MÓNICA PALOMO

Para cuando se dio cuenta, ya lo tenía encima de ella mirándola fijamente con sus grandes ojos grises de luna llena.

Por instinto, ella echó su cuerpo hacia atrás hasta topar con los grandes almohadones de un suave estampado lila de orquídeas, que descansaban sobre una cabecera color caoba dándole un aspecto cálido y festivo a su cama.

Al verla, se dejó caer rendida de cansancio por el trajinar del día, que no había sido cosa fácil de sobrellevar.

Entrecerró los ojos lánguidamente y con una interrogante que se le antojó innecesaria porque esa escena se repetía todos los días muy de madrugada cuando ni siquiera aún cantaba el gallo, lo mismo que al caer la tarde; invariablemente la situación se convertía en un continuo déjà vu.

Él, al percatarse que sus requerimientos no eran atendidos de manera inmediata empezaba a comportarse de manera extravagante.

Al principio su llamado era suave como de súplica, pareciera un niño implorando clemencia a la madre por haber cometido una travesura, más luego ese gesto se convertía en algo más. Se transformaba en algo fúrico, desesperado, parecía casi gritar “Aquí estoy, escucha lo que digo”.

¡Dame, te exijo que me des!

A lo que ella despertando de su letargo reaccionaba enfadada:

—No tengo marido para que alguien venga a reclamar, a exigir algo que no se ha Ganado —decía a viva voz —No te daré nada! —agregó, poniendo punto final a la solicitud.

Mientras tanto se desplazaba contrariado por toda la casa, aventando cosas o lo que alcanzará a derribar en su camino.

—Así menos te daré, en el pedir está el dar.

Debieron pasar quince o veinte minutos hasta que él, cansado de sus ires y venires, volvía a su pedido inicial.

Suavemente se acercó a ella y con su mirada suplicó una especie de perdón.

Al percibir el cambio de actitud en él, ella también hizo lo propio.

—Lo siento, toma.

Y así con singular alegría y un ronco ronroneo comenzó a devorar las croquetas servidas en el blanco tazón que tenía rotulado su nombre.

Mientras ella sonreía, en voz baja, dijo:

—Come, gatito, come.

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