ALMUTAMID

El domingo por la mañana Mikel ofreció su coche para salir de excursión. Como no habíamos trasnochado me apunté sin pensarlo. Al final nos reunimos los mismos cuatro de la cena. Pero cuando ya estábamos desayunando en una cafetería un buen mollete con aceite y jamón tocó decidir a donde ir.

Alba propuso subir a la sierra para disfrutar de los paisajes otoñales y una buena comida a base de carnes ibéricas a la brasa. No hubo más propuestas pues al vasco eso le sonó a gloria. A pesar de tener una hora de camino por delante nos subimos los 4 en el coche en una mañana algo más fría que las anteriores pero con un sol radiante.

Mikel se sorprendió con los paisajes de la Sierra. El verde intenso de los prados entre dehesas y bosque mediterráneo se entremezclaba con los bosques de castaños y quejigos en las zonas más húmedas. Además aquella carretera entre muretes de piedras a la sombra de encinas y alcornoques descarnados por un descorchado reciente le recordó a los robledales de su tierra aunque los animales que pastaban por las dehesas eran muy diferentes, destacando rebaños de ovejas merinas, toro de lidia y vaca retinta y la estrella de la dehesa, el cochino ibérico protagonista seguro del almuerzo que haríamos en algún restaurante de la zona.

Alba nos llevó a conocer una ermita con vistas espectaculares a la sierra y posteriormente una zona de recreo junto a un río entre sauces y álamos ya deshojados por el cercano invierno. Allí nos tomamos una cerveza sentados en una mesa rústica de troncos al sol degustando una “probadilla” de una matanza reciente. El vasco alababa la belleza de los paisajes y no dejaba de mostrar su asombro pues en tierras norteñas se imaginan el sur como un suerte de desierto seco con algún olivo solitario desconociendo la espesura y verdor de estos paisajes sureños salpicados de hermosos pueblos blancos.

Y en un mesón de uno de estos pueblos pudimos degustar la carne que desde la carretera habíamos visto correr por el campo a través de raciones de secreto, presa y lagarto ibérico acompañados con buenos chorizos y morcillas a la brasa, mojados en buenos tintos de la tierra junto a una chimenea que devolvía el calor a nuestros cuerpos que un inoportuno nublado había refrescado.

El día estaba siendo agradable en todos los sentidos. No sólo por los paisajes y viandas que estábamos disfrutando sino sobre todo por la compañía. Los cuatro estábamos muy a gusto juntos y aunque entre Mikel y Viqui eran habituales las muestras de cariño no eran una de esas parejas empalagosas que en ocasiones tanto molestan a sus amigos solteros.

Además, lo mejor de todo es que a pesar de pasar todo el día juntos en ningún momento salió el tema de Nieves. De regreso nos detuvimos en un mercado de productos de la zona donde Mikel se aprovisionó de una buena cantidad de salchichas, chacinas y dulces de la sierra, y por supuesto sin olvidar una botella de los famosos anises que allí se producen.

Llegamos cansados a la ciudad y con el estómago bien lleno aun por haber comido tarde y abundantemente. De hecho, las chicas se asombraron de vernos comer la cantidad de carne que habíamos comido los dos varones de la excursión, especialmente Mikel, con el que era imposible competir en esas cuestiones. Esa noche tocaba descansar pues la noche siguiente sería de marcha.

El lunes lo pasé de compras navideñas con mis padres por la mañana para descansar por la tarde. Me pegué una buena siesta y me duché pues esta vez si habíamos quedado los seis pues se nos unían Pablo y Leyre. El plan era sencillo para una víspera de la Inmaculada, una de las grandes festividades en la ciudad. Tapeamos por el centro llevando a Mikel a tabernas clásicas donde tomar una buena manzanilla en rama directamente de la barrica con anchoas del Cantábrico o mojama de atún de almadraba entre decoraciones centenarias o barricas de cientos de litros.

Después siguiendo las costumbres nos fuimos acercando a los alrededores de la catedral donde ya se reunía una cantidad importante de gente, la mayoría universitarios para prepararse para una de las tradiciones de la ciudad: la noche de las tunas. Ya he referido anteriormente esta fiesta en la que las 25 tunas de la ciudad se turnan desde las 12:00 de la noche para hacer una ofrenda florar y cantar ante el monumento a la Inmaculada que preside la plaza al sur de la catedral, entre ésta y el Alcázar.

Fuimos a una conocida bodega en una de las calles que salen a los pies del famoso campanario musulmán y cristiano de la ciudad. Compramos una garrafita de vino de naranja que degustamos charlando entre naranjos repletos de frutos en la concurrida calle. No podía evitar mirar de vez en cuando a Alba aunque fuese otra persona la que hablara. Estaba preciosa con un abrigo negro entallado que ocultaba por completo el vestido que llevaba debajo. Pero no ocultaba sus formas en las caderas la cintura y su pecho poderoso. Ella me pilló varias veces sonriéndome. Pero pude comprobar que ocurría lo mismo cuando en ocasiones yo buscaba su mirada y ella ya estaba mirándome a mí.

Cuando fuimos a la plaza a escuchar a las tunas, las chicas tenían interés especial por escuchar las de sus respectivas facultades. Las parejas escuchaban con los chicos abrazados a sus novias por la espalda. No oculto que tuve la tentación de haber abrazado a Alba pero me contuve aunque para salir de la masa que escuchaba cuando terminó la última actuación que quisimos presenciar le di la mano. No era algo nuevo. Así habíamos empezado en Semana Santa y las miradas entre nosotros me recordaban demasiado a lo que había pasado en feria. No podía. Tenía que evitarlo y todo me empujaba a dejarme llevar.

Como es costumbre cuando la tuna de una facultad termina su actuación a los pies de la Virgen se va a celebrar su fiesta anual generalmente en algún pub reservado al efecto. Alba tenía un compañero en la tuna de su facultad al que casualmente yo también conocía de habérmelo presentado en una de las ocasiones en que había ido a buscarla al salir de clase. Así que nos fuimos los seis al local de la celebración para rematar la noche con copas y algún baile.

