KERANOS

-¿Qué pasa?
-Nada…
-¿Estás llorando?
-No…
-Va, ¿qué pasa?
-Nada, Javi. Que soy muy feliz contigo.
-Joder, Elena…
-Ay… Déjame, que estoy sensible…
-Jajajaja, ayyyyy…

La cogí para subirla encima de mí para mirarnos.

-Elena, yo también soy muy feliz contigo.

Nos empezamos a besar de nuevo durante unos minutos, vistiéndonos después. Seguimos trabajando durante el resto de la tarde, cenando después en mi casa y llevándola después a su casa. Por el camino me acordé de lo que me dijeron Mario e Irene acerca de nosotros, por lo que saqué el tema.

-El sábado hablé con Mario e Irene.
-¿De qué?
-Bueno, Mario me habló en el pub mientras vosotras bailabais. Me dijo que estaban muy contentos con nosotros, que no habían tenido tanta confianza con otros como con nosotros.
-Ah, qué bien.
-Y luego con Irene, cuando te quedaste dormida. Me dijo lo mismo, que nos consideran como de la familia.
-Sí, a mí también me lo ha dicho.
-¿Sí?
-Sí, hablo bastante con ella. Me dijo eso ayer por la tarde, estaba encantada con todo lo que hice por ella.
-Y tú, ¿qué sientes por ellos?
-Pues les estoy cogiendo mucho cariño. Me cuesta más con Mario, ya sabes, pero los considero muy buenos amigos y creo que estamos compartiendo cosas muy íntimas, lo que hace que el lazo sea más grande.
-Ya veo.
-¿Y tú?
-Pues pienso igual. Creo que han sido muy respetuosos y nos han dado mucha confianza.

Elena me dio la razón y nos quedamos callados el resto del camino hasta que estaba aparcando frente a su casa.

-Javi, no te voy a engañar. Me da un poco de miedo.
-¿El qué?
-Me gusta mucho pasar tiempo con Irene y Mario, pero me da miedo por otra parte.
-¿Por qué?
-Me da miedo llegar a hacer algo por el calentón del momento y arrepentirme de eso.
-¿Lo dices por lo de dejar que Irene y yo nos tocáramos?
-No, no es por eso. Estaba nerviosa cuando pasó, la verdad. Fue un poco raro para mí, pero no me disgustó del todo y os veía con ganas.
-Elena yo…
-Javi, no pasa nada. Es normal. En el momento en el que estábamos, con el calentón, el morbo y demás, pues es normal que os mirarais así.
-¿Tanto se notaba?
-Os comíais con los ojos.
-¿Lo hiciste por eso, o porque salió de ti?
-Bueno, mitad y mitad.
-Elena, ya te dije que yo no haría nada que tú no quisieras.
-Ya, pero os veo a los tres tan iguales en ese aspecto, que me dan ganas de ser como vosotros.
-Bueno, a mí me gusta cómo eres, no tienes que hacer esas cosas por mí si a ti no te terminan de gustar o hacen que te sientas incómoda.
-Ya, lo sé. Pero me apetece hacerlo por ti, quiero verte disfrutar.
-No sé Elena, yo ya te he dicho lo que pienso. Todo lo que pase depende de ti.
-Creo que lo tengo bajo control, no creo que pase nada de lo que podamos arrepentirnos, pero tampoco es que esté completamente segura, porque cada vez me animo a hacer más cosas y tal.
-Bueno, tranquila. No creo que haya problema con Irene y Mario, saben lo que hay y no me imagino que pasen el límite.
-Hay otra cosa que me da un poco de miedo.
-¿El qué?
-Pues que alguno llegue a sentir algo más.
-¿Por qué lo dices?
-No sé, no he visto nada raro, pero es un miedo que tengo.
-¿Crees que deberíamos hablar esto con ellos?
-No creo, yo lo dejaría estar. No hemos tenido ningún motivo para pensar esas cosas por su parte. Seré yo, que le doy muchas vueltas.
-Elena, si en algún momento estás incómoda o lo que sea, quiero que me lo digas, sea en el momento que sea.
-Sí, Javi. Tranquilo.
-Y tampoco quiero que le des vueltas a lo que ha pasado esta tarde. No merece la pena.
-Ya, ya. Me has convencido después, jeje.

