KERANOS

Cuando llegué a mi casa hablé de nuevo con mi madre, disculpándose otra vez por lo de entrar sin llamar. Yo le dije que no pasaba nada, quitándole importancia. También se alegró por vernos tan bien y me preguntó por su hermana, ya que hacía varios días que no hablábamos del tema. Le comenté por encima que la cosa seguía más o menos igual, sin entrar en detalles de que le contaba lo que hacíamos Elena y yo y que le contaba también que estábamos jugando con Irene y Mario. Ella puso cara de no gustarle lo que oía, diciéndome que debería cortar eso cuanto antes. Yo le dije que, aunque la cosa seguía más o menos igual, ya se había calmado y no estaba tan encima, pensando yo que era por nuestro trato. Me dijo que vale, pero que llevara cuidado, que sería horrible si ella hace algo más y Elena lo ve. Me dijo que la cuidara, que era una chica fantástica y que no se merecía nada malo. Yo le dije que hacerle daño era lo último que quería hacer, que nunca había estado así de contento con una chica y que no estaba dispuesto a que nada me apartara de ella. Mi madre me miró con orgullo, aunque me volvió a decir que tuviera cuidado.

El resto del día transcurrió de manera normal hasta que llegó la hora de ir a casa de Elena. Como vi que se quedó mirando la chupa negra de cuero, pensé en ponérmela, junto a una camiseta y unos vaqueros ajustados. Me monté en el coche y fui hasta su casa, aparcando en una calle paralela. Después fui hasta su puerta y llamé, abriéndome ella la puerta. Me miró de arriba a abajo sonriendo y mordiéndose el labio. Me cogió de la mano, tirando hacia ella para hacerme entrar, cerrando la puerta después. Se puso de puntillas para darme un beso, cogiéndome la cara con sus manos.

-Mmm… Qué bien hueles…
-Sí, me he echado un poco de colonia.
-Te has puesto la chupa… (dijo susurrándome al oído mientras reía).
-Sí, esta mañana he visto como la mirabas y tocabas y he pensado que te gustaría (dije también susurrando).
-Jiji…

Me llevó de la mano al salón, aunque no me hizo gracia encontrarme a Noelia, quien no dijo nada. Nos sentamos en el sofá, estando en silencio, estando yo entre ambas, pudiendo notar como Noelia me miraba de reojo y como Elena dirigía su mirada a Noelia a veces, como cogiendo impulso para decir algo, pero no llegaba a decir nada. Entonces se excusó para ir al baño, dejándonos a Noelia y a mí solos. Pasaron unos pocos minutos, estaba incómodo, así que le empecé a hablar.

-¿Cómo vas con los exámenes?
-Bien (dijo muy bajito, sin mirarme a la cara mientras seguía apuntando cosas en su libreta mientras miraba el libro).
-Te vas ahora, ¿no?
-Sí (dijo con el mismo tono que antes y sin mirarme a la cara aún).
-¿Cuándo?

Entonces empezó a recoger sus cosas, metiendo el libro, la libreta y demás en su mochila y levantándose sin decir nada ni mirarme. Dejó sus llaves sobre la mesa y dijo que si pasaba algo que avisaría mientras se iba, sin decir nada más ni mirarme ni siquiera. Oí como cerró la puerta, viendo como pasaba al lado de la ventana.

¿Qué estaba pasando? Estaba un poco desconcertado por la actitud de Noelia. ¿Había hablado Elena con ella a raíz de nuestras conversaciones con Irene y Mario para averiguar si era cierto lo de la tensión sexual y por eso esos impulsos para lanzarse a hablar, pero no haciéndolo por no crear incomodidad? Me puse un poco nervioso pensando de que se podría tratar, entonces recordé lo que pasó cuando la traje en coche el jueves pasado, lo que pasó justo antes de que se bajara. Tal vez le hice abrir los ojos con lo último que dije, pero también era posible que Elena hubiera hablado con ella. Pensé en dejar que Elena me contara algo si lo creía oportuno y si no, pues ya hablaría con Noelia.

