ALMUTAMID

El día siguiente sorteé el nubarrón gracias al partido con los amigos. Al final iba a estudiar menos de lo previsto pero me estaba viniendo bien compartir con ellos buenos ratos como la tarde anterior con las chicas.

Porque al día siguiente tocaba intendencia y yo era de los elegidos para comprar bebida y subirla a la casa. Aprovechamos para hacer acopio de leña dentro de la caseta y retirar los muebles viejos que había para hacer más hueco. Habría pocos asientos. Mientras probábamos la chimenea para ver si el tiro iba bien y no íbamos a morir asfixiados o ahumados en plena fiesta las chicas estaban adornando el salón con espumillón. Alguien había conseguido un equipo de música con micrófono de karaoke y una bolla de luz que colgamos de la lámpara ya existente tendiendo el cable por el techo.

Por supuesto todo ello entre cervezas y mucha risa. Lo estábamos pasando bien sólo preparando el lugar por lo que la fiesta en sí prometía. Nos íbamos a juntar unas 20 personas pero no todos nos quedábamos a dormir. Al final sólo las dos parejas de Pablo y Leyre, y Viqui y Mikel. Ellos dormirían en la casa. El resto habíamos decidido que tiraríamos los sacos frente a la chimenea de la caseta y dormiríamos allí, Alba y yo, pero quizá se diera una situación incómoda cuando supimos que también dormiríamos allí con Nieves y mis dos mismos amigos con quien habíamos pasado la noche de aquella barbacoa en la que había conocido a las dos chicas, la descarada Nieves y la discreta Alba. Qué de vueltas había dado todo en año y medio.

Pero con suerte a lo mejor Nieves bajaba con alguien de vuelta a la ciudad o le jodía la entrada de año a Pablo impidiendo que pudiera dormir con su novia. No me preocupaba. Habíamos coincido ya un par de veces y apenas habíamos cruzado palabra excepto las que requieren las buenas formas.

Aprovechando que teníamos la chimenea encendida y el equipo de música acabamos montándonos una prefiesta en la caseta entre cervezas y algo de picoteo las 10 personas que estábamos allí montando. Incluso cogimos un rato la guitarra del padre de Leyre y toqué acompañando los villancicos que cantábamos a coro. No saldría nada mal. Había muy buen ambiente. Un anticipo de qué diferente iba a ser este fin de año.

Ya sólo faltaba una parte de la logística que era la de como íbamos a llegar todos a la fiesta. Yo tuve suerte. Mikel nos subía a los cuatro, aunque no contaba con el quinto pasajero, que casualmente fue Nieves pues Pablo y Leyre subían por otro lado. Pablo tenía que pasar por casa de Leyre a saludar a la familia y se entretendrían. Nieves llevaba las llaves para abrirnos. Y la teníamos que llevar nosotros.

Pero antes de todo eso quedaba pasar el día 31. Y como era costumbre entre nosotros los que solíamos jugar las pachangas no desaprovechamos el último y soleado día del año para echar un partido y tomar una cerveza después al mediodía, pues no íbamos todos a las mismas fiestas. Fue un rato agradable de camaradería y buenos deseos. Lo que me dio que pensar en mis deseos para el nuevo año que se avecinaba en pocas horas. Yo tenía un plan que tendría que ejecutarse en los próximos meses. Los primeros pasos estaban claros, aquellos de índole académica. Aprobar los exámenes en enero e irme a Lieja sin cargas. Los de ámbito personal eran más complejos: salir indemne de la residencia, no tener complicaciones como la de Ana, saber despedirme de mis amigos de allí y llegar a la ciudad sin mochilas. Gran parte dependía de mí, pero había una serie de cuestiones que se escapaban a mis acciones y mi voluntad que eran el punto flaco de mi plan, y por ahí se encaminaban mis deseos para el año nuevo.

