ROM19

Capítulo 7

Julián

Unos meses más tarde fuimos a cenar un sábado mi novia y yo, con la intención de echar la noche por ahí en un pub primero y luego en una disco de gente algo más mayor, pues ninguno de los dos soportábamos las discos de los jóvenes.

Fue en el pub donde inesperadamente Carmen se puso muy nerviosa al ver a uno de los camareros y me pidió marcharnos de allí enseguida, solo que él ya se dirigía a nuestra mesa quedándose también a cuadros al verla a ella. De inmediato supe de quien se trataba el camarero. No podía ser otro que su ex-novio, el cabrón que le hizo abortar para abandonarla un mes más tarde.

-Hola Carmen. -La saludó y luego de apretar las mandíbulas desvió su mirada levemente hacia mí, sin dejar de perderla de vista en ningún momento.

-Él es Richard, -me dijo ella sin mencionar que también era su ex-, y él es Julián, mi novio.

Ahora sí desvió su mirada hacia mí, era una mirada casi retadora, sin yo saber muy bien a quien coño estaba retando y porqué.

-¡Ah! Ya tienes novio. -Le respondió con una afirmación chulesca.

Se le veía algo fuerte, pero para nada un tío que pudiera retar a casi nadie. En ese momento me puse de pie para quitarme la chaqueta y hacerle ver que no me llegaba ni a la barbilla y que si hacía falta le soltaría una leche que lo estrellaría contra la barra del pub que estaba a diez metros de nosotros.

-Si no te importa, sírvenos dos gin-tonic. -Le dije haciéndole ver que él estaba allí para servirnos y que se fuese ya presto a llevar a cabo nuestro pedido.

En ningún momento le sonreímos ni ella ni yo, por supuesto, aquel imbécil no se merecía ninguna muestra de amabilidad por nuestra parte. Solo me preocupaba el malestar que sufría mi novia al ver de nuevo a aquel pedazo de cabrón que tanto la hizo sufrir. Quizás al ver mi actitud algo agresiva, dejó a un lado su chulería y sin decir una palabra más dio media vuelta y se marchó camino de la barra.

-¿Estás bien, cielo? -Le pregunté.

-Sí, es que me ha impresionado verle después de nuestra separación. No me esperaba verlo aquí.

-Ni no te ves cómoda, en cuanto pague nos vamos.

-No, no… que le den, -que vea el pedazo de hombre que tengo de novio-, a ver si se pudre de celos el hijo de puta.

Carmen no decía nunca una palabra mal sonante, pero se veía que aquel cabrón le había hecho mucho daño, hasta el punto de hacerla soltar ese pedazo de taco contra él. Un minuto después nos servía las copas y aunque volvió a mirarla con cierta insistencia, se marchó sin decir nada más dejando la cuenta en una bandejilla. A pesar de que a ella no parecía importarle continuar más tiempo allí, pronto dejé un billete encima de la mesa y nos marchamos sin más y sin despedirnos, por supuesto.

Un par de semanas más tarde Carmen me pidió que fuésemos nuevamente al pub donde trabajaba Richard, argumentando que solo era porque deseaba volver a verlo y que en esta ocasión ya no se pondría nerviosa como la otra vez cuando nos lo encontramos de sopetón.

-¿Es que sientes todavía algo por él? -Le pregunté porque en realidad fue él quien la dejó y podría ser que al igual que me pasaba a mí con Sofía, ella pudiera seguir amando a aquel crápula que tuvo por novio.

-No, creo que no cariño, ahora estoy enamorada de ti, aunque la verdad es que siento curiosidad por ver cómo le va la vida en estos momentos y si continúa con la chica por la que me dejó.

-Carmen la expresión “creo que no” denota unas ciertas dudas, o si lo prefieres, falta de seguridad en lo que de verdad sientes por él.

-No lo sé mi vida, no te puedo negar que he pensado mucho en Richard desde que lo vimos esa noche en el pub, tampoco te niego que estuve muy colada por él y hasta fui capaz de abortar por tal de no perderlo. Pero ahora solo necesito despejar ciertas dudas que tengo en mi cabeza, serían unos minutos de charla nada más.

