KERANOS

-¿Cómo?
-Lo que oyes (dijo dándose la vuelta, sonriendo y girando su cabeza, acabando con un guiño de ojo).

Elena empezó a andar hacia la puerta, que estaba cerrada, entonces yo pegué un bote de la cama, yendo hacia ella, cerrando la puerta cuando ella la estaba abriendo, aprisionando su cuerpo con el mío contra la puerta, con mi polla empalmada de forma vertical contra su espalda.

-Esto no se hace…
-Estás castigado.
-¿Me vas a dejar así? (dije empezando a besarle el cuello).
-Sí (dijo susurrando mientras respiraba profundamente).
-Va, levántame el castigo…
-No. Hasta mañana no hay nada.
-¿Cómo me puedes hacer esto?
-He tenido un buen maestro… (dijo dándose la vuelta para acariciar mi polla por encima de la tela).
-Eres una cabrona…
-Uy… A ver si te voy a tener que alargar el castigo… (dijo sonriendo).
-No, no. Ya está.
-Así me gusta (dijo dándome un azote en el culo).

Se fue al baño, volviendo yo a la cama, tumbándome boca arriba. Empecé a oler las sábanas y la almohada, que tenían el olor de Elena y me empecé a tocar por encima de los boxers. Oí que Elena salía del baño, por lo que paré de tocarme, entrando ella y sentándose a mi lado en la cama.

-¿Todavía estás así?
-Es que aquí tumbado con tu olor por todas partes, se me hace duro…
-No, si dura está, jajajaja.
-Pfff…
-Tranquilo… (dijo pasando su dedo por mi pecho lentamente hasta bajar a mi vientre, pasándolo por mi polla suavemente hasta la punta).
-Estoy casi en el punto de no retorno.
-¿Te vas a correr?
-¿Qué? No, jajajaja. Pero tengo tantas ganas que me muero por ponerte a 4 y reventarte.
-Ya… pues no va a pasar (dijo bajando y subiendo su dedo por mi polla).
-Pues para…
-¿Me vas a forzar?
-No, no jodas…
-Estoy de coña… jajajaja (dijo mientas subía y bajaba su dedo más rápido).
-Para, por favor.
-Mmm… Me gusta jugar así…

Tiré de ella para ponerla encima de mí y empezar a besarla, retirándose ella.

-¿Besos tampoco?
-Es que como empecemos con los besos, ya sabemos como va a acabar la cosa…
-¿Me vas a tener sin besos hasta mañana?
-Nooooooo, pero ahora mismo sí (dijo agarrando muy fuertemente mi polla).
-Elena, por favor…
-Vale, ya paro. Voy a hacer el desayuno mientras se te baja esta señorita.
-Vale, ahora voy.

Se puso el pijama y se fue a la cocina. Yo me quedé tumbado boca arriba, mirando al techo, muy cachondo y con la polla más dura que una piedra. Puse mi cara de lado, viniéndome de nuevo su olor desde la almohada. Ni me lo pensé. Me quité los boxers y empecé a pajearme muy fuerte y rápido, corriéndome en pocos minutos sobre mi pecho. Ella estaba jugando conmigo y yo no me iba a quedar atrás, así que me levanté y fui desnudo hasta la cocina, empezando a hablar cuando estaba ya casi en la puerta.

-Elena, he tenido un percance.
-¿Qué te ha pasado?
-Pues… (dije señalando con mis manos a mi pecho, aún con mi polla morcillona).
-Pero Javi… (dijo poniendo cara de sorpresa, mirándome de arriba a abajo, con una risita al final).
-¿Tienes papel por ahí?
-Qué mal te estás portando… (dijo acercándose a mí).
-Bueno…
-¿Qué voy a hacer contigo? (dijo mirándome con unos ojos muy vivos).
-Lo que tú quieras (susurré).

Elena se puso en cuclillas, volviendo a tocar mi polla con su dedo, para después levantarse un poco para empezar a lamer mi corrida que aún estaba en mi pecho, levantándose después para mirarme a los ojos, pasando su lengua por sus labios. Después se puso de puntillas para besarme, separándose al notar que mi polla tocaba su pecho.