Tras una ducha, almuerzo con mis padres y una buena siesta de las de pijama y cama por la tarde me levanté con ganas de pasármelo bien. Me vestí con mi traje oscuro y una camisa blanca de gemelos que me prestó mi padre. Me fui a poner una corbata de las pocas que tenía pero mi madre me dijo que no era de fiesta y me ofreció unas cuantas de mi padre, pero algunas eran bastante anticuadas. La más actual era una dorada con una especia de malla negra que la cubría. Muy apropiada para un 31 de diciembre. Sólo me faltaba espumillón en la cabeza. Pero es la que escogí por la facilidad para hacer el nudo.

Tocaba cenar en casa de mis abuelos, pero como viven en el mismo barrio que nosotros íbamos andando y me pillaba a mano para poder quedar con mis amigos para ir a la fiesta después. Así que a las 9 y media de la noche íbamos mis padres y yo cargados con bandejas de comida y botellas de vino a casa de mis abuelos.

Era costumbre, para que no tuvieran que complicarse demasiado la vida que mis tios y nosotros llegáramos a casa de mis abuelos con antelación para poner la mesa, cortar jamón y chacinas organizar todas las bebidas y comidas que íbamos a disfrutar. No era la fiesta perfecta, pues como ya conté no tenía primos de mi dad en ese lado de la familia pero en la mesa ya participaba de las conversaciones de adultos aunque me tocara aguantar la guasa del resto de la familia. Especialmente cuando mi madre soltó el comentario siguiente:

-Vaya dos niñas monísimas que fueron a buscar a nuestro Luis la otra tarde.
-¿Y cuál es tu novia?- preguntó mi abuela.
-Ninguna, abuela- contesté- son amigas.
-¡Qué amigas ni amigas! En mi época si un chico te hablaba es que quería salir contigo. Todavía me acuerdo del trabajo que me costé que tu abuelo me hablara.
-Ahora tienen muchas amigas- dijo mi madre.
-Pero alguna habrá que te guste, que ya vas teniendo edad de tener novia.
-Éstos se hartan de follar antes de tener novia…-soltó mi padre algo chisposo ya por el vino.

La mirada de mi madre lo atravesó mientras decía:

-Pero que bruto eres. Luis es un niño serio, porque lo hemos criado así, y el es más de relaciones formales.

Yo callaba otorgando con mi silencio. Pobrecita mi madre. Qué disgusto se llevaría si supiera las correrías de su Luis. Rollos, apps de contactos, tríos, orgías, ¿un tío?, cuernos…Ojalá nunca tuviera que enterarse de eso y viviera orgullosa de su Luis.

Pero cuando tras tomarnos las uvas nos fuimos felicitando y abrazando esos malos pensamientos se alejaron de mi cabeza centrándome en el futuro más que el presente. El cava y los brindis así lo dejaban claro. Mirar hacia adelante y superar los retos que se venían. Y optimismos, mucho optimismo.

A la 1 habíamos quedado en casa de Viqui. Mikel cenaba allí dejando claro ante sus padres que iba en serio lo suyo con el vasco. Entre cohetes y petardos fui andando primero a por Alba. Cuando llamé a su porterillo me hizo subir. Sus padres querían saludarme. Me recibieron amistosamente aunque toda la familia de mi amiga me observaban pese a que ella me había presentado remarcando “mi amigo Luis”. Pero para la mayoría de sus tíos allí presentes que la recogiera un chico solo era señal inequívoca de algo más que amistad.

Entre el corte de los saludos y las presentaciones y la copa de cava que me hicieron tomar para brindar con ellos por el año nuevo no me había dado tiempo a fijarme en Alba. Pero ya con la copa hablando con su padre sobre como íbamos hasta el chalé y pormenores de la fiesta pude verla mejor. Estaba realmente preciosa con vestido de noche ajustado a su cuerpo sin marcar excesivamente sus formas femeninas, pero su pelo recogido en un falso moño dejando escapar dos mechones que enmarcaban su carita ligeramente maquillada en ese arte de resaltar la belleza natural. No sé si su padre se daba cuenta de como la observaba hasta que se acercó hasta nosotros para decirme:

-Me ha llamado Viqui. Nieves ya está en su casa y me ha metido prisa.

