LUIS5ACONT

Paloma está sola en la oficina. Son las seis y media y apenas queda nadie en el edificio. Los que hacen jornada partida han salido ya en su mayoría. Ella decide hacer media hora más, hasta las siete y cuarto no recoge a su hija.

 Ya casi tiene cotejados los datos y posiblemente mañana pueda acabar el expediente. No le gusta lo que ve, sus sospechas aumentan con cada mirada que echa a la documentación. El tema es ¿tiene lo suficiente para paralizar la obra? Méndez tiene razón, no basta con que algo huela mal, hay que presentar las tripas para poder multar y no digamos ya para iniciar una investigación penal. Pero eso no es tarea suya concluye. Ella no es una fiscal ni una juez, demasiado bien sabe que no debe salirse de su papel de inspección para no llevarse una puñalada trapera. Solo a un novato se le ocurriría en urbanismo poner en un informe una acusación. Su obligación es señalar los incumplimientos o aquellos puntos que deben aclararse. Que los que corresponda saquen conclusiones.

– Hola ¿Paloma verdad?

Ella se sobresalta. No espera visitas y menos de un desconocido. Pero no es un extraño, se fija bien en el hombre trajeado que aguarda en el quicio de la puerta y lo reconoce. Valentín Jurado, el tipo que afirmaba dedicarse a la consultoría de empresas y que parecía íntimo del teniente de alcalde la otra tarde en la recepción.

– Sí. Y usted era Valentín Jurado.

– Buena memoria. Paloma ¿podríamos hablar un momento?

– Claro. Usted dirá.

– Preferiría que fuese en un ambiente más informal ¿me permite invitarla a un café?

Ella arruga el entrecejo ¿Qué pinta aquel tipo allí y porque no quiere hablar en su despacho? Bueno, esto se pone interesante, piensa.

– Lo siento pero tengo trabajo que terminar y ya estoy fuera de hora. Además, debo recoger a mi hija. Si no le importa que hablemos aquí…

– Bien, entonces no la entretendré mucho. Represento a un grupo de inversión inmobiliario. Como ya le comenté, hago tareas de consultoría y representación. Es un grupo con mucha experiencia y trabajo a sus espaldas, ya consolidado, y que prevemos que va a tener una gran expansión en breve.

– ¿Adjudicaciones públicas?- interviene Paloma con cierto timbre irónico.

– No solo eso. Hay empresas y círculos privados que nos confían sus proyectos. El caso es que esperamos una avalancha de obras a lo largo de esta legislatura. Vamos a necesitar ampliar plantilla. Entre otras cosas, me ocupo de reclutar talento para el grupo ¿sabe? He hecho mis indagaciones, tengo muchos contactos en el ayuntamiento y en la comunidad, y usted tiene muy buenas referencias. Me la han señalado como una de las mejores inspectoras. Necesitamos gente con experiencia en la administración y con conocimientos de normativa legal ¿No le interesaría trabajar con nosotros?

A Paloma se le pasan varias cosas por la cabeza. La primera es que es muy inusual que alguien de la privada se pase por un despacho, a la hora de cierre, para ofrecer un puesto de trabajo a un funcionario público. La segunda es que el tal Valentín hace referencia a una avalancha de trabajo en la próxima legislatura. No en los próximos meses, ni periodos, sino legislatura, como si fuera el nuevo gobierno municipal que acaba de entrar en las elecciones de hace cuatro meses, el que le garantiza trabajo independientemente de quien se presente a las adjudicaciones ¿ha sido un lapsus o un comentario intencionado? La tercera es que para ser un grupo de inversión tan importante no ha dicho su nombre, ni quien participa, solo vagas alusiones al mismo.

– Y ¿Quién me contrataría? Me gustaría saber quién me hace la oferta.

– Yo, por supuesto.

– En calidad de representante de la empresa…

– IGL consultores.

– No la conozco.

– Es una compañía fuerte, créame. De la que cumple con sus compromisos y en la que no le va a faltar trabajo.

– Soy funcionaria pública, gracias pero no.

