ECONOMISTA

5​

La terapia de pareja les había funcionado de maravilla. Paloma sentía que Andrés volvía a estar enamorado de ella, que habían recuperado esa pasión de cuando eran novios y además apenas discutían. Ya solo les quedaba cerrar viejas heridas.

Pero su marido se lo estaba poniendo complicado. Otra vez iba a tener que rememorar lo que pasó con Víctor, y es que Andrés le había pedido que el sábado se vistiera igual que aquella fatídica noche en la que le fue infiel con su mejor amigo.

Había reservado el mismo hotel y el restaurante donde cenaron en su anterior salida. Ella solo tenía que cumplir su parte del pacto. Ponerse la blusa y la falda que llevaba en el congreso de médicos de Barcelona cuando estuvo a punto de follar con Víctor.

Abrió el armario, tenía las dos prendas perfectamente planchadas y guardadas en la misma percha, acarició la tela de la falda con los dedos y luego cerró la puerta. Solo quería comprobar que su vestuario estaba perfecto.

Se miró frente al espejo, aquella noche estaba sola, Andrés tenía guardia en el hospital y ya había acostado a las niñas. Llevaba puesta una bata de cama de satén de color negro bastante corta. Era elegante hasta cuando estaba en casa y debajo solo llevaba un conjunto de lencería negra con encajes.

Se abrió la bata para mirarse frente al espejo, se veía estupenda a sus 46 años. Sus tetas seguían luciendo grandes y poderosas como cuando era joven, había echado un poco de cadera, tenía el culo más gordo y los brazos más anchos, pero eso le daba un aspecto todavía más sensual.

No entendía por qué su marido quería hacerla pasar otra vez por ese mal trago. Ella no estaba muy convencida, eso lo único que podía hacer era remover el pasado contra el que tanto habían luchado, habían sido muchos meses de terapia de pareja y ahora, una vez superada, tenía que volver a revivir aquello.

Le había advertido a Andrés que sería la última vez que lo iban a hacer. Internamente sabía que el motivo que le había llevado a aceptar su propuesta fue la fantástica noche de sexo que tuvo con su marido en aquel desangelado hotel. Jamás había sentido esa pasión tan intensa con Andrés. Ni tan siquiera cuando eran jóvenes y estaban con las hormonas a mil.

Nunca el sexo con él había sido tan bueno.

Y eso es lo que más le preocupaba a Paloma, no sabía por qué había disfrutado tanto de aquella noche de sexo. Andrés estaba como loco, la miraba con deseo, tenía fuego en los ojos, la tocaba como si fuera la primera vez que lo hacía. Sentía la poderosa excitación que desprendía su marido. Estaba claro que él estaba reviviendo lo que había hecho Víctor.

Hizo lo mismo que él en Barcelona, la puso sobre la mesa y le abrió la blusa hacia los lados descubriendo sus grandes pechos. Luego le subió la falda y se puso igual que su entonces mejor amigo. Al final se dejaron llevar y follaron con desesperación sobre la mesa del hotel. Ni tan siquiera utilizaron la cama.

Paloma se seguía mirando frente al espejo de su habitación, estaba encendida y se acarició las tetas por encima del sujetador. Se acordó como, después de cenar, su marido la había llevado a tomar una copa a un bar de jóvenes y éstos la miraban con deseo. Se volvió a sentir una mujer atractiva, poderosa. Todos se giraban para ver su cuerpazo. Con aquella blusa sin sujetador no pasaba desapercibida en ningún sitio y sus pezones se empezaron a poner duros con el solo roce de la tela. Cuanto más se excitaba más sensible se le ponían los pechos.

Y cuando llegaron al hotel estaba tan caliente que se dejó hacer. No la importó que su marido imitara a Víctor. De hecho la puso fuera de sí que lo hiciera. Paloma no había podido olvidar esa noche con Andrés. Tampoco la que pasó con Víctor.

Se sentó en la cama y abrió el cajón de la ropa interior, buscando entre sus braguitas las que había llevado esas dos noches. Las tenía reservadas junto a la blusa y la falda. Se las iba a volver a poner el sábado.

