ONACAT

El Proxy (IV)

Esa noche, Carlos me llama, estamos un buen rato hablando, me da su voto en persona. Coincide con Edu. Le comento las preguntas sobre mi casa y mi cuarto, Carlos me dice que no me preocupe tanto, que me deje llevar.

Eso quiere decir, o al menos quiero pensar que Carlos está al tanto de los planes de Edu. Me tranquiliza en cierta manera.

Nos masturbamos por teléfono antes de dormir. Hasta el sábado no lo veré.

Miércoles

El día sin suje. Estoy nerviosa, pese a saber que, controlando mis movimientos, la cosa estará más o menos bajo control.

En cuando me pongo de nuevo la camiseta, me parece más arriesgado que ayer.

Ayer quería ser sexy para ellos, hoy… estoy nerviosa. 

En el bus me encuentro con aquellos chicos, quizás cambie un poco el horario de mañana. Me miran, pero parecen inofensivos, no sé. Cuando bajo, oigo los típicos silbidos.

Edu aún no ha llegado, así que espero hasta que aparece, de nuevo, su padre lo acerca. Cuando paran, yo me acerco. La ventanilla está bajada.

– “Buenos días, Señor Martínez.” Le digo, apoyada de ese modo, soy consciente de que estoy mostrando un buen escote.  Los nervios aligeran un poco en cuanto comienzo a jugar.

– “Buenos días, Cristina. qué madrugadora. Antes Edu era siempre el primero.”

– “A quien madruga…” Dejo la frase sin acabar. 

Noto que sus ojos se mueven de mi cara a mi escote. Finalmente me aparto de la puerta y Edu sale.

– “Hasta la noche Papá.”

– “Hasta la noche hijo, Cristina, un placer.”

– “Igualmente Sr. Martínez.”

Tal y como su padre arranca, me cae un fuerte azote en culo.

– “Provocando a mi padre?”

– “Lo siento…”  Le digo mirándole a los ojos, parece serio.

– “Supongo que él se tendrá que hacer una paja, pero tú me la vas a chupar ahora mismo, ¡vamos!”

Toda la seriedad desaparece cuando comienzo a comérsela. Aguanta más, y la corrida también es importante.  Mientras lo hago, el soba mis tetas bajo la camiseta. Dice que le encanta lo holgada que es.

Minutos más tarde, comienzan a llegar los chicos mientras mis pezones apuntan a través de la camiseta.

 Les resulta imposible no mirar, así que me he de hacer la tonta. Está claro que no llevo nada debajo. Sería imposible, según me muevo, pueden ver el lateral de mis tetas.

 Me pregunto si será demasiado, realmente, me llevo un montón de miradas, alumnos y profesores, aunque estos últimos, en su mayoría son más discretos.

¿Y esto cómo me afecta a mí? Mojada… como de costumbre, a veces pienso que tendría que ir al médico.

 ‘Doctor, mi coño se moja con mucha facilidad, ¿es normal?’

Va a ser un largo día. Y no me correré. Soy consciente de ello desde que abrí los ojos por la mañana.

 El lunes, cuando Edu me tenía caliente como una perra en celo, cambié un castigo de un día por dos. Ni miércoles ni viernes, los dos días sin suje, los dos días más chungos para mí. 

 Mierda, porque tenía que pensar en el lunes…

 Las primeras horas de clase son tranquilas, logro concentrarme en las mismas, y no pensar mucho en lo que ven o dejan de ver quienes me rodean. 

 A la hora del Almuerzo, Edu está allí, como de costumbre. El tío del bar me echa un buen repaso. Luego, una vez en la silla, noto la mano de Edu entre mis piernas.

 – “Como lo llevas?”

– “Mejor de lo que pensaba, se momento. ¿Se ve mucho?”

– “Psee. si te fijas mucho, en ciertos momentos se te ve pezón, pero vamos, hay que fijarse mucho y no creo que nadie se queje.” Joder, que cabrón, ahí está, sonriente.

– “Pero tú lo has hecho?” Le pregunto.

– “Para comprobar si lo que decían era verdad.” 

– “Joder…” Me quedo preocupada, ya está, es cuestión de tiempo que alguien me eche bronca por vestir en plan puteril.

