ROM19

Capítulo 4

Julián

Estábamos pasando por una buena época en nuestras vidas, teniendo en cuenta lo que los dos habíamos sufrido no hacía tanto tiempo por culpa de nuestras parejas. Carmen no dejaba de decirme lo enamorada que estaba de mí y yo fui aprendiendo a responderle en los mismos términos poco a poco, porque no terminaba de olvidarme de mi mujer a la que en el fondo seguía amando.

¿Pero es que hubiese sido capaz de perdonarla en vida si ella me lo confesase todo? Que se acostaba con su jefe frecuentemente y con sus dos compañeros de oficina con la misma cadencia. ¿Es que por tal de seguir con ella consentiría los cuernos que me ponía? No sé, igual si dejaba ese trabajo y me prometiera fidelidad desde ese momento, seguro que la perdonaría. ¿Y si no dejaba su trabajo porque prefería seguir follando con los tres? ¡Joder! Con lo bien que me encontraba en esos momentos, mientras Carmen se apoyaba en mi pecho medio dormida intentando seguir la serie de la tele. Me estaba metiendo en un berenjenal mental yo mismo sin ninguna necesidad.

Lo que sí tenía claro es que ya no sería nunca más un aguafiestas como me llamaba mi mujer cuando abandonábamos la casa de uno de mis amigos, mientras ellos se preparaban para pasar la noche follando como cuatro descosidos. Seguramente eso fue lo que la incitó a ponerme los cuernos una primera vez y al ver que no pasaba nada y que además lo disfrutaba, ya no paró y se buscó más amantes para no caer en la rutina de hacerlo siempre con la misma persona.

No me estaba enterando de lo que ocurría en aquel episodio de aquella serie, pero me dieron ganas de apretar a Carmen contra mi pecho, tenía la necesidad de sentir su calor, de tenerla allí conmigo dispuesta a dármelo todo si yo se lo pedía. Ella se espabiló enseguida y giró su cara hacia mí con una sonrisa que parecía más una interrogación por saber qué motivaba mi apretón espontáneo.

-¿Te puedo hacer una pregunta? -Le espeté.

-Claro cariño, -me respondió de inmediato incorporando su cuerpo para sentarse contra el espaldar del sofá y poder mirarme a la cara-, ¿De qué se trata?

-¿Tú me pondrías los cuernos si la ocasión te fuera propicia? Respóndeme con sinceridad.

Ella se quedó alucinada con la pregunta que le hacía, la verdad que de todo punto inesperada para cualquiera en aquel contexto en que nos encontrábamos.

-Yo nunca te pondría los cuernos, cielo, primero porque estoy enamorada de ti y segundo porque tú me das el mejor sexo que he tenido en mi vida. Y si se trata solo de sexo, ya sabes que lo puedo tener con nuestros amigos si quisiera y no veo porqué tendría que follar con otro tío. -Me dijo muy convencida.

-Pero si un guaperas te lo pusiera muy fácil, ¿Lo harías?

-No lo creo… es que ahora no me hago a la idea de hacer algo así. ¿Estabas pensando en tu mujer? -Me preguntó sospechando por donde venían mis pensamientos.

-Sí, no sé por qué me ha venido a la mente lo que me hizo antes de lo que ocurrió aquella tarde. En el fondo me da un poco de miedo que eso pueda volver a repetirse. No me engañes nunca Carmen, confía siempre en mí y no tendrás que hacerlo, cielo.

-Me dejas un poco confusa cielo, no sé si me quieres decir que si me acuesto con otro, pero te lo cuento, no te vas a molestar.

Era verdad que mi frase final daba lugar a su razonamiento y ahora el confundido era yo. ¿Pero como es que seguía con esos planteamientos? Tendría que ser más claro con ella, no podía dejar que siguiera pensando que no me importaría que se fuera a la cama con otro. ¿Coño! Otra vez me había empalmado y esta vez no pude evitar que ella lo notara, por lo que empecé a amasarle las tetas para justificar mi incipiente excitación.

-Nunca te engañaré Julián, jamás cariño, estando contigo no necesito a nadie más. -Terminó por decirme.

Dimos por zanjado este asunto y ella se giró hacia mí para darme un abrazo y un mordisco en el cuello. Luego me susurró al oído, como si le diera vergüenza decirlo en voz alta.

-Mañana he quedado con mi prima para hablar de los viernes.