-No creo que sea una buena idea cariño, pero si es eso lo que deseas volveremos a ir el próximo sábado. Te doy las gracias por confiar en mí al hacerme partícipe de esos deseos, sabes que si quisieras podrías haber ido cualquier tarde a verle, aunque solo hubiera sido para hablar.

La semana transcurrió como todas las demás y ese viernes tuvimos como no, la velada con nuestros amigos con toda normalidad y hasta pensé que Carmen desistiría en su afán por ir a verse con su exnovio, pero no fue así.

Como habíamos acordado Carmen y yo, ese sábado repetimos la salida nocturna y después de cenar en un buen restaurante, nos acercamos al pub donde Richard trabajaba de camarero y antes de entrar ya lo pudimos divisar pululando por el pasillo donde se encontraban las mesas de la pared de la derecha del local. Allí me paré antes de dar ese paso y volví a interrogar a mi novia por si definitivamente deseaba entrar a verse nuevamente con él.

-Sí, cielo, -me dijo en un tono decidido-, entraremos y aprovecharé para hablar con él.

Ya no hubo más preámbulos y enseguida entramos en ese local y nos fuimos a sentar en la última mesa del pasillo que era la que más privacidad nos daba en aquel momento, entre otras cosas porque las dos anteriores se encontraban vacías también. Nada más sentarnos pude observar como se acercaba a nuestra mesa por el citado pasillo. Carmen no lo podía ver porque se sentó de espaldas al mismo. Esa noche se había esmerado en parecer más atractiva que nunca, incluso diría que los retoques en su cara, ojos y labios hacían que se viera bellísima, radiante y muy deseable. Su vestido ceñido en la cintura y marcando ese espectacular culo, junto al generoso escote que resaltaba aún más sus hermosas tetas, le daban una imagen exuberante a la vez que un tono elegante, porque ella con su porte tan derecho así se solía ver.

Cuando Richard se paró junto a la mesa para atendernos, no pudo evitar echarle unas rápidas pero intensas miradas a lo que mostraba ese escote desde su altura, sin dejarse atrás un buen repaso a los muslazos. Su cara también denotaba su estupor por vernos nuevamente en aquel local, que seguro sería lo último que podría sospechar en esta vida.

-Hola Carmen de nuevo. -Se dirigió expresamente a ella, ignorándome intencionadamente a mí.

-Hola Richard, -le devolvió ella el saludo con una leve sonrisa en sus labios-, tráenos otros gin-tonic como el otro día y si puede ser, me gustaría poder hablar contigo un par de minutos.

-Ahora cuando vuelva, a ver si mi compañero me da un respiro, que como es sábado esta noche tenemos más clientes. -Le respondió marchándose sin más por donde había venido.

-Cuando vuelva os voy a dejar solos cariño, así tendrás más libertad para hablar con él. -Le dije al tiempo que ambos nos cogimos de la mano para darnos un apretón en ellas.

Al momento volvía portando la bandeja con las bebidas y la bandejilla con la cuenta.

-Solo me puedo escaquear un momento, -volvió a dirigirse a ella como si yo no existiera-, mejor aquí mismo si te parece.

Seguro que no esperaba que yo me alejase de allí, pero era harto incómodo que hablaran él de pie y ella sentada, encima con mi presencia allí mismo, así que enseguida me levanté de la silla diciéndole a Carmen que iba al servicio y vi como él la ocupaba mientras yo ya me alejaba de ellos. Por supuesto no me fui al servicio, sino que me quedé en la puerta de entrada mirando mi móvil y echando una ojeada de vez en cuando a esa última mesa, donde podía ver solo la cara de él que no dejaba de charlar con ella, al tiempo que gesticulaba mucho con los brazos. Los dos minutos se dilataron por cerca de un cuarto de hora, momento en el que se incorporó para despedirse de ella, que también lo hizo para darse dos besos en las mejillas con él.

