ROM19

Capítulo 8

Carmen

Hace un mes aproximadamente fuimos a tomar unas copas Julián y yo para hacer tiempo antes de acudir a una disco. Sorprendentemente allí me encontré con Richard, mi exnovio, que trabajaba en ese pub de camarero. Fue una sorpresa mayúscula verlo de nuevo y lo resolvimos marchándonos pronto de aquel local. En los días posteriores no paraba de pensar en él, tenía mucha curiosidad por conocer si seguía con la chica por la que me dejó de aquella manera tan canalla, o si por el contrario ahora tenía nueva pareja o simplemente se encontraba sin ninguna relación, en fin, que llegó un momento en que sentí la necesidad de hablar con él aunque fuese solo un minuto para que me contara qué era de su vida. Por otro lado, me daba algo de reparo porque ahora estaba comenzando como aquel que dice una relación con Julián, muy auténtica y comprometida por ambas partes.

Al final le pedí a mi novio que me llevara nuevamente a ese pub a ver si podía hablar con él un momento y satisfacer toda esa curiosidad, absurda de todo punto de vista, pero que me estaba obsesionando día tras día. Llegué a pensar que Julián trataría de disuadirme o que incluso se negara a volver a ese local para que su novia llegase a poder conversar con su exnovio.

Trató de convencerme de que aquello no era precisamente una buena idea, más aun tratándose de aquel canalla que tantas vejaciones llegó a hacerme y el desprecio final de abandonarme con una simple nota, demostrando que era un cobarde que no tuvo el valor de decirme aquello a la cara. Pero yo seguía insistiendo hasta que al final claudicó y me llevó a ese pub donde me dejó a solas con mi ex para que hablásemos por casi quince minutos.

Nada más sentarse frente a mí y sin haberle dicho ni una palabra, él mismo comenzó a explicarme que dejarme fue un error, que la relación con aquella mujer duró menos de dos meses porque estaba todo el día llamándole la atención intentando cambiarlo en todo lo que hacía, que se avergonzaba de cómo él se comportaba con sus amistades y que él, era como era y no iba a cambiar porque una gilipollas le dijera cómo tenía que hacer cada cosa, que hasta ahí podía llegar. Le tuve que calmar porque se estaba cabreando al recordar todo aquello, además de los continuos aspavientos muy enérgicos como solía hacer cada vez que contaba algo que le contrariaba,  pareciendo incluso que me abroncaba a mí.

Al principio prácticamente solo hablaba él y yo me limitaba a escucharle, pero se estaba yendo por los cerros de Úbeda y yo estaba preocupada por el tiempo que Julián llevaba esperando que terminara mi charla. Luego me habló de su amigo Agustín que también le tenía loca la cabeza diciéndole lo gilipollas que había sido al dejarme a mí, que yo era la que podía haber sido la verdadera mujer de su vida y que además estaba buenísima y que podíamos haber seguido pasando unos buenos ratos juntos y que por su culpa eso se acabó.

Cuando le pregunté con quién estaba en esos momentos, me dijo que había estado de novio con una chica del pueblo que según me explicó yo también la conocía, pero que otra noche que fueron a un descampado junto a Agustín en el coche de éste, intentaron hacer un trío con ella y directamente ésta sacó su móvil para llamar al 016, ese teléfono para mujeres maltratadas y que se acojonaron y la relación se acabó en ese momento.

Después encontró colocación de camarero en ese pub y se fue a vivir a un piso que le alquiló a buen precio el dueño del local. Luego conoció a Julia cuando fue a empadronarse a la oficina del ayuntamiento, llegando a sintonizar los dos plenamente y empezaron a salir. Ahora comparte ese piso con él desde hace un par de meses. Con eso ya dio por zanjada la explicación de cómo le iba en la vida, pero yo quería saber algo más de esa Julia y él me contó que era una chica muy pasional, vamos, que no había cosa en este mundo que valiera la pena si no era algo relacionado con echar un buen polvo. Agustín se llegaba casi todas las semanas y se la follaba también y que hasta le estaba agradecido porque ese tren no lo podía soportar. Que había tenido un par de novios anteriormente, pero que la dejaron por lo mismo y que él pensaba que iba a ser el tercero en la lista en poco tiempo y si no lo había hecho ya era gracias a las visitas de su amigo. Que como mujer Julia era una buena hembra, palabras suyas naturalmente, y que en eso de follar era un portento.