Tras los saludos pertinentes pasamos al pub colocándonos los chicos en la barra y las chicas en una zona donde pudieran bailar. Vi a Alba saludando a bastante gente, la mayoría chicas, pues el ambiente de aquella fiesta me recordaba en cierto sentido a las celebraciones tras los partidos de los jueves. Mayoría de chicas atraídas por la tuna. Nunca he conseguido entender que atractivo tiene para las mujeres seguir a unos tíos que van con medias y calzas negras. No sé si será el encanto de la capa, las canciones o directamente la cara dura.

Varios miembros de la tuna se acercaron a saludar a mi amiga que mientras conversaba con ellos me miraba sin quitar la preciosa sonrisa de su cara. Parecía decirme “los saludo a ellos pero quiero estar contigo…”. Aquello estaba empezando a ponerme nervioso y cuando Mikel y Pablo se acercaron a bailar con sus novias yo prefería quedarme en la barra.

Sabía lo que podía pasar. No era nuevo. No era la primera vez. Y además ya los dos sabíamos de donde veníamos, con las cartas boca arriba sobre la mesa. Pero no podía ser. Yo me iba. Y Alba se merecía mucho más que un revolcón conmigo y que me fuera. Empecé a ponerme nervioso y sólo se me ocurrió una idea: evitar volver a solas con ella a casa. Lo había hecho antes y no había pasado nada. Pero aquella noche había demasiadas señales. Si me besaba la iba a besar. Yo lo estaba deseando. Y ella buscándome constantemente con la mirada a pesar de estar hablando con otros amigos parecía decirme lo mismo.

La geografía tampoco ayudaba. Éramos los únicos que vivíamos por aquel lado del barrio. De modo que tendríamos que volvernos solos. Me empezaba a agobiar la idea de tener que rechazarla aunque me agobiaba mucho más la idea de no hacerlo. Joder, es que me gustaba esa niña. Pero si yo mismo había empezado a dudar de haber estado realmente enamorado de Claudia ahora podía pasar lo mismo. ¿Y si sólo me estaba dejando arrastrar por el ambiente? Un fin de semana tan agradable siempre con ella al lado. Quizá era eso. No me estaba enamorando de ella sólo dejándome llevar. Ya estaba seguro. Tenía que ser eso. Y por nada del mundo me podía equivocar. Con ella no. La que me escuchaba, la que me sostenía y hasta me bañó en aquellos momentos tan lamentables. No. Con ella no podía dejarme arrastrar. Con ella todo debía hacerse con seguridad.

Por fin encontré la excusa. Me tenía que volver al día siguiente a la residencia y me tenía que levantar temprano. Era mentira. Viajaría por la tarde. Pero me serviría para huir incapaz de afrontar aquella situación como Alba se merecía. Una huida a tiempo me evitaría posibles lamentos o malentendidos posteriores. Así lo hice. Avisé a Pablo de que tenía que levantarme temprano y ya había bebido bastante. Igualmente se lo comenté a Mikel pidiéndole que acompañaran a casa a Alba.

Después me despedí de las chicas. Viqui se extrañó pero no quiso contradecirme. Cuando ya me había despedido de las parejas me fui a decírselo a Alba. Pude ver la decepción en su rostro pero entendió mi necesidad.

-Es una pena que te vayas con lo bien que nos lo estamos pasando.
-Yo también lo siento, pero es que mañana viajo y tengo que prepararlo todo. Pero bueno, en Navidad nos vemos.
-Claro…oye, que si quieres me voy ya contigo y no te vas solo.
-Pero ¿qué dices mujer? Diviértete. Aprovecha. Tienes aquí a mucha gente conocida. Es tu fiesta. Ya nos correos una juerga en las vacaciones.
-¿Me lo prometes?
-Prometido.-respondí seguro.

Me dio un abrazo y un largo beso en la mejilla. Mientras me ponía mi abrigo aun podía verla con su vestido estampado oculto toda la noche por el abrigo y su cara iluminada por un foco del local. Estaba preciosa. Pero no podía ser.

Durante la media hora larga de caminata hasta mi casa en soledad por aquellas calles atestadas de universitarios de fiesta pude pensar un poco. Estaba seguro de haber hecho lo correcto. Me jugaba perderla para siempre, pero eso ya había ocurrido con Claudia. Mi plan seguía en marcha y evitar meter la pata con Alba era parte de él.

Cada vez me costaba más volver y eso que en la residencia el ambiente era más apacible. Pero me sentía mejor en casa a pesar de mis huidas. Esperaba no equivocarme demasiado con Alba huyendo de ella cada vez que temía que ocurriera algo más allá de lo amistoso entre nosotros. Pero era una condición que me había autoimpuesto para completar mi plan.

Pero volver a la ciudad donde estudiaba me recordó que tenía otros problemas. Casi me había olvidado del lío con Ana y de golpe volví a sentir el temor de que ella siguiera acusándome erróneamente de algo que formaba más parte de sus prejuicios que de la realidad. Sólo podría solucionarlo a través de Martina y eso significaba volver a acercarme a Dani. En realidad, sólo quedaba un partido más de liga. Paradojas de la vida, sentía alivio y a la vez nostalgia pues ería mi último partido con el equipo si conseguía el traslado. Pero ellos no lo sabían. Pensaban que sólo sería mi último partido de la temporada.

El regreso a la residencia fue tranquilo. No vi a nadie hasta la cena a excepción de Marcos que había llegado mientras yo me duchaba. Mi compañero y yo compartíamos habitación y poco más. Apenas hablábamos ni nos contábamos nuestras cosas a pesar de haber salido juntos mucho tiempo el curso anterior y haber follado en dos habitaciones diferentes del mismo piso. Marcos era una persona huraña, silenciosa y poca dada a los convencionalismos sociales. Él había hecho su vida primero con Silvia y ahora con su novia del pueblo y el resto le interesaba realmente poco. No tenía mi necesidad de mantener relaciones sociales, salir y simplemente charlar en una habitación de la residencia. Pero en parte agradecía su carácter. No me apetecía dar tantas explicaciones.

En la cena nos unimos a Sol, Ángela y Víctor. Nos contamos nuestro puente. Entonces algo me llamó la atención. Víctor me recordó que hablara con Miriam sobre el trabajo que estábamos haciendo. ¿Miriam? ¿No se había ido también de puente? Hablando con él al despedirnos de las chicas en el pasillo me admitió que se llamaban por teléfono y se mandaban mensajes.

