ROM19

Capítulo 9

Carmen

Mi ex no se podía creer que yo misma le propusiera ir al apartamento de su jefe, asegurándole que allí le iba a hacer una paja. De inmediato se separó de mí y retiró sus manos para coger la copa y tomarse el licor de un trago.

-Espera un poco, toma, -me dijo dándome un billete-, ve pagando tú mientras se me baja el empalme.

Era verdad que el apartamento estaba muy cerca y en pocos minutos estábamos entrando al interior de éste. La mano que tenía en mi culo desde que entramos al ascensor, hizo un movimiento ascendente arrastrando mi falda para dejar mis nalgas al aire, al tiempo que me daba un morreo que me dejó para ingresar en una UCI. El apartamento tenía toda la pinta de ser un picadero en toda regla. No había ninguna habitación, solo el salón, una pequeña cocina y un aseo relativamente amplio teniendo en cuenta lo pequeño del resto. El sofá estaba preparado para convertirse en cama en un pispás. En una esquina había un mueble bar provisto de unas cuantas botellas de licores y un pequeño frigorífico con refrescos, botellines de cava, e incluso cubitos de hielo. Richard me llevó hasta ese lugar y me ofreció de todo lo que allí había.

-¿Quieres que abramos una botellita de cava? Está buenísimo, -me decía mientras cogía una de esas botellas a la que ya estaba descorchando-, coge dos copas de esa vitrina.

Sabía que no tenía prisas por volver pronto a casa, pero tampoco quería prolongar mi estancia en ese picadero, pues a más tiempo, mayor riesgo de no poder parar una follada de su parte. De todos modos, cogí las copas y las dispuse para que él las escanciara. Luego levantó la suya e hizo que yo hiciera lo propio con la mía para brindar los dos en alto.

-Por nosotros y porque nuestro encuentro de hoy y los del futuro sean para el mejor disfrute de nuestros cuerpos. -Brindó él haciéndome chocar mi copa con la suya para darle un pequeño sorbo.

El cabrón se tendría aprendido el brindis porque sonó demasiado friki en él, conociendo la verborrea de macarra que usaba habitualmente.

Después de dejar nuestras copas en la mesita que había a un lado del sofá, hizo que me sentara encima de sus rodillas con todo mi culo al aire, porque justo antes de sentarme deslizó mi falda hacia arriba dejándola recogida en mi cintura. Mi tanga negro medio transparente y de reducidas dimensiones, se mostraba insolente para que este cabrón las pudiera contemplar a su antojo, por algo la había elegido esa mañana especialmente. La camisa me la fue desabotonando muy lentamente hasta dejarla abierta por completo, haciendo que me mostrara prácticamente en ropa interior ante sus ojos.

-Joder Carmen, estás más buena que antes cabrona, ¿Tú te has visto esos muslos y ese triangulito? Qué bien te sienta ese tanga negro. ¿Me dejas que te haga una foto?

Como siempre hacía mientras me pedía permiso ya había cogido el móvil y a modo de selfi tomaba una imagen de los dos mirando a la cámara, sacándome a mí de cuerpo entero.

-No me gusta que me hagas fotos casi desnuda, espero que solo sean para ti. -Le dije un poco asustada por lo que este cabrón podría hacer con ellas.

-Solo las veré yo y Agustín, ya sabes, que el pobre lleva dos semanas haciéndose pajas con la que te hice en el pub. El próximo día vendremos los dos a verte.

-Pues la paja se la tendrás que hacer tú, porque yo no lo pienso tocar.

-Lo que tú digas, si hace falta se la hago yo, no sería la primera que nos haríamos los dos, que a veces con las copas ya sabes lo que pasa.

-Bueno venga Richard que me tengo que ir, deja que te haga la paja y terminamos.

-Espera, -me respondió incorporándose para bajarse los pantalones y el bóxer, dejándome ver su verga totalmente envarada.

Luego se quitó los zapatos para terminar sacándose la ropa y dejarla pegada a la pared de una patada. Por último, se quitó la camisa quedando desnudo ante mí.

