LUIS5ACONT

Paloma está revisando la documentación del nuevo expediente. Aparentemente todo está bien, pero solo aparentemente. El diablo está en los detalles. Es un proyecto de construcción de viviendas en la ronda norte. Terrenos rústicos recalificados. Está revisando las licitaciones, los permisos y los pliegos. Muy confuso y un poco enmarañado todo. Wkm promociones, es la que ha presentado el proyecto, con Unitesa de constructora principal, auxiliada por una pléyade de subcontratas.

– ¿Te vienes a comer, jefa?

– No, me he traído un sándwich de casa Paco, con eso me apaño.

– No lo habrás pedido con mahonesa. Ese te envenena.

– Hace falta algo más que eso para matarme.

– No lo dudo, pero aunque estés inmunizada unas buenas cagaleras igual no te las quita nadie.

– Tengo bragas de repuesto en el cajón, no te preocupes.

– En fin, vuelvo en un rato.

– Tomate tu tiempo, Sebas, que hoy tengo bastante con esto. Hasta mañana no te voy a necesitar.

– Okay. De todas formas luego doy una vuelta antes de irme por si necesitas algo.

Ella asiente agradecida. Sebas parece un mayordomo inglés, siempre dispuesto y pendiente más allá del trabajo, con una lealtad perruna. Es el único compañero con el que tiene la suficiente confianza como para intimar, pero siempre estando en su sitio. La conoce como si la hubiera parido y le basta una mirada para que sepa cómo se encuentra. Le reconoce una sensibilidad especial para comprenderla que quizás se deba a que es gay. A Paloma le hace gracia que, a veces, los rumores de oficina los hayan situado como amantes. A ella le bastó un mes para confirmar la sospecha de que su sexualidad iba por otros derroteros, pero hay gente que para el tiempo que tiene libre y lo poco que trabaja, son muy malos observadores.

Decide darse un respiro, hoy tiene trabajo para rato, así que saca el sándwich y su botella de agua. Comerá allí mismo y luego sacará un café de máquina y se tomará las pastas de postre, sentada en el banco que hay a la salida del parking.

Piensa en el día tan extraño que ha tenido. Empezando por el final, el encuentro con ese chico con nombre y acento italiano a pesar de que hablaba un español perfecto ¿Quién es? ¿Realmente estaba interesado en ella o solo le estaba vacilando con el tema del loft?

Pero la cuestión que ha despertado su atención es más bien a quien le recuerda: a Ricardo, el protagonista en su sueño de madrugada. Que curiosa coincidencia, la noche que sueña con él va y conoce a ese tal Stefano. Bueno, concluye, tampoco es tan extraño, el sueño con Ricardo se repite demasiado en los últimos tiempos. Su mente viaja al periodo en que estuvieron juntos. Ricardo es real, el sueño no.

Lo conoció en una auditoria que hicieron a una promotora de chalets en la zona de expansión del norte de la ciudad. Tenían varias urbanizaciones ya acabadas y alguna más en obra. Ricardo era uno de los abogados del equipo jurídico de la promotora. El tema no era un asunto grave, se trataba solo de defectos de forma, por no asumir a tiempo el coste del acerado y algunas zonas públicas que les correspondía hacer, según el pliego firmado en la concesión y recalificación de terrenos. Se saldó con una pequeña multa y la realización urgente de los trabajos. Aquel chaval espabilado y aparente, al que le sacaba más de diez años de edad, se sintió impresionado por su seriedad y eficacia, y también por su conocimiento de todo lo relacionado con obra pública. Lo que al principio solo era interés profesional derivó pronto en un acercamiento más íntimo.

A Paloma, primero le hizo gracia, luego se sintió halagada y por último se dejó querer. Era excitante y salvo en el aspecto profesional, su vida era más bien aburrida. En el sexo aún más. Contribuía a ello que pasaba por una etapa de desencuentro con su marido, del que sospechaba una infidelidad que él negaba, claro. Esas cosas nunca se admiten y los hombres menos. Aunque los pilles en la cama con otra son capaces de intentar convencerte de que tus ojos se equivocan.

Aquello la cogió en un momento especial. Tras una primera etapa de color de rosa donde todo era perfecto en su matrimonio, vino la época de la rutina, en que los dos se volcaron en sus carreras profesionales, rematada por su maternidad. Paloma, lo cierto, es que tampoco echó tanto de menos la pasión que parecía faltarles. Se conformaba con un desahogo sexual de circunstancias. Su trabajo y el criar a la que fue su única hija, ocupaban todo su espacio. Así estuvo una década hasta que su hija salió un poco del cascarón, se volvió más independiente y le dejo más tiempo para ella. En el trabajo, también parecía haberse estabilizado su carrera, una vez consiguió ascender a inspectora.

