ECONOMISTA

11​

―Hola ―contestó secamente Andrés sin mover un músculo.
―Perdona que me presente así ―dijo Boni retirando la mano―. No quiero molestar, solo quería preguntarte si me puedes dar el número de teléfono de la agencia de tu compañía…
―¿De la agencia?, no sé qué quieres decir…
―Sí, de la agencia en la que trabaja la mujer que está contigo.

Andrés no entendía lo que estaba pasando, ni a qué se refería ese tipo.

―No, no, la mujer que está conmigo no es modelo, ni nada de eso.

Boni sonrió socarronamente tapándose la boca con la mano.

―Si no me lo quieres decir, pues nada…
―Es que no sé a qué te refieres, ¿de qué agencia me hablas?
―Mira, controlo bastante del tema y se nota que la mujer que está contigo es… una escort, ¿no?, quiero que me digas de qué agencia es, para poder quedar un día con ella.

De repente la cara de Andrés se descompuso. El tal Boni había confundido a Paloma con una puta de lujo. No se podía creer que estuviera pasando eso, además ese personaje le ponía muy nervioso, Paloma no iba a tardar mucho en volver del baño y no quería que le viera hablando con aquel cerdo.

―¡Es mi mujer! ―dijo Andrés en un tono que no daba lugar a dudas.
―¿Es tu…?, noooo, ¡hostia, qué fallo!, ¡¡joder, menudo corte!!, yo pensé que era… como va así vestida…
―Venga, adiós, déjame en paz…
―Perdona, tío, deja que por lo menos os invite a una copa ―insistió Boni.
―Me acabas de preguntar si mi mujer es una escort y ¿ahora quieres invitarnos a una copa? ¿En serio?
―Sí, claro, lo siento, yo pensé… me sabe muy mal.
―Creo que es mejor que lo dejemos aquí, adiós.
―Por favor, no quiero dejar la conversación así, sé que he metido la pata, ¿podríamos arreglarlo de alguna manera?
―De verdad, que ya está, venga, te perdono por lo que has dicho y todo eso… pero ahora vete, ya está, olvídalo…
―Perdona que insista, es que me ha llamado mucho la atención tu… mujer ―dijo Boni como si todavía no se creyera que eran un matrimonio.
―¿Y qué quieres que haga porque mi mujer te haya llamado la atención?
―No sé, quizás podríamos ver si podemos llegar a un acuerdo o algo así…
―¿Un acuerdo?, no te entiendo…
―Podría ofreceros hasta 6000 euros por pasar una hora con ella, nunca he pagado tanto…

Primero confundía a Paloma con una puta y ahora encima le ofrecía dinero por… ¿acostarse con ella? La desfachatez de ese tío no tenía límites. Andrés estaba muy molesto con la situación e incluso llegó a enfadarse, pero no se encaró con el tal Boni pues tenía muy mala pinta y hasta daba un poco de miedo. Salió del paso como pudo.

―Si sigues molestándome voy a tener que llamar a la policía…

Sonrió como si no le importara la amenaza que acababa de recibir y abrió los brazos en señal de paz, pero antes de darse media vuelta para volver con su amigo le dijo a Andrés.

―Al menos pensad en la oferta, es mucho dinero… por solo una hora…

Paloma ya había salido del baño y a pesar de los tacones y lo estrecha que era la falda de tubo, se movía armoniosamente y con elegancia entre la gente. Cuando pasó al lado de Boni él se quedó mirando su escote y luego su culo con total descaro. Paloma era más alta, casi le sacaba una cabeza.

―¿Quién era ese con el que estabas hablando? ―preguntó a Andrés cuando llegó hasta él.
―Nadie, bueno, un antiguo paciente…

Estaba claro que su marido la estaba mintiendo, pero no siguió preguntando, de todas formas, se giró unos instantes para observar a ese tío con pinta de chuloputas.

―Aquí está tu copa…
―Gracias.

Se quedaron charlando un rato en la barra, pero Andrés no se podía olvidar lo que acababa de pasar, mientras hablaba con Paloma miró un par de veces detrás de ella y allí estaba Boni, con la vista clavada continuamente en el trasero de su mujer, incluso una vez volvió a saludarle levantando su copa como había hecho antes.

Con ese matón observándoles todo el rato Andrés estaba muy incómodo. No le extrañaba que en cualquier momento se acercara a ellos.

―Deberíamos irnos… no me gusta mucho el sitio.
―¿Ya?, pero si no hemos tomado ni la primera copa, además a mí sí me gusta, estoy aquí más a gusto que esos bares llenos de críos y con la música tan alta que no soporto…
―Como quieras…
―En cuanto nos tomemos la copa nos vamos al hotel, si te parece bien… ―dijo Paloma acercándose a su marido.

Andrés rodeó a Paloma por la cintura y le dio un pequeño beso en el cuello que ella recibió cerrando los ojos. Con la cercanía de los cuerpos los dos se encendieron más si cabe, llevaban excitados toda la noche, Paloma desde que se puso el vestido y se había visto frente al espejo y Andrés desde que la había visto con esa blusa y la falda puesta.

