ALMUTAMID

El sábado por la tarde Alba vino a mi casa a maquillarme. Estaba espectacular con un disfraz de Maléfica. Iba vestida de reina con un corpiño ajustado que marcaba sus fuertes caderas en el vestido y elevaba su pecho que se apretaba en un escote más pronunciado de lo que ella solía. Estaba espectacular y mi madre se sonreía pensando que esa chica pudiera ser la novia de su hijo por más que al presentarla dejara claro que era una amiga.

Yo me había puesto un chándal viejo al que le hicimos varios agujeros en piernas y dejado la chaqueta hecha trizas. Alba traía un kit de maquillaje para teñirme toda la cara de blanco marcando pómulos y hundiendo ojos para que pareciera un cadáver en descomposición. Ella por su parte traía los ojos totalmente delineados en negro con un trazo grueso, los pómulos también marcados con el maquillaje y los labios muy rojos pareciéndome muy sugerentes.

Nos tocaba llegar antes al piso de Mikel porque íbamos a colaborar en la decoración y preparando bebidas y algo de comer. El piso en realidad era un apartamento en un barrio contiguo al nuestro de un solo dormitorio. Tenía cocina americana y al menos la terraza era amplia. Pero al saber cuanta gente nos íbamos a reunir supuse que íbamos a estar apretados.

Y efectivamente la gente fue llegando con sus disfraces de zombis, momias, brujas o enfermeras asesinas. Me sorprendió como existía tal variedad de disfraces y como las chicas a algo terrorífico le daban un toque sexy con faldas cortas, vestidos ajustados y escotes sugerentes, aunque ninguno tan sugerente como el de Alba que tanto me había sorprendido.

La selección musical a cargo del anfitrión pasó por los clásicos de estas fiestas para terminar con música de moda. Lo que no sabía es qué pasaría con los vecinos cuando se hiciera más tarde con aquel apartamento atestado de gente. Yo acabé gran parte del tiempo en la terraza con Alba y Pablo. Porque Leyre y Nieves se pasaron todo el tiempo bailoteando en el salón mientras Alberto les servía bebida. El chaval era buena gente pero yo lo seguía viendo un poco enganchado con su novia. Si él supiera…

Efectivamente apenas pasadas las 12 de la noche vino el primer vecino a quejarse. La gente que llevaba 4 horas bebiendo y picoteando se fue retirando. Cuando vimos el estado del apartamento sentimos lastima por Mikel y nos pusimos a recoger pese a que él nos invitaba a irnos de copas pero no queríamos dejarle la casa así. Al menos recogimos botellas, latas y vasos de plástico aunque no nos pusiéramos a limpiar.

En algunos pubs había fiestas temáticas y nos fuimos a uno de ellos donde seguimos la noche el grupo habitual entre bailes y copas. Las chicas bailaban mientras los chicos charlábamos en la barra. Alba tuvo que espantar a algún moscón atraído por la espectacularidad de su disfraz que tan buen partido le sacaba a sus curvas generalmente más ocultas. Cada vez que se quitaba a alguno de encima me miraba con una sonrisa divertida dándome a entender: “No me conocen…”

Pero yo sí la conocía y la admiraba. De hecho empezaba a darme cuenta de que mi vida era una sucesión de buenas y malas situaciones. Peor una contradicción permanente entre mis deseos y mis obligaciones, mis necesidades y mis logros. De vivir en la misma ciudad Alba y yo seríamos pareja. Lo tenía claro. Además una pareja consolidada, de las que viven juntos, hacen sus cosas juntos, comparten con sus amigos juntos y se divierten juntos. Era fácil plantearse un proyecto de vida con ella. Y jamás sería la sustituta de Claudia, pues Alba pondría el broche a lo que en el fondo siempre me había gustado. Alguien que me comprendía, que compartía emociones y aficiones. ¿Eclipsaba mi imagen de Alba a Claudia?

Esas cavilaciones me apartaron por un momento de la conversación hasta que fue Viqui la que volviendo del baño me dijo:

-Está guapa ¿verdad?
-Mucho.
-Yo no quiero empujaros a nada. Sois mayorcitos los dos para saber qué hacéis, pero la conexión que tenéis dice algo. No la dejéis escapar.
-Sabes que no puedo- respondí serio.
-No te estoy empujando Luis sólo constato lo que veo.
-Ya se verá…

¿Por qué últimamente mis amigas querían emparejarme a toda costa? Ángela con Sol y Viqui con Alba. No era el momento y yo lo sabía. Yo tenía un plan y no quería desviarme de él. Por eso no era el momento. Lo ocurrido con Claudia aquel verano aun estaba demasiado cerca. Yo no estaba preparado, ni mis circunstancias académicas me permitían plantearme otro proyecto, para eso estaba el plan, para no desviarme. Y además tenía la entrepierna entretenida entre Mónica y Mamen. ¡Monica! Qué mal estaba quedando con ella. Ni le había mandado un mensaje.

Estar con amigos y venir con la churra relajada había hecho que me olvidara de ella. No quería parecer ni tan aprovechado ni tan desesperado con ella. Ya diréis que mi obsesión por no quedar mal es la que me terminaba metiendo en líos, pero no podía evitarlo. Siempre me ha gustado quedar bien con todo el mundo aunque ello suponga en ocasiones tragar bilis.

No era el caso. Mónica había sido considerada conmigo e incluso muy respetuosa mientras yo era su profesor. Cogí el móvil a pesar de ser las 4 de la mañana y le mandé un mensaje:

“Hola Mónica. Perdona por no avisarte antes. Estoy en la ciudad pero tenía planes con mis amigos. ¿Te apetece tomar un café o una cerveza mañana? Ahn, y perdona la hora. Besos.”

Al final nos fuimos retirando todos cerca de las 5 de la mañana. Quedamos con Mikel que al día siguiente iríamos a su casa a ayudar a limpiar. Estaba reventado y además tenía que ducharme para quitarme todo el maquillaje. Me despedí de Alba en su casa quedando en ir juntos al día siguiente a casa de Mikel. La despedida fue conscientemente rápida pues en esas despedidas es donde en primavera habían surgido nuestros roces. La diferencia entre el Luis anterior y este Luis es que ya sabía cómo evitar esas cosas o al menos no provocarlas yo mismo aunque a veces mis actitudes y alguna palabra pudieran generar confusión.

