ECONOMISTA

14

Sentado en el sofá del salón traté de asimilar lo que acababa de ver. Estaba nervioso y muy excitado, a pesar de que me había corrido dos veces. Jamás había visto así a Claudia, ni tan siquiera cuando estaba con Víctor. Con él era todo sexo, morbo y desenfreno, valía cualquier cosa. Con Mariola era parecido, pero una vez pasada la tormenta estaba claro que había sentimientos de por medio.

Se me había quedado grabada en la retina la última escena antes de salir de la habitación, cómo se tocaban los dedos, cómo se miraban. Parecían dos enamoradas.

A pesar de eso estaba tranquilo, no tenía celos, conocía a mi mujer y no tenía por qué tener miedo pensando en que me pudiera dejar por Mariola. Claudia jamás haría eso, con una familia tan tradicional no se le ocurriría divorciarse para salir con otra mujer.

No sé si estaban enamoradas, o es que el sexo entre ellas era tan bueno que lo demás les importaba una mierda, o las dos cosas, pero estaba claro que entre Claudia y Mariola había mucha complicidad.

Debía llevar unos diez minutos en el salón cuando entró Claudia. Estaba completamente desnuda, ya se había quitado los zapatos y se sentó a mi lado.

―¿Qué haces aquí?
―Nada, he querido dejaros un poco a solas… pensé que os gustaría…
―Esta noche era para los tres… ¿estás bien?
―Sí, claro, ha sido una pasada, Claudia…
―Pues todavía no has visto nada, ¿vienes?, te estamos esperando ―dijo poniéndose de pie y dándome la mano para levantarme.

Apuré el licor de almendras vaciando el vaso y acompañé a mi mujer hasta la habitación. Me estaban reservando una nueva sorpresa.

Mariola estaba de pie, seguía con el conjuntito puesto y se había vuelvo a colocar el tanguita en su sitio, pero tenía algo más. Un arnés enganchado en su cintura, como los que usaba Claudia conmigo, del que colgaba un consolador rosa curvado de aproximadamente unos dieciocho centímetros.

No estaba mal, aunque Claudia los prefería más grandes y Mariola lo sujetó entre los dedos mirándome con una sonrisa traviesa.

―¿Te recuerda a algo? ―me preguntó irónicamente dándome a entender que estaba al corriente de mis juegos con Claudia―. Desde que tu mujer me contó lo que hacíais siempre he fantaseado con follármela con uno de estos, no lo hemos hecho todavía, estábamos reservando este momento para cuando estuvieras con nosotras… ¿te gusta la idea? ―dijo meneándosela como si se hiciera una paja.

Se me puso dura al momento, Claudia se acercó a su lado y le agarró el consolador, luego comenzaron a morrearse de pie junto a la cama. Mariola pareció entrar en una actitud algo más pasiva dejando que fuera Claudia la que llevara la iniciativa tanto en el beso como en las caricias, pero de repente le tiró por el pelo a mi mujer, echándola hacia atrás.

―¿Quieres que te folle delante de tu marido?, vamos díselo al cornudo que es lo que quieres…

Claudia intentó morrearse con ella de nuevo, pero Mariola se lo impidió.

―¿Quieres que te folle?, tienes que decirlo…
―Mmmm sí, quiero que me folles con eso… ―dijo Claudia con voz muy sensual.

Tuve que sentarme en el butacón y me desabroché los botones del pantalón. Iba a hacerme otra paja, no quería parpadear para no perderme ni un segundo de aquello.

―¡Ponte a cuatro patas en la cama! ―ordenó Mariola a mi mujer.

No se lo repitió una segunda vez y Claudia obedeció al momento dándome la espalda. Se abrió de piernas mostrándome el coño que iba a ser follado por su amiga. Mariola se puso detrás de ella sin dejar de acariciarse el consolador rosa.

―¿Estás lista?, va a ser la primera vez que te follen con uno de estos, estás acostumbrada a usarlos con el cornudo, pero nunca al revés… David, ven, acércate ―me pidió de repente Mariola.