Parecía el momento recuperar un poco de vida, de volver a sentirse atractiva, poner algo de picante, reactivar su sexualidad y quizás ¿por qué no? subir el ego. No soportaba la rutina en la que se veía inmersa, necesitaba un chute de emoción, de confianza en sí misma, de reconocerse en la mujer que un día fue y que todavía seguía dentro de ella, pugnando por volver a mostrarse.

Comenzó a cuidarse, a ir al gimnasio, arreglarse… Paloma es alta y delgada, tiene un aspecto un tanto andrógino cuando se viste formal, con vestido pantalón como es el caso hoy. Vistiendo minifalda o algo más ceñido, rompe esa imagen, mostrando un culito prieto, sin exuberancias pero bonito y unos pechos pequeños y redondos pero muy bien puestos. Tiene el pelo pajizo y corto. Ojos verdes. Si se compara con la mayoría de las mujeres de su edad que conoce, se conserva bastante bien a sus cuarenta años. Así que decide recuperarse para la causa y ponerse de nuevo en el mercado: en este caso solo tiene un comprador, su marido Javier.

Paloma observa con satisfacción que vuelve a acaparar las miradas de algunos hombres, en especial de sus compañeros de trabajo y también la de alguna compañera, que la mira como diciendo “¿qué le pasa a esta ahora?”. Las mujeres siempre más críticas, más mordaces y más puñeteras entre ellas mismas. Pero eso no le importa, se siente sexy y por eso no entiende cómo es que su marido apenas reacciona. Él sigue instalado en la rutina previa, como si ya viniera comido a casa y lo de dentro, por mucho que ella se esfuerce, le resulta ya conocido y aburrido. Se enfada ante la falta de reacción, Javier pone poco de su parte y eso enfurece a Paloma, deteriorando la convivencia. Ella empieza a sospechar que tiene un amante y la sospecha al final acaba convirtiéndose en seguridad, aunque no tiene pruebas.

Es en ese momento cuando sucede lo de Ricardo. Él le presta atención y atiende la mirada de deseo que su marido ignora. Paloma quiere pensar que está en su derecho, se deja arrastrar o más bien, es ella la que se lleva de calle a Ricardo. Si su marido no es infiel peor para él y si tiene una amante, pues a pagarle con la misma moneda. Intentos vanos de justificarse porque ella sabe bien que se hubiera acostado con Ricardo de todas formas.

No es algo que le amargue la vida ni le provoque un remordimiento insoportable. Paloma es práctica y funcional: lo hecho, hecho está, ha sucedido y punto. Aquello fue breve pero intenso y le sirvió para estabilizarse ella y para estabilizar su matrimonio. Desde entonces continúa en un status quo, que no es que sea muy emocionante, pero al menos es soportable.

Durante unos meses y con la excusa perfecta del trabajo, los encuentros con su joven amante se sucedieron. Hasta que él se echó novia. Cuándo se empieza una relación y se es joven, resulta todo demasiado bonito para estropearlo poniéndole a tu novia los cuernos con una mujer que te saca más de quince años, así que Ricardo comenzó a poner excusas y a ralentizar los encuentros, para acabar suspendiéndolos cuando estuvo seguro de sus sentimientos. Nada que reprocharle al chico, solo agradecerle a esos meses en los que ella se sintió otra vez protagonista y dueña de su placer. Y desde entonces, vuelta al trabajo y al sexo de circunstancias con su marido, aunque el recuerdo de los momentos que estuvieron juntos aún protagoniza sus fantasías y sus masturbaciones.

Hay algo que especialmente la pone y de ahí el sueño que ha tenido hoy, que además, se viene repitiendo desde entonces con algunas variantes. Al principio se veían en hoteles, pero pronto perdieron la vergüenza y acabaron acudiendo al pequeño apartamento de Ricardo. Mucho más económico y práctico. La primera vez que lo hicieron en su dormitorio, una sorprendida Paloma observa que colgadas de la pared junto al cabecero, hay un látigo y unas esposas.

– ¿Son tuyos? – le pregunta a Ricardo.

– No, estaban aquí en un cajón cuando alquilé el apartamento. Supongo que esto debió estar alquilado antes por alguna scort o ser un picadero de algún tipo. El caso es que me pareció gracioso y las colgué ahí como adorno.