Bajó la mano para acariciar su trasero, ni se acordó que detrás de ellos estaba Boni, y volvió a besar el esbelto cuello de Paloma, que recibía placentera los labios de su marido. Ella se pegó a él frotando sus pechos contra su hombro como le había pedido la anterior cita y Andrés notó las pesadas tetas de su mujer haciendo presión en su brazo.

Siguió tocando su culo, haciendo más fuerza, sobándola delante de todo el bar, ya no les importaba nada, Paloma dio un trago a la copa mirando fijamente a los ojos de su marido que no dejaba de tocar sus glúteos, cada vez más descaradamente. Entonces, Andrés cruzó la mirada con Boni, Paloma se había pegado a él y ahora era ella la que le besaba despacio el cuello. La polla de Andrés creció bajo sus pantalones y dejó la copa en la barra para bajar el otro brazo y sobarle el culo a su mujer a dos manos.

“Mira como la toco, cabrón”, pareció decirle a Boni con la mirada. Era una especie de reto visual, los dos se observaban y ninguno apartaba la vista del otro. Boni asistía incrédulo al espectáculo que estaban dando e incluso se llegó a acomodar el paquete. Estaba claro que también se había empalmado viendo a Paloma.

Ya estaban llamando mucho la atención en el bar y los dos lo sabían, tanto Andrés como Paloma, una mujer así no pasaba desapercibida y ahora además le estaba comiendo el cuello a su marido mientras éste sobaba su trasero.

―Cuando quieras nos vamos al hotel, no puedo más… ―volvió a decir Paloma.

Por un lado, Andrés sí quería irse, no acababa de estar cómodo del todo con el tal Boni cerca de ellos, pero por otro lado quería volver a recrear una situación como la otra vez, donde un grupo de jóvenes miraran a su mujer y se excitaran con ella, Andrés fantaseaba con que Paloma hablaba con un chico y él les observaba a unos metros de distancia, pero sabía que esa fantasía era muy difícil que se diera, pues Paloma ya le había dicho que no iba a hacer eso.

―¿Vamos a otro bar? ―preguntó Andrés―. Podíamos ir a un sitio con gente algo más joven, solo será una copa, ¿vale?
―Noooo, aquí estamos bien, y no me apetece ir a otro sitio, si nos vamos de aquí es para ir al hotel, tú decides…

Y la fantasía de Andrés se esfumó por completo. En aquel bar no había ningún jovencito para plantearle el juego a su mujer, y tampoco quería que lo hiciera allí con el tal Boni observándoles. De todas formas, ella se iba a haber negado, con total seguridad.

Volvió a sentir los labios de su mujer en el cuello, con besos cortos y secos que le estaban poniendo a mil. Ella no dejaba de frotar sus imponentes pechos contra su hombro y Andrés miró hacia abajo disfrutando del cuerpo de Paloma, que se pegó más a él para notar lo dura que tenía la polla.

Notaba que empezaba a humedecer las braguitas, Paloma estaba muy excitada, sintiéndose observada y deseada por todo el bar y movió las caderas de lado a lado buscando frotarse contra la polla de Andrés. Sin dejar de acariciar sus glúteos a dos manos, atrajo el cuerpo de su mujer pegándose más a ella, besó sus labios y Paloma le correspondió sacando la lengua. Fue un beso corto, pero intenso, luego ella le pegó otro trago a la copa, sin dejar de mirar fijamente a los ojos de su marido. A pesar de la excitación la cara de Paloma no se descomponía y mantenía una pose seria y elegante.

―El tío ese de antes no era un paciente… ―le soltó de repente Andrés.

Ella se giró para buscarle por el bar, no tardó en encontrarle justo detrás de ella, a unos cuatro metros. Se volvió hacia su marido.

―Me lo suponía, ¿y quién es?
―No sé, no le conocía, ha venido a hablar conmigo.
―¿Y qué quería?
―No te lo vas a creer, se ha pensado que eras… bueno, ya sabes… una… una chica de esas de compañía, una escort de lujo.
―¡¡¿Se pensaba que yo era una puta?!!, ¿y te lo ha dicho así? ―dijo Paloma indignada.
―Me ha preguntado de qué agencia eras y yo pensé que se refería a una agencia de modelos o algo por el estilo… se ha llevado un buen corte cuando le he dicho que eras mi mujer…
―¡Qué imbécil!
―Sí, además se ha puesto un poco pesado, luego quería invitarnos a una copa y disculparse por el error, y le he dicho que no, por supuesto.
―Solo faltaba…
―¿Y sabes que luego me ha ofrecido mucho dinero por pasar una hora contigo?
―¡Anda ya!, ¡¡no me lo estás diciendo en serio!!
―Completamente en serio, primero se disculpa por haberse equivocado, y me dice que claro, que con esa ropa que llevas se había pensado…

Fue la primera vez que se sintió avergonzada por haberse vestido así, Paloma se ruborizó intentando taparse los pechos con la escasa tela de su blusa. Lo último que quería era que la confundieran con una puta.