Luego me preguntó cómo era que ya tenía novio, que pensaba que después de lo que le pasó conmigo iba a estar más tiempo sin querer estar con un tío. Yo le resumí bastante mi relación con Julián entre otras cosas porque tampoco demostraba tener mucho interés en conocerla, así que le dije lo imprescindible y con eso se dio por contento. A partir de ese momento se interesó mucho más por mí misma y me dijo que estaba guapísima y que deberíamos vernos en otras ocasiones, que el dueño del pub era su amigo y le dejaría las llaves del apartamento que tenía a veinte minutos de allí.

-¿Pero tú por quien me has tomado? Ni de coña voy a quedar contigo para ir a ese apartamento, estás loco si piensas que voy a engañar a mi novio.

-Pero Carmen, si ya lo estás engañando, si has venido a hablar a solas conmigo ha sido para poder estar en contacto conmigo, no te vayas a hacer la estrecha ahora que nos conocemos muy bien. Si quieres que sigamos con esto, me das tu teléfono y quedamos la semana que viene, echamos un rapidito y cada uno para su casa.

-Mira te voy a dar el teléfono para quedar a tomar un café y seguir charlando como amigos nada más, no le voy a ser infiel a mi novio contigo Richard.

-Vale, te llamo para quedar el miércoles que tengo mi día libre y además viene a vernos Agustín, que al final tendrá entretenida a Julia mientras nosotros hacemos lo que sea. Las llaves del apartamento las pienso llevar, así que tú serás la que decida si pasamos un buen rato o no.

Al final le di el teléfono y pensaba quedar con él, pero solo para seguir hablando como amigos y luego irme a casa. Desde luego sus intenciones me las dejó muy claritas, pero algo en mí me decía que no era malo comer o tomar café con un amigo, aunque éste fuese mi exnovio y que yo era lo bastante fuerte como para rechazar cualquier intento de convencerme para hacer algo inapropiado.

-Bueno me tengo que ir porque mi compañero se va a cabrear, pero antes te voy a hacer una de foto con ese vestido, porque desde que te vi entrar, sabía que te habías puesto guapa para calentarme, cabrona. Ponte derechita y bájate un poco el escote que se te vean bien esas tetazas que hoy me querías enseñar, no te preocupes que estando en ese asiento nadie te puede ver.

-Anda Richard, déjalo, no seas así y no me hables de calentamientos ni esas cosas, que sabes que eso no está bien, -le dije, pero él seguía apuntándome con su teléfono esperando que le obedeciera-, está bien una foto nada más y te marchas.

Me puse más erguida procurando sacar pecho, pero sin bajarme el escote del vestido y él seguía impertérrito sin sacar esa foto. Como no deseaba que estuviera más tiempo conmigo, tiré un poco del escote hasta que llegó a verse parte de mi escueto sujetador.

-Venga, no te entretengas más, por favor. -Le espeté y él echó la foto.

En mala hora había ido a ver a ese sinvergüenza, pero qué podía esperar de él que yo no supiera ya de antemano, entonces… ¿Por qué había ido a verle? Tenía que pensarlo detenidamente en casa antes de seguir viéndome con él. Después de alargar su mano y darme un pellizco sobre un pezón, se levantó con la bandeja tapándose la erección que a mí me mostró con una gran sonrisa.

-Nos vemos el miércoles zorrita mía. -Se despidió de mí dándonos dos besos en las mejillas.

Me retoqué el vestido con el tiempo justo porque Julián ya estaba sentándose frente a mí. No llegamos a hablar más en ese local y nos fuimos a otro similar donde le conté todo lo que hablamos Richard y yo, bueno casi todo, porque no le dije nada de la foto.

