ECONOMISTA

7​

Claudia se quedó sorprendida de que Lucas estuviera allí. No le hizo ni caso, rápidamente se montó en su coche e instintivamente miró hacia el club por si alguien les había visto, pero era muy tarde y el polígono industrial estaba desierto.

El corazón le latía a mil pulsaciones y se le había acelerado la respiración. Intentó tranquilizarse, pero no podía, el coche de Lucas seguía su lado y todavía no se había movido. Por un momento llegó a enfadarse, no le gustaba la insistencia del chico, pero no se podía ver intimidada por un crío de diecinueve años y pensó que tenía que cortar aquello de raíz.

Salió del coche decidida y rodeó el Clio hasta llegar a la puerta principal. Lucas no había cerrado la ventanilla y Claudia apoyó la mano en ella.

―¿Qué haces aquí?, no me gusta esta situación…
―Quiero hablar con usted, sólo eso, ya se lo dije antes…
―No tenemos nada de lo que hablar, por favor cuando nos veamos en el club no vuelvas a dirigirme la palabra, nada, como si no nos conociéramos, ¿me has entendido?
―Espere por favor, no se vaya… necesito hablar con usted, puede confiar en mí, de verdad, no he contado nada de lo que pasó entre nosotros y jamás lo haría, es una cosa entre usted y yo…
―¿Y qué quieres hablar?, no hay nada de lo que hablar… ya te lo he dicho, no vuelvas a molestarme.
―No tiene que preocuparse, aquí no nos va a ver nadie, mire, está vacía la calle, pero si está más tranquila hay un sitio cerca, es aquí a la vuelta, es más discreto y no pasa ningún coche a estas horas… allí podemos hablar con más calma, por favor, si viene ahora no la molestaré más, se lo prometo…
―No voy a ir contigo a ningún sitio.
―Sígame, por favor…

Lucas cerró la ventanilla y se adelantó unos metros dando espacio para que Claudia pudiera sacar su coche. Ella se montó en el suyo todavía asimilando lo que acababa de pasar. No podía creerse la actitud de Lucas, pero claro, el chico no era un antiguo alumno más, la había pillado masturbándose en su despacho, y no solo eso, además otro día se había enrollado con él. Fue aquella noche en la que salió de fiesta con Mariola, y sin saber muy bien como, había terminado en el portal de su amiga besándose con Lucas y meneando su polla después de que él le hubiera comido el culo y el coño.

Y ahora estaba allí, suplicando hablar con ella, el chico se había portado bien en ese aspecto, había sido discreto y era muy educado. No tenía por qué hacerlo, pero en cierta medida se sintió en deuda con él y además quería dejar zanjado este asunto cuanto antes. Así tendría una cosa menos de la que preocuparse.

Salió detrás de él y cuanto llegaron a la primera calle el chico giró a la izquierda y luego otra vez a la izquierda, era una zona del polígono con una calle pequeñita y que solo tenía dos empresas. El corazón de Claudia se aceleró y sintió ese fuego en el cuerpo que la hacía perder el control. No podía creerse que el muy cabrón la llevara allí, aunque ya se había imaginado que Lucas iba a hacerlo.

Era el sitio donde se llevaba a Mariola cuando se la follaba en el coche después de jugar al pádel. Lucas aparcó detrás de un camión y Claudia pasó de largo dejando su coche en la parte delantera. Paró el motor y se quedó pensando.

¿Qué se supone que tenía que hacer ahora?

No quería que se montara en su coche, pero ella tampoco quería entrar en el de Lucas. El chico podría malinterpretar aquel gesto. Solo quería hablar con él. Sin embargo, estaba nerviosa y le sudaban las manos. Se bajó rápido del coche y echó a andar en dirección al Clio.

En ese pequeño tramo se sintió ridícula, Claudia no era tonta. Lucas no quería hablar con ella. Solo quería follársela. Iba vestida con un conjuntito de jugar al pádel, la falda era muy corta de color blanco y en la parte de arriba llevaba una camiseta deportiva de tirantes, con una sudadera abierta de cremallera que le cubría los hombros.

Así vestida se iba a montar en el coche de uno de sus antiguos alumnos con el que había tenido una pequeña aventura.

Se dirigió a la zona del copiloto, abrió la puerta y se sentó al lado de Lucas.

