ELIZABETH GARCÉS FERRER

Salí del trabajo completamente extenuada, lo único que me importaba era regresar a casa y no ver a nadie. Mi cerebro no podía más de tanta habladera en la oficina, necesitaba el silencio.

Me dirigí a la parada del autobús, dentro de mi cansancio pude comprobar que la tarde estaba preciosa y que el sol brillaba con mucha fuerza por lo que el ambiente se sentía cálido a pesar de la presencia del invierno.

Cuando llegué a la parada una señora esperaba con resignación, la reconocí en seguida porque ya la había visto varias veces, en efecto, coincidíamos en el autobús pero jamás le hablé, solo éramos una de las tantas personas que utilizan ese medio de transporte. Algo era diferente : hoy estaba sola, de costumbre la veía con una mujer joven que parecía ser su hija.

La chica que la acompañaba constantemente no estaba bien, se notaba que sufría de un cierto retrazo mental. A penas hablaba y cuando lo hacía emitía como sonidos guturales.

Ambas llevaban atuendos rotos y de una o dos tallas más de la que les correspondía. La señora, bastante mayor, arrastraba un carrito de la compra muy deteriorado mientras que, a sus espaldas, cargaba una mochila y ambas cosas iban repletas a juzgar por el esfuerzo que desplegaba.

Sí, siempre las ví juntas pero hoy solo estaba la señora con su eterno carrito de la compra y su mochila sobre los hombros. Triste imagén la de aquella pobre mujer. Su rostro arrugado unido a su cabello totalmente blanco, demostraban el sufrimiento de una vida.

Llevaba yo unos minutos en la parada cuando la veo acercarse, casi con miedo me dijo :

_¿ Podría hacer una llamada con su teléfono ?

_¡ Claro que sí ! – exclamé.

Ella comenzó a rebuscar apresuradamente en su cartera hasta que encontró un papel con un número de teléfono escrito en tinta roja que comencé a marcarlo en seguida. La mujer me daba las gracias a lo que le respondí :

_Es normal, señora .

_No, puede creerme, no es normal el haberme dicho que podía hacer la llamada, no todo el mundo acepta.

La conversación telefónica fue corta, entonces me explicó el motivo de todo aquello y yo pensé que, por cosas del destino, estaba escuchando la historia de aquella señora que yo tanto veía de manera fortuita en el autobús. La vida podía ser increible, las situaciones se van uniendo sin que uno se de apenas cuenta.

_Mi hija está enferma, es autista, actualmente se encuentra en un centro especializado porque sufrió una crisis. A mí me van a operar del corazón dentro de una semana y deseo que salga de allí por dos días para que esté conmigo. Temo no despertarme de esa operación y, de ese modo, la veré por última vez.

Me confezaba un drama, el suyo. La persona con la que habló por teléfono era la doctora que seguía el caso de su hija, le pidió una cita para que le dijera si estaba de acuerdo en que la chica saliera del centro, si esto no era posible lo acataria. Según me dijo, la psiquiatra la recibiría al día siguiente, a las diez de la mañana.

La tenía cerca a la mujer del autobús, un ser desdichado y sumamente humilde que vestía con ropas recuperadas. Necesitaba hablar, necesitaba desahogarse por lo que me comentó muchas cosas sín importarle, tal vez, que yo fuera una total desconocida.

_Tengo très hijos más, saben que me van a operar pero ninguno viene a interesarse por mí. El otro día tuve la visita de mi hija mayor, quería que le diera un poco de dinero de mi pequeña pension. No le dí nada. Le dije que yo era la madre del ser que salio de mí vientre pero no de la que me estaba pidiendo dinero.

Encontré que su razonamiento tenía cierta lógica dada la situación y que, a pesar de su avanzada edad, el cerebro se hallaba muy bien. Prosiguió contando sus desgracias.

_No quieren saber de su hermana, me dicen que es una retrazada y que yo soy una idiota por ocuparme de ella, pero es mi hija y salió de mí vientre, yo no puedo echarla de mi existencia y olvidarla, ¿ me comprende usted ?.

_Naturalmente que si, usted es una madre y actúa como tal. Yo tengo un hijo y habría hecho lo mismo, se lo aseguro.

_Mis hijos me han afirmado que si tuvieran un niño con retrazo, como su hermana, lo ponen en un centro especializado para que se ocupen de él pero que no harían lo que hago yo. Fíjese hasta el punto que puede llegar gran parte de la sociedad actual.

Tuve que darle la razón, la sociedad es una especie de monstruo que se basta solo y no necesita de los sentimientos para sobrevivir. La sociedad actual es inhumana y se retuerce en la frialdad absoluta. Muchas veces no hay familiaridad ni amistad porque no existen los cimientos para permitir la construcción de un ser humano de verdad.

_Ya no hay valores y si uno no lucha nos devoran, incluso la misma familia puede devorarnos. No hay principios, la humanidad se ha convertido en una maquina a la que solo le importa su propio beneficio. Traemos hijos al mundo para que nos aplasten después.

El autobú

s se detuvo en lo que era mi destinación, tenía que descender pero con cierto pesar puesto que me veía obligada de interrumpir nuestra conversación, una gran pena. Me despedí de la que me acompañó por espacio de un corto trayecto.

_Señora, que toda la suerte del mundo esté presente en el momento de su operación_ le dije_ y que su hija se mejore.

Me tomó las manos, las apretó muy fuerte a la vez que me repetía :

_Gracias, muchas gracias por haberme permitido utilizar su teléfono.

Para ella parecía importante el que alguien la ayudara ofreciéndole algo tan sencillo como la autorización de una llamada telefónica.

Puede que el ser humano responda a las exigencias de una época que solo pide fuerza y competitividad considerandose débil y sin personalidad al dar signos solidarios hacía el que pide una mano tendida.

Es terrible, una mujer enferma del corazón y transportando un gran peso para salir adelante cada día. Peso en su mochila y en el carrito que ya es como su sombra mientras que, el mundo que la rodea mira hacía otro lado.

Espero encontrarme con ella nuevamente, será en algún autobús de la ciudad. Espero que sobreviva en la jungla que es, nuestra existencia.

Un comentario sobre “La dama y el carrito #Reload

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