―No sé ni qué decirte, deberíamos irnos, ese tío no me gusta nada… por eso insistías tanto en irte, ¿verdad?
―Sí, anda vamos ya al hotel, déjame que antes vaya al baño un momento.
―Te espero aquí…

Andrés fue en dirección a los servicios pasando al lado de Boni y su amigo, pero no le dijo nada, y este en cuanto vio que Paloma se quedaba sola no se lo pensó dos veces y se acercó a ella.

―Hola, soy Boni ―dijo alargando la mano, a modo de saludo, como había hecho antes con Andrés.

Al menos, Paloma sí le correspondió estrechándole la mano con delicadeza. No quería ser una maleducada con aquel tío.

―No tenemos nada de lo que hablar…
―Lo siento, me imagino que tu marido te habrá comentado el malentendido de antes, lo siento de verdad, dejad que os invite una copa al menos…
―Sí, algo me ha dicho, gracias por la invitación, pero mejor no, como comprenderás no es muy procedente tu invitación…
―Sí, entiendo, suena un poco raro, solo quería saber si tu marido te ha comentado lo que le he propuesto ―dijo Boni mirando su escote―. 6000 euros por una hora es mucha pasta…
―¿Cómo dices?
―Que le he ofrecido 6000 euros por pasar una hora contigo, pensé que te lo habría dicho.

Ni tan siquiera le contestó, Paloma cogió la chaquetilla, se puso el bolso al hombro y le dejó allí plantado, saliendo del bar. No tardó en regresar Andrés del baño y al no ver a su mujer se imaginó que estaba fuera.

―Venga, vámonos.
―¿Cómo es que has salido fuera?, pensé que me ibas a esperar en el bar…

Paloma se agarró del brazo de su marido y echaron a andar sin una dirección clara.

―Ha venido a hablar conmigo el tío ese, el que tenía pinta de mafioso, y me he asustado un poco.
―Joder ¿¿en serio??, no pensé que lo fuera a hacer, si no no te habría dejado sola en el bar, ¿y qué te ha dicho?, espero que no te haya molestado.
―Déjalo, no quiero hablar de eso… estoy bien, ¿qué hacemos ahora?, ¿nos vamos al hotel?
―No quiero que nos vayamos con este mal sabor de boca, ¡con lo bien que lo estábamos pasando!, vamos a hacer una cosa, entramos en el primer sitio que veamos abierto y nos tomamos otra copa, así nos olvidamos de ese tío, ¿de acuerdo?
―Está bien, pero solo una más…

Entraron en un pub que vieron abierto, no era lo que esperaba Andrés, era un bar de música rock y alternativa, los que estaban dentro iban vestidos con vaqueros, camisetas y zapatillas, no era en absoluto un ambiente pijo y evidentemente, enseguida llamaron la atención, Andrés con su camisa blanca perfecta y Paloma con su blusa negra en V y la falda elegante de tubo. En un principio dudaron de si salir o no, pero finalmente se quedaron a tomar la copa en ese garito.

Se acercaron a la barra y pidieron, al menos la música estaba genial y todo el mundo iba a su rollo, enseguida se encontraron a gusto en ese ambiente, aunque Andrés se fijó que un par de chicos, que hacían los movimientos típicos de tocar la guitarra al aire, miraban con detenimiento a Paloma.

―Anda, que vaya sitios me traes.
―Para que luego digas que te llevo a sitios caros, jajaja.
―Tengo la sensación de que nos miran todos.
―No es tu sensación, es que realmente nos miran todos, ¿te importa?…
―Pues sinceramente, no.

Paloma se quitó la chaquetilla dejando descubiertos sus brazos, justo cuando el camarero les servía la copa que habían pedido, al chico le fue inevitable mirar las tetas de aquella morena tan alta y Andrés se dio cuenta de cómo el barman babeaba con los pechos de su mujer.

Aquel era un sitio para volver a lucirla y Paloma sabía que eso le gustaba a su marido. Los guitarristas frustrados seguían observando detenidamente el culo de Paloma sin acabar de creerse que aquella mujer estuviera en ese bar.

―Creo que tienes un par de seguidores incondicionales… ―le dijo Andrés al oído.

Ella se giró y los buscó con la mirada, a los dos chicos les temblaron hasta las piernas cuando se dieron cuenta de que Paloma les había pillado babeando con su cuerpo.