―¡Todo esto es absurdo! ¿De qué quieres hablar? ―le preguntó enfadada.
―¡¡Guau, Claudia, estás increíble!! ―contestó Lucas mirando sus piernas.
―No he venido aquí a esto, has dicho antes que querías hablar, vamos a zanjar de una vez este asunto.
―Sí, Claudia, me gustaría hablar de lo nuestro, de lo que pasó, ya sabe…
―Olvida lo que pasó, no puede volver a suceder, fue un error por mi parte, olvídalo por favor, y de esto a Mariola ni una sola palabra.
―No se preocupe, desde luego que no se lo he contado ni a Mariola ni a nadie… lo prometo, pero no puedo olvidarlo, me acuerdo todos los días, desde que la sorprendí aquel día en su despacho tocándose y luego lo que pasó en la escalera… ¡me gusta mucho, Claudia!, ¡ni se imagina el morbo que me da!, y ahora está aquí sentada, dentro de mi coche…
―¡Me voy! ―dijo Claudia abriendo la puerta, pero Lucas le pasó el brazo por encima para impedírselo.
―¡No, por favor!, espere, le prometo que será la última vez que la moleste, pero no se vaya así…
―¡Lucas, joder, suéltame!, ¡no me toques!, no puedo estar aquí, imagínate lo que me pasaría solo con que alguien me viera contigo… no puedo…
―Vamos, tranquilícese, esto está vacío, ¿no lo ve?, a estas horas nadie pasa por esta calle… cierre la puerta, por favor…
―¡Suéltame! ―dijo Claudia zafándose de su brazo y cerrando la puerta del coche.
―Gracias.
―Bueno, ¿y cómo solucionamos esto?, no quiero que cada vez que nos veamos me andes persiguiendo como hoy… ¿qué quieres?
―Lo que quiero ya lo sabe… no creo que se lo tenga que decir, ¿no?
―No va a pasar nada entre nosotros… de eso olvídate…
―Será la última vez…
―Nunca es la última vez… luego vas a querer más y más, esto me parece un chantaje, sinceramente… nunca debió pasar nada entre nosotros, aquello fue un error y desde luego no lo voy a repetir…
―Está bien, pues no haga nada, ¡solo mire!
―¿Cómo dices?
―Que si no quiere hacer nada, al menos míreme, solo le pido eso, ¿tampoco pido tanto, no?
―¿Que te mire el qué?

Lucas se inclinó hacia atrás y comenzó a desabrocharse el nudo del pantalón corto de deporte.

―¡No, no, no, espera!, ¿¿qué haces??, ¡¡no hagas eso!!

Pero ya era demasiado tarde, cuando Claudia se quiso dar cuenta el chico ya tenía la polla en la mano. No había empezado a hacer nada y ya lucía una erección importante.

―Desde que usted ha entrado al coche ya estaba así ―dijo comenzando a masturbarse despacio.

Se subió la camiseta hacia arriba dejando a la vista sus abdominales y el rasurado vello púbico a la vez que se la seguía meneando. Sacó las caderas hacia fuera para que pareciera que su polla era más grande de lo que realmente era. Claudia se quedó paralizada, no se esperaba que el chico fuera a hacer eso. Estaba nerviosa, quizás demasiado y seguía enfadada.

No sabía cómo había llegado a esa situación, jamás se imaginó terminar el viernes de esa manera, en el coche de un antiguo alumno y con el chico pajeándose delante de ella. Desde que había arrancado y le empezó a seguir hasta aquel callejón se había empezado a poner muy nerviosa. Tenía una fuerte lucha interior, realmente no quería hacer nada con Lucas, pero su cuerpo le traicionaba. Se estaba empezando a excitar. Y el chico ya no se iba a detener, Lucas había echado la cabeza hacia atrás y la miró fijamente.

―¡Es usted preciosa, no puede estar más buena! ―dijo poniendo una mano sobre su muslo.
―¡¡No me toques!!, y termina cuanto antes, hemos dicho que esta iba a ser la última vez, me lo has prometido… ―dijo Claudia retirándosela.
―Sí, ya sé que se lo he prometido, pero tiene que colaborar un poco, al menos míreme a los ojos…

Claudia cruzó las piernas y se intentó bajar la minúscula falda de un tirón, luego se giró e hizo lo que el chico le había pedido.