Nos despedimos de toda su familia mientras su madre me pedía en tono protector que cuidara de su niña. Cuando bajábamos en el ascensor Alba se disculpó:

-Perdona el corte con toda la familia, pero ya conoces a mi padre.
-Perdóname tú.
-¿Yo?- preguntó extrañada.
-Por no decirte todavía lo guapa que estás…

Los colores se le subieron tanto que parecía que el maquillaje se le iba derretir. Ya en la calle con cierta prosa dificultada por sus tacones llegamos a casa de Viqui. Ya nos esperaban abajo. Nos saludamos con cordialidad felicitándonos el año incluida Nieves, que nos metió prisa pues hasta que no llegáramos esperarían todos en la puerta.

Ya en el coche las chicas hablaban las tres a la vez mientras Mikel pedía indicaciones hasta tal punto que se sentaron las tres detrás pasando Viqui al asiento trasero mientras yo me sentaba delante a dirigir a Mikel. Se hablaban de os vestidos, de las cenas, algún regalo. Salvo un pequeño embotellamiento al entrar en la autovía salimos d ela ciudad sin dificultad y en apenas 20 minutos estábamos en la puerta de la urbanización donde estaba el chalé de los padres de Leyre. Ya habían llegado alguno y nos esperaban impacientes.

Nieves abrió la puerta ecánica con un mando y entramos siendo seguidos por el resto de coches hasta el chalé. Allí mientras Nieves abría la cancela nos fuimos felicitando en un ambiente de euforia. Alguno ya venía algo pasado con el vino de la cena. Al entrar en la caseta que estaba bastante fría tocó encender la chimenea. Habíamos dejado todo preparado sólo para echar las pastillas y encender la leña.

Mientras iba prendiendo la chimenea y empezaba a notarse el calorcillo otros habían ido preparando las bolsas de hielo y sacado bandejas de pasteles. Ya había llegado todo el mundo menos la anfitriona y su novio. Nos íbamos saludando mientras se repartían copas de plástico y se llenaban de cava al grito de “Feliz Año Nuevo” y al fin empezó a sonar la música preparada con éxitos del omento y algún clásico bailón. Las chicas se despojaban de sus abrigos enseñando sus modelos, la mayoría discreto alguno subido de tono enseñando más carne de la cuenta, ero todas guapas. Aunque admito que yo no era objetivo y para mí había una que superaba a todas las demás.

Cuando llegaron Pablo y Leyre ya estábamos bailando o simplemente haciendo el ganso en ese momento de euforia que se produce al inicio de toda fiesta tras los saludos y brindis. Ya corría el alcohol y alguno hasta tenía hueco en el estómago para atacar a los dulces tras la copiosa cena. Volvimos a descorchar una botella para brindar con ellos y en nada Leyre estaba dando saltos con las chicas mientras Pablo y Mikel me contaban el mal rato de familieo. Pero yo respondí:

-Vosotros no. Yo. Que me han presentado a toda la familia de Alba como si fuese el novio por más que ella insistía en que era su amigo.
-Algo verían…-añadió Pablo- si hasta llevas la corbata a juego.

Me miré la corbata fijándome en que efectivamente se repetían en ella los tonos negros y dorados del vestido de Alba. ¿Lo interpretaría ella así o no se habría dado cuenta?

-Pues ha sido casualidad- me defendí- no sabía el color de su vestido- mentí.
-Pero ¿no fuiste con ellas a comprar los vestidos?- preguntó Mikel no dejándome escapar del lío.
-Sí, pero no iba meterme en el probador….En serio, es casualidad. No penséis nada raro.
-Si raro no es- añadió Pablo- sería lo normal de una vez. Si se os nota a leguas. Da el paso de na vez. Pídele salir, o fóllatela ya, lo que sea. Pero haz algo.
-No puede ser. No puedo. Ahora no…

Me debieron ver molesto porque no insistieron mucho más en el tema. De hecho, pasé un buen rato después conversando con otra gente y bailando en grupo entre copa y copa. Pero en un momento dado me apeteció tomar el aire pues el ambiente dentro empezaba a estar cargado.

