ALMUTAMID

Al final Víctor y Miriam estaban saliendo a pesar de sus problemas con el coito. Desde luego con esa actitud él se la había ganado. Y Ángela desgraciadamente seguía sumida en sus envidias y amarguras que difícilmente iba a solucionar con esa actitud. Y más si había pasado a salir casi exclusivamente con nosotros donde tenía bastante limitado el conocer gente nueva. Pero no iba a ser yo quien le dijera que saliera con otra gente cuando el que me iba a ir era yo.

Ocurrían cosas pero sin sobresaltos. O eso creía yo confiado. Pues el domingo al mediodía me llamó Ana poniéndome en tensión:

-¿Sí?-contesté con cierta duda.
-Hola, Luis. ¿Qué tal el finde?
-Bien. Tranquilo. ¿Y tú?
-Bien. Tranquila también. Martina se pasa todo el tiempo con Dani y a mí no gusta ir de sujetavelas. Así que he salido poco.

En condiciones normales la habría invitado a unirse a nuestro grupo pero después de lo ocurrido ni loco se lo habría propuesto.

-¿Tienes planes esta tarde?-me preguntó.

No los tenía, pero no sabía por donde iba. Y estaba tardando demasiado en contestar por lo que se iba a dar cuenta de que mentiría así que terminé respondiendo que no.

-Guay. Necesito hablar contigo. Es muy urgente. ¿Tomamos café?

Ya no podía poner excusas y me daba miedo enfadarla. Había estado muy borde con ella la última vez y temía que sus acusaciones volvieran a salpicarme. Sin convicción le dije que me parecía bien. Y además insistí en quedar temprano para que me dijera lo que fuese y yo poder aprovechar la tarde saliendo a correr u comprobando los apuntes que me pudieran faltar para irme de vacaciones ya con todo preparado.

Me citó a las 5 en la misma cafetería donde me había acusado de violación. No sé si era buena idea volver allí, pero su ubicación era perfecta, cerca de la residencia y en la esquina de su casa. Pese a llegar puntual Ana me esperaba ya dentro saludándome a través de la cristalera cuando me vio. Estaba en la misma mesa apartada que aquel día. Mal augurio.

Pero la noté diferente. Venía arreglada y peinada de forma distinta. Llevaba un traje ajustado en el que marcaba aun mas sus curvas con un cinturón ancho que hacía que su pecho y sus caderas resaltaran más. Cuando entré y se levantó a saludarme pude verla mejor con unas botas altas hasta las rodillas de modo que la parte del muslo que no cubría el vestido quedaba refugiada en unas medias negras muy tupidas. Estaba muy guapa, algo que m sorprendió acostumbrado a verla siempre con ropa ancha de diario. Pero más me sorprendió cuando se quitó un foulard que llevaba al cuello y comprobé que el vestido hacía bastante escote y había apretado sus pechos de forma que se juntaban formando un canalillo en el que era difícil no fijarse.

Creó que se dio cuenta de la impresión que me había causado cuando torpemente le pregunté tras darle dos besos qué quería tomar. El chocolate diluido en leche que se tomó contrastaba con el cuerpo de mujerón que ese día enseñaba.

-Bueno, ¿y qué tanta prisa tenías por quedar hoy conmigo?-le pregunté mientras echaba azúcar en mi café.
-El jueves me dejaste muy pensativa. Y como ahora Martina pasa un poco de mí le he dado vueltas y quería hablar contigo antes de que te fueras de vacaciones.
-¿Tan importante es?

Asintió con la cabeza y empezó a explicarse:

-Siento haberte juzgado mal.
-Empiezas bien…

Me sonrió y siguió.