Nos dimos un beso muy lento, bajándose después ella del coche para entrar a su casa. De vuelta a casa pensé en lo que me dijo minutos antes. Me preocupó un poco por sus miedos. Se dio cuenta de la tensión que había entre Irene y yo, haciendo en parte que nos tocáramos. Y luego lo de que alguien sintiera algo más. Por como estaban las cosas, pensé que se refería a Irene, ya que se acercaba mucho a Elena, no vi nada más aparte de eso. Irene y Mario nos dejaron bastante claro que ellos se querían el uno al otro y que lo que hacían con las demás personas era sólo para pasárselo bien. Al rato de llegar a casa me acosté. Me costó un poco dormirme por darle vueltas a eso, pero el olor de Elena que aún estaba en las sábanas y en la almohada hizo que me relajara, cerrando los ojos, pareciendo que estaba allí conmigo, por lo que me acabé durmiendo al rato. Los dos siguientes días transcurrieron con bastante normalidad, hablando con Elena por mensaje sin nada reseñable, hasta que el jueves por la mañana me desperté con mensajes de Noelia.

-Hola Javi, ¿qué tal?

No entendía la normalidad con la que me hablaba con todo lo que pasaba y más con lo de nuestro último encuentro, pero le respondí.

-Bien, ¿por?
-¿Todo bien con mi hermana?
-Sí, claro (respondí extrañado).
-Es que lleva un par de días rara. Está muy callada y tal.
-Pues no sé, nosotros estamos bien. No la veo desde el lunes, pero he estado hablando con ella y todo normal.
-Bueno, yo sólo te digo lo que veo.
-¿Y por qué lo haces? ¿No querías que te dejara tranquila?
-Joder, no se te puede decir nada, todo te parece mal.
-No es eso, sólo que me parece raro que me hables así tan de buenas y avisándome. ¿Por qué lo haces?

No me respondió. Parecía que se había enfadado, pero eso era lo último que me importaba en ese momento. Me quedé pensativo por lo que me dijo de Elena. ¿Qué pasaba? Pensé que era por lo de Irene y Mario. Un poco más tarde la llamé por teléfono para intentar descubrir qué pasaba.

-¿Cómo está mi niña?
-Genial. ¿Y mi chico?
-Bien, a ver si trabajo un poco. ¿Quieres que vaya a por ti sobre las 8 y nos tomamos algo con éstos?
-Mmm… No, esta noche voy a cenar con mi abuela, que me ha preguntado y le he dicho que sí.
-¿Todo bien?
-Sí, sí. Claro. Pero es que me apetece estar con ella y no le quiero hacer el feo.
-Vale, sin problema. Otro día será.

Seguimos hablando un poco más sin nada destacable, con un tono normal por su parte. Una vez acabamos de hablar analicé la conversación. Por su tono no noté nada, sólo el rechazo a lo de salir por la noche un rato, que tampoco me pareció algo muy destacable. Pensaba que podría ser eso, pero tampoco es que tuviera ningún hilo del que tirar, así que me puse a trabajar, pensando en seguir hablando con ella más tarde para ver si podía ver algo o para ver si le apetecía quedar al siguiente día. Sobre las 11 ese mismo día le volví a hablar.