No le gustó mucho que nos hubiésemos intercambiado nuestros teléfonos y pensaba que era un error quedar a vernos en otras ocasiones para charlar como amigos y que no tenía nada claro que Richard se comportara conmigo como un amigo, sabiendo lo cabronazo que había sido durante mi relación, pero tampoco me prohibió en absoluto que no me viera con él y lo dejó en mis manos. No era eso lo que yo esperaba y me quedé algo decepcionada porque no me hubiera pedido que bloqueara el teléfono de ese malnacido y que además lo borrara de mi agenda. Era como si necesitara que él tomara esa decisión por mí, porque yo no tenía el valor suficiente para hacerlo.

Luego en casa, más tranquila, supe entender que Julián actuó así porque ya había vivido una infidelidad de su mujer de la que fue ignorante, sin que ella supiera que igual la habría dejado seguir con esa relación por tal de que no le dejara nunca. ¿Acaso estaba pensando en serle yo también infiel? Como decía Marta él no se merecía esa infidelidad y sin embargo, yo estaba a punto de repetirla.

Pero no, no acudiría a la cita que me propusiera mi ex ni ese miércoles ni ningún otro más, mucho menos si su intención era simplemente echar un polvo conmigo, un rapidín le había llamado el muy degenerado. Le iba a bloquear y borrar el número de teléfono en mi agenda ya… bueno después del trabajo, cuando llegara a casa el lunes por la tarde. Era lo mejor.

Pero el lunes por la tarde actué como si aquello no tuviese importancia y el martes me ocurrió lo mismo y hasta pensé que mejor se lo diría cuando me llamara el miércoles para quedar. Estaba obsesionada todo el día pensando en lo mismo y hasta estuve muy despistada en la oficina ese miércoles, temiendo que mi móvil sonara en cualquier momento. Pero no lo hacía y es que ese cabrón no tenía palabra ni para eso tan simple como hacerme la llamada que me había prometido. Estaba recogiendo las cosas para salir cuando por fin sonó el móvil con la llamada de Richard y después de un breve saludo me citó para comer en una pizzería algo alejada de allí. Casi no me dio tiempo a responderle porque ya me había cortado la llamada.

Me puse muy nerviosa y pensé que, si se lo comunicaba a Julián, eso serviría para demostrarle a él y a mí misma que no le estaba engañando, que solo íbamos a vernos como amigos y ya está. Lo último que hice antes de meter el móvil en el bolso fue enviarle un mensaje a mi novio para decirle lo de la cita, que solo era para comer juntos. Me despedí de mis compañeros en la acera y me fui dos calles más abajo donde había una parada de taxis para no perder mucho tiempo en llegar a esa pizzería.

Pero cuando me presenté allí él no estaba esperándome como suponía, teniendo en cuenta lo tarde que era ya para comer y encima tardó casi quince minutos más en llegar.

-He tenido que esperar a que llegara Agustín para preparar el terreno y poderme ir de casa, pues ya estaba Julia allí, en fin, le he pedido que la mantenga bastante distraída, que yo venía para estar contigo. Se ha quedado alucinado y me ha dicho que también quiere verte un día de éstos.

-Richard, nosotros no vamos a hacer nada que no sea comernos una pizza y charlar un poco, luego me voy a casa. -Le dije y él soltó unas risitas.

-Ve tú a hacer el pedido, ya sabes la pizza que a mí me gusta y mientras, cojo una mesa. -Me dijo dándose la vuelta para ir hacia una mesa vacía que estaba cerca de la entrada donde nos encontrábamos nosotros. El cabrón me hacía pagar encima los dos menús que pedí.

Cuando me senté a su lado le dije que me tenía que pagar el menú, pero se echó a reír nuevamente y me dijo que no se había traído la cartera, que la próxima comida la pagaba él. Comimos sin más porque con el escándalo de voces que había en el local era casi imposible mantener una conversación más o menos decente, bueno con éste muy decente no…

Cuando terminamos me dijo que tenía que ir al apartamento de su jefe a recoger unas cosas que le había encargado y yo algo molesta le dije que buscaría un taxi para marcharme a casa y se lo estaba diciendo de verdad oteando ya si había alguno por allí cerca. Viendo que mi decisión no le era favorable para sus propósitos de llevarme a la cama, cambió la estrategia como solía hacer cuando necesitaba convencerme de algo que quería de mí.