-En realidad he empezado a recordar algunas cosas y me doy cuenta de que te he juzgado mal. Y además veo que me he dejado llevar por prejuicios contigo.
-Vaya. Suena a confesión en toda regla, pero después de hablar contigo no te guardo rencor. En tu cabeza se juntó la amnesia, la desconfianza y esos prejuicios sobre mí y llegaste a la conclusión de que yo tendría que haberte forzado. Pero ya sabes que no es así y lo hablamos. No tenías necesidad de citarme sólo para eso.
-No, ya, verás.-respondió colocándose la melena en un hombro en un movimiento bastante sexi- El jueves fuiste transparente. Me enseñaste como eres y que no vas engañando a nadie. No prometes lo que no vas a cumplir ni intentas hacer parecer otra cosa con malas intenciones. Aunque hayas llegado a pensar que soy tonta…
-Yo no he pensado eso.-me defendí.
-…bueno, tonta no, pero ¿mojigata? ¿hipócrita?
-Tú lo estás diciendo todo. Yo he dicho confundida.
-Vale. Pues eso. Que no eres el tío que dibujan en la facultad que busca cualquier modo de metértela sin compromiso ni responsabilidad ni tampoco vas de niño bueno. Eres tú. El que se folla a una tía en un baño y es capaz de explicárselo a otra para que no haya confusiones.
-Vaya. ¿Ves como no eres tonta?-pregunté con ironía.
-No te lo vas a creer pero esto de la universidad me tiene desbordada.
-Tranquila, a mí el primer año me pasó igual.
-Pero tú eres un tío. Vosotros lo veis de otra manera. Somos una muesca en la culata de vuestra pistola.
-Siento que me veas así.
-A ti no, a todos. Cuando corté con mi ex para venirme aquí sé que lo que más echaba de menos sería el sexo conmigo y nada más.
-No siempre es así. Yo de mi ex lo que echo más de menos son nuestras charlas. Sus consejos. Los momentos de intimidad y cariño.-expliqué.
-Pero él sí. No lo conoces.
-Algo sí.

Alba me miró extrañada y me expliqué:

-Con la borrachera te dio por comparar la polla de tu ex con la mía.

En vez de ruborizarse como en otras ocasiones Ana soltó una sonora carcajada y después tapándose la boca como solía hacer me respondió:

-Seguro que saliste ganando porque no andaba muy bien de eso. Pero ¿ves Luis? Eres natural. Contigo puedo hablar de todo. No vas de postureo. Si sale, bien y si no tampoco eres de los que vive obsesionado con el sexo.
-No te niego que durante una etapa de mi vida sí lo he estado. Ahora, pues si surge con alguien que merezca la pena no te voy a negar que está bien.
-¿Y yo merezco la pena?
-Eso es una pregunta trampa. Todos merecemos la pena porque todos somos valiosos. Hoy me caes mejor que hace una semana.
-Pero hace dos semanas no te importó follar conmigo.
-Dos personas adultas que se atraen y les apetece. ¿Qué tiene de malo?-pregunté para no contestar.
-Admites que te atraigo.
-Nunca lo he negado. Te lo dije el jueves. Pero también admito que quizá no busquemos lo mismo.
-¿Qué crees que busco yo?-preguntó.
-Una relación.
-Ahora el prejuicio es tuyo. ¿Qué buscas tú?
-En realidad nada. Vengo de una ruptura dolorosa por meter la pata. Casi todas esas historias mías que te han contado las hice teniendo novia. Así que no me merezco una buena relación. No estoy preparado para eso ahora.
-Pero no rechazas el sexo.
-En las condiciones que te he dicho, no.
-Eres interesante y lo sabes. Tienes ese juego de contraposiciones que intriga. Alma en pena con un corazón roto que se autocastiga por sus errores. Tu imagen te pinta como el típico tío que va engañando tías para follárselas y resultas ser un romántico que como los fantasmas de las novelas góticas arrastra su culpa con cadenas encerrado en un castillo encantado.
-Demasiado novelero- respondí- lo mío es más de andar por casa. Y mi pena va por dentro, pero no vivo encerrado en ningún sitio. Salgo, voy a clases y hasta quedo con niñas guapas. Pero tengo la puerta cerrada al amor. Ese es mi castigo.
-¿Y si surge?
-Lo evito. No quiero hacer daño.
-¿Ves?- insistió- No eres como la imagen que dan de ti. Esos tíos así no se preocupan más que en saciar sus ganas de pasarse tías por la piedra. Pero tú tienes conciencia.
-¿Y de qué me sirve? La cagué con quién más quería.
-Me da pena que te vayas tan pronto. Por eso quería quedar contigo. Creo que a pesar de lo que pasó en casa de Dani nos habríamos llevado bien.
-Bueno. Yo iba a huir de ti. Pero admito que hoy te veo diferente.
-¿En qué?
-Bueno, para empezar, vistiendo. Vienes muy guapa.
-Gracias. Me caló lo que me dijiste. ¿Te gusta?-preguntó levantándose para que yo la viera. Bueno, yo y toda la cafetería.
-Estás muy pero que muy guapa.