―Me encanta que te miren… ―dijo Andrés, orgulloso, acercándose a ella para acariciar su culo otra vez.
―Lo sé.
―Me gustaría que un día hablaras con un chico de esos… yo me quedaría a unos metros de distancia viendo cómo lo haces, sería muy morboso observar esa escena.
―Tú y tus fantasías…
―¿Lo harías?
―¿Para qué quieres que haga eso?
―No lo sé, supongo que disfruto mucho observando cómo los tíos se excitan contigo, me gusta ver cómo te desean… y saber que eres mi mujer y que luego voy a ser yo el que disfrute de ti… me encanta cuando te exhibes, como haces ahora…
―¿Y te excita?
―Ni te lo imaginas…

Le rozó con las tetas en el brazo pegándose a él. Quería que notara que ella también estaba caliente, tenía los pezones duros y en aquel bar al sentirse tan observada se había vuelto a poner muy cachonda.

―No voy a hacer eso, no voy a hablar con un chiquillo de estos solo porque a ti te excite…
―Mmmm, por favor, me encantaría, mira esos dos serían perfectos, le coges a uno cuando se quede solo y vas a hablar con él.
―¿En serio me estás pidiendo esto? ¿Quieres que vaya a hablar con uno de esos dos?
―Sí, ¿por qué no?
―Pues porque no, no voy a hacer eso por mucho que te guste…
―Ohhhh, venga, solo un poquito, hoy sería buen día, no vamos a tener otra oportunidad como esta, además, como ya no te vas a volver a poner la ropa esta de… puta… ―dijo Andrés sobándole el culo con más fuerza.
―¿Qué has dich…?
―Perdón, perdón, ¡era broma!
―Pues no viene mucho a cuento esa broma después de lo que ha pasado en el otro bar.
―Solo quería quitarle un poco de hierro al asunto, si lo piensas bien tiene hasta un poco de morbo, que ese cerdo te haya confundido con una puta de lujo, jajajaja, y además pagaba bien, mmmmm, con 6000 euros podríamos hacer muchas cosas… jajaja.
―Vale, deja ya de decir tonterías…
―Es que estoy muy excitado, no sé ni lo que digo y tú deja ya de rozarme con las tetas, joder…
―Lo siento, ¿quieres que pare? ―preguntó Paloma insistiendo otra vez con sus pechos contra el brazo de su marido.
―No, claro que no, quiero que sigas, y por cierto esos dos nos siguen mirando, bueno, puntualizo, te siguen mirando…

Les echó una ojeada a los chicos antes de acercarse a Andrés y besarle en la boca, era la única pareja en todo el bar que se estaba morreando, pero a ellos les daba igual, por unos instantes se les olvidó que eran el centro de atención y Andrés subió una mano para acariciar las tetas de su mujer sobre la fina blusa.

―Para, para, aquí no…
―¿Y por qué no me apartas la mano?
―Vamos ya al hotel… ¡no puedo resistir más!
―Me encantaría verte hablar con uno de esos dos chicos, no sabes el morbo que me daría, habla con ellos y después nos vamos…
―Vale ya, Andrés, no voy a hacer eso…
―Habla con un chico de esos, o con los dos, vete a preguntarles algo, quiero verte hablando con ellos, aunque sea unos segundos…
―No seas pesado, no me apetece, quiero que nos vayamos ya…

Andrés bajó las manos a los glúteos de Paloma y se los apretó con fuerza a la vez que posaba los labios en el cuello de ella. Notaba a su mujer excitada, caliente y muy encendida. Increíblemente se dejaba hacer cualquier cosa delante de todo el bar.

―Mira, mira… ahora se ha quedado uno de los chicos solo, el otro se ha debido ir al baño, vete a hablar con él, por favor y te prometo que luego nos vamos… tampoco te estoy pidiendo tanto, solo es hablar, nada más… por favor, por favor…
―¡No voy a hacer eso, no te pongas pesado!…
―Por favor, solo van a ser unos segundos, no te cuesta nada…
―Cuando te pones así, eres insoportable, ¿siempre tienes que salirte con la tuya?
―Sí, ya me conoces…

Entonces Paloma se separó de él y miró hacia donde estaba el chico, dudó unos segundos, seguramente pensando qué es lo que le iba a decir y se fue directa a por él.

―Ahora vuelvo…

Mientras sonaba una canción de Nirvana, Andrés observó, emocionado, como su mujer se acercaba con elegancia al chico que volvía a imitar un riff de guitarra con sus brazos. El contraste era brutal cuando Paloma se puso delante del joven y éste se sorprendió al ver a aquella imponente mujer.

―Hola, perdona, ¿sabes a qué hora cierran aquí?

El chico, medio asustado, se miró el reloj negro Casio de doce euros.

―A las cinco…
―Y luego ¿dónde suele ir la gente?, es que estoy con mi marido y no somos de aquí…
―Pues depende, después ya no hay mucho, hay una discoteca que se llama la… y otro par de sitios que se puede ir, pero así con este ambiente y este tipo de música ya no hay nada.
―Ah, vale, pues ya preguntaremos cómo se va a la discoteca esa que me has dicho…
―Es fácil, al salir de aquí giras a la derecha y a unos…

La imagen era surrealista, todo el bar estaba pendiente de Paloma, sobre todo Andrés, que se empalmó a lo bestia en cuanto vio a su mujer hablando con ese chico. No es que fuera bajito, mediría sobre 1,78, pero Paloma en tacones le sacaba media cabeza. Él iba con una camiseta gris desteñida de The Doors y Paloma con su blusa, donde las tetas se le bamboleaban indecentemente a cada mínimo movimiento y esa falda que parecía a punto de explotar con las maravillosas caderas que tenía.