Me preguntaba que le pasaba a Elena y justo entonces me llamó con una voz muy dulce. Fui hacia su habitación, viendo que salía una luz tenue de ella cuando iba por el pasillo. La puerta estaba casi cerrada, por lo que la abrí lentamente, quedándome embobado. Me encontré la habitación llena de velas y justo al lado de la cama a Elena, quien estaba con el pelo alisado, un poco de maquillaje, con la línea de los ojos y los labios pintados de rojo. Iba con una camisa negra transparente, muy similar a la que llevaba Irene en la fiesta que hicieron en su casa, un sujetador negro, una minifalda de un rojo muy vivo, unas medias negras muy opacas, sin dejar de ver su piel a través de ellas, aunque se le veía la parte que se ajusta al muslo para que no se le bajarán, de encaje negro ya que la falda era muy corta. Finalmente, sus piernas acababan en unos tacones rojos, los mimos que se puso cuando fuimos a la fiesta en la que tuve el accidente. Estaba con las manos a la espalda, con la cadera girada de modo que un lado estaba más arriba que el otro, estirando pierna contraria a esa cadera mientras sonreía con la cara girada.

Me quedé parado en el marco de la puerta mirándola varias veces de arriba a abajo mientras sonreía y se me aceleraba un poco el corazón. Empezó a mover la pierna un poco, por lo que me empecé a acercar lentamente a ella, pudiendo ver como miraba con brillo en los ojos. Una vez llegué a ella, se puso recta, alzando la cabeza para mirarme a los ojos, como esperando que yo diera el paso, por lo que cogí su cara con suavidad y le empecé a besar con mucha suavidad, estando unos breves minutos saboreando nuestros labios. Me aparté de ella y aún seguía con los ojos cerrados, respirando un poco más fuerte, abriéndolos a los pocos segundos para mirarme con unos ojos muy vivos. Me retiré un poco más para decirle lo increíble que estaba, pero justo ella pasó sus manos hacia delante, sujetando con sus manos abiertas con las palmas hacia arriba una caja negra rectangular, bastante alargada, de unos 30 cm.

La miré a la cara, estando ella un poco sonrojada y mirando a la caja. La cogí, bajando ella sus manos jugando con sus dedos de manera nerviosa. Abrí la caja lentamente, alzando las cejas por la sorpresa que me llevé al ver lo que había en su interior. Miré a Elena, quien estaba más sonrojada que antes, apretando sus labios.

-¿Y esto?
-Es para ti…
-¿Para usarlo en mí?
-No, no… bueno sí, si tú quieres…

Se trataba de una fusta, bastante similar a la que tenía Irene con la que jugamos el día anterior en su casa. Era de cuero, con un mango duro, un tallo retorcido, acabando en un triángulo invertido con los bordes redondos.

Saqué la fusta de la caja, dejando la caja en la cama, dándome golpes en la mano con ella. Elena estaba con la cara un poco agachada, con las mejillas rojas, por lo que le puse la fusta en la barbilla, tirando hacia arriba para levantarle la cara, mirándome ella a los ojos.

-¿Me vas a explicar por qué has comprado esto?
-Yo… es que… (decía nerviosa).
-Tranquila (dije susurrando mientras acariciaba su mejilla izquierda con la fusta).
-Es que creí que te gustó cuando lo hiciste con Irene y pensé en que tal vez te gustaría hacerlo conmigo también…
-¿Tú quieres que la use?
-Yo… sí, o sea…
-Elena, ya sabes que no me gusta que hagas cosas porque a mí me gusten sin que te lleguen a gustar a ti…
-No, no… me gustaría probar, aunque no tan duro como con Irene.
-Eres una niña muy curiosa… (dije pasándole la fusta por la otra mejilla, pasando a su barbilla y subiendo a su otra mejilla).
-Mmm… (murmuraba mientras empezaba a respirar más fuertemente y me miraba con ojitos).

Me acerqué para darle otro beso, cogiéndole de su barbilla, poniendo ella su mano en mi pecho, para luego ponerla en mi cara y acariciármela al retirarnos.