Yo sabiendo lo que me iba a pedir aproveché también para desprenderme de la camisa y la falda, que, aunque ya no eran un impedimento, sí que se presentaban algo incómodas para lo que íbamos a hacer, si bien, para una paja tampoco es que hacía falta desnudarse por completo. Richard se sentó entonces a mi lado y llevó su brazo izquierdo a rodearme la cintura, atrayéndome hacia él de una forma casi brusca, pero ya sabía que de él no podía esperar mejores maneras de manejar unos preliminares decentes.

-Échate y apoya la cabeza en el brazo del sofá, que verás la paja que te voy a hacer. -Le dije extendiendo mi brazo derecho para apoyar la palma de mi mano en su pecho, pretendiendo con una leve presión que se fuera echando hacia atrás, mientras mi mano izquierda agarraba su miembro por el tallo.

-Espera que te desnude primero yo, -me dijo, cuando ya me estaba desabrochando el sujetador que era de los que se abren por delante, dejando mis tetas al aire-, uhmmm… Carmen, tienes las mejores tetas que nunca he visto. Bueno y el culo tampoco hay quien lo supere, es que es excelso.

¿Excelso? Nunca esperaría que pronunciara esas palabras tan impropias de su vocabulario habitual, a ver si es que se estaba leyendo un libro o algo parecido el cabrón éste. Cuando me sacó el sujetador y lo arrojó al suelo, hizo lo propio con el tanga, quedando los dos en pelotas viva, pero si pensaba que me iba a follar, lo tenía claro, el pobre. Ahora sí se echó para atrás quedando tendido a lo largo del sofá, con su empalme apuntando al techo. Era una verdadera tentación ver aquella polla que tantas veces había alojado en mi interior, pero no lo haría nunca más, ese era un reto que me había prometido a mí misma y lo iba a cumplir de todas, todas.

Entonces para estar más cómoda hinqué mis rodillas en la alfombra y agarrando su verga con mi mano derecha que era la buena, comencé a masturbarlo lentamente, dejando que él se deleitara sobándome las tetas y las nalgas. Poco a poco fui incrementando el ritmo de la paja que le estaba haciendo, gozando una vez más de aquella polla que tanto placer me había dado durante el tiempo que duró nuestra relación.

-Chúpamela cabrona, que me estás matando de gusto, joder…

No había previsto que me pudiera pedir eso y luego pensé que no tenía más importancia si al final lograba que se corriera pronto para irme a casa, así que sin más me aproximé lo suficiente para que mis labios pudieran hacerse cargo de su glande y luego mi boca hiciera lo propio con el resto de la polla. No dejaba de pajearle cada vez a más velocidad, además de la mamada que procuraba que fuera lo más placentera posible. Entonces me cogió con su brazo por la cintura y me acercó más a él, de manera que ahora era mi culo el que tenía a la vista y a dos palmos de su mano. Enseguida me sobó las nalgas hasta el punto de darme un par de pellizcos, terminando por meter sus dedos entre mis glúteos restregándolos por mi ano y mi coño indistintamente, cosa que al parecer le daba igual.

Al final fueron dos de esos dedos los que perforaban mi vagina, haciendo que no parara de soltar fluidos a troche y moche. Esas penetraciones hicieron que me excitara de una forma terrible y sabía que en poco tiempo conseguiría el muy cabrito que me corriera como una desalmada. Por eso incrementé más aún el meneo en su polla, procurando que mi mamada siguiera ese ritmo.

-¡Paraaaa…! Para cabrona, que me voy a correr. Ufff… para zorraaaa… aaahhh… joderrr… uhmmm…

Lo que no sabía él es que yo también me estaba corriendo como una loca, antes incluso de que el primer chicatazo de lefa me inundara la boca, el segundo subiera casi medio metro antes que cayera sobre su propio vientre y los siguientes siguieran el mismo derrotero, dejándole encharcado el hueco del ombligo, su pelvis y mi propia mano. En cuanto terminó su corrida me reprochó el haber hecho que se corriera.

