no lo hicimos este verano.

Evidentemente le habían molestado mis palabras. Luis, siempre injusto con Alba. El hielo empezaba a calmar en parte el dolor. Al menos dormía algo la zona. Cuando salí del baño me esperaban efectivamente junto a la barra. Pablo con guasa me dijo:

-Ya tienes mejor cara. Te quedaste blanco. ¿Tenemos huevos fritos?

No sé que mirada puse pero cambió el tono de broma.

-Yo mejor me voy a casa. Vaya noche de Reyes…-respondí cuando me preguntaron si quería tomar algo.
-¿Te vas solo?- me preguntó Alba.
-Acepto tu compañía – respondí con amabilidad.
Recogió su abrigo y su bolso para salir detrás de mí. Me despedí del resto deseando que los Reyes Magos les trajeran sus regalos y salí andando despacio pues si aceleraba entre los calzoncillos y el pantalón me rozaban lo suficiente para que se agudizara de nuevo el dolor.

Al salir a la calle Alba me ofreció su brazo. Tardaríamos bastante en llegar a mi casa. Por el camino podríamos hablar.

-Perdona por haber estado tan borde- me disculpé- pero duele…
-Me imagino. Eso está muy feo. Yo también quería disculparme por recordarte constantemente lo mismo.
-No es tu culpa. En realidad yo tengo un recuerdo agridulce. Y más vergüenza con vosotras que otra cosa.- me expliqué.
-No seas tonto. Para eso está la amistad. Para apoyarse en esos momentos.
-Demasiado haces siempre por mí y yo te contesto feo.
-Luis, que te entiendo. Joder. Que me he metido en un baño de tíos para verte los testículos hinchados. Soy muy metida y me tomo demasiadas confianzas.
-No dejes de hacerlo cuando tengo problemas. Siempre eres la cara amable- respondí ganándome una sonrisa y un sonrojo en su cara. El problema soy yo. Que relaciono aquello con un momento agrio para mí. Pero vosotras lo endulzasteis. Y no soy capaz de agradecerlo suficientemente.
-No digas tonterías, Luis. No hice nada que tú no hubieras hecho por mí.
-Lo que espero- continué- es que cuando tengas un hematoma en una teta me des la oportunidad de ayudarte también- añadí guiñando un ojo.
-Jajajajaja, mira que eres guasón- me dijo golpeándome el hombro haciéndome dar un paso más largo.

Hice un gesto de dolor y Alba se dio cuenta.

-Perdóname, Luis. Pobre. Qué poco cuidadosa soy.
-Más de lo que me merezco.

De golpe se hizo el silencio. Por algún motivo ninguno hablamos el resto del lento trayecto hasta mi portal. Allí me fui a despedir de ella. De golpe tuve la misma sensación que cuando nos quedamos abrazado en el columpio unos días antes. Mo boca quería besarla pero mi cabeza me frenaba. “Lo mejor para ella no eres tú” me recordaba mi conciencia. Ella me deseó buena noche, pronta recuperación y que los Reyes se portaran bien conmigo transmitiéndome su alegría. Yo torpemente le deseé lo mismo. Estaba siendo incapaz de controlarme y mis palabras salín con dificultad. Me moría por rozar sus labios.

Lo iba a hacer y creo que ella lo estaba esperando pero en ese momento aparecieron mis padres por la esquina saludando. A mi madre se le iluminó la cara al verme a solas con Alba. Me quedé muy cortado y ella más cuando mi madre la saludó muy cariñosa seguramente convencida de que entre esa niña tan guapa y yo había algo más que amistad.

La invitación de mi madre a subir y tomar alfo fue amablemente declinada por mi amiga con la excusa de que la esperaban en casa y que había que acostarse temprano porque venían los Reyes Magos. Lo que unos minutos antes iba a ser casi con seguridad un largo beso en los labios se convirtió en dos besos y un deseo de mejoría de mi amiga mientras yo le daba las gracias por acompañarme.

Le expliqué a mi madre que seguía molesto por el balonazo de la mañana. No quería asustarla con la mala pinta que tenían mis zonas bajas y mucho menos explicarle el codazo de Alba ni la escenita enseñándole los huevos en el baño de un bar. Qué de cosas me habían pasado ya en el baño de un bar.

Disimulé en casa la molestia pero me acosté llevándome una bolsa de hielo. Junto con un analgésico antiinflamatorio era mi mejor aliada. Siempre me costaba dormir la noche de Reyes. Pero era por los nervios de saber que regalos me encontraría junto a mis zapatos por la mañana. Ahora en realidad pensaba en otra cosa: ¿Qué jabría pasado si hubiera besado a Alba? Su reacción airada en el baño me había alertado. Se iba a cansar de mí. Pero yo no podía darle lo que casi le doy si mis padres no me salvan con la campana.

