KERANOS

I: Sí, quiero que nos veáis follar.
M: Uff…
I: ¿Qué os parece?

Elena me miró y yo la miré a ella.

E: ¿Tú que dices Javi?
J: Todos sabemos lo que yo voy a decir. La pregunta es qué quieres tú.
E: No sé… Me da corte…
I: ¿Por?
E: No sé…
I: No os vamos a tocar ni nada y si a Javi no le parece mal, no tienes porqué sentirte incómoda porque veas a otro chico desnudo delante de él.
E: Bueno…
I: Además, piensa que es un aperitivo para mañana cuando os veías por la noche, así os pilláis con más ganas…
E: Venga, va.
M: Qué persuasiva eres…
J: De hecho, ella inventó la palabra, jajajaja.
I: Jajajaja, como sois…
E: Tienen razón, jajajaja.
I: Bueno, vale. Pero no diréis que no soy respetuosa…
J: Eso sí es cierto. Eres muy educada.
I: Pues claro (dijo con cara de orgullo).
M: ¿Vamos entonces?
J: Pero vamos a recoger esto, ¿no?
M: Sí, hombre… Me voy a poner yo ahora a recoger… Luego lo recogemos nosotros.

Nos levantamos y fuimos a su habitación, sentándome yo en el sillón y Elena encima de mí. Mario e Irene estaban de pie, al lado de la cama, besándose con ganas y desnudándose poco a poco hasta que se quedaron en ropa interior. Irene se quitó todo lo demás mientras podíamos ver a Mario en calzoncillos, con una erección bastante fuerte. Estando aún de pie, Irene le besó, bajando poco a poco por su pecho, dándole besos hasta llegar a la cintura, terminándolo de desnudar, saltando su polla como un resorte. Cuando le vimos la polla, noté a Elena un poco tensa, mirándome cada pocos segundos, mientras yo le acariciaba los muslos para que se relajara. Efectivamente, Irene tenía razón. La polla de Mario era algo más pequeña que la mía, pero sí que era más gruesa. Irene subió hasta su cara para volver a besarle mientras le pajeaba suavemente. Después se arrodilló para empezar a chupársela, metiéndose la punta en la boca mientras le seguía pajeando, lo hacía de manera muy sensual, con cara de excitación, mientras Mario miraba hacia abajo, acariciándole la cara. Al poco, Irene empezó a metérsela más en la boca, llegando a meterse la mitad, poniendo cara de esfuerzo. Era sorprendente como se podía meter esa polla tanto en la boca. Empezó a hacer fuerza para intentar metérsela más, pero Mario la paró diciendo que no hiciera más fuerza, que le estaba clavando los dientes. Irene se la sacó, escupiéndole en la polla para pajearle fuertemente. Mario le dijo que lo hiciera más despacio, pero entonces Irene le dio un guantazo.

I: Estás muy mandón hoy, ¿no? ¿Se te olvida quien manda aquí?

Elena pegó un respingo al ver como le dio el guantazo, pues fue uno que parecía serio. Mario no contestó a la pregunta de Irene, bajando la cabeza. Después Irene se tumbó en la cama, ordenando a Mario que le comiera el coño. Mario se tumbó para empezar a comerle el coño a Irene como ella le ordenaba. Primero suave, aumentado el ritmo poco a poco, luego suave otra vez, para después hacerlo muy rápido, con altos gemidos de Irene. Después le paró, ordenándole que se pusiera boca arriba, para montarse en su cara para que le comiera el coño, moviéndose ella hacia delante y atrás, apretando a veces contra su cara, sin dejarle respirar, con algún manoteo de Mario al aire para indicar que necesitaba aire. Yo miraba a Elena de vez en cuando, quien miraba un poco cohibida y sorprendida a veces. Irene no paraba de decirle que mandaba ella, tratando un poco con desprecio a Mario, casi humillándolo. Elena se acurrucaba a mí, acariciándole yo la espalda y dándole algún beso en la frente. El tono de Irene iba a más, levantándose para darle algún guantazo a Mario, bajando hasta sus rodillas, poniéndose en pompa para empezar a chupársela. Mientras lo hacía, le daba pellizcos en los pezones y le cogía con fuerza del cuello. Notaba a Elena un poco incómoda por la brusquedad de Irene, buscando mi boca para besarme y apartar así la mirada. Cuando parábamos de besarnos, nos susurrábamos.