-Quiero que castigues a esta puta… (dijo susurrando, con las mejillas más encendidas).

Mi reacción al oír eso fue abrir mis ojos y levantar las cejas durante unos breves segundos. Entonces se encorvó, apoyando sus manos en la cama después de levantarse la falta, dejando su precioso, redondito y respingón culo al aire.

-¿No llevas braguitas?
-Las putas no las llevamos… (dijo susurrando).

Me humedecí los labios, acercándome a ella para acariciarle el culo con la mano, dándole pequeñas palmaditas mientras ella ronroneaba. Después le empecé a acariciar con la fusta, dándole un pequeño golpe con ella, aunque sí que sonó un chasquido, lanzando ella un pequeño gemido. Le seguí acariciando el culo con la fusta, dándole azotes con ella de la misma intensidad. Como la veía bien, empecé a aumentar la intensidad de los azotes, haciendo que los chasquidos fueran más altos, con ella pegando respingos y gemidos más altos. Me estaba empezando a poner cachondo y empecé a recordar cuando hice eso mismo con Irene, por lo que me encendí más y le cogí del pelo, tirando hacia arriba para ponerla de pie.

-¿Cómo tiene el culito esta putita?
-Mmm…
-¿Esta putita quiere más?
-Ajammm…

Me senté en la cama, poniendo a Elena con su torso sobre mis muslos, empezando a darle azotes en el culo con la fusta más fuertemente, poniéndoselo bastante rojo mientras empezaba a gemir con más intensidad, agarrando las sábanas, llegando a un punto en el que empezaba gemir con tono de lástima, por lo que paré, pudiendo oír como respiraba con fuerza. Le empecé a acariciar el culo, dando ella un respingo, notando que estaba bastante caliente mientras ella seguía gimoteando con lástima. La incorporé, sentándola a mi lado, viendo que se le habían saltado más lágrimas. El calentón se me bajó de golpe, empecé a poner cara de preocupación, dándose ella cuenta, poniendo su mano en mi cara y diciéndome que no pasaba nada. No me convenció mucho, por lo que se subió encima de mí para empezar a besarme en los labios y luego en el cuello, quitándome la chupa mientras lo hacía.

-¿De verdad estás bien?
-Sí, mi amor. No te preocupes.
-Elena…
-Javi, de verdad, no pasa nada. No te vengas abajo, que estaba deseando que llegara este momento… (dijo cogiéndome de la cara).

Me empezó a quitar la camiseta, mientras me besaba con más intensidad en el cuello. Empezaba a sentir escalofríos por la espalda, poniéndose también mi piel de gallina.

-Javi, esta puta quiere que la folles duro…
-Mmm…
-Javi, por favor… Estoy muy cachonda… (dijo moviendo su cuerpo hacia delante y atrás mientras seguía encima de mí).

Me levanté, cogiéndola en brazos para empezar a besarnos con mucha lengua. Después la bajé, poniéndola de rodillas, para que me la empezará a chupar, cogiéndole la cabeza para follarle la boca. Se la metía bastante, aunque no llegaba a metérsela entera. Al poco, la levanté, cogiéndola del cuello con un poco de fuerza.

-¿Así le gusta a esta putita?

Asintió con la cabeza mientras me miraba fijamente a los ojos. Le pasé el pulgar por los labios, metiéndoselo en la boca. Después de que lo chupara durante un rato, le apreté la cara con la mano, diciéndole que abriera la boca y sacara la lengua. Se la miré y le escupí dentro, como Irene hizo con Mario. Elena soltó un gemidito y la llevé contra la pared, haciendo presión con mi cuerpo mientras le besaba. A los pocos segundos le acaricié la raja con mi polla para metérsela de golpe, lanzando ella un gran gemido. La cogí del culo, levantando su cuerpo para que nuestras caras quedaran a la misma altura, para empezar un rápido mete-saca, con altos gemidos de Elena mientras le besaba el cuello con mucha intensidad.