– ¿Las has usado alguna vez?

– No ¿qué pasa, te pone? ¿Quieres que juguemos a policía y ladrón?

– No hace falta – se ríe Paloma un poco cortada. A ella no le va demasiado el tema del sado maso.

Sin embargo, conforme fornicar en el apartamento con su amante se va convirtiendo en otra rutina, su mente no deja fijarse en el látigo y en las esposas y una fantasía empieza a nacer. Se imagina que sí que las utilizan, que Ricardo la esposa a la cama, la deja desnuda y abierta de piernas y que luego, hace restallar el látigo pegando en el suelo, peligrosamente cerca de la cama, de forma que ella puede oír los chasquidos del cuero dando en la tarima. Eso la pone muy cachonda. Se moja tanto que le suplica a Ricardo que la folle, pero él no le hace caso y continúa dando con el látigo, mientras ella cierra las piernas y trata de frotar los muslos para darse placer, ya que con las manos no puede. Tarea inútil porque así es casi imposible correrse. Finalmente, Ricardo, deja el látigo y sin quitarle las esposas, le abre bruscamente las piernas y entonces se la folla violentamente.

Ella tiene un tremendo orgasmo.

Este es el sueño repetido con algunas variantes que tiene últimamente. Ahora lamenta no haber sido lo suficientemente sincera o lanzada, para recular de su postura inicial y pedirle a su amante que usara esos juguetitos. Se pregunta por qué no lo hizo cuando tuvo oportunidad. Ahora tendría un bonito recuerdo.

Por un momento le tienta la posibilidad de mandarle un whatsapp a Ricardo. De vez en cuando hablan, aunque no han vuelto a estar juntos ¿Habría posibilidad de quedar con él? Mueve la cabeza sacudiéndose ese tipo de pensamientos que sabe que no van a ningún lado. El chico está a punto de casarse, según le comento la última vez y no parece mostrar interés en hacer una locura. Escribiéndole o llamándolo para tener una cita, solo conseguiría ponerse en evidencia y eso algo que ella odia.

Pero mira por donde, hoy aparece otro muchacho en su vida. Sí, efectivamente Stefano le recuerda a Ricardo por lo joven, pero éste, a pesar de su juventud parece mucho más formal y centrado. Más seguro de sí mismo, con una cortesía y una elegancia más propia de un hombre maduro que de un chico de su edad.

Paloma sabe que no es así cómo ligan los jóvenes y el tacto que ha tenido así como la estrategia a la hora de abordarla, la ha sorprendido. Ha resultado un tanto extraño pero muy halagador para ella. Si se le hubiera acercado en un plan niñato, directamente lo hubiera mandado a freír espárragos, pero antes de darse cuenta, estaba hablando con él y aunque ha podido mantener la distancia y pararle los pies, el chico ha sabido jugar sus cartas bastante bien. Si Ricardo la atrajo en un primer momento porque la excitaba la posibilidad de ligarse a un jovencito, Stefano le atrae porque parece capaz de hablarle de tú a tú, a pesar de la diferencia de edad. Alguien en su misma onda, con un carácter de adulto pero envuelto en un cuerpo joven y bonito. Todo un regalo para los sentidos.

Ciertamente se siente complacida y también un poco excitada. Recuerda sus buenos momentos con Ricardo y un gusano le baila en la tripa ¡Un momento! se detiene: ¿en serio está pensando en ligarse al jovencito? ¿Tan segura está que el muchacho quiere algo con ella?

– Bueno – se dice – solo hay una forma de averiguarlo – mete la mano en el bolsillo de su pantalón y saca una tarjeta.

Stefano Santos Conte. Consultoría y administración de empresas… al final un número de teléfono. Parece que es la madre la que pone la sangre italiana. La vuelve a guardar en el pantalón y tras acabarse sándwich se dirige a por ese café.


Esa noche, Paloma está cansada. Tiene la cabeza como un bombo de revisar documentación. Aparentemente, todo parece estar en orden pero hay un par de detalles que quiere revisar. Cuestiones que le han llamado la atención aunque no parecen graves, pero metódica y disciplinada, no deja ningún cabo suelto. Y menos en una operación de envergadura como esa: casi 500 unifamiliares adosados.