Me sonrió y se inclinó para decirme bajito:

-Gracias. Me alegro de gustarte. Porque me apetecía pasar la tarde contigo.
-Ya estás pasando la tarde conmigo.-respondí sin poder evitar que mis ojos se fueran a su escote.
-Pero no así. Ahora estoy consciente, y no estoy borracha ni drogada…

No entendía que quería decir con pasar la tarde conmigo. Parecía insinuar algo pero con la experiencia que ya tenía con ella no me encajaba por más que se empeñara en decirme que había sido un error acusarme de aquello.

Pero no niego que estaba a gusto con ella. Había recuperado las sensaciones de antes de la fiesta en casa de Dani en la que me resultaba una niña muy agradable sin obviar evidentemente que estaba muy buena y ya lo había comprobado.

Pagamos los cafés y nos dirigimos a la calle con la intención por mi parte de dar un paseo y si estábamos bien después tomar una cerveza o algo. Pero al pasar por el portal de su casa se detuvo y me dijo:

-Ven, vamos a subir un momento que quiero enseñarte algo.

Me sorprendió la propuesta pero confiado en el buen talante de la tarde accedí a acompañarla. Entramos al típico piso de estudiantes con una mezcla de muebles antiguos y de Ikea y sentadas en el sofá del salón viendo una película había dos chicas en pijama. Ana las saludó.

-Oye, si nos dices que ibas a venir acompañada nos arreglamos.-dijo una de ellas levantándose.

Era una chica bajita y gordita con dos tetas enormes sin sujetador que se le bambolearon al andar hacia mí para presentarse. Me dijo su nombre y me dio dos besos mientras Ana les hablaba de mí.

-Es Luis, ya os he hablado de él. El famoso Luisinho.

La otra chica, alta y delgada, me miró con cierta desconfianza cuando se acercó a presentarse y le preguntó a Ana:

-¿Ese Luis?
-Sí. Ya me he disculpado con él. Bueno, que hemos subido porque quiero enseñarle algo.

La escena me estaba resultando algo surrealista y apenas fui capaz de responder con un “encantado” cuando la gordita se despidió de mí diciéndome que tenía mucha curiosidad por saber como era.

Ana me condujo por el pasillo a su dormitorio contándome que en el reparto de principio de curso se sortearon los dormitorios y a ella le había tocado uno individual pero que Martina compartía con la chica alta. Entramos al cuarto, el típico de piso de estudiante con una mesa de estudio, una silla, una cama y un armario empotrado. Era austero e impersonal pero supuse que Ana lo había decorado con carteles de su ciudad y de algún grupo de música para darle algo de color.

Le pregunté por los grupos de música mientras ella cerraba la puerta y abría un cajón de la mesa para sacar un pequeño álbum de fotos. Me hizo sentarme en la cama mientras ella se quitaba el abrigo dejando que viera de nuevo sus formas acentuadas por el cinturón, pero sorprendiéndome se lo quitó dejando el vestido algo más suelto.

-Me estaba matando un poco la verdad. No valgo para presumida. Quítate el abrigo que aquí hace calor.

La obedecí dejándolo e los pies de la cama y se sentó a mi lado enseñándome fotos del álbum. No sabía que significaba aquello.

-Mira, esta es Martina.

Me enseñó un montón de fotos en las que aparecían las dos desde pequeñas en el colegio.