La noche no era muy fría para ser enero y como tenía el cuerpo caliente del baile me sentó bien el contraste sentándome en un banco de piedra que los padres de Leyre tenían a unos 10 metros de la caseta en el lateral de la casa. Bebía a sorbos cortos del tubo de plástico el ron que estaba disfrutando. A los pocos minutos salió Nieves por la puerta y me vio acercándose hacia mí y sentándose a mi lado.

-¿Qué haces aquí solo?
-Estaba sudando con tanto baile y he salido a tomar el fresco.-respondí.
-Pareces escabullirte. ¿Ya estáis saliendo Alba y tú? Hasta te pones la corbata a juego con su vestido…
-Ha sido casualidad, y sólo somos amigos-contesté seco.
-Oye, conmigo no te pongas borde- me riñó.
-Precisamente tú no eres la más adecuada para decirme algo así. Cuando te echaste novio me trataste como a un apestado.
-Touché. Todavía me la tienes guardada…

Entonces dudé si sacar el tema o no sacarlo pero el alcohol me soltó la lengua:

-Mira, no me dolió que salieras con Alberto Me parece un buen chaval, demasiado bueno para ti…
-Tirando a dar…-respondió pero yo continué como si no hubiese dicho nada.
-…tú y yo no salíamos sólo follábamos. Me lo dejaste muy claro cuando insinué que podíamos dar un paso más allá. Pero eso en sí mismo no me tenía que hacer daño salvo bajarme los humos. Lo que realmente me dolió fue descubrir que seguías liándote conmigo mientras ya estabas quedando con Alberto. Y mi ataque no es de cuernos. Mi ataque era de vergüenza. Me dejaste hecho una mierda cuando acababa de cortar con mi novia por ti sólo porque habías decidido que querías algo más serio con alguien mejor que yo.
-Luis, te lo dije y lo sigo pensando. Eres un buen amante, quizá el tío con el que he estado que mejor follaba, pero un mal novio.
-¿Y tú? ¿Le dijiste a Alberto que quizá el día que lo besaste por primera vez acababas de comerme la polla?

Ahí se molestó por primera vez. Se lo noté en la cara. Así que seguí lanzando:

-Querías quitarme de en medio en Semana Santa porque temías que tu novio perfecto descubriera lo zorrita que era su novia de colegio de monjas…eso es lo que me dolió. Eres tan mal novia como yo, y no querías que tu pasado te jodiera tu relación.
-¿Tú no lucharías por alguien que te gusta?- preguntó.
-No a costa de joder a nadie.-respondí haciéndome el digno.- Tarde o temprano descubriría lo zorrita que eres, ¿o él no ha probado tu culito tragón?
-Yo de mi vida privada con Alberto no voy a hablar, no es algo que te importe-respondió indignada.

Temí entonces que montáramos un número en medio de la fiesta y que alguien nos viera así que quise frenarme. Ella mostró su incomodidad añadiendo:

-Tengo frío…

Le ofrecí mi chaqueta pidiéndole que me dejara decir algo más. Aceptó echándosela sobre los hombros y tapando sus brazos desnudos.