Se tumbó en la cama y abrió las piernas. Hacía mucho tiempo que no se masturbaba, pero aquella noche le apetecía hacerlo. Llevaba unos días nerviosa, alterada, excitada, inquieta, con la tensión por las nubes. Y no se podía calmar con nada. Al final no se acarició e intentó concentrarse en otra cosa.

Se quitó la bata y se metió la cama. Estuvo leyendo un rato la última novela de Mikel Santiago y cuando le entró sueño se quedó dormida hasta el día siguiente.

Solo quedaban cuatro días para la noche del sábado.

6


Se levantó sin apenas hacer ruido. Había quedado muy pronto para que viniera a recogerla el taxista senegalés que la solía llevar a todas partes. Entró en la habitación para vestirse, yo ya me iba a levantar para prepararme y llevar a las niñas al cole.

―Buenos días… me visto rápido y me voy ―dijo Claudia.
―Me vas llamando a ver qué tal te va el día.
―Espero no volver muy tarde… tenemos una reunión por la mañana, comida y luego hacer unos actos en el ayuntamiento y por las calle del pueblo…
―Vale, nosotros aquí estaremos en casa, ten cuidado…
―¿Cuidado?
―Sí, ya sabes con quién…
―Con Basilio…
―Exacto.
―Tranquilo, no va a pasar nada ―dijo Claudia con total seguridad.

Se puso unos vaqueros ajustados, camisa blanca, americana y zapatos de tacón. Un look muy sobrio y elegante. Se estuvo un rato maquillando en el baño y cuando terminó me dio un beso antes de despedirse de las niñas. Ya estaba esperando el taxi en la puerta.

Me asomé a la ventana, Modou había salido del coche y estaba de pie junto al vehículo. Apenas había reparado en él, pero ya llevaba unos meses siendo el taxista de confianza de Claudia. No es que fuera muy alto, sobre 1,75, delgado, muy fibrado, pelo corto, iba muy bien vestido, con unos Levi’s, unas deportivas blancas y un polo de color azul. Era un chico bastante atractivo y me pregunté si mi mujer habría tenido fantasías con él. Seguro que sí.

Enseguida vi a Claudia aparecer y cuando Modou se dio cuenta que no llevaba maleta se montó en el coche después de saludarla con la mano.

Últimamente me estaba obsesionando demasiado, cualquiera me parecía un posible candidato para follársela. Y es que Claudia me había dado motivos para ello. Se había dejado masturbar por Gonzalo, que por aquel entonces era el marido de su hermana, había follado con Víctor delante de mí, había tonteado con el viejo director del instituto, había traspasado la línea roja que dijo que nunca iba a traspasar, la de enrollarse con un alumno, al que había pajeado en el portal de su mejor amiga Mariola, con la que también se estaba viendo en una aventura lésbica que me tenía descolocado por completo. Y no solo eso, también se había dejado follar por su nuevo jefe, Basilio y ahora iba a tener que estar viajando con él casi dos meses debido a la campaña electoral, a saber qué más podría hacer con él y por último el pasado fin de semana se había follado a un chico que acababa de conocer en un bar.

Total, ya eran tres los tíos que se habían follado a mi mujer, eso sin contar al affair con Gonzalo, los tonteos con Don Pedro o la paja a su alumno. A lo que había que sumar que llevaba unas semanas acostándose también con Mariola, su mejor amiga.

Aquello me excitaba y me daba miedo a partes iguales. Estaba pasando todo tan rápido que en cualquier momento la situación se nos podía escapar de las manos. Los encuentros con Víctor habían sido puntuales y espaciados en el tiempo, pero eso había cambiado, ahora sabía que prácticamente cualquier día podía pasar algo, o bien con su jefe, o alguna tarde con Mariola o una noche de fiesta como la del pasado sábado.

Lo de Basilio tampoco llegaba a entenderlo muy bien, me parecía muy raro que Claudia se hubiera dejado follar así por él. Apenas había puesto resistencia cuando él se lanzó en la habitación del hotel. Lo escuché todo por el móvil, además, en parte fue culpa mía, pues era el que había convencido a Claudia de que fuera a su habitación a altas horas de la madrugada. Prácticamente la había empujado a sus garras.

