ALMUTAMID

Pensé que lo ocurrido el fin de semana cambiaría la actitud de Sol pero aunque ya no venía a mi habitación en los desayunos y las cenas se comportaba de manera normal. Me alegraba que todo hubiera quedado en eso. La que me preocupaba era Ángela. Estaba arisca y esquiva conmigo. Teníamos una conversación pendiente pero no tenía ganas de afrontarla esos días.

En realidad estaba más preocupado por Alba. Aunque habíamos hablado por mensaje estaba poco habladora. Esa conversación estaba pendiente y me dolía más que la de Ángela. De hecho, me vi desubicado en la residencia por momentos, así que comprobando el calendario y a poco más de dos semanas del puente de la Inmaculada decidí que no me iba a suponer un gasto especial irme el viernes a casa y pasar el fin de semana allí. Pregunté a Pablo por sus planes y a Viqui, pues no quería decirla a Alba que iba a ir y que le pillara por sorpresa.

Ya con la decisión tomada pasé el resto de la semana más relajado, incluso cuando Miriam empezó con los agobios de las entregas de trabajo empeñada en que sin Marta no nos iban a salir tan bien como el curso anterior. Eso generó que me tocara quedar con ella dos tardes seguidas. Y efectivamente era difícil que salieran como el curso anterior si se pasaba toda la tarde chismorreando entreteniéndose en vez de concentrándose en la tarea. Llegué a decirle que cada uno hacía su parte por separado y sólo conseguí que se refrenara un poco.

Para no quedar mal con Mamen le dije que ese fin de semana volvía a casa. Por la frialdad con la que me deseó buen viaje di por hecho que no tenía intención de haber quedado conmigo esos días. Sin embargo sí tuve la duda de si tenía que avisar a Mónica o no. Al final creí correcto avisarla por si nos cruzábamos por la calle, pero le dije que no sé si tendría tiempo de quedar, a lo que me respondió diciéndome cuando estaba libre por si me venía bien. Estaba claro que le apetecía verme.

El jueves tocaba partido. Visto como estaba el equipo el empate que sacamos no estuvo mal. Los postpartidos habían recuperado su esplendor como una reunión de gran parte de la facultad en el pub irlandés de siempre. El que me tenía sorprendido era Dani, parecía obsesionado con Martina. Yo admito que tras el polvo con Mamen me había relajado un tanto en mis ganas de tontear con el otro sexo. Pero el capitán del equipo casi me rogó que le diera palique a Ana y algo más diciéndome:

-Luis, sería un puntazo que te camelaras a Anita. Si te la follas a lo mejor Martina se deja llevar. No me puedo creer que ese bombón me esté provocando constantemente pero después me frena cada vez que intento algo.
-A lo mejor está pensando en otro tipo de relación.
-A todas les gusta follar, como a nosotros. Y si quiere otra cosa que me lo diga. Pero antes de Navidad te juro que me la tiro…
-Yo te ayudo pero no creo que Ana esté tampoco muy dispuesta a enrollarse conmigo sólo porque tú te quieras tirar a su amiga.-le respondí.
-A esa niña te digo yo que le va el tema, sólo tienes que apretarla.
-Paso de ponerme aquí en plan descarado con ella delante de todo el mundo- me justifiqué- Organiza una quedada de los cuatro y ahí si quieres te echo una mano.
-Dalo por hecho…

El optimismo de Dani me sorprendió a pesar de su propia desconfianza ante la actitud de la niña. No me preocupó su desafío pues la verdad es que no veía yo a las niñas abiertas a una encerrona así a pesar de que los jueves no se separaban apenas de nosotros. Pero sin dar señales de nada más.

Relajado me subí el viernes por la mañana en el tren, más económico que el autobús aunque fuese más lento. De hecho madrugué para coger el primero de la mañana y estar antes del mediodía en casa. Una casa que estaba vacía cuando llegué directamente de la estación para soltar el escaso equipaje que llevaba. Mis padres sabían que iba. Tenía tres horas antes de comer y se me ocurrió volver a presentarme para buscar a Alba. Así la pillaría a solar y por sorpresa.