-¿No es demasiado pronto para empezar una relación?- pregunté sorprendido.
-No corras tanto. Sólo hablamos.
-¿Sólo?
-Bueno, vale ya nos hemos besado. Pero no hemos hablado nada de salir ni hemos pasado de ahí.
-Supongo que será consciente de que está tonteando con un tío que acaba de salir de una relación de dos años y está pensando de nuevo con la polla.-ataqué.
-Luis no vayas por ahí. Precisamente tú que coronaste a Claudia durante todo el tiempo que estuviste con ella.

Ese contraataque no me lo esperaba. Pero evidentemente tenía razón. Es fácil ver en el ojo ajeno la paja que no vemos en el propio.

-Vale lo he pillado. No iba por ahí.-me defendí.
-Perdona por haber sido tan claro.
-Sólo quiero que no hagáis nada que puede terminar mal. Sois adultos. Y sabréis lo que hacéis.-rematé con intención de retirarme.
-Espera Luis. No quería ser tan duro, pero no me esperaba que salieras con eso. Yo soy consciente de que aún es pronto para una relación. Pero ¿qué hago? ¿Me encierro y no salgo? ¿Me deprimo y me amargo la vida? ¿O busco una salida con alguien divertido como Miriam?
-¿Te gusta?
-Es evidente…

Dudé si contarle sus devaneos con la otra acera pero ya era una incursión demasiado profunda en su intimidad y eso era algo que ella tendría que contar si lo creía conveniente y no yo.

-Pues espero que no os hagáis daños y seáis felices.-quise terminar la conversación.
-Luis…
-¿Qué?
-Perdona por haber sido tan brusco.
-Es lo que hay. No voy a ocultarlo. Es mi culpa. Pero, si lo sabíais ¿por qué no me dijiste nada antes?
-Claudia nunca quiso que habláramos contigo. Ella te veía como alguien capaz de tomar sus decisiones y no nos quería encima de ti. Aparte que tú lo ponía difícil. Nos evitabas. Hacías tu vida.
-Me la recordabais demasiado.
-Algo no entiendo- quiso saber Víctor-Si estabas tan enamorado ¿por qué…?
-Pues primero fue por despecho, después por costumbre y terminé insensible a ponerle cuernos pensando en que ella no lo sabría. No soporté estar alejados. Lo asumí como una traición. Lo sé. Es infantil. Pero las cosas del corazón son de todo menos racionales. La cuestión es que caí en esa dinámica y no fui consciente hasta que al tenerla delante sentí el peso de la culpa. Lo demás seguro que lo sabes tú mejor que yo.
-Ya no sé nada de ella si es que tienes curiosidad. Desde que corté con Lourdes se acabó también con Claudia.
-Me he autoimpuesto intentar no saber nada de ella. Soy dañino para su vida. Ya he hecho bastante. Si lo que quieres saber es si la sigo queriendo: evidentemente que sí. Pero también sé que la mejor forma de quererla es alejarme de ella.
-Eso suena muy generoso cuando antes fuiste tan egoísta.
-Aprendí la lección.-confesé.
-Pero te entiendo. Yo quiero a Lourdes. Mucho. Ha sido mi primer amor. Pero la vida en pareja se me terminó haciendo tediosa. Necesito otra chispa. Algo que me dé más vidilla.
-¿Y qué vas a sentir cuando la veas con alguien?
-No lo sé. A lo mejor no puedo resistirlo.
-¿Has hablado con ella desde que cortasteis?- quise saber.
-No.
-¿También ha querido espacio como Claudia?
-No. No sé que contarle. Y supongo que ella tampoco sabe que contarme a mí. Pero estoy intentando empezar algo distinto. No quiero pensar en ella. Y tú, deberías hacer lo mismo.
-Ah no.- negué con la cabeza- Yo no estoy para empezar nada. Si cae un polvo por ahí premio que me llevo. Pero relaciones no.

Estuve a punto de contarle mi historia con Alba pero me di cuenta que no confiaba en mi amigo tanto como para explicar la mezcla de sentimientos con ella y como yo estaba casi seguro de poder empezar una relación con ella que me era imposible asumir temiendo causarle algún daño. Ya dañé a Claudia. Tenía que dejar de ser nocivo precisamente con quien más quería.

La conversación con Víctor me sirvió para darme cuenta de algo más. Durante meses había perdido mis propios valores. Le estaba diciendo a Víctor que tuviera cuidado por algo que yo mismo había hecho antes. Le pedía una prudencia que yo había perdido. Me había dedicado a darle gusto a mi churra durante mucho tiempo sin pensar en las consecuencias: sentimientos de otras personas, implicaciones…todo me valía se era capaz de meterla en caliente.

Yo nunca había sido mala persona. No soy jactancioso pero sabía que mi actitud con mis amigos cuando me necesitaban no era de poner trabas precisamente. Pero en cuanto presentía que podía invadir un nuevo chocho me olvidaba de mis valores y me entregaba exclusivamente al fin de conseguir el objetivo de mojar sin prever las consecuencias. Así la lie con María, me encapriché de Nieves y de Blanca y me enredé en una absurda no relación con Marta. La fuente de mis problemas había sido implicarme en relaciones cuyo único fin era el sexo. Y mientras había abandonado mis propios principios engañando a Claudia.

No quería volver a caer en mi situación del verano. Pero por momentos me sentía despreciable. Y encima atreviéndome a dar consejos. Aunque tras la conversación con Víctor sí sentía la necesidad de tener una charla con Miriam para que fuese consciente pero desde luego no para que se echara hacia atrás. Si Víctor le gustaba y ella era consciente de las implicaciones de estar con alguien que acababa de salir de una relación, yo no era nadie para impedirlo.

Pero sí me vino bien hacer examen de conciencia. Mis consejos deberían valerme en primer lugar a mí mismo. No iba a volver a caer en la perdida de autoconsideración que me hizo perder la compostura delante de mis amigos viviendo la situación denigrante de mi rescate y hasta higiene, pero tenía que enderezar mi vida según los valores en los que siempre había creído. Y por eso no iba a volver a caer. Tenía un plan y lo iba a cumplir. Ya lo había iniciado. Y desde luego era mi sustento. Tener un fin que ordenara mi vida me daría el éxito. Y por eso no iba a autoflagelarme de nuevo siendo ya totalmente consciente de que nadie más que yo tenía la culpa de haber perdido a Claudia.

