KERANOS

I: Y de jueguecitos, ¿cómo vais?
E: Eh… (dijo mirándome).
M: ¿Ya no hacéis más cositas?

Iba a hablar para parar la cosa, pero Elena se me adelantó.

E: Sí, hacemos nuestras cosas… (dijo riéndose).
I: Cuenta, cuenta.
E: Pues ayer fuimos al cine y bueno…
I: ¿Qué hicisteis?
E: Pues me puse el vibrador y jugamos.

Estaba sorprendido de como se estaba soltando y más teniendo en cuenta con lo cortada que se ponía con estos dos.

I: ¿Cómo jugabais? (dijo poniendo sus manos en sus rodillas, muy expectante y prestando mucha atención).
E: Pues empezamos en el coche, se la comí un poco, pero me pidió que parará y luego me puso el vibrador. Fue divertido, porque Javi estaba muy empalmado.
M: Vaya, que no os perdisteis con la aguja de la brújula apuntando al norte… jajajaja.

Todos le reímos la ocurrencia a Mario y Elena siguió contando para mí sorpresa.

E: Por el camino activaba el vibrador.
I: Como te gusta, Javi… jajaja.
J: Sí, soy muy morboso… jajaja.
E: Cuando entramos en la sala y se apagaron las luces, lo puso más fuerte y me empezó a dar cariñitos. Sabe muy bien qué hacer y qué decir para calentarme (dijo acariciando mi muslo mientras me miraba sonriendo). Me puse tan cachonda que me puse de rodillas y se la empecé a comer.
I: ¿Ahí, en el cine?
E: Sí.
M: Ostia, jajaja.
I: Uff, me encanta.
J: No es para tanto, joder. Seguro que vosotros lo habéis hecho también.
I: Pues claro, pero es que no lo aparentáis para nada, pero sigue contando.
E: Se la comí muy rápido hasta que se corrió.
I: ¿Dónde?
E: En mi boca.
I: ¿Y te lo tragaste?
E: Eh… Sí.
I: Uff… Me encanta.
M: Joder con Elenita.
J: Ahí donde la ves, tan chiquitita, es puro fuego (dije subiéndola para que se sentara en mis muslos, con ella riendo).
I: Ya veo, ya. Y tú muy morboso… jajaja.
J: ¿Y tú? Que no paras de preguntar… jajajaja.
I: Yo, la que más.
M: Irene es una bomba.
I: ¿Qué pasó después?
E: Pues puso el vibrador a tope mientras me tocaba, metiendo su mano en mis bragas, hasta que me corrí.
M: Jooooder…
J: Y ya lo paré, porque si no…
I: Si no… ¿Qué?
J: Pues bueno… Digamos que hubiéramos necesitado una fregona.

Entonces Irene dio dos palmadas fuertes al sofá.

I: No me jodas que hace squirting…
J: Sí, jajaja.

Elena se rio mirando a otro lado.