―¿Contento?
―No me puedo creer que esté aquí conmigo, otra vez, ¡¡joder, qué guapa eres!!, mire cómo me tiene ―dijo Lucas levantando un poco las caderas y sujetándose la polla por la base.

Casi sin querer, Claudia cometió el error de bajar la mirada un instante, y se encontró con la preciosa y empalmada polla de Lucas. El corazón se le iba a salir del pecho, ya no solo estaba nerviosa, también se estaba excitando cada vez más.

―Le gusta, ¿verdad?, no lo puede ocultar, usted es igual de morbosa que yo, no se corte, mírela bien ―dijo Lucas masturbándose fuerte y rápido delante de ella―. Mire, Claudia, ¿le gusta mi polla?… pues claro que le gusta, no sé por qué se hace tanto la dura, yo sé cómo es usted realmente, lo supe desde el día en que la pillé abierta de piernas en su despacho frotándose el coño como una guarra, y luego lo del portal de Mariola, estaba usted empapada, joder… mmmmmm… todavía tengo su sabor en los labios, ¡¡tiene usted un coño delicioso!!, ¡venga, míreme bien! ―exclamó Lucas poniéndose de costado en el asiento y agarrándola por el pelo con la mano izquierda para acercar la cara de Claudia a treinta centímetros de la suya.

Claudia estaba rabiosa, enfadada, no apartaba la vista al chico y le desafiaba con la mirada. No se iba a amilanar ante él. Lucas le tiró del pelo, otra vez, haciendo que agachara la cabeza.

―¿Le gusta mi polla?

Con otro tirón la levantó y volvieron a quedarse frente a frente, solo se escuchaba los jadeos de Lucas y el ruido de su mano pajeándose a toda velocidad.

―Puede tocarla si quieres, sé que lo está deseando ―dijo soltando la mano izquierda que sujetaba su pelo para ponerla sobre el muslo de Claudia.
―Termina ya.
―Si me lo hace usted me correré más rápido, no me queda mucho…

Esta vez sí que se dejó tocar la pierna, quería que el chico eyaculara cuanto antes para salir del coche. Entonces, Lucas subió la mano y le acarició las tetas por encima del top.

―¡Estate quieto, joder! ―dijo Claudia apartándole la mano.
―¡Ayúdeme un poco!, está bien, no la toco más, pero enséñeme algo, al menos súbase la camiseta, por favor…
―De eso nada, has dicho que te mirara, ¿no?, pues eso vamos a hacer, y cuando termines, esto se acabó…
―¡Será zorra!, pero si lo estás deseando… míreme la polla ―dijo Lucas agarrando a Claudia fuerte por el pelo.

Levantó la cadera e hizo que ella se agachara un poco, tenía su verga a unos centímetros de sus labios, Lucas estaba en una posición muy rara, girado de medio lado y masturbándose con la mano derecha.

―¡Voy a correrme!, no me queda mucho, joder, Claudia, tiene que colaborar un poco ―dijo Lucas soltando a su profe y dejándose caer en el asiento a la vez que se quitaba la camiseta, quedándose desnudo de cintura para arriba.
―Has dicho que te mirara, no pienso hacer nada más… o terminas ya o me voy…

Lucas agarró el volante dejando pasar unos segundos y se quedó pensativo. Tenía la polla sobre su estómago y volvió a girarse a la derecha. Claudia estaba expectante, seguía con las piernas cruzadas y se alisaba su alborotado pelo después de que el chico se lo hubiera revuelto. Otra vez Lucas se agarró la polla y comenzó a masturbarse, no lo hacía tan rápido como antes, sino a un ritmo intermedio. Se acercó a Claudia e intentó besarle en la boca, pero ella se retiró apartando la cara.

―¡¡¿Qué haces?!! ―recriminó al chico
―Joder, no sería nuestra primera vez, de verdad que no la entiendo, en el portal nos besamos y yo pensé que le había gustado…
―Termina ya…
―Colabore un poco, por favor… estoy a punto, mire cómo me tiene ―dijo Lucas mostrando su polla.

Estaban frente a frente, Claudia seguía con las piernas cruzadas y escuchaba el puño de Lucas golpeando contra su pubis cada vez que bajaba su mano al pajearse.

―¡Voy a correrme, zorra, mire mi polla! ―dijo Lucas sujetando con la izquierda el pelo de Claudia.

Otro tirón hizo que bajara la vista a la polla del chico, pero se mantuvo dura y distante con lo que estaba pasando, como si no fuera con ella.