No había manera de quitar el p… maquillaje. No sé como lo harán las mujeres. Pero cuando me levanté por la mañana aún tenía restos alrededor de los ojos que ensombrecían aún más mis ojos hundidos de sueño. Eran pasadas las 12 cuando desayuné contándole a mi madre la fiesta y los disfraces que había y quedarse a gusto soltándome: “Qué guapa es tu amiga ¿no?”, que sirvió como punto de partida para saciar su curiosidad sobre estudios y cómo nos habíamos conocido. Explicarle que era amiga de la novia de Pablo fue la mejor manera de que ella lo entendiera.

A la 1 recogí a Alba con la misma cara de sueño y con sus atuendos habituales que disimulaban sus pechos y cadera. Llegamos a casa de Mikel pero no abría cuando llamamos. ¿Estaría dormido? Alba llamó a Viqui al teléfono. Estaba arriba ya. Nos abrieron por el porterillo y subimos. La casa seguía como la habíamos dejado. Viqui estaba con una camiseta de Mikel y su novio aun dormía. Ella había dormido allí y estaba claro que la fiesta se había prolongado para ellos.

Mientras empezábamos a recoger se despertó el vasco sorprendido de vernos ya allí limpiando. Dejamos que la pareja desayunara mientras tirábamos más basura y después Mikel y yo nos pusimos a limpiar la cocina y el salón compartidos mientras las chicas cuchicheaban en el dormitorio.

Como el apartamento era tan pequeño entre cuatro en menos de una hora lo teníamos completamente recogido y limpio. Mikel quiso invitarnos a comer pero lo descartamos agradeciendo el gesto. Además Viqui no tenía más ropa que el disfraz y no quería andar así de tapas por la calle. Alba se fue con ella a su casa y Mikel y yo nos tomamos una cerveza en un bar en la esquina de su calle.

Era sorprendente como en apenas unos meses, desde las fiestas del barrio en que nos habíamos conocido, nos habíamos hecho buenos amigos. Estuvimos comentando la fiesta y me preguntó por mis planes.

-Hasta que no vuelva de Lieja no tengo planes en mi vida- le respondí.

En la charla le pregunté que como era posible que Viqui pasara la noche con él, si no tenía problemas con sus padres.

-Bueno- respondió tragando saliva- es que ya no duerme con nadie desconocido.
-¿Cómo es eso?
-Pues que ya me lleva a comer a casa de sus padres. Somos novios oficiales, pues…

Le reconocí que me alegraba que lo suyo fuese tan en serio. Pero el me planteó alguna duda:

-Le propuse a Viqui que viniera a vivir conmigo pero no quiso.
-Es pronto.- respondí.
-No es por eso. Ella dice que no va a vivir de mi dinero y que mientras este estudiando no va ser una carga para mí.
-La entiendo.
-Pero a mí no me importa. Hay días que ni nos vemos cuando podíamos estar juntos todas las noches.
-Yo no tengo experiencia en pareja así. Yo sólo he compartido con mi chica- dije tragando saliva por el recuerdo de Claudia- viviendo en la misma residencia de estudiantes. Pero en cuanto nos separamos la cosa se jodió. Bueno, la jodí.
-Ya me ha contado algo Viqui. Pero tú me entiendes ¿verdad?
-Bueno, ella tiene 20 años, tú 25. Lleváis unos meses. Dale tiempo. Si de verdad profundizáis vuestra relación, será ella la que desee vivir contigo.
-Gracias, Luis. Eres un amigo.
-Sólo espero que los dos seáis felices…

Tras la cerveza me fui a comer a casa. Mis padres me esperaban. Además había quedado con Mónica para tomar café.

Efectivamente por la tarde quedamos en una famosa calle de nuestro barrio junto al río disfrutando de una templada tarde otoñal teñida del color anaranjado del cielo coloreándose progresivamente en rosa según se marchaba la luz mezclada con los marrones y amarillos de las hojas de los árboles caducos. Mónica se había puesto guapa quizá para quedar bien conmigo con un pantalón ancho marrón, jersey beige de cuello cisne ajustado a juego y una chaqueta ajustada verde. Venía ligeramente maquillada con algo de color en sus mejillas pálidas y brillo en los labios.

Charlamos como dos amigos, sin insinuaciones a nada sexual contándonos lo que habíamos hecho en las semanas desde nuestro último encuentro. Llevaríamos media hora cuando me encontré que Alba venía de frente con sus padres. Nos vimos y se acercó a saludar. Yo me levanté para saludar a sus padres. Ya me habían visto con Claudia en la estación de autobuses y ahora con Mónica. No sé que se pensarían de mí, si seguían viéndome como un buen “amigo” para su hija. Alba miraba a Mónica con cierta preocupación. Las presenté mientras sus padres se adelantaban un poco para no meterse en la conversación de los jóvenes.

-Mónica es una de mis alumnas de este verano- le expliqué para continuar diciéndole a mi exalumna- Alba es una de mis mejores amigas.

Se dieron dos besos observándose con cierta desconfianza. Podía quedar muy mal o muy bien con las dos chicas así que le propuse a Alba que se sentara con nosotros, pero declinó la invitación con la excusa de que iba con sus padres. Se despidió de mí preguntándome si nos veríamos antes de que me fuera. Le propuse una cerveza el lunes al mediodía y aceptó. “Ya avisaría al grupo…” me dijo. Y se despidió de ambos. Cuando me volví a sentar Mónica me dijo:

-Entre vosotros hay algo ¿verdad?

Al final no pasó nada más entre Mónica y yo. Yo no le insinué nada y ella a mí tampoco. Parecía que haber conocido a Alba la había intimidado. No lo sé, pero tras el café dimos un paseo y en ningún momento ella pareció buscarme ni yo la busqué a ella. Mi encuentro con Mamen provocó que no encontrara la necesidad de darme un revolcón con ella salvo que le apeteciera, y no parecía. ¿Por qué había quedado con ella entonces? Por quedar bien. Por que no pensara que mi churra dominaba mi mente y solo la había buscado para obtener sus favores sexuales. Y porque en el fondo, después de conocerla cara a cara, la chiquilla me caía bien y no quería que me viera como un tío que va por ahí dándose revolcones con quien sea.

Por la mañana echamos partidito los amigos y la cerveza de después se convirtió en quedada general. Hasta Mikel se había unido a los partidos aunque no era especialmente habilidoso con el balón. Pero lo habíamos aceptado como a uno más del grupo. Me extrañó que aunque habíamos quedado la tarde anterior en vernos Alba no llegaba. Pregunté a Viqui y no supo contestarme. Extrañado la llamé.

-Holaaaa, ya estamos todos aquí- le dije cuando descolgó- ¿no vienes?
-Al final me he liado y no me da tiempo.- respondió.
-Vaya, me apetecía verte. Me voy esta tarde.