Y ahora sabía que era cuestión de tiempo que Basilio volviera a follarse a mi mujer, a pesar de que ella lo negaba con rotundidad cada vez que se lo preguntaba.

Sobre las once de la mañana dejó su mesa recogida y pasó por el despacho de Basilio.

―Nos está esperando el taxi…

Efectivamente, Modou estaba en el parking de la Consejería de Educación. Basilio y Claudia se sentaron en el asiento de atrás, era un viaje corto, apenas 45 minutos hasta el pueblo al que iban a ir. El senegalés les dejó en el Ayuntamiento y luego quedaron con él para que volviera a recogerles.

―Luego te llamo y te digo a qué hora tienes que venir… ―le dijo Claudia.
―Estaré pendiente para cuando me llame usted…
―Que no me llames de usted… venga hasta luego.

Cuando se bajaron del coche Basilio le dijo a Claudia.

―Has tenido muy buena idea en que nos traiga un negro, así no pueden decir que somos racistas y todas esas tonterías que se escuchan, no queremos que nos relacionen con ningún partido de extremos…

A Claudia le pareció bastante racista y desafortunado el comentario, pero ni tan siquiera le contestó. El alcalde del pueblo había salido a recibirlos, y como no, era amigo de Basilio, con el que se dio un abrazo. Con él iba una concejal que también conocía a su jefe.

―Bueno, esta es Claudia, es coordinadora de formación a nivel territorial… es la sobrina de Goyo.
―Anda, la sobrina de Goyo, encantado de conocerte, he oído hablar muy bien de ti.

A Claudia no le gustó nada la presentación, no sabía por qué Basilio había tenido que decir eso. Era restarle méritos a su trabajo. Ella se consideraba perfectamente preparada para ese puesto y además lo estaba haciendo muy bien.

―Bueno, pasad dentro por favor.

Entonces Basilio hizo su gesto característico de dejar pasar primero a Claudia señalando el camino con la mano y con el otro brazo rodeó tímidamente su cintura para entrar detrás de ella. Era el primer contacto que tenían desde que se habían acostado en el hotel de Madrid. No duró mucho, aunque Claudia otras veces siempre lo había interpretado como un gesto de educación esta vez lo sintió distinto. Fue solo una percepción, pero no estaba equivocada.

El alcalde hablaba y hablaba, Basilio con las dos manos a su espalda asentía sin hacerle mucho caso a lo que decía, su cabeza estaba distraída en Claudia. Solo podía pensar en Claudia. Se estaba volviendo loco con ella. Había sido un pequeño roce en su espalda, pero su cuerpo había reaccionado involuntariamente y ya tenía una erección bajo los pantalones. No era nada apropiado andar por el Ayuntamiento con semejante empalmada, pero iba a ser muy difícil que se le bajara si no dejaba de mirar el culo y las piernas que lucía Claudia con ese ajustadísimo pantalón vaquero.

El día fue una tortura para él y más cuando Claudia se quitó la americana para comer. Apenas llevaba un botón desabrochado, pero Basilio se deleitó con el escote que ella mostraba. Aquellas tetas eran formidables.

Todo lo tenía bien puesto, no podía ser más guapa, tenía unos buenos pechos y un culo pequeño, redondo y duro. Además, vestía muy bien, era educada, lista y con mucha clase. Nunca se había sentido atraído así por ninguna mujer.

Apenas pasó tiempo con ella a solas y no pudieron hablar casi nada, aunque estuvo toda la tarde pendiente de Claudia, no dejó de mirar su culo, sus piernas, cada gesto que hacía, cómo sonreía, cómo hablaba, cómo se movía. Sabía que había tenido mucha suerte, uno no se folla todos los días a una mujer como Claudia y él aquella noche se comportó como un necio. No disfrutó del encuentro, ni tan siquiera pudo ver el cuerpo desnudo de Claudia, se puso sobre ella y se la metió para correrse dentro casi inmediatamente. Luego la echó de la habitación de muy malas maneras, dejándola completamente confundida por lo que acababa de pasar. Ahora ansiaba un nuevo encuentro con ella, tenía que follársela otra vez y estos dos meses iban a pasar mucho tiempo juntos. Solo tenía que encontrar una nueva oportunidad.