-Joder tía, te estaba avisando de que me iba a correr y todavía no hemos hecho nada, podías haber parado, ¡Coño! Ahora tendremos que esperar hasta que me recupere y tú sabes que eso no pasará en un buen rato.

El buen rato era seguramente algo más de una hora, según mis estimaciones y mi experiencia, aunque claro, nunca lo había cronometrado.

-Ya te dije que solo te haría una paja y mira, hasta has logrado correrte en mi boca, o sea, más de lo que te había prometido en la cafetería. Ahora nos vestimos y nos vamos, al menos yo.

-Carmen, esto no es lo que hablamos, yo te dije desde un principio que quería venir aquí para follarte, lo de la paja te lo has inventado tú. Ahora no quiero que te vayas, me calientas un poco y dentro de un rato echamos ese polvo que nos prometimos.

No dejaba de hablar, pero yo no le hacía ningún caso y de hecho ya me estaba poniendo la ropa para largarme de allí lo antes posible. No dejaba de pensar lo cabrona que era con Julián y es que no tenía muy claro si lo que acababa de hacer se podía denominar una infidelidad. Eso no entraba dentro de mis cálculos, no quería serle infiel a mi novio, ya había habido una mujer en su vida que lo había traicionado, pero yo no era así y no quería terminar haciéndole lo mismo que aquella arpía.

-Me voy Richard, ya hablaremos la semana que viene.

-No Carmen, si te vas no te voy a llamar nunca más, tú decides si te quedas o te largas para siempre. -Me decía mientras yo me iba hacia la puerta dejándolo allí en pelotas tendido en el sofá con toda su leche encima, menos la que yo me tragué, cayendo por sus costados.

Cuando llegué a casa lo primero que hice fue darme una buena ducha, intentando quitarme todos los fluidos ya secos que bajaban por mis muslos y el olor de Richard que parecía emanar de todo mi cuerpo. Temiendo estaba volverme a encontrar con mi novio esa tarde, pero cuando llegó no me hizo ninguna pregunta y tuve que ser yo la que sacara el tema cuando ya estábamos en la cama.

Entonces ya había decidido contarle más o menos lo que ocurrió el miércoles anterior, incluyendo que puso mi mano encima de su paquete y que me fui de la cafetería muy enfadada.

Esperaba que al día siguiente Richard me volviera a llamar para recriminar mi conducta como hizo la semana anterior, pero no me llamó y en cierto modo me dejó algo jodida. ¡Hombre! Le había hecho una paja y una mamada, ¿Qué más quería? Bueno ya sé lo que quería, pero tampoco era moco de pavo lo que le hice esa tarde. Creo que me merecía una llamada por lo menos para quedar a comer el miércoles siguiente.

Conozco muy bien a Richard y sabía que, aunque se estaba haciendo el duro, la siguiente semana volvería a llamarme. Ese miércoles volví a ponerme ropa incluso más sexy si cabe que los anteriores.

Pero no me llamó y lo peor es que cuando Julián llegó a casa, me preguntó si estaba esperando una llamada de mi exnovio. Estaba tan mal que hasta se dio cuenta que no dejaba de mirar el móvil. Luego me habló de lo guapa que me había vestido esa mañana dado que era miércoles y que si él me hubiera llegado a ver cómo iba vestida, me habría llamado veinte veces.

Yo creía que Julián estaba en la inopia de todo lo que me ocurría desde que vimos a Richard el primer día trabajando de camarero, pero al parecer estaba atento a todo lo que yo hacía, más si cabe desde que fuimos a ese pub para que yo hablara con él. La verdad es que tampoco estaba muy preocupada dada su reacción. Parecía como si no le importara que tuviésemos esos encuentros, o por lo menos, que los soportaría mientras yo le fuese contando lo que ocurría en ellos, tuvieran la importancia que tuvieran. Esto desde luego enlazaba con lo que me contó sobre que, si hubiese sabido lo de su mujer, lo habría hablado con ella para que no follase tanto con su jefe. Recuerdo que en otra ocasión me dijo que no le engañara nunca y que confiara en él siempre. Tendríamos que hablarlo más tranquilamente, no sé, igual hasta me dejaba que subiera al apartamento con Richard…

***/***

Julián

Hasta el sábado por la tarde prácticamente no había encontrado un hueco que nos permitiera hablar a los dos, sobre las consecuencias que podrían tener esas citas de ella con su exnovio. Habíamos regresado de la casa de Marcelo y Sonia donde tuvo lugar el evento de esa semana y nos encontrábamos muy cómodos de ropa sentados en nuestro sofá del salón.

