SERGIO CANEVA

Se anclan las agujas, en horas que queman,    

un tapiz de arena … es horno del sol, 

que eleva de a poco ríos de aguas vivas,  

que nutre a los cerros  sin ver su verdor.

Solo el que los lleva intrínsecamente,

ve allí  un aliciente a no declinar.

Desnudo mis ojos, transito entre abrojos,

la esperanza viva… no logro ancorar.

Vuelven las agujas a templar su ritmo,

agobiando el pecho que cansado está

y hasta las gotas de sudor que ¡explotan!  

no tocan mi boca ni la tocaran.

Un delgado hilo, de huellas de fuego,

me  roba la savia hasta sin piedad…

viendo en  el espejo que muestra otra vida,

que no hay perspectiva para transmutar.

Solo osamentas , que yacen dispersas,

de cuerpos extraños, van guiando mi andar,  

como presagiando, sin pausa y con pena, 

que un  mar de arena, me ha  de soterrar.. .

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