-Es demasiado dura, ¿no?
-Bueno, si así se divierten, bien por ellos…
-¿Tú me harías eso?
-No. Me das demasiada ternura para tratarte así…
-Mmm…

Irene paró de chupársela, para sentarse sobre el pecho de Mario, cogiéndole de la cara con fuerza, preguntándole quién mandaba, lanzando también insultos, abriendo su boca para escupirle dentro y darle fuertes guantazos. Entonces, fue bajando para escupirle de nuevo en la polla, y pajearle con fuerza, parando a los pocos segundos para sentarse sobre su polla, dejando caer su peso, metiéndosela de golpe, dando un gran gemido. Empezó una cabalgada rápida, apoyando sus manos en el pecho de Mario, arañándole, mientras Mario jadeaba y ella le pedía que le diera azotes. Mario empezó a dárselos.

I: Más fuere, maricón.

Mario permanecía callado durante todo el rato, limitándose a obedecer todo lo que Irene le ordenaba. Empezó a darle azotes más fueres y sonoros, empezado Irene a gemir con más intensidad mientras seguía cabalgándole muy rápido.

Al ver como Irene se movía encima de Mario, me empecé a excitar, poniéndose mi polla morcillona. Elena se dio cuenta y me empezó a acariciar por encima del pantalón mientras seguía viendo como Irene montaba a Mario entre altos gemidos. A los pocos minutos, Irene paró, levantándose para ir a un armario a coger una cosa. Cogió una fusta, dándose golpes en la mano mientras sonría mirándonos a nosotros y a Mario. Pasó suavemente la fusta por el cuerpo de Mario, acariciándoselo mientras reía y Mario la miraba con cara de vicio, entonces le dio un golpe con ella en el muslo, sonando un alto chasquido. Luego se la fue a dar a Mario, pero paró, dándose la vuelta para venir hacia nosotros. Nos miró, percatándose de mí erección, sonriendo al verla. Entonces acarició nuestros muslos con la fusta, acercándose a la cara de Elena para susurrarle:

I: Elena, ¿quieres azotarme?
E: Mmm… (murmuró con tono de duda).
I: Venga, si es divertido.
E: No sé…
I: Javi, ¿te animas tú?
J: No sé si… (dije mirando a Elena).
I: Elena, déjale, que está deseando…
E: Vale…

Irene me dio la fusta sonriendo. Elena se incorporó, haciéndolo yo también. Irene se puso de espaldas, mirando hacia Mario, encorvándose, poniendo el culo en pompa y sus manos en sus muslos.

J: ¿Cómo quieres que lo haga?
I: No, hombre, no rompas la sensualidad. Si ya os dije como me gusta…

Estaba tan cachondo que estuve a punto de levantarme y cogerle del pelo fuertemente para explicarle quien mandaba, pero me contuve, respirando hondo. Entonces le di un fuerte golpe con la fusta en el culo, poniéndose rojo de manera instantánea. Ella reaccionó con un saltito y un gemido de dolor. Elena encogió su cuerpo, como si se hubiera asustado, mirando atentamente la situación.

I: Mmm…

Le seguí dando fuerte con la fusta en el culo, poniéndoselo rojo mientras ella empujaba su cuerpo hacia delante y lanzaba gemidos de dolor y placer, llegando hasta la cama, apoyando sus manos en ella para sujetarse. Me pedía más susurrando y gimoteando. Entonces de lo cachondo que estaba, la cogí del pelo fuertemente, tirando hacia arriba, poniéndola de pie, recta. Del empujón, rozó mi polla erecta bajo mis vaqueros con su culo rojo y desnudo.

J: Eres muy puta, ¿quieres que te azote más?
I: Sí, por favor.

Hablábamos en susurros, bajo la atenta mirada de Mario, que tenía cara de estar muy cachondo, con la polla muy empanada. Por como estábamos no podía ver a Elena, así que seguí dándole fuertes azotes con la fusta, mientras le seguía agarrando del pelo con fuerza y ella lanzaba gemidos.