M: Sois todo sorpresas.
I: Que suerte tía… yo mira que lo intento, pero no puedo.
E: Yo tampoco sabía que podía, hasta que me empecé a acostar con él.
I: ¿Cómo va a ser eso?
J: Pues un día probamos a seguir cuando se corría y empezó a soltar chorros finitos y bueno, la cosa fue a más en más siguientes veces.
I: ¿Finitos?
E: Al principio. Ha habido veces que…
M: ¿Tanto?
J: Pues de estar en la cama y llegar a la puerta, que está a unos 3 metros, poniéndola perdida y el suelo también.
I: Joder… pero, ¿cómo tan fuerte?
E: Tengo que decir que me empezó a calentar por la mañana y le dije de hacerlo varias veces durante todo el día, pero hasta la noche, nada. Y empezamos a follar, corriéndome dos veces, pero él paraba para que no lo hiciera, pero a la tercera ya siguió hasta que exploté.
I: Dios…
E: Fueron 3 veces muy seguidas y cuando acabé, él me la metió. Sentía que me moría.
I: Madre mía, Javi…
M: Vaya bestia, ¿no?
J: Estaba muy cachondo y me quería correr yo también, pero lo hice rápido.
E: Para mí fue mucho, estaba muy sensible.
M: ¿No te habías corrido aún?
J: Sí, pero quería más.
I: Joder, que calores me están entrando…
J: Bueno y vosotros… ¿qué?
I: ¿Nosotros? De todo. El día que nos visteis en el hotel hicimos un juego.
M: Jugamos a que éramos dos desconocidos que coincidan ahí y bueno, pues ya os imagináis el resto.
I: También nos gusta lo duro. Usamos fustas y demás.
E: ¿Fustas?
I: Sí, me gusta que me azoten muy duro.
J: Pero duro… ¿Duro?
I: Sí, que me deje marca, que se me ponga morado y me duela al sentarme.
E: Eso es demasiado.
I: Me pone mucho, el dolor me pone, a veces se cuela y me hace sangre, pero uff, me pongo muy perra…
J: Joder, para hacer sangre…
I: Sí, pero son veces muy contadas, Mario es muy sumiso. Hace todo lo que le pido.
J: ¿Todo?
I: Todo.
E: No lo aparenta.
I: ¿Vosotros no jugáis con eso?
E: Sí, a veces lo hacemos.
I: ¿Quién domina a quién?
J: Depende de la situación, a veces ella, a veces yo.
I: Anda…
E: A mí me gusta más cuando me domina él, pero también es divertido ver como me obedece.
I: ¿Cómo te domina?
E: Me lo hace muy bien, pero sin ser muy duro. Me agarra del cuello con fuerza, me ata con cuerdas y con una mordaza, algún guantazo con ganas…
I: ¿Te pone que te lo haga?
E: Sí, me pone mucho. Algunas veces cuando me corro y me habla y no le contesto porque me estoy recuperando, me ha dado algún guantazo muy fuerte, y eso me enciende bastante, aunque por el momento estoy un poco desorientada.
I: Uff…
M: Que bueno.
I: ¿Y por detrás lo hacéis?
E: Sí, bueno sólo lo hemos hecho un par de veces.
J: Sí, es que a mí me gusta más por el coño.
I: Qué suerte, yo no puedo.
J: ¿Y eso? ¿No te gusta?
I: Sí, sí me gusta, pero Mario la tiene muy gorda y es que me revienta y me hace hasta sangre.
E: Javi también la tiene grande y no me hace daño.
I: ¿Cómo es?

Entonces se pusieron a medir con la mano como teníamos la polla, midiendo también el grosor con los dedos.

I: Javi la tiene más grande, pero Mario más gorda entonces.
J: Joder, ¿tan gorda?
M: Sí, alguna vez me he quedado a medias porque les hago daño. Es un poco putada a veces.
I: ¿Y cómo te lo hace, Elena?
E: Muy bien, primero lo prepara para que no me duela, con su boca y sus dedos y luego me la mete despacio, esperando a que me acostumbre y poco a poco me folla más rápido.
I: ¿Te da duro?
E: Cuando llevamos un rato y estoy muy cachonda, se lo pido yo.
J: De hecho, la primera vez que lo hicimos fue cuando coincidimos en el hotel.
I: Uff…

Entonces Irene se levantó, viniendo a sentarse en el sofá en el que estábamos.

Irene se sentó al lado de Elena, acariciándole la pierna. Elena no se movió mucho, limitándose a mirar, se dejaba tocar. Yo estaba muy sorprendido por como iba todo. Primero hablando de nuestra vida sexual, contándolo todo con detalle, aunque yo también me solté al verla así. Y ahora dejar que Irene le tocara, acercándose bastante. Entonces Mario se levantó para venir al sofá, pero Elena se puso rígida. Irene se dio cuenta.

-Mario, quieto ahí (dijo señalando el sofá).

Mario obedeció sin decir nada, volviéndose a sentar. Yo miraba la situación, recordando lo que había dicho Irene de que él era muy sumiso.