-¿Qué tal? -Le pregunté nada más recuperar mi asiento.

Ella se encontraba muy tranquila en apariencia, aunque suponía que la procesión la llevaría por dentro.

-Bien, te tengo que contar muchas cosas, pero preferiría hacerlo fuera de aquí, así que mejor nos vamos a otro bar de copas que no esté muy lleno.

Sin llegar a probar siquiera la bebida, dejé pagada las mismas y nos marchamos de aquel local, curiosamente el tal Richard no estaba visible cuando salimos. En diez minutos encontramos un nuevo pub de características similares al de su ex. Pudimos elegir una mesa que aparentaba más tranquilidad y después de servirnos el camarero, nos dispusimos a hablar sobre lo que nos interesaba en esos momentos.

-No sé por dónde empezar, -me decía ella-,  es que hemos hablado mucho tiempo.

-Empieza por el principio, todo el mundo dice lo mismo ante esa tesitura.

Ella se echó a reír más por soltar nervios que por la gracia que le hacía aquella frase.

-Está bien, -me respondió soltando todo el aire que le sobraba en los pulmones-, a ver, con aquella chica por la que me dejó, no siguió, estuvieron un par de meses y lo dejaron, después hubo otra más y ahora está viviendo con una tercera desde hace unos seis meses, aquí muy cerca de donde trabaja, en realidad el piso es del dueño del pub, que se lo tiene alquilado. Ella trabaja de funcionaria en el ayuntamiento y es cuatro años menor que él. Yo también le he contado que tú has sido la única persona que he conocido después de lo que tuvimos nosotros dos y que vivimos en tu casa, también que eres viudo porque tu mujer falleció hace cuatro años en un accidente de tráfico. En fin, poco más hemos hablado sobre nosotros.

-Bueno pues si es así, no hay más que hablar, salvo que recuerdes algo que sea importante de contarme.

-Poco más, solo algo sobre nuestra situación actual, que se arrepintió mucho de haberme dejado por aquella tía que no merecía la pena, según sus palabras y que lo he dejado muy impresionado por lo guapa que me ve.

-¿Le has correspondido diciéndole cómo lo ves tú a él? -Le pregunté.

-No, qué le voy a decir. ¡Ah! También nos hemos dado los teléfonos por si se nos ocurre charlar algo más de vez en cuando.

-En definitiva, ¿Has saciado ya tu curiosidad o crees que todavía os queda algo más que hablar?

-Sí, ya sé todo lo que deseaba conocer. En cuanto a hablar más, no creo. Yo no lo pienso llamar, desde luego que no.

-Pero te has quedado con su número de teléfono y él con el tuyo, igual quedáis algún día, vamos si él te llama, claro.

-No sé si me llama algún día para quedar y tomarnos un café, tampoco veo nada malo en ello, ahora se puede decir que hemos quedado como amigos.

-Carmen un exnovio como él con las vejaciones que te hizo, nunca te citará como un amigo y tú lo sabes bien. Este tío no es de quedar para tomar un café.

-¿Julián me estás diciendo que si quedo con él sería para echar un polvo?

-Mujer, lo que te digo es que mejor no quedes nunca más con él. No veo la necesidad de que sigáis manteniendo ningún contacto más, seguro que tratará de convencerte por todos los medios para que vuelvas con él.

Ahí quedó la cosa, yo afirmándome en los malos augurios y ella negándolos. Tres días más tarde la estaba llamando, aunque Carmen tuvo la decencia esta primera vez de decírmelo.

La había llamado cuando estaba a punto de salir del trabajo poco antes de las tres de la tarde, quedando los dos en comer juntos en un local de comida rápida que había algo apartado de las zonas por donde solían moverse los dos. Me envió un mensaje para que lo supiera y cuando llegué a casa ya estaba allí como acostumbraba a hacerlo siempre. Cierto es que no estaba de buen humor, confiaba en ella plenamente pero no en ese cabrón de mierda que seguro que se la querría volver a follar. Cuando nos vimos le di un escueto pico en los labios y le dije que subía a ducharme y ponerme ropa cómoda, sin que ella requiriera tampoco más de mi presencia.