―¿Le gusta, eh?… jajaja, claro que le gusta, veo que ya se está mordiendo los labios…

Claudia no se había dado cuenta del gesto que había hecho con su cara, pero el chico tenía razón, se había mordido los labios en señal de deseo y sintió la necesidad de meterse la mano entre las piernas. Ahora sí. Tenía el coño completamente empapado.

―Puede acariciarse si quiere, como aquel día en el instituto, me encantaría verla…
―Termina… ―dijo Claudia con cara de deseo y acelerando el ritmo de su respiración.
―Suba un pie en el asiento, por favor, eso sí lo puede hacer, ¿no? ―le pidió Lucas acariciando su muslo.

Claudia le hizo un caso y apoyó un pie en el asiento con la rodilla flexionada. La faldita se le fue hacia atrás y le mostró el muslo entero de su pierna izquierda. Lucas bajó la mano y le tocó la pierna, y ahora sí, Claudia se dejó sobar mientras el chico aceleraba el ritmo de su paja. Fue acercando peligrosamente la mano a su coño hasta que rozó el culotte del conjuntito de pádel, entonces Claudia se la retiró de un golpetazo.

―¡No me toques!
―¡Dios, no puedo mássss! ―gimoteó Lucas con un último golpe de caderas.

La polla del chico comenzó a escupir semen disparando contra el muslo desnudo de Claudia, que sintió en su piel la caliente leche de Lucas. Eso la hizo estremecerse e incluso se le escapó un pequeño gemido. Tuvo que cerrar los ojos disfrutando de la sensación de que el chico eyaculara sobre su cuerpo.

Cuando se quiso dar cuenta, Lucas estaba limpiando los restos de semen, que le colgaban de la polla, frotándose contra su pierna.

―¡Ha sido una gozada!, me ha encantado… gracias…

Ella bajó la pierna abandonando la postura obscena en la que se encontraba, se alisó la falda y antes de bajarse del coche le recordó a Lucas.

―Ha sido la última vez, no quiero que vuelvas a dirigirte a mí en el club y menos delante de nadie… y por supuesto de esto ni a una palabra a Mariola…
―Sabe que puede confiar en mí, soy muy discreto…

Echó a andar en dirección a su coche, Lucas arrancó rápidamente avanzando unos metros y llegó hasta la altura de ella, bajó la ventanilla y dijo.

―Sé que le ha gustado, Claudia, como ha podido comprobar es un sitio muy privado, no puede vernos nadie… la estaré esperando aquí todos los viernes a las 23:00 cuando termine su clase de pádel…

Y sin esperar la respuesta de ella subió la ventanilla, giró el coche 180 grados y se fue por donde había venido.

8​

El sábado tocaba hacer limpieza general en la cocina. Después de desayunar dejamos a las niñas jugando en el jardín y Claudia y yo nos pusimos manos a la obra. Mi mujer llevaba unas mallas grises de andar por casa y una camiseta vieja de Los Ramones. Incluso así estaba atractiva.

Yo estaba impaciente porque llegara la noche, Claudia me había prometido una sesión de sexo para nosotros solos. Había sido una semana más o menos tranquila, el viaje con Basilio había resultado una decepción y solo quedó con Mariola para jugar al pádel. Sin embargo, que se viera frecuentemente con su mejor amiga me hacía estar alerta en todo momento.

No era lo mismo que cuando nos veíamos con Víctor, pues eran encuentros esporádicos y planificados. Cuando quedaba con Mariola, para cualquier cosa que fuera, sabía que podían terminar follando, sobre todo si se veían en casa de ella. Esa era la gran diferencia entre Víctor y Mariola. Su mejor amiga estaba presente continuamente en nuestras vidas, vivía en nuestra misma ciudad, se veían regularmente, nuestras hijas jugaban juntas. Con Víctor se puede decir que estábamos en el anonimato, eramos más discretos en ese aspecto, apenas conocía nada de nosotros y mucho menos donde residíamos.

Pero mi mujer necesitaba una buena polla para que se la follara, eso Mariola no se lo podía dar, y mi preferido era Toni, con el que nos seguíamos conectando regularmente una o dos veces al mes. Él nos conocía perfectamente, sabía cómo éramos en la cama, todas nuestras intimidades, nuestros morbos, lo que nos gustaba. Me parecía el candidato perfecto, pero Claudia seguía siendo reacia a quedar con él.