Pero eso será mañana, hoy ya está bien. Al salir del trabajo se ha pasado a recoger a su hija a la academia de inglés, de compras con ella para llenar la despensa y luego en casa, preparar cena y enterarse de cómo le ha ido el día a Estefanía. Pelea para irse a la cama, aunque al final consigue que se meta en su habitación. Mañana es otro día de trabajo y si no duermes no rindes.

Su marido ha llegado tarde y ha colaborado poco en las tareas, pero al menos viene de buen humor.

– ¿Todavía estás liada? – le pregunta con el pijama ya puesto y estirado en el sofá mientras ve la tele.

Paloma acaba de abrir el portátil, sentada en la mesa del salón, bajo una lamparita rinconera.

– Es solo mirar unos datos que me hacen falta para mañana.

Él se encoge de hombros: está acostumbrado y no insiste. De todas formas, hace ya mucho que no ven la tele juntos. A cada uno le gustan cosas diferentes. En realidad ella no está mirando ningún dato. Ha aparcado ya definitivamente el trabajo y ahora está en otro tema. Accede a un foro donde entra con su usuario secreto. Deli 541, es el nick tras el que se oculta. Es un chat de mujeres donde intercambian experiencias y se cuentan sus cosas. Generalmente, cosas relacionadas con el sexo.

Paloma lo descubrió casi por casualidad y le llamó la atención. Al contrario de lo que suele suceder en la mayoría de los foros de internet, aquí la mayoría de las sus usuarias son mujeres. No hay fotos ni vídeos de sexo manifiesto, ni tampoco sección de contactos, lo que espanta a la mayoría de los hombres que lo ven aburrido y se desplazan otros sitios de Internet más explícitos. A lo largo de casi un año, Paloma ha hecho amigas virtuales y se ha divertido y sorprendido leyendo lo que algunas mujeres publican. Tanto, que aprovechando el anonimato, ella también ha contado alguna de sus experiencias, de sus frustraciones, de sus deseos, como por ejemplo la fantasía de las esposas y el látigo.

Hoy hay poco movimiento, constata después de comprobar que no está conectada casi ninguna de las habituales. De aquellas que hacen de sustitutivo de amigas reales, de las cuales Paloma carece. Rosa 341, mosca cojonera y chicaSpecial, son con las que más interacciona. Deben tener su misma edad y al igual que ella, también con un punto algo cabrón y de vuelta de todo. Sospecha que la última es un tío camuflado en el chat, posiblemente con tendencias homosexuales, pero le da igual, es súper gracioso, se ríe un montón con él y tiene una sensibilidad especial para conectar con el resto de mujeres. Una especie de Pedro Almodóvar si hace caso de que realmente sea un tío. Así que lo incluye entre sus íntimos.

– Hoy me ha tirado los tejos un yogurín, zorras – saluda. Es el nombre de guerra que se han puesto en el grupito de cuatro. Lástima que no estén. Le apetecía chatear y contarles lo de por la mañana con Stefano. Podría colgar algo más e ir adelantándoles la anécdota, pero le gusta mantener el misterio e interaccionar cuando están sus amigas virtuales conectadas.

Cierra la sesión y se levanta para ir al dormitorio. Vuelve la cabeza hacia su marido, que ya dormita frente a la tele sin enterarse de nada. Le apetece un polvo, el recuerdo de Stefano la ha puesto cachonda, pero viendo a Javier roncar, anticipa la negativa. Debería pedírselo, es su marido y se supone que debería existir esa complicidad y él debería espabilarse y ponerse manos a la obra, pero eso no va a suceder y menos un miércoles. Sus polvos están ya más que agendados y hoy no toca. Y además, no quiere rebajarse a solicitar sexo y tener un polvo descafeinado, sería un insulto al deseo que Stefano ha hecho surgir de nuevo en ella, y mucho menos, enfrentarse a la más que probable negativa y quedar como una idiota. Para eso mejor una buena paja.

Así que se dirige al baño y se dispone a darse una ducha. Allí, en la intimidad de la mampara opacada por el vapor, se dará satisfacción. Paloma entra en el baño y se desnuda. Observa su cuerpo en el espejo. Pechos pequeños pero firmes. Se pasa la mano por ellos y se acaricia el pezón, viendo como este sufre una pequeña erección poniéndose en punta. A pesar de ir al gimnasio tiene un poco de barriguita, no mucha, la suficiente para que su vientre forme una pequeña curva que incluso le parece sugerente. Debajo, un triángulo de vello púbico oculta su vulva. Demasiado, se dice para sí misma. Tendrá que pensar en depilarse, discurre mientras se acaricia en su parte más íntima.