-Javi, ve y te sientas con él, anda (dijo Irene con tono normal sin dar ninguna orden).

Elena me apretó la mano para no dejarme ir, pero yo me acerque a su oído, pasándole el pelo por detrás de la oreja para decirle que todo estaba bien, que no se preocupara y que, si se sentía muy incómoda, que lo dijera y se paraba la cosa. Me soltó la mano, dándome un beso y mirándome con ojitos, yo le sonreí para que se tranquilizara mientras le acariciaba la cabeza. Después me fui al otro sofá, sentándome junto a Mario, quien se limitaba a mirar en silencio, prestando mucha atención.

Irene empezó a besarle el cuello mientras Elena estaba con los ojos cerrados. Le acariciaba el muslo, aunque no podíamos verlo bien, porque los sofás estaban puestos en forma de «L» y el cuerpo de Irene estaba delante del de Elena. Intuí que Irene empezaba a subir su mano por el muslo, confirmándolo cuando, mientras se incorporaba para mirar, dijo:

-Mmm… Qué sexy con esas medias… Me encanta.

Elena respiraba con más fuerza, mientras me miraba sonrojada, devolviéndole yo la mirada con una sonrisa. Después Irene retiró la mano de su muslo para colarla dentro de su camiseta para empezar a tocarle las tetas. Pero Elena la paró.

I: ¿Qué pasa?
E: …
I: Está muy cortada (dijo mirándonos). Daos un beso para que se suelte, anda.

Elena alzó sus cejas, poniendo cara de impresión. Mario se giró hacía mí, esperando. Yo miré a Irene riendo y luego a Elena, que estaba roja.

I: Pero con lengua, ¿eh?
J: Venga, va.

Me giré hacia Mario y él se acercó, dándonos un beso breve con un poco de lengua. Mario miró a Irene, quien le devolvió la mirada asintiendo mientras sonreía. Elena me miraba casi riéndose. Nos apartamos y después, Irene siguió subiéndole el sujetador con la camiseta bajada, sorprendiéndose, supuse que al encontrar el piercing en el pezón.

I: ¿Y esto? (dijo con una dulce risa).
M: ¿Qué pasa?
I: Tiene un piercing en el pezón.
M: Uff…
I: Qué juguetona…

Elena se puso un poco más roja.

I: Y que mona eres y más así rojita.
E: Mmm… (gemía muy ligeramente al estar Irene jugando con sus pezones).
I: ¿Me dejas que te coma las tetas?
E: Mmm… (gemía de forma incómoda mientras bajaba la cara).
I: ¿Es por Mario?
E: …
I: Mario, vete un momento a la habitación, ahora te llamamos.
M: Pfff…
I: ¡Mario! (dijo muy seria).

Inmediatamente Mario se levantó, yendo a otra habitación y cerrando la puerta ligeramente. Entonces Irene me dijo que me sentara al otro lado de Elena. Me levanté y me senté a su lado, cogiéndole la mano.

I: Tranquila, ya se ha ido, déjame ver esas tetitas y comértelas
E: Mmm… (gimió ligeramente, girando su cara para mirarme).
J: No pasa nada, Elena. Si no quieres no lo hagas.
E: ¿Tú quieres?
J: Yo no tengo problema, pero tienes que querer tú.

Entonces se incorporó para desabrocharse el sujetador, sacándoselo y dándomelo, dejándolo yo a un lado. Se empezó a levantar la camiseta poco a poco hasta su barbilla.

I: Que tetas más bonitas tienes (dijo mordiéndose el labio).

Entonces se inclinó para llevar sus labios hasta los pezones de Elena para empezar a chuparlos suavemente. Elena empezó a gemir suavemente mientras me miraba con ojitos. Yo le acariciaba la cara, dándole un beso para tranquilizarla, mirando después como Irene le comía las tetas. Me excité bastante al verlo, poniéndose mi polla morcillona. Irene se dio cuenta y puso la mano de Elena sobre mi polla, moviéndola para que me la acariciara. Tras unos minutos, Irene paró tocándole bien las tetas con las manos, pellizcando ligeramente sus pezones.