J: Cállate, puta.
I: Mmm…

Seguí dándole varios azotes fuertes muy seguidos mientras ella intentaba reprimir los gemidos de dolor, dándole yo tirones de pelo cuando ella gemía. Le llegué a poner el culo morado, pudiéndose apreciar líneas de un color muy vivo, por los filos de la fusta. Creí que ya era suficiente, soltándole del pelo y tirando la fusta a la cama. Me aparte, volviendo con Elena, quien estaba sentada en el sillón, muy recta, con las manos en las rodillas y mirando atentamente a Irene de manera seria. Cuando regresé le acaricié la cara, levantándose ella, por lo que le di un beso cogiendo su cara. La notaba un poco tensa, pero a medida que el beso se hacía más largo, ella se relajaba. Me senté en el sillón y la puse encima de mí, acariciándole la cara y el culo, dándome ella varios besos por la cara. Miré a Irene y estaba conforme la había dejado, de pie, muy recta. Entonces Elena echó su cabeza sobre mi pecho y pudimos ver como Irene iba hacia la pared, apoyándose con sus manos en ella.

I: Ay… (repetía varias veces mientras suspiraba entrecortadamente).

Después echó su cabeza hacia atrás, mirando al techo, pudiendo ver como le caían lágrimas negras debido a su maquillaje. Elena dio un respingo, agarrando mi ropa con su mano con fuerza. Yo miré a Mario y el hizo gestos con la mano y la cara, indicando que no pasaba nada y que no había problema. Elena me miró con los ojos bastante abiertos.

J: No te preocupes… (dije susurrándole).

Irene volvió a la cama, tumbándose boca abajo y Mario le empezó a acariciar la espalda, acercando su cara a la suya. Le pasó la mano por el culo, dando ella un respingo y soltando un gemido. Entonces Irene fue bajando por la cama para empezar a chuparle la polla a Mario de nuevo, pero ahora haciéndolo más despacio, con más cariño, pasando su lengua por todo el tronco, volviendo a la punta para metérsela en la boca y pajearle suavemente mientras le miraba a los ojos, aún con las lágrimas negras en su cara. Después se subió de nuevo a él, para cabalgar le moviéndose hacia delante y atrás, suavemente, mientras gemía ligeramente. Poco a poco volvió a acelerar el ritmo, follándole bien, aunque sin insultos ni demás. Después le dijo a Mario que se moviera para que le comiera el culo mientras ella se ponía a 4. Mario le cogió el culo con cuidado, dando Irene un respingo, con sonidos de queja, para empezar a comerle el culo, con gemidos de placer de Irene.

M: Tienes el culo ardiendo (dijo al separarse de ella, para luego volver a su culo).
I: Mmm…

Siguieron así durante varios minutos, pasando Mario también su lengua por su coño, hasta que Irene le dijo que la follara en esa postura. Mario se la metió con cuidado, con sonidos de queja de Irene al entrar en contacto la piel de Mario con el culo de ella. Poco a poco, esos sonidos de queja se transformaron en gemidos de placer por la follada, ganando Mario más velocidad al oírla gemir así, pero Irene le paraba con la mano porque le hacía daño en el culo al embestir con más fuerza. Yo seguía con la polla bastante dura, acariciándomela Elena mientras ambos mirábamos a la otra pareja. Entonces empezamos a susurrar.

J: ¿Te ha molestado lo que he hecho?
E: ¿Los azotes?
J: Bueno, eso y lo de cogerla del pelo y decirle esas cosas.
E: Mmm… No. Pero me ha sorprendido.
J: Todo bien entones, ¿no?
E: Ajam… (dijo ronroneando mientras me miraba fijamente a los ojos, acariciando mi polla con más intensidad).

Irene se tumbó boca arriba, y le dijo a Mario que la follara muy fuerte, empezando ella a gemir muy alto, mirándonos de vez en cuando, mordiéndose el labio. La follada estaba durando bastante, empezando Mario a gemir también. Llegó un momento en el que Irene empezó a gemir más fuerte, agarrando las sábanas y cerrando sus ojos con fuerza. Se estaba corriendo mientras Mario seguía con el mismo ritmo, entonces Irene con la respiración acelerada, le dijo que siguiera, que no parara, mientras le miraba fijamente. Mario siguió follándola, consiguiendo que a los pocos minutos Irene se volviera a correr, esta vez mirándonos a nosotros, lanzando gemidos más agudos y de nuevo le dijo que siguiera. Elena me daba golpecitos en el pecho, parecía estar sorprendida de lo que estaba viendo. Tras unos pocos minutos estando exactamente igual, Irene se volvió a correr, tirando de Mario para besarle y abrazarle con fuerza, entonces Mario se movió, saliendo de ella y poniéndose de rodillas a su lado y empezando a pajearse con fuerza para acabar corriendo se en sus tetas, echándose después sobre el cabecero de la cama, estando ambos con los ojos cerrados y respirando muy fuerte.