-Perdona que haya sido tan brusco. Me dolió pero es algo que ya tengo superado. Simplemente descubrí que no eras la niña dulce con la que perdí los papeles hasta romper con mi novia y te descubrí cínica y manipuladora.
-Nunca quise hacerte daño. Y es verdad, te rechacé porque ya había conocido a Alberto. Pero no sabía ni cómo empezar con él ni cómo acabar contigo. Me lo pasaba muy bien contigo y llegué a plantearme algo más contigo, pero tenías novia, estabas fuera. Y ahí lo conocí. Y pensé que era él. Y después te temí a ti. Joder, Luis. Me habías pedido salir y ahora aparecías de la mano de Alba y Viqui cuando estaba empezando todavía con él. ¿Qué quieres que pensase? Tuve miedo y quise apartarte, pero no te tengo rencor ni nada. Todo lo contrario. Conmigo siempre has sido educado y nunca te propasaste. Sólo te puedo echar en cara el numerito que montaste en la fiesta de fin de año pasada. Pero nada más. Insisto. Eres el tío con el que he estado que mejor follaba. Y además, ese culito tragón que dices que tengo. No fuiste el primero. Lo sabes. Pero sí el único que ha repetido…

Tanto halago me estaba confundiendo pues de un golpe estaban pasando por mi mente todos los recuerdos con ella. El tonteo en las barbacoas. Cuando le enseñé la churra con el cuente de que viera que estaba rasurado. El polvo en la discoteca. Como ella me buscó abiertamente desde entonces. El fin de semana en el chalé, ese mismo chalé follando sin parar…ella misma me sacó de ensimismamiento diciendo:

-Podemos ser amigos ¿no?
-Claro que podemos.

Nos dimos un abrazo. Pero de golpe se me heló la sangre. Vi la silueta de Alba marcarse en la puerta al contraluz. Evidentemente nos había visto y se había dado la vuelta. Con cortesía me levanté dejándole la chaqueta y me fui a la caseta a buscar a Alba. Cuando entré estaba muy seria entre Viqui y Leyre. Disimuló al verme pero cuando me puse a su lado me preguntó:

¿Y tú chaqueta?
-Estaba hablando con Nieves, le dio frio y se la he dejado.
-¿No tienes frío?
-Aquí no.

La notaba cortante y no perdí el tiempo y se lo dije:

-Nieves y yo hemos estado hablando y hemos hecho las paces por así decirlo.
-¿Las paces?
-Apenas nos tratábamos después de lo de Semana Santa. Vosotras mismas estáis secas con ella. Se da cuenta de que no estuvo bien. Y se ha disculpado.
-Me alegro por vosotros- respondió seca.
-Mira, ven fuera y hablamos más tranquilos si quieres- le dije pues sus dos amigas nos observaban.

Se lo pensó un poco pero aceptó. Cuando salíamos por la puerta entraba Viqui que me devolvió la chaqueta agradecida. Fuimos a sentarnos en el mismo banco pero Alba no quiso y acabamos en el sofá-columpio que tienen los padres de Leyre en el porche de la casa.

-¿Te molesta que haga las paces con ella?-pregunté.
-No, no. Para nada.-respondió Alba tiritando.

Me quité la chaqueta como con Nieves y Alba también la aceptó. No es que abrigase mucho pero ella llevaba una parte de la espalda y los brazos al aire. Ya con la chaqueta me dijo:

-Son tonterías mías, Luis. Os he visto abrazados y me ha extrañado.
-Sólo estábamos reconciliándonos. La verdad es que está un poco perdida.
-¿Y eso?
-Puso mucho empeño en la relación con Alberto y ahora pues creo que está un poco perdida.
-¿Te lo ha dicho ella?
-Lo he deducido por lo que me contaba.
-Me ha reconocido por qué quería apartarme. Bueno ya sabes, lo que os conté a Viqui y a ti.
-Ya.-respondió con cierta melancolía.-Y ahora que está libre vuelve a por ti.
-Jajajajaja- reí ante su sorpresa- No creo. Ella pensaba que tú y yo estábamos saliendo. ¿No habéis hablado?
-Bueno. Lo justo desde que ella cortó con Alberto. La hemos visto poco y además no hemos hablado de esas cosas.-respondió con entrechocar de dientes por el frío.
-Estás temblando…
-Sí. No sé como tú puedes estar en mangas de camisa.
-Es más importante hablar contigo que dejar de pasar frío. Ven anda abrázame que te de calor.