-Vamos Carmen, sabes que si estoy aquí es porque me gusta pasar un buen rato contigo, deja que te invite a un café en esa cafetería, se está muy bien, vas a ver. -Me cogió de la mano y me llevó con decisión hasta la cafetería.

-No tienes la cartera aquí, ¿Cómo me vas a invitar?

-Mujer, hoy lo pagas tú y yo la próxima vez, ya te lo he dicho antes. -Me respondió con una gran sonrisa haciéndose el travieso.

Cuando entramos me soltó la mano para cogerme por la cintura, como si aún fuésemos la pareja de novios que fuimos y a mí me dio un fuerte cosquilleo justo donde posaba y apretaba su mano contra mí. No había más que una pareja en una de las mesas y un hombre tomando café y leyendo el periódico en otra más cercana a la entrada. Richard me guió hasta la última que estaba pegada al fondo del local, donde la zona se encontraba algo más sombría que el resto del salón.

Al llegar a la mesa, me dio un apretón en las nalgas e hizo que me sentara de espaldas a la entrada, colocándose a mi lado a pesar de que le indicaba que lo hiciera frente a mí con un gesto, pero ni caso. Pronto nos atendió un chaval joven que salió de detrás de la barra y que en un momento nos sirvió dos cafés y un pacharán para él.

-Richard no voy a acudir a más citas si vas a seguir con eso de llevarme a ese apartamento. Si quieres que sigamos viéndonos tienes que dejar de proponerme esas cosas, ahora estoy comprometida con Julián que para mí ha sido como un ángel caído del cielo.

Esa entrada que le hice al parecer no le gustó mucho, pero tampoco es que se lo tomara como algo creíble y en cierto modo le tenía que dar la razón. ¿Por qué había acudido a esa cita si el otro día me dejó claro lo que deseaba de mí? Él solo quería un rapidín y cada uno a su casa, pero yo acudía presta a su llamada y ahora me ponía muy digna amenazándolo con no volver a verlo si seguía por esos derroteros, cuando lo que tenía que haber hecho era haberme ido a mi casa directamente.

-¿Esa falda tan sexy, te la has puesto porque era miércoles y nos íbamos a ver? -Me preguntó con una sonrisa ladina tratando de poner cara de inocente.

-Sí hombre, en eso estaba pensando yo, -le respondí con una mueca de incredulidad-, esta falda me la pongo muchas veces para ir al trabajo.

-Pues no veas la de pajas que se harán tus compañeros a costa de ella, bueno y de los muslazos que se te ven. ¿Llevas medias? -Me preguntó poniendo las yemas de los dedos encima de mi muslo-, ¡Ah, no! Pues me lo parecía.

No me dio tiempo a reaccionar porque cuando fui a hacerlo ya había retirado su mano y no sabía si contestarle a lo de las pajas o a lo de tocarme el muslo. Pero no me dejó pensar mucho en esa respuesta.

-¿Puedes desabrocharte algunos botones? No sabes las ganas que tengo por ver de nuevo tus tetas. Desde aquí tampoco te puede ver nadie y me gustaría volver a verlas. Son las mejores que he tenido en mis manos en toda la vida. -Me decía al tiempo que él mismo acercó su mano y me desabrochó el primer botón.

-No puede ser Richard ya te lo he dicho, -le dije, sin reparar su atrevimiento-, además no vas a ver nada que no conozcas demasiado bien.

-Tú deja que te las veas y verás cómo reacciona mi rabo, anda sigue tú o ¿Prefieres que lo haga yo?

-Un botón más y te tomas el pacharán que nos vamos. -Le respondí desprendiendo el segundo botón del ojal y abriendo la camisa lo que permitían esos botones desabrochados, mostrándole más teta y casi la mitad de las copas del sujetador.