-Llevamos toda la vida juntas cuidándonos. Por eso me di cuenta de que si ella decía que no habías hecho nada malo era verdad. Porque nos hemos protegido siempre. Además me dijo que fuiste muy cuidadoso.
-Me alegro de que ya lo veas así. ¿Quién es este chaval?- pregunté señalando a un chaval bajito y algo ancho que salía en varias fotos con ella.
-Mi ex.
-No te pegaba nada.
-Ya. Pero estuvimos juntos todo el bachillerato. No sé. Costumbre con él. Ahora aquí lo veo todo tan distinto.
-Pero te gustaba.
-Sí, pero dejó de hacerlo. Y aquí es todo muy diferente. Mi madre no quería que fuera a un piso, prefería una residencia, pero como veníamos Martina y yo juntas se quedó más tranquila. Y cuando le dije que había roto con mi ex también se preocupó. No sé qué se pensaría que íbamos a hacer.
-Bueno, jajajaja, mejor me callo…
-Oyeeeee….-respondió haciéndose la ofendida mientras me hacía cosquillas clavándome sus dedos en el abdomen.

Le sujeté las manos quedando los dos muy pegados manteniéndonos la mirada y Ana súbitamente me besó. No me lo esperaba y me quedé quieto mientras me sonreía.

-¿Qué está pasando aquí?-pregunté soltándole las manos.
-Te lo he dicho antes. Me apetece pasar la tarde contigo pero acordándome…

En mi mente se encontraron dos ideas contradictorias. Por un lado me apetecía muchísimo su plan. Pero por otra parte no sabía hasta donde quería llegar. Preferí asegurarme.

-Ana, el miércoles me voy a mi casa. Vuelvo en enero, hago los exámenes y me voy.
-Tranquilo, Luis. Sólo te estoy diciendo que me apetece pasar la tarde contigo. Nada más.
-¿Estás segura?
-Yo sí. ¿Tú?

Ana se levantó de la cama plantándose de pie en medio de la habitación. Era difícil resistirse y más cuando se sacó por la cabeza el vestido quedando ante mis ojos con las botas, unas pantis negras hasta la cintura y un sujetador negro de tipo push-up que le creaba el canalillo tan sugerente.

-¿Me estás provocando?-pregunté.
-Totalmente. ¿Funciona?
-No sé… A lo mejor necesito más…-dejé caer comprobando hasta donde estaba dispuesta a llegar.
-¿Crees que no voy a ser capaz?-preguntó coqueta.
-¿Estás borracha?
-No me hace falta.
-Es que entonces no sé si te vas a atrever…-dije dudando de que diera ningún paso más.
-Pues ¿sabes una cosa? Si se supone que estuve en una especie de orgía no me voy a cortar por lanzarle los trastos a un tío bueno.
-Ahn, ¿estoy bueno?
-Obviaré la respuesta- dijo bajando la cremallera de las botas poniéndose a la pata coja.

Se las quitó y continuó bajándose las pantis que eran tan tupidos que no permitían ver si llevaba ropa interior. Pero cuando las fue enrollando para quitárselas pude ver que una bragas negras a juego con el sujetador cubrían su zona más íntima contrastando sobre su piel morena. Mi entrepierna reaccionó de inmediato comenzando a endurecerse. Pero yo tensé más el juego y me apoyé en mis brazos echándome atrás en la cama dando a entender que no me iba a mover y de paso, quizá, para que notara mi paquete más lleno.

Ana se mordió el labio en un gesto aparentemente espontáneo y me sonrió negando con la cabeza.

-Sigues sin creerte que esté dispuesta…

Yo me encogí de hombros esperando cual sería su siguiente paso y ahí ya me sorprendió desabrochando su sujetador dejando que sus tetas algo menos morenas que el resto de su piel cayeran sin la fuerza de presión de la prenda interior mostrándome sus pezones oscuros.

-¿Y cómo vas a hacer para que tus amigas no te oigan gemir como hacías el día en casa de Dani?-le pregunté por ver si se echaba atrás.
-Que se busquen un tio bueno como yo…
-¿Sobra algo todavía no?
-Entiendo que ya estas convencido.
-Lo estoy disfrutando.