Me dejó sorprendido que lo hiciera tan pronto, pues solo hacía un par de días de nuestra conversación.

-Me alegro mucho de que des ese paso, seguro que se te van a aclarar las ideas antes de tomar una decisión. ¿Dónde habéis quedado?

-En su casa, iré a verle mañana por la tarde.

-Pues ponte guapa y llévate puesta una lencería sexy, porque como ande por allí Félix, seguro que no sales indemne. -Le dije con unas risas que ella no secundó.

-Mira que eres animal, además que ellos siempre han sido muy respetuosos conmigo y mañana no lo van a ser menos. -Me respondió algo más relajada.

El aviso provocó que mi empalme permaneciera ya de forma determinante hasta que acabamos de echar ese polvo que ahora se me hizo inevitable.

Al día siguiente llamé por la mañana a mi amigo Félix para advertirle de la visita de Carmen a su casa y que estaría bien que se presentara allí y le diera ese empujón que le hacía falta para integrarse en nuestros intercambios.

…/…

Carmen

Acabo de cumplir los 33 años y actualmente vivo con mi novio Julián de 35, viudo desde hace casi cuatro años por culpa de un accidente de tráfico donde falleció su esposa Sofía, junto con el dueño de la empresa donde trabajaba, que era el conductor y con el que llevaba un tiempo poniéndole los cuernos.

Quiero hacer hincapié en lo que escribo a continuación, porque creo que al final va a tener mucho que ver con lo que actualmente me está ocurriendo entre mi exnovio y yo misma y es que en más de una ocasión me ha confesado que si lo hubiese sabido antes del accidente, habría puesto todo de su parte para que ella confiara en él y no le fuese engañando por ahí.

Lo lógico sería que, si se enteraba de la infidelidad de su esposa, que además se la pegaba con otros dos compañeros de trabajo, reaccionara con un enfado tremendo que incluso desembocara en un posible divorcio, pero no, él trataría de convencerla para que ella comenzara a portarse bien y no le fuera tan infiel.

Como ya sabéis, mi relación anterior fue un desastre por culpa del animal que me tocó en suerte como pareja y que aguanté lo que aguanté porque a pesar de todo yo estaba muy enamorada de él, pero es que me hizo cosas que eran imposibles de soportarlas y en dos ocasiones llegué a hacer la maleta para marcharme de la casa, pero entonces se volvía súper cariñoso conmigo, ponía cara de bueno y me convencía de que aquello no volvería a repetirse y yo naturalmente lo creía o lo quería creer. Así procuraba comportarse conmigo los siguientes días, a veces más de una semana y luego volvía a hacerme una de las suyas.

Una noche llegó algo pasado de copas acompañado de Agustín, su amigo inseparable de toda la vida que también venía algo puesto, por lo que se quedaría a dormir en nuestro adosado. No llevábamos ni quince minutos en la cama cuando Richard se levantó para ir a la cocina, según él, regresando al momento con Agustín que se sentó en los pies de la cama mientras él volvía a tumbarse a mi lado. Cuando me di cuenta de la presencia de su amigo, él ya me estaba follando después de haberme dejado prácticamente desnuda para que el otro me pudiera ver bien y fue porque en medio del acto noté las manos de su amigo sobándome las nalgas. Quise dar un salto y escabullirme de la cama, pero Richard no me soltaba y ya sin ningún tipo de disimulo Agustín que estaba desnudo, comenzó a agarrarme las tetas. En medio del forcejeo vio que la polla de mi novio se salió de mi interior y aprovechó la ocasión para meter la suya. No tenía nada que hacer agarrada por ellos dos y pensé que, ya que Richard quería que me follara su amigo, lo mejor sería disfrutarlo porque además el cabrón poseía una buena herramienta y follaba muy bien. Al final los tres terminamos agotados quedándonos dormidos en la misma cama. Por la mañana Agustín se había quitado de en medio y yo hice mi primera maleta baldía.

Unos diez días después llegaron a casa más o menos como la vez anterior y directamente me desnudaron en el mismo salón ya con muy poca resistencia por mi parte, hasta el punto que cuando me estaba follando Agustín a cuatro patas le dije a mi novio que su amigo sí que me follaba bien y no como él que era un picha corta y un eyaculador precoz, pero el cabrón sabía que se lo decía para joderlo y volvieron a follarme hasta caer desplomados en la cama.