Y así fue. Cuando me vio en la puerta de su facultad se le iluminó la cara con una sonrisa. Estaba guapísima y eso que solo llevaba unos vaqueros y una sudadera sencilla. Parecía que se le había pasado aquello que tuviera conmigo y me dio un abrazo preguntándome:

-Pero, ¿qué haces aquí? Si no es puente…
-Me apetecía estar con mis amigos. Y como estabas rara…-me expliqué.
-Rara. Anda ya, jajaja. ¿Qué hacemos?
-No tengo mucho tiempo. He quedado a comer con mis padres pero me apetecía verte antes.
-Vale, espera un momento.

Alba se retiró a hablar un momento con un grupo de compañeros a los que recordaba de la última vez que había ido a buscarla y que saludé con la mano. Al momento se vino conmigo y me dijo:

-Vamos a tomarnos una cerveza al solecito y después busco a la peña para tomar tapear con ellos.
-Vale- respondí encantado de ver que Alba no parecía tener nada raro conmigo como había sospechado las semanas anteriores.

Nos fuimos a un bar cercano a su facultad lleno de estudiantes a esa hora de un viernes todos de pie o sentados en mesas y taburetes al sol. Nosotros conseguimos una mesa alta con taburetes y me fui al interior del local a pedir dos cervezas grandes bien frías. Nos contamos nuestras semanas pero yo no me quedaba tranquilo si no le decía lo que pensaba:

-Te he notado rara desde que nos vimos el día que quedé con Mónica a tomar café. Y me gustaría saber qué te pasaba.
-Nada Luis. No es contigo. Son cosas mías.
-Pero para eso estamos los amigos.- insistí- Joder, si este verano cuando yo estaba tan mal sólo faltó que me limpiarais el culo. Que menos que preocuparme por ti.
-Jajajaja, calla- rio poniéndose colorada- En serio, que no era contigo, son cosas mías, de verdad. Que me alegro mucho de que hayas venido. Esta noche salimos con el grupo ¿no?

Me encantó ese “salimos” y le respondí:

-Claro, para eso he venido a verte, veros…

Regresé a casa con la tranquilidad de que todo estuviera bien con Alba. La apreciaba mucho. De no ser por otras circunstancias iría a por ella de frente. Pero el palo de Claudia, estudiar fuera y mi próximo viaje al extranjero me obligaban a mantener con ella siempre esa actitud de amiga cercana, de mejor amiga. No soy tonto, y era consciente de la tensión sexual, como se dice en el cine, entre nuestros dos personajes si estuviéramos viviendo una película. Pero precisamente mi gran respeto por ella y lo mucho que la quería, cada vez más, pues Alba con su discreción y su belleza contenida había sabido ganarse mi corazón pero aun no podía ofrecerle ni mi mente ni mi cuerpo si es que ella los quería.

El viernes me lo pasé muy bien saliendo con el grupo. Mikel se alegró de verme mucho pues Viqui no le había dicho nada. Seguían viviendo su intensa relación a diferente velocidad pero el chaval me reconocía que entendía la actitud de su novia pues ninguno de sus amigos había abandonado el hogar familiar, mientras que en el País Vasco, me explicó que la gente empieza a trabajar más joven y se independizan antes. Pero sabía que tenía que respetar los tiempos de Viqui.

Venir a casa me estaba resultando casi curativo y disfrutar el buen ambiente que habíamos alcanzado en el grupo con una Nieves más amable y una Leyre mucho más integrada tras el fin de semana en la playa.