Y el motivo era doble. Ella sólo se merecía una relación sincera y completa, algo que yo no podía proporcionarle en ese momento. Y por otra parte yo era consciente de lo que se contaba de las fiestas Erasmus. Yo había vivido algo de eso en mi última fiesta el primer año en la universidad cuando terminamos en el piso aquel de los estudiantes europeos con aquella chica belga bailando con el torso desnudo mientras Silvia se daba un festín de churras del que yo me aparté. Me negaba a encerrarme en una concha como había hecho Claudia aunque mi intención tampoco era pasarme los cuatro meses de fiesta. Pero tampoco quería perdérmelo por un remordimiento.

Alguno pensaréis ¿realmente quería salir con Alba? ¿Era un impulso? ¿O aún seguía pensando en Claudia? Ni yo mismo lo sabía. Y precisamente por eso conseguí dormirme pensando en que mis padres me habían salvado de cometer un error seguro.

Por la mañana aunque mi dolor no se había disipado sí que estaba más limitado. Ya no sentía esa presión en los riñones y sólo me dolía el testículo ennegrecido cuando algo me tocaba. El antiinflamatorio ayudaba. De hecho, tras abrir los regalos y desayunar el rosco de Reyes me duché con cuidado comprobando el estado de mis genitales. No sé si estaba relacionado pero aquella mañana no había tenido mis habituales erecciones matutinas. Ojalá no fuera así. Aunque por el momento tampoco quería mucho movimiento por ahí abajo.

Los regalos que recibí anunciaban mi próxima marcha a Bélgica pues cayeron prendas de abrigo y un teléfono nuevo. Mi madre acostumbrada a tenerme a 250km sufría al pensar que multiplicaría esa distancia por 10 al irme a más de 2500km de distancia. Sin embargo yo ya había comprobado que la conexión con mi ciudad no era mala. Aunque no había vuelos directos a Lieja desde mi ciudad sí podía volar desde Málaga o volar a Bruselas o Düsseldorf desde mi ciudad y allí ir en tren hasta Lieja. De hecho, tras comprobar cómo se distribuían las clases comprobé que podía viajar en Semana Santa. Ventajas de estudiar en otro país católico. Así tendría un descanso justo en medio de mi estancia en la ciudad belga, en abril, dos meses después de mi llegada y dos meses antes de mi regreso.

El resto de los días hasta mi marcha los pasé enclaustrado en casa estudiando pues al final había aprovechado menos el tiempo de lo previsto entre la organización de la fiesta de fin de año y otras salidas. El sábado antes de volver a la residencia quedé con el grupo. Pensaban que ya no volvía hasta final de curso pero les expliqué que pasaría por casa antes de irme a Bélgica y esperaba verlos. Fue una velada agradable y tranquila pues todos estaban ya estudiando para los exámenes de sus respectivas carreras. Aunque la pregunta que no faltó fue la evidente tras la accidentada cabalgata y fue la propia Alba la que me preguntó:

-¿Cómo estás de lo tuyo?
-Bien, bien- gracias- respondí intentando evitar dar explicaciones.
-Es que no sabéis cómo lo tenía- explicó mi amiga sin darse cuenta.
-Que se lo viste bien, claro. Está bien que te preocupes si el niño está entero…-comentó Pablo con sorna provocando la hilaridad general.

Alba se puso tan colorada que casi parecía indignarse.

-Si yo te entiendo…-siguió Pablo- no vaya a ser que te lo den escacharrado…
-Bueno, ya está bien de bromear a costa mía. No os imagináis lo doloroso que es.- me quejé.

Pero con lo bien que se lo estaban pasando a nuestra costa no iban a parar así que está vez fue Viqui la que pinchó:

-¿Y estaba todo estropeado o algo se salvaba?

Alba estaba coloradísima así que intervine pidiendo por favor que lo dejaran ya. Curiosamente fue Nieves la que se puso de nuestra parte al decir:

-Ya está bien la broma, pero lo están pasando mal. Anda, dejadlo.

Al final nos dejaron tranquilos y Alba se fue serenando. Me dio la sensación de que empezaba a pesarle dar la imagen de que estaba colgada por mí y yo no hacía nada. Me dolía, pues hacer algo era perjudicial pero no hacerlo parecía que también a pesar de que nuestros amigos no tiraban con la intención de hacer daño sino todo lo contrario. Lo extraño es que ninguno vino a hablar directamente conmigo. Meses más tarde en una conversación con Viqui me reconoció que en realidad ellos pensaban que yo seguía colgado de Claudia y por eso animaban a Alba a dar el paso conmigo pero ella, después de lo ocurrido en Feria, se negaba y vivía esperando que yo algún día lo diera.

Pese a todo la velada fue agradable con una Nieves ya totalmente reintegrada en el grupo sin roces ni malos rollos. Nuestra conversación en Año Nuevo pese a los reproches había aclarado los sentimientos y convertido los rencores en disculpas. Ambos habíamos fracasado en nuestros intentos de tener pareja quizá porque ambos habíamos forzado situaciones Ella buscando en Alberto un tipo de relación tradicional formal que no había tenido nunca y que pese a su ahínco no la había llenado lo suficiente como para seguir. Y yo había estropeado una relación que nunca me había terminado de creer con Claudia. La había elevado a los altares y cuando la tuve no supe cuidarla.