Noté un silencio incómodo al otro lado de la línea. Pero por fin Alba habló:

-¿Cuándo vuelves?
-Supongo que para el puente de diciembre.
-Pues espero que te vaya bien. Ya nos vemos cuando vuelvas.

Su respuesta me dejó algo cortado. Algo le pasaba y no quería decírmelo. No quise indagar en ese momento y me despedí cortésmente de ella agradeciéndole la fiesta, la ayuda con el disfraz y los buenos ratos del fin de semana.

Pero la conversación me había dejado frío. Así que le pregunté a Viqui de nuevo que me dijo no saber nada. Con esa duda por la tarde regresé a la residencia. Aunque algo había cambiado. Mi desazón esta vez no la había provocado Claudia sino Alba.

Me dio por pensar que se vivía mejor sin mujeres. Que si para follar había que complicarse tanto la vida mejor meterse a monje o algo así. Pero en realidad el problema no era follar. Yo conocía gente que lo hacía sin complicaciones. Sus cuerpos vivían al margen de sus mentes y los alimentaban por separado. Mi problema es que todo lo interiorizaba. Además empezaba a ser consciente de que en cualquier relación sexual al final había que poner sentimientos en juego, y no me refiero sólo a un enamoramiento, sino incluso cuando follabas con alguien de quien no estabas enamorado siempre hay un sentimiento: llámese respeto, deseo de agradar, empatía, generosidad para que el placer sea compartido directamente entrega para que el otro disfrute. Pero no entraba en mi mente ese sexo que algunas parejas mías me habían contado que habían sufrido en alguna ocasión de tíos insensibles que mojaban el churro para vaciar sus huevos sin plantearse lo que la otra persona deseara y disfrutara.

No soy mejor que nadie. En ocasiones he sido peor que mucha gente, pero me es imposible vivir pensando que los demás no me ven bien o ven a alguien molesto o desagradable en mí. Necesito ser aceptado, querido, y no me refiero sólo a la relaciones sexuales o sentimentales, hablo también de la amistad. Y por supuesto, hablando de sexo necesito ser deseado.

Esa necesidad es la que me llevó por inexperiencia o por falta de cabeza a cometer errores tan graves como el de María. Pero precisamente el sentirme deseado, admirado y buscado, o sea justo lo contrario que me empujó a cagarla con María, fue lo que me arrastró a buscar relaciones con quien fuera. Sólo bastara que yo le gustara y ella me deseara. Así caí fácilmente con Marina, engañando a una maravillosa Viqui a la que no supe corresponder. Bastó con que Marta se me sentara un día en el pub tras un partido para que yo me dejara arrastrar por ella a un enamoramiento que visto en la distancia era más capricho mío que acercamiento real entre dos personas.

De todas las chicas con las que había tenido algo en los últimos dos años, y ni yo me creía el número, ni la frecuencia ni los hábitos sexuales con ellas pensándolo, sólo con una realmente había traspasado el umbral de lo que yo consideraba una unión superior de sentimientos físicos y mentales. Y había sido Claudia. No iba a mortificarme más con mis errores. Ya no había solución a lo hecho y por eso tenía que empezar de nuevo y había ideado un plan. Sabía que podía recuperar aquellas sensaciones y que mi nueva experiencia de lo que estaba bien y mal haría que no cometiera los mismos errores.

Pero todos esos pensamientos me llevaban muy lejos. Y yo tenía un día a día que cumplir, cientos, miles de escalones que subir, antes de cerrar el círculo que tenía planeado. Y en ese día a día tenía que hacer frente a dos realidades.

Una es que cada día fuera de mi ciudad me pesaba más. Pero no iba a abandonar la carrera cuando ya había cruzado su ecuador. Además seguro que los meses que iba a pasar fuera también me harían añorar la residencia y mi facultad.

La otra es que me gustaba el sexo. No lo podía evitar. Me gustaban las mujeres, sus cuerpos, sentir como se estremecían por lo que yo les hacía y como a ellas les gustaba y atraía mi cuerpo. Eso era innegable. Ya sabía que el sexo cuando había sentimientos era sublime, pero sin el podía ser divertido. No iba a renunciar pero sí iba a evitar las complicaciones. Por eso me podía sentir afortunado. Estaba esquivando a Sol, que parecía atraída por mí para algo más que sexo mientras que podía encontrar en Mamen esa amistad que aplacara mis deseos sin mayores complicaciones. Incluso me daba cuenta de que había sido buena idea quedar con Mónica sin sexo de por medio. Y no tanto por demostrarle algo a ella, sobre todo por demostrármelo a mí mismo.

Así que pese a la desazón que me había dejado la conversación última con Alba volvía a sentir que cada vez que pasaba un fin de semana en casa volvía a la residencia con las pilas recargadas y un chute de optimismo. El empezar a conocerme mejor a mí mismo me ayudaba a plantear las soluciones a las situaciones complejas que empezaba a encontrarme. Y aunque no tenía una varita mágica empezaba a tener bagaje suficiente para saber cuando no meterme en líos. Llevaba meses sin cagarla como antes.

Lo que había empezado también a convertirse en costumbre es que veía más a Sol que a Ángela. Yo apenas pasaba por su cuarto pero Sol aparecía por el mío casi todos los días a charlar un rato o con la excusa de ver mis heridas ya prácticamente cicatrizadas. Su confianza era tan grande que entraba en ocasiones sin llamar pilando una vez a Marcos vistiéndose. Pero mi compañero pasaba totalmente. Desde que tenía novia actuaba como cuando estaba con Silvia. Compartíamos habitación pero cada vez compartíamos menos confidencias. Él entresemana se limitaba a sus clases y en ocasiones salir con sus compañeros por lo que nos veíamos para la cena, dormir y poco más.

A mí también me había pillado alguna vez en calzoncillos. Desde que empezó a refrescar a alguien se le ocurrió encender la calefacción de la residencia de modo que las habitaciones eran hornos crematorios. Vivíamos dentro medio desnudos para no cocernos. La primera vez se dio la vuelta y volvió a entrar al poco cuando yo al menos me había puesto unas calzonas. Total, si ya me había visto el culo y medio la churra cuando me curó la primera vez.

Sin embargo, me sorprendió que aquel lunes se me presentara nada más entrar yo por la puerta y mientras me desnudaba pues con la ropa de calle no se podía respirar en aquel ambiente caldeado tras haber estado todo el puente la calefacción puesta con la ventana cerrada. Yo estaba en calzoncillos deshaciendo la maleta. Pensaba que se saldría pero no fue así de modo que me comporté con naturalidad pensando que se cortaría, pero no fue así. Se puso a contarme su fin de semana y a preguntarme por el mío sin importarle que yo estuviera en paños menores y marcando paquete.