De nuevo una sonrisilla perversa y dejándome muy, pero que muy claro de que forma le apetecía pasar la tarde conmigo se bajó las bragas dejándolas escurrirse por sus muslos apareciendo a mi vista el triangulito de vello recortado que recordaba de nuestra noche loca.

-Joder, estás muy buena.
-Bueno, ¿y yo cuándo disfruto?
-¿Qué desea la señora?
-Pues al menos empatar.
-¿Desea usted desnudarme?

Miró hacía arriba con el dedo en la barbilla con gesto de pensárselo y respondió:

-No. Prefiero que te desnudes tú.

Me encogí de hombros de nuevo y me levanté de la cama ahora ya con una erección evidente, pero cuando la vi que se iba a sentar le pedí que se pusiera las botas de nuevo.

-¿Eres un vicioso de esos?- me preguntó extrañada.
-No. Pero me ha dado morbo imaginarte.

Ana cogió las botas que estaban al pie de la cama y se las fue poniendo sentada en el filo mientras yo me sacaba el jersey por la cabeza. Cuando terminó de subir la cremallera de la segunda bota se tendió de lado en la cama como una maja con sus tetas algo inclinadas hacia el lado y su triangulito negro perfectamente enmarcado entre sus muslos cerrados. Estaba espectacular.

-Desnúdese por favor…-solicitó haciendo un gesto de realeza con la mano.

Yo procedí a desabotonar mi camisa pero de nuevo de forma autoritaria me ordenó:

-Más despacio.

Obedecí. Cuando me desnudé de cintura para arriba comprobé como sus ojos recorrían mi cuerpo antes de lanzarme un beso con la mano. Me saqué los zapatos y los calcetines y procedí a desabotonar mi vaquero, pero para quitármelos decidí darme la vuelta haciendo un torpe bailecito con el culo que obtuvo su risita traviesa:

-Jijijiji…

Me agaché para sacarme el pantalón por los pies acercándole el culo ganándome una palmada y otra risita suya. Entonces me di la vuelta mostrando el bulto evidente en mis calzoncillos azules. Imitándome preguntó:

-Sobra algo todavía, ¿no?
-Lo quieres todo…

Ana asintió con la cabeza y sin más preámbulos me bajé el calzoncillo dejando que mi nabo tieso rebotara fuera del calzoncillo con el glande casi totalmente fuera del prepucio dejando clara mi excitación.

-Ya no me olvido…-respondió con cierta lujuria.

Yo me acerqué la cama tumbándome de lado frente a ella quedando nuestros cuerpos enfrentados pero sin tocarse. Ana me miraba intensamente a los ojos. Entonces pregunté:

-¿Y ahora qué?

Y sin responder me besó.

Escuché la voz de Ana que me decía:

-Luis, ¿qué te pasa? ¿damos un paseo o quieres que vayamos a casa a ver una peli?
-Perdona- respondí sacando de mi mente la imagen de su cuerpo desnudo tendido en la cama- estaba pensando en todo lo que tengo que hacer. Si quieres damos un paseo.

Salimos a la calle y nos dirigimos al centro de la ciudad. Ana se agarró de mi brazo mientras me contaba anécdotas de su niñez con Martina…

Pero ahora volvía a oír su voz. Me hablaba muy cerca. Abrí los ojos y vi su rostro muy cerca del mío. Bajé la mirada y de nuevo veía su desnudez. Sus pechos coronados por sus pezones oscuros y su monte de Venus coronado por la sombra de su vello recortado enmarcado entre sus muslos apretados. Era real. ¿Qué me pasaba?

Me dejé caer tendiéndome boca arriba mirando al techo.

-¿Qué te pasa Luis?-preguntó la chica notando mi duda.
-No estoy seguro de que esto sea buena idea después de lo pasado.