– No tendría que dejar su puesto de trabajo, usted puede pedir una excedencia. Nos complacería mucho que pudiera liderar algunos proyectos muy interesantes ¿no le apetece volver a hacer arquitectura de verdad? Solo un par de años, luego puede volver a su plaza. Estaríamos dispuestos a ser muy generosos con su talento – y entonces anota una cantidad en un papel que deja encima de la mesa – Eso por cada ejercicio… Más incentivos por obra terminada dentro de plazo.

Ella echa un vistazo y pestañea un par de veces. Le cuesta creer lo que está viendo. La cifra es tres veces lo que gana al año. Fija la mirada en su interlocutor, ahora ya, sin parpadear.

– Es mucho dinero.

– Creemos que usted lo vale, Paloma.

– Actualmente tengo obligaciones. Me gusta terminar lo que empiezo. Aunque quisiera trabajar con ustedes no podría, estoy inmersa precisamente en la resolución de un expediente importante.

Paloma le lanza el anzuelo. Vamos a ver si va a resultar que ese repentino interés por ella va a estar más en la carpeta que tiene encima de la mesa, que en sus capacidades y experiencia.

Valentín intercambia una mirada de inteligencia con ella. No ha mirado ni una sola vez los documentos que tiene en el escritorio, dentro de un archivador donde con rotulador rojo y en letras grandes pone WKM y un nº de expediente.

– Verá, esa es una de las pocas condiciones que me veo obligado a ponerle para trabajar con nosotros. La necesitamos ya, no podemos esperar. La oferta caduca hoy mismo. Antes del viernes debo tener listo un equipo para presentar a los inversores. Así que debería resolver lo más rápidamente cualquier tema que tenga entre manos.

– Resolver positivamente, entiendo…

El empresario (o lo que quiera que sea) fuerza una sonrisa que más bien se queda en mueca.

– Eso lo dejo a su criterio, no me corresponde a mí meterme en su trabajo. Estoy seguro que hará lo necesario.

No ha dicho lo correcto, sino lo necesario…interesante puntualización que a la funcionaria no se le escapa. Bien, es hora de hablar claro.

– Valentín, pues no parece que estás intentando sobornarme – afirma en tono falsamente jocoso.

– En modo alguno – protesta con fingida indignación – Es solo una oferta de trabajo…. Ya le he dicho que su talento…

Paloma se pone seria, ahora su boca se curva hacia abajo y su cara se tensa. Hubiese preferido una propuesta clara y directa. No le gusta la gente que nada y guarda la ropa, ni aquellos que tratan de tomarla por lo que no es.

– Haga el favor de salir por esa puerta y no pronunciar ni una palabra más si no quiere que lo denuncie – interrumpe a su interlocutor.

La expresión de Valentín cambia y ahora sí, deja caer por fin la careta con la que se ha vestido para tratar con ella. La sonrisa amable se ha transformado en la del lobo, en esa sonrisa que indica quién es allí la que debe tener miedo. Y no parece muy asustado por la amenaza de denuncia. Es de los que no dejan rastro ni pruebas, está bien respaldado sin duda alguna, tanto política como judicialmente. Sabe el terreno que pisa. Escribe un número de teléfono en el papel.

– Si cambia de idea llámeme – indica sin alterarse lo más mínimo y con una convicción que asusta – pero recuerde que la oferta caduca hoy mismo. A las diez. Tiene un par de horas menos que la cenicienta.

Se incorpora sin perder la compostura, sale y camina pasando entre las mesas. Se mueve tranquilo, como si ya tuviera claro el final de todo este lio. Paloma se asoma a la puerta y observa cómo se va. Tiene el presentimiento de que no es la primera vez que pisa el departamento de urbanismo. Camina seguro y sin prestar demasiada atención, girando en el pasillo correcto para coger el atajo a la salida, como si el muy hijo puta se moviera por su casa, como si todo aquello le resultara más que familiar. No le gusta un pelo la situación.

La funcionaria no puede verlo, pero el tipo sonríe. No necesita volver la vista atrás para saber que ella está observando.


– ¿Paloma? Soy Stefano. Llámame cuando puedas.

Acaba de ver el mensaje whatsapp. Tiene también una llamada perdida suya. Recién ha llegado a su casa y se prepara para hacer unas ensaladas y unos filetes de pollo de cena, mientras su hija se tira en el sofá con la tablet a chatear con las amigas. Se lo quiere dejar preparado antes de ducharse y dejarse caer a su vez en su butacón favorito. Javier estará a punto de aterrizar.