-Madre mía, Javi, como estás hoy… jajajaja.
-Es tu culpa…
-Anda, tira y date una ducha de agua fría.
-Sí, va a ser mejor, porque si no…
-Voy a hacer la cama y ahora hacemos el desayuno, que se enfría entonces.

Me metí en la ducha, empezando a lavarme, pero de pronto oí como entraba Elena, quitándose la ropa rápidamente y entrando conmigo.

-¿Has cambiado de opinión?
-Calla, mi madre está aquí.
-No jodas…
-Shhh… (dijo tapándome la boca con la mano).

Su madre vino hasta la puerta, empezando a hablar con Elena. Afortunadamente, la cortina de la ducha no dejaba ver nada, por lo que no podía saber que estaba ahí. Le dijo que venía a por unos papeles y que se iba enseguida y que luego se veían para comer en casa de su abuela. Mientras hablaba con su madre yo le acariciaba los hombros, estando ella de espaldas a mí. Le pasé un brazo por delante, más arriba de sus tetas, para acercarla a mí, besándole la cabeza. Una vez se fue su madre, se dio la vuelta y me miró riendo. Iba a empezar a hablar, pero la cogí en brazos, y la empecé a besar, pasando ella sus brazos por mi cuello y sus piernas por mis caderas. Después del beso, retiró su cara y me dijo:

-Javiiiii…
-Tranquila, sólo quería abrazarte y besarte.
-Cualquier día nos pilla y verás tú…
-Llevas razón, es una tontería seguir así, voy a salir para presentarme.
-¿Qué dices?
-Es coña, jajajaja ¿Cómo voy a hacer eso? Y más así…
-No sé, como te has venido arriba viniendo a la cocina como has venido, pues lo mismo te da por ahí, jajajaja.
-Qué va, mujer. Ni qué estuviera loco.
-Oye, te la quiero presentar, pero…
-No te preocupes, ya te dije que cuando tú creyeras conveniente.

Me abrazó fuertemente, quedándose en silencio. Después nos duchamos juntos y fuimos a la cocina para desayunar después de vestirnos. Una vez desayunamos, nos despedimos, estando ella bastante animada. Me plantó un morreo bastante intenso.

-¿Tendrás suficiente con eso hasta mañana?
-No sé…
-Anda, tira… jajajaja.

Me fui, dándome ella un fuerte azote, riendo bastante alto, cerrando la puerta rápidamente para que yo no pudiera hacer ni decir nada. Oía como se reía a través de la puerta, por lo que me acerqué a ella.

-Ya verás mañana… (con tono de guasa mientras daba golpecitos a la puerta).

Oía como soltaba una carcajada. Después fui hasta mi coche para volver a mi casa. El resto del día transcurrió de manera normal, hablando con Elena por la noche, con bastante tono de guasa, mencionando lo que pasó cuando me iba a ir. El siguiente día también transcurrió de manera normal, hasta que al fin fui a por Elena, para ir al restaurante en el que habíamos quedado todos. Le avisé, esperando cerca de su puerta, apoyado en el coche. Yo fui vestido exactamente igual a la primera fiesta en la que fuimos juntos, pero ella iba con algo que no le había visto nunca. Iba con un vestido ajustado de color granate, con unas mangas que les llegaban a los codos, de largo hasta medio muslo y un cuello de pico que le hacían un escote muy bonito, iba sin medias, con unas sandalias con un poco de plataforma negros atados a sus tobillos con una hebilla, pudiéndose ver sus dedos, con las uñas pintadas del mismo color que el vestido, al igual que las de sus manos. Llevaba el pelo alisado y un ligero maquillaje, como el que se solía poner para estas ocasiones. Sobre el brazo llevaba un bolso y una chaqueta vaquera. Cuando se acercó a mí, me miraba sonriendo, abrazándola yo de la cintura, levantando su cuerpo, para besarla.