Ana empezó a acariciarme el pecho y a responderme con voz melosa:

-¿He sido demasiado directa?
-No, no. No eres tú. Soy yo. Estoy confundido. Joder. Tener sexo contigo es algo estupendo. Ya lo he vivido. Pero mi problema es de cabeza.
-¿Piensas en otra persona?
-No te lo voy a negar.
-¿Tu ex?
-Son muchas cosas. Y joder, de verdad que me apetece mucho contigo. -confesé-Tenía muy mal cuerpo por como reaccionaste la otra vez y verte tan decidida, y bueno, que eres preciosa y sexi, y ahora que estoy conociendo tu lado pícaro. Que me gustas mucho de verdad…
-Luis, en serio, que no pasa nada. ¿Te vas a ir?
-Me puedo quedar contigo. Ahora que te conozco mejor me gustas más.
-Pero vamos a taparnos, tengo un poco de frío.
-Claro.

Yo abrí la cama mientras Ana se quitaba las botas y no sé si por prisa o comodidad ambos nos metimos desnudos. Le ofrecí mi hombro y lo aceptó encantada. Me gustaba sentir su cuerpo caliente pegado al mío.

-Puedes acariciar, jajaja. Me encanta.-le dije cuando vi que no sabía que hacer con su mano libre.

Ana volvió a apoyarla en mi pecho jugando con mi escaso vello. Era una situación extraña con los dos charlando de anécdotas desnudos en la cama donde un rato antes teníamos la idea de ponernos a follar. Me gustaba acariciar su espalda mientras ella hacía lo propio con mi pecho y aunque tenía la tentación de buscar su culo en alguna ocasión el hecho de no haber tenido sexo me cortaba. De hecho, tuve una especia de “deja vu” cuando me contó alguna anécdota con Martina de pequeñas y adolescentes como en la trasposición mental que yo había tenido antes y me había bajado la lívido. Así, fueron pasando los minutos relajándome totalmente.

No recuerdo qué le conté exactamente. Pero le hizo mucha gracia y se apoyó sobre mí para mirarme a los ojos mientras se reía. Al apoyar sus pechos sobre mi piel sentí como se me erizaba la piel y cuando su muslo se montó sobre el mío mi cuerpo reaccionó a su estímulo haciendo que mi polla empezara a llenarse de sangre. De golpe mi rostro se volvió serio mientras Ana me sonreía. Esta vez fui yo el que acerqué mis labios a los suyos que me recibieron con algo de sorpresa al principio y regalándome su lengua después. Cuando separamos nuestras bocas me encontré con su sonrisa.

-¿Estás a gusto?- me preguntó.
-Mucho.- respondí buscando de nuevo su boca mientras mis brazos rodeaban su cuerpo apretándolo contra el mío.

No había prisas y estaba disfrutando del beso a pesar de que mi erección era evidente y ella debía estar sintiéndola contra su cadera. Ahora ya sí mi mano jugaba con sus nalgas mientras ella estrujaba mi pecho.

-Me está gustando más que la otra vez…-le susurré al oído regalándome una risa de complacencia.
-¿Te apetece entonces?
-Es imposible que no me apetezca. Eres preciosa.

Tras concederme una sonrisa de rubor me dio otro beso con mucha lengua. Pero la corté:

-No puedo enamorarme, Ana…
-No contaba con eso.
-Tampoco quiero que te enamores.
-No pienses en eso ahora, creído. Te vas…-respondió besándome de nuevo.

Su respuesta me relajó aún más escurriéndome por la cama mientras la sostenía casi en peso para que mi boca alcanzara sus pechos. En cuanto uno de sus pezones quedó al alcancé de mi boca la atrapé con los labios succionándolo y chupándolo. Sentí su escalofrío y una risita leve. Repetí el gesto con su otra teta, pero ahora ella arqueó la espalda para facilitarme el trabajo regalándome un gemidito al atrapar su otro pezón algo más duro que el anterior. La postura me daba un fácil acceso a su culo que al estar apoyada sobre mi vientre me permitió alcanzar por detrás su raja encontrándomela inesperadamente abierta y húmeda. Un segundo escalofrío y el erizamiento de la piel de su pecho me indicó el efecto del roce de mis labios en su pezón y de mi dedo en su entrepierna. Gemí mostrando mi agrado mientras Ana me susurraba: “Ay…Luis…”