“Depilarse ¿para quién?” se pregunta traviesa mientras Stefano aparece en su mente con su bonita sonrisa, sus ojos marrones y su elegante traje.

Se mete en la ducha y abre el agua caliente. Espera a que el agua esté lo suficientemente tibia para meterse debajo del chorro. Deja que el líquido recorra la piel,  calentando su cuerpo y produciéndole una leve sensación de sopor. Luego se enjabona. Utiliza una manopla ya muy vieja pero que le proporciona un tacto especial. Ni demasiado suave ni demasiado áspero. Lo justo para que al pasarla por sus zonas íntimas, note un tacto diferente y algo más fuerte de lo normal. Su marido siempre le pregunta porque no se compra una manopla nueva y tira aquella ruilla. Ella nunca le ha explicado por qué la conserva. Allí se va a quedar hasta que se caiga a pedazos o encuentre otra que tenga un tacto igual.

Nota la manopla resbalando gracias al gel. La pasa una y otra vez por su sexo, haciendo hueco con los dedos e insistiendo en la zona del clítoris. La respiración se le empieza a cortar, cierra las piernas y se pone tensa.

Imágenes de esposas, de látigos, de sí misma atada boca abajo en una cama cruzan por su mente. Se pellizca con la mano libre los pezones hasta hacerse daño. Ve a Stefano que la penetra desde atrás. Tiene las piernas abiertas y atadas, no puede resistirse pero aunque pudiera no lo haría. Lo desea con toda su alma. El muchacho le pasa el látigo por el cuello y tira de él, casi ahogándola mientras la sigue penetrando. Le cuesta respirar y pronto el ahogo se mezcla con el placer. No es la primera vez que tiene esa fantasía y esa noche en la ducha, parece que el tema se le queda corto a Paloma: de lo excitada que está necesita algo más fuerte, algo más duro. Se imagina a Stefano sacándola de su coño, chorreando, y escupiendo en su culo aproxima el glande a su ano.

– ¿Quieres que te dé por el culo? – más que una pregunta es un anuncio y ella se estremece. Hace mucho que no se lo follan, desde que era jovencita. Stefano afloja un poco la presión del látigo que tiene enrollado alrededor de su cuello y ella consigue carraspear un sí…

– ¿Cómo? no te oigo.

– Sí, por favor, follármelo – ruega. Entonces, él aprieta más fuerte y percibe como su ano se dilata mientras la verga va insistiendo adelante y atrás, abriéndose paso.

En la realidad, seguramente después de tantos años, le resultaría algo doloroso, pero esta es una fantasía y no le duele, puede soñar lo que quiera y eliminar la parte en la que siente daño y pasar directamente al placer, que se traslada desde su esfínter en oleadas hacia su clítoris, pasando por la vagina.

Sueña que se corre a la vez que Stefano, notando como le llena el culo de leche y ella obtiene un orgasmo simplemente frotando su coño contra la sábana, al ritmo de las enculadas del chico. Paloma aumenta el roce y consigue llegar al orgasmo en el momento culmen de su fantasía. Intenta no gritar, pero no puede evitar un par de jadeos incontrolados y después se queda entre el vapor y bajo el agua caliente, echada sobre los azulejos con la cabeza apoyada en la mampara, boqueando como un pez fuera del agua. Finalmente se relaja, se da un aclarado para quitarse la espuma y sale de la ducha envolviéndose en la toalla.

Cuando un rato después entra al dormitorio, su marido ya está durmiendo. Se acomoda en su lado de la cama, pone el despertador y apaga la luz. Esa noche no sueña con nada, la fantasía no viene a su cabeza. Seguramente, porque está satisfecha y relajada.


Ya es casi la pausa de del almuerzo. Paloma recibe una alerta en el móvil de que han contestado su mensaje en el foro. Entra y se encuentra que Rosa y moscacojonera están online.

– ¿Qué eso de que un jovencito se te ha puesto a tiro? Cuéntanos so puta…

– Habrás aprovechado la ocasión ¿verdad?

Ella contesta:

– Todavía estoy madurando si acepto la invitación…está muy bueno pero no sé si llamarlo – luego les cuenta por encima el tema, sin dar detalles que puedan identificar a las personas, lugares o circunstancias.

– ¿Qué es lo que hay que pensar? Yo me lo follaba sin dudar – afirma moscacojonera.

– Estas tardando en hacer esa llamada – se decanta Rosa 341.