Cogí a Elena en brazos y salí de la habitación, cerrando la puerta sin decir nada para dejarles intimidad. Fuimos al salón, sentándonos en el sofá.

-¿Has visto?
-¿El qué?
-Que se estaba corriendo y no le decía de parar, quería más.
-Sí, también he visto como aguantaba Mario. Yo no sé si hubiera aguantado tanto a ese ritmo…
-A mí me haces eso y me muero…
-Ya, te pones muy sensible cuando te corres.
-¿Te gustaría seguir cuando me corro?
-Depende de la situación, hay veces que he estado muy cachondo y no he podido más, porque me aprietas con tu coñito y no puedo aguantar, hay otras en las que puedo aguantar, porque no estoy tan cargado. Pero si te hago daño, no quiero hacerlo.
-Mmm… Todavía estás duro…
-Sí, me he puesto muy cachondo.
-¿Y eso que le has hecho?
-No sé, estaba muy cachondo y no pensaba mucho…
-A ver lo cachondo que estás… (dijo volviendo a tocarme por encima). Uy… Qué pinta tiene esto…
-¿Es grave?
-Puede ser…

Entonces me levanté y la cogí en brazos, yendo a la habitación donde dormimos el miércoles, para empezar a besarnos con mucha ansia. Estábamos de pie y ella me empujó, tumbándome en la cama para ponerse encima de mí, besándome. Mientras nos besábamos, oí ruido que venía del baño. Entonces Elena bajó hasta mis pantalones, desabrochándolos, bajando los pantalones y los calzoncillos del tirón, para sacar mi polla que estaba muy dura, para empezar a pajearla y a metérsela en la boca, mirándome a los ojos. Se metía la mitad muy rápido mientras yo la miraba como lo hacía, moviendo su cabeza hacia arriba y abajo, moviendo también sus pies de la misma manera, poniéndome más cachondo aún al ver como lo hacía con los tacones. A los pocos minutos oí como se abría la puerta, dando Elena un respingo.

I: Tranquilos, soy yo. Mario se está duchando.

Irene entró con una sonrisa, para ponerse de rodillas al lado de la cama para mirarnos de cerca. Estaba vestida, aunque con ropa más cómoda, sin nada de maquillaje en la cara. Aun así, estaba guapísima, y más cuando sonreía, achinándoseles un poco los ojos. Se quedó en silencio mirándonos a los dos y como Elena me la comía. Entonces puso su mano sobre mi pecho, que estaba al descubierto, porque Elena me había subido la ropa para acariciármelo. Elena le dio un manotazo, negando con un gemido con tono de burla. Irene lanzó una risa y le empezó a acariciar el culo a Elena.

J: ¿Cómo tienes eso?
I: Bien, no te preocupes.
J: Creo que me he colado…
I: Me has dado fuerte, pero no hay problema, Mario muchas veces me ha dado así y ya estoy acostumbrada.
J: ¿Te duele?
I: Sí, pero que no pasa nada, de verdad.
J: Vale.
I: Me ha encantado cuando me has cogido así del pelo y las cosas que me decías… (decía mientras le seguía acariciando el culo a Elena por encima de la ropa, dándole algún azote).
J: Estaba muy cachondo y no pensaba lo que hacía…
I: Me ha costado mucho no lanzarme a ti…

Elena dio un gemido de queja al oír eso. Irene la miró y le cogió la cara para quedar frente a ella, mirándola a los ojos.

I: No voy a hacer nada que tú no quieras (dijo para después darle un beso con lengua).

Cuando se separaron, Elena estaba con las mejillas un poco rojas. Irene le empujó la cabeza para que me la siguiera chupando, mirándome con una sonrisa.

I: Se pone celosa tu chica, jeje.
J: Bueno, es normal (dije acariciándole la cara).

