ESRUZA

Elisa se encontraba sola en su habitación, era bastante tarde por la noche, y su subconsciente afloró de repente, rebelándose abruptamente para gritarle lo que ella se negaba a aceptar:

 – ¿Cómo es posible que tengas buenos recuerdos?, deberías reconocer que, más bien, son recuerdos dolorosos, punzantes, que te hacen daño. Eso es lo que deberías recordar. ¿Recuerdas cuando viajaron juntos a su ciudad de origen lo feliz que te sentías y, ¿qué pasó? te dejó sola a la siguiente noche porque alguien importante, según él, vendría al otro día; eso no quería decir que no permaneciera. Te sentiste tan frustrada, tan sola e indefensa; tan mal, que tomaste un vuelo de regreso por la mañana, sin avisar, sola y desilusionada; y no recibiste ni una disculpa, ni una explicación, no es su estilo. ¡Piensa por favor! Cierto, hay que decir que vive agradecido por el apoyo profesional que en un momento le diste, aunque éste haya sido insignificante, y él lo recuerde; pero eso no es amor; sólo quiere decir que es una persona agradecida, una cualidad que tiene, pero nada más. Tú sólo fuiste alguien que las circunstancias pusieron en su camino, así te lo ha demostrado, porque él no dialoga, no explica, no dice lo que siente o piensa, ni siquiera le importa la simple comunicación. Hicieron una historia; pero es eso, historia, nada más.

¿Recuerdas, también, cuando le dijiste lo que para ti fue muy importante y a la vez doloroso? Sus palabras fueron frías, sin ninguna emoción, sin comprensión alguna; tan solo por eso debieras ser importante. Has perdido mucho tiempo dedicándoselo, y… ¡para qué!, tienes que admitirlo y estarás en paz. No es subestimarte, es la realidad; tú eres muy sensible y susceptible a la vez, él no. Dejas que las cosas te hieran, él es muy pragmático. Como tú, tal vez hayan existido muchas en su vida, así es él. Ciertamente no lo sabías, pero si fueras o hubieras sido alguien importante te lo diría, habría diálogo, y respetaría tus sentimientos, no perdería nada con hacerlo; sólo te quedaría aceptar que el tiempo y las circunstancias cambiaron, eso ya lo sabes; además, fuiste tú quien decidió alejarse, aun amándolo, así que ¿por qué te lamentas tanto?, él no te pertenecía, y la pertenencia es lo único que le importa. Es una persona que no guarda sentimientos profundos. Es ambivalente, inconstante, dolorosamente evasivo y provocador: enciende la llama y la apaga, vuelve a encenderla y vuelve a apagarla sin consideración alguna, y aunque tus sentimientos fueron reales, para él no significan lo mismo. Es duro aceptar todo esto, pero tienes que hacerlo por doloroso que parezca. No es cuestión de rasgarse las vestiduras. ¿Los sentimientos? Deberías esparcirlos al viento, y llegará el día en que ya no quede nada, sólo el olvido. Tendrás recuerdos, sí, pero ya no dolerán tanto. El camino por recorrer es corto y es absurdo seguir conservando un sentimiento, deja que vuele la quimera, ya esperaste demasiado tiempo, tiempo perdido por tu propia elección.

Elisa se quedó muy pensativa, encendió un cigarrillo, y sintió que el dolor de aceptar lo que su subconsciente le decía penetraba hasta lo más hondo de su corazón, Se había pasado la vida responsabilizándolo por las heridas causadas pero, siendo ella una persona responsable de sus actos, tenía que admitir la parte que a ella le correspondía, había llegado el tiempo de hacerlo. En realidad, no había culpas de nadie, sólo fueron las circunstancias. Ahora se daba cuenta de que tenía mucha responsabilidad en lo sucedido. Tenía que admitir que también ella lo había herido, tal vez como una revancha, pero ahora pensaba que no debió hacerlo y se arrepentía, pero ya era tarde.

Idealizó todo lo que para él fue un romance pasajero como tantos, sólo que con consecuencias inesperadas que, únicamente, le afectaron a ella. Quizá había llegado el momento de recapitular, por difícil y tarde que esto fuera. ¿Dejar de amarlo? Quién sabe, para ella él sí fue y seguía siendo alguien muy importante que cambió su vida de forma inesperada. Pensó que, si él escuchara lo que su subconsciente le decía, respondería, como es su costumbre, de forma hiriente, sin sentimiento, sin consideración, sin sensibilidad.Así era él, y no había nada qué hacer por mucho que a ella le doliera. Sin querer, las lágrimas asomaron a sus ojos, mismas que limpió con rabia de un manotazo sintiéndose impotente, enojada consigo misma por la forma en que dejó que las cosas sucedieran.

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