– Lo voy a dejar en barbecho un rato más, que no parezca que estoy ansiosa y de paso así me lo pienso con tranquilidad…

– Pues no te lo pienses mucho que chollos como este no se encuentran todos los días.

– Vale, os tengo que dejar, zorras – Paloma ha visto levantarse a Sebas y decide cortar el chat.

– Llama y esta noche nos cuentas.

– Eso, cómprate unas esposas y un látigo y queda con él – afirma entre caritas riéndose la otra.

Menudo cachondeo se tienen estas a cuenta de su fantasía, piensa divertida Paloma, que ya ha comentado sobre sus sueños en varias ocasiones con el grupo de las zorras. Igualmente, conoce sus andanzas y gustos sexuales. En especial de moscacojonera, que es incapaz de callarse nada y da detalles de cada cosa que le pasa referida al sexo.

Sebas entra en la oficina con varios documentos, que distribuye sobre la mesa de Paloma.

– Jefa, sobre el tema Wkm promociones…

– Dime.

– Aquí tienes las resoluciones de licitación de las cinco parcelas, las adjudicaciones y los registros con las peticiones de obra.

– Vale gracias ¿Algún problema? – pregunta Paloma al ver que su administrativo no se mueve del sitio y la mira con expresión expectante.

– Bueno, solo es algo raro, debe ser un error.

Paloma se pone en modo alerta. Sebas tiene intuición y si dice que es algo raro, seguramente sea porque ha detectado algún defecto de forma.

– Vamos a ver – dice inclinándose sobre los documentos – ahórrame tiempo y dime donde te aprieta el zapato.

– Mira las fechas de las peticiones de obra nueva y de las adjudicaciones.

– Todas del 15 noviembre, siendo adjudicadas el día…30 de octubre.

– Todas no…

La arquitecta frunce el ceño y revisa mejor los papeles.

– Tienes razón, hay una petición del mismo 30 de octubre. Eso no es posible – murmura Paloma que sabe igual que Sebas que una vez adjudicadas las parcelas hay un plazo de cinco días de reclamaciones, donde no se admiten solicitudes de inicio de obra.

– He comprobado el registro y hay cuatro incidencias abiertas – informa Sebas. Ella sabe lo que eso significa: alguien ha corregido los datos a posteriori. 

– Se debieron equivocar de fechas y rectificaron. Ésta, seguro que se la han dejado atrás. Una cosa es que día ponen en la solicitud y otra muy distinta el día real en que la presentan.

– Ya, pero la que se han dejado atrás… observa la fecha de entrada en el sistema.

Paloma la revisa y mira a su compañero.

– 30 octubre…

– A las 9:00 de la mañana.

– Las adjudicaciones no se anuncian hasta mínimo las 13:00 horas – apostilla ella. Ciertamente allí hay algo que no concuerda – ¿Podemos ver quien ha hecho estos cambios?

– El programa META8 no guarda registro de usuario para estas gestiones.

– Bien, déjamelo a mí. Seguramente será solo un error del sistema o al grabar los archivos.

– Vale, tu misma, jefa ¿Sigo con los expedientes de contratación?

– Sí por favor.

Cuando se queda sola, Paloma vuelve a mirar los documentos. Ha querido restarle importancia al tema porque incidencias de ese tipo son frecuentes a veces y no quiere levantar la liebre. Si es un error se genera una atención inadecuada para las empresas implicadas y si es una ilegalidad, cuanto menos avisadas mejor. Pero Sebastián tiene razón, allí hay algo que huele regular.

En principio parece un error que se ha tratado de corregir, dejando atrás una de las solicitudes. Pero el histórico de la plataforma da a entender lo contrario. La única solicitud que tiene fecha del día 30 es la que parece original y no modificada. Lo cual podría indicar que son las otras cuatro las que están mal. En su día hubo cinco peticiones de permisos de obra cursadas justo antes de que se supiera quien iba a ser el adjudicatario.

Hace una nueva comprobación y para su pasmo resulta que la promotora pujó por 11 parcelas ¿Cómo sabía Wkm promociones que le iban a asignar precisamente esas cinco? A veces se producen filtraciones, piensa, no es necesariamente algo ilegal, pero su instinto activa una alarma. Decide hacer algunas comprobaciones.

Unos minutos antes del almuerzo, Paloma llama a Méndez.

– Jaime, podemos hablar un momento. Sí, es sobre el expediente de Wkm.

Al otro lado de la línea se hace un momento el silencio.

– Oye ¿te viene bien que comamos hoy juntos? Estoy liado y así aprovechamos y ya me comentas.