Sin querer, el chico se fijó en las tetas de Paloma, era imposible no hacerlo. ¡Las tenía delante de su cara! Andrés nervioso pidió otras dos copas, su mujer llevaba un par de minutos hablando con ese jovencito que se puso todavía más nervioso cuando dijo algo y Paloma sonriendo puso una mano sobre su hombro.

La polla de Andrés palpitó literalmente bajo los pantalones.

―Pues muchas gracias, lo mismo nos vemos luego allí… por cierto, me llamó Paloma.
―Yo, Daniel.

Y se dieron dos besos a modo de saludo. Luego se giró y volvió con su marido, que la esperaba impaciente en la barra, pasando al lado de un grupo de chavales que también la miraron.

―¿Contento? ―le preguntó.
―¡Ha sido increíble, Paloma! Muchísimas gracias, ni te imaginas cómo me he puesto al verte hablar con él.
―¡¿Te ha excitado eso?! ―preguntó ella sorprendida.
―Acércate.

Enseguida notó la erección bajo sus pantalones cuando se pegó a él. Los dos se habían calentado con el jueguecito. Él mostrando a su mujer y ella exhibiéndose delante de su marido.

―¡Cómo estás!
―Estoy deseando llegar al hotel y follarte…
―¡No seas vulgar! ―le recriminó Paloma bebiendo de su copa.
―¿Llevas puestas las mismas braguitas que la otra vez? ―preguntó Andrés acariciando su culo por enésima vez durante la noche.

Paloma le dio otro sorbo a su copa y bajó la cabeza avergonzaba. De repente ya no parecía esa mujer esbelta, elegante y segura de sí misma.

―Sí… ―contestó tímidamente.
―Las mismas que te pusiste con Víctor.
―¡Andrés, no!
―Lo siento… no quería molestarte, solo es que estoy, uffff, muy caliente y tú creo que estás igual…
―Cuando quieras nos vamos.
―Solo contéstame una cosa.
―A ver, pregunta…
―Si no quieres no me contestes eh… quería saber si te excita ponerte esa ropa, aunque solo sea un poquito…
―Ya sabes la respuesta…
―¿Y por qué la quieres tirar?
―Porque me recuerda a lo que pasó en Barcelona…
―Está bien, no te pediré que te la pongas otra vez, puedes tirarla si quieres, aunque preferiría que no lo hicieras, la blusa es una pasada, pero sí me gustaría repetir estas salidas, puedes ponerte lo que quieras, me da igual, creo que nos vienen muy bien para… recuperar el deseo que habíamos perdido, ¿no te parece?
―No sé, puede ser…
―Me excita mucho que otros hombres te miren, que te deseen y ya lo que has hecho esta noche de hablar con ese chico, pufff, me ha vuelto loco, Paloma… ¡vaya cara tenía el chico! Y tú allí a su lado. ¡El contraste era brutal!
―Vámonos.
―Tenemos la copa a la mitad.
―Me da igual… quiero que nos vayamos ya al hotel… ―dijo Paloma quitándole el vaso de la mano a su marido y dejándolo en la barra.

Antes de salir se puso la chaqueta tapándose los hombros y saludó con la mano a los dos chicos que ahora cantaban una canción de los Red Hot Chile Peppers. Fueron andando hasta el hotel acariciándose y besándose cada poco. En cuanto entraron Paloma todavía se puso más caliente, estaba realmente nerviosa mientras esperaban al ascensor. Querían llegar cuanto antes a la habitación.

Cuando iban por el pasillo Andrés sacó la tarjeta de la puerta para no perder tiempo, pasaron dentro de la habitación y comenzaron a morrearse como dos adolescentes. Entonces, otra vez se pusieron de pie, frente a frente, al lado de la mesita que había junto a la cama. Paloma jadeaba y sus hinchados pechos parecían salirse de su blusa cada vez que inspiraba.

Andrés la miraba con rabia, con deseo, incluso se mordía los labios, tiró con fuerza de la blusa hacia los lados descubriendo las tetazas de Paloma que se vio sorprendida y dio un pequeño saltito. Su marido estaba otra vez recreando la escena con Víctor. La levantó por las asilas para sentarla sobre la mesa y luego se inclinó para comenzar a mamar sus pechos a la vez que se los juntaba, aplastándoselos por los laterales. Paloma gimió y echó la cabeza hacia atrás, acariciando el pelo a su marido que estaba como loco mordiendo y chupando sus duros pezones. Andrés fue tirando de su falda hacia arriba hasta que pudo meter las manos por los laterales para bajarle las braguitas. Se las fue sacando despacio por los pies y cuando las tuvo en su mano las miró detenidamente sintiendo su tacto y comprobando cómo olían ya a sexo. Las lanzó con fuerza contra el suelo susurrando “puta” entre dientes, pero lo suficientemente alto para que lo oyera su mujer.