-Javiiiii, que se me va a ver todo… (dijo riéndose).
-Estás preciosa, déjame que te disfrute.
-Jajaja, creía que me ibas a dar un azote…
-Bueno, más tarde, jajaja.
-Es que ayer te portaste muy mal…
-Sí, estaba muy revolucionado.
-Anda, vamos, que tenemos que pasarnos antes por casa de Mario.
-¿Y eso?
-Ya lo verás…
-Uy…

Elena se rio y se montó en el coche sin decir nada más. Empecé a conducir para ir a casa de Mario, hablando de algunas cosas por el camino hasta que llegamos. Salimos del coche, yendo hacia la puerta.

-Vaya culito te hace el vestido…
-¿Sí? (dijo moviendo el culo de un lado a otro).
-Joder, no hagas eso que me voy a empalmar aquí mismo… jajaja.
-Jajajaja. Ayyyy…
-Estoy muy sensible después de que ayer me castigaras…
-Pero si…
-Ya, pero no es lo mismo…

Llegamos a la puerta y llamamos, abriéndonos Mario, quien iba bastante similar a mí, pero con un jersey encima de la camisa. Le dio dos besos a Elena y un abrazo a mí. Nos hizo pasar al salón, mientras Irene terminaba de prepararse. Mario la avisó, llamando ésta a Elena para que fuera a su habitación. Mientras tanto Mario y yo hablábamos en el salón, sin oír nada de lo que hablaban las chicas, hasta que oímos unas risitas. Mario me dijo que imaginaba el porqué de esas risas, preguntándole yo de qué se trataba, pero me dijo que ya lo vería y que me iba a gustar. Al poco vinieron las chicas, abrigándose para irnos. Irene estaba espectacular, con un vestido negro muy ajustado de tirantes, acabando un poco antes de las rodillas, unas medias negras, que transparentaban sus piernas, acabando en unos botines parecidos a los tenía Elena que tanto me gustaban, pero de un color rojo muy vivo. Llevaba un ligero maquillaje, con una raya en los ojos bastante larga, y los labios de un rojo igual de vivo que sus zapatos. Llevaba también las uñas de negro, como siempre y el pelo como lo solía llevar. No pregunté nada acerca de lo que estaban tramando, por lo que nos montamos en el coche, para ir al restaurante que estaba a las afueras. Mario se sentó delante conmigo y las chicas atrás. A medio camino empezaron con las risitas de nuevo.

J: ¿De qué os reís tanto?
I: Nada, cosas nuestras…
J: Ya, miedo me dais… (dije riéndome mirando por el retrovisor).
E: Tranquilo mi amor… (dijo echándose hacia delante, acariciándome la cara con su mano).
J: Vale, vale (dije dándole un beso en la mano).
I: Uy, qué cariñoso…
J: Sí, es que ayer me tuvo a pan y agua y…
E: Es que se portó mal y tenía que castigarle…
I: Jajajaja, me encanta.
M: Qué malas sois… jajajaja.
E: Pero se siguió portando mal y le tuve que dar un azote… jijiji.
I: Pero, ¿qué hizo?
E: Estábamos cariñosos y me mordió la mano.
J: Venga ya, si fue jugando…
E: Sí, pero también quería que estuviéramos sin hacer nada, para hoy cogernos con más ganas.
I: Qué bien.
E: Fui al baño y cuando regresé seguía con la polla tiesa.
J: A ver, a ver… Me calentó mucho antes de que se fuera, estaba muy cachondo y con su olor por la almohada y las sábanas, pues la cosa no me bajaba.
M: Eso es normal.
E: Después me fui a la cocina a preparar el desayuno y viene diciéndome que había tenido un percance.
I: ¿Qué pasó?
E: Pues que el guarro se presenta en la puerta de la cocina totalmente desnudo con toda su corrida por su pecho y barriga…
I: Jajajajaja, pero Javi…
J: Venga, venga, como si hubiera hecho una locura… Con las ganas no me iba a quedar…
M: Di que sí, que hay que descargar. No es bueno quedarte con todo eso ahí, que luego te duelen los huevos…
I: Pero te podías haber limpiado, marrano…
J: Sí, yo soy el marrano…
E: Calla, Javi… (dijo riendo).
I: Cuenta, cuenta…
J: Se acercó a mí y me limpió con su lengua el pecho.
I: Mmm… Elena…
M: Joder, que morbo…
E: Ay… (dijo tapándose la cara con una mano y dándome un golpe con la otra en el hombro).
J: Jajajajaja, hombre, si se me expone, nos exponemos todos…