Pero había problemas más acuciantes. Por eso descarté la charla con Miriam. Si ella no me contaba nada yo tampoco debía inmiscuirme en su vida privada aunque fuese la otra parte la que me hubiese informado. Y ella mantuvo la prudencia. Supongo que prefería saber hasta donde estaba dispuesto a llegar Víctor antes de contarme nada.

Lo que no podía retrasar era saber qué había pasado definitivamente con Ana. Por eso el martes en el entrenamiento, el último en el equipo, me tocó hablar con Víctor. Le conté la conversación con Ana y su respuesta primera fue la esperable en él:

-Esa tía es una guarra. Se lo pasó de puta madre calentándote hasta que le diste lo que buscaba. Y ahora va de mosquita muerta. No te preocupes que ya verás como no pasa nada.
-Lo dices muy fácil.
-La primera que no quiere que se sepa lo que hizo es ella. Por eso se hace la ultrajada. Pero te digo yo que eso te lo dijo para quedar bien.
-¿El jueves fue después del partido?
-Que va. Vino Martina sola.
-¿Y Martina qué dice?
-Joder, es una bomba.
-No me asustes- le respondí.
-Noooo- rió- es una bomba en la cama. Sabía que no me equivocaba. Entre lo buena que está y como se deja follar no veas. Es un poco pasiva pero no dice que no a casi nada.
-¿Entonces seguís viéndoos?
-Claro chaval. El domingo después de lo nuestro se vino a ver una película con mantita y tal. Y al final se llevo su buena ración de polla. Y bueno, este finde pasado también.
-¿Estáis saliendo?
-Pues no lo hemos hablado, pero vamos quedando. Y te admito que no sólo para follar. Me gusta esa niña.
-Vale, y volviendo a lo mío- insistí- ¿ella qué dice de lo que cuenta su amiga?
-Pues que Ana es muy tremendista. Pero ya está.
-Joder tío, que me acusó de violarla.
-Que pases de eso. Esa tía flipa. Le da vergüenza habérselo pasado tan bien contigo y ya está. ¿Te amenazó cuando hablaste con ella?
-No. Insinuó pero no. Al final me fui cabreado y hasta quería disculparse.
-¿Ves? Te digo más. Si le das jarilla, te la vuelves a follar. Échame cuenta…

Evidentemente no tenía intención de repetir experiencia con Ana por muy buena que estuviera. Ya me la había jugado sin saberlo y desde luego no iba a volver a tropezar en la misma piedra.

Así que me resultaba más cómodo simplemente evitarla. Apenas nos habíamos cruzado por la facultad antes. Y no había motivo para hacerlo ahora. De hecho nunca las había visto en la cafetería. Dani ya tenía a su churri y con eso también me dejaría tranquilo. El problema en realidad que más me preocupaba ahora volvía a ser Alba. Confiaba en que no hubiera interpretado mal mi “huida” de la fiesta de la tuna de su facultad. Pero eso era algo que yo no podría comprobar hasta Navidad.

El jueves jugaba mi último partido con el equipo. Cuando tienes un plan que cumplir y estás seguro que debes hacerlo de eso forma la determinación te obliga a dar pasos que en ocasiones se hacen difíciles. De la misma forma que entendía que dejar la residencia o una facultad en la que según Ana mi mala fama era notoria como picaflor a pesar de la admiración que suscitaba Luisinho en los partidos. Pero el equipo había sido el lugar de mi mayor éxito. Aparte del campeonato ganado había pasado muy buenos momentos durante los partidos en los tres campeonatos disputados.

Allí fue donde el pardillo cambió su forma de ser. Gracias a mi fama en el equipo me gané a muchas chicas, algunas interesadas como Blanca, otras al final falsas como Marta, pero había sido de verdad el lugar donde me había transformado hasta convertirme en una persona con una imagen totalmente opuesta a la que yo tenía de mí mismo en el instituto.

Y llegado el día de mi despedida del equipo sentí una gran nostalgia. Por mi cabeza pasaban los recuerdos de jugadas, partidos, la grada mayoritariamente femenina coreando mi nombre y los saludos de admiración por los pasillos de la facultad. El equipo había sido mi transformación. No sé si a una persona mejor, pero sí a una más segura de sí misma que se valoraba.

Nadie salvo Ángela sabía que sería mi último partido, no de aquella temporada por mi beca Erasmus, sino para siempre. Y aun así parecieron sospecharlo pues se aseguraron de que me quedara después del partido para despedirse de mí durante esos meses en que terminaría el campeonato que ese año era seguro que no ganaríamos ni conmigo ni sin mí.

Quise evitar mostrar los sentimientos para algo debieron notarme pues jugué probablemente el peor partido con el equipo en dos años y medio. Error en el pase, ni un regate. Ni siquiera me salían los cambios de ritmo. Demasiadas pérdidas que aun así mis compañeros perdonaban con la indulgencia de la comprensión.

En las duchas todo fueron agradecimientos. Tenía que disimular mi emoción pues ocultar mis planes era parte de ellos. Hasta que no estuviese asegurado mi traslado no iba a contarlo. Ya daría las explicaciones que creyera convenientes. Pero no era el momento, y más sin tener seguridad pues necesitaba aprobar todas las asignaturas en las que estaba matriculado para poder solicitar el traslado. Además yo volvería en enero para los exámenes aunque se suspendiera temporalmente la liga por eso motivo.

Pero al final la emoción llegó en el pub de las celebraciones sorprendentemente lleno a pesar de la derrota de aquel partido. En un momento los compañeros del equipo se me acercaron todos y Dani como capitán traía una bolsa en la mano. Habían encargado una camiseta del equipo. No tenía nada de especial pues ya tenía una. Pero al darle la vuelta para dármela habían serigrafiado el número con el que yo me había inscrito en el campeonato desde el primer año, el 13 y mi nombre, bueno, la forma como era conocido en el equipo: “LUISINHO”. No se permitían las camisetas con nombres en el reglamento del campeonato universitario y el detalle me llegó bastante dentro. Me costó trabajó aguantar las lágrimas pues sabía que iba a ser un recuerdo muy bonito que iba a guardar toda mi vida.