Mientras limpiábamos la cocina pusimos un poco de música en el Spotify y de vez en cuando íbamos hablando.

―Estoy deseando que llegue esta noche ―dije azotando despacio su culo una de las veces que me crucé con ella―. Espero que no se te haya olvidado lo que prometiste…
―No se me ha olvidado… además, yo también tengo ganas.
―Es una pena que no haya podido conectarse Toni…
―Mejor, hace mucho que no tenemos una noche para nosotros solos, tengo unas cuantas ideas… vete preparando.
―Mmmm… ¿puedes adelantar algo?
―No, va a ser una sorpresa.
―Casi no hemos hablado de lo que pasó el sábado pasado con Jan… me encantaría conocer los detalles…
―Los conocerás cuando nos conectemos con Toni, sabes que me gusta contárselo por el chat y que tú lo leas detrás de mí, noto cómo te vas excitando… y eso me gusta.
―No seas mala, Claudia, esta noche podías adelantarme un poquito…
―No creo que esta noche tengamos tiempo para eso… vamos a estar muy ocupados.
―Joder, Claudia, me estás poniendo nervioso…
―Deberías estarlo, tengo varias sorpresitas para ti… y vamos a dejar de hablar de esto que ya veo que te está gustando mucho.

Mi mujer tenía razón, era empezar a hablar de estos temas y no podía disimular mi erección debajo del pantalón de chándal.

Fue una mañana agotadora, cuando terminamos de comer, Claudia me dijo que tenía ganas de echarse una pequeña siesta y subió a la habitación. Yo me quedé descansando en la planta baja viendo una película con las peques en el sofá.

Se tomó una infusión relajante, recostada en la cama, mientras leía en su ebook. Necesitaba dormir al menos una hora para recargar energía. Por la noche no había descansado bien. Se había despertado sobre las cuatro de la mañana pensando en Lucas.

Estaba arrepentida de lo que había hecho, se quedó en estado de shock después de bajarse de su coche, no recordaba nada del viaje de vuelta desde el polígono industrial hasta casa. El corazón le palpitaba con fuerza dentro de su coche y estaba realmente excitada. Ni tan siquiera reparó en el hecho de que su muslo izquierdo estaba lleno de semen. Cuando bajó la mano y se tocó se dio cuenta. Estaba parada en un semáforo y se quedó mirando la espesa lefa de su alumno entre los dedos.

¡Lucas se le había corrido encima!

Tímidamente acercó la mano a la cara, sacó la lengua y con la puntita probó el sabor salado del esperma. Aquello la encendió más, luego pasó los labios por la palma de su mano y cuando se quiso dar cuenta estaba recogiendo toda la corrida de su pierna para chuparse lascivamente los dedos.

Tuvo suerte que ya no había más semáforos hasta su casa, sino se habría masturbado en la siguiente parada. Estaba tan cachonda, que frotándose sobre el culotte del conjuntito de pádel se hubiera corrido en apenas unos segundos.

La voz de Lucas retumbaba en su cabeza. “Estaré aquí, esperándola todos los viernes”, le había advertido el chico. Lo más coherente sería pasar de él y que ese encuentro dentro del coche hubiera sido una cosa puntual, pero no podía dejar de pensar en la polla de Lucas. Se había excitado mucho viendo como el chico se masturbaba delante de ella, estuvo tentada varias veces de estirar el brazo y agarrársela para terminar el trabajo, pero al final se resistió.

Le había parecido todo tan prohibido en aquel callejón oscuro que se moría de ganas de repetir ese encuentro. Sin embargo, no podía dejarse llevar de esa manera, ella era la adulta y podía meterse en un buen lío si les pillaban allí. El chico tenía diecinueve años recién cumplidos y había sido su alumno. Lo mejor iba a ser evitar la tentación, y para eso tendría que dejar de ir a las clases de pádel los viernes por la noche.

De todas formas, esperaba que Lucas no lo hubiera dicho en serio lo de esperarla todos los viernes. Claudia se había subido a su coche para cerrar esa herida con Lucas y zanjar definitivamente el tema, y ahora esa herida estaba más abierta que nunca.

Se acarició despacio antes de dormirse, pero sin llegar a correrse. Quería estar caliente para darle a su marido una buena noche de sexo.

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s