Cuando llegamos, bajamos del coche, yendo cada pareja de la mano, encontrándonos con el resto de los amigos con los que quedamos. Entramos, sentándonos en una mesa redonda. A mí izquierda el asiento estaba vacío, por lo que dejamos ahí varios abrigos y bolsos, a la izquierda de asiento empezó el reguero de amigos hasta llegar a Mario, con Irene a su izquierda, Elena a la izquierda de Irene y yo a la izquierda de Elena. Pedimos la bebida y la comida y mientras esperábamos empezamos a hablar entre todos. Nos empezaron a servir las bebidas y poco después la comida, pidiéndome Elena su bolso. Cogió su móvil y me lo volvió a dar para que lo dejara donde estaba. Empezamos a comer, mientras seguíamos hablando, hasta que noté que Irene estaba como inquieta, dándome cuenta de lo que pasaba cuando miré a Elena. Tenía su móvil en su regazo, cogiéndolo cada poco, percatándome de que tenía la aplicación del vibrador, accionándolo, subiendo y bajando el nivel. Le di con el codo, pero ella sonreía mirando el plato mientras Irene nos miraba sonriendo con las mejillas algo rojas. En una de estas, Elena dejó el móvil boca arriba, por lo que colé mi mano para poner el nivel al máximo, dando Irene un bote. Uno de los amigos preguntó qué le pasaba, quitando ella importancia, achacándolo a un tirón. Elena bajó rápidamente el nivel entre risitas y me puso la mano en el muslo, pellizcándolo. Estuvieron jugando así durante toda la cena, con varios movimientos de Irene, que para nosotros eran evidentes, resoplando a veces. Echamos un buen rato, siendo esos detalles muy sutiles para el resto, por lo que no sospechaban nada. Cuando acabamos de cenar, salimos todos juntos para ir al pub.

Irene, Mario, Elena y yo fuimos en mi coche, y los demás se organizaron en otros coches. Mientras íbamos, en la conversación salió el tema como era evidente que pasaría.

I: Que pasada…
M: Me da mucho morbo esto…
J: Eso era lo que tramabais, ¿no?
I: Sí, jajajaja.
E: ¿Te parece muy intenso?
I: No, está bien. Aunque cuando éste lo ha puesto al máximo…
J: Vaya, que poco aguante…
I: Sí, sí…
E: Pues a mí es que uff… No puedo aguantar mucho…
I: Elena, me has puesto muy perra… (dijo acercándose a ella, jugando con su oreja y su cuello).

Elena se quedó callada, un poco roja. Yo miraba por el retrovisor, viendo que Irene jugaba con ella y Elena me miraba a mí a través de él. Sonreí mirando al frente, viendo también como Mario sonreía. Cuando llegamos se despegó de ella, entrando todos al pub. Dentro, nos pedimos unas copas, aunque yo solo me tomé una porque no me gustaba mucho el alcohol y tenía que conducir de vuelta. Teníamos un reservado, por lo que las chicas del grupo se pusieron a bailar, mientras los chicos nos quedamos bebiendo y hablando. Mario y yo estábamos retirados y empezamos a hablar.