Entonces Irene cogió el pelo de Elena con sus manos, para empezar a dirigir la mamada. Lo hacía suave al principio, empujándole luego la cabeza con más fuerza para que me la empezara a comer más rápido, intentando que se la metiera entera en su boca, consiguiéndolo, tirando también de su pelo para sacarla y que pudiera respirar.

I: Aún no me creo que te la puedas meter entera en la boca…
J: Aguanta muy bien.
E: Mmm…
I: ¿No queréis follar?
J: Joder qué si queremos… Pero es que está aún sensible por lo del otro día y vamos a esperar hasta mañana.
I: Vaya… Que sensible es esta niña…
J: No como tú… Vaya tela, ¿no?
I: Es que me pongo muy perra cuando me corro y quiero más. Cuanto más me corro, más perra me pongo…
J: Ya lo he visto…
I: Venga Elena, haz que se corra (dijo acercándose a su oreja, jugando con ella).

Irene empezó a mover la cabeza de Elena más rápido, haciendo que se la fuera metiendo cada vez más en la boca, llegando a metérsela entera, con sonidos guturales, estando así durante unos minutos, hasta que me empecé a correr entre gemidos, soltando Irene el pelo de Elena. Empecé a encorvar mi espalda hacia arriba, dando ligeras embestidas mientras ella me miraba fijamente a los ojos. Una vez acabé de correrme, le acaricié la cara, echándola ella en mi mano mientras seguía con mi polla en su boca, succionando.

I: Abre la boca, Elena. Quiero ver la corrida en tu boca.

Elena abrió un poco la boca, mostrando mi corrida dentro de ella, tanto a Irene como a mí mientras me seguía pajeando suavemente.

I: Que sexy estás así…
E: Mmm…
I: Ahora trágatelo.

Elena se lo tragó mirándome a los ojos, terminando con una sonrisa girando la cabeza.

I: Abre la boca y saca la lengua, quiero ver que te lo has tragado todo.

Abrió la boca, sacando su preciosa lengua con su piercing. Irene la cogió de la cara para empezar a besarla con lengua. Entonces Mario entró a la habitación, viendo como Elena me pajeaba, estando yo con la polla todavía muy dura mientras Irene la seguía besando. Elena pegó un respingo, soltando mi polla y separándose de Irene.

I: No pasa nada Elena.
E: Ya, ya…
M: Qué sexy todo… (dijo sonriendo).

Ambas se levantaron, poniéndose de pie. Yo me guardé la polla, subiéndome los boxers y el pantalón, sentándome en la cama. Irene se puso detrás de Elena, dándole un abrazo por la cintura.

I: Elena, es una pena que Mario se pierda como jugamos, ¿no crees?

Yo me empecé a reír en silencio mirando a Elena, quien se quedó callada, un poco incómoda sin saber qué decir ni dónde mirar, mientras Irene y Mario esperaban expectantes su respuesta.

J: Bueno, poco a poco. No le metáis presión. Hoy hemos hecho otra cosa diferente y poco a poco se va animando (dije levantándome para cogerla de la barbilla y dale un buen beso).

Irene se separó de ella y Elena puso sus manos en mi cara, mirándome con ojitos cuando se separó de mí.

M: Mira Irene, como le mira. Tú ya no me miras así… (dijo riéndose).
I: Jajajajaja, pero qué dices, si sabes que sólo tengo ojos para ti y te quiero más que a nada… Pero si es verdad que me pongo un poco celosa cuando veo como Javi besa así a esta niña tan bonita… (dijo dándole un pellizco en el culo a Elena).
E: Jajajaja (rio mientras le daba un cachete a Irene en el culo).
I: Au…
E: Ay… Perdona, no me acordaba…
I: No pasa nada niña (dijo pasando su brazo por los hombros de Elena, saliendo ambas por la puerta hacia el salón juntas entre risas).
M: Qué morbo, ¿eh?
J: Joder… Estaba empalmadísimo y me la ha acabado comiendo…
M: Bien, bien. Parece que se va animando. A ver si hay suerte y se suelta más.
J: Puede ser, está haciendo buenas migas con Irene.

Volvimos los cuatro al salón para hablar un poco más y despedirnos, porque ya era bastante tarde. Irene le dio un fuerte abrazo a Elena y otro a mí y acabamos saliendo de allí. Fuimos dando un paseo, como cuando fuimos hasta allí. Íbamos de la mano, pero hacía frío y le pasé el brazo por encima a Elena para abrazarla, yendo hasta el coche, empezando a pararse ella, pero yo tiré de ella para seguir andando.