– Vale.

– Genial ¿vamos de menú al Paco?

– Bien, allí en quince minutos.

– De acuerdo.

La arquitecta se levanta y tras bloquear su sesión en el pc, coge la chaqueta y sale en dirección al lavabo. Tiene que hacer una parada antes de salir. Mientras, no puede evitar pensar que Méndez sabe algo de todo este asunto ¿Por qué ha propuesto comer fuera? ¿Acaso no quiere tocar el tema donde puedan oírlos? Otra sospecha llega rápida y se instala en su mente ¿Se ha quitado Méndez este asunto de encima por algún motivo? Quizás no sea casualidad que se lo hayan encasquetado a ella. “Bueno, veremos que da de sí la charla, probablemente estoy siendo muy mal pensada” piensa, aunque es consciente que cuando piensa mal suele acertar.

Ella llega antes y va pidiendo un agua con gas mientras espera. Unos minutos después, Jaime Méndez hace su aparición con cierta prisa.

– Vaya una mierda – dice mientras se pide una cerveza.

– ¿Qué pasa?

– El móvil, que se me ha olvidado cargarlo y se me ha apagado – Paloma lo entiende, un inspector sin móvil es como un santo sin paraíso – Debo anular una cita que tengo con el dentista a las 16:30 y me acabo de dar cuenta ahora. No sé si volver un momento a la oficina antes de que cierren. A las dos paran y ya no abren hasta esa hora.

– No seas tonto, toma, busca el número y llama con el mío.

– Gracias – un primer intento es infructuoso. Jaime se da cuenta que ha bailado un número. A la segunda consigue contactar – ¿Clínica Bedmar? Sí, para cambiar una cita ¿Podrían pasármela a última hora? Jaime Méndez. Ok a las ocho. Muchas gracias.

Una vez resuelto el problema, piden menú para dos y aprovechan el intervalo para entrar en materia.

– Bien, Paloma, cuéntame ¿Qué pasa con Wkm?

Ella le cuenta lo que ha visto. Méndez analiza pensativo la cuestión.

– ¿Crees que ha sido un error?

– Puede. Cosas más raras hemos visto. Lo más probable es que no sea nada pero yo lo investigaría.

– Ya ¿Sabes tú algo de esa promotora o de Unitesa, la constructora?

– Poco. Wkm es nueva y de Unitesa he llevado un par de expedientes. Algún problema de plazos y fallos en la documentación, lo habitual, nada grave.

Ella hace un mohín y da pensativa un sorbo de agua.

– Oye, tú ya has investigado ¿no es cierto? Aquí pasa algo, por eso me has llamado. Cuéntame, si puedo te ayudaré. Al fin y al cabo este marrón era mío.

Paloma asiente. Está claro, Jaime no es tonto y además tiene razón. Si quiere ayuda debe ponerlo al día.

– Ha mirado la promotora y es su primera puja. Por ahí está limpia, apenas ha trabajado en otras obras y nunca con el ayuntamiento. Luego tenemos a la constructora: está relacionada con otras promotoras “blancas” que en su día que tuvieron problemas. He revisado todas las solicitudes. En las seis parcelas no asignadas falta documentación pero en las cinco asignadas esta todo perfecto ¿No te parece raro?

– Como si no quisieran que se las asignaran…

– O como si supieran que no se las iban a dar. Esa gente sabía ya el resultado antes de la adjudicación. Y por cierto, se han quedado con los mejores solares.

– ¿Me estás diciendo que el concurso estaba amañado?

– Yo no digo nada, saca tus propias conclusiones.

Se hace un silencio mientras el camarero dispone el primer plato sobre la mesa. Cuando se va, Paloma pregunta directa y sin tapujos:

– Jaime ¿te dio tiempo a mirar el expediente?

– ¿Me estas preguntando si te he largado un marrón para quitármelo de encima? Me ofendes, Paloma, sabes que no es mi estilo.

– Vale, es que es muy raro ese cambio a última hora ¿no te parece?

– Verás, la verdad es que yo no quería dejarlo. Me presionaron.

– ¿Cómo?

– Ofrecí a Marcial dejar algunos temas aparcados y centrarme en este expediente y en los de Metropol y Viasa, que no podía delegarlos, están en fase final y hay que resolverlos ya. Pero él me exigió dedicación exclusiva a Wkm. Le dije que nanai y entonces dijo que buscaría a otro inspector que pudiera centrarse en este. Lo están presionando desde la alcaldía. Parece que esto corre prisa. Ya sabes, el anuncio de un nuevo barrio da votos. Sobre todo si supone obras grandes que traen inversión y puestos de trabajo.