Ambos habíamos aprendido. Nos habíamos explicado y puesto las cartas sobre la mesa. Pero también dejado claro que no podíamos estar juntos. Dudo que pasara por su mente. Y desde luego no pasaba por la mía. Ella lo había dicho muy bien. Follábamos bien y lo pasábamos bien pero nos faltaba la confianza para tener una relación madura. Pero al igual que con Viqui yo había retomado después de una época de incomodidades una estupenda relación de amistad, parecía que Nieves podía ser una más del grupo, y ella estaba poniendo de su parte, pese a que Alba me reconocía que temía que volviera a las andadas y se enrollara con tíos dejándola a ella de lado.

Con esa aparente unidad pese a las suspicacias me fui de vuelta a la residencia con temor de no superar los exámenes en un extraño calendario que me apretaba mucho las primeras semanas para dejarme después dos semanas de espera hasta el último examen. Aunque había estudiado bastante los últimos días no las tenía todas conmigo de salir limpio y victorioso en la empresa para poder hacer el traslado de expediente y terminar las dos carreras en los dos años siguientes ya en mi ciudad.

Aun sabiendo que sería la última vez me pesaba volver. Las semanas antes de Navidad habían sido complicadas por la historia con Ana aunque el ambiente con mis compañeros de residencia había mejorado bastante. De hecho, si no es por el lío con Ana el último mes habría sido hasta plácido. Era precisamente el tipo de historias que tenía que evitar. Esa historia la daba por acabada y tras nuestra despedida dudo que la chica volviera a la carga.

Entré en la residencia el domingo poco antes de la hora de cenar con una sensación extraña. No quería estar allí y a la vez sentía cierta nostalgia sabedor de que estaba en mis últimas semanas allí. Aunque no me sentía allí tan arropado como en casa con mis amigos tampoco había sido terrible mi paso por allí. En realidad allí había ido forjando mi personalidad. El pardillo que había llegado allí ya no existía. No sé si ahora yo era mejor persona, pero desde luego era diferente. Allí había tenido lo mejor hasta entonces de mi vida y lo peor. Y ambas cosas estaban relacionadas. Pero sobre todo me daba cuenta de algo de lo que no había sido consciente hasta poco tiempo antes: no había sido capaz de forjar una mistad en todo aquel tiempo como las que tenía en mi ciudad. Siempre había habido interés.

Nunca quise ser amigo de Claudia. Siempre estuve pegado a ella porque estaba enamorado de ella. Y cuando todo saltó por los aires tuvo que saltar la amistad también, evidentemente porque ella me evitaba, pero también porque yo no entendía con ella otra forma de relacionarme que no hubiese sido en pareja.

Nunca fui amigo de Óscar ni de Marcos. Compartíamos habitación pero nada más. El tiempo en que ambos dormíamos el fin de semana en el mismo piso Marcos y yo no fuimos capaces ni de ponernos de acuerdo para cuando ir o venir. Simplemente coincidíamos.

Víctor era como todos los ingenieros reservado. Sólo te contaba aquello que ék veía necesario contarte para sus objetivos. Compartimos mucho juntos porque nuestras novias eran amigas. Él salía con Lourdes y yo iba detrás de Claudia. En cuanto Claudia se fue vivimos al margen el uno del otro pese a cenar juntos casi todos los días. Su ruptura con Lourdes lo trajo de vuelta pero sospechaba que si estaba saliendo con Miriam haría su vida con ella quedando yo de lado de nuevo. Incluso sabiendo que yo estaba roto por Claudia nunca me informó de lo que sabía más pendiente de su novia que de mí.

Ángela era otro pilar de mi estancia en la residencia. Pero su actitud tan amistosa y cercana en un principio y tan errática después me hacía sospechar de ella. Aunque parecíamos haber hecho las paces el hecho de que su reacción a la circunstancia de sentirse atraída por mí fuese pasarse al bando de Marta no me inspiraba demasiada confianza. Incluso yo temía su reacción ante la relación de Miriam con Víctor. No la veía muy equilibrada y sus inseguridades la llevaban a cometer en ocasiones actos de celos y ataques injustificados.

En realidad de quien más seguro me sentía era de Sol. Superada la fase en que la evité creyendo que la chica estaba por mis huesos descubrí en ella una persona mucho más madura que la niña caprichosa que me habían hecho creer que estaba pillada y dispuesta a lo que fuera por el compañero dos años mayor. Las apariencias engañan y sobre todo los prejuicios. Era en realidad el mejor descubrimiento y la persona que quizá echara más de menos cuando llegara el momento de la despedida. En ella sí veía a esa amiga.

Aun así el reencuentro con Víctor en las duchas fue cálido con un abrazo y los buenos deseos en persona que ya nos habíamos dedicado por mensaje. Lo mismo ocurrió con el resto de las compañeras en la cena, entre besos y abrazos. Y es que de todas las personas a las que había felicitado la Navidad y el Año Nuevo por mensajes aquellas fiestas, sólo dos no habían contestado: Marcos seguramente por despiste y Claudia que ni siquiera lo leyó.

Yo sí había contestado a todas las personas que me habían felicitado y eso incluía a Mónica, Mamen e incluso Ana.

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s