JUAN CARLOS VÁSQUEZ

Del virus y el confinamiento al efecto de la vacuna, del efecto de la vacuna al botón nuclear. La anticipación de las exigencias de un futuro conflicto pide una comprensión de la continuidad de la naturaleza de la guerra, los avances tecnológicos y los cambios en la orientación. Mientras todos enloquecen intento pensar en el paraíso. La imaginación figurativa de la masa me asquea, tan activa y susceptible de ser estúpidamente manipulada.

Mi fantasía hasta cierto punto está en la posición de la durmiente cuya razón, temporalmente suspendida, me espera. Nuestra ilusión nos permitiría experimentar cualquier tipo de placer. Saldríamos, al vernos fuera despertamos y localizamos una salida.

Al ser solamente capaces de soñar las motivaciones multiplican las ilusiones y nos repetimos telepáticamente, así son los tiempos y sus paralelismos.

Destruyo mis ojos, me enceguezco de manera que se borre este espacio y formemos otros.

Lleva una bomba. Sus tejidos se unen a los folículos pilotos y abundan por todo su cuerpo. La rastreo por el olor, nada tiene un efecto mayor para tener la posibilidad de abandonar al resto.

Cómo la audiencia experimenta desesperación, la sugestión habitual es quedarse en dramas sombríos.

En cambio, mi mente la narra frecuentemente y, al abrir los ojos no se distingue entre ambos diferencias, somos una imagen sorprendente y muy clara, libre de toda explicación accesoria: un sentimiento, un cuerpo. Somos ternura, violencia. Capaces de los actos más cruentos y destructivos para defendernos.

2.

Cruzando a través de la autovía una extraña sensación nos obstaculiza el paso. Carbonizada toda existencia las cenizas y las ruinas forman un nuevo paisaje.

Lejos de las dependencias del condado nos dirigimos hasta el bosque. Al llegar, compruebo una tenue luz del fuego a punto de extinguirse. Hinco una rodilla en el césped y la avivo con un leve movimiento de la mano.

Escucho llantos y protestas, un diálogo que intenta llegar a una conclusión. Para algunos son familiares muertos por asfixia, para otros son hermanos y padres que le disparan a las filas en la frontera, y así, todos van desapareciendo.

La puerta ruinosa está allí. La abrió al llegar y me invitó a tomarla de la mano para pasar a través del marco.

El olor a destrucción ha consumido casi por completo su aroma, el silencio reina, ya no hay rastros de huellas.

Entramos sin preguntarnos qué es real y que no lo es… sin respuestas, nos quedamos dentro.

© Juan Carlos Vásquez

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