Lo peor vino cuando hicieron callar a todo el mundo, hasta pidieron quitar la música del local para que yo dijera unas palabras. No sabía como agradecer lo que el equipo había significado para mí sin que se notara que acababa de jugar mi último partido. Pero lo intenté:

-Vaya encerrona- empecé- No era necesario todo esto cuando sólo me voy unos meses- mentí.- Bueno. La verdad es que estoy muy agradecido a los compañeros por los buenos ratos que hemos pasado, sobre todo a los antiguos, pero no voy a olvidar tampoco el detalle que habéis tenido los buenos. Este equipo ha hecho historia en el campeonato universitario y yo estoy muy orgulloso de haber formado parte de él. Que en una facultad con tan pocos tíos hayamos hecho este equipo tan grande es para estar orgulloso…
-Y de la hinchada ¿que?- gritó una chica.

La carcajada fue general y respondí:

-Ahora viene eso. La fuerza de este equipo ha venido siempre del aliento de nuestras compañeras animándonos y mimándonos sobre todo en este pub al que deberíamos cambiarle el nombre por “Traducción e interpretación CF”…

Me gané una ovación y ya con ello me vine arriba en el discurso:

-Sin vuestro apoyo, vuestra compañía y algún otro buen rato…
-¡No des detalles de los buenos ratos¡- gritó un compañero haciendo que la risa se generalizara de nuevo.
-No seáis malpensados- respondí ganándome otra carcajada general- Me refiero a las buenas charlas, las risas y las fiestas que nos hemos pegado aquí después de los partidos, sobre todo cuando el resultado era mejor que el de hoy.
-¡Y en los almacenes de las limpiadoras de la facultad, granuja!

De nuevo risotada general pero esta vez respondí:

-Y que me quiten lo bailao…

Di por terminado el discurso que al ser jocoso me quitó la sensación de nostalgia que había experimentado hasta entonces y porque además varios compañeros se acercaron a abrazarme.

-¡Que no me voy hasta enero!-protesté pero no dejaban de saludarme y felicitarme chicas.

Entre ellas una sorpresa inesperada. Había visto a Martina con Dani al llegar al pub pero no me había dado cuenta de que Ana también estaba allí. Al verla acercarse me puse un poco tenso pero la chica con naturalidad me dijo:

-Enhorabuena Luis, espero que te vaya muy bien en Bélgica.

No me dio tiempo a hablar nada más entre tanto saludo pero cuando ya terminé de recibirlos busqué donde estaba y extrañado me acerqué a ella:

-No te esperaba aquí.
-Se despide esta temporada una estrella del equipo. Es lo mínimo.
-¿La estrella que te violó?

Noté cierta incomodidad en su mirada.

-De verdad, Luis. Lo siento. Es que estaba confundida y lo pagué contigo.-se disculpó.
-No sabes lo mal que me lo hiciste pasar- exageré atacándola- Puedo ser un cabrón, despegado con las tías o lo que sea pero jamás forzaría a nadie. Y bueno, joder, que he venido a divertirme en mi último partido no a discutir con alguien que me ha despreciado.
-Espera- me dijo agarrándome del brazo.
-He venido a hacer las paces y a disfrutar de tu homenaje. No te vayas así.

Respiré hondo.

-Pero Ana, después de lo que me dijiste ¿qué quieres que haga? ¿Que sea tu amigo? ¿Qué seamos novios? ¿Que nos vayamos a follar otra vez? Dani ya tiene a su churri y Martina está contenta con él. Que disfruten. Tú no querías nada conmigo y por eso pensabas que te había forzado. ¿Qué quieres ahora?
-Tampoco quiero acabar a malas contigo. Me caías bien y, bueno, hablando con Martina me ha explicado que en realidad te portaste bien conmigo. Que fui yo sobre todo la que, bueno, pues eso. Que fue un juego y terminamos como terminamos pero que ya no lo veo tan mal después de hablar con ella.
-Tía, estás como una regadera. Ven que te voy a enseñar algo.

Hice que me siguiera hasta el baño de minusválidos del pub y se lo enseñé desde fuera.

-¿Me traes aquí para hablar a solas?-preguntó.
-No. ¿Ves este baño que hace las veces también de almacén de cajas? Pues aquí eché mi primer polvo con una tía después de un partido. Esa es mi fama ¿no?

La chica observaba el sitio y dijo extrañada:

-No es un sitio agradable. Esa chica tendría muchas ganas. Es que no me imagino como.
-Sólo quiso premiarme mi buena actuación en un partido. Ella era así. Y en cuanto al como muy fácil, se bajó los pantalones y se la clavé por detrás…
-Joder, Luis. No hace falta dar detalles…pero no entiendo qué me quieres decir con esto.
-Pues es muy sencillo. Tú y yo nos hemos conocido por el interés de estos dos. Les hemos servido. Pasó lo que pasó y ha salido mal entre nosostros. Con aquella chica sólo hubo esa vez aquí y una mamada que me hizo unos meses después aquí mismo.
-Por favor, no me cuentes esas cosas. No me importan. ¿De qué vas?
-Pues voy de que a ti y a mí solo nos une el haber sido las carabinas de Dani y Martina y la fiestecita en casa de Dani. Pero no sé qué más puedes esperar de mí salvo lo que te estoy contando y teniendo en cuenta mi mala fama que yo mismo te estoy confirmando…

Ana se quedó en silencio mirando el interior del baño. Realmente no sé que estaba pensando ni qué dudaba. Pero viendo que no decía nada hablé yo:

-No creo que quieras ser mi amiga, ni mi follamiga ni nada de eso, así que dejémoslo estar…

Ana me detuvo de nuevo:

-Espera. Joder Luis, no esperaba que fueses tan borde. Me han gustado los ratos que he pasado contigo aquí en el pub aunque al principio fueses un poco directo.
-Ya ves…
-Pero te fui conociendo y cuando dejaste de verme como alguien a quien tirarse ganaste enteros. Empezaste a caerme muy bien y me gustaba hablar contigo.
-Eso es porque descartaba mojar contigo. Y la amabilidad viene de serie.
-Y el borderío estoy viendo.
-Joder, vale. Lo admito. Tú también me estabas cayendo bien y lo pasaba bien contigo al margen del rollo de Dani. No pensaba jamás que pudiera pasar lo de casa de Dani, pero menos todavía que me acusaras de algo tan grave.
-Vale. Ya sé que no abusaste de mí. Te lo estoy diciendo. ¿Por qué no empezamos desde el principio?
-Ana. La semana que viene me voy de vacaciones y después de los exámenes me voy a Bélgica. Lo del regalito de hoy y el discurso era por algo…-insistí molesto.
-Pero el año que viene estarás aquí. Y me da cosita que te vayas pensando que soy una niña tonta que se asusta porque en una fiesta se nos fue de las manos un juego.
-Bueno, terminamos follando. Si te refieres a eso…
-Sí, bueno. Eso.-respondió con algo de rubor.
-Es que de verdad. No sé que decirte. Yo te perdono que me soltaras esa fresca y espero que no se lo dijeras a nadie más.
-No, no. Sólo tú y Martina. Pero es que no sé. ¿Tú qué pensaste aquella noche? Cuando te levantaste y tal, no sé.
-¿Quieres saber mis sensaciones?-pregunté extrañado.
-Sí. No sé. Claro, eres un tío. Te gustaría.
-¿Quieres que sea totalmente sincero? ¿Aunque pueda resultar brusco?
-Ya estoy hecha a casi todo…

Me puse de frente a ella en el pasillo de los baños y comprobando hasta donde quería llegar Ana empecé a decir:

-Me preguntas por mis sensaciones. Lo primero que puedo decir es que nunca pueden ser malas sensaciones las que te provoca tirarte a una tía que está tan buena como tú.
-¿Así me ves?

Guardé silencio un instante porque salía una chica del baño que estaba en la puerta de al lado del de minusválidos. Cuando recuperamos la intimidad respondí:

-No te hagas la tonta. Sabes que estás buena pero te gusta ser discreta. Te maquillas poco y te pones vaqueros con sudaderas anchas y largas que disimulan tus formas. Pero aquel día te vi en bragas y con el top ajustado marrón que llevabas y evidentemente que me admiré. Aunque seguía sin pensar que acabáramos follando.
-¿Entonces te gusté?
-No sé por donde quieres ir. Pero te aseguro que le gustarías a cualquiera. Pero ya que dices que estás hecha a todo. Verte besándote con Martina mientras Dani y yo os follábamos es la imagen más morbosa que he visto en mi vida. A pesar de estar enfadado contigo y asustado por si me denunciabas, y yo no podía demostrar nada, tengo que admitir que me he masturbado varias veces con ese recuerdo.

El rubor en la cara de Ana se mezcló con cierta satisfacción. Yo seguía sin saber a donde quería llegar pero no lo iba a descubrir. Aunque admito que la situación estaba empezando a excitarme no iba a equivocarme de nuevo. Intuía que Ana quería descubrir lo ocurrido no tanto por saber hasta donde habíamos llegado como seguramente por saber qué había sentido ella o que pensamientos o sensaciones la habían empujado a entregarse a aquella pequeña orgía. Quizá me interrogaba para encontrar sus motivos. Pero el terreno era peligroso. No me podía arriesgar a verme envuelto en un lío que creía ya solucionado pocos días antes de las vacaciones de Navidad.

Al final me salvó la campana pues se me agotaba el tiempo para llegar a la residencia antes de que se cerrara la puerta. Así que antes de que ella reaccionara a mis palabras miré el reloj y me despedí de ella justificándome. Salí del pasillo de los baños dejándola allí. Supuse que entraría al baño a orinar. Me despedí dando las gracias a los compañeros por el regalo y me fui a la residencia intentando comprender qué pretendía Ana. Pero todas las ideas que pasaron por mi mente las fui descartando quedándome sólo con la idea de que en realidad quería sólo llenar el vacío en su mente de aquellas horas y reconstruir la experiencia vivida.

El viernes terminé el trabajo a medias con Miriam. Como yo no tenía clase pero ella sí quedamos en comer juntos y por la tarde enseñárselo antes de entregarlo. En los comedores universitarios aproveché para pincharla:

-Oye ¿qué tal con Víctor?
-Bien…es buena gente.
-¿Buena gente? Eso suena pobre para haberte enrollado con él…

La cara de Miriam se encendió poniéndose tan colorada que casi iluminaba como una bola incandescente.

-Niña- proseguí- es mi amigo. Nos contamos cosas.
-¿Y qué te ha contado?
-Sólo eso, que os habéis enrollado.
-Pero sólo besos, ehn.
-Jajajaja. Me importa un rábano vuestra vida sexual. Pero ahora sí me voy a poner serio.

Miriam me miró extrañada y yo continué:

-¿Has pensado que Víctor acaba de salir de una relación bastante larga?
-Claro.
-¿Y eres consciente de que tú ahora mismo pudieras ser sólo el clavo que saca otro clavo?
-¿Te lo ha dicho él?- preguntó incómoda.
-No, para nada. Son suposiciones mías. Él sólo me ha dicho que le gustas y se está dejando llevar.
-¿Me estás advirtiendo de algo?
-Pues sí. Sólo para que reflexiones. No quiero inmiscuirme en vuestros asuntos, pero creo que mi experiencia os puede ayudar.
-A ver…cuenta.
-Yo creía haber superado todo lo ocurrido con Claudia. Incluso me empeñé en tener una relación con Marta de la que ella misma no estaba segura. Y ya ves lo que pasó en cuanto me volví a cruzar con Claudia y como saltó todo por los aires.
-Pero Luis, no compares. Víctor no ha ido por ahí poniendo cuernos ni ha tenido una ruptura traumática ni nada de eso. Simplemente lo suyo se acabó y ahora estamos conociéndonos.
-Vale. Yo soy quería que lo pensaras pero si lo tienes tan claro yo creo que los dos sois ya suficientemente mayorcitos.
-Mira- respondió cogiéndome la mano- te agradezco tus consejos. Luis, tú conmigo siempre te has portado bien a pesar de que Marta no me soportaba y tú estabas con ella. Podrías haber hecho como otra gente que por contentar a la pareja te deja de lado. Pero tú no eres así. Tienes un cacao mental gordo con el sexo y las relaciones pero ni así dejas de ser buena persona preocupándote por los demás. Marta se merecía lo que le pasó. Se puso un disfraz de niña buena para estar contigo y hacerte sentir culpable por tus líos cuando ella es como tú. No, es peor, porque engaña. Tú eres transparente en ese sentido. Por eso siempre me has caído bien y te tengo cariño. Me vas a dejar muy solita estos meses en realidad. Ya sabes que no tengo muchas amigas en la facultad. Si yo sé que no caigo bien, que tengo fama de chismosa, pero oye cada uno es como es. Pero, de verdad, no te preocupes por mí. Lo que pase con Víctor pues será cosa de los dos y sé el riesgo que corro. Pero tampoco estoy para elegir mucho.
-Es la primera vez en casi dos años que te veo hablar con tanta sinceridad y seguridad, niña, jajaja. Que tú y yo hemos tenido nuestras cosas que mejor no recordar.
-Verdad, jajajajaja.