Sus dedos no paran de moverse. La braguita ya está a un lado, y yo trato de concentrarme en el bocadillo. Implacables, sus dos dedos entran en mí.

– “Edu…” Comienzo mientras miro preocupada a mi alrededor. No sé si están ciegos o tontos, no entiendo que no se den cuenta. Me muerdo los labios tratando que disimular. 

–  “Sabes que no tienes permiso para correrte, ¿verdad?” Me dice en un tono de voz medio. la tele está encendida con las noticias, y el volumen es algo. El resto de gente, supongo que tienen sus propias conversaciones.

– “S. Si, lo se Edu.” Respondo al tiempo que resoplo al notar su dedo acariciando mi clítoris. Joder, sin tocarlo, sé que está chorreando.

– “La falda…” Le digo con miedo.

– “Puedes secarla.” me dice con sorna.

– “Quieres que pare?” Pregunta.

– “S.…si…”  Joder., no! pero si no me voy a correr igualmente, mejor para ya…

– “Si, ¿qué?”

– “S…. Si, Edu… Paaaaaaara, por favoooooor” respondo con voz temblorosa. El cabrón no para.

– “Esta tarde va a ser peor, no parare, te calentarás, y te irás a casa sin haberte corrido. ¿Qué te parece?”

– “E… Es mi castigo…” Digo, y muerdo de nuevo mis labios, fuerte, hasta el punto en que noto un sabor salado en mi boca. 

Detiene su mano, pero sus dedos siguen ahí dentro, quietos.

 – “Exacto, es tu castigo, si te portas bien hoy, quizás mañana puedas, si no, nada… hasta el sábado. ¿Serás buena?” 

– “Asiento. S. Si Edu, seré buena.”

Sonríe, saca sus dedos de mí y los pone en mis labios. Esta vez ni miro alrededor, me da igual. Chupo esos dedos como si no hubiera mañana, los chupo hasta que Edu los retira de mi boca.

 – “Ves al baño y arréglate, te espero.”

Me levanto y voy. una vez allí miro la falda, por suerte es una de estas tejanas, con esa camiseta no muchas cosas van bien. Me miro en el espejo y aún estoy colorada. Tras refrescarme la cara, entro en un reservado y me seco un poco.  Necesito unos segundos más para tranquilizarme antes de Salir. 

 Edu está ya en la puerta. Me pongo a su lado.

 – “Vamos.” Me dice con una palmada en el culo. Ni me giro a ver si nos han visto. Qué más da.

La siguiente clase la pasó entre nervios, pero más o menos bien, entonces, hemos de movernos para ir al laboratorio.

 Ocupamos nuestro sitio habitual, y el profesor, como de costumbre empieza con la teoría. Yo trato de mantenerme erguida sobre el taburete. Se que tendré que agacharme, y si en clase normal, ya han podido ver, no puedo ni pensar en lo fácil que lo tendrán.

 Así que, durante las prácticas, soy más consciente que nunca de las miradas, la gente se agacha, mira de reojo, recoge cosas. Los veo hacer mil cosas diferentes. 

 Supongo que únicamente estoy paranoica. 

 Me suena el móvil, no puedo mirarlo, no en clase. Edu me mira y sonríe el móvil en su mano. ¿Ha sido el?, ¿Una foto? ¿Una puta foto en clase? y si le pillan… ¿Y si le confiscan el móvil?

 No le han pillado, pero yo estoy casi histérica. El profesor se acerca, nos hace un par de preguntas. De nuevo, tan solo me mira de paso. En cierto modo me frustra. ¿Es gay? No sé, por qué me molesta que no me mire. ‘Joder… ¡Qué coño me pasa!’

 Para cuando termina el laboratorio me doy cuenta de mi respiración, está acelerada, estoy hasta sudando, y no es por el calor.

 Creo que todos me miran, que todos hablan. ‘Son solo un par de tetas, Cris, todos han visto algunas, ni que sea en video.’ Voy pensando mientras camino por el pasillo.

 Los chicos van charlando, yo asiento, aún encerrada en mi mundo. Luego, una vez en clase me dejo caer sobre mi silla.

 Al menos, el día pasa sin que me llamen la atención en el instituto. Después de un trayecto en bus sin incidentes llegamos a su casa.