-Hola mi vida, ¿quieres que mañana cenemos por ahí?
-No creo que pueda. Mi madre ha dicho de cenar las 4 juntas y ya he dicho que sí.
-Elena, ¿pasa algo? (dije ya sin saber qué decir para intentar saber qué le pasaba).
-Nada, Javi. ¿Qué va a pasar?
-No sé, me apetece verte.
-Ya, cariño. Pero es que ha surgido esto así. El sábado nos vemos.
-¿Algún plan?
-Sí, vamos con Irene y Mario al pub del otro día a echar el rato, que me apetece bailar y el otro día lo pasamos bien.
-¿Ha sido idea de Irene?
-Sí. Me ha dicho que se lo pasó muy bien y que quería repetir y me ha parecido bien.
-Ah, genial.
-Nos vemos entonces el sábado, ¿vale?
-Claro, voy a por ti.

Me quedé un poco descolocado por la conversación. Me daba la impresión de que me evitaba y además hizo un plan con Irene, dando por sentado que me parecería bien, cuando me hubiera gustado más estar a solas con ella y más con esto de que estaba rara, para intentar solucionar el problema, si es que había alguno. El sábado a las 8 de la tarde fui a por ella, aparcando en su puerta.

-Elena, estoy en la puerta.
-Pero si era más tarde.
-Creía que cenaríamos fuera.
-Bueno, no he cenado aún, si quieres podemos ir a algún sitio. Venga pasa mientras me arreglo.

Entré a su casa, recibiéndome ella con un pico. Me hizo pasar al salón, donde estaba Noelia. Elena dijo que iba a ducharse y a arreglarse, yéndose del salón. Noelia sin decir nada ni dirigirme la palabra, se levantó y se fue a su habitación, dejándome sólo. Fue una situación rara, porque de pronto me sentí como alguien ajeno, como si sobrara allí. No me preocupaba el comportamiento de Noelia, pero si el de Elena, quien después de días sin vernos me recibió con un pico, notándolo un poco frío. Me quedé un rato bastante largo sólo hasta que por fin apareció.

Estaba muy guapa, yendo con una camisa de seda negra de tirantes, unos shorts vaqueros muy ajustados, unas medias negras y los botines que tanto me gustaba. En la mano llevaba un abrigo y un bolso, pero lo más llamativo era su maquillaje, siendo más cargado que las demás veces, con una sombra de ojos bastante llamativa, colorete en sus mejillas y unos labios de un rojo muy intenso. Casi ni la reconocía, aunque la vi bastante guapa.

-Pero bueno, ¿y eso?
-Me apetecía, jajaja.
-Estás muy guapa.
-Gracias. ¿Vamos?
-Venga.

Fuimos a un restaurante cerca del pub para cenar, hablando, aunque sí que la notaba más callada. Cuando acabamos fuimos a dar un paseo hasta que nos avisaron Mario e Irene para ir al pub. Una vez no encontramos nos saludamos y entramos, pidiéndonos algo para beber mientras las chicas bailaban. Mario debió notarme algo, porque me preguntó.

-¿Qué te pasa tío? Te noto serio.
-Nada. Noto a Elena un poco rara y no sé qué es.
-¿Le has preguntado?
-Sí, pero me ha dicho que no pasa nada.
-Buah, la típica.
-Ya. Tampoco quiero ser pesado, hemos venido a pasarlo bien.
-Bueno, relájate.

Mario se levantó, yendo con las chicas para bailar con ellas mientras yo me quedé en la barra. Irene vino a los pocos minutos para preguntarme.

-¿Qué te pasa?
-Nada, veo a Elena un poco rara.
-¿Y eso?
-No lo sé. Le he intentado preguntar, pero no me ha dicho nada.
-Creo que sé lo que le pasa…
-¿Sí?
-Verás…

En ese momento apareció Ángela, saludándonos con dos besos y poniéndose a hablar con nosotros. No me sentía muy cómodo con ella, pero inmediatamente se disculpó conmigo por lo del lunes, diciéndome que no tenía la intención de ofendernos ni nada. Entonces noté un tirón de la mano, era Elena, llevándome hasta la pista para cogerme del cuello, empezando a bailar. Miré había donde estaban Irene y Ángela, viendo como Ángela se encogía de hombros un poco, medio desconcertada por eso y a Irene, aguantando la risa. Elena cogió mi cara para que la mirara a ella, para luego darme un beso. Después me dijo que bailara con ella, cogiéndola yo de las caderas para seguirla. Después de estar bailando con Elena durante un rato, vi como Mario iba con Irene y Ángela. Elena también se percató, cogiéndome de nuevo de la mano, tirando de ella para llevarme a los baños. Nos metimos en uno, echando ella el pestillo.