Yo no podía dejar de lamer sus pechos alternando mientras mi dedo se perdía en su chocho comprobando que estaba lista para ser penetrada. Me ayudé de mis piernas agarrándola por su cintura para volver a enfrentar nuestras caras dejando que su entrepierna se apoyara sobre la mía a pesar del obstáculo de mi nabo tieso en medio. Ana buscaba mi boca con ahínco y yo no se la negaba mientras mis manos recorrían su espalda, culo, muslos, tetas. No quería dejar centímetro de su piel sin recorrer.

-¿Quieres hacerlo ya?- le pregunté entre jadeos.

Ana asintió entre gemidos aferrándose a mi boca.

-Tengo condones en la cartera…-le dije.
-No importa- respondió montándose sobre mí mientras ella misma dirigía mi churra al interior de su coño- la otra vez lo hicimos a pelo…

¿Cómo lo sabía? El momento en que mi polla sintió como era engullida por su chocho caliente y estrechito mientras Ana se dejaba escurrir entre temblores hasta quedar ensartada me desconcertó. Por un momento me quedé rígido desconcentrándome de las sensaciones físicas que provenían de mi churra. ¿Se acordaba de todo? Hija de p…

-¿Cómo sabes que lo hicimos a pelo?

Ana no contestó e intentó besarme sin dejar de cabalgarme aumentando el ritmo.

-Por favor, respóndeme…-supliqué.
-No importa, Luis. Lo supuse.-respondió entre jadeos apoyándose en mi pecho para poder follarme mejor.
-Sí, importa…para, por favor, para…-intenté sujetarla con mis brazos, pero ella no dejaba de botar sobre mí clavándose mi polla.

Finalmente conseguí apartarla y que cayera en la cama mientras yo me incorporaba.

-Por favor, respóndeme…te acordabas y me hiciste pasar un mal momento sólo por quedar bien…
-No, de verdad, Luis. No es eso. Vamos a seguir.
-Joder. Soy un idiota- respondí levantándome- Al final me dejo llevar siempre por un polvo. No puede ser- me lamentaba mientras buscaba mi ropa para vestirme.

Ana lloraba pidiéndome que no me fuera. Que había una explicación. Pero que yo le gustaba y por eso me había empujado a tener sexo. Sabía que me iba y no me quería dejar escapar. Ya no había marcha atrás. Con la camisa aun desabrochada y los pantalones abiertos salí de la habitación dejándola llorando de rodillas en la cama desnuda. Sus compañeras se asomaron de sus dormitorios seguramente extrañadas por la discusión.

Me terminé de recomponer entre el ascensor y el portal poniéndome el abrigo ya en la calle. Mis sentimientos pasaron del cabreo a la autocompasión. Empecé a sentirme mal, muy mal. Utilizado otra vez. Pero peor que con Blanca. Al llegar a la residencia poco antes de la cena ni saludé a Marcos que ya había vuelto del fin de semana. Debió notar mi cabreo pero con la poca comunicación que teníamos ni preguntó. Tenía prisa por ducharme y quitarme su olor a chocho en mi polla y a su perfume en mi pecho. Pensar en como había sido utilizado sin saber ni siquiera por qué me hacía temblar.

-Joder, todo por un polvo- me repetía- siempre por un polvo- lloraba bajo el agua caliente mientras me frotaba fuerte la piel aprovechando la intimidad de la cortina de la ducha.

Durante la cena mis amigos me notaron taciturno e inapetente pero me excusé en que había cogido frío. No sé si se lo creyeron, pero sólo Sol se acercó a la habitación a tomarme la temperatura por si tenía fiebre. Tan atenta siempre su nombre la definía perfectamente: era un sol de persona.

Evidentemente no pude dormir demasiado bien. En mi cabeza me repetía una y otra vez: “Luis, tienes que salir de aquí…”

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