No sabía como interpretarlo, si era la confianza entre dos amigos o un ataque por parte de ella mostrándose abierta a nuestra desnudez. Yo no iba a comprobarlo y desde luego esperaba que fuese lo primero. Yo no iba a cambiar mi actitud pues aunque quería evitar consecuencias posteriores de algún acto no medido su compañía me agradaba. Era muy graciosa contando sus cosas y su inocencia rayaba en ocasiones la puerilidad.

Pese a todo mi plan parecía estar funcionando. Si hubiera tenido una Sol en el primer curso seguro que habría sido yo el que la habría provocado y buscado para conseguir de alguna manera llevármela al huerto, pero yo ya sabía medir las consecuencias de mis actos. Y no quería caer en algo que no me convenía a mí ni a ella.

Otra novedad es que yo que pensaba que habría provocado un incendio contándole a Miriam las aventuras de Marta y aunque ella había chismorreado con alguna compañera aquello no había tenido eco. ¿Y cuál era el motivo? Simplemente que yo había conocido a Marta en primavera y ella había tenido vida antes. La misma vida que llevaba ahora. El tonto había sido yo.

Mi cabreo era grande pero tampoco sentía la necesidad de vengarme. En realidad sabiendo que mi bomba no había explotado. O mejor dicho, que no era una bomba, que a nadie extrañaba algo que a mí me había chocado tanto. Y es que nunca nos imaginamos que las personas que conocemos de una forma sean de otra con otras personas. Pero en cierto modo quizá todos seamos así. El Luis que quería a Claudia era muy diferente del que se enfadó con ella engañándola con Nieves. Eran la misma persona pero dos formas de ser. Mi madre nunca se imaginaría como era su hijo con sus “amigas”. Seguramente quedaría defraudada aunque sería feliz si me viera aparecer en casa con una Alba del brazo.

Si había decidido dejar de autoflagelarme, ¿quién era yo para juzgar Marta? Página pasada. No había vuelto a aparecer por el pub el jueves y en la facultad apenas nos veíamos. Además ya sabían que sus consejos y miedos eran falsos. Bueno, quizá sus miedos sí, pero nada más. Se había forjado una imagen para retenerme pensando que era su anzuelo. No merecía ni un minuto más en mi pensamiento.

Además el jueves ganamos por goleada y marqué algo que ya sabéis que me costaba tanto. Así que algo más que sumar al cierto optimismo que me traje de casa. La fiesta de los jueves recuperó su esplendor incluso superior al de años anteriores pues la cantidad de niñas que se juntaban atraía también a sus compañeros masculinos de clase aunque en cierto sentido las estrellas siguiéramos siendo los jugadores como así ocurrió cuando Dani yo nos vimos rodeados por chicas sentados en los taburetes. Pero en realidad él estaba concentrado en su nuevo objetivo: Martina. Pero la chica parecía remisa por lo que quería tirar de su amiga Ana y eso me incluía ahí. Quería que yo me camelara a la chica y así el poder acercarse más a la enigmática Martina. A mí me daba igual pues salvo con Marta, los jueves siempre dejé claro con mi actitud que de allí no saldría nada que no fuera un polvo.

Y Ana me seguía el juego aunque cada vez que me propasaba apoyando mi mano en su muslo o tirando de su cintura para llevarla a la barra se ponía tensa. Así que dudaba que los planes de Dani llegaran a puerto. Al menos aquel jueves no.

Yo por mi parte quedé con Mamen en vernos el fin de semana. Le expliqué que tenía libre la habitación d ela residencia el fin de semana pero ella no podía quedarse a dormir. Tampoco quería tantos líos. Quedamos en que se vendría el sábado por la tarde y ya después saldríamos. Era chica de ideas claras.

Aquel año Luis no iba a tener sus ángeles. Con Miriam comía casi todos los días pero no estábamos apenas saliendo juntos los fines de semana y a Ángela y a Sol las veía para cenar en la residencia pero igualmente apenas salíamos el fin de semana, pues Sol por fin estaba haciendo amistades entre sus compañeras de clase y Ángela yo sospechaba que estaba quedando con gente a través de la app, pues salía pero no nos contaba con quien. Mi alejamiento era evidente pero no me lo echaban en cara. Sólo Sol con sus visitas continuadas a mi dormitorio mostraba un interés que para Ángela era suficiente en el comedor de la residencia. Me daba pena estar así pero su actitud desde el verano no me gustaba y tampoco quería discutir con ella. Cuando me fuera a Bélgica ya se vería.

Con esa libertad de no tener un grupo fijo con quien quedar pensé que sería fácil y discreto meter a Mamen en la residencia, y por eso quedé con ella aquel sábado por la tarde, a una hora temprana para salir, pero no tanto si nuestro plan era follar un rato antes de salir a dar una vuelta.

A las 6 de la tarde me avisó que estaba en la puerta y salí a recogerla. Apenas había nadie por los pasillos pues los fines de semana se vaciaba bastante la residencia y a esa hora la gente o descansaba en sus habitaciones o estaba tomando café en la calle. Se me olvidó avisarla del calorazo en las habitaciones por la calefacción de la residencia así que cuando me vio aparecer en chanclas con unas calzonas y una sudadera por el frío de fuera se sorprendió. Ella por su parte venía arreglada para salir, con un vestido de punto ajustado de cuello redondo con un pañuelo al cuello y una chaqueta de borreguito a juego.

Tras decirle lo guapa que venía la conduje a mi dormitorio mientras la chica observaba los pasillos y me preguntaba como era la vida allí. Yo le indiqué por encima donde estaba el comedor, los baños, la sala de tv o los dormitorios de las chicas. Al entrar al dormitorio sentimos el golpe de calor de las habitaciones.

-¡Qué calor hace aquí!- me dijo sorprendida.
-Se me olvidó avisártelo para que te vinieras cómoda.-me disculpé quitándome la sudadera para quedarme desnudo de cintura para arriba.
-Ahora entiendo que vayas vestido así- respondió dejando su chaqueta en la silla- aquí vamos a estar solos ¿verdad?
-Claro-respondí.

Mamen se sacó el vestido por la cabeza quedándose ante mis ojos con un conjunto de ropa interior negro formado con un sujetados con efecto relleno que apretaba sus pechos haciéndolos parecer más redondos y un tanga de los que tapan apenas el pubis mientras que las tiras suben bordeando las caderas para formar un pequeño triangulito entre las nalgas. Desde luego sabía qué ponerse para impresionar a un chico.