Pensé que quería que me acercara para que lo viera bien, sin embargo, la amiga de mi mujer tenía otras intenciones. Me aproximé a ellas de manera ridícula, andando como un pingüino, con los pantalones por los tobillos y mi pequeño pene erecto en la mano. Mariola reprimió la carcajada tapándose la boca con la mano.

Se puso de rodillas detrás de Claudia y agarró el juguete para golpear con él en su coño.

―Ven aquí, súbete a la cama y déjalo todo listo para que pueda follarme a tu mujercita…

Yo no sabía a qué se refería, o qué es lo que quería que hiciera, me agaché apoyando una mano en el culo de mi mujer y miré hacia arriba pidiendo indicaciones a Mariola.

―¡¡Vamos, hazlo!! ―dijo apremiándome para que hiciera algo que no sabía qué era.

Entonces agarré el consolador y comencé a chuparlo. Y esta vez Mariola no pudo reprimir las carcajadas. Claudia miró hacia atrás para ver qué es lo que pasaba y se encontró a su marido lamiendo el juguete que colgaba de la cintura de Mariola. Aquello me dio un morbo tremendo a pesar de las risas de aquella zorra que me dejó hacer unos segundos. Se me puso muy dura, pero Mariola me cortó, retirándome el consolador de la boca.

―A mí no, joder, jajajaja, me refería a tu mujer, cómeselo a ella para que pueda follármela, jajajaja…

Creo que los dos nos pusimos rojos de vergüenza, tanto Claudia como yo. ¡Qué bochorno!

Con cara de resignación Claudia se giró, no quería ni verlo y agachó la cabeza expectante a ver qué es lo que pasaba, seguía a cuatro patas con su culo hacia fuera y las piernas abiertas. Mariola no dejaba de reírse y yo estaba agachado delante del coño de mi mujer.

―Perdona, perdona, no me rio de ti, es que… ―se excusó Mariola.

Sin pensármelo dos veces imité lo que ella había hecho antes y metí la cabeza entre sus piernas, solo que esta vez para alcanzar su coño. Claudia estaba muy mojada y con mucho gusto lamí a mi mujer pasando la lengua por todo su interior.

Sacó el culo más hacia fuera, facilitándome el trabajo, por lo menos le estaba gustando la comida que estaba haciendo, pero Mariola me interrumpió otra vez. Ella también estaba deseosa de follarse a su mejor amiga.

―Vale ya, cornudo, que no quiero que se corra, ya puedes volver a tu sitio…

Me aparté dejando vía libre a Mariola, que se sujetó el consolador poniéndolo a la entrada del coño de mi mujer. Me quedé de pie, a su lado, viendo como estaba a punto de metérsela y Mariola me miró unos instantes antes de volver a concentrarse en lo que estaba haciendo.

―¡Joder, qué pasada! ―dijo según iba desapareciendo el juguete en el interior de Claudia.

Fue metiéndosela muy despacio, disfrutando del momento, como si fuera su propia polla. Mariola estaba espectacular con ese conjuntito puesto, aunque me hubiera gustado que se hubiera quitado la parte de arriba para poder ver sus tetas, que tenían una pinta estupenda. Eso sí, no podía dejar de mirar su culazo, cubierto tan solo por un tanguita, contrajo los glúteos cuando terminó de penetrar a Claudia, después sacó el consolador y se la metió otra vez hasta el fondo, sujetándola por la cintura.

Se estaba follando a mi mujer muyyyyy lento.

Claudia gemía relajada, sintiendo el juguete dentro de ella, era como una caricia suave, pero continua. Yo reanudé la paja junto a ellas viendo cómo se follaba a mi mujer incrementando poco a poco la velocidad. Me encantaba el ruido de los cuerpos al chocar, y cómo se le contraía el culo a Mariola a cada embestida que le pegaba haciendo temblar también sus glúteos.

―¿Te gusta ver esto, cornudo? ―me preguntó Mariola viendo cómo me masturbaba.

Cada vez se la metía más rápido, estaba cogiendo ritmo y había encontrado la manera de follarse correctamente a Claudia sin miedo a que se le saliera el consolador. Las tetazas de mi mujer bailaban delante y atrás a cada embestida.