I: Qué tetas más ricas tienes… (dijo para después darle un pequeño beso con lengua).
E: Mmm…
I: ¿Me dejas que te coma el coñito?

Elena se puso rígida con cara de incomodidad. Irene se dio cuenta enseguida.

I: Vale, tranquila, no pasa nada. No lo hago. ¿Te parece si te lo toco con la mano? Mario no va ver nada, solo va a intuirlo.

Elena me miró con la cara muy roja. Yo asentí sonriendo para que viera que todo estaba bien, entonces miró a Irene, asintiendo muy ligeramente. La respiración de Elena se agitaba y en todo momento apretaba mi mano cuando Irene daba un paso más, yo se la acariciaba para tranquilizarla. Después Irene le bajó la camiseta, diciéndome que volviera al otro sofá, mirando mi erección, que en ese punto ya estaba muy marcada, llegándome a doler de la presión. La miraba con deseo mientras se humedecía los labios.

I: Sí que la tiene grande… ¿Se la puedo tocar por encima? (preguntó mirando a Elena).

Elena negó ligeramente con la cabeza mirando hacia abajo, muy colorada.

I: Vale, no pasa nada (dijo dándole un beso en la mejilla).

Volví al sofá y entonces Irene llamó a Mario para que volviera, diciéndole donde sentarse y que no buscara ver nada, solo podía mirar como ella jugaba, pero sin llegar a verle nada a Elena. Él asintió y se quedó sentado en silencio, mirando mi erección, para luego mirarme y levantar las cejas. Yo dirigí mi mirada a las chicas, riéndome en silencio. Entonces Irene empezó a besarle el cuello a Elena, mordisqueando también su oreja, dejándome verlo casi todo desde donde yo estaba. Le empezó a acariciar los muslos para después empezar a subir la mano por dentro de su falda, llegando a sus braguitas, pegando Elena un respingo. Irene la tranquilizaba, metiendo su mano por su camiseta para acariciarle la espalda. Empezó a tocarle el coño por encima de las braguitas, para a los pocos minutos meter su mano dentro de ellas, girando Irene su cabeza hacia nosotros para mirarnos con sorpresa.

I: Anda…
J: ¿Qué pasa?
I: Tiene pelo (dijo con entusiasmo).

Elena se puso rojísima y Mario miró con sorpresa.

J: Sí, es que a mí me gusta así y bueno…
I: A mí también me gusta así, me encanta. Es la primera chica que veo que tiene pelo desde que hacemos esto…
J: Sí, es bastante raro encontrar a una que no lo tenga todo depilado.
I: Sí, además lo tiene bien cuidado, no es todo pelo (dijo mientras se veía como movía su brazo para maniobrar ahí). Yo también tengo pelo ahí, aunque a Mario no le hace mucha gracia, pero es que a mí me encanta, me parece muy sexy. Y diría que lo llevamos igual.
J: Ah, ¿sí?
I: Llevo un triángulo invertido, nada más, ni por los lados ni nada.
J: Entonces, sí.

Irene volvió la cara a Elena, para besarle el cuello, entonces hizo fuerza para meter más la mano, abriendo Elena sus piernas y lanzando un gemido más alto. Le estaba tocando la raja, pudiendo intuir que se la acariciaba por los movimientos que hacía. Después Elena empezó a gemir un poquito más mientras cerraba sus ojos y soltaba bastante aire. Intuí que le estaba tocando el clítoris, estando así durante unos segundos para después parar el movimiento y oír un gemido aún más fuerte de Elena. Sin duda le estaba metiendo los dedos, haciéndolo suavemente durante unos minutos para ir acelerando el ritmo, junto a los gemidos de Elena.