-¿Te ha vuelto a contactar tu ex? -Le pregunté en medio de la charla que manteníamos sobre nuestros temas cotidianos. Ella se envaró de inmediato y se quedó mirándome algo confusa-. Te lo pregunto porque como lo dejaste plantado con ese enfado…

-No, que va, se lo dejé muy claro y no creo que se vuelva a poner en contacto conmigo nunca más. -Me respondió muy convencida.

-Yo que tú no estaría tan seguro. -Le dije.

-No creo, pero si me vuelve a llamar no voy a acudir a ningún encuentro más, eso tenlo por seguro. Ya sabes para lo único que me quiere.

-¿Lo vas a llamar tú acaso? A lo mejor si se lo explicas bien, retoma la relación de amistad que quieres tú. -Le dije.

La dejé patidifusa con esa propuesta, ¿Es que quería de verdad que le llamase? Estaba claro que el tal Richard lo que quería era follársela y ya me lo había confirmado Carmen varias veces. Mi reacción más lógica sería exigirle que dejara de verlo, pero en mi interior parecía que me daba morbo que se expusiera cada miércoles con su ex, a ver qué ocurría. ¿Y si lo que ocurre es que se hartan de follar? Tenía que dejar esa conversación porque la polla se me estaba poniendo dura y a ver cómo se lo explicaba a Carmen.

-No creo que sea buena idea. ¿Sabes que está dejando a su amigo Agustín que se quede en su casa, follándose a su novia para venir a verme a mí? Además, me dijo ésta última vez que su amigo también quiere pasar un rato conmigo, ya puedes suponer para qué.

-Joder Carmen, ya te dije que este tío no tenía buena pinta para ser simplemente tu amigo. Y lo de Agustín supongo que sería para hacer un trío contigo, menudo cabrón.

-Claro, como lo hicieron los dos cuando todavía éramos novios, ya te lo conté que me follaron dos veces. Imagínate si subiera a ese apartamento con ellos lo que me harían esos dos cabrones. -Esto último me mató cuando lo oí de sus labios.

-Será mejor que no le llames y que el próximo miércoles te vistas con tus peores ropas por si volvéis a quedar. -Le dije mientras me inclinaba hacia adelante para que no advirtiera mi empalme.

-No puedo llamarle, si lo hiciera tendría que ser para confirmarle que subiría con él al apartamento. A Richard no le gusta que le toreen y ya me he escabullido un par de veces dejándole con la miel en los labios.

-Bueno, pues ya me irás diciendo como va todo ¿Lo piensas borrar de tus contactos?

-Ya lo he pensado, pero eso no serviría de mucho porque me llamaría desde cualquier otro teléfono. Si acaso me llamara, prefiero que hable conmigo, así lo tengo más controlado. -Me argumentó Carmen.

Estaba convencido de que él no se iba a dar por vencido ante ese desplante de Carmen y que volvería a intentarlo una vez más, pero ante lo segura que estaba ella de poder controlarlo, opté por dejar el asunto en sus manos y esperar nuevos acontecimientos. Ya me contaría ella si la contactaba de nuevo.

Pasaron dos semanas más y ella no mencionaba nada sobre si la había vuelto a llamar y supuse que en verdad no lo había hecho, porque estaba seguro de que Carmen me lo diría. Daba la casualidad de que nuestros amigos se habían puesto de acuerdo para intentar ser papás a partir del mes siguiente y además nos estaban convenciendo para que nos uniéramos a ellos. Desde luego que yo estaba más que dispuesto a secundarlos, pero no tenía claro si ella lo deseaba en esos momentos.