– Ya – comenta ella. Se sabe la película sin necesidad de que se la cuenten.

– Mira, Paloma, igual no es nada. O igual hay algún escalón que se han saltado, ya sabes cómo va esto. Eso no significa necesariamente que haya habido trampa, hay obras que por los proyectos presentados ya sabes que solo hay determinadas promotoras que pueden llevarlos a cabo. La adjudicación acaba sí o sí en el mismo sitio. Se saltan los protocolos porque hay prisa, pero no hay alteración del resultado. Si no encuentras una ilegalidad no hay nada. Como mucho una multa o una corrección por saltarse el procedimiento.

– Ya- vuelve a repetir ella aunque en su fuero interno no las tiene todas consigo. Aquello sigue oliendo más bien regular.

– Oye, si crees que esto puede tener gato encerrado, sigue haciendo averiguaciones. Y si necesitas algo me llamas que yo te ayudo en lo que pueda ¿vale?

– Vale, gracias. Pero Jaime, por favor, ni una palabra a nadie.

– Por supuesto.

El camarero llega con los segundos y ellos se centran en la comida.

Esa tarde, Paloma sigue en su despacho dándole vueltas al asunto. No está segura de que haya caso, en eso tiene razón Méndez. Solo defectos de forma. Pero está dispuesta a tirar del hilo hasta donde pueda llegar. Solo hay una forma de avanzar y es siguiendo los pasos de la constructora. Las promotoras varían, pero la constructora ya ha participado en varios proyectos. Es el nexo común concluye. Habrá que revisar las obras en que aparezca Unitesa.

Pero eso será mañana. Es hora de echar el cierre. Recoge y toma el camino del aparcamiento. Tiene que recoger a su hija de la academia de inglés y aunque faltan tres cuartos de hora, concluye que no merece la pena ir primero a casa. Llega y consigue aparcar, lo que la deja con algo más de media hora de tiempo, así que se mete en una cafetería frente a la escuela de idiomas. En el último momento, siguiendo un impulso, decide cambiar el descafeinado por un carajillo de Bailey.

Saboreándolo, consulta su móvil y ve que en el foro, chicaSpecial se ha sumado a la conversación.

– Tiaaaaaa ¿Qué pasa con el yogurin? ¡Cuéntanos, zorra!

Paloma sonríe. Sí, eso ¿Qué pasa con Stefano? El líquido espeso con sabor a whisky se asienta en su estómago calentándoselo y subiéndole poco a poco a la cabeza.  Le provoca cierta euforia que es el pequeño empujón que necesita para hacer una locura, que por otro lado le apetece. Que más bien no es que le apetezca, sino que está deseando hacer. Lleva dos días fantaseando con el chico. Solo una llamada para ver por donde respira, trata de engañarse.

Marca el número de la tarjeta y al cuarto timbrazo, cuando ya va a desistir, Stefano contesta.

– ¿Hola? Al habla Stefano.

– Hola soy Paloma.

– Vaya, que agradable sorpresa…

Tras estas palabras, Stefano, se queda callado invitándola a continuar, pero ella de repente, se sorprende sin saber muy bien que decir. Ha seguido un impulso y ahora no tiene preparado ni la estrategia, ni el discurso para llevarla a cabo. El chico se lanza al rescate, evitando que Paloma patine con cualquier torpe excusa.

– ¿Te has pensado la invitación a cenar? Si me llamas por eso me haces el hombre más feliz del mundo.

– He decidido darte una oportunidad – contesta recobrando la compostura y el tono enérgico que la caracteriza – si me sorprendes agradablemente, quizá te haga de guía para que te sitúes en la ciudad.

– Perfecto ¿esta noche entonces?

Paloma comprueba con satisfacción que el interés del joven no parece sino haber aumentado. Además, ha tenido el buen gusto de no hacer juegos de palabras con segundas intenciones de qué tipo de sorpresa agradable espera ella.

– No, hoy no puedo ¿Mañana?

– Mañana entonces – contesta con un suspiro lastimero, como el niño que lo dejan sin merienda.

– A las nueve en la puerta de la Mallorquina. Conozco un sitio bueno para cenar por allí cerca.

– Perfecto.

– Hasta mañana entonces.

– Está hecho – suspira ahora Paloma. No pensó que se atrevería. Más bien no pensó.

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