 Ya en su cuarto, lo veo sentarse en su silla. 

– “Al entrar en este cuarto te descalzas siempre, ¿entendido? “  

– “Si, Edu, como mandes.” Respondo cómo creo que le gustará al tiempo que me descalzo.

– “Ven aquí.” Me ordena, enseñándome los dos dedos que suele usar para masturbarme. Camino hacia él, y pongo mi sexo sobre esos dos dedos. 

Aunque no estoy muy mojada, el mero hecho de que me toque ya comienza a excitarme lentamente. Me masajea durante unos segundos antes de retirar la mano.

 “Falda y bragas fuera.” Lo hago allí mismo, quedándome desnuda de cintura para abajo ante él. Sus ojos se clavan en mi sexo. Siento su cara, muy cerca.

Su mano se acerca, y de pronto, comienza a manipularlo. Separa los labios, los estira y empuja. No parece que lo haga para excitarme, sino para… examinarlo.

– “Sabes dónde está la cocina?”

– “S… Si.”

– “Encima del fregadero, en el armario, hay un bote nuevo de crema de cacao, tráelo.”

Lo miro. “¿Así?”

– “Si, claro, Así.”

Miro a la puerta, respiro y salgo de allí. ¿Medio desnuda en una casa que no es la mía, estamos solos, pero… por cuánto tiempo? no puedo evitar pensar que su padre quizás llega antes. Si me pilla allí, de ese modo…

Llego a la cocina, abro el armario y cojo lo que me ha ordenado, luego, corro de nuevo a la habitación.

Estira la mano, y le entrego la crema.

– “De rodillas y quítame los zapatos.” Me ordena señalando el suelo frente a él. 

La habitación tiene una gruesa alfombra en esa zona, de modo, que no resulta incómodo el arrodillarme. Uno tras otra le quito sus deportivas.

– “Manos a la espalda.” Me ordena, Y acto seguido, comienza a acariciar mis pechos con su pie. Entre su calcetín, y mi camiseta, no hay mucho contacto. Su pie recorre mi cuerpo, muslos, barriga, sube de nuevo a mis pechos y llega a mi cuello.

– “El calcetín.” Me ordena, dando unos golpecitos en mis labios. Cojo un trozo con los dientes, y estiro. Pronto veo que por ahí no haré nada, cojo más arriba, en su topillo, allí estiro, y logro bajarlo hasta el talón. 

Edu me mira divertido, no mueve el pie, pero tampoco ayuda.  

– “Cuidado no me vayas a morder, ¿eh?” ¡Joder, porque es tan difícil!

Cojo de nuevo la tela, y estiro, esta vez, una vez ya pasado el talón es más fácil, no se encalla, así que sigo estirando hasta que su pie quedó finalmente libre.

Lo miro un poco desafiante.

– “Ahora el otro.” Me dice moviendo su otro pie ante mi cara.

Algo más tarde tengo dos calcetines a mi lado, y dos pies desnudos en mí.

Se levanta, y frente a mí se quita los pantalones. “Manos arriba.” Me ordena, y mi camiseta va fuera, luego se sienta de nuevo.

Se entretiene un rato acariciando mi cuerpo con sus pies. Es una sensación rara. Especialmente cuando llega a mi sexo, sentir su pie allí. Es algo… sucio en cierta medida, a la vez que excitante.

Coge el frasco de crema, y se pone un poco en su mano, luego, la acerca a mis labios.

– “Solo la lengua.” Paso la lengua tal y como me ordena, hasta que queda limpia.

– “Te gusta?” Asiento. “Si.” Añado, aunque es un pelín dulce, no es empalagosa. 

Acto seguido veo como pone la misma crema sobre su pie izquierdo, una generosa cantidad.

– “Mejor que no caiga al suelo.” En su calzoncillo veo el bulto de su erección, no hace ningún intento de ocultarlo, veo como se recuesta un poco hacia atrás, mientras yo comienzo a recoger la crema con mi lengua.

Mantener las manos a mi espalda es un reto. Y trato de llegar a todas las zonas que ha cubierto. Poco a poco veo el pie más limpio, entonces, cuando creo que he acabado, pone un poco más de crema en su pierna.