Estuvo todo el día pensando esas cosas, estaba excitado, tenso, molesto, le apretaba hasta el nudo de la corbata. Claudia le sorprendió un par de veces mientras él la miraba fijamente. No se la podía sacar de la cabeza.

A media tarde pasó a recogerles Modou y los llevó hasta su casa. El día siguiente prácticamente fue lo mismo. En el viaje de vuelta hablaron un poco dentro del taxi, el ambiente entre ellos era raro. Claudia no se encontraba cómoda después de haberse acostado con él y Basilio estaba distinto, ahora ella sí que percibía en su jefe como la miraba con una fuerte atracción sexual.

Tenía una mirada sucia y libidinosa que Basilio ni tan siquiera disimulaba.

Le dejó primero a Basilio en su casa y luego llevó a Claudia hasta la suya. Cuando llegaron, Modou se bajó rápidamente del coche para abrirle la puerta.

―No te molestes, no tienes por qué hacer eso.
―No pasa nada, señora. Muchas gracias por todo.

Desde la ventana observé como el senegalés le hacía una pequeña reverencia a mi mujer cuando se bajó del coche. Era el segundo día que pasaba con Basilio y yo estaba impaciente porque Claudia me contara qué tal le había ido.

Me sentí un poco decepcionado cuando Claudia me dijo que, otra vez, no había pasado nada con Basilio. Después de saludar a las niñas y estar un rato con ellas se subió a la habitación.

―Ufff, me apetece una buena ducha… menos mal que ya estamos a jueves… ―dijo empezándose a quitar la ropa.
―He visto cómo se ha bajado el morenito a abrirte la puerta del taxi…
―¿Modou?
―Sí, supongo, no sé su nombre…
―Le llamo siempre, es mi taxista de confianza…
―Sí, ya le había visto otras veces… ¿te gusta?
―¿Quién? ¿Modou?, jajajaja, noooo…
―Nunca hemos fantaseado con eso, ya sabes lo que dicen…
―Fantaseado con qué…
―¿Pues con qué va a ser?, con un negro…
―¡David!, de verdad, no empieces otra vez, nada más entrar por la puerta me preguntas lo de mi jefe, ahora que si he fantaseado con Modou… espérate por lo menos hasta el sábado… te prometo que hablamos de lo que quieras, pero hoy no.
―Lo siento, Claudia.

Me pegó un buen corte, yo pensé que después de haber pasado todo el día con Basilio le apetecería morbosear un poco, pero ya vi que estaba equivocado. Al menos me había prometido que la noche del sábado iba a ser para nosotros. Todavía me tocaba esperar un par de días.

El viernes por la mañana llegó Claudia a la Consejería, al rato apareció Basilio que se metió en su despacho sin apenas decir nada y sobre las doce fue al despacho de Claudia con una hoja.

―Esta es la agenda de la semana que viene… tenemos que ir a estos sitios… viaje el martes, jueves y el viernes nos quedamos a cenar con el alcalde, ya hemos concertado la cita, tendremos que quedarnos a dormir allí, no hace falta que busques ningún hotel, ya he hablado con el alcalde y nos ha buscado dos habitaciones en un hotelito muy cerca de donde vamos a cenar.

Claudia se quedó muy sorprendida de que Basilio se hubiera hecho cargo de la agenda, era algo que solía hacer ella habitualmente, además ya estaba organizada y no incluía esa cena del viernes y mucho menos tenerse que quedar a dormir en ningún pueblo. Era un cambio de última hora que había hecho su jefe.

¿Qué pretendía Basilio?

Estaban claros sus planes. Quería pasar la noche con ella, es verdad que la última vez había terminado de manera sorprendente, pero Claudia se dijo a sí misma que no podía volver a dejarse follar por ese personaje.