-Elena, ¿qué te pasa?
-Nada, que quiero echar un polvo con mi novio (dijo mientras me empezaba a desabrochar la camisa).
-Para.
-¿Por qué? ¿Qué pasa?
-No sé, dímelo tú.
-No sé a qué te refieres.
-Elena, llevas unos días rara. Noto como que me has evitado y ahora estás así…
-Javi, no te pongas así, no pasa nada.
-Sí no me pongo de ninguna manera, pero te noto rara y no sé qué pasa, mi vida.
-Ay, Javi. Que no es nada (dijo empezado a besarme).
-Elena, no estoy de humor.
-Bueno, no pasa nada. Vamos con Irene y Mario.

Salimos de los baños, viendo como Ángela seguía hablando con Irene y con Mario. Mario se acercó diciéndonos que se iban a casa con Ángela, que había surgido la ocasión y que les había caído bien. Se fueron de inmediato, dejándonos a Elena y a mí allí. Nos sentamos, quedándonos en silencio hasta que Elena dijo de ir a casa. Cogimos los abriros y nos fuimos de allí. Le dije de ir a mi casa, pero me dijo que no, que quería dormir en la suya. Nos montamos en el coche y fuimos hasta su casa, sin hablar nada durante el camino. Aparqué en su puerta, para preguntarle:

-Elena, ¿de verdad que no pasa nada?
-Ay, Javi…
-¿Es por Ángela?
-Ajá (dijo asintiendo mientras se le empezaban a caer lágrimas).
-Creía que habíamos aclarado eso…
-Sí, pero me puse a darle vueltas después y bueno…
-¿Por eso te has pintado tanto?
-Sí…
-¿Pero cuál es el problema?
-No sé. Creo que no me veo tan guapa como tú me dices y quería parecerme a ella.
-Ya lo hemos hablado Elena, para mi eres la más guapa. No hay necesidad de esto.
-Ya, si lo sé. Pero es que la veía tan decidida y tan echada para delante que no sé. Me dio un poco de envidia.
-No sé qué decirte Elena, yo ya te he dicho todo lo que siento por ti y no te quiero ver así.
-No te preocupes. Ya se me pasará. Supongo que me he puesto un poco celosa o algo.
-¿Te molesta que Irene y Mario se la hayan llevado a casa?
-Un poco.
-¿Quieres que me quede a dormir?
-Por favor…
-Claro, mi vida.

Entramos a su casa, encontrándonos a Noelia y María.

N: Elena, ¿qué te pasa?
E: Nada.
N: Pero si estás llorando…
E: Es que me ha bajado la regla y me duele mucho.
N: ¿Y qué haces tan pintada? Nunca te he visto así…
E: Me apetecía.
M: Te queda bien.
N: ¿De verdad que estás bien?
E: Que sí.
J: ¿Vosotras no salís?
M: Nos hemos echado una cerveza, pero ya nos hemos venido (dijo sonriendo).