-Increible…-dije asombrado mientras la ofrecía mi brazo en alto estirado para que diera una vuelta sobre sí misma agarrada a él mostrándome orgullosa su cuerpo con aquel conjunto de lencería y unas medias a medio muslo.

Tenía un buen culo que ganaba enteros con el tanga y los zapatos de tacón que lo hacían parecer más redondeado y duro. No sé si las mujeres serán conscientes de que cuando las vemos así lo primero que se nos pasa por la cabeza es ponerlas con ese culo en pompa para machacarla a pollazos desde atrás. Sospecho que aquella sí lo era.

Mamen se quedó esperando algo más de mí y mi respuesta fue quitarme las calzonas para mostrarle los calzoncillos negros que llevaba quedándonos ambos en ropa interior.

-¿Quieres que te deje una camiseta o prefieres estar así?- le pregunté cortés.
-Creo que estamos cómodos los dos así- respondió zalamera- además tenía curiosidad por verte.
-Aquí me tienes- respondí dando dos pasos para acercarme a ella.
-Tenía ya curiosidad por verte. Me gustas.- dijo observándome.
-Yo no tenía ninguna duda respecto a ti- respondí con desparpajo.
-Pero me gusta tu cuerpo.-continuó la chica- tienes los hombros marcados- dijo posando sus manos en ellos- el pecho plano y con ese vellito sexi y masculino- continuó pasando sus manos por mi donde nombraba- la tabletita para mojar pan y la v marcadita invitando a descubrir.
-Gracias por los halagos- respondí- pero lo que hay al final de mis oblicuos ya lo has descubierto y hasta probado…
-Pero aprisa y corriendo, así no tiene gracia- respondió.
-Tengo que decir- añadí siguiéndole el juego- que me apetecía tener algo más relajado contigo que un revolcón entre dos contenedores pestosos. Así que aquí me tienes dispuesto…-rematé bajándome los calzoncillos mostrando orgulloso mi nabo morcillón, ya hinchado pero aún colgón.

Mamen me sonrió recorriendo mi cuerpo con su mirada y dio el paso que nos faltaba para que nuestros cuerpos se pegaran. Buscó mi boca y yo se la ofrecí regalándole mi lengua para luchar contra la suya en un beso largo. Mientras nos besábamos recorrí su espalda y su culo con mis manos comprobando lo bien puesto que estaba. Ella también me tocaba apoyando una mano en mi pecho mientras agarraba con la otra una nalga sopesando también su dureza.

Subí mis manos para desabrochar su sujetador que solté sin las dificultades que normalmente solía tener. La chica se soltó un instante de mí para sacárselo por los brazos dejándome contemplar sus tetas, que al perder la presión de la prenda interior con su efecto elevador cayeron unos centímetros mostrándome dos pechos no muy grandes y algo planos pero con dos pezones grandes.

Demostré cuanto me gustaba su busto acariciando uno de sus pechos mientras nos besábamos de nuevo. Mi polla casi totalmente erecta ya chocaba contra su muslo mientras yo doblaba mi espalda para pasar a besar sus pechos lamiendo sus pezones y succionándolos para ganarme sus caricias en mi cabeza y un jadeito mimoso y agudo como recompensa a mi mamada a sus tetas.

Pero la postura me incomodaba, así que me separé de ella y me senté en la cama con las piernas abiertas para dejar espacio a mi churra erecta. Pensé que Mamen se sentaría a mi lado o en mis piernas pero se acercó despacio arrodillándose entre mis piernas apoyando sus manos en mis muslos ofreciéndome su boca de nuevo. Con la nueva postura accedía fácilmente a su boca mientras mis manos rodeaban sus pechos y su culo. De nuevo el jadeito. Parecía ronronear como una gata mimosa mientras yo me encendía más. Tenía ganas de follármela ya pero si ella había decidido arrodillarse sería por algo. Así que me eché ligeramente hacia atrás dejando que mi polla enhiesta asomara poderosa entre mis muslos.

Ella se dio cuenta y empezó a acariciarla con una mano despacio como si quisiera abarcarla o sopesarla. Pero entonces me dijo:

-Vamos a hacer las cosas bien.

Y mirándome a los ojos acercó su cara a mi polla y le dio un beso a mi glande haciéndome estremecer. Después jugó con su lengua recorriendo la misma zona y chasqueándola contra el frenillo de mi prepucio. Yo gemí vaciando el aire de mis pulmones para demostrarle cuanto me gustaban sus juegos. Y ahí fue cuando se introdujo mi glande saboreándolo cerrando los ojos y apretando su lengua contra mi polla. Una vez, dos veces, tres veces…

-Uffff- se escapó de mi boca- mucho mejor que en el callejón…

Mamen soltó mi polla un instante para sonreírme e inmediatamente empezó a engullir mi polla hasta su garganta. Su nariz llegó a rozar mi pubis mientras aguantaba con los ojos cerrados para soltarla despacio. Parecía increíble que una carita tan pequeña pudiera tragarse mi falo completo sin ahogarse. Pero entonces recordé a alguien que también lo había hecho, Marta. Casi me molestó el recuerdo queriéndolo apartarlo mientras mi cajera se afanaba en repetirme la mamada profunda en varias ocasiones en un alarde de control de su garganta.

¿Qué me importaba Marta? Seguro que el riojano había disfrutado de su especialidad aquel verano. Yo estaba ahora con una niña preciosa esmerándose en hacerme disfrutar y eso era lo que importaba en ese momento. Gemí y hasta se me escapó un largo “Mmmmmmmmm” cuando apretó sus labios alrededor de mi glande babeado para prolongar el placer de su mamada.

Pero justo cuando volvía a tragarse mi falo hasta las bolas se abrió la puerta de golpe:

-Luis, que venía a….

La voz de Sol se apagó mientras Mamen saltaba de un brinco para esconderse detrás de mí. La puerta se cerró y los dos nos quedamos en silencio cortados.

-¿Quién era?- pregunto Mamen asustada.
-Una compañera de la residencia. No le dije a nadie que venía una amiga. Se me olvidó poner el calcetín en la puerta.
-¿Un calcetín en la puerta?- preguntó sorprendida.
-Es el aviso a tu compañero de que no entre en la habitación porque no estás solo. Como está fuera se me olvidó ponerlo y Sol pues no se imaginaba.
-Joder, que vergüenza Luis. Me ha pillado en plena faena.
-Ni te ha visto. No te preocupes, ya hablaré con ella.

Me levanté de la cama y busqué un calcetín que coloqué en la puerta sacando la mano con cuidado de que nadie viera que estaba en pelotas. Noté a la chica cortada y le di una camiseta mía para que se cubriera mientras que yo me puse los calzoncillos. Admito que también se me había bajado todo.