Estaba ido, fuera de sí, tiró otra vez de la blusa hacia fuera, esta vez con tanta fuerza que se oyó como se rasgaba. Se agachó y mordió con los dientes la tela, luego volvió a tirar desgarrando la blusa por completo en la zona del ombligo, dejándola echa un trapo entre los brazos de Paloma.

―¡Voy a follarte!, ¿eso es lo que quieres? ―dijo desabrochándose el cinturón.

Metió la mano entre sus piernas y se encontró el coño de su mujer completamente empapado. Solo metió un dedo y lo sacó a los cinco segundos mostrándole a su mujer lo mojado que estaba.

―¡Mira cómo estás!
―¡Vamos, hazlo!
―¿Quieres que te folle?
―Sí, eso es lo que quiero.
―Me ha vuelto loco ver como hablabas con ese chico, sabes que se la has puesto dura, ¿no?
―Deja de decir tonterías y vamos a la cama ―dijo Paloma intentando bajar de la mesa.
―No, ¡aquí!, ¡¡voy a follarte aquí!!… ―gritó Andrés sacándose la polla y acercándola al cuerpo de su mujer.

Ella echó las caderas hacia delante hasta que su coño entró en contacto con el duro miembro de su marido.

―Vamos, ¡métemela, Andrés!, no me hagas esperar más…
―Me encanta como ibas vestida, realmente parecías una puta…
―¡Cállate y fóllame ya!
―¿Te pone cachonda que te llame puta?

Le agarró la polla a Andrés y ella misma se abrió de piernas intentando introducírsela, pero Andrés no la dejaba.

―Dime, ¿te pone cachonda que te llame puta?, ¿a mí también vas a cobrarme 6000 euros por una hora? ―dijo Andrés golpeando con la verga a la entrada de su coño que latía como si tuviera vida propia.

Tuvo que soltarle la polla y echar la cabeza hacia atrás para poder sacar más las caderas hacia fuera apoyando las manos en la mesa. Si su marido quería jugar más ella le iba a dejar, completamente entregada ofreció su cuerpo, abriendo las piernas y mostrándole las tetazas cubiertas mínimamente por un trozo de tela negro. Andrés seguía restregando su polla de arriba a abajo contra su coño.

―¿Quieres que te folle así?, ¿vestida como una buena zorra?
―Ahhhhhhhh, ahhhhhhhhh, sííí, hazlo, hazlo… ¡fóllame, por favor!

De un solo tirón le soltó el moño y el pelo de Paloma cayó sobre sus hombros, aquella melena medio ondulada era preciosa y ella intentó arreglarse un poco el peinado en aquella postura tan poco decorosa. Apenas tuvo tiempo de nada porque Andrés agarrando con fuerza su pelo la bajó de la mesa para arrastrarla un par de metros hasta ponerla frente a el espejo.

Luego se puso detrás de ella, le subió la falda e hizo que se inclinara hacia delante, mirándose a través del espejo. A Paloma le colgaban sus pesadas tetas y Andrés pasó las manos para agarrárselas restregando su polla entre las piernas de Paloma, que con la falda remangada sacó el culo hacia atrás.

Ella misma se sorprendió al verse así frente al espejo. Su marido tenía razón. ¡Parecía una jodida puta!

―¡Métemela, vamos, métemela! ―volvió a suplicar girándose un poco.

Ya no la hizo sufrir más y recreándose con la visión del majestuoso y voluminoso culo de su mujer Andrés se la metió desde atrás agarrándola por la cintura. El grito de Paloma fue desgarrador.

―¡¡¡Ahhhhhhggggggg!!!!

En cuanto comenzó a embestirla las tetas de Paloma se pusieron a bailar delante y atrás al compás de la follada. Andrés se la metía fuerte, duro, rápido y con ganas. Paloma no podía dejar de gemir.

―¿Ves cómo pareces una puta?

Paloma apoyó las dos manos frente al espejo, inclinándose todavía más hacia delante, para sacar el culo hacia fuera.

―¡¡Sigue, sigueeeeee, ahhhhhhhh!!
―¿Pareces una puta?, vamos dímelo…
―¡Estoy a punto de llegar!, un poco más… sigueeee, sigueeee…
―¡¡Dime lo que pareces!!, mírate al espejo y dime que pareces una puta ―dijo Andrés follándosela lo más rápido que podía.
―Ahhhggggg, ahhhgggg, sííí, ahhhhggggg, ¡parezco una puta!, ahhhhggggg, ¡¡soy una putaaaaa!!! ―chilló Paloma a la vez que alcanzaba el orgasmo.