Se va al dormitorio y se encierra en el cuarto de baño. Marca el número y Stefano responde presto.

– Hola guapa.

– Hola ¿Qué pasa? ¿A que vienen esas prisas? – responde imaginando que le va a proponer una nueva cita, lo que la pone de buen humor por primera vez en muchas horas.

– Necesito verte.

– Yo también tengo ganas ¿alguna propuesta? 

– Esta noche.

– No puedo. Quizás mañana o pasado…

– Tiene que ser hoy Paloma.

– No puedo idiota (lo dice con tono cariñoso, conmovida y excitada a la vez por su insistencia) – No voy a salir corriendo de casa y dejar solos a mi hija y mi marido con ninguna excusa improvisada ¿Qué quieres, que nos pillen?

– Mañana me voy. Vuelvo a Italia.

– ¿Cómo? – El estómago le da un vuelco – pero ¿Por qué?

– Un tema familiar urgente. Salgo mañana en el vuelo del mediodía.

– ¿Cuándo vuelves? – pregunta preocupada. Aquello pinta a despedida y no le gusta.

– No lo sé. Es mi padre, esta grave.

– ¿Volverás?

– Espero que sí, pero no puedo saber cuándo. Quiero verte antes de irme.

– Yo también… – se sorprende Paloma diciendo.

– ¿No puedes escaparte con cualquier excusa?

– No sin levantar sospechas – la mente de Paloma funciona a toda pastilla buscando una solución – oye ¿y si me escapo mañana a la hora del desayuno? Llego, ficho, le dejo trabajo a Sebas y me voy a verte ¿nos daría tiempo?

– Sí, apenas para decirnos adiós, pero al menos nos veríamos.

– OK, pues entonces mañana te llamo.

– Hasta mañana cariño.

– Adiós.

Un par de horas después cada uno ocupa tras la cena su lugar habitual. La niña en su habitación, esperando que pasen a reñirle para que apague el móvil y deje de charlar con las amigas o ver videos musicales de su grupo favorito de K-pop; Javier en el sofá mirando un resumen deportivo y Paloma con el PC en la mesa del salón. Haciendo como que navega por internet buscando ropa de invierno para renovar el fondo de armario familiar, pero en realidad esta con la mirada perdida en la pantalla dándole vueltas a lo mismo. A lo único. Stefano se va ¿significa eso que lo pierde para siempre?

No le ha apetecido entrar en el foro aunque sabe que sus amigas esperan ansiosas novedades de sus andanzas ¿Cómo decirles ahora que de un día para otro se le han jodido los planes? Ha tenido que controlarse un par de veces, tentada de salir por la puerta disparada con cualquier excusa para llamar a Stefano y encontrarse con él. La cabeza le dice que no tiene un plan creíble y que si lo hace va a tener que facilitar explicaciones que no está preparada para dar. El cuerpo le pide un último polvo con su chico. Como sea y donde sea. Un último orgasmo sin condiciones y sin restricciones. Los dos fundidos y sin despegarse durante cada segundo que puedan estar juntos.

Venga Paloma, no te pongas dramática, trata de controlarse, mañana podrás verlo y además, te estas montando una bola que no es. El chico volverá, seguro que antes de lo que piensas. No va a renunciar a una amante como tú así como así. Has visto la cara de vicio que pone cuando está contigo, le has oído gemir de gusto al follarte, lo has sentido estremecerse a tu contacto…Sí, volverá a ti. Tranquilízate y no lo eches todo a perder.

Esa noche se mete en la cama y apenas duerme. Ha sido un día muy intenso, pero de todo lo sucedido, la marcha de Stefano es lo que le llena la mente.


– Dime que la tortura por la que me hiciste pasar ayer ha servido de algo.

– Claro que ha servido.

Sebas se cruza de brazos y se mantiene a la espera de que Paloma resuelva la incógnita tras analizar los datos.

– ¿Qué haces ahí de pie? ¿No tienes otras cosas donde hurgar? Si te falta trabajo me lo dices…

– Ya veo que no me vas a contar nada. Al menos dime si son buenas o malas noticias.