Yo voy limpiando, y la crema va subiendo, rodillas, muslos. Me mira. Levanta un poco el culo, y baja sus calzoncillos. Su polla salta inmediatamente ante mi cara. 

– “Termina tú.” Su voz tiembla un poco. Por un segundo noto su inseguridad. Cojo la tela con mis dientes, y estiro, el me ayuda, moviendo sus piernas de modo que pueda hacerlo. 

Termino, y lo miro, aún con sus calzoncillos colgando de mi boca. El me mira. 

“¿Estás mojada?”

Asiento. Aún no he soltado su ropa. Coge la crema, con una mano levanta su polla, y aplica una generosa dosis a la parte superior de sus muslos y huevos. Veo que hay una toalla bajo el.

Cuando mi lengua alcanza sus huevos, noto como se estremece. Algún que otro pelo no es excusa, me aplico a la tarea, lamiendo la zona a conciencia, mientras le oigo gemir. Luego echa más crema directamente sobre su polla, crema que también recojo gota tras gota.

Uno de sus pies se sitúa entre mis piernas, lo aprieta contra mi sexo.

– “Frótate contra mi pierna.” Lo hago, sin dejar de lado su polla, comienzo un vaivén lento pero enérgico, noto su pierna en mi sexo, no es una mano, ni una boca, mucho menos una polla, pero hace su efecto. Aunque no hay peligro inmediato de que me vaya a correr.

Por orden suya dejo de lamer y comienzo a chupar, una mamada en toda regla, pero sin manos. Una mamada mientras sigo rozándome como un perrillo. El pensamiento me calienta más, es algo sucio, no debería hacerlo. Pero ahí estoy.

Por como sujeta mi cabeza, sé que se va a correr pronto, sigo moviéndome, pero mantengo la polla dentro, en un punto en que sé podré tragarlo todo.

Finalmente se corre, noto su esperma en mi boca, pero sigo moviéndome, arriba y abajo, notando el calor de su pierna contra mi propio calor. Pronto noto como su polla pierde dureza.

Estoy segura de que se volvería a poner dura en minutos si tan solo siguiera en mi boca.

Tras unos segundos, aparta mi cabeza.

– “Buena chica.” Me dice a la vez que acaricia mi mejilla y retira su pierna.

Suavemente me recoloca hasta mi posición de rodillas frente a él. 

– “Sabes que no puedo dejar que te corras hoy, ¿verdad?” Pregunta, yo asiento.

– “Si Edu, lo sé.”

– “Sabes que no sería un castigo si no te hiciera sufrir, ¿verdad?” Dice Edu, y yo, asiento de nuevo.

Se levanta, durante segundos, su polla está frente a mi cara, luego se pone los calzoncillos. Lo pierdo de vista, momentos más tarde está a mi espalda. Pone algo sobre mis ojos, una venda. Me dejo hacer, la ata por detrás.

– “De momento dejaré tus manos libres, pero si las intentas usar, te las ataré, ¿entendido?” Me susurra. 

Me hace tumbar, supongo que en el sofá. Sitúa sus manos sobre mi cabeza, es algo incómodo, pero las dejo ahí.

 Noto algo en mis labios.

– “Pruébalo.” Me ordena, lo hago, es la crema, luego, noto esa substancia viscosa en mi nariz.

“Q.… qué?” Me ha lamido la nariz… mierda, ya se… s… 

Aplica la crema en mi frente, en mis labios, en mi cuello, luego va bajando, dejando crema aquí y allá. Joder….

Oigo el zumbido, en cuanto noto su mano, separo las piernas para él. Creo que deja el vibrador allí, haciendo contacto para que haga efecto.

– “Si te corres, el castigo durará el fin de semana entero, incluso con Carlos, ¿entiendes?”

Asiento, ¿Qué puedo hacer? Noto su aliento en mi pecho, su lengua, comienza a lamer mi pecho. Otro gemido más, no se detiene, su lengua sigue, baja por mi vientre, se detiene en mi ombligo, llega a mi pubis.

Aprieto mis piernas, lo que hace que el vibrador haga aún más efecto. Aprieto mis dientes, su lengua sube, llega hasta mi otro pecho, noto sus labios.  Sus dientes, muerde y estira suavemente mi pezón arrancándome otro suspiro.