Seguí así durante unos minutos, hasta que la tumbé en la cama boca arriba. Ella me miraba con cara de vicio, mordiéndose el labio. Le empecé a quitar la falda, luego la camiseta y finalmente el sujetador. Ella alargó su mano para quitarse los tacones, pero la paré.

-No, las putas siempre van con tacones.
-Mmm… (gimió con tono de estar muy cachonda).

Puse sus piernas sobre mi pecho, quedando sus pies a la altura de mis hombros y se la empecé a meter de nuevo, a buen ritmo, volviendo ella a gemir intensamente mientras veía como le botaban las tetas, cosa que me puso muy cachondo. Le empecé a besar los tacones y los tobillos mientras la agarraba de sus carnosos mulos, follándola duro. Después la puse a 4, follándola también muy duro, haciendo sonidos de fuerte palmadas mientras ella ya gritaba.

-Así, Javi. Fóllate así de duro a esta puta (dijo casi gritando).

Me puso aún más cachondo como me dijo eso y empecé a embestir con más fuerza aún, empezando a temblar entre altos gemidos. Seguí dándole igual de duro una vez se estaba empezando a correr, provocando que empezara a gritar de nuevo, empezando a chorrear, encorvado su espalda mientras repetía muchas veces mi nombre. Paré cuando veía que le daban muchos espasmos, derrumbándose ella en la cama. Yo seguía con la polla muy dura, por lo que la puse boca arriba, mientras ella seguía en su mundo, quería verla. Estaba preciosa, con sus ojitos apretados y la boca abierta y mejillas encendidas, cogiendo aire con fuerza, por lo que su pecho subía y bajaba rápidamente. Tenía el coño hinchado y brillante por sus flujos. Me encantaba lo que estaba viendo, por lo que me empecé a pajear mientras la veía, esperando que se recuperará. Mientras esperaba y me pajeaba me fijé que había hecho una mancha bastante grande en las sábanas, cosa que me puso bastante. Una vez se recuperó, vi como abría los ojos, mirándome sonriendo, echándome sobre ella para besarla, agarrándose ella a mi cuello.

-¿Lista para seguir?
-Ajam… Pero despacito…
-Sí, ahora te voy a follar con cariño.
-Mmm… (gimió de manera muy dulce).

Se la empecé a meter de nuevo, lentamente, haciendo un movimiento muy suave con las caderas. Le cogí las piernas, pasando mis brazos por debajo de ellas, subiéndolas mientras pegaba mi cuerpo al suyo. Mientras la follaba así, le besaba en los labios y en el cuello.

-En cuanto te empieces a correr quiero que abras la boca. Quiero que te tragues mi leche.
-Ajammm…
-Pídemela.
-Dame tu leche en mi boquita, mi amor (dijo abriendo sus ojos mientras lo decía).
-Así me gusta.
-Mmm…

Seguí así durante unos minutos, hasta que me volvió a hablar.

-Mi amor…
-Dime.
-Vas a hacer que me corra otra vez…
-Mmm… Me encanta.
-Uff…
-¿Quieres que apriete más?
-No, no. Así. Quiero correrme mientras me follas así.
-Vale, mi vida.

Seguí de la misma manera, con varios besos por la cara y por el cuello, hasta que empezó a gemir de manera más aguda.

-Ay, ay, ay… Mi amor… Ah….

Y se empezó a correr, temblándoles bastante las piernas mientras me arañaba la espalda con sus uñas. Notaba como estrujaba mi polla con su coño, por lo que le dije:

-Mi vida, abre la boca.

Elena abrió la boca, sacando su lengua. Salí de ella, soltando sus piernas y me puse sobre ella, poniendo una pierna a cada lado, sin dejar caer mi peso sobre ella para empezar a correrme dentro de su boca, cayéndole todo ahí, abriendo sus ojos al notar como caía. Me miraba a los ojos con toda mi corrida en su boca.

-Trágatelo (le susurre).

Ella empezó a tragar, cerrando los ojos y acariciándome el culo. Una vez lo hizo, fui bajando para quedarme a su altura sobre ella, besándola, notando el sabor de mi corrida. Al notar como la besaba, lanzó un gemidito y me empezó a abrazar, acariciando mi espalda. Me tumbé a su lado acariciándole el vientre mientras ella terminaba de recuperarse.