E: Para (dijo a los pocos minutos, susurrando abriendo los ojos).
I: ¿Ya?
E: Mmm… (dijo asintiendo).
I: Pero no te has corrido, ¿no?

Elena negó ligeramente con la cabeza.

I: ¿No te quieres correr? (dijo susurrando).
E: No, saca la mano.
I: Vale, no pasa nada.

Entonces Irene sacó su mano, poniéndose sentada bien para que la viéramos como se chupaba los dedos, haciendo que Mario se incorporara, poniéndome a mí muy cachondo y a Elena muy roja, tapándose la cara con la mano. Los chupaba con los ojos cerrados, jugando con sus dedos, con cara de vicio. Una vez acabó de chuparlos dijo:

I: Que rico (dándole un pico a Elena después).

Después Elena se bajó la falda, mirándome, por lo que me levanté, yendo hacia ella, con Irene mirando mi erección. Elena se levantó, abrazándose a mi brazo. Dijimos de irnos, porque ya era muy tarde y Elena estaba muy cortada. Nos pusimos las chaquetas y fuimos hacia la puerta.

I: Ha estado muy bien, muchas gracias por confiar para hacer esto (dijo dándole un abrazo a Elena).
M: Ha sido genial, muy morboso.
J: Sí, ha sido divertido.

Nos fuimos, saliendo a la calle y yendo hacia el coche.

-¿Todo bien?
-Sí, sí…
-¿Segura?
-Sí.
-Ya sabes que no pasa nada si no te ha gustado. Puede quedar aquí y punto. Si quieres decirme algo, ya sabes que no hay problema.
-No, no pasa nada.

Llegamos al coche, montándonos y yendo hacia su casa. La miré y aún seguía con las mejillas encendidas. Me sonrió y le acaricié la cara.

-Joder, estás ardiendo.
-Como para no, con lo que ha pasado y encima habiendo bebido un poco…
-¿Qué tal?
-No sé, Javi… Es que es muy raro… Yo soy hetero y nunca me he fijado ni he sentido nada por una chica ni lo siento por Irene, pero lo hace de una manera que no sé…
-Se ve que tiene mucha experiencia.
-Sí, además, es muy persuasiva, te toca y te dice cosas para relajarte. Me decía que pensara que eras tú quien me estaba tocando, que era muy guapa y que tenías mucha suerte de haberme encontrado.
-Y tiene razón.
-Jeje…
-¿Te ha gustado entonces?
-Sí, ha estado bien.
-¿Por qué no has dejado que siguiera?
-Porque no me quería correr delante de Mario.
-No es tan feo… jajajaja.
-No es eso, bobo, jajajaja. Es que me da mucho corte estar haciendo eso y que me mire otro chico que no seas tú.
-¿Te ha gustado que yo mire?
-Sí, pero también quería que estuvieras tú.
-Bueno, no pasa nada. Te ha gustado, quédate con eso.
-Sí, sí. ¿A ti te ha gustado?
-¿No has visto como tenía la polla?
-Es verdad… jajajaja.
-Me ha dado mucho morbo. Y me hacía gracia el entusiasmo de Irene cuando lo del piercing y lo del pelo.
-Qué vergüenza…
-Eso también me gustaba, verte así de roja… Uff…
-No seas malo…
-Nooooo… Pero es que te pones muy mona.
-Y te quería tocar la polla…
-Ya, es normal. El morbo de la situación.
-¿Te hubiera gustado?
-Bueno, supongo. Pero si tú no quieres, no.
-Es que, ¿y si le da por sacártela y chupártela o algo?
-No creo… Fíjate que contigo ha ido preguntándote en todo momento. Lo ha hecho muy bien.
-Es verdad, ha sido un amor.
-Claro, se ve que lo ha hecho más veces.
-Pero es no quiero ver como otra te toca…
-No pasa nada, Elena. A mí me pasa lo mismo. No me gustaría verte con otro.
-Oye, y tú el beso con Mario, ¿qué?
-Pues bien, jajaja.
-¿Te ha gustado?
-Pues sin más. No he sentido nada especial. ¿A ti te ha gustado?
-Me ha dado morbo.
-Mmm…
-¿Has visto cuando Irene le ha gritado a Mario?
-Sí, jajajaja.
-Flipas, ¿eh?
-Ya ves, que rollito se llevan. Eso es sumisión total.
-Eso es demasiado, ¿no?
-Bueno, si se divierten así, no creo que pase nada.
-Me he acojonado un poco, la verdad.
-¿Te digo lo que han hecho en cuanto nos hemos ido?
-¿El qué?
-Pues que Irene le está echando un polvazo porque la has dejado cachonda perdida y le estará echando la bronca a Mario por ese momento mientras follan, castigándole.
-Jajajaja.
-Te aseguro que está pasando eso.
-Joder, vaya experiencia.
-Yo me lo he pasado muy bien en realidad.
-Yo también.
-Me alegro.