-No sé si para ti es un poco precipitado volver a quedar embarazada, -le dije estando los dos ya en la cama, sabiendo que hacía poco más de un año que abortó-, tengo dudas por si no deberíamos esperar un poco más.

Ella no respondía, pero sabía que llevaba varios días dándole vueltas a la cabeza, sin atreverse a darme su opinión.

-No sé Julián, a mí me hace mucha ilusión, pero comprendo que llevamos muy poco tiempo juntos y lo razonable sería esperar un tiempo. -Me respondió.

-¿Sabes? -Le contesté-, no podría soportar que esos dos mamones vengan a nuestra casa con sus bebés a darnos envidia y a cachondearse de nosotros, que los conozco, además que estamos en la edad más apropiada para traer un hijo a este mundo. Así que si a ti te hace mucha ilusión como me acabas de decir, a mí también.

No había terminado de darle a conocer lo que mi mente discurría sobre eso, cuando ella ya se estaba abalanzando sobre mí, aferrándose a mi cuello hasta dejarme casi sin respiración. En vez de alegrarse con unas risas, lloraba como una Magdalena, terminando por contagiarme esas lágrimas.

-Suéltame mujer, que me estás asfixiando cabrona. -Le decía mientras ahora era yo el que no la soltaba, apretándola más aún contra mí.

Pasado un rato, ya más relajada, se levantó y se fue al salón con el móvil para llamar a Marta y a Sonia con las que estuvo hablando casi media hora.

-Se han puesto súper contentas cuando se lo he dicho y a partir del próximo mes dejaremos las tres de tomar la píldora. -Me resumió en tres palabras toda aquella conversación.

-Joder, pues habrá que comprar condones al peso, porque a dentro de pocos días no podremos corrernos en otros chochetes que no sean los de nuestras parejas y figúrate si tenemos un accidente seminal.

-Eso por supuesto, al menos hasta que nos quedemos embarazadas y mientras tanto no vais a desperdiciar vuestro semen en otros agujeros, ahora tenéis que cumplir con nosotras como Dios manda.

Después de esto, pude observar que ella estaba más animada cada día y esa inquietud que parecía tener porque su ex no la llamaba, pasó a un segundo plano y se centró en lo que en esos días más nos preocupaba.

El viernes anterior tuvimos nuestra última velada con libertad para vaciarnos en los agujeros que a cada uno le apetecía y no hubo pocas risas al respecto con nuestras chanzas. Ellas quedaron en que para que los espermatozoides fuesen más robustos, nosotros tendríamos que abstenernos dos días antes de cada intento de inseminación y aunque los tres nos lo tomábamos a bromas, las muy cabronas no dejaron que nos saltáramos esa regla ni una sola vez y si tenían la menstruación, debíamos mantener nuestro esperma en los testículos hasta obtener su permiso.

Fue casi un mes después cuando recibí un nuevo mensaje de mi novia avisándome que Richard la había citado otra vez para comer. Un rato después me envió otro dándome la dirección de la cafetería donde pensaba tomar café para que fuera a recogerla, seguro que no se fiaba de que su ex le pidiera subir de nuevo al apartamento.

Yo la llamé al móvil cuando me percaté del mensaje dos horas más tarde, pero estaba apagado. Entonces lo dejé todo y me marché a casa para ver si ya estaba allí y poder hablar con ella, pero no había llegado y lo hizo aproximadamente una hora más tarde. Venía muy seria o preocupada por lo que habría pasado en esas tres horas que estuvieron juntos.

-Siéntate y te lo explico todo, -me dijo nada más verme de pie en el salón donde yo me encontraba, sin siquiera sorprenderse porque ya estuviera en casa tan temprano-, es muy fuerte lo que te voy a contar.