-Vaya como sois los estudiantes-me dijo sentada en la cama.
-¿Por qué lo dices?
-A saber los líos que tendréis aquí unos con otros.
-No creas. Hay quien sí. Pero en general sólo amistad.
-¿No te has liado con nadie de aquí?
-Sólo con mi exnovia.
-Ahn, que era de la residencia.
-Pero vamos- cambié rápidamente de tema- mi primer compañero de habitación era tremendo. Se tiró a una compañera de aquí mientras yo dormía. Pero es que me enteré de todo.
-Jajajaja. Que corte ¿no?
-Aguantando la respiración para no hacer ruido y los dos dale que dale.
-Pobre, jajaja.

Noté que empezaba a relajarse. Le conté alguna historia más de pilladas en habitaciones y baños de la residencia y eso pareció tranquilizarla y hacerla sentirse más cómoda. Quise indagarlo sin parecer descarado y le pregunté:

-¿Te apetece salir a dar una vuelta o quieres que nos quedemos un rato?
-Se está bien aquí- respondió con carilla traviesa.
-Yo no tengo prisa. Estoy muy a gusto contigo.

Pareció gustarle mi respuesta y reaccionó levantándose de la cama y diciéndome:

-Túmbate boca abajo. Me apetece darte un masaje.

Obedecí y Mamen se sentó sobre mi culo empezando a pasar sus manos por mis espalda y hombros. Demasiado suave para ser un masaje y demasiado fuerte para ser una caricia. Mientras lo hacía tarareaba una canción con su vocecita dulce y aguda. Dibujó varias veces mi columna y mis hombros y después pasó a extender mi espalda haciendo que los músculos se abrieran. Entre el juego de sus manos y su peso en mi culo algo empezó a crecer en mis calzoncillos llegando a molestarme pues estaba estrujando mi nabo con mi peso y el suyo. Hice el gesto de intentar levantar el culo para acomodármelo con la mano pero Mamen me preguntó:

-¿Te pasa algo?
-Sí. Esto…-respondí girándome boca arriba para que viera mi bulto mientras ella se ponía de rodillas para dejarme darme la vuelta.
-Ay, jajaja. Pobre…-dijo sentándose sobre el bulto de mi calzoncillo mientras repetía sus masajes ahora en mi pecho y hombros tarareando la misma cancioncilla.

Yo alargué mis manos para sacarle la camiseta y Mamen colaboró como señal inequívoca de que se le había pasado el susto y volvía a estar dispuesta para el sexo. Así mientras ella masajeaba mi torso mis manos acariciaban su espalda.

-Masajeas bien y la comes de lujo ¿qué más sabes hacer?
-Jajajajaja. Eso vas a tener que descubrirlo.

Me incorporé para besarla y ella respondió regalándome rápidamente su lengua. Estuve besándola lo que mis músculos aguantaron la postura. Me recosté de nuevo.

-Me muero por metértela ya…-dije acariciando sus muslos y jugando con el elástico de sus medias.
-Vas a tener que esperar un poquito…no estoy mojadita todavía.
-Eso lo arreglo yo rápido…
-Ah sí, jajajaja ¿y cómo?

Sin responder tiré de sus nalgas hacia mi cara con tanta fuerza que casi se da con la cabeza en la litera. Le dio por reírse pero cuando fui capaz de resbalarme para colar mi cabeza entre sus piernas me miró con picardía y me preguntó:

-¿Y ahora qué?

Mis brazos estaban atrapados por sus piernas así que respondí:

-Si apartas algo que me estorba verás lo que puede pasar…

A Mamen le hizo gracia mi comentario y haciendo el gesto de pensar que sería terminó con una sonrisa y con naturalidad apartó la fina tela del tanga dejando a mi vista un pubis como había comprobado al acariciarlo unos días antes con un pequeño triangulito de vello muy fino y corto que marcaba en su vértice dos labios mayores pronunciados entre los que sobresalían bastante sus labios menores. Yo levanté mi cabeza para pasar mi lengua recorriendo de abajo a arriba toda su raja aun cerrada. Sentí como se estremecía. Repetí la operación presionando con más fuerza mi lengua para separar sus labios mayores y poder colarme en su vagina. Sentí pronto su sabor salado inconfundible de su lubricación por lo que mi cunnilingus estaba funcionando.

Además al hincharse percibí su clítoris que atrapé con mis labios succionándolo mientras pasaba mi lengua por él ganándome varios estremecimientos y gemiditos dulces mientras la cajera se inclinaba para apoyarse en la almohada permitiéndome mayor acceso a su coño. Yo estaba entregado a ganarme su orgasmo cuando fue ella la que se apartó de mí diciéndome:

-Métemela ya joder….fóllame…

Este es el momento siempre en el que el condón te jode el momento. Porque yo la habría empotrado directamente, pero tuve que levantarme, quitarme los calzoncillos, sacar el condón de la mesilla ponérmelo corriendo mientras Mamen se quitaba el tanga y me esperaba en la cama. Por la postura me coloqué entre sus piernas para penetrarla en la postura del misionero. Mamen colaboraba ayudándome a dirigir mi polla a su raja ya lista para recibirme. Nada más entrar en ella en un coño que me sorprendió por su estrechez o quizá por un problema de lubricación tuve un flash recordando la última vez que había estado con alguien así. Evidentemente era Claudia.

Pero la boca de Mamen buscando la mía entre gemiditos mientras nuestras caderas empezaban a agitarse me sacó el recuerdo de la cabeza devolviéndome al presente que era una chica en mi cama entregada a mi sexo. Me concentré en ella acariciando sus pechos y aumentando la intensidad del movimiento de mis caderas sin dejar de besarla. Mientras sus manos recorrían mi espalda y pellizcaban mi culo. Parecía disfrutar y yo quería que lo hiciera.

Pero Mamen es de las chicas que les gusta tener iniciativa como había demostrado con la mamada, por eso cuando llevábamos un rato en la postura del misionero me hizo girarme para quedar boca arriba y sentarse ella sobre mí. Quería follarme ella a mí también. Y bien que lo hizo. Apoyando sus manos en mi pecho curvó su espalda en una posición casi imposible dejando su culo muy atrás y con movimientos de cadera al principio sutiles pero después más bruscos exprimía mi falo con su coño estrechito y muy cerrado por esos labios menores tan prominentes. Yo ni la tocaba simplemente observando sus gestos de placer cada vez que las paredes de su vagina se rozaban con mi polla durísima.