Alba apoyó su cabeza en mi hombro abrazándose a mi pecho mientras yo la rodeaba colando mi mano dentro de mi chaqueta y frotándole la espalda para darle calor.

-Dirás que soy una tonta…
-Jamás.
-Nieves y yo nunca nos hemos llevado bien a pesar de llevar toda la vida juntas. Y últimamente estamos más distanciadas que nunca. El problema es que Leyre siempre tenía novio, ella no era de novio pero ha tenido sus rollos. Alberto ha sido el primer novio que le he conocido. Y yo siempre he ido a remolque de las dos. Salir en la facultad ahora con gente nueva y con Viqui, Iker y contigo, claro, es lo mejor que me ha pasado para separarme un poco de ellas y marcar mi propio camino.
-Pero Alba, eso está muy bien. No veo en qué afecta que ella y yo hayamos retirado el hacha de guerra.
-No sé, Luis. Cosas mías…
-Sigues tiritando. ¿Quieres volver dentro?
-No. Espera. Si no te importa…
-Para nada- responder aumentando el ritmo con el que frotaba su espalda.

Ambos nos quedamos en silencio abrazados. No quería que Alba pensara nada raro entre Nieves y yo. Además yo estaba en la gloria abrazado a ella aunque empezaba a notar el frío. Pero yo tampoco quería soltarme. Percibía el calor de su cuerpo, el olor de su perfume y la cercanía de su pelo recogido junto a mi cara. De hecho, estaba haciendo un verdadero esfuerzo para no buscar sus labios tan cerca de mi pecho en ese momento y besarla. Tuve que reprimirme. No era el momento. Pero cuánto me gustaría. Mi deseo se vio limitado a besar su frente mientras ella se apretaba aun más a mi pecho.

Vimos pasar desfilando a algunos que no se quedaban a dormir en la casa hacia sus coches por lo que Alba y yo decidimos levantarnos del columpio. El momento fue muy bonito ambos en silencio abrazados mientras por el este empezaba a alborear. Pero en realidad estábamos helados pues aparte de la temperatura había que sumar el relente, o como decimos por estas tierras, la pelúa.

Efectivamente las parejas ya se habían ido retirando. Seguramente se imaginaban que entre Alba y yo había ocurrido algo muy diferente a lo real, pero ya habría tiempo de desmentirlo. Dentro de la caseta Nieves y los otros dos amigos que se quedaban a dormir allí estaban limpiando un poco el suelo sobre el que íbamos a dormir. Cuando nos vieron aparecer simplemente comentaron que ya se iban a acostar. Nieves y Alba se fueron a la casa a cambiarse mientras que yo me dediqué a echar leña al fuego para que aguantase el calor un poco más y no se enfriara demasiado la habitación.

Una vez acomodada la chimenea y el espacio nos cambiamos los tres allí mismo. Las chicas debieron hablar poco pues llegaron cuando aun nos estábamos cambiando pillando a uno de mis amigos todavía en calzoncillos. Vaya cambio en el vestir. De los trajes de noche a un pantalón de chándal y una sudadera o un polar. Pero yo la seguía viendo guapa.

-Perdonad- dijo Nieves- pensaba que ya estaríais cambiados.
-No pasa nada- dijo el chaval poniéndose los pantalones.
-Nos hemos dejado aquí el neceser.

Efectivamente, en el pequeño aseo de la caseta de la piscina se habían dejado un pequeño neceser con los potingues para desmaquillarse. Ambas volvieron a salir sin decir nada. Mis amigos entraron al baño y yo me fui a la casa por si estaba alguno libre. Me colé hasta las habitaciones. El baño del pasillo estaba ocupado por las chicas, y el otro estaba dentro del dormitorio principal. Así que me tuve que volver a la caseta. Por el pasillo se escuchaban los sonidos típicos de una pareja follando con algún gemido y movimiento de cama, pero no supe identificas de quien se trataba. No era la habitación principal por lo que supuse que serían Viqui y Mikel o la otra pareja, pues en el principal estarían Pablo y Leyre. Me alegraba que estrenaran el año con alegría.