Pero yo no me senté y seguía allí de pie esperando que dejara de recorrerse el salón una y otra vez sin intención de detenerse nunca. Estaba seguro de que esta vez había estado con Richard en ese apartamento y que no la dejó salir sin echarle un par de polvos. Lo tenía asumido y no pensaba recriminarla si eso había ocurrido de verdad, era yo el que casi la empujó a que lo hiciera. Entonces alargué una mano cuando pasaba por mi lado por enésima vez y la así por la muñeca, atrayéndola hacia mí. Luego le pasé mi brazo por la cintura y la hice girarse para que quedara frente a frente conmigo, con nuestros ojos enfocados los unos en los otros. A continuación, la obligué a que se abrazara a mí, momento en que soltó un primer sollozo.

-Shisss… no llores cielo… no pasa nada… -le iba susurrando-, todo está bien…

El abrazo era interminable y yo le iba acariciando la espalda mientras seguía susurrándole palabras de consuelo para que se relajara.

-Es que… no tenía… no tenía que haber acudido a la cita… a la cita de hoy… Julián estoy hecha polvo… además que… que me puso una condición para ir… me da vergüenza decírtelo… tenía… tenía que subir al apartamento… con él… con Richard, Julián… con ese sinvergüenza… yo… yo soy peor que él… por eso te pedí que me recogieras en la cafetería, porque yo no iba a tener fuerzas para oponerme.

Conforme iba hablando arreciaba en sus sollozos y hasta se me hacía difícil entender sus palabras y yo le quería dar más consuelo apretándola mucho más fuerte contra mí. De su cara se desprendía un claro olor a semen, de eso estaba seguro y hasta pude observar una mancha blancuzca y seca en su nuca. El pelo también había sido mancillado con ese mismo fluido y a saber por donde más tendría restos de ese líquido seminal. Todo eso confirmaba mis temores, se la había follado y el problema era que no me sentía enfadado, solo quería que ella no sufriera por lo que le había acontecido. También follábamos los viernes con nuestros amigos y no pasaba nada, bueno sí, que disfrutábamos una barbaridad.

-Ven conmigo, cielo. -Le dije, cogiéndola en brazos para llevarla al sofá, porque parecía que sus piernas ahora no eran capaces de sostenerla.

Allí quedamos los dos sentados, yo contra el espaldar del sofá y ella encima de mi regazo, sin intención alguna de soltarse de mi cuello. Por entre el escote de la camisa se podía divisar un pequeño moretón en su pecho izquierdo, producto sin ninguna duda de un tremendo chupetón del cabrón de su ex.

-Venga relájate, cielo, ya estás en casa, en nuestra casa, mi vida. -Le iba diciendo mientras le iba acariciando el brazo.

Ella no terminaba de reaccionar y entonces acerqué mis labios para besarla, pero ella no colaboraba en ese beso que casi rehusaba y tuve que insistir varias veces para que al fin lo aceptara. Como imaginé su boca también sabía al semen de su ex y como siguiera así antes que me contara nada, iba a saber yo más que ella de todo lo que había ocurrido en ese apartamento. Mi polla se estaba empinando y con ella en mi regazo no iba a poder esconder esa erección, así que para justificarla la apreté más contra mí, metiendo mi mano por debajo de su falda hasta llegar a su culo, pero ¡Tate! Allí no había ningún tanga. Joder, menuda bacanal habrían protagonizado, menos mal que me adelanté a volver a casa, porque sino me hubiera perdido todo lo que estaba descubriendo y seguro que ella no me lo habría contado todo si hubiera llegado a mi hora.

Ahora era ella la que buscaba mi boca para besarme, una vez que sabía que ya estaba enterado de lo que le soltó en la boca el Richard de los cojones. Su culo comenzó a hacer remolinos encima de mi protuberancia, pero tampoco pegaba que echáramos un polvo sin haber hablado nada de lo que había pasado.

-¿Cuándo te llamó? -Opté por hacerle preguntas insulsas para que se fuera abriendo poco a poco.

-Cuando iba a salir del trabajo, por eso no te pude avisar antes. -Ahora sus palabras se entendían perfectamente. Estaba claro que se encontraba más tranquila, más que nada por la actitud que observaba en mí.

-¿Al mismo restaurante de comida rápida?