-Muy bueno lo del vibrador, que morbo ver así a Irene.
-Ya ves. A mí también me encantó cuando lo probé en el bar la primera vez, cuando os disteis cuenta.
-No sabes las ganas que tenía Irene de que llegara hoy… En cuanto nos disteis el regalo y llegamos a casa, me empezó a contar lo que tenía pensado, estaba eufórica.
-Sí, se la ve muy contenta.
-Javi, sois muy especiales para nosotros. No lo digo por todo esto que hacemos, lo digo porque no hemos tenido con nadie la confianza que tenemos con vosotros. Nos conocemos desde hace bastante y aunque con Irene hayáis pasado menos tiempo, ya os digo que ella siente lo mismo, os consideramos como si fuerais familia.
-Joder, Mario…
-No me hagas tampoco mucho caso… Que con las copas me pongo tontorrón, jajajaja.

Mario se fue a bailar con Irene, dejándome sólo y pensativo. Me pareció muy profundo lo que dijo. Era cierto que nos lo pasábamos muy bien, pero no sabía que ellos nos veían así. Esto me hizo preguntarme como los veía yo, pensado en que conocía a Mario desde que era pequeño, ya que fuimos siempre a la misma clase, desde que íbamos al colegio, hasta bachillerato. Nos dejamos de ver más cuando fuimos a la universidad, pero seguíamos quedando los findes que coincidíamos. También recordé como conocí a Irene, parecía otra chica a la que conocía en ese momento. Era más tímida, aunque físicamente era igual, aunque con las puntas del pelo de color rojo oscuro. Esa timidez se le fue tan rápido conforme cogió confianza con el resto del grupo, demostrando ser una chica muy simpática. La verdad es que yo me encontraba siempre muy a gusto con ellos, me daban mucha confianza y seguridad. Pensé en hablar con Elena acerca de este momento otro día, para ver qué pensaba ella.

Me fui a la barra con mi copa, notando de pronto como me abrazaban por detrás.

-Vaya, que cariñosa…
-Hola, Javi.

Puse cara de extrañado, porque esa no era la voz de Elena ni de ninguna chica del grupo, aunque me sonaba y me pareció raro que me abrazara así, por lo que me di la vuelta.

-¿Ángela?
-¿Qué tal?
-Bien, bien. Joder, no te había conocido por la voz…
-Bueno, hace bastante que no nos vemos…
-Sí, como un par de años o así, ¿no?
-Sí, más o menos.
-¿Qué tal? (dije dándole dos besos).

Empezamos a hablar de cómo nos iba porque hacía bastante tiempo que no nos veíamos. Ángela era una chica que conocí en la universidad y resultó que vivía en mi ciudad, por lo que nos hicimos muy amigos, saliendo con otro grupo a veces cuando iba a mi ciudad, de hecho, el lugar donde estábamos en ese momento lo frecuentábamos bastante en esos tiempos. También salíamos en la ciudad donde estaba la universidad, convirtiéndonos en follamigos, yendo cada uno a su bola, aunque me llegó a decir que solo se veía conmigo para eso, mientras que yo sí que me veía con alguna que otra chica más. Estaba muy guapa, iba con una camiseta blanca de seda de tirantes, que dejaba entrever su sujetador negro, y una falda ajustada negra, con unos tacones bastante grandes, también negros. Físicamente era espectacular, delgadita, entorno a 1,55m, muy blanquita de piel, con unos pechos algo pequeños, más que los de Elena, aunque muy bonitos, unas buenas caderas, muy sensuales y un culo increíble, bien puesto, redondo y respingón, llegando a ser grande, pero no tan exagerado para su cuerpo. De brazos y piernas delgadas, aunque con unos muslos muy bonitos. A mí lo que más me gustaba era su cara, era una preciosidad, unos ojos muy vivos, de un color bastante difícil de describir, tenía tonos marrones, dorados, verdosos y azulados, probablemente los ojos más bonitos y a su vez raros que haya visto en mi vida. Tenía también una nariz muy bonita, ni muy grande ni muy pequeña, pero si respingona y unos labios finitos, con un lunar en el lado izquierdo, sobre ellos. Sus cejas eran finas y de color claro, tirando a rubio, porque ella era rubia. Llevaba el pelo recogido, bien peinado, sin llegar a ser un moño. Iba maquillada, con los labios de color rosa, algo en las mejillas y sombra de ojos con una línea.