-¡Joder tía! ¿Puedo? -Me pedía permiso para depositar su mano encima de mis pechos, cuando en realidad ya lo había hecho.

Estaba perdiendo los papeles por segundos y el cosquilleo ahora lo sufría en la meseta de mis pechos, justo donde ahora su mano me acariciaba aproximándose al borde del sujetador, logrando introducir la punta de los dedos bajo él para sobarme ese pezón que ya estaba duro desde que inició su ataque. Con la otra mano me asió por la barbilla y acercando sus labios los depositó encima de los míos hasta que no quedó piel descubierta en ninguno de los dos. Yo fui a separarlo con mi mano, pero fue una maniobra baldía porque se quedó a la altura de su pecho donde sin voluntad propia comenzó una caricia por encima de su camisa. Nuestras lenguas hacían de las suyas explorando nuestras bocas y su mano estaba toda entera bajo el sujetador amasando esa teta y pellizcando el pezón, cosa ésta última que él sabía que era mi perdición.

Entonces paró un momento y se metió la mano en el bolsillo para sacar unas llaves que depositó encima de la mesa.

-Carmen, mira que no te miento, el apartamento está a doscientos metros de aquí, ven a verlo conmigo, es muy bonito y allí nos vamos a sentir muy a gusto los dos.

Entonces reaccioné bruscamente mirando hacia los lados por si alguien se percataba de lo ocurrido y me volví a abotonar la camisa.

-No vuelvas hacer eso Richard, ni lo intentes ¡Joder! Se acabó, me tengo que ir ya.

-Carmen, si en media hora ya estamos camino de casa, anda mujer mira cómo me has puesto, -en ese momento me cogió la mano y la colocó encima de su paquete-, ¿Vas a dejar que me vaya así?

Ahora no fue un cosquilleo, sino más bien un calambrazo de mil voltios y reaccioné retirando la mano como si de verdad me hubiera dado una descarga eléctrica. Agarré el bolso y me incorporé dejándole allí con ese empalme, si tan necesitado estaba, que se follara a su Julia de las narices. Pagué en la barra y me marché a toda pastilla cogiendo un taxi que pasaba justo en ese momento para marcharme a casa.

¿Pero qué coño estaba haciendo yo? Ese novio miserable que me tocó de mala suerte en su día, que solo me había dado problemas a mí y a las relaciones con mi familia, que me había compartido con su amigo, que más bien fue casi una violación, que me había convencido para que abortara de su propio hijo y que terminó abandonándome de la manera más ruin que se puede abandonar a una novia, ahora me estaba convenciendo para que echara un rapidín en un apartamento y a mí casi no me faltó nada para irme con él a serle infiel a mi Julián, la persona más cariñosa que había conocido en mi vida. Maldita sea…

Esa noche le conté a mi novio que llevaba razón y que en la cafetería Richard me había propuesto ir a echar un polvo al apartamento de su jefe, pero que estuviera tranquilo porque nunca iría a ese apartamento con mi ex.

Al día siguiente Richard me llamó a media mañana para regañarme por la reacción que tuve el día anterior.

-Tú sabías a lo que íbamos porque te lo dije en el pub, -me decía con cierto enfado-, pero tú venías de puritana conmigo, sabiendo además que no íbamos a hacer nada que no hayamos hecho mil veces anteriormente. Es que no te entiendo Carmen, si no quieres que lo volvamos a hacer, lo mejor será no quedar más y ya está.

La verdad es que llevaba razón en lo que me planteaba, pero yo no estaba dispuesta a echar un polvo con él, aunque tampoco quería dejar de verlo para siempre.

-Mira Richard, yo no voy de puritana y sé muy bien lo que tú quieres, pero ¿Es que no podemos tomarnos un café y charlar un rato en plan de amigos? A mí me gustaría seguir contando con tu amistad.

-Está bien, quedamos para el próximo miércoles y vente muy sexy, ya sabes. -Me dijo y me cortó la llamada.

El siguiente miércoles me citó en el mismo sitio para comer y esta vez sí que pagó él la comida. Cuando salimos a la calle me abordó de nuevo con el mismo tema.

