FRAN REL

Volvía a estar soltero y la verdad, bastante contento, me había quitado un peso de encima, la relación con Lucía no era buena y más ya sabiendo como se las gastaba con las mentiras.

Y volvía a estar en un trío extraño con la pareja. El primer fin de semana que quedamos quise dejar clara la posición de Javi. Hice sentarse a Javi a mirar mientras Sonia y yo echamos un polvazo. Sonia, que estaba feliz y contenta con la nueva situación sin Lucía, estaba muy excitada y encadenada un orgasmo tras otro de una forma espectacular. Acabé corriéndome dentro del culo de Sonia mientras ella tenía uno de sus orgasmos brutales. Sonia se quedó tumbada boca abajo temblando y sudando. Lo habíamos llevado al límite porque quería que ella acabara destrozada y sin ganas de nada más. Miré a Javi, que vi que ya se había corrido pero se estaba pajeando otra vez y la tenía dura, esperando. Le dije que se acercara. Entonces separé un poco las nalgas de Sonia y le enseñé el ano aún algo dilatado y del que salía algo de semen. Le dije a Javi:
– ¿Desde cuándo no te follas este culo?

Javi se puso nervioso y excitado, pensando que le iba a decir que la follara. Dijo:
– Desde hace meses
– Pues más tiempo te vas a tirar sin catarlo porque este culo ¿de quién es Sonia?

Sonia, aún boca abajo, respondió rápidamente:
– Es tuyo
– Ya la escuchas, es solo mío, y lo tienes prohibido, tu mierda de polla no es digna de este monumento

Miraba fíjamente a Javi, para que supiera que estaba siendo «castigado». Javi se excitó y se puso a pajearse de nuevo, le molaban este tipo de humillaciones. Entonces le dije:
– Córrete sobre él, es lo más cerca que vas a estar

Y cogí y le pellizqué con fuerza un pezón. Él jadeó y no tardó ni 5 segundos en correrse sobre el culo de Sonia. Entonces me tumbé al lado de Sonia y le dije a Javi:
– Por hoy ya te has corrido bastante, trae una toalla y límpiala

Javi salió de la habitación y Sonia me dijo:
– No te pases
– ¿Por qué?
– Querrá también follar
– Se ha corrido varias veces, ya tiene bastante, además ¿Tú tienes ganas?
– No, me has dejado destrozada

Javi llegó y la limpió. Sonia le preguntó:
– ¿Tienes más ganas? Si quieres follar o que te la chupe, dímelo

Sonia no quería dejar de lado a Javi después del polvazo y la humillación que acababa de recibir su marido. Javi dijo que ya se había corrido tres veces, que estaba cansado. Entonces Sonia dijo que a dormir y nos dio un beso a cada uno. El tío ni la había tocado y se había corrido solo viéndonos, y tan contento. Sonia se giró hacia mí y me abrazó, y le dijo a Javi que él la abrazara desde atrás, y así nos dormimos, con Sonia entre los dos, totalmente satisfecha por la situación.

A partir de entonces quedábamos cada poco y volvimos a nuestra «rutina», me follaba a Sonia delante de Javi y luego él participaba pero poco porque quería humillarle a tope, que viera como su mujer disfrutaba conmigo y luego él fuera a recoger «las sobras» que Sonia le dejaba. Y naturalmente, nada de chuparme más la polla, iba a pasar mucho tiempo antes de que le perdonara lo cabrón que había sido. Y también quedaba a solas con Sonia para nuestros juegos, dejando a Javi totalmente fuera, pero asegurándome que supiera las cosas que íbamos a hacer.

Sonia estaba contenta, tenía el sexo que le gustaba y con quien le gustaba, nosotros dos. No echaba nada de menos a Lucía. Javi, participando poco, estaba contento porque se excitaba mucho y se corría muchas más veces que yo el muy cabrón, aunque fuera solo mirando. Seguía con su papel de sumiso, sin rechistar a las constantes humillaciones que le hacíamos, al revés, siempre excitado con ese papel. Además, Sonia me contaba que cuando yo no estaba, follaban casi a diario y él le pedía que le contara como me la follaba, lo que a ella le gustaba de mí… buscando la humillación… el tío estaba desatado con eso. Sonia decía que se lo pasaba bien «pero no como contigo, claro».