La respuesta de Miriam me dejó muy tranquilo. Yo había cumplido con los dos como amigo y ya el resto era cosa de los dos. Pero por sus palabras entendía que la tracción mutua era muy evidente. Y eso lo pudimos comprobar aquella misma noche.

Volvimos a quedar los mismos 5 de las últimas semanas. Íbamos en plan tranquilo. Cerveceo y después alguna copa en un pub. Como había ocurrido en ocasiones anteriores en un momento dado Víctor y Miriam se despistaron y cuando llegó la hora de volver a la residencia no los encontrábamos. Llamé a Víctor por teléfono:

-¿Dónde estáis?-pregunté- Ya tenemos que volver a la residencia.

Víctor dudó al responderme pero finalmente dijo:

-Id tirando para allá. Ahora os pillo por el camino.
-Vale…ten cuidado con la hora.

Efectivamente no le dio tiempo a llegar. La más clara en comentarlo fue Ángela:

-Era la excusa para quedarse con Miriam. Ya no tienen motivos para no echar un polvo.
-Pero hacen una pareja bonita- añadió Sol.-¿Verdad Luis?
-Yo he hablado con los dos por separado- les expliqué- para que sopesaran las consecuencias de dar ese paso teniendo en cuenta la sobra de Lourdes. Ellos saben lo que hacen. Pero si les va bien me alegro.

Efectivamente Víctor no durmió en la residencia. No lo vimos hasta el sábado a la hora de comer cuando Sol le preguntó con cierta inocencia:

-¿Qué hiciste anoche? ¿Dónde te quedaste al encontrarte cerrada la residencia?
-Bueno- titubeó- Miriam me ha dejado dormir en su casa.
-Y en su cama- soltó Ángela con guasa.
-Un caballero no cuenta esos detalles- dije con sorna.
-Ay, perdona- se disculpó Sol- no tenía que haber preguntado…

Cuando subíamos a las habitaciones Víctor me acompañó hasta la mía para hablar conmigo.

-Bien, ¿no?- pregunté.
-Sí, sí…pero no me habías dicho que era virgen…

¿Qué me estaba reprochando?

-¿Yo tendría que saberlo?- pregunté extrañado.
-Yo creía que ella y tú habíais tenido algo- se justificó.
-Sólo amistad.-tampoco le iba a explicar las dudas de Miriam con su tendencia sexual y el “examen” que hicimos. O mejor dicho, me hizo.
-No sé por qué yo pensaba que el año pasado ella y tú…
-Creo que me atribuís más éxito del que realmente tengo. No sé. A mí también me ha sorprendido. Pero eso es bueno ¿no?

Víctor dudó y entonces indagué:

-Pero ¿te lo ha dicho ella o es que lo habéis hecho y te lo has encontrado?

Víctor se sentó en la cama y empezó a contar:

-Bueno. Contigo hay confianza. Creo que os daríais cuenta de que Miriam y yo nos quitamos de en medio.
-Un poco descarado, sí.
-Ella estaba lanzada y nos fuimos para su casa. Cuando me llamaste estábamos llegando.
-Sí. Sonó a excusa. No hacía falta mentir. Con decir nos hemos ido era suficiente.
-Ya. No sé. No quería que fuera tan evidente.-se disculpó.
-No pasa nada. Los tres lo supusimos y hasta Sol comentó que hacéis buena pareja.
-Bueno pues eso que íbamos todo lanzados y cuando ya me he puesto el condón y me estoy colocando para metérsela me suelta que tenga cuidado, que es virgen.
-¿Y qué pasó?
-Pues un desastre, joder. Le dolía. No pudimos terminar.
-Bueno, en algunas chicas al parecer es normal. La cuestión es qué pasó después.-comenté.
-Pues tuve que sacársela. No hacía más que disculparse, que sentía mucho lo que estaba pasando. Y yo no sabía como consolarla. Le dije que ya habría otra oportunidad, que no se agobiara. Que lo importante es que ella estuviera bien. Yo que sé. Un palo.
-Pero te quedaste a dormir.
-Sí, sí, claro. Cuando se tranquilizó nos quedamos tapados en la cama abrazados.
-Eso está bien. No creo que se sienta mal por como la trataste. Debe ser algo parecido supongo que a cuando a nosotros nos da un gatillazo.
-¿Te ha pasado?
-Noooo. Pero quien sabe.
-Ya, ya. Supongo.
-Bueno. Ya tendréis otra oportunidad. Ella está sola muchos findes de semana. Quien sabe. A lo mejor esta noche lo quiere volver a intentar.-lo animé.
-No. Si yo la he visto animada. Si esta mañana hemos tenido sexo pero sin penetración.
-Vamos que te la ha comido.
-Un caballero no cuenta esas cosas de su dama.
-Jajajajaja. Y lo otro sí, ¿no? Pero vamos algo te ha preocupado cuando has venido a contármelo.

Víctor dudó y tras unos instantes me respondió:

-No. Sólo eso. Que me ha chocado mucho.
-Mira. Si de verdad te gusta sigue con ella como hasta ahora que ya surgirá el momento y seguro que los dos lo disfrutáis. Pero…

Víctor levantó la ceja ante mi contraposición.