Incrédulo ante lo que acababa de escuchar Andrés no pudo aguantarse más y sacó la polla en el momento justo para eyacular sobre los glúteos de Paloma, en una potente corrida, cubriéndolos de semen por completo.

Ella seguía con las manos apoyadas en el espejo, inclinada hacia delante y Andrés cayó sobre su espalda dejando la polla en su culo a la vez que le acariciaba los pechos suavemente.

―¡Ha sido una pasada! ―dijo Andrés emocionado.

Paloma se puso de pie y se miró en el espejo intentando colocarse la blusa.

―¡Joder, está destrozada!, ya no tiene arreglo, menos mal que había traído algo de ropa en la maleta para cambiarme…
―Lo siento, no sé qué me ha pasado, ¿nos quedamos a dormir?
―Creo que necesito una ducha… ―dijo Paloma quitándose lo que le restaba de blusa y quedándose desnuda de cintura para arriba―. Sí, hoy nos quedamos a dormir, quiero que me vuelvas a follar en la cama…

Y se soltó la falda que cayó al suelo. Completamente desnuda y con el culo manchado de semen se metió en la ducha sin mirar a Andrés que seguía allí plantado de pie y con la polla en la mano. Luego escuchó a Paloma que le llamaba desde el baño.

―¿Vienes o no?

12​

El lunes por la mañana Claudia se quedó en casa, había pedido el día libre en la Consejería ya que iba ser una semana bastante apretada de viajes, tenía que ir a varios pueblos con Basilio el martes, el jueves y el viernes quedarse a dormir después de la cena con el correspondiente alcalde.

A primera hora salió David a trabajar a la fábrica y se llevó a las niñas al cole. Claudia hacía mucho tiempo que no tenía una mañana para ella sola. Salió al jardín a tomar un café mientras leía la prensa en la tablet. Era un día soleado y agradable de primavera. Claudia estaba muy tranquila y cuando terminó de desayunar se tumbó en la hamaca del jardín a escuchar música.

Después se puso las mallas deportivas y estuvo haciendo un rato de ejercicio en el césped, estiramientos, abdominales y glúteos. Luego se quedó estirando en el suelo y sobre las 11:30 recibió una llamada de Mariola.

―Hola, ¿qué tal?
―Pues mira, aquí tirada en el patio, acabo de hacer unos ejercicios…
―Ah, es verdad, que hoy te cogías el día libre, ¿Y qué tal el finde? ―le preguntó su amiga.
―Muy tranquilo, en casa con David y las niñas, ¿y el tuyo qué tal?
―También de relax, estuve el sábado con Alba en el centro comercial, y luego por la noche vimos una peli juntas, así que nada especial, pensando mucho en ti…
―¿Y eso?
―Ya ves, chica, desde lo de Madrid no me lo puedo sacar de la cabeza, estoy deseando que llegue el sábado que viene, al final venís David y tú a cenar a casa, ¿no?
―Es un poco pronto todavía para quedar… además, el viernes tengo viaje de trabajo y duermo fuera.
―¿Con Basilio?
―Sí.
―Ummmmmm, ¡qué peligro tiene el viernes!… aunque eso me da igual, dijimos que el sábado veníais a cenar a casa, ahora no me jodas, tía.
―No es eso, es que ahora con el trabajo y tal, si el viernes lo paso fuera, el sábado tampoco estoy con las niñas…
―Con las niñas puedes estar todo el día, luego las llevas a dormir donde tus padres y listo… ellas encantadas, no pongas excusas…
―No son excusas, de todas maneras, lo hablaré con David, a ver qué me dice.
―Háblalo con él, pero el sábado venís a cenar, ya tengo hasta el menú preparado… llevo todo el fin de semana pensando en ti…
―¿Ah, sí?
―No sé qué me pasa, pero me he tenido que aliviar todas las noches, el sábado cuando se durmió Alba hasta me estuve probando lo que me iba a poner con vosotros…
―¿En serio?
―Sí. ¿Quieres ver una foto?

Sin tiempo a que contestara le llegó una foto al WhatsApp, aunque no se le veía la cara se notaba claramente que era Mariola. Estaba frente al espejo de su casa con un conjuntito de lencería, con medias, liguero, tanga y un sujetador que realzaba sus pequeñas tetas. Pero lo que llamaba la atención de la foto era el arnés que Mariola tenía atado a la cintura, del que colgaba un consolador rosa de forma curvada que parecía tener buen tamaño.

Claudia se incorporó inmediatamente al ver la foto.