En mi ciudad tenía algo que no había sido capaz de conseguir en la ciudad donde estudiaba: un grupo de amigos cohesionado y con apoyos mutuos mucho más allá de un grupo de jóvenes que salen mucho. Yo creí tener aquello con mis ángeles de Luis pero resultó que era una quimera, Marta se escondía debajo de una careta y Ángela ahora se mostraba poco amistosa conmigo perdiendo parte de la confianza que teníamos. Pero es que el año anterior tampoco había conseguido crear ese modelo de grupo, pues Claudia y yo nos deseábamos en silencio y yo me separé de Víctor y Lourdes en cuando mi exnovia se fue a Italia. Cada vez que volvía a casa me reafirmaba en mi plan, pero necesitaba aun atar cabos pendientes y dependían del paso del tiempo.

Desgraciadamente Alba no podía quedar el sábado por la noche y las parejas habían hecho sus planes en solitario. Yo podría haber salido con los amigos solteros, pero me pareció más correcto quedar con Mónica, a la que le escribí mientras iba a mear a un baño de un pub donde estábamos aquel viernes noche.

Alba pareció leerme el pensamiento pues cuando al rato volvíamos a casa no se cortó en preguntarme:

-Luis, perdona si me meto donde no me llaman, pero te has hecho muy amigo de esa alumna tuya ¿no?

No me esperaba la pregunta y respondí titubeante:

-Bueno, sí. Es muy particular. Es de mi edad aunque estuviera todavía en bachillerato.
-Pero ¿os hicisteis amigos en las clases?- insistió.
-No. Ya te digo que es muy particular, un poco rara en ese sentido. En todo el verano apenas me habló, muy callada. Parecía cortada o pasota. Pero hacía sus tareas y estudiaba con ganas. Entonces…

Me di cuenta de que me iba a dar una vergüenza enorme contarle lo de la app de citas y que anduviera buscando chicas que follarme sin más así que opté por obviar a la chica de la “silueta misteriosa” que resultó ser mi alumna y me fui directamente a la fiesta tras las notas.

…cuando ya hicieron los exámenes me invitaron a un botellón y resultó ser mucho más agradable, y por aquello de la diferencia de edad y tal pues conversó más conmigo. Y pues a partir de ahí cogimos confianza y hemos quedado un par de veces para tomar algo como el día que nos viste.
-Ahn, vale. Es que no sabía cuando os vi. Y ¿te gusta esa chica?
-Me cae bien, pero no voy a pedirle salir ni nada de eso. Me voy a Bélgica, no quiero lastres.
-Hijo…lo dices como si una relación fuese un problema.
-Si se te separas como me pasó a mí con Claudia, sí.
-Ya…supongo que debe ser difícil. ¿Ves? Las que no tenemos experiencia no nos planteamos esas cosas, claro…
-Pues esa no te la aconsejo. No sabes como envidio a nuestros amigos viéndose casi todos los días y haciendo planes juntos, solos o con sus amigos…
-Verdad…

Nos despedimos amistosamente esta vez sí de verdad hasta el siguiente puente. Al llegar a casa me había respondido Mónica. Me proponía que la esperara en el mismo bar de la otra vez cerca de su trabajo. Le contesté afirmativamente.

El sábado fue un día agradable. Por la mañana partidito con los amigos y su correspondiente cerveza. Después salí a comer con mis padres a un restaurante nuevo que le había gustado mucho y querían que yo probara. Después me puse un rato con el trabajo que tenía a medias con Miriam pues por la noche había quedado con Mónica.

Llegué al mismo sitio de la otra vez y la esperé sentado en la grada. Venía de trabajar por lo que traía el mismo uniforme pero esta vez con una rebeca negra encima y un abriguito por el cambio de temperatura propio de finales de noviembre. Tras el saludo amistoso de dos besos nos sentamos a tomar algo pues mi amiga venía hambrienta de toda la tarde trabajando. Ya estaban de campaña de Navidad y se notaba la afluencia de más público y la necesidad de reponer y volver a colocar la ropa más rápidamente.