-¿A dónde vamos?
-A mi casa.
-¿Sí?
-Sí. Vamos a dormir aquí.
-Anda, que bien.

Seguimos hacia mi casa, parándome Elena en la puerta, para darme la vuelta y dame un beso cogiéndome la cara con sus manos, mirándome con ojitos al separarnos.

-Te quiero.
-¿Estás bien?
-Sí. Sólo quería decírtelo, jajajaja.
-Yo también te quiero. Eres increíble.

Empezó a besarme el cuello, agarrándole yo el culo.

-Elena, para. Ya sabes como me pongo cuando me haces esto…
-Mmm… (gimoteó mientras seguía).
-Estás caliente, ¿eh?
-Un poquito.
-No. Mañana en tu casa tranquilamente. No me quiero arriesgar a que estés todavía sensible y hacerte daño…
-No seas malo…
-Mañana, mi vida. Venga, vamos a entrar.
-Espera, que me quito los tacones para no hacer ruido.

Abrí la puerta y ella pasó, quitándose los tacones. Fuimos al baño, quitándose ella el maquillaje mientras yo la abrazaba por la cintura desde atrás, mirándola a través del espejo, mirándome ella también mientras sonreía. Le di un beso en la cabeza y me fui a mi habitación, cogiendo los tacones. Cuando llegué a mi habitación me quité la ropa, quedándome sólo con los boxers, sentándome en la cama. Al poco vino ella, mirándome sonriendo al verme como estaba. Vino hacia a mí sentándose encima de mí, con una pierna a cada lado, besándome el cuello.

-No seas mala…
-Ummm…
-Mañana hacemos lo que quieras.
-¿Es porque estamos aquí?
-En parte.
-Vale, mañana en mi casa tranquilamente.

Se levantó para empezar a quitarse la ropa, viendo que llevaba unas medias normales y unas braguitas negras normales también. Le di un cachete en el culo al verla así y ella se giró con cara de ofendida, riéndose para empezar a susurrar.

-¿No habíamos quedado en que mañana? jajajaja.
-Es que veo ese culito y me vuelvo loco…
-Ah, ¿sí? (dijo sentándose de nuevo sobre mí, humedeciéndose los labios para después empezar a darme un beso).
-Sí, me pones muy malito…
-Vaya… (dijo quitándose el sujetador).
-Bueno, ya está.
-No, cómemelas un poquito, anda.

Le empecé a comer las tetas, jugando con sus pezones con mi lengua, chupándolos y succionando mientras ella gemía bajita y tímidamente. Bajó su mano para tocarse el coño, pero la paré, pasando sus manos a su espalda y sujetándola. Me miraba con ojitos por no dejarla que se tocara mientras le seguía comiendo las tetas, parando a los pocos segundos.

-Venga, a dormir.
-Jooooooo… Javi… (dijo susurrando poniendo ojitos).
-No me pongas ojitos y venga, a la cama.
-Dame una camiseta, aunque sea, a ver si va a entrar tu madre y me va a ver en tetas…
-Jajajaja, vale.

Le di una camiseta mía y se la puso. Estaba muy mona, ya que le quedaba grande, llegándole a medio muslo y la manga corta hasta los codos. Me tumbé en la cama, abriendo los brazos para que viniera, tirándose ella encima mía para abrazarme entre risas. Nos tapamos y apagué la luz para dormir, pero Elena se abrazaba mucho a mí, moviéndose y ronroneando, dándome besos por el pecho.

-No seas mala… Que te voy a tener que castigar…
-Ummm… Estoy muy caliente…
-Ya, pero es que…
-Porfa…

Di la luz, bajando por la cama, quedándonos destapados. Le subí la camiseta para verle las tetas y le bajé las braguitas para empezar a comerle el coño, con Elena suspirando mientras lo hacía. Se lo comía de manera lenta y suave, acelerando un poco el ritmo mientras ella se tapaba la boca con la mano para reprimir sus gemiditos. Al cabo de unos minutos empezó a cerrar los ojos con fuerza, moviendo su cuerpo y empezando a temblar, apretando mi cabeza con sus piernas. Seguí un poco más, parando enseguida, destapando ella su boca y respirando de manera agitada. Le subí las braguitas y le bajé la camiseta. Me puse a su altura y me quedé mirándola como se recuperaba, con su vientre subiendo y bajando y como cerraba sus ojitos de vez en cuando, hasta que se recompuso y se giró para mirarme sonriendo. Le acaricié la cara y le di un beso, tapándonos y apagando la luz.