De repente sonó el teléfono.

―Hola, Claudia te llamo del club de pádel, me dijiste que estabas interesada en dar clases y estamos cerrando un grupo para los viernes por la noche, a las 22:00, no sé qué tal te viene…
―Uffff, Silvia, muchas gracias, pero en esta época me viene fatal, ya sé que te dije que ese día me vendría bien, pero ahora… algunos días sí que podría ir, pero otros muchos no, de todas formas, ¿cuándo empezarían las clases?
―Pues hoy mismo si quieres, ya hay tres chicas en el grupo y contigo serían cuatro. Mira, vamos a hacer una cosa, si quieres te reservo plaza en este grupo y los días que puedas venir pues perfecto.
―No quiero estropear las clases… voy a faltar muchos días…
―No pasa nada, Claudia, yo te meto y cuando no vengas pues la recuperas otro día, ¿te parece bien?
―Lo tendría que pensar… mmmm, no sé, bueno, Silvia, venga que sí que voy, esta noche empiezo a las 22:00.
―Pues perfecto, Claudia, hasta esta noche.

Como había quedado con la dueña del club, por la noche fue a su primera clase de pádel. Era un horario que le gustaba, aunque era un poco tarde al día siguiente no tenía que madrugar y era una buena manera de cerrar la semana haciendo ejercicio y desconectando del trabajo. Conocía a las otras tres chicas del club, aunque la monitora que le iba a dar las clases llevaba poco tiempo. Se llamaba María, era una rubia con pelo largo, muy alta y guapa, con cara aniñada, sobre 1,80, tetas pequeñas, pero con unas piernas y un culo de impresión. Los tíos se quedaban pillados mientras ella avanzaba por el pasillo del club empujando el carro de bolas, varios se giraron para mirarle el culo. La falda era tan corta que incluso se le veía el culotte que llevaba debajo.

Entró Claudia a la cafetería y de repente se encontró con Lucas que acababa de jugar un partido. Se quedó un poco sorprendida, lo mismo que él, pues no esperaban verse.

―Hola, Claudia… ¿a jugar un partido?
―Tengo clases, a ver qué tal, empiezo hoy con la chica ésta…
―Con María, dicen que es muy buena profesora, juega muy bien…
―No la conocía, bueno, Lucas… voy a comprar un botellín agua…
―Espere, ehhhhh, me gustaría hablar con usted, tenemos una conversación pendiente…

Claudia miró a los lados, por suerte a esas horas apenas había gente en el club, no le gustaba nada que uno de sus alumnos la abordara así tan descaradamente.

―¡Ahora no!, no es el sitio ni el momento, además ya te dije que no teníamos nada de qué hablar…
―Yo creo que sí, vamos a hacer una cosa, me voy duchando y tal y luego la espero fuera…
―¡Qué no!, ni se te ocurra esperarme, no voy a hablar contigo…
―Por favor, Claudia, ¡¡es importante!!, tenemos que hablar, ya sabe… lo que pasó…

Volvió a mirar a los lados y se acercó al chico agarrándole por el brazo.

―¡Que te he dicho que aquí no, joder! ―luego se giró bruscamente y se dirigió a la barra a pedir el agua.

Empezó la clase de pádel, pero la conversación con Lucas le había dejado intranquila, no quería tener que soportar esa clase de acoso en el club cada vez que se encontrara con Lucas. Le hubiera gustado decirle cuatro cosas bien dichas, pero tampoco quería montar un numerito. Lo que le faltaba para terminar la semana.

Al finalizar la clase, recogió rápido y con el paletero al hombro salió sin tan siquiera ducharse. Eran las 23:00 de la noche y el polígono industrial donde se encontraba el club estaba vacío. Se dirigió a su coche y se dio cuenta que mientras se acercaba se encendieron las luces del coche que estaba detrás del suyo. Era un Clio azul que arrancó y se puso en doble fila junto al suyo. Se abrió la ventanilla y Lucas sacó la cabeza.

―La estaba esperando…

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s