Con Sonia hablé sobre mi soltería, diciéndole que yo iría a lo mío. Ella no puso pegas, solo dijo que usara condones y que nada de traerme a chicas para follar con ella o Javi pero la verdad es que no salía mucho a ligar, esperaba los fines de semana con ansia para ir a verla.

A Javi no lo podía tener vigilado pero seguro que estaba tan acojonado que no se atrevería a hacer nada por una temporada. De vez en cuando le daba un toque y él aseguraba que nada de nada.

A Sara le conté que había roto con Lucía pero sin decirle la causa, solo que no nos entendíamos. Siguió invitándome a cenar a su casa junto a su novio, nada de los dos solitos.

Bastantes semanas más tarde, vi a Lucía en una discoteca. Iba con un tipo que por la descripción de Javi y Sonia, supe que era Carlos. Los miré de lejos. Claramente estaban juntos, se besaban mientras bailaban. El tío era atractivo, con cuerpo de gimnasio, pero tenía razón Sonia, se le notaba chulo y engreído por su forma de vestir, moverse, como miraba… y Lucía lo miraba con adoración, estaba pillada por él. Yo había bebido bastante y me acerqué a ellos con ganas de bronca, y cuando Lucía me vio, cambió la cara. Le dijo algo al tipo que me miró chulesco. Miré a Lucía y le dije:
– Menudo zorrón estás hecho, como me engañaste durante meses con este tío

El otro se me acercó pero lo ignoré, solo miraba a Lucía. Ella no me miraba, y le decía al otro de irse. Entonces me giré al otro y le dije:
– A ti te caló bien Sonia, podrás engatusar a una chica como Lucía pero en la puta vida te vas a follar a una mujer como Sonia, anda que no nos hemos reído de tu patético intento para follártela

Lucía puso cara de sorprendida y dijo:
– ¿Has intentado follar con Sonia?

El otro, cabreado, me puso una mano en el pecho y me empujó un poco, y le estampé un puñetazo que me supo a gloria. Me echaron de la discoteca pero me fui muy contento porque tumbé al mierda ese que me miró asustado desde el suelo y no respondió al puñetazo, menudo fantoche engreído.

Todo iba bien. Las sesiones de sexo con la pareja eran intensísimas, pero se me hacían escasas y eso que nos veíamos cada dos semanas. En un principio, la situación me parecía genial, yo iba a mi bola y de vez en cuando, polvazo con estos dos, pero al cabo de un tiempo, las vueltas en tren a mi casa se me hacían cada vez más duras, me sabía a poco quedar con Sonia solo una noche.

Pero las cosas siempre pueden empeorar, y así ocurrió. Pasados unos meses, a pesar de que los tres teníamos el mejor sexo desde que empezamos a follar juntos hacía años, y de que Javi no paraba de follar y correrse, al final no fue capaz de contenerse y volvió a quedar de nuevo con Carlos por insistencia de éste último a lo que Javi no pudo resistirse. Carlos cortó con Lucía para verse más con Javi y a Lucía le entró una neura y se puso como loca, y llamó a Sonia y le contó todo. Carlos, picado por el puñetazo, quiso entrometerse de nuevo y lo consiguió, al final el puñetazo me iba a salir caro, muy caro.

Sonia montó en cólera. Primero contra Javi, pero luego contra mí porque Javi le contó prácticamente todo, incluido que yo estaba al tanto de su infidelidad. Sonia me culpó de todo, de haber destrozado su relación, de haber «metido» a Javi en el mundo homosexual por las mamadas, por haberla engañado al ocultarle los cuernos de Javi… Acabó perdonando a Javi, pero no me esperaba que yo pasara a ser el malo y tuviera que pagar todos los platos rotos. Intenté explicarle que lo había ocultado por ella, sin ningún interés por mi parte de nada, solo por intentar que ella no lo pasara mal, pero no me creyó, pensó que yo estaba metido en el tema, que la había manipulado…

Sonia no me respondía a nada. Fui a hablar con ella y ni quiso salir. Decidí dejarlo estar un tiempo, para que se calmara. Intenté seguir como si nada pero se me hacía muy cuesta arriba, la echaba mucho de menos.