Al rato llegamos a su casa, entramos, viendo que estaba todo oscuro, pasando por el pasillo, viendo la habitación de Noelia abierta, sin ella dentro. Cuando llegamos a la su habitación, nos quedamos de pie, mirándonos el uno al otro. Me acerqué, cogiéndola de las caderas, ella me miraba con ojitos.

-Eres muy mala.
-¿Por qué?
-Porque muchas veces me miras con esos ojitos que me derriten y lo sabes…
-¿Yoooo? (dijo riéndose para después sonreír girando la cabeza).
-Qué cabrona… (dije susurrando y mirando hacia arriba).
-Jajajaja.
-Me conoces ya demasiado bien…
-Mmm… Tú a mí también.
-Sí (dije cogiéndola en brazos para que me abrazara ella las caderas con sus piernas y mi cuello con sus brazos).

Le empecé a amasar el culo, para después pasarle el pelo por detrás de la oreja. Ella se mordió el labio, mirándome a los ojos y luego a los labios.

-Pfff…
-Ya sabes lo que se siente, jajajaja.
-No seas malo…

Entonces me empezó a besar con muchas ganas, empezando a desnudarnos rápidamente, diciéndole yo que se dejara las medias y los botines, dándonos cuenta que el sujetador se quedó en casa de Mario. Inmediatamente se puso en cuclillas para empezar a chuparme la polla rápidamente mientras se tocaba el coño, acariciándose el clítoris y metiéndose los dedos, para al rato levantarse y meterme los dedos que se estaba metiendo en la boca para que se los chupara mientras ella me pajeaba con buen ritmo. Después la volví a coger en brazos para pasar mis brazos por debajo de sus piernas y meterle la polla, moviéndola al cogerla del culo para empezar una buena penetración mientras nos mirábamos a los ojos, empezando a gemir ella. A los pocos minutos, la tumbé en la cama, follándomela estando yo encima, apoyándome sobre mis manos, para después bajar y comerle el coño durante unos minutos.

Después ella se montó encima de mí, moviéndose hacia delante y atrás muy rápidamente, gimiendo muy alto, pero notaba que me iba a correr y la paré, poniéndola a cuatro y empezando un fuerte mete-saca hasta que empecé a notar fuertes escalofríos, corriéndome entre gemidos dentro de su coño, notando también como empezaba a temblar ella lanzando gemidos agudos. Fue un polvo rápido, aunque muy placentero porque ambos llegamos muy cachondos de lo que pasó en casa de Mario.

Elena fue al baño para limpiarse, poniéndome yo los boxers, esperándola tumbado en la cama. Oía como volvía por el sonido de sus tacones. Se había quitado el maquillaje, pero seguía preciosa, ya que Elena era una chica guapísima al natural sin maquillaje y cuando lo hacía, se lo ponía muy ligero. Se acercó a la cama, quitándose los botines y dejándose las medias y poniéndose el tanga, para acostarse a mi lado, abrazándome por la cintura. Nos tapamos y nos dormidos enseguida porque era realmente tarde y ese día nos levantamos temprano.

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