– Si no te cuento nada es porque no quiero que nadie te ponga la cabeza como un bombo. Esto va a estar muy movidito y cuanto menos sepas mejor. Tenía previsto revisar el expediente completo esta mañana y lanzarlo por la tarde a última hora. Pero me ha surgido un imprevisto y tengo que salir. Espero estar de vuelta después del almuerzo. Si estás por aquí te cuento y si no, mañana por la mañana antes de pasarlo hablamos.

– Eres odiosa…

– Sí ya lo sé, una auténtica cabrona, me lo has dicho muchas veces – Paloma es consciente de que va a meter el palo en un avispero. La visita de ayer no le gustó nada: sí, sí que se va a liar parda y quiere proteger a su administrativo. Una vez lanzado el informe, a quien quiera que le escueza solo se preocupara por ella.

– Cualquier día me voy y te dejo ahí tirada, me tienes harto.

– Pues mira, igual a partir de mañana te lo ponen fácil. Si ves que me trasladan al sótano a archivar expedientes o que a revisar los metros cuadrados de las terrazas de los bares, ya sabes que tienes vía libre para buscarte un nuevo jefe. Vas a estar bien, no te preocupes, como tú mismo me has dicho muchas veces, nadie te hace trabajar tanto como yo. Ningún otro inspector te va a dar tanto por culo ni te tendrá todo el día arriba y abajo. Si te cambias podrás vegetar tranquilamente, como la mayor parte de los administrativos de urbanismo.

Sebas le echa una nueva mirada reprobadora y con un sonoro suspiro y levantando las manos al cielo, da a entender que con ella no hay nada que hacer. Se vuelve a su despacho mientras le dice:

– Tú sí que me vas a echar de menos bonita. Si llegara el caso, que no va a llegar, mala hierba nunca muere y tú nunca das puntada sin hilo. Me apuesto el testículo derecho a que sea lo que sea lo que hayas descubierto, alguien va a salir escaldado y tú te vas a llevar un ascenso.

– Quizás esta vez no, Sebas – “Por eso quiero mantenerte al margen” está tentada de añadir, aunque por la mirada que cruza con su compañero se da cuenta que no hace falta. Se entienden sin necesidad de palabras.

Cuando se queda a solas, a Paloma le cuesta concentrarse y volver a la lectura del expediente. Las implicaciones que aquello puede llegar a tener no es el único asunto que le ronda la cabeza. A primera hora la ha llamado Stefano y de nuevo su agenda ha saltado hecha pedazos. Tenían previsto ir directamente a su hotel, estar todo el rato que pudieran juntos y luego llevarlo a coger ese maldito vuelo. Pero parece ser que ha tenido que dejar el hotel a primera hora.

El plan alternativo consiste en verse en un restaurante cercano, picar algo juntos, y de allí salir para el aeropuerto. En un hotel cercano al mismo, Stefano, ha reservado una habitación para poder despedirse con tranquilidad y así poder apurar hasta el último minuto. Esto tiene la ventaja de que en un pequeño salto, en apenas diez minutos, el chico puede estar en la terminal evitando cualquier posible atasco o contratiempo que pueda surgir en la capital. El inconveniente es que reduce mucho el tiempo de que disponen para estar juntos. Bueno, ahora lo importante es que al menos podrán verse. Paloma está deseando encontrarse con su “amo” y que le aclare las circunstancias de su repentina marcha. Y mucho más aún de su posible vuelta. Todo ello va a definir el futuro de su relación. Porque ella no renuncia a que aquello continúe de una u otra forma. Está segura que no es el final y, ansiosa, quiere ver a Stefano para que se lo confirme.

La otra parte también la desea. Un último polvo, desesperado, pero también intenso y brutal. Un par de horas en las que está decidida a tomar el mando por una vez. Stefano ha hecho siempre de amo pero es un muchacho considerado y en el fondo, de alguna forma, siempre ha buscado su aprobación para cualquier práctica que han llevado a cabo. Está dispuesta a seguir siendo su esclava pero hoy el programa lo firma ella. Se lo debe. Y lo que ella quiere es darse un atracón. Recibirlo en su piel, en su boca, en su coño, en su culo. Quiere que se derrame en su interior y sentirlo. Quiere volver agotada y húmeda de semen a su casa. Para no pensar, para no sentir el vacío que va a dejar en ella en cuanto despegue.