Me acosté con chicas que no me llenaban nada, salía a olvidar, a beber… Al cabo de dos meses, la volví a llamar, no me lo cogió. Le escribí, lo leía pero no respondía. Me desesperaba y estaba totalmente descolocado con esta situación.

Y una noche, en un bar, recibí un mensaje de Sara:
– Hola Fran

Me quedé mirando el mensaje, las dos de la noche y Sara me escribía… raro:
– Hola, unas horas raras para escribir ¿no?
– jajaja, sí, es que Paco está de viaje y he salido con unas amigas
– ah (me puse tenso)
– ¿Tú también has salido?
– Sí
– Estoy en el bar xxxxxx y mis amigas ya se van pero yo quiero bailar ¿dónde estás?

Me quedé mirando el mensaje… peligroso, seguro que había bebido, y yo también. Estaba cerca del bar donde ella estaba pero dudaba si invitarla o no. Además, tenía a una tía a huevo. Invitar a Sara era una apuesta arriesgada, no sabía si ella querría algo o si yo querría, acostarme con ella significaría decirle adiós definitivamente a Sonia. Me lo pensé un rato, ella insistía. Al final le dije donde estaba.

Llegó al poco, con un vestidito ajustado, no muy provocativo pero resaltando sus curvas y un escote generoso, estaba tremenda. Nos pusimos a bailar, ella conmigo, con mis amigos… me aparté un poco para quedarme solo con la chica que me gustaba y Sara seguía bailando con todos, riéndose y pasándoselo bien. La miré y la tía estaba super buena, mucho más atractiva que la chica con la que tenía pensado montármelo. Vi como uno de mis amigos le metía caña pero Sara se apartaba riéndose, no dejaba opciones. Al rato dejó de bailar y se fue a la barra. Pasó por mi lado y me sonrió, cogiéndome del brazo para que fuera con ella. La seguí a la barra.

Allí pedimos algo y entonces ella me dijo:
– Te quieres follar a la canija esa ¿no?
– Claro
– No parece tu tipo
– ¿Por?
– Pocas curvas, muy lejos de las curvas de Sonia y Lucía… o las mías

Mirándome provocativamente. Era verdad que la chica estaba planota, pero no me importaba. Sara siguió:
– ¿Qué pasa? ¿no ves nada más interesante?

Y menuda mirada me clavó, provocativa a tope, la insinuación era clarísima. La miré y dije:
– Sí, pero no sé si me conviene
– ¿Por qué?
– Muchas complicaciones
– Pero seguro que merece mucho la pena
– Seguro, pero luego…
– Una noche es una noche ¿no?

Esta vez ella no quería dar el primer paso, aunque lo dejaba claro. Me dije «esto me va a meter en más problemas» y estaba a punto de lanzarme, pero la miraba y no paraba de pensar en Sonia, joder lo que se le parecía. Y a Sonia le había prometido no meterme en la vida de Sara, no estropearle su relación, y justo iba a hacer eso. Y Sonia esto jamás me lo perdonaría.

Miré a Sara y le empecé a contar cosas de Sonia, lo que sentía por ella, las mentiras y engaños de Javi y que no podía hacerle esto también… y le dije que me iba. Ella me miraba sin decir nada, no sabía si enfadada o qué. Le dije que habíamos bebido demasiado y que la acompañaba a un taxi si quería. Sara sonrió y no dijo nada. No supe interpretar su sonrisa, Sara siempre sonreía mucho, era como su forma de ocultar sus pensamientos y sentimientos, y no supe si estaba enfadada y sonreía para ocultarlo, o era otra cosa, pero me daba igual. La acompañé al taxi y antes de entrar, me miró insinuante, como dándome una última oportunidad, pero no hice nada. Ella volvió a sonreír y se fue.