Estuvimos hablando un rato, hasta que empezamos a recordar lo bien que lo pasábamos y como nos dejamos de ver una vez acabamos la universidad. Era un poco raro porque ambos estábamos un poco cortados, pero enseguida nos relajamos, llegando ella a acercarse a mí, contando cosas entre risas mientras me cogía del brazo. Llegó un momento en el que me miraba con ojitos, sonriendo, acercándose más. Mientras hablaba, se acercó más de la cuenta a mí, intentando besarme, yo aparté la cara, llegando a dármelo en la mejilla.

-Vaya… No esperaba esto…
-Ángela, lo siento…
-¿Ya no te atraigo? No me dirás que me he echado a perder… jajajaja.
-No, no, que va… Si estás increíble, como siempre. Pero es que…
-¿Qué pasa?
-Es que tengo pareja.
-¿Cómo? ¿Pareja? ¿Tú?
-Emmm… Sí.
-Pero si tú no buscabas eso… Siempre decías que te gustaba ir a tu bola y que pasabas de relaciones…
-Ya, pero surgió.
-Vaya… Con la ilusión que me había hecho verte…
-A mí también me ha gustado volver a verte.
-¿Y cómo es que ahora tienes pareja?
-Pues empezamos de follamigos, como nosotros, y bueno, fueron surgiendo sentimientos. Me empecé a preocupar por ella y me dijo que sentía algo más por mí y bueno, descubrí que yo también.
-¿Está aquí?
-Sí, es aquella de allí, del vestido rojo (dije mirando a Elena, quien estaba bailando con las demás chicas).
-Anda, que mona. Me alegro un montón por ti Javi, de verdad.
-Gracias.

Se me quedó mirando con sus ojos tan vivos, empezando a reír.

-¿Qué pasa?
-Nada, es que me acuerdo que, en su día, cuando nos veíamos y demás, llegué a sentir cosas por ti, pero como me dejaste tan claro que no buscabas nada, pues nunca te lo dije.
-No me digas…
-Pues sí. Pero bueno, eso ya es agua pasada.
-¿Por eso no te veías con nadie más para…?
-Sí, estaba colada por ti y no me apetecía estar con nadie más.
-Me lo deberías haber dicho.
-Bueno, estaba a gusto conforme estábamos y no quería que te lo tomaras muy en serio, imaginaba que, porque no fuera a peor, me podrías apartar y no quería eso.
-Vaya, no sé qué decir.
-No tienes que decir nada, eso fue hace mucho.
-¿Tienes pareja ahora?
-No, no he tenido mucha suerte.

Me contó que salió con dos chicos, pero que lo salió bien por engaños, celos y demás y que ahora mismo no buscaba nada.

-Vaya, qué mala suerte.
-Bah, da igual.
-Ellos se lo pierden. La verdad es que con lo buena chica que eres, no sé… En fin, ya encontrarás a alguien que merezca la pena.
-Bueno, no tengo prisa.
-Oye, me ha alegrado mucho verte, de verdad.
-A mí también. Me dio pena cuando perdimos el contacto, te consideraba un buen amigo y te eché de menos. A ver si nos tomamos un café o algo y me la presentas.
-Claro, cuenta con ello.

Nos dimos dos besos y ella regresó con sus amigas, quedándome yo en la barra. A los pocos segundos se acercó Irene.

-¿Quién era la rubia?
-Una amiga.
-Está tremenda, ¿eh? Os he estado viendo como hablabais y me he fijado en ella y es una preciosidad.
-Sí, la conocí en la universidad y llegamos a ser follamigos.
-Anda… Te noto algo serio.
-¿Eh? Nada, es que ha intentado besarme, por recordar viejos tiempos y la he rechazado, diciéndole que tengo pareja y le ha extrañado.
-Bueno, tampoco es para tanto.
-No, si ese no es el problema.
-¿Entonces?
-Pues me ha dicho que en su día sentía cosas por mí, pero que no me dijo nada porque yo no buscaba pareja.
-Huy, huy… No le des mucha vuelta a eso.
-No, no. Si no estoy rayado ni nada, pero bueno, me siento un poco mal por ella.
-Joder, si no tuviera plan con vosotros, lo mismo me acercaba para tirar fichas, a ver si cuela un trío…
-Jajajaja, luego decís de los tíos…
-Joder, es que está muy buena y es guapísima.