Paloma decide salir. Va veinte minutos adelantada pero necesita que le dé el aire y desbloquearse. Se despide de Sebas y sale a la calle. El restaurante está a unos quince minutos andando. No es muy frecuentado por los funcionarios y a esas horas menos, pero aun así se alegra que al dar la reserva de Stefano la sitúen en una mesa tras una columna, en un rincón sin ventanas. Quizás se puedan permitir algún gesto cariñoso antes de llegar al hotel, después de todo. Se pide una cerveza y se dispone a esperar. Toma el móvil para revisar su conversación con Stefano. Ningún mensaje nuevo.

– Señora… ¿Me permite?

Paloma observa a un hombre de unos cincuenta años largos, pelo largo y canoso, barba bien cortada, alto y con un traje de diseño, seguramente hecho a medida aunque sin corbata, cuello suelto de una camisa estampada. Unos ojos saltones pero con cierto magnetismo. Trae un bolso de trabajo, similar a los que se usan para portátiles. El hombre se sienta a la mesa sin esperar autorización.

– ¿Disculpe? ¿Quién es usted?

– Por favor, déjeme hablar y no haga preguntas: será mejor para todos…especialmente para usted. Le prometo que solo le robaré cinco minutos.

– Estoy esperando a una persona, le ruego que…

– No va a venir.

– ¿Cómo dice?

– Stefano: no va a venir – repite lentamente para que ella lo asimile – yo soy su cita.

Paloma siente como la sangre se le sube a las sienes. Un ligero mareo en la boca del estómago y las piernas se le aflojan. No sabe que pasa pero su intuición le dice que aquello tiene mal, muy mal aspecto.

– Verá, esto es lo que tenemos – dice pausadamente mientras saca una Tablet del bolso y la enciende – Es un informe de los errores que ha cometido a la hora de instruir sus inspecciones en los últimos años. Le voy a dejar un pen drive con toda la información, podrá analizarlo más tranquilamente en casa, pero hay bastante material.

– Sigo sin saber quién es usted – dice mirándolo fijamente e ignorando la documentación que le presentan, como retándolo. Sea cuales sean sus “errores” no son importantes. Comete bastante menos que el resto de sus compañeros y a nadie han expedientado hasta el momento. No hay nada que sus superiores no sepan y todos entienden que hay fallos que son inevitables, no hay ningún funcionario de su rango que no haya metido la pata en algún expediente.

– Mi intención es que siga sin saber nada de mí después de esta entrevista, créame, no le conviene investigar ¿Le importa si continuamos? Aquí tenemos un Excel con otro tipo de información. Todos sus fichajes y entradas y salidas. También un seguimiento a través de GPS y registros de cámaras de seguridad de diversos locales y algún que otro hotel, que demuestran que usted ha utilizado sus horas laborales para otros temas ajenos a aquello por lo que los ciudadanos le pagan su nómina. Todos los datos están convenientemente cruzados y su análisis explicado en el archivo adjunto. No la deja en buen lugar, la verdad.

– Eso es ilegal. Además, todos los funcionarios…

– No nos interesan todos los funcionarios, solo usted. No queremos arreglar el ayuntamiento solo que recapacite sobre la oferta de trabajo que le hicieron ayer.

– ¿Le manda Valentín Jurado? Es eso ¿verdad?

– No sé quién es ese señor.

– Me está pidiendo que acepte la oferta que él me hizo…

– Le repito que no conozco a ningún Valentín Jurado – la mirada del tipo no deja lugar a dudas, los dos hablan de la misma persona pero no lo va a reconocer, por si las moscas. Ahora cae en la cuenta de que quizá este grabando la conversación. De repente un tema vuelve a golpearla, acaba de caer en la cuenta.

– ¿Qué sabe usted de Stefano? ¿Por qué lo ha mencionado?

– Sí, claro, Stefano. Esa es la tercera parte. Ya sabemos en que empleaba usted el tiempo que robaba a sus obligaciones laborales. Esto también está en el pen drive. Tenemos alguna foto suya desnuda en la oficina, en su propio puesto de trabajo. El lugar es reconocible y su sexo también, si hace falta llamaríamos a un médico forense para que certificara que se trata de usted pero espero que no sea necesario, sería muy desagradable verse expuesta en público de esa forma. Aunque ni la décima parte de desagradable que esto se hiciera público – abre una carpeta y pulsa un archivo de video. Le tiende un auricular inalámbrico a Paloma y le da a reproducir.