-…pero, te puedo dar un consejo por experiencia.
-Dime.
-Un ex mía tenía problemas de lubricación.
-¿Quién?
-Eso no se cuenta.
-Seguro que era Marta.
-Eso te da igual. Al tema. Que compré una crema en la farmacia que era mágica. Se la ponía en los preliminares y le entraba un calorcito en el chocho y se empapaba que no veas. Y le entraban ganas de que le dieran a tope.
-¿Te acuerdas cómo se llamaba la crema?
-No. Pero era de farmacia. Lo explicas y allí te dirán.
-Vale. Dirás que soy un poco tonto.
-¿Por qué?
-Por agobiarme por esto.
-Yo las he tenido peores…

Me gustó la sinceridad de Víctor aunque por otra parte temí que Miriam se tomara mal lo sucedido. Aun recordaba todo lo que había pasado cuando se había enrollado con Ángela y las vueltas que le dio a todo incluso apartándose un poco de nosotros. Ya veríamos, pues el plan era salir aquella noche juntos de nuevo. Pero tras lo sucedido a lo mejor ella quería evitar ver a Víctor, aunque parecía que habían estado bien a pesar del problema. Yo me conformaba con dar una vuelta y me daba igual salir solo con Víctor o que vinieran las demás.

Pero salió algo muy diferente. Efectivamente Víctor quedó con Miriam por su cuenta. Sol había quedado con compañeras y quedaba mal decirle a Ángela que no salía con ella. Así que nos fuimos de cerveceo como dos viejos amigos. Sabía que la conversación iba a salir y por supuesto Ángela no me defraudó:

-Bueno, ¿se han acostado ya o no?-preguntó cuando llevábamos un par de birras.
-¿Tú crees que me lo iban a contar?
-Víctor es tu amigo y los tíos sois así y Miriam, ya la conocemos…
-Pues ella es más discreta.
-Para lo suyo, porque bien cotilla que es para lo de los demás.
-Ahora eres tú la cotilla.
-Me mueven más intereses que el simple chismorreo- se defendió.
-Sé por donde vas. Todavía te escuece.
-No creas. Siempre supe que ella no era lesbiana. Ni siquiera bi.
-Pues parece que te jode que le pueda ir bien con Víctor.- la piqué.
-Parece que me conoces. Pero no es por lo que piensas. Lo nuestro nunca fue en realidad. Un calentón con dos copas mal entendido por las dos y ya está. Ya hace mucho. Pero ella se ha movido en la delgada línea de dudar de su condición sexual sin atreverse a dar pasos en firme y sin embargo la suerte parece sonreírle…
-Y tú no…
-…yo no.-se quedó pensativa un instante con la mirada perdida.
-Ángela todos somos diferentes. Encontrar a tu pareja es cuestión de muchos factores. Suerte, ganas, personalidad, yo que sé…aunque yo por experiencia veo más difícil encontrar alguien que encaje contigo y que perdure más que simplemente encontrar a alguien con afinidad y que te atraiga.
-Luis…tú te follarías a cualquiera que te haga gracia.
-No tanto. Pero admito que me puede una situación morbosa. Tengo algo entre las piernas que en ocasiones tiene vida propia y me domina.
-Tú y todos los tíos, jajaja. Pero una cosa es follar y otra tener pareja. Yo he follado con tías con las que no tenía más intención que esa y ellas lo mismo. Y no sólo yo.
-¿Yo?
-No. De Chari estabas locamente enamorada…
-Jajajaja. Eso es un rollo de verano.
-Eres como yo. La diferencia entre tú y yo es que yo encontré a Claudia y la cagué.
-Y yo a Karina.
-No te autoengañes. Tú sabías que no llegabas a ninguna parte con ella. Pero te obcecaste en esa relación como yo hice con Marta. Y ninguna de las dos podía salir bien. El sexo con amor es lo más bonito del mundo pero confundir el amor con tener sexo es un gran error.
-Yo ya no sé ni lo que quiero. ¿Amor? ¿Deseo? ¿Sexo? Ahora mismo no tengo nada.
-Tienes amistad, que ya es un premio. Yo he descubierto lo importante de tener amigos en circunstancias difíciles. De una ruptura te levantas si tienes amigos.
-¿Me estás atacando?-preguntó ofendida.
-No. Ya hablamos lo que teníamos que hablar y aquí estamos sentados. Perdonar también es querer.
-No sé, Luis. Sigo perdida y no veo el futuro con optimismo.
-Ponte objetivos. Es lo que yo estoy haciendo.
-¿En los sentimientos también?
-En los que dependan de otra persona no puedes, pero lo que dependa de ti sí. Suena frío y calculador, pero yo al menos he conseguido dejar de hacer daño.
-¿Y tienes planes para mí?
-Ángela, siempre estuviste dentro de mis planes como buena amiga. Pero tú te saliste. Y en mal momento.
-Entonces cuando hablabas de los amigos que te ayudaron yo no entraba ahí.
-Tú te estás respondiendo sola.
-¿Tú puedes equivocarte y yo no?-preguntó otra vez ofendida.
-Mira donde estamos. Respóndete tú misma otra vez.
-Eres un cabrón muy gordo, jajajaja.
-Lo sé.-respondí ofreciéndole el vaso de cerveza para brindar.

En ese instante me sonó el teléfono. Era Víctor. Le dije donde estábamos. Llegó al rato con tiempo de tomar algo antes de volver a la residencia.

-¿Qué tal?- le pregunté cuando llegó.
-Bien, bien.
-Pero ¿algún problema con Miriam?

Miró desconfiado por estar Ángela delante pero para que ésta viera que la incluía en mi círculo de confianza le dije a Víctor:

-Delante de Ángela puedes hablar tranquilo.
-Bien, bien. Hemos salido en plan tranquilos y cuando la he dejado en casa he visto que era temprano aun y te he llamado.-explicó.
-¿Y lo de anoche bien?
Con algo de desconfianza Víctor respondió:

-Sí. Hemos hablado de nosotros y, bueno, pues que se lo he dicho.
-¿El qué?-pregunté.
-Que si quiere que salgamos en serio.

Ángela miraba con los ojos como platos.

-¿Y qué te ha dicho?- pregunté ansioso.
-Que sí.
-¿Y estás aquí con nosotros en vez de con ella?-preguntó esta vez Ángela.
-Le he dicho que no tengo prisa en eso. Bueno, y además vivimos muy cerca. Hemos hecho planes juntos para Navidad.
-La has engañado nada más empezar, jajajaja.-reí.
-No seas bruto- dijo Ángela golpeándome el hombro- para algo bonito que nos pasa últimamente y tú pensando con la entrepierna nada más.
-Venga, vamos a brindar para celebrarlo.

Pedí una ronda y brindamos justo antes de tener que volver a la residencia. Todo parecía tranquilo justo antes de Navidad.

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