Por el tono con el que habló María me dio la impresión de que pasaba algo que le gustaba. Mientras ellas seguían hablando me puse a pensar en qué podría ser, entonces até cabos y entendí que tal vez había habido un acercamiento entre María y Noelia, por eso me dijo Noelia que la dejara en paz. Después de hablar durante un raro, fuimos a la habitación de Elena y ella se fue a quitarse el maquillaje. Una vez lo hizo, volvió a la habitación, quitándose la ropa y poniéndose un pijama. Ambos nos tumbamos en la cama y nos tapamos. Notaba a Elena muy tristona, por lo que le empecé a acariciar por todo el cuerpo y darle besitos mientras la consolaba, logrando animarla un poco. Cayó dormida enseguida sobre mi pecho. Yo me sentía mal porque no sabía qué hacer para hacerla sentir mejor. Yo tenía claro que para mí ella lo principal, pero de alguna manera ella empezó a mostrar inseguridades sobre ella misma que no entendía, porque Elena no tenía nada que envidiar a Ángela físicamente y no es que la viera así porque estuviera enamorado de ella. Ya la veía así antes de que empezáramos a salir y tanto Mario como Irene la veían muy atractiva también. Mientras pensaba todo eso oí como María se despedía de Noelia y salió de allí, porque oí como se cerraba la puerta de la calle. Empecé a pensar en si estaba pasando lo que pensé mientras estábamos en el salón hablando con ellas. Los indicios señalaban eso, pero no estaba totalmente seguro. Pensé en hablar con María para ver si era así, porque con Noelia siempre había malos roces. Entonces, a los pocos minutos oí de nuevo la puerta de la calle, con susurros, ya que la puerta de la habitación de Elena no estaba completamente cerrada.

-Shhh, no hagas ruido, que no estoy sola en casa.
-Joder…
-No podemos hacer mucho ruido, a ver si se van a enterar…

No logré reconocer la voz de la otra persona, pero si noté que era la de un chico. Oía algún ruido de vez en cuando, hasta que después de unos minutos oí a Noelia gemir. Fue muy corto y no muy alto, imaginé que se estaba reprimiendo. A los pocos minutos oí como salían de su habitación, para después oír como se cerraba la puerta de calle. Notaba como alguien se acercaba a nuestra habitación, por lo que cerré los ojos para hacerme el dormido.

-Mierda (reconocí la voz de Noelia).

Inmediatamente oí como se alejaba, cerrando la puerta de su habitación. Imaginé que su reacción fue esa al ver que la puerta no estaba cerrada. También pensé en que otra vez venía a asomarse para ver si veía algo. Estaba bastante confundido con su comportamiento, pero tampoco es que fuera a indagar preguntándole directamente, porque ya sabía lo que había con ella. Miré a Elena, viendo lo preciosa que estaba mientras dormía profundamente, pensando en cómo animarla y se me ocurrió algo que pensé que le gustaría. Entre que nos fuimos a dormir temprano y la luz que entraba por la ventana, me desperté temprano, con Elena encima de mí. Le empecé a acariciar la cara, dándole algunos besos. Se empezó a despertar desperezándose.

-Mmm… Javiiiii…
-¿Estás mejor?
-Sí.
-Bien, porque nos tenemos que ir.
-¿A dónde? Es muy temprano…
-Vaya, luego soy yo el dormilón… jajajaja.
-¿Qué plan tienes?
-Quería que lo vieras cuando llegáramos, pero necesito que te lleves un bikini.
-¿Vamos a la playa? (dijo levantando rápidamente la cabeza).
-Sí. Pensé que te animaría.
-Me encanta la playa.
-Pues venga, arriba, que tenemos que ir a mi casa a por mí bañador.

Se levantó rápidamente, levantando más la persiana, empezando a sacar bikinis para que los viera. Acabamos eligiendo uno que tenía la parte de arriba de azul celeste, mientras que la de abajo era negra. Se vistió con ropa normal, con el bikini debajo y echó algunas cosas en un bolso y después de desayunar nos fuimos a mi casa a por mí bañador. Cuando llegamos a la playa, extendidos las toallas y pusimos la sombrilla que cogí de mi casa. Elena sacó el bote de crema, embadurnándome con ella, echándose luego ella, pidiéndome que le echara por la espalda. Nos pusimos a tomar el sol, ya que a pesar de que estuviéramos aún en abril, hacía buen día y el sol pegaba un poco. La noté más animada, diciéndome de ir a bañarnos juntos. Me levanté y la cogí en brazos entre risas, aprovechando que no había mucha gente para meternos en el agua. Nadamos un poco, metiéndonos mar adentro, donde había más profundidad y se acercó a mí para agarrarme por la espalda. Al poco se fue moviendo hasta estar igual, pero ahora abrazándome de frente, dándome besitos. Me miraba con mucha ternura, cambiando poco a poco a cara de estar cachonda. Me empezó a besar lentamente, para luego hacerlo con mucha lengua, frotándose con mi paquete, provocando que se me pusiera dura.