Ella palidece al ver la habitación del hotel testigo de sus encuentros. Desde diversos ángulos, con tomas convenientemente mezcladas, asiste a un resumen de un minuto de sus encuentros sexuales. Los últimos segundos, del más reciente. Ella desnuda, con el collar de perro y a cuatro patas.

– ¿Qué es lo que quieres? – pregunta su amante

– Que me folles el culo – responde ella.

– ¿Estas segura?, puedo hacerte daño, seria tu primera vez, mejor seguimos preparándolo con el consolador y quizás en nuestra próxima cita…

– No es la primera vez, ya me lo han follado… ¡métemela!

– ¿Tu marido? No me dijiste que…

– El no, otros chicos…

La cara de Paloma se contrae en un gesto de vicio en la imagen. Ella recuerda perfectamente el episodio. Entonces se alegró de haber sorprendido a Stefano. Se sentía muy perra y estaba muy caliente, quería terminar el encuentro con una gran traca final.

– Puedo con ella, fóllame por atrás.

– Pídelo por favor…

– Por favor, Stefano…

– Dilo: quiero que me folles el culo y te corras dentro de mí.

– Fóllamelo, cabrón, dame por el culo y llénamelo de leche…

Paloma aparta la vista de la Tablet y tira el auricular en la mesa. Trata de controlarse, oscilando entre el deseo de embestir contra aquel tipo y la angustia por verse expuesta tan íntimamente.

– Si es dinero lo que quieren, yo solo dispongo de…

– Claro que se trata de dinero – la interrumpe – ¿Por qué si no nos íbamos a molestar en arruinarle la vida? Pero no del suyo, todo lo contrario, lo que quiero asegurarme es que usted lo gana.

– ¿A qué precio? Hay cosas a las que no estoy dispuesta.

– Mire Paloma, eso ya no depende de usted. El momento de negociar pasó ayer. De hecho jamás ha existido, usted nunca ha tenido margen de maniobra. Pero le están ofreciendo una salida airosa. Un empleo bien renumerado, realizando una actividad en la que puede dar un vuelco profesional y luego, si no está contenta, puede volver en un par de años a su puesto en el ayuntamiento.

– ¿Qué pasa con esos videos? ¿Cómo puedo estar segura de que no volverán a chantajearme en el futuro?

– No puede estarlo. Quien le diga que puede darle garantías en un asunto como este le miente. Usted no es tonta ¿Cómo se comprueba que un material así desaparece permanentemente? Siempre puede haber una copia. Su única garantía es que soy yo el que dispone de él. Si estuviéramos interesados en joderla lo habríamos hecho ya. Ya ve que preferimos darle una oportunidad.

– Créame que no soy de las que se dejan joder sin permiso – afirma sombría, pero el tipo encoge los hombros como si aquel movimiento ya estuviera previsto y amortizado.

– Lo sé, la conozco mejor de lo que usted piensa. Por eso queremos incorporarla a nuestro “proyecto”. Es dura e insistente como un perro de presa. Una vez encuentra un rastro no lo suelta. Pase lo que pase. Pero ahora no tiene gran cosa. Es cierto que puede jodernos esta operación, pero será la última que nos fastidie. Nosotros continuaremos y usted caerá.

– No seré la única.

– No tiene nada real. En nuestro lado podemos hacer contención de daños, no caerá nadie, al menos, nadie importante. Podemos sobrevivir a un expediente negativo y al revuelo que usted pueda formar, que no durará mucho, se lo aseguro, pero no nos gusta perder un buen negocio. La desacreditaremos, conseguiremos que la despidan y haremos llegar los videos a su familia y amigos. En una semana serán virales y cualquiera podrá descargárselos de internet. Podemos colocarlos en todos los foros de temática sexual y de ahí, saltaran al resto.

Deja unos momentos para que la amenaza vuelva a calar. No quiere que Paloma se envalentone, estas cosas cuanto menos tiempo se piensen mejor.

– Tiene que tomar una decisión. Ahora.

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