Es curioso como algunas personas son abiertas y habladoras en cualquier situación mostrando un carácter extrovertido mientras que otras seleccionan con quien lo hacen. Ese era el caso de Mónica, tan callada y aparentemente vergonzosa en mis clases y sin embrago, tan directa y abierta a solas conmigo. Sin convencionalismos sociales. Ella no tenía la necesidad que yo siempre tuve de agradar. Ella seleccionaba con quien mostrarse abierta y con quien no. Con quien no le interesaba no se molestaba ni en mantener el mínimo de normas sociales. Literalmente pasaba. Sólo gastaba su tiempo y su saliva con quien a ella le interesaba. Y yo había entrado en esa categoría.

Cuando salimos del bar nos encontramos con la sorpresa de la lluvia. No veníamos preparados, así que decidimos entrar en otro bar cercano a hacer tiempo y tomar algo. Aprovechamos los soportales de parte de la calle pero después corrimos tirando yo de ella cogiéndola de la mano hasta llegar a un pub irlandés que había al final de la calle, donde ésta cambia de nombre ensanchándose frente a un famoso hotel de 5 estrellas.

Entre risas nos sentamos en uno de los típicos apartados de madera de estos locales y pedimos dos cervezas. Yo me atreví con una pinta pero Mónica prefirió un vaso más pequeño. Allí podíamos hablar incluso con más tranquilidad que en el bar donde habíamos quedado, menos gente y música celta no muy alta. Allí Mónica volvió al ataque de nuestra última conversación en el puente de Todos los Santos.

-¿Qué tal con la niña que me presentaste? ¿Alba se llama?
-Bien- respondí extrañado por que me sacara el tema.
-Se nota que os gustáis. ¿por qué no sales con ella?
-No es tan fácil. Vengo de una ruptura difícil, estudio fuera y me voy en dos meses a Bélgica. Ya te lo he explicado.
-Pero no entiendo que seas tan cerebral. Si te gusta díselo.
-Con ella sería una relación seria, tradicional. Y si sale mal nos haríamos daño. No me fio de mí mismo. Mejor seguir así. Y lo que tenga que ser ya será. Aun no he olvidado a Claudia.
-¿Tu ex?
-Sí.
-Y Luis, ¿por qué quedas conmigo?

¿A dónde quería ir a parar? ¿Era curiosidad o quería llegar a algún punto en concreto? No iba a perder nada siendo sincero con ella.

-Me lo paso bien contigo. Me propusiste algo y te tomé la palabra. Además me resultas en cierto sentido enigmática.
-Pero todavía casi ni nos hemos liado y hace más de dos meses que te lo propuse.
-Entonces no quise porque tenía reciente la ruptura con Claudia pero después tuve la curiosidad de conocerte mejor.-expliqué.
-Y has debido saciar tu curiosidad porque la última vez no me propusiste nada. Un café. ¿No te gusté?
-Si me hubieras disgustado no quedaría contigo. El rollo que tuvimos a pesar del sitio estuvo bien. Al menos a mí me gustó. No sé a ti.
-¿Te gusta que te la meneen?

Me dejó descolocado la pregunta. No me la esperaba y ni mucho menos formulada así. Respondí a la gallega.

-¿Y a quién no le gusta que una niña guapa se la menee? Pero- dije acercándome a ella para decírselo al oído- me gustó mucho más que la niña guapa se corriera en mi mano.
-Jajajaja. Siempre buscando agradar, Luis.
-Soy así y no lo puedo evitar.
-Bueno- continuó- no es lo que esperaba pero no estuvo mal.
-Siento haberte decepcionado. Ahora soy yo el que se sorprende de que sigas quedando conmigo.
-No, jajaja. Que si no gustas te vienes abajo, jajajaja. No es eso.- respondió riéndose de mi carácter- No más de ti. Más de haber llegado más lejos.
-Ya. El sitio, claro. Te apetecía algo más que meneármela. A lo mejor estás acostumbrada a quedar con tíos que te ofrecen un sitio con intimidad donde poder hacerlo mejor.
-Jajajaja. Que divertido eres, Luis. Deja de querer quedar bien. Yo he quedado contigo porque me gustas. Punto. Te lo dije muy claro. Pero tu comportamiento es bastante rarito. Quedamos, nos enrollamos. Ambos queremos más pero no lo hacemos porque no previmos. Después me llamas para un café y te cruzas con la tía que te gusta y te quedas cortado. ¿Y hoy qué? ¿Qué tenías planeado?