-¿Ya está contenta la niña?
-Sí. Jajajaja.
-Qué caprichosa ella… jajajaja.
-Mmm… Tú también has tenido tu parte hoy… No te quejes, jajaja.
-Cierto. Venga, a dormir, que es muy tarde y mañana va a ser un día largo…
-Sí (dijo abrazándose a mí, pegando su cuerpo totalmente al mío, frotando su rodilla contra mi polla morcillona).
-Estás muy traviesa…
-Jajaja, ya paro.

Al poco se quedó dormida mientras yo me quedaba pensando en como había ido la noche. Estaba impresionado con como Elena se abría cada vez más con Mario e Irene. Tal vez podríamos llegar a algo más, pero aún no sabía si quería ver como se liaba con otro tío, llegando a follar. Ella seguía sin querer que Irene se acercara mí, siendo muy expresiva cuando puso su mano en mi pecho, apartándola de un manotazo. Me hacían gracia esos gestos de Elena, me gustaba que fuera un poco celosa, me hacía sentir que me quería aún más de lo que me decía. Aunque por otra parte no le pareció mal cuando azoté a Irene, cogiéndola del pelo y diciéndole las cosas que le dije. No estaba seguro de si se percató que me rozó la polla con su culo. Mientras pensaba esto la miraba, viendo lo guapa que era con la escasa luz que entraba de las farolas de la calle por la ventana hasta que caí dormido.

Al día siguiente me despertó Elena dándome besos por toda la cara mientras ronroneaba estando encima de mí.

-Elena, ¿qué haces?
-¿Tú qué crees…?
-Mmm… ¿tan cachonda estás por todo lo de anoche?
-Sí…
-Mmm… (dije agarrándole el culo).

Elena se empezó a mover encima de mí, restregando su coño contra mi polla mientras me besaba el cuello. Entonces entró mi madre a la habitación, dando Elena un salto, bajándose de mí mientras cogía aire por la impresión. Mi madre se disculpó y salió, cerrando la puerta.

-Qué vergüenza… (dijo Elena mientras se tapaba la cara con la manta).
-No pasa nada, no ha visto nada, si estábamos tapados.
-¿Qué va a pensar…?
-Pues que va a pensar… Que somos una pareja y hacemos nuestras cosas…
-Ay…
-¿Ya se te ha pasado el calentón…? jajajaja.
-Jooo… Javi…
-Anda, ven (dije dándole un beso acariciándole la cara). Tienes la cara muy caliente…

Elena apoyó su cara en mi pecho, hundiéndola en él. Me incorporé, apoyando mi espalda en el cabecero y tirando de ella para que se sentará apoyada en mi pecho, abrazándola yo por la cintura y apoyando mi cabeza en su hombro.

-Elena, que no pasa nada…
-Ya, ya. Si es que es la primera vez que me pasa esto y…
-Bueno, no le des más importancia, vamos a levantarnos.

Nos levantamos, abriendo yo el armario para coger mi ropa mientras ella se vestía con lo que se puso el día anterior. Mientras me ponía la ropa, ella fue hacia el armario, tocando la chupa negra de cuero que me puse cuando fui un día a buscarla. No le dije nada, a pesar de que la estaba viendo. Salimos hacia el baño y después fuimos al salón, donde nos encontramos a mi madre, quien se puso a hablar con nosotros, disculpándose por entrar sin llamar, con Elena un poco roja y callada. Le hice un gesto a mi madre para que parara y nos pusimos a hablar de otras cosas mientras desayunábamos, con una Elena más relajada y abierta, soltándose más para hablar. Cuando acabamos de desayunar la llevé a su casa, mientras hablábamos por el camino.

-¿Ves como no ha sido para tanto?
-Sí, tu madre es un amor.
-¿Cómo eres tan tímida a veces? (dije mientras le ponía la mano en el muslo, apretándoselo).
-Javi, no sé… Es normal en esas situaciones, ¿no?
-Sí, bueno… Pero conmigo no fuiste así cuando nos acostamos por primera vez…
-Porque ya teníamos confianza. Además, no era la primera vez que hacíamos algo…
-En aquel entonces tampoco fuiste tímida…
-Quizás era porque ya me gustabas.