Sus gestos de placer y sus gemiditos me encendían y no pude evitar pasar a la acción sujetando sus caderas para marcar yo el ritmo de la penetración desde abajo. Bombeaba fuerte penetrándola con intensidad. Mamen cerró los ojos entregándose a las sensaciones que recibía de su entrepierna regalándome gemiditos mimosos a cada golpe mío de cadera.

-¿Te gusta?- pregunté.
-Ajam, mmmm-respondió sin abrir los ojos.
-No pienso parar hasta que te corras…
-Arghhhh, noo pares por favooor…

Sus palabras fueron un acicate para incrementar el ritmo de mi follada. Con mis músculos en tensión desde el cuello a los muslos la penetraba con fuerza y velocidad ganándome sus gemidos cada vez más agudos. Me encantan las chicas que te demuestran su placer. Además sus tetas se agitaban constreñidas entre sus brazos cuyas manos seguían clavadas en mi pecho.

Cuando ahogó su primer gemido reteniendo el aire en sus pulmones me di cuenta de que se estaba corriendo o l e faltaba muy poco. Pero cuando dejó caer la cabeza entre sus hombros con una respiración agitada como si hiperventilara y empezó a apretar sus piernas tensando sus músculos llegué al convencimiento de que su orgasmo había llegado. Subí mis caderas ayudándome de mis brazos para clavarle totalmente mi churra hasta las pelotas dejándosela en su entrañas mientras ahora sí Mamen vaciaba sus pulmones en un largo gemido cerrando sus dedos sobre la piel de mi pecho casi haciéndome daño. Tras unos segundos muy largos se relajó bruscamente dejándose caer sobre mi pecho relajándome yo también de la tensión acumulada en mis músculos por la follada intensa.

Con su cabeza en mi hombro acaricié su espalda mientras la cajera recuperaba la respiración y tragaba saliva.

-Uffff, Luis. Que bien, mmmmm. Hacía tiempo que no tenía uno tan intenso.
-Me alegro mucho. Me ha encantado verte disfrutar.
-¿Por qué no me follas un poquito más y te corres tú también?

No respondí y agarrándola de nuevo por las caderas empecé a bombear flexionando mis piernas mientras Mamen seguía tendida sobre mí besando mi cuello y acariciando mi pecho. Empecé a dar caña de nuevo con velocidad frotando mi polla contra su vagina.

-Mmmmmm, si, sí…- me gemía la chica en el oído.- Joder, que bien lo haces….arghhhhh

Sus palabras engordaban mi ego y mis pelotas.

-Joder, joder….no pares…vas a hacer que me corra otra vez…

Entre sus comentarios y jadeos en mi oído y el buen rato que llevábamos follando sentí el cosquilleo previo en mi entrepierna, como además me subía la sensación placentera por la espina dorsal como hacía tiempo que no sentía y el recorrido completo de mi esperma dentro de mis pelotas y hacia la punta de mi nabo hinchado y sensible hasta que dije alterado:

-Me corro, Mamen, me corroooooo….

No sé cuantos chorros solté dentro del condón mientras mi pareja de juego se apretaba contra mi cuerpo tenso sintiendo como se llenaba el látex dentro de su coño. Ensimismado en mi placer no sé si se volvió a correr pero mis gemidos se confundieron con los suyos hasta que me relajé bajo su peso.

Pese a lo interrupción inicial el polvo con Mamen había estado muy bien. Además después de quitarme el condón nos quedamos un rato tirados en la cama charlando entre caricias quitándole frialdad. La conversación os podéis imaginar por donde fue: tras las alabanzas mutuas al sexo que acabábamos de disfrutar, en las que yo reconocí lo sexi que estaba totalmente desnuda salvo sus medias, llegaron las preguntas sobre Sol.

A la cajera le extrañaba que entrara en un dormitorio tan alegremente sin llamar y yo le reconocí que la culpa era mía pues la había malacostumbrado. Le expliqué la cura que me había hecho enseñándole las cicatrices y como desde entonces habíamos ganado mucha confianza.

Ella me reconoció que ahora le daba vergüenza salir por si nos cruzábamos con Sol, algo que me extrañó. Alguien acostumbrado a tener follamigos yo pensaba que no ocultaría el sentido de sus “amistades”. Pero Mamen prefería que no fuese algo tan evidente. De hecho sospechaba que uno de los chicos con los que había estado acostándose hasta poca antes se había echado novia durante ese tiempo. Yo la alabé de nuevo reconociendo que sería difícil dejar de verla con lo buena que estaba y hasta me atreví a dibujar con mi dedo el triángulo de su chochito acusándolo de adictivo provocándole cosquillas y ganándome su risa.

Allí acostados se nos hizo tarde. Yo habría intentado otro asalto pero me faltaba confianza para lanzarme a por ella a pesar de que ambos nos quedamos desnudos mostrando nuestros cuerpos sin reparo el uno al otro. Mamen pareció darse por satisfecha con nuestro primer encuentro y a pesar de que en algún momento rocé alguna zona sensible no se mostró deseosa de más ni ella jugó con ninguna zona mía especialmente erógena limitando sus caricias a mi pecho mientras hablábamos.

Así que nos vestimos y salimos sigilosamente de la residencia la hora de la cena cruzándonos sólo con un compañero que regresaba del comedor. Ya en la calle nos fuimos a la zona de tapeo y cenamos entre cañas de cerveza. Mamen era una chica despierta pero desgraciadamente su entorno y su estilo de vida convertían su conversación en limitada. Y llegó un momento de aquella velada en que ambos no sabíamos que contar, pues yo no quería apabullarla con mis historias de la facultad y mis viajes y ella no quería parecer paleta. La conclusión es que nos lo pasábamos mejor en la cama y contándonos nuestras experiencias sentimentales que de otra manera.

Cuando regresé a la residencia relativamente temprano recordé lo ocurrido con Sol. Iba a tocar tener una charla con ella, pero ya sería al día siguiente. No me preocupaba demasiado, incluso me pareció una buena casualidad que alejaría su interés por mí derivándolo a una simple amistad. Tan relajado estaba por ese pensamiento, la ducha que me había dado para quitarme algo de olor a semen de la polla y por el polvazo con la cajera que me quedé dormido en mis sábanas que aun olían al perfume de la chica.
Además pude dormir con exceso, porque además nadie vino a buscarme por la mañana despertándome como en otras ocasiones. Cuando me levanté me vestí y me fui a buscar con naturalidad a Ángela y Sol. No estaban en su habitación. Era tarde y habrían salido a desayunar fuera. Las busqué en la cafetería habitual y allí estaban. Cuando aparecí Sol se puso muy colorada. Saludé como si nada y pedí al camarero mi café con leche y una tostada entera de aceite, tomate y jamón.