-¿Quieres jugar?
-Quiero que me la metas aquí mismo.
-Uff…

Empezó a meter su mano por mi bañador, cogiéndome la polla para empezar a masturbarme ligeramente.

-¿En serio quieres que te folle aquí? Nos pueden ver…
-Me da igual, no hay tanta gente y te quiero sentir dentro de mí.

Mientras ella me cogía con sus brazos por el cuello, yo me bajé un poco el bañador para liberar mi polla ya bastante dura. Empecé a acariciar el coño de Elena por encima del bikini con mi polla, pero ella bajó una de sus manos hasta su bikini para moverlo a un lado y dirigir mi polla para meterla un poco, acompañando el gesto de un gemido. Volvió a abrazarme pasando sus brazos por mi cuello, mientras yo pasaba mis brazos por debajo de sus piernas para agarrarla por el culo. Se la empecé a meter suavemente mientras ella se mordía el labio y me miraba a los ojos.

-Qué rico, mi amor…
-¿Te gusta así?
-Sí, despacito.

Seguí durante unos minutos con un ritmo muy suave, tanto que no se podría notar apenas el movimiento si alguien nos miraba. Ella me miraba y besaba. Entonces empecé a aumentar el ritmo mientras ella gemía un poco más alto. No nos importaba porque no teníamos a nadie cerca. Seguí la follada con buen ritmo durante unos minutos hasta que los gemidos de Elena eran más intensos, lo que me puso muy cachondo y la empecé a mover con más fuerza y rapidez, aumentando ella aún más sus gemidos, tanto que se pegó a mi hombro para ahogarlos. A los pocos segundos noté como empezaba a temblar mientras gemía lanzando varios «ay» de forma bajita, intentando reprimirse para que no nos oyera nadie.

-No pares, sigue así (dijo con la voz entrecortada por su orgasmo).

Sin decir nada seguí conforme estaba, aunque estaba a punto de correrme por el tiempo que llevábamos, la excitación que tenía, el ritmo y como me estrujaba la polla con su coño por su orgasmo. En cuestión de segundos le empezaron a dar espasmos, mordiéndome el hombro para ahogar sus gemidos como hizo aquella vez en mi casa. Aun así, lanzaba gemidos, aunque bajos, pudiéndolos oír solo yo. Entonces me empecé a correr yo dentro de su coño, apretando los dientes para no hacer ruido mientras respiraba fuertemente. Me quedé dentro de ella durante unos minutos, notando como le daban espasmos. Conforme se recuperaba, me paró de morder, abrazándose a mí con mucha fuerza con sus brazos. Se me empezó a bajar la erección, notando el contraste de temperatura entre el coño de Elena y el agua al sacarla. Me puse bien el bañador mientras ella aún me abrazaba con fuerza. Poco a poco se fue relajando, aflojando su abrazo para mirarme a los ojos y besarme. Me miraba con una sonrisa muy bonita, volviendo a abrazarme.

-Gracias.
-¿Por qué?
-Por todo.
-No podía dejar que mi niña estuviera triste sin hacer nada.
-Jo… (dijo mirándome a los ojos de nuevo para volver a besarme).

Al poco salimos para volver a tumbarnos en las toallas. Elena se puso un pañuelo rojo como si fuera una cinta, desde su nuca hasta la parte superior de su cabeza, para que el pelo no le diera en la cara, estaba preciosa. Estuvimos hablando un rato, hasta que Irene llamó a Elena, poniendo ella el móvil en manos libres.

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