Al parecer la propia ducha me relajó el cuerpo y la mente, así que me senté a su lado en el sofá donde estaba viendo un programa de cocina de la tele que ella seguía todos los días y tapándole la visión con mi cabeza le solté un morreo de los que hacían época.

-Perdona, pero es que venía un poco tenso por lo de la llamada de tu ex, pero ya se me ha pasado y te agradezco que me avisaras de ese encuentro.

Ella me miró algo preocupada y cogió el mando de la tele para apagarla.

-Llevabas tú razón, -me dijo casi sin inmutarse-, me ha llegado a proponer que nos fuésemos al apartamento del dueño del pub adonde tenía que ir a recoger unas cosas y que estaba a dos pasos de la cafetería donde tomamos café. En la pizzería no me dijo nada, nos limitamos a comer y poco más porque había mucha gente. Cuando me negué en redondo se puso un poco borde, pero era lo que había, luego me pidió perdón porque todo era muy precipitado, que ya lo veríamos más adelante.

Toda esa información me la soltó de una tacada y yo no le dije nada, me conformaba con que me lo contara todo. Al menos ese día no me puso los cuernos según me contaba y yo debía creerla.

-Veo que guardas silencio, pero te has quedado muy preocupado y yo prefiero que me digas lo que piensas y no te lo guardes solo para ti. -Me requirió ella.

-Prefiero que primero me digas que piensas hacer de aquí en adelante, si es que lo tienes claro.

-Imagino que no querrás que vuelva a quedar con él. -Me respondió.

-Verás Carmen, yo no te voy a prohibir que quedes con ese individuo ni con nadie cuando a ti te apetezca, eres libre de hacer lo que creas conveniente y hasta puedo entender que sigas sintiendo algo por él.

-No sé qué me quieres decir, cariño.

-Carmen es muy sencillo, me acabas de decir que ha quedado contigo con la intención de echarte un polvo y que, si hoy no lo ha conseguido, lo seguirá intentando más adelante.

-Pero no lo conseguirá nunca cielo, de eso puedes estar seguro.

-Está bien, a ver cuánto tarda en proponértelo de nuevo, anda vamos a hacernos algo de cenar.

A mediados de la siguiente semana me dio de nuevo el aviso de que había quedado para comer con Richard. No le presté más atención y cuando llegué esa tarde a casa ni saqué el tema, si tenía algo que contarme que tomara ella la iniciativa y al final lo hizo cuando ya estábamos los dos en la cama.

-¿No me vas a preguntar cómo me ha ido con Richard? -Me dijo.

-Supongo que si no me has contado nada es porque todo habrá ido más o menos como la primera vez y que tú te habrás negado nuevamente a irte a la cama con él. ¿Ha habido algo más acaso?

-Toda ha sido así, pero al final me ha querido meter mano en la cafetería y lo he mandado a hacer puñetas.

-¡Ah! ¿sí? -Le dije por si quería seguir contándome.

-Sí, al entrar en la cafetería colocó su mano en mi cintura hasta que llegamos a la mesa y cuando me fui a sentar me dio un cachete en el culo. No le dije nada porque tampoco es que se hubiese pasado y luego se pidió un pacharán y mientras se tomaba la copa, me fue tocando los muslos y hasta me rozó una teta, todo muy disimulado. Por último, depositó unas llaves en la mesa diciéndome que eran las del apartamento que se encontraba a menos de doscientos metros de allí. Después me cogió mi mano y la puso encima de su paquete y ahí fue cuando me enfadé de verdad y me fui.

-¿La próxima cita qué va a pasar? Igual le acompañas para ver como es el apartamento.

-¿Estás loco? -Me respondió-, ni de coña, eso no va a pasar nunca, ya te lo dije.

Pues esa noche no tenía pensado follar con Carmen, pero no sé cómo noté que estaba algo cachondo y terminé echando un buen polvo con ella.

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