En cuanto se fue Sara, le escribí a Sonia. Que la echaba mucho de menos, que no paraba de comparar a chicas con ella y siempre salían perdiendo, que sentía haberle ocultado las infidelidades de Javi pero que lo había hecho pensando que era lo mejor para ella pero que estaba claro que me había equivocado… le lloré mediante un montón de mensajes lastimeros, productos de la bebida y mi desdicha. Se los envié sabiendo que al día siguiente me sentiría avergonzado.

Dada la hora que era, sabía que no los iba a leer hasta la mañana. Me metí en un taxi y me fui a mi casa, solo y sin ganas de nada, pensando que tenía que ir a ver a Sonia y hablar de verdad con ella… ya no aguantaba más esa situación.

Durante el trayecto en taxi sonó mi móvil, un mensaje de Sonia. Lo leí temblando. Sonia directa al grano:
– ¿Por qué no has querido acostarte con Sara?

Me quedé de piedra ¿ya se lo había contado Sara??? Le escribí:
– Porque te lo prometí
– Me has engañado otras veces
– Pero ya no más

Silencio, eterno… entonces Sonia escribe:
– Eso me decía Javi ¿Cómo sé que tú no vas a engañarme una y otra vez como él?
– Porque jamás he tenido ni tendré un sexo tan increíble como contigo, ¿para qué voy a buscar otra cosa?
– ¿Solo por sexo?
– Y porque te echo tanto de menos que hasta me duele
– Por el sexo
– No, por estar contigo

De nuevo silencio. Al rato Sonia escribe:
– He dejado a Javi
– ¿Sí?
– Sí, no confío ya en él, no puedo vivir así, siempre pensando si estará o no con su «novio» o con otra
– ¿Y entonces?
– Me voy a ir, me han ofrecido un trabajo en el extranjero, quiero olvidarme de todos

Me dio un vuelco al corazón, irse… eso sería el final de todo. Sonia siguió escribiendo:
– pero Sara me ha convencido para que hable contigo
– ¿Por lo que casi pasa esta noche?
– Lo de esta noche era una prueba idea de Sara, yo le había dicho que seguro que aprovecharías e intentarías acostarte con ella, pero ella decía que no, que sabía que no harías nada

Joder, vaya con Sara, sí que confiaba en mí… Me quedé sin saber que escribir. Sonia escribió:
– Me has sorprendido
– ¿Tan cabrón piensas que soy?
– Ya no sé qué pensar, confiaba en ti al 100% y me has mentido

De nuevo nos quedamos callados. Le escribí:
– Lo sé, te he defraudado, pero no ha sido con mala intención, de verdad. Podría haber usado lo que sabía de Javi para que te enfadaras con él, pero no quería verte mal
– Pues has conseguido que me sienta fatal
– Ya, y no sabes como me duele, pero mi intención era controlar a Javi, que dejara de engañarte, que siguieras contenta, pero me equivoqué, no debería haberlo hecho, debería habértelo contado, he sido un estúpido, la he cagado totalmente

Silencio. Le escribí:
– Sonia, no te vayas, vamos a vernos
– ¿Para qué?
– Para que me perdones y me des una oportunidad

Ella callada. El taxi paró en mi casa, pagué y salí. Miré el móvil, nada de Sonia. Le insistí:
– Sabes que tú y yo somos algo más que solo un sexo increíble, esa compenetración que tenemos es mucho más

Sonia no escribía nada. Le escribí:
– Sabes que cuando estamos juntos, los dos nos sentimos genial, estamos de buen humor y nos entendemos con solo mirarnos

Sonia leía los mensajes pero no escribía. Le puse:
– Desde hace meses, cuando me volvía a casa en tren después de estar contigo, me dolía todo por no estar más contigo

Silencio. Desesperado, terminé escribiendo:
– Sonia, te quiero

Sonia no decía nada, y a mí ya no se me ocurría nada más que no fuera aún más lastimoso y patético. Me quedé mirando la pantalla, intentando pensar algo que poner. Entonces escuché ruido de tacones y me giré, viendo como salía de las sombras de mi portal:
– Yo también te quiero

FIN

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