ISA HDEZ

Se vistió rápido, tenía prisa por salir a buscarlo entre la multitud. Sabía que era difícil verlo porque él tenía obligaciones indecibles, pero entre los dos había una complicidad secreta. No importaba las vueltas que tuviera que dar para encontrarlo, a nadie le interesaba su vida, solo necesitaban mirarse. Con los ojos se lo decían todo, se llenaban el corazón y sentían la maravilla de las mariposas en el estómago. Con ello se conformaban, no iba a pasar nada más, todo estaba claro entre ellos.

 Olivia parecía una adolescente, estilizada, con el traje de volantes de colores y la cara transformada, vistosa y maquillada con los mismos colores de vestido; se miraba al espejo y se gustaba. El pelo negro azabache, lo llevaba suelto, le caía hasta los hombros, lo adornó con purpurina y relucía como la noche con destellos estrellados al movimiento grácil de su cabeza; los ojos castaños, pintados de negro y dorado resaltaban como los de una diva. Su sonrisa de nácar era lo que más le gustaba a él, surgía espontánea entre sus labios carnosos pintados de rojo escarlata y, resaltaba en su cara como un manantial de alegría que transformaba cualquier ambiente hostil en ameno, afable y armonioso. Toda ella era un torbellino que iluminaba cualquier lugar.

Las calles del recinto abarrotadas, la ciudad engalanada, Celia Cruz cantando con la orquesta Los Billos Caracas Boys y, Olivia, con su amiga de siempre, daban vueltas y abrían paso entre los apretujones de la gente que bailaba animosa, como si liberaran las penas de todo el año, gozando el Carnaval. En todo el apogeo lo vio de frente, destacaba su elegante figura entre la muchedumbre, con aquellos ojos brunos, profundos, clavados hasta lo más recóndito de su alma. Olivia se quedó traspasada, extasiada, se movía al vaivén de la gente. Ambos disimulaban y se rozaban fundiéndose en un abrazo trémulo, como amigable, con las manos al aire para que no se notara nada, pero se transmitían el sentimiento que solo ellos conocían. Los dos temblaban de emoción, no podían dejar de mirarse atraídos como un imán, henchidos, embelesados, pero una ráfaga de movimientos en el baile los separó y, ya no se volvieron a encontrar.

Un comentario sobre “Noche de carnaval

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s