Como ya había salido uno de mis amigos del baño entré a mear mientras el otro se lavaba los dientes porque no aguantaba más. Terminé de lavarme los dientes y acomodé mi saco cerca de la chimenea. Hacía frío y apetecía estar cerca del fuego. Además yo tenía el cuerpo algo cortado al haber estado tanto tiempo al relente en mangas de camisa. Cuando ya estaba acostado llegaron las chicas extendiendo sus sacos. Alba venía tiritando. Me salí del saco y le ofrecí ponerse ella junto a la chimenea. Me lo agradeció.

Estábamos cansados y no hubo para mucha charla. Nos pusimos más o menos en círculo alrededor de la chimenea dejando a las chicas dentro, yo junto a Alba y Nieves al otro lado. A pesar del calor del fuego mi amiga no dejaba de temblar y lo noté. Me acerqué a ella y se lo dije.

-Estás tiritando. ¿No te llega el calor?
-Sí, pero tengo mucho frío y con el saco solo no me caliento.-respondió con dentera.
-¿Quieres que te abracé para ver si entras en calor?

Alba asintió con la cabeza.

Cada uno en su saco me pegué a ella abrazándola pegando su espalda a mi pecho y rodeando su cintura con mi brazo. No dejaba de tiritar.

-A ver si por quedarnos ahí fuera te has puesto mala…
-No creo- respondió sin dejar de temblar- ya se me pasa.

Antes de bajar la cabeza para intentar dormir sin soltar a mi amiga miré hacia donde estaba Nieves que aun despierta en su saco nos observaba fijamente. No sé qué pensaría pero su mirada me cohibió un poco. Poco a poco Alba fue entrando en calor y en algún momento ya amanecido me quedé dormido.

Me desperté abrazado a Alba con el aroma de su pelo muy cerca de mi cara. Estábamos en la postura de la cucharita pero supuse que con los dos sacos de dormir de por medio y al seguir dormida no se habría dado cuenta de mi erección. Me separé de ella que al notar que la soltaba cambió de postura aun dormida poniéndose mirando hacia mi lado. Dormir juntos sin sexo también estaba bien. Alba era demasiado especial.

Todos dormían. Incluso alguno roncaba levemente. Miré la hora. Eran las 12. Habríamos domido algo más que 4 horas y tenía na ligera resaca. Tuve que esperar que se me bajara el empalme para poder mear en aquel baño estrecho con seguridad de no regarlo todo. Cuando salí seguían durmiendo. Me fui a la cocina y me puse a preparar café. No creí hacer mucho ruido. O quizá fuese el olor a café. Pero según me servía apareció Mikel sonriente dando los buenos días y echándose otro café.

-¿Qué tal has dormido en el suelo?- me preguntó.
-Muy bien, aunque habría preferido cama.
-No creas. Las habitaciones están heladas. ¿Por qué no ponéis calefacciones en las casas?- preguntó extrañado.
-Porque no hace frío- respondí con lógica.
-Y un cuerno. No me calentaba ni pegado a Viqui.
-Bueno, algo te calentarías-le dije con sorna guiñándole un ojo.
-Que va. Si para cuando pude volver del baño estaba dormida en la cama.

Entonces los que follaban anoche eran otros, pensé. Mientras hablábamos apareció Alba.

-Buenos días, chicos- y no había terminado cuando empezó a toser casi ahogándose.
-Sabía que habías cogido frío anoche de como tiritabas.- la reprendí.