Joder… Aparta el vibrador, me hace abrir las piernas, su mano alcanza mi sexo.

– “Suerte de la toalla, eh, ¿Cris?” Dice. Noto movimiento, algo grande entre mis piernas, algo con pelo, solo entonces, algo cálido, Un beso en la parte interior de mis muslos, luego, una lengua, recorre el camino hasta mi coño.

– “Edu… N.… no…” Sus dedos, sus dedos me abren, exponiéndolo todo, le oigo respirar durante unos segundos. “No te muevas.” Me ordena.

No sé qué hace, se aleja durante unos segundos, lo oigo moverse, lo noto, luego de nuevo contacto, el vibrador, esta vez lo aplica directamente sobre mi clítoris, 

– “Joder!” Suelto en voz alta. ‘Mierda.’ Pienso, bueno si tiene que castigarme, lo hará. Sigue jugueteando por ahí abajo, a veces, también alcanza mis pechos

– “Edu…. No podré.” 

– “Shhht… aguanta, un poco más.”

El vibrador me sigue estimulando, lo aplica aquí y allá, como experimentando con mi coño mientras yo trato de contener lo inevitable. 

“Edu… P. por… f” No puedo seguir, sé que es cuestión de segundos, me voy a correr, joder, creo que, aunque Edu pare, todo seguirá su curso. Entonces, para, y sorprendentemente puedo contenerlo. Me quedo ahí, quieta, frustrada, pero orgullosa de mí misma.

Noto como Edu me ayuda a sentarme. Luego algo en mis labios. Duro, Así, sin ver nada, abro mi boca y le dejo entrar para mi tercera mamada del día. Luego, nos quedamos tal cual, en el sofá, yo desnuda, él en su ropa interior.

– “A qué hora llega tu padre?” Le pregunto. Él mira el reloj.

– «En unos 20 minutos.»

– «¿Puedo darme una ducha?” El asiente.

– “Si, claro.” 

– “Gracias!”

Voy a la ducha, y la acabo con agua fría, eso ayuda, sé que por la noche querré masturbarme. No lo haré, sería hacer trampas. 

Cuando salgo, él ya está vestido, mi ropa esta sobre una silla. Se me queda mirando por unos segundos.

– “Puedo vestirme ya?” Le pregunto. 

– «Menos los zapatos, recuérdalo.» Me responde.

– “Fetichista de pies?” Pregunto.

Se encoge de hombros.

– “Si tu padre me ve hoy también, sospechará, ¿no?”

– “Supongo… te preocupa?”

– “No… Para nada.”

– “De todos modos, mejor si vamos en bus, una cosa es que te encuentre en casa, otra, que te encuentre en casa recién duchada y con el pelo aún mojado.” Dice al fin con algo de sorna. ‘Joder, ¿cierto!’ Pienso.

Edu me acompaña al bus, hasta mi parada, allí nos despedimos y veo como él va a coger un bus de vuelta, sé que le supondrá un buen rato.

Parece que llego pronto y en casa no hay nadie. Marina ya se ha marchado dejando la cena preparada, pero ni rastro de mi familia. 

Mejor, menos sospechas. Me pongo un pijama de modo que no se extrañen por el pelo en caso de que no se haya secado aun cuando lleguen, luego, me siento en mi cuarto a ver la tele un rato. A ver si distrayéndome un poco… Al poco ya estoy pensando.

Mañana vendrán Edu y compañía a casa y aún no sé lo que pretende Edu. Decido ir a arreglar un poco la habitación, supongo que estaremos bien. Mi escritorio es grande, tengo alguna silla de más, luego, unos pufs y un sofá pequeño. 

Por suerte mi habitación es grande. Aunque supongo que Marina preferiría que nos quedáramos en el Salón. Me imagino que se preocupara, yo sola con tres chicos en mi dormitorio… Si supiera…

Mañana por la mañana me despertaré un poco antes para repasar mi depilación no vaya a ser que… 

A mis padres no les digo nada, mejor pedir perdón que pedir permiso. Si Marina no se lo ha dicho, yo tampoco lo haré. Además, ya soy mayorcita, joder.

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