Por la mañana me levanté antes que ellos y preparé el desayuno para los tres.

-¿Vas a volver esta noche? -Le pregunté algo melosa a Agustín, mirándole a la cara e ignorando totalmente a mi novio.

Mi única vestimenta era una camiseta de verano que yo procuraba que se subiera muy arriba de mis muslos. Cuando cruzaba las piernas, dejaba ver parte de mi intimidad y por arriba le mostraba más teta de lo normal. Esa fue la última vez en nuestra relación que mi novio llegó a casa acompañado de su amigo.

Poco más tarde supe que estaba embarazada porque me faltaba la regla y por lo mal que me encontraba casi todas las mañanas. Después de confirmarlo con un test que compré en la farmacia, se lo comuniqué a mi novio en una cena que preparé con velas y todo. Cuando pensaba que se llevaría una gran alegría, su reacción fue la de tratarme de puta, que el padre sería Agustín o vete tú a saber quién y que de él no podía ser porque era estéril por unas paperas que cogió de pequeño.

Llegó a convencerme de que el padre tenía que ser su amigo, pues él no podía haber engendrado ese hijo. Luego fui a la ginecóloga que me pertenecía por la seguridad social y me dijo que estaba de algo más de dos meses, por lo que el único que me podía haber dejado embarazada era Richard. Cuando llegué a casa le armé un follón de mil demonios por negar su paternidad de aquella manera tan sucia. Primero aceptó el rapapolvo estoicamente y dos días más tarde comenzó a decirme que no era el momento para que tuviésemos un hijo, que a ver si más adelante, en un par de años o así sería ideal y que lo mejor que podía hacer en esos momentos era que abortara porque aquel bebé nos llevaría a la ruina. Después arreció en su negativa a que siguiera con el embarazo y terminó diciéndome que él me dejaría si no abortaba, que eso era un problema que se solucionaba en un rato y que todo iría bien. Al final me vi en la clínica de donde salí con aquel vacío en el cuerpo del que todavía me estoy arrepintiendo y que me ha causado no pocos llantos. Unos días más tarde hice mi segunda maleta, que él con buenas palabras me volvió a convencer que la deshiciera. Un mes más tarde, ante mi total incredulidad, cuando volví a casa me encontré conque el que había hecho la maleta había sido él. Lo único suyo que dejó fue una nota en la que me decía que había encontrado a la mujer que iba a ser el gran amor de su vida y que prefería irse de mi lado antes de serme infiel con otra. Luego me enteré de que llevaba más de seis meses poniéndome los cuernos con aquella mujer y con alguna otra más.

Entonces no tuve más remedio que buscar un cambio de aire tratando de salir de mi pueblo, pues no podía seguir allí humillándome una y otra vez viendo a Richard acompañado de su nueva pareja, así que me puse en contacto con Marta que era lo más parecido a un familiar que tuviera en la capital y bendita la hora en que acerté a recurrir a ella. Junto a Félix, su marido, me hizo acudir a su hogar donde me acogieron como si de una hermana se tratara. Nunca terminaré de agradecerles esa ayuda desinteresada que me ofrecieron. Allí estuve unos meses con ellos hasta que Marcelo su gran amigo me encontró un trabajo en una compañía de seguros, además con la suerte de que a las tres de la tarde acababa mi jornada laboral todos los días.

Con ese nuevo trabajo me pude independizar por fin aprovechando la oportunidad para irme a vivir con una compañera de la oficina, compartiendo piso con ella hasta que al final Julián me pidió que me fuera a vivir con él. Dicho así parecería que ha transcurrido cinco años de todo eso, pero la verdad es que todo sucedió muy rápido desde que llegué a la capital hace ahora algo más de un año.

Durante mi estancia en casa de Marta a la que suelo llamar prima muchas veces, pude observar que todos los viernes se ausentaban y no regresaban hasta el sábado por la tarde. Un día nos sentamos a merendar en el salón y me lo explicó todo, que llevaban años intercambiándose todos los viernes los dos matrimonios y que en alguno que otro le añadían un hombre soltero, pero que últimamente lo habían cambiado por Julián.

A partir de ese día ya no se cortaban cuando Marcelo y Sonia se llegaban a nuestra casa. Aquella familiaridad en el trato entre ellos me levantaba la lívido y no eran pocas las veces que tenía que aliviarme después de ver cómo se insinuaban o se rozaban entre risas.