Me quedé en blanco de golpe, porque en realidad no tenía nada planeado. Si surgía pues lo que pudiéramos hacer pero claro si Mónica quería echar un polvo no tenía ni el coche. Ahora era yo el que me preguntaba a mí mismo para qué había quedado con ella.

-Jajajaja. Eres increíble, Luis. En tus clases tan serio, tan modosito, tan sabiondo. Pareces un niño bueno que no rompe un plato y, zas, me encuentro a mi profe con carita de bueno en una página de citas hablando de lo más resuelto. Eso sí, sin perder las formas, pero luciendo cuerpito y paquete. Y cuando me quito la careta y te digo quien soy y qué me apetece ¿qué haces? Primero me rechazas educadamente y ahora te dedicas a quedar conmigo por si cae algo mientras hablamos de la tía que te gusta. Me parto contigo.

Joder me estaba leyendo la cartilla en toda regla. Yo pensaba que ella era la rara pero es que tal y como ella lo estaba exponiendo yo también tenía mi puntito. Pero seguía sin saber exactamente a donde quería llegar Mónica.

-Joder, ya te has metido bastante conmigo. Sí, la verdad es que soy raro. Se supone que tú y yo sólo quedamos para follar y todavía no lo hemos hecho. Muy bien. Si sólo te intereso para eso está bien saberlo. Pensé que entre dos adultos podía haber amistad y buenas maneras. Pero entonces me tendrás que aclarar tú por qué quedas entonces conmigo.-me defendí.
-Vaya, si resulta que mi profe con cara de monaguillo y cuerpo de diablillo tiene carácter.
-Pues cuando me tocan los cojones sí- contesté molesto.
-Jajajaja. Eso es lo que quiero, Luis. Ver tu otro lado. Me gustaste por algo más que por ser bonito, pero ¿qué quieres que te diga? Muy lanzado en la app pero qué paradito en persona.
-Nadie es perfecto, pero eso se arregla con dos pollazos bien dados.-respondí dolido en el orgullo.- Nadie se me ha quejado nunca.
-Me estoy quejando yo.
-Porque no te los he dado.
-Exactamente, Luis. Porque no sé a qué juegas.-respondió con cierta serenidad dando a entender que había llegado a donde quería en la conversación.

Pero entonces caí en la cuenta y avergonzado respondí:

-El problema es que no lo he previsto. Tengo condones pero no tengo sitio.

Mónica puso una sonrisa de conformidad y con cierto aire maternal respondió:

-Por segunda vez desde que nos conocemos te digo abiertamente lo que quiero y tú no sabes qué hacer.
-Sí sé lo que quiero pero no soy capaz de organizarlo.
-Porque realmente no estás centrado en eso. Es algo accesorio.-me dijo con la madurez con la que me sorprendió la primera vez- Tú tienes otros planes y entre medias te entretienes. Pero a la vez, y es lo que me desconcierta de ti. Vas de follador sin escrúpulos y te comportas como un inexperto que no se ha comido una rosca en su vida. ¿Qué eres?
-En realidad los dos- respondí sincerándome- He sido un pardillo toda mi vida que no se comía una rosca hasta que por un cruce del destino empecé a interesar a las chicas. Eso sí menos a la que me interesaba a mí.
-Cuenta…me interesa-dijo Mónica.
-Pues eso, ni más ni menos. En cuanto empecé la carrera también empecé a gustarle a las chicas, pero no a la que me gustaba a mí. Entré en una dinámica en la que en unos meses me comí más que en toda mi vida, hasta conseguí llevarme al huerto a la niña de mis ojos, y ¿para qué? Para creérmelo tanto que estando con ella no dejé de estar con otras. Me pillas ya de vueltas. Y sí, te llamé el primer día para follar, pero me siento raro quedando contigo sólo para eso habiendo sido alumna mía y resultándome tan agradable. No sé. No soy capaz de pensar sólo en eso aunque no diga que no me apeteciera.