Sonreí mientras miraba al frente, pudiendo ver por el rabillo del ojo como ella giraba su cabeza para mirarme.

-¿Yo te gustaba?
-Elena, tú me gustaste desde el momento en el que te conocí.
-¿Sí? (dijo incorporándose para girar su cuerpo hacia mí).
-Desde siempre me has parecido una niña guapísima.
-¿Y por qué nunca me has dicho nada?
-Yo era bastante tímido entonces.
-Qué pena… Tal vez podríamos haber empezado a salir en esos años…
-No creo…
-¿Y eso?
-Yo no buscaba nada con nadie.
-¿Por qué?
-No sé, veía que mis amigos se ponían novios y empezaban a salir problemas y cortaban muy rápido y tal y yo no quería eso. No quería tener que ocuparme de problemas que no fueran míos. Supongo que era egoísta. Y seguí pensando así durante mucho tiempo, por eso no he tenido nunca pareja.
-Tú… ¿egoísta?
-Supongo.
-¿Pero qué dices?
-No sé, es lo que pienso…
-¿Crees que es egoísta lo que hiciste en la fiesta en la que me empecé a enamorar de ti? ¿Crees que es egoísta lo que organizaste para que volviera a ver a mi padre? ¿O cuándo me llevaste a un pueblo para pasear juntos de la mano cuando me peleé con mi hermana? ¿O cómo me cuidas delante de Irene y Mario cuando me pongo incómoda?

Me empecé a poner un poco rojo mientras sonreía tímidamente.

-¿Por eso dijiste que merecía la pena que lo intentáramos cuando te dije que había algo más?
-Sí.

Seguí conduciendo, llegando ya a su pueblo y aparcando en su puerta.

-Pues que sepas que no eres nada egoísta. No sé cómo puedes pensar eso de ti… (dijo cogiéndome de la barbilla para que la mirara).
-Bueno, de siempre me ha costado verme a mí mismo con buenos ojos.
-¿Por qué?
-No lo sé.
-Bueno, pues ya estoy yo aquí para decirte lo genial que eres. No quiero que pienses cosas que no son de ti. Vales mucho y te quiero, que nunca se te olvide.

Me quedé mirándola a los ojos, serio, durante unos segundos en silencio.

-¿Qué pasa? (dijo con una risa un poco tonta).
-Nadie me había dicho algo así nunca.

Se le cambió la cara, poniéndose algo seria.

-Pues no lo entiendo. Eres un teso…

Le planté un beso sin dejarla terminar. Fue muy sentido, durando unos breves minutos. Cuando me separé de ella, estaba con los ojos cerrados, saboreando sus labios, para luego abrirlos y mirarme con una mirada muy dulce. Me acarició la cara sin decir nada más, apoyando su cabeza en el asiento.

-Vaya…
-Sí, ha sido muy intenso…
-Me encanta cuando te pones así de tierno…
-Tú eres la que me pone así…
-¿Te molesta?
-Qué va, ¿por qué iba a hacerlo?
-No sé, lo mismo no quieres que te vea así…
-No me importa. Me haces sentir cosas que no he sentido antes y si a ti te gusta también, pues mejor.
-Te quiero (dijo de nuevo para darme otro beso).
-Me paso esta noche entonces, ¿no? (dije una vez nos separamos del beso).
-Sí, pásate sobre las 8.
-Perfecto.
-Qué ganitas… Que entre que ayer no hicimos mucho y lo de esta mañana…
-Mmm… Qué bien nos lo vamos a pasar…
-Sí… (dijo mordiéndose el labio). Me voy ya, que verás tú…
-Te quiero (dije para darle otro beso).
-Yo también, mi amor.

Se bajó del coche y le di un pellizco en el culo, girándose ella con un gritito y riéndose, mirándome sonriendo a través de la ventanilla. Fue hasta su puerta, despidiéndose de mí con la mano mientras yo arrancaba para irme a mi casa. Estaba eufórico por dentro de lo que acababa de pasar. No fui consciente al 100% de lo que tenía en mi vida hasta que me dijo esas palabras.

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