―¡¡Joder, Mariola!!
―Se la puedes enseñar a David si quieres, pero luego la borras eh… no quiero que haya fotos mías circulando por ahí…
―Pero si no se te ve la cara…
―Ya, pero por si acaso, ¿qué te parece?
―No sé, me has dejado sin palabras, estás muy guapa ―dijo Claudia introduciendo los dedos por el elástico de las mallas.
―Cuando terminé la sesión me tumbé en la cama, me puse tan cachonda al verme así que me tuve que hacer un dedo, fantaseando que te follaba delante de tu marido con eso puesto…
―¡Mariola!
―¿No te pone eso?, porque yo estoy aquí en la oficina del banco y solo de pensarlo, ufff…
―Para… ―dijo Claudia acariciándose el coño suavemente.
―Voy a tener que dejarte, el viernes hablamos y confirmamos la cita, aunque si quieres lo hacemos ya, ¿te parece el sábado a las nueve en mi casa?
―Lo hablo con David y luego te confirmo.
―Entonces a las nueve en mi casa… venga hablamos, adiós.
―Adiós.

En cuanto colgó la llamada recibió otra foto por WhatsApp de Mariola, eran de la misma sesión, pero ahora estaba de espaldas al espejo y mostraba su perfecto culo mientras se agachaba un poco. Claudia se levantó y se metió dentro de casa sin dejar de mirar el móvil. Se subió a la habitación y por el camino ya se fue quitando las mallas.

Se tumbó en la cama, desnuda de cintura para abajo, mirando las fotos que Mariola acababa de mandar. De repente, le entró un buen calentón, era lo que le faltaba. Empezar el lunes concertando la cita del sábado, ahora iba a estar toda la semana pensando en el encuentro con Mariola.

Iba a ser la primera vez que su marido las viera follando.

Se metió dos dedos en el coño moviendo las caderas hacia arriba y una mano por debajo de la camiseta para apretarse los pechos con fuerza y cerró los ojos a la vez que fantaseaba con su amiga. Solo podía pensar en sexo y en más sexo. Nada la satisfacía. Una vez que había comenzado a tocarse los pensamientos invadieron su cerebro.

Le temblaban las piernas al pensar en Lucas y en tener nuevos encuentros furtivos con él los viernes por la noche en su coche, se empapaba pensando en la enorme polla de Toni y en una posible cita con él, que ya empezaba a valorar seriamente. Se acordaba de Víctor y de cómo era sometida, de su perfecta verga que no se cansaba de chupar y de cómo se la follaba delante de su marido.

Y ahora Mariola y su imponente culo. Aquel culazo era hipnótico para Claudia, no podía dejar de mirarlo, era grande, redondo, duro, suave. Lo tenía todo. Daban ganas de apartar esos glúteos y meter la lengua en su ojete durante horas. Nunca había tenido fantasías con otra mujer, pero Mariola era tan sensual y desprendía tanto morbo que se estaba empezando a encoñar con su amiga. Ahora era la sustituta de Víctor y el sábado por la noche iba a follar con ella delante de David.

Se corrió enseguida, pero no quedó satisfecha, tenía el coño súper caliente y húmedo y se siguió acariciando suavemente cuando terminó. Luego se acordó de Basilio, iba a tener que aguantarle toda la semana, el martes, el jueves y el viernes.

¿Cómo se había podido acostar con él?

Tenía que aprender a controlar esos impulsos, pero ahora iba demasiado caliente a todas partes como para hacerlo, le recordaba mucho a lo que le pasó con Don Pedro, cuando el juego se le fue de las manos y terminó en su despacho chupando su decrépita polla y dejándose mamar las tetas por el viejo. Y si él se hubiera podido empalmar de nuevo, seguramente habrían follado aquella misma tarde. Con total seguridad.

Y ahora con Basilio le pasaba lo mismo, le veía con su traje, con su calva y su pelo rizado por los lados, sus gafas y esa verborrea continua. Le gustaba mandar y que las cosas se hicieran como a él le gustaban. Y en cuanto él le ponía una mano encima se le aflojaban sus piernas, dejándose manosear por su jefe. En el fondo le gustaba eso, Claudia se excitaba en cuanto Basilio ponía la mano en su cintura, aunque fuera con un gesto educado.

Físicamente no se sentía nada atraída por él, y los primeros meses pensó que era recíproco, él apenas se fijaba en Claudia, a pesar de los modelitos que ella se ponía, pero todo había cambiado desde el día que se acostaron. Ahora sí sentía los ojos de Basilio pendiente de sus movimientos. Notaba como la miraba con deseo, con lascivia, incluso a veces eran evidentes sus erecciones bajo el traje.

Estaba preocupaba en cómo iba a poder manejar esa situación, iban a ser casi dos meses de campaña electoral, de muchos viajes, de dormir en hoteles, de hecho, el viernes ya se iban a quedar a dormir en una posada rural después de cenar con el alcalde del pueblo. Basilio se había encargado de organizar la agenda, cosa que no hacía nunca. Esa cena no estaba prevista, pero él solo, sin consultar con Claudia, decidió que iban a pasar la noche en el pueblo.

Y Claudia podía ver sus intenciones desde lejos.

Pensando en esas cosas Claudia siguió acariciándose el coño tumbada sobre la cama. Cuando llegara su marido por la noche le iba a contar en lo que había quedado con Mariola.

¿Estaría dispuesto David a ver cómo follaba con su mejor amiga?

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