Viviendo en casa de mi prima fue cuando conocí a Julián, mi novio actual y del que me enamoré nada más verle la primera vez y no es porque sea mi novio, pero que ni comparado con un efebo romano, vamos… un perfecto adonis, al menos para mí. Y si guapo y atractivo se ve con ese porte que tiene de casi 1,90 de estatura, más buena persona es y mejor trato tiene con todo el mundo y también conmigo, nada que ver con el desalmado de mi ex al que mejora en todo, incluido como no, en eso de hacer el amor y follar, que para mí son dos cosas distintas. No voy a decir aquí que con Richard no disfrutaba, que lo hacía y mucho porque en eso la verdad es que era bueno, quizás en lo único.

Marta y Sonia me hablaban mucho de él, de las virtudes que atesoraba y que no se merecía lo que le llegó a hacer la infiel de su mujer. Pero él no quería saber nada de ninguna mujer en aquellos momentos, por lo que ni se fijaba en mí cuando iba a nuestra casa para charlar con Félix. Julián estaba un rato, se tomaba una cerveza con nosotros mientras conversábamos de nuestras cosas y luego se marchaba dejándome un vacío enorme.

Poco después fue cuando Marcelo me encontró trabajo en la compañía de seguros y el día que me mudé al piso que compartí con mi compañera de oficina, fue casi una tragedia para Marta que no quería que me fuera de allí, pero tampoco era plan que me afincara en el hogar de ellos pudiendo hacerlo por mi cuenta sin ningún problema. También tengo que reseñar mi agradecimiento hacia mi prima, que me actualizó prácticamente todo el vestuario durante ese tiempo sin dejar que yo pagara ni un céntimo.

Ahí fue donde comencé a intimar con Julián al llevarme en muchas ocasiones a mi piso en su coche, cuando ambos nos marchábamos de casa de Marta. Poco después empezamos a salir y a quedar entre nosotros, unas veces en mi apartamento y las más en su casa que era más espaciosa y mejor equipada en todos los aspectos, sobre todo en lo que se refiere a la cocina y al cuarto de aseo que no tenían nada que ver con lo que disponía en mi apartamento compartido y lo que disfruto ahora en ese jacuzzi que es un lujo. Tampoco pasó mucho tiempo para que él me pidiera que me fuera a vivir a su casa, formalizándose desde ese momento nuestra relación como pareja.

Cuando llegué a casa de mi prima no me anduve por las ramas y le expliqué en pocas palabras el motivo por el que había ido a hablar con ella y todas las dudas que tenía para poder tomar una decisión.

-Una cosa es que sepa lo que hacéis y otra muy distinta es participar yo también en esas orgías de los viernes. -Le dije como final de mis planteamientos.

-Carmen a mí me pasó lo mismo antes de hacerlo la primera vez, pero después de hablarlo entre los cuatro, determinamos de hacer una prueba. Luego si la experiencia provocaba algún rechazo en uno de nosotros, no lo repetiríamos hasta que lo pidiera expresamente quien lo hubiese sufrido.

-¿Y cómo fue esa experiencia? -Le pregunté a mi prima.

-Nadie se opuso a repetirlo otra vez, aunque no creas que todo salió perfecto a la primera, pero eso se fue corrigiendo en nuestros siguientes encuentros y ahora todos estamos deseando durante la semana que llegue el viernes.

-¿Y fueron muchas las cosas que no salieron bien al principio? Dime algunas de ellas.

Mi prima se echó a reír ante mi pregunta, pero me respondió con sinceridad deseando aclararme todas mis dudas.

-En general hicimos lo que nos habíamos propuesto antes de empezar, o sea que follamos como descosidos hasta quedarnos sin fuerzas para seguir. El problema era que no nos implicamos más que en hacer exactamente eso. Por ejemplo, Marcelo y yo no llegamos a besarnos hasta nuestro tercer encuentro. Lo de tocarnos Sonia y yo, eso fue peor, porque pasaron otros tantos viernes antes de hacerlo. En fin, que nos costó algún tiempo avanzar hasta el punto donde nos encontramos ahora.

-¿Y no tenéis relaciones nunca durante el resto de los días?

-Claro que sí cielo, lo hacemos cuando queremos, lo de los viernes es como una regla para no excedernos más de la cuenta y así tenernos más ganas esperando que llegue ese día. Además, que tiene la ventaja de que el sábado no trabajamos, por lo que no tenemos límite de hora durante esas noches.