A los pocos segundos empezó a ronronear.

-Mmm… Javiiiiiii…
-Estabas muy caliente, ¿eh?
-Siiiiii…
-Venga, vamos a la ducha.
-Espera…
-¿Qué pasa?
-Es que…
-¿Quieres más?
-Siiiiii…
-Vaya…
-Es que estaba muy cachonda…
-Ya veo, ya.

Le empecé a tocar el coño de nuevo, dando ella un respingo con un gemidito.

-No (dijo dándose la vuelta mientras sonreía y se mordía el labio).
-¿No?

Empezó a mover el culito de un lado a otro.

-¿Quieres que te folle el culito? (dije riéndome).
-Siiiiii…
-Sí que estás cachonda (dije dándole un cachete en el culo).
-Ummm… (gimió al darle el azote).

Fui bajando por la cama para ponerme a la altura de su culo, empezando a besárselo y a darle mordisquitos. Ella empezaba a ronronear mientras movía su culo de un lado a otro.

-No sabes como me pones cuando mueves así el culito…
-Mmm…

Le abrí ambos cachetes con las manos, empezando a lamer, dando ella un respingo con un gemidito. Paró de moverlo mientras yo daba pequeños lametones, haciendo circuitos con la lengua, mientras ella empezaba a gemir suavemente. Estuve así durante unos minutos para que se fuera preparando, metiendo un dedo para ir dilatándolo. Mientras se lo metía, le daba mordisquitos por los cachetes del culo.

-Uff… Javi, como me pones cuando haces esto…
-¿Te gusta? (dije entre mordiscos).
-Me pones muy perra…
-¿Sí? (dije metiendo otro dedo).
-Siiii… (dijo bajito en forma de gemido). Me vuelve loca como lo haces, con tanto cuidado para no hacerme daño, me da mucho placer.
-Tengo que cuidar a mi niña…
-Siiiii… (volvió a decir en forma de gemido muy suave).

Era increíble lo cachonda que la notaba. Empecé a meterle los dedos más rápidamente, mientras escupía para lubricar. Le pedí el lubricante, alargando ella la mano hasta la mesita, diciéndome que no parara. Me lo dio y esparcí un poco por su culo, recogiéndolo con los dedos para meterlos después, mientras ella gemía, ahora con un poco más de intensidad. Me puse de rodillas y me eché lubricante por toda la polla hasta lubricarla bien.

-La voy a empezar a meter (dije susurrando en su oreja mientras le daba un mordisco en ella).
-Ajammm… (gemía suavemente con tono de aprobación).

Le empecé a acariciar con la polla, ejerciendo presión para empezar a meterla. Cuando entró la punta, ella lanzó un gemido más alto, dando un respingo, relajándose en seguida una vez estaba dentro. Poco a poco fui metiéndola más hasta meter la mitad.

-¿Te gusta?
-Sí, mi amor…

Empecé a meterla y sacarla hasta la mitad con cuidado, muy suavemente para que se fuera acostumbrando. Poco a poco fui aumentando el ritmo, así como la profundidad hasta que la llegué a meter entera, empujando un poco más una vez estaba entera dentro.

-Mmm…
-¿Qué tal?
-Muy bien, la siento entera dentro de mí.
-¿Te duele?
-No, mi culito se ha acostumbrado. Me lo haces muy bien, mi amor.
-¿Te gusta como te follo el culito? (dije mientras empezaba un ligero mete-saca y le daba besos por el cuello y la espalda).
-Pfff… Me encanta. -dijo mientras con sus manos buscaba las mías para que las pusiera por debajo de ella para tocarle las tetas- Así mejor.

Me apoyé sobre mis codos mientras le amasaba las tetas, jugando también con sus pezones y aumentado el ritmo, aumentando también sus gemidos. Estuve así durante unos minutos, hasta que me dijo que le diera más fuerte, empezando ella a gemir alto.