-Sí, al de siempre, no hemos ido a ningún otro. -Me respondió casi repitiéndose.

-¿Y después a la cafetería o directamente al apartamento?

-A la cafetería, porque en el restaurante no se podía ni hablar con tanta gente. Allí traté de convencerle de que no era una buena idea subir a ese apartamento, pero no había manera de que desistiera. Además de que ya me estaba metiendo mano y me hizo cogerle la polla, por lo que mi resistencia se iba deshaciendo conforme me iba calentando. Tú ya sabes cómo me pongo cuando estoy así. Mi única esperanza era que tú te presentaras allí para que me fuera contigo, pero no lo hacías y aquello iba cada vez a peor.

Ahora sí que me soltó una buena parrafada, demostrándome que su relajación avanzaba a buen ritmo.

-¿Hasta dónde llegó metiéndote mano?

-Verás, cuando llegamos a la mesa se sentó a mi lado como las veces anteriores y enseguida metió su mano por debajo de mi falda hasta acariciar mi pubis, pero tuvo que dejarlo cuando el camarero nos trajo los dos cafés y su pacharán. Luego estuvimos hablando sobre eso de que dejara de presionarme para que subiera al apartamento, pero enseguida volvió a meterme mano hasta que me coló un dedo en la vagina y después de pedírmelo machaconamente, no tuve más remedio que cogerle la polla por dentro de la cremallera que él se había bajado, además que no llevaba ninguna ropa interior.

-Pero allí habría más gente que os podría ver, ¿No? -Le pregunté.

-Bueno sí, pero solo había un hombre tomando café en una mesa de la entrada y nosotros estábamos al final del salón. La verdad es que no sé si ese hombre o el camarero que estaba tras la barra pudieron darse cuenta de algo. Los besos seguro que sí lo vieron y cuando nos marchábamos no nos quitaban los ojos de encima. En fin, que eso era casi lo de menos cariño, porque su empalme se notaba a leguas a pesar de que se puso la camiseta por fuera intentando taparlo. Si hubiese llevado un bóxer seguro que lo hubiera podido disimular, pero sin eso ya sabes tú que no hay manera.

-Ya… cómo fue que le dijiste que aceptabas acompañarlo al apartamento.

-Más bien fue que dejé de negarme a hacerlo, pero como no se fiaba de mí, al final sí que le dije que iría, pero solo a hacerle una paja y me iba. Luego él marchaba delante y yo le seguía un par de metros más atrás, no quería que nadie nos pudiera ver juntos y más con la erección que llevaba.

-¿Hicisteis algo más en la cafetería antes de iros?

-No, lo que te he dicho, besos y toqueteos en mi vulva y que le tuve que abrir varios botones de la camisa. También hizo que parara de tocarle porque estaba demasiado excitado. Cuando lo dejamos, esperamos un rato, pero no se le bajaba, por lo que al final decidimos irnos, así como estaba.

-Cuéntame cómo fue vuestra entrada al apartamento. -Le dije súper empalmado, sin dejar de acariciarla con mis manos. Ya me daba igual si pensaba que aquella narración de los hechos era la que me estaba provocando esa erección.

-¿Te lo resumo, o prefiere que te cuente los detalles? -Me interrogaba.

-Con detalle. -Le respondí ahora yo también en un susurro.

Ella se arrebujó más contra mí desde ese regazo donde estaba sentada y yo la icé un poco para pasar su falda hasta la cintura. Con mi otra mano le fui desabrochando los botones de la camisa. Quería saber si había más señales de las que ella ofrecía en su teta y que ya sabía que esa era conocida por mí. En unos segundos la camisa volaba hasta tres metros de donde estábamos nosotros. ¿Pero es que ni se había limpiado? En su vientre se podían observar otras manchas resecas, al igual que su piercing del ombligo que estaba manchado y no dejaba ver su brillo natural. ¿Cómo sería la corrida del cabrón ese que la manchaba por arriba, por abajo y en la propia boca? Además, que sería seguramente su segunda corrida, porque aquellas manchas no podían llevar allí en su piel más de media hora, si casi se podía palpar lo que había en el hueco de su ombligo. Para resolver mi última duda, le subí la falda por delante para ver cómo estaba su escasa pelambrera, dejándome más confuso si cabe, porque había tanta lefa enredada en su pelo que hasta pasé las yemas de mi mano derecha y pude certificar que aún quedaba algo de fluido viscoso, solo con frotar los dedos corazón y pulgar.