En ese momento se acercó Elena, preguntándonos.

E: ¿De qué habláis?
I: De lo buena que estás (dijo Irene con una risita mientras se iba con los demás, dándole un azote en el culo a Elena).
J: Jajajaja.
E: Oye… jajajaja.

Nos quedamos Elena y yo solos en la barra, empezado a hablar.

-Como está hoy…
-La tienes loquita, jajajaja.
-Tú sí que me tienes loquita a mí… (dijo acercándose a mí para besarme).
-Huy… Como te sube el alcohol… jajaja.
-Noooo, lo digo de verdad, jiji. Oye, espera, que voy a por mi bolso, que quiero chinchar a esta.
-Vale, jajajaja.

Fue a donde teníamos los abrigos y demás, mirándola yo como se alejaba, viendo como contoneaba su culo, con una sonrisa tonta. Después dirigí mi mirada hacia Ángela, quien me miraba y me sonrió al ver que la miraba. Aparté mi mirada, dirigiéndola a mi grupo de amigos, viniendo Elena a los pocos segundos. Se puso delante de mí, pegando su culo a mi paquete y sacó el móvil para activar el vibrador. Pudimos ver como Irene se estremecía, girándose para mirarnos mientras reía. Nos reímos y lo quitó, Irene volvió a empezar a bailar con Mario y al rato Elena lo volvió a poner, girándose Irene y poniendo los brazos en jarra mientras sonreía. Empezó a venir hacia nosotros, por lo que le dije a Elena que lo subiera bastante. Irene apretó la cara, encogiendo su cuerpo y parándose. Irene hizo gestos de que se quedaba ahí con las manos, regresando con Mario, quien se estaba riendo al ver como jugábamos con ella. Mientras bailaban, Elena jugaba con el nivel del vibrador, restregando su culo suavemente contra mi paquete, provocando una erección. La pegué a mi cuerpo, pasando mi brazo por su pecho, entre sus tetas y su barbilla, dándole un beso en la cabeza. La abracé, entrelazando mis dedos en su barriga, mirando ella hacia arriba, dándole yo un beso en la frente. La veía sonreír, con las mejillas sonrojadas. Elena dejó el nivel más bajo del vibrador, viendo como Irene echaba su cabeza sobre el pecho de Mario, bailando ambos más lentamente y se dio la vuelta para mirarme a los ojos sonriendo.

-Cómo te gusta jugar con ella…
-Sí, me lo paso muy bien.
-Y ella también.
-Sí, va sin bragas.
-¿Qué dices?
-Sí, sí. Si en su casa se lo ha puesto delante de mí y hemos salido sin que se las pusiera.
-Qué guarrilla…
-Jajajaja, pues si, un poco.
-Joder, a ver si con el vibrador y sin bragas le va a bajar algo de líquido por los muslos.
-Eso le he dicho yo, pero me ha dicho que ella no se moja tanto, que no habría problema con eso.

Estuvimos un rato ahí, acaramelados, mientras Elena jugaba de vez en cuando con el vibrador, apagándolo al rato. Fuimos los dos a bailar con el resto, echando un muy buen rato, hasta que sobre las 3 de la mañana el grupo se fue disolviendo, yendo los cuatro en mi coche a casa de Mario. Cuando llegamos, fuimos hacia la puerta, quedándose Mario atrás. Dijo que iba a dormir a casa de sus padres, que se mudaron a otra casa, más retirada de la zona. Me ofrecí a llevarlo, pero me dijo que no, que fuera con ellas y que me lo pasara bien, que él iba andando y así bajaba un poco las copas. Una vez se fue, entramos, yendo los tres al salón.

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