Al sentarme Ángela tenía cierta mirada maliciosa mientras que Sol se dirigía a mí cortada diciéndome:

-Luis, perdona de verdad. No sabía que estabas acompañado.
-No pasa nada. No tiene importancia. La culpa es mía por n echar el pestillo o no poner el calcetín.
-¿Calcetín?- preguntó extrañada.
-Cuando estás con alguien y no quieres que tu compañero de habitación te corte el punto se pone el calcetín en el pomo de la puerta. Es una regla de la residencia.- explicó Ángela.
-Ahn…no lo sabía, como tú nunca…
-¿Ves? Es algo común en la residencia- seguí quitando importancia- la culpa fue mía.
-Y ¿qué? ¿Te cortó el punto?- preguntó Ángela con maldad.
-A mí no tanto, pero la chiquilla se llevó un buen susto.-expliqué.
-Claro a ti te da igual que te pillen, te da morbillo.-dijo Ángela que estaba especialmente mordaz hasta empezar a molestarme.

Parecía buscar discordia entre Sol y yo. Pero entonces ¿para qué había estado convenciéndola para que fuera a por mí?

-Pues no me gusta. La verdad es que es incómodo que te pillen así.-me defendí.

Sol estaba tan colorada que iba a explotar mientras Ángela trataba aquella situación como un extraño triunfo. No entendía nada. Pero ella seguía pinchando:

-La verdad es que la has dejado impresionada, Luis. Y no creas que es por el tamaño de tu pito. No se esperaba ver semejante escena.
-Mira ahora el que está molesto soy yo.- dije enfadado- Yo soy el invadido en mi intimidad mientras vosotras os dedicáis a chismorrear sobre mí.
-No de verdad Luis, no es eso. Es que le expliqué a Ángela lo que pasaba, nada más.-se defendió Sol.
-¿Y qué pasaba? Que estaba con una chica en mi dormitorio. ¿Eso es malo?
-Con una chica comiéndote la churra, campeón- malmetió Ángela.
-Soy libre, puedo hacer lo que quiera. ¿dónde está el problema?- pregunté ya encarado con Ángela.
-Problema ninguno, campeón. Sólo que esta te pilló, nada más.-se inhibió Ángela.
-De verdad, Luis. Que lo siento mucho. Ya no entro más a tu habitación sin llamar.- se disculpaba Sol al borde del llanto.
-Si en realidad no tienes culpa de nada y no entiendo por qué Ángela se pone así.
-A mí me sacáis de vuestros rollos.
-Perdona, tú eres la que está malmetiendo y ya me explicarás por qué.- dije cabreado.
-Mira Luis, paso- dijo Ángela levantándose para irse.

No entendía su actitud. Ni como pinchó a Sol ni como ahora parecía celebrar como un triunfo la pillada de la chica. No sabía qué buscaba ni qué le había hecho yo para que se pusiera así conmigo. ¿Estaba dolida porque yo estaba marcando distancias? ¿Por qué no lo decía en vez de joderme?

Ya solos Sol y yo y algo asombrados por la salida de Ángela hablamos más tranquilos cuando la futura enfermera me preguntó:

-¿Estás saliendo con esa chica?
-Que va, sólo somos amigos. Pero si me voy en mes y medio a mi casa, vuelvo después de Navidad a hacer los exámenes y me voy el resto del curso fuera. No me puedo plantear una relación así.
-Ya…-respondió bajando la mirada.-¿Y si alguien te gusta mucho?
-Pues evito ir a más.
-Claro, es normal y más después de lo de tu exnovia…
-Exacto.
-¿Y esa chica entonces no te gusta?
-Claro que me gusta, Sol, pero no nos planteamos nada serio. Sólo nos vemos de vez en cuando y si surge pues….eso, lo que viste.
-Ya, ya entiendo. ¿Y eso lo has hecho con muchas chicas?
-No, jajaja. Para que pase los dos lo tienen que tener muy claro. Sólo amistad.
-Ya. Es que yo sólo he tenido sexo con mi exnovio.
-Cada persona decide con quien. Lo importante es que los dos tengan claro el tipo de relación que quieren. Y yo ahora sólo busco amistad.
-Bueno con esa chica tienes una amistad especial.-insistió.
-Pero nada más que amistad.
-Ya. Bueno. Pues. ¿Estás enfadado?
-No. Sólo cortado. ¿Qué viste?
-Puff, no mucho la verdad. Pero vamos que se veía que estaba ella ahí, eso…
-Yo le dije a la pobre que no te había dado tiempo a ver nada, para que se quedara tranquila.
-Claro, claro. Hiciste bien. Si me pasa me muero. Bueno eso no, jajaja. Pero con un tío, tú sabes…
-Ya, ya. ¿Y eso no por qué?

Sol se puso coloradísima otra vez. Era aun más vergonzosa que Alba hablando de esos temas. Yo me imaginaba la respuesta. Estaba claro que nunca se había comido una polla, pero no pude evitar sonsacarle el comentario. Me estaba recordando a mis momentos morbosos con María aunque ahora sabía que no debía cruzar la línea. Pero Sol no contestaba y tampoco quería incomodarla tanto así que me fui a pagar los desayunos y salimos a la calle. La niña seguía cortada hasta que me soltó antes de llegar a la residencia:

-Luis, es que tú eres un tío superresuelto y echado para adelante, pero yo no soy así, y sólo he tenido un novio y ya está. Y hacíamos pues lo básico y ya está. Pues eso, que yo no, eso.
-No pasa nada, jajajaja- reí para quitarle seriedad- En el sexo se hace lo que a uno le apetece. El día que tengas ganas lo harás y cuando alguien te guste mucho mucho y si no pues nada. Nadie nos puede obligar.
-¿Tú no le pediste a esa chica que hiciera eso?
-Evidentemente que no. Lo hizo porque le apeteció.
-Ahn, vale. Pues a mí no me ha apetecido nunca.
-Mientras te lo pases bien, lo que hagas es lo de menos.

Llegamos a la residencia y al acceder al descansillo de nuestra planta nos despedimos. Íbamos a quedar para tomar café pero viendo como estaba Ángela prefirió hacerle compañía con mi comprensión. Terminó dándome las gracias por no estar enfadado.

Con aquella conversación Sol había bajado un par de peldaños al verla mucho más inocente de como la imaginaba. Ahora entendía que no encajara con otras chicas más dispuestas. Ojalá conociera a un buen tío con quien tener una relación bonita.

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