―A lo mejor te gustaría estar en el puesto de Claudia, eso es a lo que estás acostumbrado, ¿no?, a mí no me importaría follarte si me deja tu mujer, aunque ella tiene mejor culo, pero te follaría a ti también, puedes estar seguro que lo haría… ―me dijo Mariola.

Otra vez bajó la velocidad y ahora comenzó a mover su culo en círculos, recreándose en la sensación de tener ella el control. Yo veía cómo ese consolador entraba y salía de Claudia que seguía con la cabeza agachada gimiendo en bajito.

―No pensé que esto me iba a gustar tanto ―dijo Mariola sacando el juguete de repente y golpeando con ella en los dos glúteos de Claudia―. ¿Quieres que te la vuelva meter?

Necesitaba volver a sentirse penetrada y Claudia se movió hacia atrás buscando el contacto con el consolador, pero Mariola se lo retiraba frotando con él sus labios vaginales y haciéndoselo desear un poco más.

―¿Quieres que te la meta o no?
―¡Ahhhhh sííí, métemela, métemela! ―le suplicó Claudia.

Tuve que incrementar el ritmo de la paja que me estaba haciendo, me puso muy cerdo ver como mi mujer le rogaba a su amiga que se la metiera, por suerte Mariola no se hizo de rogar y se la volvió a clavar con mucha facilidad. Ahora entró suavecita, como un cuchillo en la mantequilla caliente. Claudia cerró los ojos y abrió la boca en una mueca de placer intenso. Yo estaba disfrutando viendo como Mariola penetraba a mi mujer y no me faltaba mucho para correrme por tercera vez. Aceleré todavía más meneándomela frenéticamente a punto de llegar al orgasmo, entonces Mariola sacó el consolador dejándolo apoyado en el culo de Claudia, que se echó hacia atrás buscando que se la metiera de nuevo.

―¡Ahhhhhhh, joder, no pares ahora, no pares, por favor! ―dijo a punto de llegar al orgasmo.

El ambiente estaba muy cargado en la habitación, que iba cogiendo temperatura, mi mujer y yo estábamos a punto de corrernos y Mariola se agarraba el juguete para restregárselo por los labios vaginales, encendiéndola todavía más y haciendo que Claudia moviera las caderas intentando acomodar aquel consolador dentro de ella. Entonces Mariola se dirigió a mí. Me encantó que me hablara mientras me la sacudía a toda velocidad.

―¿Te apetece hacer de mamporrero, cornudo?, así paras un poco, que te la vas a destrozar, jajaja…

Me quedé sorprendido ante su propuesta, pero no me lo pensé dos veces, me acerqué a ellas y cogí el juguete, que colgaba de la cintura de Mariola, lo sujeté con la mano y lo fui metiendo despacio en el coño de Claudia que me ayudó echando su cuerpo hacia atrás. Me gustó mucho esa sensación tan sumisa y cornuda de ser yo el que penetrara a mi mujer y cuando me levanté, de nuevo tenía la polla realmente dura. Mariola se quedó mirando cómo se me bamboleaba delante de ella y estiró la mano para darme una pequeña cachetada en la verga.

―Muy bien, cornudo, ya veo que te encanta hacer esto… mmmmm, ¡cómo estás!

No me esperaba que Mariola hiciera aquello, pero luego se concentró en follarse a mi mujer sujetándola otra vez por la cintura. Ahora los movimientos eran más profundos y secos, embistiéndola fuerte y yo me fijé otra vez como meneaba su culo mientras lo hacía. Claudia ya gemía descontroladamente y estaba a punto de correrse, lo mismo que yo, que reanudé mi paja.

―Es una gozada follarme a tu mujer, mmmmmm, te pone esto, ¿eh?, si quieres te follo a ti también…

Me quedé sorprendido de lo que acababa de decir Mariola y detuve la paja casi de golpe pensando en que podía ser algo que hubiera hablado ya con mi mujer. Desde luego que me encantaría que aquella diosa me follara el culo delante de Claudia.

No podía imaginarme algo más morboso, humillante y placentero.

―¿Quieres que te folle, cornudo?, jajajajaja… ―me preguntó Mariola sin dejar de penetrar a Claudia.

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