Mónica se quedó entonces cortada por mi arranque de sinceridad. Notaba que me abría a ella y eso empezaba a superar el límite de lo que ella quería. Dio un sorbo a su cerveza apurándola y me respondió:

-Luis. Si de verdad eres así, tendrás suerte en la vida y encontrarás a tu media naranja.
-Pero ¿tú crees en eso?
-Yo no. Pero tú sí…

Me reí de la ocurrencia de Mónica y me terminé la cerveza cambiando de tema. Era cerca de la 1 de la mañana y salimos de nuevo a la calle. Había dejado de llover y aprovechamos para regresar a casa. Me ofrecí a acompañarla a casa. Vivía en nuestro mismo barrio pero en una zona de bloques altos cercana a la circunvalación. Cuando estábamos llegando empezó a llover de nuevo y aceleramos el paso. Nos paramos en unos soportales ya muy cerca de su casa a esperar que escampara para asaltar el último tramo de camino a casa.

Como no dejaba de llover nos sentamos en un poyete entre motos aparcadas y seguimos charlando. Mónica no dejaba de charlar sobre diversos temas mostrándose tan diferente a como la conocí. La lluvia apretaba y me preguntó:

-Oye, ¿te he molestado con lo que te dije en el pub?
-Para nada. Tengo mucho aguante. Creo que me ayuda a conocerme mejor.-respondí.

Entonces de golpe me preguntó:

-¿Llevas mucho sin follar?

No me esperaba su pregunta y descontando que tras nuestra charla habíamos descartado esa posibilidad respondí poniendo la verdad por delante:

-La semana pasada con una amiga ¿por?
-Joder que cabrón eres…yo ya ni me acuerdo.

No supe qué decir aunque pegaba el típico “pues con la guapa que eres…” y tal, pero claro como ya empezaba a conocerla y sabía que era tan rara. Entonces de golpe me respondió dejándome de piedra:

-¿Te importa que me desfogue contigo? Estás muy bueno y ya sabes…

Y sin esperar mi respuesta su mano empezó a sobarme el paquete.

Sin darme tiempo a contestar Mónica se bajó del poyete colocándose entre mis piernas y empezó a besarme con ansia. Me pilló desprevenido. Además como con prisa metió sus manos por dentro de mi camisa sobándome el pecho y el abdomen de forma apresurada. En ese momento empecé a sentirme como supongo que le ocurrirá a muchas chicas cuando su novio pide guerra y ellas no tienen ganas o se enrollan con un sobón.

Pero Mónica fue más allá y soltando mi boca se lanzó a abrir mi pantalón para alcanzar mi polla que ni siquiera había empezado a hincharse. Cuando ya tenía metida su mano en mi calzoncillo llevándose supongo una decepción la detuve:

-Espera, espera por favor…
-¿Qué te pasa?
-Después de la charla en el pub me he quedado cortado y estoy dándole vueltas a la cabeza.

Mónica sacó la mano de mi calzoncillo a pesar de que mi churra ya mostraba síntomas de ir despertando y se separó medio metro de mí.

-Perdona, Luis. Pensé que te apetecería.
-Es que me has hecho pensar mucho y realmente empiezo a dudar de muchos de mis actos.
-Si quieres me voy a casa ya.
-Bueno, con lo que me acabas de decir y hacer entiendo que tú si que estás caliente.
-Pero no quiero forzarte a nada.
-Ni yo dejarte así.
-Vaya dos, jajaja.

En ese momento se me pasó por la cabeza aliviar a la chica pero no sé como se lo plantearía. Lo único que se me ocurrió fue decirle:

-Si quieres te ayudo yo a ti…
-Ayudarme como.
-Te puedo tocar yo.
-No, no. De veras, no hace falta. Desde el último revolcón contigo no tengo nada y creo que puedo aguantar aunque me apetecía contigo. Sé que soy brusca y entiendo lo que te pasa después de lo que te he dicho, pero no puedo forzarte a nada. Y bien que lo siento porque creo que hoy me he pasado con lo que te he dicho y ahora.
-No pasa nada. De verdad. Tranquila.