En esas estábamos cuando llegó Félix que nos saludó y se sentó con nosotras en el sofá quedando yo en medio de los dos. Primero nos habló un poco de su jornada de trabajo y de unos problemas que tuvo, pero luego se centró más en nosotras.

-Me encanta que vengas a vernos Carmen, por cierto, que cada día estás más guapa, menudo bombón se ha llevado el cabrón de Julián. -Me soltó con unas risas y un apretón en mi muslo que fue un visto y no visto, por lo que no se lo tuve en cuenta y compartimos esas risas.

-Félix, que mi novio tampoco es moco de pavo y pienso que yo no he salido mal parada con él, ¿No te parece? -Le respondí dándole un cachete en su muslo en contra prestación al toque que me dio antes.

-Claro preciosa, ¿Que te voy a decir yo y sobre todo mi esposa? Que lo disfrutamos todas las semanas.

-Pues de eso estábamos hablando cuando tú has llegado, -le respondió mi prima-, sabes que han decidido vivir juntos y se están planteando qué hacer con nuestros encuentros.

-Lo malo para vosotros es que él no va a poder venir mientras lo decidimos, no estaría bien que él se fuera una noche cada semana y volviera al otro día harto de… estar con vosotros. -Les dije.

-Joder Carmen, -volvió a intervenir Félix-, no me digas que Julián no va a venir este viernes. Habrá que buscar una solución ¿No?

Esta vez repitió el apretón en mi muslo con la variante que dejó su mano encima de él.

-¿Qué haces? -Le pregunté mirando hacia esa mano que no terminaba de quitarme de encima.

-Ah, ¡La mano…! Pues nada, no hago nada, solo es una muestra de cariño y para que vayas cogiendo confianza…

Me dejó estupefacta con esta última frase el muy caradura y encima su mano se escurrió por entre mis muslos para acariciarlos casi impúdicamente. Yo no sabía qué hacer ni qué decirle, solo miré hacia mi prima que me sonreía con ojos muy pícaros.

-Déjale mujer, que mira cómo está el muy canalla. -Me dijo llevando su mirada y mano al bulto que tenía Félix en el pantalón.

-Pero… -Dudaba yo sin poder reaccionar todavía.

Al volverse hacia su marido las tetas de Marta se aplastaron contra las mías. Era otro contacto inesperado y totalmente nuevo para mí. Sentí vergüenza por aceptarlo sin decirle nada, pero es que esa presión suave en mis pechos me encantaba, por lo que tampoco le iba a pedir que parara. En un minuto aproximadamente ambos volvieron a acomodarse contra el respaldo del sofá, dejando de tocarme justo cuando ya comenzaba a calentarme como una zorra.

-Ufff… qué cabrones sois los dos, -les dije mirando cómo aguantaban las risas-, sí, sí, poner cara de no haber roto un plato en vuestra vida. ¿Eso ha sido un adelanto de lo que me vais a hacer si vengo el viernes con mi novio?

-Si no te hemos hecho nada, -me dijo Félix mientras me desabotonaba el primer botón de la camisa-, ¿No tienes calor?

Eso no era normal y si él se atrevía a buscarme las cosquillas de esa manera tan decidida, tenía que ser porque Julián le habría dado permiso, así que no le puse ninguna objeción, ni le pondría ninguna más si quería seguir atreviéndose hasta donde quisiera. Tampoco es que tardara mucho en desabrochar los dos botones siguientes y abrir por entero la camisa para dejar un escotazo enorme donde se podía apreciar el sujetador más sugerente que tenía en mi armario. Yo misma le tomé la mano y la introduje por dentro de él para que pudiera apreciar la textura de mi teta. Me estaba calentando y con lo fogosa que soy, ya no quería que se parara hasta disfrutar de una primera relación completa con ellos.

Fue Marta la que sin decir nada, se puso de pie y cogiéndome de la mano me guió hasta el dormitorio de ellos. Allí me quitó la camisa y la falda, haciendo lo propio ella misma, mientras Félix se desnudaba por su cuenta. La verdad es que mi actitud era muy decidida y valiente, pero por dentro estaba hecha un flan por los nervios que atenazaban mi estómago. Pero quería seguir adelante, pasar la prueba y obtener un sobresaliente. Por mantener mi relación con Julián sería capaz de dejarme follar por cien tíos, uno detrás de otro.

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