-¿Cómo es posible que lleves tanto semen encima y por todos lados? -No pude reprimirme y tuve que preguntarlo. Su exnovio debía ser un Superman como eyaculador.

Pero no me contestó a eso, solo me miró cómo preguntándome si la dejaba continuar con la narración y yo le di mi permiso asintiendo con mi cabeza un par de veces.

-Cuando llegamos al apartamento me quedé de piedra porque no sacó sus famosas llaves para abrir la puerta, sino que pegó en ella con los nudillos un par de veces. Enseguida comprendí que no íbamos a estar solos y antes de que la puerta se abriera, sabía ya quien lo iba a hacer, no podía ser otro que su amigo Agustín y allí estaba él bajo el umbral echándose a un lado para que pasáramos nosotros al interior. Con la ayuda de la mano de Richard que empujaba desde mi culo, no tuve más remedio que entrar a ese apartamento. Lo que ocurrió luego te lo puedes imaginar. -Parecía que daba por terminada su elocución, pero yo no estaba dispuesto a conformarme faltando lo mejor.

-Prefiero que me lo cuentes tú, -le respondí-, sigue con todos los detalles, ya te lo dije.

Esto se lo iba diciendo sin disimular mis caricias a los sitios donde más semen detectaba. También se podía ver cómo sus glúteos y más el izquierdo estaba algo encarnado por unos buenos azotes que estos dos le habrían propinado. Sin embargo, no se detectaban más moratones en las partes que yo podía ver. Para diluir un poco más ese semen me mojé las yemas de dos dedos con mi propia saliva, pudiendo recuperar bastante del hueco de su ombligo. De inmediato me llevé esos dedos a la nariz para poder oler claramente la lefa de uno de esos cabrones. La polla seguía más derecha que un cirio y Carmen se la había acomodado para que quedara entre sus muslos.

-Espera que me la saque, cielo, que me molesta tenerla dentro de los pantalones.

Ella se incorporó y mientras yo me quedaba desnudo, ella hacía lo propio con solo eliminar su falda y su mínimo sujetador que eran las únicas prendas que le quedaban.

-Gírate, -le pedí para poder apreciar mejor sus nalgas-, joder cómo te las han puesto.

Se las acaricié suavemente mientras veía también cómo le habían dado un pequeño mordisco en la base de la nalga más afectada. Cuando presioné un poco ese lugar, ella reaccionó como si le doliera echándose hacia adelante, pero inmediatamente se volvió a acercar a mí.

-Toca lo que quieras, solo ha sido por instinto, -me dijo-, eso me lo hizo Richard que es un bruto. El moratón del pecho también es de él y el del cuello de Agustín.

Entonces elevé mi vista a su cuello y era verdad que también tenía un leve moratón debajo de su oreja derecha, la que no podía ver mientras la tuve sentada en mi regazo. Antes de que yo pudiera hablar, fue ella la que lo hizo de nuevo.

-Veo que te pone cachondo lo que ves y lo que has tocado, ¿Verdad? Si quieres hago las paces con ellos, porque al final les he mandado a tomar por culo a los dos.

-¿Y eso? -Me extrañaba que después de tanta lefa por su cuerpo terminara enfadada con ellos. Simplemente no era normal.

-Porque me han hecho fotos toda pringosa con lo que me han soltado y no quería que lo hicieran. No sé qué es lo que podrían hacer con ellas, no me fío de ellos. Tú habrías hecho lo mismo.

-Joder Carmen, preciosa, a mí no me van a embadurnar de esperma para luego hacerme unas fotos. -Le respondí con una sonrisa.

-Que tú te crees, no sabes de lo que son capaces de hacer cuando se juntan los dos.

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