Entonces Mónica se acercó a mí, me abrazó y me besó la mejilla y se fue corriendo bajo la lluvia diciendo:

-Ya me llamas…

Vaya desastre de noche. Me levanté del poyete y me puse bien la ropa para irme a mi casa pero como seguía lloviendo me quedé un rato solo pensando en aquel soportal. ¿Qué me estaba pasando? Se me ponía una niña mona a tiro y yo la rechazaba. Y ¿por qué? Porque ella misma me había hecho dudar.

Si seguía lamentándome de como había perdido a Claudia y admitía delante de otra chica cuanto me gustaba Alba ¿qué carajo hacía buscando polvos fríos con chicas que sólo me atraían físicamente? Mis últimos encuentros habían sido un desastre por diferentes motivos, la pillada de Sol y ahora el corte con Mónica. Me había venido a mi ciudad huyendo en parte de Mamen y buscando a Alba. Y en vez de eso estaba en un soportal lamentándome de mi comportamiento con una chica, rara eso sí, a la que había rechazado. La respuesta era fácil: no podía provocar situaciones de sexo por sexo con chicas al margen de todo sentimiento. No siquiera era un sexo surgido de una fiesta, un calentón o el morbo. Era sexo programado fríamente. Y así no funciona. Al menos conmigo.

Pero no podía desviarme de mi plan y tenía que evitar otras tentaciones. Faltaba poco para irme de Erasmus y no podía cagarla antes. Cuando volviera todo sería diferente y podría encauzar mi vida de otra manera. Tenía que resistir para que todo saliera bien a pesar del riesgo. Pero tenía que demostrarme que era capaz de hacerlo.

Cuando aflojó la lluvia regresé a casa convencido que de todo se aprende y aquella noche me había dado una lección que en ese momento me dolía más por la chica que por mí.

El domingo fui a misa con mis padres y a la salida quedé con Viqui, Mikel y Alba para tomar una cerveza. No quise preguntar que habían hecho el día anterior para yo no tener que dar explicaciones recordando como había reaccionado Alba cuando me había visto tomando café con Mónica. Aprovechando el poco tiempo del vasco en la ciudad hicimos planes para el siguiente puente para llevarlo a ver costumbres típicas prenavideñas y de paso divertirnos con algunas de ellas.

Me despedí de mis amigos con mejor cuerpo que el que me había dejado lo sucedido con Mónica. Pero era cierto que las consecuencias serían mayores, pues lo que me planteé con ella me servía también para Mamen. ¿Me lo pasé bien con ella? Sí. Pero aparte del polvo no saqué ninguna conclusión. No me merecía comerme la cabeza por una chica de la que sólo me interesaba su cuerpo y no nos unía nada más.

Pese a todo si una noche surgía algo con alguien no lo iba a descartar siempre y cuando no tuviera consecuencias posteriores. Había descubierto que el sexo sin amor no aportaba nada pero tampoco había hecho voto de castidad, sólo de celibato conmigo mismo. Pero no iba a forzar situaciones como la de Mónica por el momento. Si Mamen me llamaba ya veríamos.

Por lo demás me daba pereza afrontar con Ángela el motivo de su actitud conmigo así que me dejé arrastrar por el mismo pasotismo que llevaba desde antes. Sentía que mi tiempo en la residencia se acababa y no tenía ganas de pelear por mejorar mi estado. Me había instalado en una cierta comodidad en que Marcos y Víctor iban a lo suyo, Ángela parecía enfadada con el mundo y sólo Sol se esforzaba por mantener una amistad mas fluida aunque evitándonos en cierto sentido para salir juntos el fin de semana, o al menos yo sí lo evitaba pues sabía que dos copas eran mi principal enemigo para no dejarme arrastrar a meter la pata.