-Carmen, veo que me has hecho caso y vaya si vienes guapa, estás para echarte siete polvos con esa falda que te has puesto para provocarme, cabrona.

-Ya te dije que no me arreglo especialmente para que me veas más atractiva. Así me visto muchos días para ir al trabajo o para salir con mi novio.

-Joder tía, no me hables del cabrón ese que se me quitan las ganas de follarte. ¿Sabes que Agustín me está insistiendo para estar contigo también? No vayas a decirme que tampoco te atrae la idea de follar con él.

-¿Estás loco? -Le respondí verdaderamente enfadada-, deja ya de hablar de follar y vamos a la cafetería como el otro día.

-Carmen, vamos a tomarnos un café, pero luego me acompañarás al apartamento.

No le respondí, entre otras cosas porque quería estar un rato más con él, aunque eso de ir al apartamento, ni hablar. La cafetería volvía a estar casi vacía y de nuevo nos sentamos en la misma mesa de la vez anterior. Esperamos a que nos sirviera el camarero para comenzar a hablar.

-¿Hoy también has dejado a tu amigo con tu novia? -Le pregunté.

-Claro, aunque ella se ha quedado con un mosqueo de cojones cuando le he dicho que tengo que hacer unos arreglos en el apartamento, porque me lo ha pedido mi jefe. Agustín me ha dicho que a ver si quedamos los tres de nuevo, está loco por volver a follar contigo.

-¿Y a ti te da igual que tu amigo te pida eso? Dejaste de traerlo a casa cuando te dije que me follaba mejor que tú.

-Mujer, ya sé que me lo dijiste para enfadarme, pero ahora no somos novios y si se te antoja echar un polvo con él, tampoco es que yo me vaya a enfadar por eso, es mi amigo, tía. Si te viera con la pinta que vienes hoy te follaría aquí mismo encima de la mesa.

Enseguida puso su mano sobre mi muslo, entre la falda y la piel, comenzando a darme unos apretones y algunas que otras caricias, llegando a meter sus dedos por debajo de la tela. No le dije nada para que tampoco se enfadara como el otro día, llegando a deducir que aquello no tenía mucha importancia.

-No seas animal, a ver si es que es a ti al que le gusta la pija de tu amigo. -Le dije, pero a él le importó un pimiento mi comentario y se centró en lo que quería de mí.

-Ábrete la camisa y deja que te vea las tetas, que la foto que te hice no me alcanza para hacerme una paja. -Me pidió, al tiempo que su mano aterrizaba en el triángulo de mi tanga.

Por no desairarlo le obedecí y me desabroché dos botones de la camisa mostrándole las dos copas del sujetador casi por entero. Inmediatamente su otra mano dejó la copa de pacharán encima de la mesa y la llevó a mis pechos para acariciarlos por fuera primero y luego por debajo del sujetador. Mis manos se mantenían firmes encima de la mesa sujetando la taza del café, apretándola, para ver si era capaz de mantenerlas fuera de otros atrevimientos que me pedía el cuerpo.

-No me toques tanto Richard, modérate por favor, -le supliqué en un susurro, con la cara descompuesta-, tómate la copa y nos vamos a casa.

En esos momentos sus dedos burlaban el borde del tanga y dos de ellos se introdujeron en mi vagina sin ningún problema debido a la cantidad de flujos que encharcaban mi coño. Tuve que reprimir como pude un gemido que nos hubiera delatado en la quietud de la cafetería.

-Cógeme la polla, joder, que mira el empalme que tengo. Baja la cremallera y mete la mano.

Aquello era demasiado, sobre todo dado el sitio donde nos encontrábamos y aunque estábamos bastante aislados no dejaba de ser una imprudencia tremenda. Encima me estaba pidiendo que le agarrara la polla por dentro del pantalón. No sé cómo tomé una decisión que ni yo misma me la creía cuando la pronuncié en otro susurro.

-Mejor vamos a ese apartamento, pero solo te hago una paja y nos vamos.

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