-Para.
-¿Qué pasa?
-Nada, quiero follarte yo ahora.

Salí de ella, y me dijo que me pusiera tumbado boca arriba, se puso encima de mí sentada sobre mis rodillas, mientras cogía el lubricante, echando un poco más en mi polla. Después se movió hacia delante para coger mi polla y empezar a metérsela en el culo, apretando un poco los ojos, dejando caer su cuerpo poco a poco hasta que se la metió entera. Una vez estaba dentro por completo, relajó su peso sobre mí, respirando hondo, mirándome a los ojos con las mejillas muy encendidas. Empezó un ligero movimiento hacia delante y atrás para empezar a follarme. Después subió el ritmo mientras apoyaba sus manos en mi pecho y empezaba a gemir, haciendo que yo también empezara a gemir. Cerré mis ojos mientras me seguía follando, sintiendo entonces un golpe en mi pecho, oyendo un chasquido.

-Pero bueno… jajajaja.
-Jijiji… Hay que usarla, ummm…
-Como te gusta…
-Anda, azótame con ella…

Cogí la fusta y le empecé a dar unos golpecitos con ella en el culo. Ponía cara de placer mientras me seguía follando.

-Un poquito más fuerte…

Le empecé a dar más fuerte, lanzando ella gemidos más altos mientras se echaba lubricante en los dedos para empezar a jugar con su coño, tocándose el clítoris y metiéndose los dedos después. Me puso muy cachondo ver como hacía eso. La veía con mucha soltura esa noche y muy cachonda, por lo que empecé a embestir yo también, haciendo la penetración más rápida por movernos los dos.

-Azótame más fuerte.

Aumenté un poco más la intensidad de los azotes, dándole en ambos lados, sacando ella sus dedos de su coño para hacer rápidos movimientos circulares en su clítoris.

-Así, así, así, así. Ay, Javiiiiiii. Me voy a correr… (decía en forma de gemidos, apretando sus ojos).

Entonces noté como temblaba de forma muy agitada, soltado yo la fusta para agarrarla bien de las caderas, quedándose quieta y empezando a gemir muy alto, casi gritando. Yo seguía moviéndome mientras ella gemía cada vez más, echando su cabeza hacia atrás. Al ver como estaba empecé notar fuertes escalofríos por la espalda, empezado a correrme entre altos gemidos, dando fuertes embestidas, soltando un chorro en cada una de ellas dentro de su culo. Nos quedamos mirándonos una vez acabamos de corrernos, empezando a sonreír. Me incorporé un poco apoyando mi espalda un poco en el cabecero de la cama, ella se bajó de mí, echando su cuerpo hacia atrás para quedar con su cabeza en mi pecho, quedando medio cuerpo suyo apoyado en la cama. Le empecé a acariciar el pelo y la cara mientras ella me daba besitos en el pecho.

-Javi, me encanta como me follas.
-Si me has follado tú…
-Me refiero a como me cuidas, como me tratas (dijo apoyando su barbilla en mi pecho para mirarme mientras hablaba).
-Esto es cosa de dos.
-Mmm… (dijo alargando su mano para acariciarme la cara).

Nos quedamos en silencio, abrazados y dándonos caricias, hasta que de repente me dijo:

-Coge un tanga negro y dámelo.
-¿Para qué?
-Va, hazme caso.

Se lo di y me dijo que me levantara, haciéndole caso, poniéndome yo de pie al lado de la cama.

-Coge mi móvil (dijo mientras se ponía el tanga).
-Vale, ¿qué quieres que haga?
-Quiero que me eches una foto, así como estoy.
-Vale.
-Que se me vea entera, pero la cara no, y tu corrida y la mía también y la fusta (dijo señalando las corridas con el dedo).
-Vale.
-No se me ve nada, ¿no?
-No, el tanga te tapa bien todo.
-Espera, ponme los tacones.

Se los puse y me dijo que le echara unas cuantas fotos. Después se quitó los tacones y se sentó en la cama con las piernas cruzadas.

-¿Para qué son?
-Le voy a enviar una a Irene.

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