Miriam se había acomodado a tenerme como compañero de clases y trabajos, mientras que Dani era el más interesado en retenerme los jueves en el pub sólo pensando en la forma de follarse a Martina. Nunca lo había visto tan interesado en una chica en concreto: quizá se estaba enamorando o sólo era una obsesión. Mi amistad con él no era lo suficientemente profunda como para preguntárselo.

Por mi parte mi actitud desinteresada en casi todo me hacía pasar inadvertido en cadi todo: clases, partidos, el pub…y por supuesto la residencia. En el pub aquel jueves se había repetido la escena: Dani pegado a Martina y Ana y yo sujetando la vela. Pero el estar los 4 juntos casi todo el tiempo también había alejado a otras chicas que de otra forma se habrían arrimado al capitán del equipo y a mí. De hecho, meando en el servicio llegué a preguntarle a Dani por qué insistía tanto con una chica que no parecía seguirle el paso. Cuando tenía a más de una dispuesta a pegarse un revolcón con él por menos esfuerzo. Su respuesta fue evidente:

-Si yo no le interesara no estaría pegada a mí todos los jueves. Sólo le falta soltarse para disfrutar de esta churra.-dijo mientras se daba fuertes sacudidas en la mencionada escurriendo la última gota en el urinario.

Por tanto su plan seguía en marcha y yo siguiéndole la corriente pues creía que estaba tan lejos de salirse con la suya que en realidad me hacía un favor a mí evitándome alguna historia que me desviara de mis propios planes.

El tiempo pasaba corriendo a mi favor. Sólo algo rompió esa dinámica. Una tarde Víctor vino a buscarme al dormitorio justo antes de que yo saliera a correr. Quería hablar a solas conmigo pues Marcos estaba sentado en su escritorio. Le propuse venir a correr conmigo y aceptó. Debía ser algo importante lo que quería contarme.

Según pisamos la calle y empezamos a trotar le pregunté qué le pasaba. Su respuesta no me la esperaba:

-Lourdes y yo hemos terminado.

Me paré en seco. No me esperaba esa noticia.

-¿Qué ha pasado?- pregunté extrañado.
-Nada grave. Al menos que yo sepa.-respondió.
-¿Entonces?
-Nuestra relación se había hecho monótona. Estábamos acostumbrados el uno al otro y empezaba a faltar pasión.
-¿No folláis?
-Jajaja, sí hombre, cuando se puede. No ha sido eso. No sabemos si nos queremos de verdad o estamos juntos por costumbre.
-Vaya. Eso es chungo. ¿Y quién ha dado el paso?
-Yo propuse y ella dispuso.
-Explícame eso- le pedí a mi amigo.
-Pues eso. Le dije lo que sentía. Que ya no hacíamos nada nuevo, teníamos una relación aburrida. En realidad sólo hemos variado cuando salíamos los cuatro. Se lo dije y se enfadó. Me dijo lo típico, que los tíos todo lo basamos en el sexo, el morbo y esas cosas. Discutimos. Yo en realidad no buscaba cortar sólo darle vidilla a lo nuestro, pero ella decidió que mejor dejarlo un tiempo.
-Esa es la frase típica- respondí pesimista.
-Lo sé. Pero estaba preparado para su reacción.
-¿Y cómo estás?
-Pues jodido, la verdad. No es fácil después de dos años. Pero a la vez me veo joven para estar tan apalancado.
-¿La quieres?
-Mucho.
-Y seguro que ella a ti.
-Pero si tú tiras para adelante, yo también.- me dijo.
-Para eso estamos los amigos para ayudarnos.
-Ahora me doy cuenta de que no he estado contigo todo lo que debía.-me reconoció.
-También yo buscaba alejarme. Me recordáis demasiado a Claudia.
-Pues ya ves las vueltas que da la vida.
-No creas. Regresamos al punto de inicio. Los dos pardillos que llegan a la residencia.
-No me jodas, Luis. Tú de pardillo, nada. Y además, te vas de orgasmus…

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