Le serví un café mientras se pegaba a un calentador de resistencia que había en la cocina mientras Mikel ponía sobre la mesa una bandeja de los dulces que habían sobrado de la noche. Alba estaba bastante acatarrada así que decidimos que cuanto antes llegara a su casa mejor. Como no sabía como despertar a todo el mundo lo primero que se me ocurrió fue poner la radio que había en la cocina a toda voz con los valses y polkas del Concierto de Año Nuevo. Y aunque el Danubio Azul no tuvo gran éxito con la Marcha Radetzky y sus palmas a compas empezaron a asomar por la cocina algunos d ellos durmientes.

Ayudé a los de la caseta a recoger un poco y limpiar y nos fuimos Viqui, Alba y yo en el coche de Mikel de vuelta a la ciudad. Alba tenía incluso un poco de fiebre y la tos era fea. Por el camino Viqui preguntó:

-Pero ¿dónde os metisteis anoche que estuvisteis tanto tiempo desaparecidos?
-Hablando en el porche- respondí.
-¿Hablando?- preguntó Viqui con sorna.
-Hablando- respondimos Alba y yo a dúo.

Se quedó muy cortada por la respuesta pues seguramente creía que había pasado algo más entre nosotros. Yo no sé que había pasado realmente para Alba y no se lo iba a preguntar, pero yo era muy consciente de lo que había significado quedarnos abrazados tanto tiempo a pesar del frío.

Al llegar a su casa Viqui y yo subimos con ella mientras Mikel se iba a aparcar el coche. Tras saludar a sus padres la propia Alba explicó que el vestido era muy ligero y había cogido frío. No había necesidad de explicar que había estado poco abrigada abrazada en silencio al chico que la acompañaba. Tras despedirnos de sus padres y desearle mejoría a nuestra amiga salimos de la casa. Yo cogí mi bolsa con el saco y el chándal con el que había dormido del maletero y me fui andando. Ya nos llamaríamos.

Me fui preocupado y cansado. Cuando llegué a casa quería echarme a dormir pero me encontré que mi madre ya tenía la comida hecha. Comí respondiendo las típicas preguntas de los padres sobre que tal la fiesta, si me o había pasado bien, etc. con evasivas y monosílabos hasta que me dejaron irme a dormir. Yo también había cogido frío y tenía el cuerpo cortado.

Me puse el pijama y me metí en el sobre sin ducharme siquiera de lo cansado que estaba. Yo también había cogido frío y me notaba un poco congestionado. Pero dormir bien me vendría de perlas. Y así fue. Fui capaz de dormir hasta la mañana siguiente.

Una ducha caliente y un buen desayuno y listo para estudiar. Como no me atrevía a llamar por teléfono le envié un mensaje a Alba:

-Buenos días, ¿cómo está la enferma?

Al poco me contestó.

-Estoy hecha una mierda. He pasado la noche con fiebre y tiritera. Mi padre fue ayer a la farmacia de guardia y me trajo un antigripal pero se me quita la fiebre y vuelvo al rato.
-No teníamos que habernos quedado tanto tiempo sentados con el frío que hacía.
-A toro pasado está bien decirlo pero ni tú ni yo nos movimos hasta que vimos que la gente se iba.-me respondió.
-No te estoy culpando, fuimos los dos. Yo tampoco quería levantarme.

Alba tardaba en contestar. Quizá había sido muy directo diciéndoselo y sonara contradictorio con que yo no había intentado nada con ella. Así que seguí escribiendo:

-Pues si necesitas algo voy a tu casa y te lo llevo y así te hago compañía.
-Ni de coña, jajaja. Con la mala pinta que tengo y en pijama. La amistad no da para tanto.
-Tú hiciste más por mí y no cuento lo que viste.
-Tú estabas peor y sólo. Además lo tuyo no era un problema de enfermedad era de cabeza. No es lo mismo. A mí me está cuidando mi madre con mucho cariño.
-Bueno. Dicho queda. Mejórate que quiero verte antes de irme.
-Para Reyes espero estar buena.

“Buena estás ya” pensé despidiéndome de ella.

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